Identidad dentro de la empresa

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A través del transcurso del tiempo, todo ser humano en cualquier etapa de su vida, a tratado de buscar una forma de identificarse en el mundo social que lo rodea, como una necesidad básica para su desarrollo, asimismo, para poder encontrar respuestas a ciertos cuestionamientos que realice en cualquier etapa de su vida, como la pregunta que quizás todos en un momento determinado nos hemos hecho, ¿QUIEN SOY YO?, búsqueda que de igual forma, va encaminada a encontrar una identidad ya sea sexual, de género, étnica, social, religiosa, cultural, entre otras, advirtiéndose que en ésta búsqueda se ha topado con un proceso bastante complejo, en el que pueden participar diversos elementos para poder lograr su objetivo, aunado a ello, los seres humanos estamos obligados a adaptarnos a los nuevos “modelos de identidad” que han surgido con la sociedad que actualmente nos rodea; y que considera a esa identidad como un sello de la personalidad.

Es posible, que ésta necesidad de encontrar un sentimiento de identidad es tan vital e imperativa, que el hombre no podría estar sano o completo si no encontrara algún modo de satisfacerla, ya que es considerada como una necesidad afectiva, que se deduce de un sentimiento, cognitiva, desde el punto de vista de que todos somos diferentes, y a la vez activa, basada principalmente en que toda persona tiene decisiones propias, lo anterior, en virtud de la voluntad y libertad que tiene para hacerlo.

Se puede afirmar, entonces, que la identidad tiene que ver con nuestra historia de vida, que siempre será influida por el concepto de mundo que manejamos y por el concepto de mundo que predomina en la época y lugar en que vivimos. Por lo tanto, hay en este concepto una relación fundamental entre individuo-grupo-sociedad, por un lado, y de la historia personal con la historia social, por otro.

Ante ello, esa búsqueda de identidad, su crisis y su pérdida han constituido un centro de preocupación e investigación actual. El individuo, el grupo, las sociedades tradicionales o industriales aspiran a coincidir nuevamente con su propio ser. El tema de la identidad afecta a todas las sociedades y a casi todas las disciplinas.

Toda identidad va cambiando y supone alteridad. No se puede reconocer una identidad, si a la vez no se reconoce una alteridad que se presenta como su antagonista. Por ejemplo, para algunos yo puedo ser culto y para otros ignorante o mediocre. Estos antagonismos nos crean conflictos con los demás, pero también con nosotros mismos. Si el otro no confirma mi identidad, se transforma en una amenaza y es frecuente que se intente evitar el contacto con aquellos que nos amenazan, que ponen en riesgo mi identidad, mi autoimagen y mi autoestima.

Pensemos en lo nuclear que es el tema de la identidad cuando hacemos una Orientación Vocacional pues allí se pone en juego la pregunta de quién soy yo quien quiero ser, pensemos cuando una persona se encuentra en una situación de crisis, lo importante que es rescatar cual aspecto de su identidad esta menos comprometido con el conflicto.

La identidad es evolutiva y está en proceso de cambio permanente, lo que implica la afirmación de particularidades, pero también de diferencias y relaciones con los otros. Se trata de una pregunta siempre presente y cuya respuesta se busca en imágenes, fragmentos, recuerdos, historias, relaciones con uno mismo y con otros, así la identidad es del psicoanálisis el resultado del conjunto de identificaciones que una persona va incorporando a lo largo de su historia. En términos simples las identificaciones son aquellas cosas rasgos de carácter que una persona toma de otra que en algún punto admira, idealiza, o en el peor de los casos teme o imita.

Sucede que muchas veces un sujeto no encuentra en su ambiente personas modelos de las cuales puede identificarse. Pensemos en la crisis de valores de personas que promuevan identificación por algún rasgo valorado de carácter o personalidad. Este es un problema social que afecta a la población joven de nuestra época actual, que forjan una identidad basados en los modelos que tiene a su alrededor, sin tomar en cuenta si pueden llegar a ser dañinos para la formación de una identidad propia.

Si tomamos en cuenta ahora en qué momento se define una determinada identidad, nos encontramos que fundamentalmente se va edificando como he comentado a través de determinadas identificaciones que el sujeto va realizando en interacción con las personas significativas de su ambiente hasta alrededor de finales de la adolescencia (20 años aproximadamente y algunos más probablemente).

