La ética en los negocios, una clave para la competitividad

La ética pide
¡Reintegro!
A la academia, a la empresa
y a la sociedad
Resumen
Palabras clave
Corrupción
Decisión
Ética,
Moral
Negocios
Valores
El escandaloso panorama que se
ofrece en el mundo a partir de los
casos de corrupción, competen-
cia desleal, desinformación, el
soborno, la cultura de la «mordi-
da» y otros males, en los que go-
bernantes, gerentes, asesores,
religiosos, militares, policías, jue-
ces, fiscales, comerciantes,
publicistas, banqueros, trabaja-
dores, domésticas, deportistas,
loteros, etc, son cuestionados por
sus acciones calificadas como
no éticas y a pesar de haberse
gastado tanta tinta, papel, tiem-
po, y muchos más megabites
ocupados, en las funciones de
describir, graficar, documentar,
comentar, analizar, discernir, acu-
sar, debatir, señalar hasta la sa-
ciedad, la situación es cada vez
peor, porque no se toman accio-
nes correctivas y después de la
tradicional «exhaustiva investiga-
Un poderoso factor que influye en el desempeño de las empresas,
es la ética. La mala ética, puede ser causal de pérdida.
¡La buena ética, al fin de cuentas… paga.!
Germán García Galindo*
Docente de la Facultad de Estudios a Distancia
* Administrador Público, Master en Administración, Candidato a Master en Gestión de Organizaciones,
Especialista en Finanzas Públicas, Gerencia Financiera, Administración de Recursos. Profesor Asociado
Escuela de Administración de Negocios EAN, Bogotá, Colombia. S.A. ggarcia@ean.edu.co
El comportamiento personal
y empresarial en el mundo
de los negocios ha tomado
en los últimos años un
rumbo inusitado que
desborda la, la voracidad de
los inversionistas para
obtener a la máxima
rentabilidad, y se han
dejado de lado los
principios y valores más
representativos de la
dignidad humana; es
necesario volver a insistir en
la recuperación de las
conductas centradas en la
ética, la moral y la
responsabilidad social,
factores vitales a la hora de
buscar mayor
competitividad.
2
felices, de entender al otro, de dar y
recibir lo justo y en la debida propor-
ción; de respetar la propiedad inte-
lectual y física privada, de adelantar
acciones solidarias en favor de los
menos favorecidos, de desarrollar
sensibilidad humana ante los desas-
tres que se presentan en diversos
lugares del mundo, en compartir lo
poco o mucho que se posea con
aquellos que más necesidades tie-
nen, en pensar en sí mismos más
como personas y no tanto como má-
quinas acumuladoras de activos, en
disponer de lo necesario para vivir
dignamente pero no ambicionar has-
ta perder la razón y la tranquilidad por
competir con el vecino, en admirar
la belleza y lo bueno de los demás
sin sentir envidia, abandonar los
egoismos y estar dispuesto a ceder
para que otros disfruten lo que ya no
se puede disfrutar .
Aún cuando en el medio académico
se plantea con moderada insistencia
la conveniencia de formar integral-
mente profesionales que ayuden al
desarrollo de las naciones, se ha
planteado que tal vez «el gran peca-
do de la universidad occidental
haya sido el abandono del estudio
de las humanidades, particularmen-
te de la ética, en aras de la
magnificación de un pretendido
cientificismo. El estudio de la filoso-
fía ha venido a ser substituido por
ción», la cosa queda ahí, sin que
pase nada para acabar con ese fla-
gelo de la humanidad, tal vez porque
aquellos a quienes compete imponer
sanciones y aplicar correctivos, por
lo general, suelen también estar
involucrados.
Esas conductas reiterativas se dan
generalmente propiciadas por un in-
terés de obtener dinero, influencia,
posición, poder, prestigio, estabili-
dad y cuanta cosa pueda conducir a
elevar el ego de la persona que se
presta para cometer actos contra la
moral, favoreciendo intereses hura-
ños, dañando su conciencia, su jui-
cio moral, y hasta su integridad, per-
judicando de paso a las instituciones,
al Estado, a la sociedad y a su pro-
pia familia.
No se trata de proponer aquí que to-
dos los seres humanos actúen de
acuerdo con el pensamiento de una
persona, ni que deban comportarse
todos de la misma manera, o que
actúen al antojo de alguien en par-
ticular; lo que se plantea es que en lo
posible, la humanidad se someta a
unas normas de conducta previa-
mente codificadas, sistematizadas y
estandarizadas, que se apliquen en
el orden jurídico mundial, que se pon-
gan en práctica los principios, valo-
res, creencias, convicciones, que
enmarcan hoy la posibilidad de ser
3
el de las ciencias»1. Esta asevera-
ción tiene su fundamento en algunos
planes de estudio donde el tema de
la ética no aparece y cuando, por
suerte es incluido, está por allá in-
serto en áreas que para el estudian-
te por lo general, no son las más «du-
ras» y por lo tanto, no merecen la
mayor atención para su carrera; si
no, los invito a realizar una simple
prueba: encuestar a un grupo de es-
tudiantes de administración para ver
en qué medida tienen una noción cla-
ra de lo que significa ética profesio-
nal en su área de formación; estoy
seguro que una minoría tendrá algu-
na leve información, pero, si en cam-
bio, se les pregunta por la utilidad de
las asignaturas de las áreas técni-
cas o científicas, el número de res-
puestas aceptables será mayor.
