La oratoria de Winston Churchill

El manejo de la oratoria es necesario para desempeñarse en cualquier campo desde el político hasta en el campo empresarial. El presente artículo es una breve reseña de las cualidades oratorias de ese gigante en el arte de la oratoria llamado Winston Churchill, considerado uno de los líderes más grandes del siglo 20.  Llegó a decir que su ambición de toda la vida fue la de llegar a ser un “maestro de la palabra hablada”. Se dice que su oratoria ha llegado a convertirse en un clásico, y que fue fruto de un esfuerzo metódico, persistente, y colosal. Sin embargo tuvo que trabajar mucho para alcanzar el dominio que le era elusivo. Pero a pesar de sus carencias y limitaciones, contaba con el talento, la materia prima necesaria, además de su memoria, su inteligencia y una tenaz fuerza de voluntad.  Tenía dificultades, balbuceaba, y hasta tartamudeaba para hablar, había letras que arrastraba con la lengua y no las pronunciaba bien. Su presencia física, no era su principal atractivo, no era alto ni apuesto, su andar no era airoso ni elegante, ni tenía una voz poderosa.

UN GIGANTE

Se dice que a ese gigante al que nunca le faltaban palabras no tenía facilidad natural para hablar, lo que parece una afirmación increíble de alguien cuyos discursos completos alcanzan más de cuatro millones de palabras, impresos en ocho gruesos tomos. Llegó a decir que su ambición de toda la vida fue la de llegar a ser un “maestro de la palabra hablada”. Se dice que su oratoria ha llegado a convertirse en un clásico, fruto de un esfuerzo metódico, persistente, y colosal. Sin embargo tuvo que trabajar mucho para alcanzar el dominio que le era elusivo.

Las inquietudes oratorias las llevaba desde muy joven, porque tenía la vista puesta en el objetivo de desarrollar una carrera política, que en la Gran Bretaña empezaba por desarrollar una carrera parlamentaria en la cámara de los comunes del parlamento.

SUS CARENCIAS Y LIMITACIONES

Sin embargo a pesar de sus carencias y limitaciones, contaba con el talento, la materia prima necesaria, además de su memoria, su inteligencia y una tenaz fuerza de voluntad.  Tenía dificultades, balbuceaba, y hasta tartamudeaba para hablar, había letras que arrastraba con la lengua y no las pronunciaba bien. Su presencia física, no era su principal atractivo, no era alto ni apuesto, su andar no era airoso ni elegante, ni tenía una voz poderosa.

Además no provenía de las universidades donde se formaba la élite inglesa; Oxford, Cambridge, uno de cuyo signo distintivo es la formación para el debate. Sin embargo desde muy joven Churchill, se trazó una disciplina para llegar a convertirse en un orador exitoso: estudia, lee mucho, consulta con especialistas en el manejo de la voz y dicción; práctica más allá del cansancio, ensaya ante el espejo cada gesto y movimiento de manera que las manos y las cara lleven el compás de las frases.

Escribe los discursos, se los aprende. Si se considera el contraste asombroso entre sus limitaciones y su monumental legado oral, considerando su impacto en los acontecimientos de su tiempo, se podría decir que su empeño en la oratoria llegó hasta el heroísmo. No era en absoluto un improvisador, sus discursos fueron fruto de una laboriosa, prolongada y detallada preparación.

Su discurso “doncella” el primero ante la cámara, le requirió seis semanas de elaboración. Como sus alocuciones eran por escrito, le resultaba  difícil salirse del texto. En abril de 1909, se quedó trancado en medio de un discurso, teniendo que sentarse abrumado por la imposibilidad de continuar. En otra oportunidad un rival político, aprovechándose de su dependencia del texto escrito y memorizado, reconoció la calidad de su artillería verbal que era pesada, pero le dijo que le haría bien cierta movilidad.

MOVILIZÓ EL IDIOMA INGLÉS

Decía Churchill que “las palabras son las únicas cosas que perduran para siempre”. El dominio del lenguaje no solo es cuestión de riqueza de vocabulario, también implicaba a los sonidos, la musicalidad, el conocimiento de las combinaciones que generan imágenes que se conectan con los sentidos: con los oídos, con la vista y con la piel. Como cultor de la palabra rehúye la palabra vacía y condena las falsas palabras “no hay peor error en el liderazgo público que levantar falsas esperanzas que pronto serán barridas”

Se afirmaba que Winston Spencer Churchill, movilizó el idioma inglés  y lo envió al campo de batalla. En su tiempo se convirtió el más grande en el campo de la oratoria, al cual dedicó sus más denodados esfuerzos, algo admirable, en este hombre, que para poder hablar en público tuvo que comenzar por vencer sus propias limitaciones.

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Carrasquero R Domingo. (2017, febrero 9). La oratoria de Winston Churchill. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/la-oratoria-winston-churchill/
Carrasquero R, Domingo. "La oratoria de Winston Churchill". GestioPolis. 9 febrero 2017. Web. <https://www.gestiopolis.com/la-oratoria-winston-churchill/>.
Carrasquero R, Domingo. "La oratoria de Winston Churchill". GestioPolis. febrero 9, 2017. Consultado el 21 de Noviembre de 2017. https://www.gestiopolis.com/la-oratoria-winston-churchill/.
Carrasquero R, Domingo. La oratoria de Winston Churchill [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/la-oratoria-winston-churchill/> [Citado el 21 de Noviembre de 2017].
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