Conformar una identidad es establecer un centro de gravedad en torno al sí mismo, que implica esto que mas allá de los cambios internos y externos, más allá de los nuevos conocimientos y saberes que uno incorpora hay un Yo relativamente unificado, esto implica que el sujeto construye en casi dos décadas de existencia una posición básica de ser en el mundo.

Esto significa que cada uno de nosotros tendremos determinados tipos de necesidades, impulsos, motivaciones que satisfacer para sentirnos básicamente felices y realizados, a la vez y aquí es donde se arman grandes problemas, esto es: armar en base a esa identidad un proyecto de vida lo cual incluye vocación, profesión, ocupación (estudio y trabajo), sexualidad (formar pareja, consolidar una familia) un conocimiento acerca de quién soy, que necesito, implica autoevaluación, autoestima etc.

El tema de consolidar nuestra identidad es entonces un trabajo que tiene una doble finalidad, por una lado encontrar un sentimiento interno de unidad, y por otro desde nuestras relaciones con el mundo el de singularizarnos, esto es diferenciarnos del otro, desde algún punto, no por algo la sociedad premia o destaca aquello que es creativo, aquello que se convierte en marca registrada.

Cuando reconocemos a alguien por su manera de hablar, de escribir, de caminar, de hacer por sobre otras personas es porque algo de la identidad se puso en juego allí. Así entonces hay una identidad como totalidad, como universo, que incluye varias partes o subsistemas: La identidad sexual o de género, la identidad física, la identidad psicológica, la identidad social, la identidad moral y la identidad ideológica.

Objetivo

El presente ensayo, aborda uno de los temas de gran trascendencia social, como lo es “la identidad”, entendida como un sello de la personalidad de todo individuo, que abarca desde un conjunto de rasgos o cualidades específicas que lo hacen diferente de los demás, hasta la formación de una propia historia de vida en la época y lugar en que vivimos, por lo que la finalidad es tratar de señalar los problemas con los que nos enfrentamos en esa búsqueda de una identidad propia, así como la crisis que puede llegar a surgir en ese camino por no sentirnos identificados, o caso contrario la pérdida de una identidad previa, formada con base en buenos principios, ante un mundo actual como el que nos enfrentamos día a día, en el que han desaparecido la mayoría de nuestros valores morales; cabe hacer mención que este tema en específico afecta a todas las sociedades y disciplinas en general, ya que la identidad es considerada como una necesidad, sin la cual el hombre no podría estar completo sin ella.

Este proceso de construcción de identidad, comienza con la familia, los amigos, la formación educativa, nuestro nivel cultural, entre otros factores que intervienen en nuestra vida diaria, que se traducen a simples vivencias independientemente de la etapa de la vida de que se trate, pero que influyen directamente en esa formación de personalidad.

El individuo por naturaleza es libre para forjar una identidad determinada con la que se sienta capaz de enfrentarse a la evolución constante del mundo social, en el que se busca en base a esa identidad crear y hacer posible un proyecto de vida, incluyendo una vocación, profesión, ocupación, sexualidad, etc., así como un conocimiento acerca de quién soy, que necesito, entre otros cuestionamientos, lo que se relaciona íntimamente con la autoestima, la autoevaluación, el autoconocimiento, etc.

Suele suceder que en ocasiones como todo ser humano necesitamos ver figurada un tipo de identidad en específico en otra persona, para sentirla como propia o tener una idea de lo que en sí se desea para poder identificarse frente a los demás desde cualquier punto de vista.

Sin embargo, el tratar de imitar cualquier tipo de identidad o dejarse influenciar por un agente externo en ese proceso de formación, nos hace perder características especiales de nuestra propia naturaleza, como el ser únicos y a la vez libres, con capacidad de decisión propia.

La crisis por la que todos pasamos en esa búsqueda de identidad o personalidad, puede verse modificada al encontrarse en el camino diversos valores obsoletos o planes no consolidados; es posible que esta búsqueda encuentre su iniciación en la niñez, y se reafirme en la adolescencia, que es la etapa en la que vas adquiriendo compromisos contigo mismo y para con los demás; aunque existen personas que necesitan una etapa más lejana para adquirir conciencia de lo que quieren, tienen y desean hacer en la vida, por ello, puede decirse que esta crisis termina cuando se selecciona esa identidad.