Los autores de textos de administra-
ción y finanzas, insisten en que «para
saber si una decisión empresarial ge-
nera rentabilidad, lo primero que hay
que conocer es en qué consiste y
cómo se crea rentabilidad en la em-
presa».2 En esos libros, por ninguna
parte aparece ni por equivocación la
necesidad de actuar con arreglo a la
ética y a la moral, es decir, que para el
autor, la rentabilidad se debe alcanzar
a cualquier precio y de cualquier ma-
nera, sin importar cómo se obtenga, a
quien perjudique ni qué medios se uti-
licen frente al Estado, a la sociedad y
a la competencia. También es posible
encontrar expresiones como la si-
guiente: «La mayoría de las personas
están interesadas en el dinero de una
u otra manera. El dinero, y por lo tan-
to, las finanzas, son una parte integral
de la vida. El comprender las finan-
zas puede darle poder, puede ayudar-
le a utilizar su dinero eficientemente
y hasta puede ayudarle a ganar más
dinero3 este planteamiento es no
menos insinuante para que las perso-
nas reafirmen su deseo acumulativo sin
atender siquiera a la más mínima nor-
ma de conducta ética.
Se ha reflexionado también acerca
de si bien, una de las funciones que
determinan la razón de ser de las ins-
tituciones universitarias es, la de pre-
parar al futuro profesional para diri-
gir las organizaciones en los años ve-
nideros, la pregunta que surge es:
¿por qué asombrarse de los compor-
tamientos corruptos de los profesio-
nales de distintas disciplinas, si se
tiene en cuenta que durante el pro-
1 HERNÁNDEZ ARIZTI, Rafael, La naturaleza de la ética. Belmont, California: 1989.Wadsworth Publishing
Company. 1989.
2 LOPEZ LUBIÁN, Francisco J., Decisiones empresariales y sentido común, Madrid: Mc Graw Hill, 2003, p. xv.
3 EMERY, Douglas, R., FINNERTY, John D. Administración financiera corporativa. México:2000, Pearson, p. 2.
4
ceso de formación universitaria nun-
ca les hablaron sobre la ética profe-
sional y mucho menos de la conduc-
ta de tipo moral que deben practicar,
una vez egresados de la respectiva
facultad, en su desempeño al servicio
de la sociedad?. Esta puede ser una
justificación para que los profesiona-
les al servicio del nuevo orden econó-
mico mundial, actúen con desprendi-
miento de los antiguos valores que se
practicaron durante años en las orga-
nizaciones familiares de tradición, y no
tengan en cuenta en sus decisiones ni
en sus actuaciones ni un mínimo aso-
mo de racionamiento ético.
En algunas sociedades, como es el
caso de la gente que hoy ocupa el
territorio de los Estados Unidos de
Norteamérica, se ha hecho evidente
últimamente, la preocupación por
volver a incluir en los programas aca-
démicos, un componente que lleve a
reinstalar la importancia de la ética
en las carreras para formación de
profesionales en la educación supe-
rior; es curioso el afán despertado,
al tiempo que se han destapado es-
cándalos de repercusión mundial,
que afectan a un amplio sector de la
humanidad, notables desde las pro-
pias decisiones de la más alta cum-
bre gubernamental, pasando por los
principales directivos empresariales
hasta representantes de agrupacio-
nes de carácter religioso.
Pero y ¿por qué dejar esa respon-
sabilidad únicamente a la academia
y no se inicia mucho más temprano
la formación en la ética y la moral?,
por ejemplo, desde que la persona
nace, a medida que aprende a ha-
blar, que empieza a razonar, a ser
consciente, en el seno del propio
hogar, aprendizaje que generalmen-
te se da a partir del ejemplo de los
adultos, que conviven con él o ella.
Aunque, en ocasiones, ocurre que
habría sido preferible no aprender
esa cultura, porque allí mismo es
donde se cultivan los antivalores,
como por ejemplo: la habilidad de
mentir, en el sentido de pedirle a
quien conteste que no está, para no
pasar al teléfono cuando la llamada
es para cobrar una cuenta, o cumplir
un compromiso previamente adqui-
rido, o de una persona con quien no
se desea hablar; también es común
aparentar situaciones de solvencia,
de prestancia, de prestigio, de lim-
pieza, de orden o desorden, espe-
cialmente ante las visitas de extra-
ños al hogar, cuando se ponen los
mejores manteles, los cubiertos y la
vajilla nuevos, se utilizan los muebles
de la sala y del comedor, mientras
que, cotidianamente, los moradores
sólo pueden usar el comedor auxi-
liar de la cocina, el plato desportilla-
do, la cuchara torcida y el pocillo
desorejado. Son apenas algunos de
los vicios propios de nuestra cultura
5
latina, y que marcan al individuo de
por vida, con muy escasas excepcio-
nes.
La «mística profesional» se descri-
be como una manera de actuar que
es coherente con el conjunto de va-
lores morales que una persona ha
asimilado a lo largo de su vida. La
mística personal proviene de la fa-
milia, en el proceso de la crianza,
donde se incorporan los valores
ancestrales y se configuran los ras-
gos de la personalidad, se extienden
a la institución educativa y luego al ejer-
cicio profesional. La academia forma,
en todos los niveles, desde preesco-
lar hasta el nivel de postgrado, en el
sentido de ayudar a desarrollar com-
petencias a partir del aprendizaje de,
habilidades, conocimientos sistema-
tizados, técnicas, conceptos, herra-
mientas y métodos de las ciencias,
para que el futuro profesional, una vez
culminado su proceso formativo, sal-
ga al mercado a desempeñar su ofi-
cio, a contribuir con su potencial para
generar los cambios que requiere el
mundo, para mejorar el modo de vida
de la humanidad, llevando consigo la
impronta de su facultad, que es más
de tipo convencional, distintiva en ra-
zón del pensamiento que identifica la
filosofía de un programa, una facultad,
una agremiación de egresados, de la
respectiva escuela que se asocia a la
familia o comunidad, unida por lazos
de fraternidad, que suelen durar para
toda la vida.
