La pobreza voluntaria

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El dinero es un recurso necesario que todos requerimos para adquirir bienes y servicios. Excepto que alguien nazca con una condición limitante a su movilidad o inteligencia, o la adquiera, que le impida producir, puede decirse que el resto de quienes no ganan cantidades acordes con su capacidad, se encuentra en lo que aquí puede denominarse “pobreza voluntaria”. Siga leyendo.

No conozco persona en el mundo actual, exigente, competitivo, materializado y globalizado, que no hay considerado la importancia de ganar suficiente dinero como para vivir una vida digna y satisfactoria. Las necesidades básicas de supervivencia como el alimento, techo, vestido y transporte, así como otras, asociadas a la convivencia, a lo social, nos imponen un respeto por la productividad económica.

Aunque lo parezca, para una persona promedio, medianamente informada y sana física y mentalmente, no debería ser tan complicado obtener una cierta cantidad de dinero, mensualmente, para mantenerse a flote o para vivir con decoro y en franco reflejo de amor propio. Recordemos que las reglas de productividad de dinero ya han sido reveladas por numerosos estudiosos del tema, gente exitosa y millonaria, experta en el tema de ganar, conservar y multiplicar el dinero.

Sin embargo, existen niveles de pobreza llamativos en algunos países desarrollados, y en los que están en vías de desarrollo. La causa puede verse desde la perspectiva socioeconómica y responsabilizar a gobiernos y empresarios por negligentes y corruptos, o puede asumirse que cada persona tiene algo que ver en su propia historia y en su condición económica, pese a la importancia e influencia de los roles de políticos y comerciantes.

En más de 25 años de trabajo en el área de la superación personal y la gerencia, puedo afirmar, con certeza que muchas personas sanas física y mentalmente, no impedidas por problemas innatos o adquiridos que los incapaciten para pensar o actuar, ven limitada su productividad por elección propia, se mantienen en lo que bien podría llamarse “pobreza voluntaria”.

Esta categoría, bautizada así por Alex Hamilton, y desarrollada por mí desde el año 2005, sugiere que una gran mayoría de las personas sanas (física y mentalmente) que viven en condiciones de paz y normalidad (sin guerras u otras catástrofes) padecen pobreza material a causa de limitaciones autoinducidas de orden psicológico, no necesariamente atribuibles a razones de orden político o sociológico, como lucha de clases, explotación u otras.

Entre esas limitaciones que pueden presentarse como rasgos de personalidad o temperamento (biología) o como parte de la cultura socializante (aprendizaje), figuran: la inseguridad, el orgullo, la flojera, la resignación y la inconstancia. Veamos cada uno con más detalle.

La inseguridad se refiere a un modo de pensar, sentir y actuar dominado por pensamientos pesimistas y preocupados, desconfianza en la propia capacidad, inhibición, reticencia a actuar y a asumir riesgos, e incluso torpeza funcional. La inseguridad se relaciona con baja autoestima, con la convicción de que los retos son mayores que las capacidades. Desde aquí se bloquea el anhelo y la actividad de logro. Hay energía para la autoprotección, no para el avance.

La sociedad de la imagen y de las formas, nos ha llevado a creer, erróneamente, que somos el rol que desempeñamos, con lo cual nos despersonalizamos. La fetichización de la mercancía, nos lleva a suponer que valemos más si tenemos más y nos adjudicamos el valor de los objetos que adquirimos. Esta distorsión ha hecho que muchos se nieguen a realizar trabajos potencialmente productivos pero de bajo estatus, con lo que la apariencia prevalece por encime de las necesidades reales.

Este comportamiento que raya en lo patológico, es semilla de culpa, tristeza y empobrecimiento autogenerado por una distorsión cognitiva, una manera equivocada de vernos a nosotros en el contexto social.

La flojera es un mal más frecuente de lo que se piensa. Se basa en una disposición a la comodidad corporal, a la evitación y al escape de situaciones que puedan requerir responsabilidades o exigencias más allá de lo aceptable para algunos. Si la situación demanda concentración mental o esfuerzo físico, encontrará resistencia en los que gustan de mantenerse relajados aunque les cueste dinero, éxitos, oportunidades. En la flojera puede hallarse una extraña inercia, y necesitarse iniciativa, acción y movimiento.

Casi tan llamativa como la flora es la resignación, que viene a ser una baja ambición, una conformidad con lo poco, lo mínimo, lo elemental, lo necesario, no por flojera o por estimarlo de baja monta, sino por convicción de que no se requiere más. Así como algunos conviven bien con la soledad, hay quienes lo hacen con la escasez. El resignado se ajusta al molde que la vida le asigna sin pretender ampliarlo o romperlo, se arropa hasta donde la cobija la alcanza y lo asume con cierta filosofía.

Ha dicho Ronald Hubbard, polémico pensador creador de la Cienciología, que para controlar cualquier evento o situación es necesario saber iniciarlo, continuarlo y terminarlo. Tomando esta reflexión como referencia, diremos que la inconstancia o la inconsistencia, es una limitación creada desde el interior del individuo, cuya característica central es la incapacidad de continuar lo que se ha iniciado. La inconstancia genera culpa por cuanto cada deserción a mitad del camino, puede verse como una autotraición, un ataque la meta deseada, al plan preestructurado y al energía invertida.

Creo, finalmente, que es necesario desestigmatizar al dinero como la fuente de los problemas humanos. Más que el dinero, lo perturbador es la baja relación que algunos desarrollan con el dinero, que les lleva a experimentar un gran egoísmo, y a expresarlo en sus más usuales manifestaciones: celos, envidia, avaricia y codicia.

Vale acuñar aquí la frase de Dorian Caro, periodista y astróloga para quien el dinero “es un invento de Dios, creado para ayudarnos a desarrollar cualidades necesarias, sin las que no sería posible adquirir y conservar la abundancia económica”.

Creo, sin reservas, que podemos salir de la “pobreza voluntaria”, si seguimos los ya conocidos postulados del dinero, las claves para producirlo y administrarlo entre los que figuran: Conocer y seguir la vocación, especializarse profesionalmente, encontrar un producto valioso para la sociedad que pueda ser masificado, aprender a ahorrar e invertir, adquirir activos, reducir los gastos, mantenerse informado y atento a las oportunidades, crear alianzas con conocedores del dinero, ser amistoso y respetuoso contados, atraer magnéticamente con visualización y oración lo que se desea, agradecer y compartir lo que se ha ganado, y darle un uso que beneficie a la mayor cantidad de gente posible.

Es posible, si se paga el precio. Gracias por leerme. www.laexcelencia.com

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Yagosesky Renny. (2007, abril 1). La pobreza voluntaria. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/la-pobreza-voluntaria/
Yagosesky, Renny. "La pobreza voluntaria". GestioPolis. 1 abril 2007. Web. <https://www.gestiopolis.com/la-pobreza-voluntaria/>.
Yagosesky, Renny. "La pobreza voluntaria". GestioPolis. abril 1, 2007. Consultado el 16 de Agosto de 2018. https://www.gestiopolis.com/la-pobreza-voluntaria/.
Yagosesky, Renny. La pobreza voluntaria [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/la-pobreza-voluntaria/> [Citado el 16 de Agosto de 2018].
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