Es menester señalar que el tener una identidad determinada, no constituye un todo, desde un punto de vista demasiado analítico, ya que el verdadero logro se obtiene o se ve reflejado en el ejercicio o práctica de esa identidad, porque en efecto realmente nos sentimos identificados.
Obvio resulta que los cambios actuales alteran nuestra identidad de cierta forma, pero debe decirse de igual manera, que no es posible lograr una identidad fuerte si no se cuenta con cierta estabilidad, esto significa no dejarse influenciar por todos los cambios habidos y por haber, si bien es cierto, es bueno tomarlos en cuenta, cierto es también que no todo cambio es positivo.

Estos procesos cambiantes por los que pasa nuestra sociedad día a día, han hecho que se puede dar el fenómeno del antes y ahora en todos los aspectos de nuestra vida, entre ellos, el tema que nos interesa, ya que anteriormente la identidad tenía como base una determinada autonomía, que hacía posible ser lo que en realidad quieres ser, hacer o decir, y que buscaba de cierta forma esa adaptación para con los demás, es decir, buscaba congeniar con todo el mundo que lo rodeaba, eso implicaba un verdadero compromiso con uno mismo, y para con los demás, sin embargo, con el paso del tiempo, esas buenas intenciones o buenos principios de querer ser mejor cada día, se han perdido frente al mundo banal que nos rodea, que principalmente se ha visto reflejado en nuestro mundo joven, simplificándose a la mera necesidad de estar, para confirmar nuestra imagen y existencia por simple naturaleza.

Actualmente el llamado ciberespacio que es un mundo paralelo a nuestra vida cotidiana, es una factor determinante en la creación de diversos modelos de identidades, entre ellos, de personajes famosos, políticos, deportistas, etc., ya que es usado como un modelo universal para tal efecto, sobre todo para los adolescentes de ésta época que aún se encuentran en este proceso de búsqueda de identidad, y que resulta fácil para ellos, encontrar esas respuestas a los cuestionamientos que surgen en esta búsqueda de personalidad.

El principio de identidad, analizado de manera filosófica, afirma que todo ser es idéntico consigo mismo y, por lo tanto, una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y desde un mismo punto de vista.

Ante lo expresado, es fundamental analizar de manera quizás concreta, este tema que ha sido motivo de la presente investigación.

¿Qué es la identidad?

La identidad, es un conjunto articulado de rasgos específicos de un individuo o de un grupo: hombre, 35 años, MEXICANO, 1,75 m de altura, 70 Kg. de peso, cabellos castaños, católico, empleado de banca, casado, padre de familia.- Constituye también un sistema de símbolos y de valores que permite afrontar diferentes situaciones cotidianas. Opera como un filtro que ayuda a decodificarlas, a comprenderlas para que después funcione.

La identidad depende del autoconocimiento: ¿quién soy, qué soy, de dónde vengo?; de la autoestima: ¿me quiero mucho, poquito o nada?; y de la autoeficacia: ¿sé gestionar hacia dónde voy, quiero ser y evaluar cómo van los resultados?.

Ante ello, para poder lograr identificarse o adquirir una identidad distinta dependiendo de cada ser humano, es necesario establecer determinados puntos de vista para obtener ese resultado, por ende resulta menester él análisis de ese tema con gran impacto social, como lo es la identidad, a través de las siguientes determinaciones:

  • El autorretrato de la identidad. El ojo interno de la mente crea la identidad con la información que proviene de la experiencia en un proceso que dura toda la vida. Al responder a la sugerencia Socrática: Conócete a ti mismo y conocerás el Universo, la mente refuerza la identidad interconectando experiencia, vocación y filosofía de vida.

Ante ello, es posible advertirse que todo ser humano a través de sus vivencias en un mundo social activo, se va formando o creando una identidad específica, que en ocasiones no logra poder establecerla en una abrir y cerrar de ojos, ya que a veces necesita ver figurada esa identidad en otra persona para poder sentirla y hacerla propia, la expectativa tiene más poder sobre la identidad que el pasado: si el deseo es grande el obstáculo se vuelve pequeño, pero requiere una autoestima alta.

  • Pérdida de identidad. Si no se resuelve bien la crisis de identidad se puede aceptar una identidad creada por los padres, los amigos, o la autoridad. La falsa identidad pone en contradicción actos, pensamientos y emociones, elimina la pasión y rebaja la autoestima.