Si durante su proceso de formación,
el profesional ha interiorizado los
principios de la ética y la moral, se-
guramente estará habilitado para, en
consciencia, distinguir entre lo que
está bien y lo que está mal, lo correcto
e incorrecto, lo bueno y lo malo, lo
conveniente y lo inconveniente, lo que
daña y lo que no hace daño, de ma-
nera que podrá elegir libremente y
tomar una decisión centrada en ar-
gumentos humanamente racionales;
sólo su razonamiento moral le permi-
tirá calificar la calidad de la decisión
en sentido moral, cuya responsabili-
dad sabrá aceptar y eliminará cual-
quier sentimiento de culpa ante los
acontecimientos que puedan derivar-
se de su propia resolución.
En ese sentido, Peter Drucker afir-
ma: “Lo que choca a los jóvenes gra-
duados es que los ejecutivos máxi-
mos no se sienten con derecho a
actuar de acuerdo con sus conscien-
cias”… “Is Business Letting Young
People Down”4, los colegiales des-
aprueban enérgicamente lo que per-
4 Harvard Business Review noviembre - diciembre de 1965, pág. 54. (ib. p. 43).
6
ciben como falta de integridad del
hombre de empresa, pero, por otra
parte, muchos estudiantes de univer-
sidades ocasionalmente hacen tram-
pas durante los exámenes. Uno se
pregunta: ¿cómo pueden explicar
estos estudiantes tan aparente in-
consistencia?. ¿Son sus tentaciones
más severas que las de los hombres
de empresa? ¿Consideran menos
reprensible el carecer de ética en
asuntos académicos que en los eco-
nómicos? Y si es así, ¿Por qué?.5 Es
común que exista incoherencia en-
tre lo que una persona dice que pien-
sa o hace y lo que en realidad pien-
sa y hace, es una característica del
género humano, describirse a sí mis-
mo, de la manera que mejor se favo-
rezca a sí mismo.
En tanto que el comportamiento éti-
co se fundamenta en la escala de
valores que ha interiorizado una so-
ciedad en un entorno específico, los
valores son considerados como
aquellos enunciados que reflejan cla-
ridad meridiana de lo que para uno
es críticamente importante, a través
de la ética esos valores toman la for-
ma de actos, que en la opinión de
quien los analice, desde el punto de
vista moral, pueden llegar a ser co-
rrectos o incorrectos.
Ética es una palabra que se deriva
del griego ethos, que significa cos-
tumbre o carácter, también suele de-
nominarse «filosofía moral, parte de
la filosofía que estudia la moralidad
de los actos humanos en cuanto a
resultado y en cuanto a acto6
También se define la ética como «la
actividad de examinar los están-
dares morales de uno mismo o los
estándares morales de la sociedad,
y de preguntarse cómo se aplican
estos a nuestras vidas y si son ra-
zonables o irrazonables, esto es, si
se hallan sustentados por buenas o
malas razones7 Pero, para Aris-
tóteles, fundador del concepto, la éti-
ca «se basa en la finalidad de la
acción humana, permite elegir en
función de un fin que es mi bien;
porque yo soy capaz de operacio-
nes voluntarias dirigidas a la felici-
dad. Es la ética de la responsabili-
dad que implica el respeto a los
otros y la cooperación... De ahí la
noción de bien común8
5 BAUMHART, Raymond S.J., Ética en los Negocios, Editorial Diana, México, primera edición, 1978. p. 45.
6 MARTINEZ ECHEVERRY, Leonor, MARTINEZ ECHEVERRY, Hugo, Diccionario de filosofía, Bogotá: Pana-
mericana, 1997. p. 184.
7 VELASQUEZ, Manuel G., Ética en los negocios, México: Pearson, p. 10.
8 LA ROUCHEFOUCAULD, Bernar de, citado por GÉLINIER, Octave, En: Ética en los negocios. México: Limusa,
2000. p. 44.
7
Para otros, «la ética es el estudio
de las obligaciones morales o del
discernimiento entre el bien y el
mal»9 esta definición de corte
aristotélico, es más simple y enlaza
con la noción de moral: «es un tér-
mino que a pesar de tener un co-
mún origen con el término ética en
su significación de costumbre, se
aplica en un sentido más amplio
que ética por cuanto se refiere, por
lo general, a todo aquello que no es
físico en el hombre: al espíritu sub-
jetivo y cuanto él produce, aunque
algunas veces se ha opuesto este
término a intelectual, para indicar
que lo moral procede del sentimien-
to mientras lo intelectual procede de
la inteligencia o intelecto, de la ra-
zón. Cuando lo moral se somete a
un sentido de valor, es lo opuesto a
inmoral y a amoral, siendo lo inmo-
ral lo que se opone o no obedece a
todo valor y lo amoral lo que pres-
cinde o es indiferente al valor...»10
Podríamos seguir presentando con-
ceptos sobre la ética y la moral, sin
embargo, voy a permitirme aquí
centrarme en el tema de la ética
aplicada a una actividad que inte-
resa a los administradores profe-
sionales y es la ética en el mundo
de los negocios.
En el lenguaje de la administración,
se ha considerado la ética de los
negocios como el estudio especia-
lizado de lo moralmente correcto e
incorrecto; se enfatiza en las normas
de contenido moral en cuanto inciden
directamente sobre el conjunto de
políticas, organizaciones y el desem-
peño de las unidades de negocios;
focaliza también su atención en el
cómo las citadas normas morales
son utilizadas en los procesos de pro-
ducción y distribución de bienes y
servicios, y la manera en que sus
efectos son recibidos por el talento
humano puesto al servicio de tales
organizaciones.
La ética, importante para todas las
personas, es extensiva también al
mundo de la empresa, en cada deci-
sión que se adopta existe un conte-
nido de ética, ya se trate de aspec-
tos relacionados con la administra-
ción de personal en lo pertinente a la
vinculación, el ascenso, promoción o
retiro; en las negociaciones con
clientes; tratos con proveedores; re-
laciones con organizaciones sindica-
les; delegación de funciones y de
autoridad; creación de un nuevo pro-
ducto o servicio; presentación de un
informe; realización de un trámite ante
9 DUBRIN, Andrew, Fundamentos de administración, México:2000, Thomson, p.56.
10 MARTINEZ ECHEVERRY, op. cit. p. 386.
8
entidades públicas; participación en
un concurso; solicitud de un crédito;
entre muchos otros casos, siempre
habrá, por supuesto, un contenido de
naturaleza ética.
Se ha determinado que las entida-
des más influyentes de la sociedad
contemporánea, son las institucio-
nes económicas, diseñadas para la
producción y distribución de bienes
y servicios que demanda la socie-
dad; esas unidades económicas,
de manera autónoma, deciden a
quién encargar de la producción,
organizan el trabajo, cuántos y de
qué tipo de recursos aplicar y los
canales de distribución de los pro-
ductos y servicios. Las grandes
corporaciones son las más pode-
rosas en el mundo actual, por estar
dotadas por mandato de la ley, de
derechos y atribuciones especia-
les, un centenar de éstas en Esta-
dos Unidos, controlan aproximada-
mente el 50% de los ingresos y, por
ende, del total de utilidades.
Las administraciones de esos gran-
des y complejos negocios, estable-
cen reglas generales para toda la
organización, que sirven de enlace
entre la totalidad de los individuos,
con el fin de alcanzar las metas cor-
porativas; en la medida que el traba-
jador se ajuste a las normas, se cum-
plirá el objetivo, aún a expensas de
que el trabajador individual ignore
cuáles son los resultados esperados,
es así como, se habla de los asun-
tos corporativos en la ética de los
negocios, aspectos que se originan
en el seno de una empresa en parti-
cular, con respecto a la práctica mo-
ral en sus acciones, políticas y su pro-
pia estructura orgánica; así mismo,
se habla de la ética de un miembro
de la organización, en cuanto a la
moralidad de sus decisiones parti-
culares dentro de la empresa. Esa
estrecha relación entre la concepción
de la ética de un individuo y la ética
en un contexto corporativo, no se
puede desligar y es aquí donde es
importante insistir en la formación
ética y moral del individuo.
La empresa es una persona jurídica,
es decir, un sujeto con derechos y
deberes, que tiene responsabilidad
y autonomía, desarrolla su acción
empresarial en un contexto concre-
to, lo que se denomina el entorno
empresarial. Las personas y las em-
presas, son seres que viven en un
proceso de realización, son seres
haciéndose, en constante evolución,
con capacidad de aprendizaje conti-
nuo y permanente, no son productos
terminados. Esto ayuda a reflexionar
acerca de la necesidad de observar
la realidad, su incidencia en la propia
vida, la forma de asimilar el cambio y
mejorar cada día no sólo en interés
9
personal sino pensando en el benefi-
cio social, ahora y en el futuro.
Se presume que es, precisamente,
la identificación del vínculo ética cor-
porativa - ética personal, la que ha
motivado a que los consejos directi-
vos de las corporaciones y de las
instituciones universitarias orienta-
das hacia el mundo de los negocios,
se interesen cada vez más en que
los egresados de los programas de
formación profesional en las áreas
de la administración de empresas,
incorporen en sus planes de estudios
un fuerte componente de ética en los
negocios y de responsabilidad so-
cial, tendientes a generar conscien-
cia moral y de gestión ambiental, de
manera que el futuro profesional de-
sarrolle su acción en sentido moral
con los más altos estándares, que
son actualmente los principales ar-
gumentos que tipifican la mayor
competitividad de las organizacio-
nes, ante clientes, proveedores,
fuentes de financiación, el Estado y
la comunidad en general.
La ética es considerada como una
poderosa fuente de ventajas com-
petitivas, así lo han entendido las
empresas que se encuentran a la
vanguardia en el mercado, ahora
que la tendencia a nivel mundial es
actuar con transparencia y que con
el desarrollo de las herramientas de
democratización y movilización so-
cial como Internet, las grandes cor-
poraciones fundamentan su acción
empresarial en una ética corpora-
tiva, a través de la cual se atrae a
los mejores talentos y de paso, se
consigue un mayor número de
clientes.
Es mediante el comportamiento éti-
co y a partir del ejemplo, como se
pueden reducir los hechos de corrup-
ción que causan graves daños a los
sistemas sociales y económicos; es
necesario entonces, promover el sis-
tema de valores corporativos para
generar cultura, de manera que los
individuos que integran las organiza-
ciones aporten más elementos de
tipo ético al negocio, toda vez que el
activo empresarial más valioso que
existe hoy es el capital humano, que
las personas valen por lo que son y
por lo tanto, merecen la mayor impor-
tancia y el más alto respeto; cuando
las organizaciones entiendan esto y
apliquen los cinco valores básicos:
igualdad, libertad, diálogo, respeto
y solidaridad, tendrán mayores for-
talezas para enfrentar la competen-
cia en los años venideros.11
11 La Ética en la administración Mini - principios de ética del mercadeo por Internet.
http://www.gestiopolis.com/canales/gerencial/articulos/no%202/etica.htm
10
Sin embargo, es conveniente co-
mentar que el comportamiento ético
no garantiza la solución definitiva de
todos los problemas, que no es la cla-
ve para alcanzar el mayor porcenta-
je de utilidad, pero, con toda seguri-
dad, el comportamiento no ético
menos, y lo que es peor, puede cau-
sar pérdidas enormes.