Resulta difícil en ocasiones crearse una propia identidad, pero es necesaria para poder expresar quienes somos en realidad, imitar alguna identidad o dejar que alguna persona influya en ese proceso que nos compete llevar acabo como todo ser único y libre, nos convierte de igual forma en una copia barata, que nunca podrá ser quien quiere ser, y hacer lo que quiera hacer.

  • Crear la identidad. Para afirmar la identidad, la educación debe sacar de adentro el potencial que traemos al nacer. El cerebro es una página en blanco a completar con el saber y la experiencia, que construye su realidad con las limitaciones de su sistema perceptivo.

El proceso que conlleva a la creación de esa identidad que nos diferencia de cualquier otro ser social, siempre va a estar afectado por el mundo en el que nos desarrollamos, entendido esto, como el entorno social en general, como la familia, amigos, la formación educativa, entre otros, con esto se puede establecer que todas las vivencias que se tengan independientemente de cualquier etapa de la vida, van a influir en la creación de una identidad en específico, sin embargo, lo lógico sería que todos aprovecháramos solo lo bueno de esas vivencias para poder crear una identidad basada en buenos principios, y que realmente logre su objetivo que es el de marcar esa diferencia de una y otra persona, y descubrir que pese a los años somos los mismos, pero distintos a los demás. Esta comparación refleja la noción de identidad en el eje espacial.

La libertad es la capacidad de seleccionar actos conscientes. Pero si mi racionalidad es limitada, cualquier observador puede ver otra realidad. Al elegir la identidad sobre la diferencia, admitimos el pluralismo y el principio de relatividad.

  • Logro de Identidad. Construir identidad consume energías hasta que al final se convierten en el logro. Caer en la falsa identidad es fácil: asumir como propios planes ajenos, eludir el compromiso, como una hoja arrastrada por el viento o cambiar de colores según la ocasión, como el camaleón, diferir la resolución de la crisis produce parálisis por exceso de análisis.

El problema no sólo está en querer o tener la intención de crear una identidad propia, sino de ser perseverantes y lograrlo, es lógico que no se trata de algo fácil, pero todo propósito o meta es posible si se toma conciencia de lo importante que resulta para tener un prospecto de vida que produzca resultados positivos en nosotros mismos y en el mundo que nos rodea.

  • Cultura e identidad. Mentalidad de empleado. Se puede esperar poco de una sociedad donde prevalece la conveniencia sobre la autorrealización, sálvese quien pueda sobre los valores. La cultura establece directrices; un poder central fuerte, articula la identidad según la distancia con el centro. La cultura de la función crea identidades: soy contador, abogado, obrero. La cultura de la tarea acentúa el proyecto y cuando este concluye sobreviene la desorientación. La cultura del individuo como centro de todo, es la categoría del consultor.

Es cierto que el hecho de tener una determinada profesión te identifica de otros seres humanos, pero cierto es también, que no todos ejercen dicha profesión, por ejemplo, un abogado no siempre se encuentra en un despacho jurídico, en un Juzgado, entre otros, y ello hace que no tenga una identidad bien marcada.

  •  Crisis en la búsqueda de identidad. Al tomar conciencia se puede modificar una determinada identidad, al detectar valores obsoletos o que interfieren en los planes se pueden cambiar. La identidad empieza en la infancia, y se afirma en la adolescencia con crisis y compromisos. La crisis termina con la selección de la identidad. El compromiso es involucrarse en actividades compatibles con la elección.

Es posible que en esa búsqueda de identidad, llegue un momento determinado de crisis, al no encontrar quizás esas respuestas que son necesarias para tal efecto, quizás la identidad que se forja en la infancia, no siempre sea la que perdure en la adolescencia o en la madurez, porque todas son etapas muy diferentes, lo que sí es cierto es que al final todos pasamos esa crisis cuando finalmente nos sentimos identificados.

  •  Test de identidad. La calidad depende del contenido del compromiso, de su intensidad y de la extensión de la exploración. Abarca filosofía de vida incluyendo religión y política, relaciones familiares, con amigos, escuela, ocupación futura y del tiempo libre, destrezas personales, relaciones intimas. El logro se revela en el ejercicio práctico de la identidad.