Cuando se indaga acerca de la éti-
ca en la empresa, es preciso dar im-
portancia a la identificación de los
postulados, determinantes del logro
de los objetivos ligados a un desa-
rrollo sostenible, apartados de ma-
niobras manipuladoras y favoreci-
mientos momentáneos. Tener claro
que el fin último no debe ser ganar
más que la competencia ni a costa
de los competidores, sino ganar todo
aquello que se pueda, cuyo resulta-
do es producto de un planeamiento
enmarcado en la generosidad. La
famosa estrategia de ganar-ganar
es una verdad de a puño, pero no es
practicada ni aplicada con mucha fre-
cuencia.
Una buena demostración de respon-
sabilidad debe ser la de entender
que en el entorno existen diferentes
canchas para el juego de los diver-
sos deportes, cada uno con todas
sus reglas universales y que, inde-
pendientemente del deporte que se
juegue, se debe practiar con respe-
to, dignidad, reconocimiento y con el
mayor espíritu y afán de superación.12
La ética en los negocios se relacio-
na con la verdad y la justicia y tiene
diversos aspectos, tales como, las
expectativas de la sociedad, la
competencia justa, la publicidad,
las relaciones públicas, las respon-
sabilidades sociales, la autonomía
del consumidor y la conducta cor-
porativa en su país de origen así
como en el extranjero.13 En este
contexto, es posible afirmar que la
ética de los negocios abarca todo
el ambiente con el cual interactúa
la empresa para el desarrollo de su
acción empresarial de manera que
genere credibilidad, fidelidad y res-
peto, así como un reconocimiento
por su actuación centrada en valo-
res.
Dominique Hoestland, un reconoci-
do hombre de empresa, señala: «la
interrogación ética es el camino ne-
cesario para hallar respuestas a las
contradicciones de las morales, de
las lógicas y de los hechos; para acla-
12 LLANO Carlos, En: http://www.lideralia.org/CyT/CyT_num4_bis.htm
13 WALTON, Clarence D., The Ethics of Corporate Conduct , Englewood Cliffs, N.J:Prentice-Hall, 1977,
p. 6.Véase tembién La Rue Tone Hosmer, The Ethics of Management (Homewood, III.: Richard D. Irwin, 1987).
11
rar arbitrajes difíciles y, en el límite,
para servir de guía en elecciones «a
lo Corneille» entre imperativos con-
trarios».14
Michel Le Net, define la ética en los
negocios en forma de ecuación: Éti-
ca = Eficacia + Deontología, con-
ceptualización coherente con la de-
finición de Aristóteles. La ética es el
arte del éxito a largo plazo, que su-
pone, de una parte, el bien propio (en
negocios, la eficacia), pero sólo con
respeto a los demás (deontología).
El respeto a los demás implica, na-
turalmente, el respeto a la ley y a los
principios básicos de la moral uni-
versal.15
La European Business Ethic
NetWork EBEN define: la ética de
los negocios como una reflexión so-
bre las prácticas de negocios en las
que se implican las normas y valo-
res de los individuos, de las empre-
sas y de la sociedad.16 Pero debe
entenderse que la ética no es un pro-
blema solamente de definiciones
sino que lo ideal es el planteamiento
correcto de la multiplicidad de pro-
blemas relacionados con el compor-
tamiento honrado en los negocios,
que no tienen soluciones previas y
por lo tanto, es necesario investigar
para aplicar la mejor decisión.
La sociedad actual, exige a las empre-
sas un equilibrio entre las posturas éti-
cas o morales de los miembros de la
organización, entendida como la ética
de la empresa, que asuma su papel
como interlocutor válido y lo ejerza res-
ponsablemente. Da la impresión de
que en un mundo caracterizado por
estructuras altamente mercantilizadas,
la sociedad ha encontrado un camino
hacia la humanización, en el compor-
tamiento y el compromiso ético y mo-
ral de sus agentes.
Las empresas vivientes, es decir, las
que sobreviven durante muchos años
a la guerra competitiva, son aquellas
que se han esmerado por crear y di-
fundir entre todos sus miembros una
cultura centrada en valores éticos y
morales, de manera que obtengan y
mantengan la aceptación del cliente,
14 GÉLINIER, Octave, Ética en los negocios, México: Limusa, 2000. P. 45.
15 Íb.
16 Íb.
Sabía usted que
Según la Ethics Officer Association,
¡las empresas que figuran en el Fortune 500
cuentan con códigos de conducta!
12
consumidor o usuario, que ellos re-
ciban lo que se les promete, en tér-
minos de calidad, cantidad, oportu-
nidad y en equilibrio con el precio que
pagan por adquirir el producto o usar
el servicio.
No es suficiente contar con buenas
personas en las empresas, es nece-
sario, también, que los directivos ex-
presen con claridad lo que esperan
recibir de sus colaboradores en lo
que respecta a la ética y dotarlos de
instrumentos útiles y de fácil recor-
dación, a los cuales acudir como
material de consulta permanente,
esas prácticas mejoran el proceso
de toma de decisiones y el senti-
miento de pertenencia de los em-
pleados.
Los gerentes de empresa se en-
frentan a muchas situaciones que
requieren de juicios éticos y, con
frecuencia, las respuestas no son
fáciles. Los gerentes, y en particu-
lar los de más alto nivel, tienen la
responsabilidad de crear un am-
biente organizacional que fomente
las tomas de decisiones éticas al
institucionalizar la ética. Esto sig-
nifica aplicar e integrar conceptos
éticos a la acción diaria. Theodore
Purcell y James Weber sugieren
que esto se puede lograr en tres
formas:
Estableciendo una política de la
compañía o un código de ética
apropiados.