El hecho de tener una identidad determinada, no sólo se simplifica en obtenerla en sí, sino en adaptarse a esa identidad, porque con ello, todo ser humano logra adaptarse al mundo social que cada día exige tener una personalidad determinada.

En ocasiones la falta de dirección, conlleva a no saber qué hacer a continuación al cambiar de trabajo o jubilarse, como un ejemplo simple, esa dirección se logra inventando futuros, observando los pequeños placeres aparentemente desviados pero que pueden ser las semillas de cambios futuros.

  • Exceso de flexibilidad. No conviene volverse adicto a la novedad por sí misma y a la respuesta rápida y superficial. No se logra una identidad fuerte sin cierta estabilidad.

Ante ello, es posible afirmar que los cambios por buenos que parezcan, no siempre tienen una influencia positiva en nuestra vida, ya que no se trata de lograr obtener una identidad hoy, y mañana otra, sino en sentirse identificado con una, cualquiera que sea ésta.

  • Modelos de identificación. Hoy la identidad no está en el territorio por la globalización, ni en los viejos valores por la omnipresencia del consumo. Se perdieron los grandes relatos que brindaban racionalidad y visión holística a los que se aferraba la identidad individual. La democracia es formal: iguales como ciudadanos -un hombre, un voto-, desiguales como consumidores. Una mayoría de perdedores aplaude el discurso de los ganadores.

Es importante destacar que para poder obtener una identidad determinada, no siempre es necesario adaptarse a un modelo en especifico, todo individuo tiene una perspectiva diferente de las cosas y del mundo que lo rodea, los cambios actuales no a todos nos afectan de la misma manera, y por ende no todos tienen que tener la misma identidad, por ejemplo, puede que a alguien le guste leer y a otro jugar, ambos son parte de una identidad que caracteriza a esa persona en sí, pero que a la vez lo hace diferente del otro.

  • Antes y ahora. Antes la identidad personal se basaba en la autonomía, en compartir anhelos con el grupo de pares; en acceder a una sexualidad plena, a lograr una inteligencia abstracta, a la esperanza de concretar los sueños. Hoy la adolescencia se extiende pese a la maduración temprana por las barreras el empleo. Muchos jóvenes no estudian ni trabajan, y no tienen futuro. Las exigencias de belleza, cuidado del cuerpo, moda, se atienen al parecer físico, dificultando establecer vínculos satisfactorios y plenos.

Anteriormente debido a los códigos morales que prevalecían en la sociedad, el conformar una identidad implicaba un verdadero compromiso para uno mismo, y para con el mundo que te rodeaba, con el paso del tiempo tal vez esos códigos morales se perdieron, en busca de cosas vánales, que al fin y al cabo son sólo eso, sobre esto fenómeno se ubica con mayor frecuencia en los adolecentes de ésta época, puede decirse que se reduce a la mera necesidad de estar para confirmar nuestra imagen y existencia.

  • La sociedad de consumo. Cada sociedad tiene los medios para bañar al sujeto en sus paradigmas. No hay patologías sin sujetos, pero tampoco sin historia. Los jóvenes no tienen modelos en los cuales creer. Ante su ausencia se estimula la ilusión de una juventud como valor que choca ante la auto evidencia de los hechos, y aumenta la sensación de frustración e inseguridad. El consumo es un valor egoísta, la señal de éxito y el caldo de cultivo de adicciones y de la violencia para alcanzarlo simbólica o materialmente. La publicidad empuja hacia la moda pero la sociedad de consumo, marca diferencias y jerarquías. La gente debe integrarse al consumo, por las buenas o por las malas.

Como se ha mencionado la sociedad es un factor prevaleciente en la formación de una identidad propia, pues de ahí es donde nace esa necesidad y en ocasiones esta es la que hace posible, pero como todo no sólo tiene efectos positivos, sino que también negativos.

  • La nueva identidad. La situación actual requiere que reinventemos nuestra identidad, reinventando nuestras relaciones pensando, diciendo y haciendo para que los demás compartan este cambio. El ciberespacio, mundo paralelo a la realidad cotidiana, abre perspectivas para inventar identidad.

Tal vez sea cierto que podemos crear un mundo mejor armonizando entre nosotros y con el medio ambiente, reforzando la idea de un correcto propósito, a pesar de los antivalores. Si tú puedes, yo puedo. Un ejemplo: En una escuela se hizo un test de inteligencia. Sin motivo se separó al 20% y se dijo a los docentes que eran superiores y ellos mejoraron en 4 puntos su coeficiente sobre el resto.