Utilizando un comité de ética for-
malmente creado.
Enseñando ética en los progra-
mas de desarrollo gerencial.
La forma más común de institucio-
nalizar la ética, es estableciendo un
código de ética; menos frecuente es
el uso de comités de consejos de
ética. Muy rara vez se usan progra-
mas de desarrollo gerencial que ten-
gan temas éticos. 17
La conducta no ética por parte de las
personas de negocios, tiene reper-
cusiones internacionales, son perso-
nas que tienen dificultades para ac-
tuar éticamente y enfrentan la com-
plejidad de sus propios dilemas éti-
cos. El interés público en la ética
mercantil se despierta a instancias
de las prácticas carentes de ética y
su amplia difusión por los medios
de comunicación.18
17 KOONTZ Harold, WEIHRICH, Heinz. Elementos de administración. México: Mac Graw Hill, quinta edición
1999. p. 9.
18 BAUMHART, Raymond S.J., Ética en los negocios. México: Diana, primera edición, 1978. Pág 15.(libro
biblioteca Universidad Javeriana 650.69 B18 Ej. 1).
13
Es conveniente reflexionar acerca de
que el dinero no justifica todo en la
vida; es un importante factor de pro-
ducción pero no es el único, en la
medida que se entienda que la ga-
nancia no es el único fin de la em-
presa, habrá mayores posibilidades
de adaptación al nuevo mundo de los
negocios, donde aparecen otros
motivos para los empresarios tales
como la supervivencia, es decir, per-
manecer en el mercado, aún a ga-
nancias menores que las acostum-
bradas.
Con frecuencia, se presentan dile-
mas19 para celebrar un compromi-
so: escoger entre lo que es correc-
to hacer y lo que es necesario rea-
lizar; en este sentido, se aconseja
reflexionar acerca de las inciden-
cias de la decisión, de manera que
no se desconozca o vulnere la dig-
nidad humana, ni los valores de la
ética y de la moral.
Se entiende que la función de los
negocios exige que el hombre de
empresa proteja su negocio, en esta
dirección se ha de comprender tam-
bién, que es tarea de la sociedad
asegurar la justicia social, de mane-
ra que la empresa como tal, obtenga
lo que le corresponde de acuerdo
con su acción y no la ambición per-
sonal del hombre de negocios, indi-
vidualmente considerado.
Aunque el mundo de los negocios es
un juego donde compiten toda clase
de jugadores, y la mayoría de quie-
nes están en los negocios juegan
para ganar y obtener utilidades, será
poco ético aceptar la afirmación se-
gún la cual: «en el grado en que haya
gente afectada, tarde o temprano el
gobierno la protegerá»20. Tampoco
suena aceptable la afirmación de
Theodore Lewitt, según la cual: el
hombre de negocios existe para un
solo propósito: crear y entregar sa-
tisfacciones de valor, con una utili-
dad para sí mismo. Si lo que ofrece
puede venderse con ganancia, en-
tonces es legítimo. Las consecuen-
cias espirituales y morales de los
actos del hombre de negocios son
cosa que no debe importarle.21 Así
mismo, se considera no ético el tra-
tar de obtener máximas utilidades sin
freno, el que los ejecutivos de una
corporación actúen en el sólo interés
19 Dilema: Argumento formado por dos proposiciones contrarias disyuntivas, de tal modo que negada o concedida
cualquiera las dos, queda demostrado lo que se intenta probar (Diccionario de la lengua gramática y verbos, Bogotá:
Editar, 2000, p. 225)
20 íb. p. 103.
21 íb. p. 104.
14
de los accionistas y no también en
interés de los empleados y el consu-
midor; quizás el mejor criterio para
juzgar cuán importante es la ética
para una persona, es qué tanto sa-
crificio le cuesta -en términos de po-
sición, dinero, tiempo y energía-, el
actuar éticamente.
Se ha sugerido también, que en el
comercio mundial prevalece una es-
pecie de darwinismo moral, donde
a la larga mueren las compañías
menos éticas. Esto puede ser cierto
en industrias en las que el compra-
dor ordinario puede identificar fácil-
mente la calidad del producto, o en
las que el patrón consiste en una fre-
cuente repetición de ventas. Pero es
utópico pensar que el darwinismo
moral predomine en industrias don-
de la competencia económica cons-
tituye una poderosísima fuerza. Esto
de ningún modo es una negación
de que la buena ética, es por lo re-
gular, un buen negocio a la larga.22
Es claro que un hombre de empresa
es, ha sido y será, ante todo, un hom-
bre, antes de ser gerente, y “cuanto
más ético, razonable y humano sea,
mejor será como hombre y como
gerente”.23 Las empresas orientadas
por líderes con esas características,
han demostrado que la ética es un
factor determinante de la buena mar-
cha de un negocio y que las utilida-
des esperadas llegan como conse-
cuencia de un proceso centrado en
los valores corporativos y no las utili-
dades como el fin único.
Los dilemas éticos de más profunda
preocupación para el hombre de
empresa, son los problemas referen-
tes al personal; sin embargo, con
más frecuencia se incurre en prácti-
cas competitivas injustas, tales como
la discriminación de precios o la co-
lisión, los sobornos y la falta de hon-
radez en la publicidad o en los con-
tratos. El hombre de negocios cree
que una buena ética es buen nego-
cio a la larga, especialmente en lo
tocante a relaciones con empleados
y clientes. La mayoría de los empre-
sarios opinan que tienen las mismas
normas de ética en el hogar y en el
trabajo, pero que es más difícil vivir
de acuerdo con tales normas en la
oficina, debido a las fuertes presio-
nes de la competencia.
La regla de oro: “no hagas a otro lo
que no quieras que los otros te ha-
gan a ti”, aunque útil como punto de
partida, resulta inadecuada como
norma para resolver la mayoría de los
22 Íb. p. 315
23 Íb. p. 317.
15
problemas éticos en el comercio; los
gerentes, por lo general, se tornan
más éticos conforme su edad avan-
za, en parte debido a su mayor se-
guridad económica. El hombre de
negocios como todo ser humano,
debe hacer el bien y evitar el mal,
ya que ciertas normas de ética ge-
neral son aplicables a las activida-
des mercantiles. Existen, sin embar-
go, ciertos actos que son de preocu-
pación especial o única en los ne-
gocios, y los problemas específicos
y oportunidades con que se enfrenta
el hombre de empresa difieren de
los que tienen los políticos, por ejem-
plo, o el médico. El estudio del obje-
to, la intención, las circunstancias y
el resultado de estas acciones, de
su rectitud o equivocación, cabe den-
tro del dominio de la ética comercial.
El número e importancia de tales
actos justifica la existencia de ese
campo especial de estudio que se
denomina ética comercial.24
Para la comunidad en general, la
imagen del hombre de negocios in-
cluye la noción de que es relativa-
mente no ético; la opinión del estu-
diante es todavía menos favorable.
Esto es significativo, puesto que
muchos estudiantes eligen la ocupa-
ción que tendrán durante toda la vida,
basándose en gran parte sobre la
imagen que se han formado de ella.
Un ejemplo es la siguiente afirma-
ción: ”la mayoría de las organizacio-
nes mercantiles tienen por objeto
hacer todo el dinero que puedan, sin
importar quién sale lastimado.25 La
imagen popular de la ética del hom-
bre de negocios, especialmente
mantenida por los estudiantes, pare-
ce estar plagada de prejuicios; pro-
bablemente otorga insuficiente
peso a las muchas decisiones res-
ponsables tomadas por los gerentes.
Al respecto, el ejecutivo Philip Sporn
ha declarado: “El juicio de algunos
de nuestros mejores talentos jóve-
nes se ve afectado por un sentido
de desconfianza hacia los negocios
como forma de vida, particularmen-
te porque quizás no permita una
concordancia entre las normas éti-
cas de los negocios y la ética de la
vida.26 Cuando una empresa ad-
quiere reputación de que sus accio-
nes están centradas en una conduc-
ta ética, tiene menos peticiones de
terceros para actuar con falta de éti-
ca; así mismo, cuando la propia pos-
tura de un individuo respecto a co-
sas éticas se hace conocida, se en-
24 BAUMHART, Raymond S.J. Ética en los negocios. México: Diana, primera edición, 1978. p. 39.
25 Purchasing Week. 3 de julio de 1961, pág. 10.
26 Committee for Economic Development, Educating Tomorrow’s Managers, Nueva York, octubre de 1964, pág. 54.
16
frenta a menos tentaciones y las per-
sonas que le rodean se acostumbra-
rán a la idea de que no tolerará la
deshonestidad o la mentira, por lo
que allí se toman las decisiones de
acuerdo con los principios que se
establezcan desde la alta gerencia.
En casos en los cuales un hombre
de negocios actúa éticamente, atri-
buye su comportamiento a su propia
aptitud para resistir la presión y las
tentaciones, otorga parcialmente el
crédito a sus superiores y a las polí-
ticas de la compañía; así mismo,
cuando actúa con falta de ética, cul-
pa a sus superiores y al clima de su
industria, es decir, elude la respon-
sabilidad, actitud todavía más repro-
chable, propia de algunos políticos
demagogos que nunca aceptan sus
errores ni muestran disposición para
afrontar el juicio social y mucho me-
nos el proceso penal que correspon-
de a su conducta.
Las grandes empresas que han so-
brevivido por más de 100 años,
como es el caso de Procter &
Gamble, IBM, Singer Sewing
Machine Company, entre muchas
otras, y con base en investigaciones
de los profesores Learned, Doley y
Katz27 donde analizan la idea de que
la buena ética es buen negocio a la
larga y sugieren que las razones que
tienen los hombres de negocios para
apoyar este concepto, encaja dentro
de tres categorías:
Una empresa que se comporta de
acuerdo con la ética, induce a
otros a conducirse éticamente con
ella.
La conducta ética es una forma de
seguro en contra de actos de re-
presalia.
Un buen hombre que trata cons-
tantemente de ser ético en algu-
na forma, siempre rebasa y ven-
ce a su colega inmoral o amoral.
Mantener en el mercado una buena
imagen de marca y de producto,
acompañada de una actitud centra-
da en la ética y la moral, asegura
ventajas competitivas y todos desea-
rán tener negocios con una empre-
sa de tales características. La mala
ética puede producir resultados que
dañan la calidad del nivel de ingre-
sos y desmejora la rentabilidad, de-
bido al deterioro de la imagen cor-
porativa y después de ganarse un
mal nombre, nadie querrá tener tra-
tos con esa empresa, a riesgo de
dañar su propia reputación. Tarde o
temprano, el gobierno, la opinión
27 íb. p. 86
17
pública, los empleados y demás
miembros de la propia empresa y las
otras personas o miembros de las
empresas con quienes se realizan
las conductas o el trato no ético, se
darán cuenta de la situación y las
consecuencias no serán leves.