  • Yo soy el que seré. Para que la identidad no sea un sueño y evitar que ocurra lo que dijo Rousseau: el hombre nace libre y sin embargo por todas partes se lo encuentra encadenado, hay que adquirir una metodología que enseñe a desarrollar el potencial, a conocer y usar la totalidad de los recursos naturales, a dominar los mejores métodos, a elegir los mejores proyectos y modelos, a convertirnos en arquitectos diseñadores de nuestro propio destino.

Lo anterior, es muy simple, todos somos o llegamos a ser lo que queremos ser, depende de la mentalidad que se tenga para lograrlo, el hombre por naturaleza es capaz de realizar actos que pueden ser en beneficio o en perjuicio de sí mismo, los obstáculos al fin y al cabo no son impedimentos que una voluntad no pueda derribar, sobre todo si se trata de encontrar esa característica tan fundamental en la vida de cualquier persona, como lo es la identidad.

Pensar la identidad y la cultura desde abajo.- Entiendo a la identidad y a la cultura no como elementos estructurados, sino fundamentalmente como relaciones sociales que se plasman, que se crean y se recrean en medio del pensamiento dialéctico, complejo, de azar, de las emergencias y de las urgencias, dentro de la sociedad en la que nos vemos inmersos, sin haberlo elegido.

Sin embargo, a pesar de la constatación de esta realidad, es necesario plantearse una refundación de las concepciones, pensamientos y prácticas de la identidad y de la cultura, debido a que ellas siguen siendo los elementos ordenadores de la acción colectiva más emprendedora del ser humano, hombres y mujeres, en inagotable capacidad creadora y diferenciadora.

Conclusiones

Al terminar este ensayo, comparto ciertas inquietudes que, sin duda, merecen mayor observación y análisis:

1. El particular interés que ha adquirido la noción de identidad a través del tiempo, refleja las preocupaciones del mundo moderno. Esta noción se ha impuesto a causa de los importantes cambios culturales provocados por las profundas modificaciones en la sociedad. La globalización de la economía, el establecimiento de un modelo económico único que funciona sobre los principios de racionalidad y de eficacia y la introducción de nuevas tecnologías y de medios de comunicación son el origen de grandes cambios en las sociedades actuales. Aunado a ello, las transformaciones urbanas que han dado lugar a grandes ciudades donde es difícil conservar los lazos sociales; el desempleo y los cambios en la concepción del trabajo; las reivindicaciones regionales; la inmigración masiva; las transformaciones en los roles sexuales. Esta evolución ha alcanzado a la identidad individual y colectiva y ha provocado efectos psicológicos, sociales y políticos concretos. El individualismo es uno de los cambios más importantes de nuestra época.

2. La construcción de la identidad individual constituye un trabajo laborioso, siendo el centro de dos acciones indispensables para el equilibrio psíquico de la persona. La primera consiste en darse una imagen positiva de sí misma; la segunda, adaptarse al entorno donde vive la persona. Es lo que se denomina funciones de la identidad: una función de valoración de sí mismo y una función de adaptación. La función de valoración de sí mismo es la búsqueda que guía a todo ser humano a tener sentido y significación: busca tener una imagen positiva de sí mismo, a llegar a ser una persona de valor, a creerse capaz de actuar sobre los acontecimientos y sobre las cosas. La función de adaptación consiste en la modificación de la identidad con vistas a una integración al medio. El individuo adapta algunos rasgos de su identidad, asegurando una continuidad. Se trata de la capacidad de los seres humanos de tener consigo su identidad y de manipularla, de su capacidad de cambiar sin perder la sensación de seguir siendo ellos mismos. En algunas circunstancias esto es evidente: el medio donde vive devuelve una imagen positiva de sí mismo; se siente bien ahí y se conocen los códigos que ahí funcionan.

3. Es necesario destacar que esta gigantesca labor por auto-identificarnos, auto-definirnos, pasa también por un auto-centramiento social y colectivo-comunal, no solo como una tarea en relación al estado y su gobernabilidad, sino fundamental y esencialmente desde el pueblo, desde las comunidades, desde las vecindades, desde las barriadas, espacios plenamente habitados, donde sí es posible conjugar estos elementos, haciendo posible la conexión entre el pasado, el presente y el futuro, como una sola acumulación histórica de una sola realidad, que expresa de forma dialéctica e ininterrumpida las permanencias, ausencias, continuidades y rupturas de las que se nutre la identidad y la cultura.