En el mundo empresarial, todas las
decisiones de tipo comercial las to-
man las personas encargadas de
esa responsabilidad, si no son éti-
cas, tales decisiones pueden llegar
a afectar a otras personas. Si las
personas afectadas, como puede
ser el caso de clientes, proveedores,
empleados, accionistas, prestamis-
tas, etc., saben quién es el sujeto que
tomó la decisión, estarán renuentes
a realizar en el futuro tratos tanto con
esa persona, así como con la empre-
sa que ésta representa y las
referenciarán negativamente ante
todos los que más puedan.
Las malas experiencias comercia-
les se recuerdan siempre con ma-
yor facilidad que las experiencias
buenas, esta afirmación es general-
mente cierta, en lo que se refiere al
trato no ético o cuando se da un tra-
tamiento de injusticia o que atenta
contra la propia dignidad; cuando ello
ocurre, se presenta automáticamen-
te una desaprobación de carácter
instintivo, que marcará el pasado y
motivado por un inmenso amor pro-
pio, el ser humano no estará dispues-
to a realizar, nunca jamás, negocios
con una empresa o individuo que lo
ha maltratado; en cambio, si ha per-
cibido la satisfacción de que ha sido
tratado con justicia y respeto a su
condición humana, seguramente ten-
drá mayor disposición a volver a ne-
gociar con la misma persona o em-
presa, si las condiciones no cambian
significativamente.
Una mala experiencia se comparte
con veinte o más interlocutores,
mientras que las buenas experien-
cias solamente se comentan con
dos o tres de los mejores amigos.
En consecuencia, se puede afirmar
que, en general, las personas res-
ponden favorablemente ante una
empresa o individuo que ofrezca un
trato fundado en el respeto y consi-
deración a su dignidad humana, esa
es la principal razón por la cual la
buena ética, a la larga, es un buen
negocio. «El comportamiento ético
es la mejor estrategia de un nego-
cio a largo plazo para una compa-
ñía»28. Esto no significa necesaria-
mente que la ética no tenga un cos-
to, o que el comportamiento no ético
tenga también sus compensaciones,
28 VELASQUEZ, Manuel G., Ética en los negocios, conceptos y casos. México: Pearson Educación. 2000, p. VIII.
18
lo que se quiere decir, es que a lar-
go plazo, la mayoría de las veces, el
comportamiento ético puede propor-
cionar a una compañía ventajas com-
petitivas importantes sobre las com-
pañías que no son éticas.
La sociedad necesita de profesiona-
les que vivan su profesión como una
vocación de servicio, fieles al juramento
que ofrendaron en la solemnidad de
su graduación, recordar que hubo un
gran líder que predicaba: yo vine a
servir, no a ser servido, este ejemplo
debería ser asimilado como una for-
ma de vida, sólo a través de tales per-
sonas será posible moralizar el mun-
do de los negocios. Para que los ad-
ministradores profesionales puedan
perseverar en el camino que han es-
cogido, se recomienda que busquen
apoyo en personas que estén dispues-
tas a compartir sus propios valores y
principios éticos. La ética es un factor
determinante para el éxito de cualquier
tipo de actividad, bien sea que el ad-
ministrador de empresas desempeñe
el papel de empresario, consultor, ase-
sor, empleado, o servidor público, será
reconocido de manera positiva por sus
decisiones y acciones, si están siem-
pre centradas en la ética y la moral.
Se recomienda entonces a los futu-
ros administradores profesionales,
que desde ya, asuman en serio los
aspectos morales y las implicaciones
sociales de la toma de decisiones en
las organizaciones. En su trayecto-
ria profesional y en el trabajo, es pre-
ciso considerar como tarea funda-
mental algo más que simplemente
satisfacer expectativas de desempe-
ño. Las metas de desempeño debe-
rán alcanzarse siempre a través de
acciones éticas y socialmente res-
ponsables.
Finalmente, traemos a la mente la
siguiente advertencia, que es aplica-
ble a los administradores en todas
partes:
«Ustedes son gente con poder. Pue-
den convertir este mundo en un lu-
gar mejor donde las decisiones y los
métodos de negocios tomen en
cuenta lo correcto y lo incorrecto, al
igual que la rentabilidad… Ustedes
deben asumir una posición en asun-
tos importantes: el medio ambiente
y la ecología, el hostigamiento
sexual, el racismo y la discrimina-
ción con base en el género, la ca-
rrera armamentista, la pobreza, las
obligaciones del mundo occidental
opulento hacia sus hermanas y her-
manos menos afortunados en otras
partes del mundo.» 29 Desmond Tutu,
arzobispo de Capetown, Sudáfrica.
29 SCHEMERHJORN, John R. Jr., Administración. México: Limusa, 2003, p. 116.
19
Bibiografía
BAUMHART, Raymond S.J., Ética en
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WALTON Clarence D. The Ethics of
Corporate Conduct. Englewood Cliffs,
N.J: 2000.

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García Galindo Germán. (2005, septiembre 22). La ética en los negocios, una clave para la competitividad. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/la-etica-en-los-negocios-una-clave-para-la-competitividad/
García Galindo, Germán. "La ética en los negocios, una clave para la competitividad". GestioPolis. 22 septiembre 2005. Web. <https://www.gestiopolis.com/la-etica-en-los-negocios-una-clave-para-la-competitividad/>.
García Galindo, Germán. "La ética en los negocios, una clave para la competitividad". GestioPolis. septiembre 22, 2005. Consultado el 16 de Julio de 2018. https://www.gestiopolis.com/la-etica-en-los-negocios-una-clave-para-la-competitividad/.
García Galindo, Germán. La ética en los negocios, una clave para la competitividad [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/la-etica-en-los-negocios-una-clave-para-la-competitividad/> [Citado el 16 de Julio de 2018].
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