4. La cultura es un elemento dinámico que los seres humanos no sólo heredan y transmiten, sino la renuevan y transforman constantemente, como expresión de sus identidades y la construcción de su historia. A lo largo de los años, cada cultura le ha otorgado un valor diferente por ejemplo al hombre y a la mujer, con simbolizaciones y concepciones concretas, siendo algunas extremadamente variadas e incluso contradictorias unas con otras, tanto en los distintos períodos como en una misma tradición.

5. La diferencia sexual, todavía rige en nuestras sociedades, a través de un conjunto de prohibiciones con respecto al sexo, pero sobretodo con respecto al placer. Por otro lado, existe una normatividad escrita y no escrita sobre lo que es lícito y lo ilícito, sobre lo permitido y lo que está prohibido para la mujer; por lo tanto, cuestionar el alcance de estos roles y valores, símbolos y tabúes nos permitirá percibir su origen, alcances, significación y funciones dentro de ésta sociedad, en la búsqueda de una identidad propia.

6. Muchas personas desarrollan una identidad de género basada en la percepción de las diferencias corporales, saben que son mujer u hombre. Pero esta base física diferente, por sí misma, no explica todas las diferencias genéricas que se producen a partir de las diferencias del cuerpo. Estas dependen, en realidad, de las construcciones sociales y culturales.

7. Los comportamientos, las ideas y los sentimientos cambian según las transformaciones del contexto familiar, institucional y social en el cual vivimos, cambiamos con la edad, cuando envejece nuestro cuerpo, si pasamos del estatus de trabajador al de no hacer nada, incluso cuando cambiamos de estatus profesional, dentro de una misma institución. La identidad es una estructura dinámica. Está en continua evolución. En definitiva, nuestra identidad es constante a la vez que cambiante, en el transcurso de nuestra vida.

8. La base de la experiencia emocional de la identidad proviene de la capacidad del individuo de seguir sintiéndose el mismo a través de los cambios continuos. Un proceso de articulación permanente de lo nuevo con lo antiguo debe tener lugar, de tal manera que lo nuevo sea percibido como teniendo una relación aceptada con lo que ya existía antes. Integrando lo nuevo en lo mismo hay un cambio en la continuidad. El sentimiento de identidad permanece en tanto que el sujeto consigue dar a la alteración el sentido de continuidad. La adolescencia es un buen ejemplo. Los cambios que se producen en esta etapa de la vida son tan fuertes, profundos y visibles que todos los seres humanos tienen más o menos dificultades para pasar este escollo. Las dificultades acaban cuando el joven llega a reconocerse como la misma persona, aunque diferente, es decir, cuando logra encontrar su verdadera identidad.

Bibliografía

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BARTH, Fredrik (1976) Los Grupos Etnicos y sus Fronteras. La Organización Social de las Diferencias Culturales. Fondo de Cultura Económica, México

BOURDIEU, Pierre (1990) Sociología y Cultura. Grijalbo, México.

GIMENEZ, Gilberto (1997) Materiales para una Teoría de las Identidades Sociales. En: “Frontera Norte”, Volumen 9, #18, Julio-Diciembre, México

LAMAS, Martha. Cuerpo: diferencia sexual y género, Debate Feminista, Año 5, México, sept., 1994.

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Urbina Ballinas Dulce Maria. (2009, marzo 13). Identidad dentro de la empresa. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/identidad-dentro-de-la-empresa/
Urbina Ballinas, Dulce Maria. "Identidad dentro de la empresa". GestioPolis. 13 marzo 2009. Web. <https://www.gestiopolis.com/identidad-dentro-de-la-empresa/>.
Urbina Ballinas, Dulce Maria. "Identidad dentro de la empresa". GestioPolis. marzo 13, 2009. Consultado el 14 de Agosto de 2018. https://www.gestiopolis.com/identidad-dentro-de-la-empresa/.
Urbina Ballinas, Dulce Maria. Identidad dentro de la empresa [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/identidad-dentro-de-la-empresa/> [Citado el 14 de Agosto de 2018].
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