Excelencia informacional en la empresa

Vivimos en la Sociedad de la Información. Y dentro de la empresa, en la era del conocimiento y el aprendizaje permanente. Somos aquellos trabajadores del saber, de que hablaba Peter Drucker hace 40 años, o a ello nos vamos aproximando.

Si el PC es nuestra herramienta, la información viene a ser la materia prima de nuestro quehacer cotidiano.

Deberíamos dominar el saber del campo en que nos movemos, y además tendríamos que estar generando nuevo conocimiento: ampliando el campo. Ésta parece ser la fórmula de la prosperidad, de la supervivencia, del acceso al futuro. Lo es porque así lo establece la competitividad, aunque no siempre seamos conscientes de ello.
Hemos de pensar que se impone el conocimiento, y que éste proviene de la formación y la información.

Años atrás se hablaba de la excelencia de las empresas, por comparación con los modelos vigentes de gestión de la calidad; pero hoy el propio modelo de la EFQM señala que a esta calidad-excelencia se llega a través del aprendizaje permanente y la innovación. Pensando en las personas como colectivo, las organizaciones más relacionadas con el saber científico y técnico deben atender a la gestión del conocimiento y la gestión de la imaginación.

No es que desaparezca la gestión de las personas tal como las hemos estado entendiendo en el siglo XX, pero ya no resulta suficiente, por ejemplo, una gestión por competencias que haga una foto fija sobre cada puesto de la organización; ni nos sirve una evaluación cortoplacista del desempeño, ajeno éste a la proyección de futuro de la empresa; ni nos vale siquiera la lectura que estábamos haciendo del liderazgo de los directivos o del trabajo en equipo.

En la Sociedad de la Información, la excelencia de muchas organizaciones ha de pasar también por la mejor gestión del conocimiento y la mejor gestión de la imaginación. Estas organizaciones son tanto más excelentes cuanto más dominen el conocimiento de su campo, y más contribuyan a ampliarlo para satisfacción de todos. Naturalmente que la empresa ha de obtener beneficios, satisfacer a los clientes, y contribuir a la sociedad; pero la excelencia no puede separarse la prosperidad, y ésta, en la Sociedad de la Información, presenta nuevas exigencias cada día.

Las empresas tienen que sumarse al knowledge and learning movement, al avance de las TIC, a la innovación y la mejora permanente, por varios motivos que podríamos abordar; pero no hay duda de que la prosperidad exige este alineamiento.

No puede ser que una empresa sea ejemplar, excelente, modélica, hoy, y un mero recuerdo mañana; la excelencia debe ser una etiqueta de prosperidad, de adaptación a la marcha de los tiempos, de vanguardia en el saber, de referencia en la innovación, de desarrollo colectivo, de contribución al mejor futuro para todos.

La información, como materia prima

Hace años, en realidad décadas, era la alfabetización lo que nos preocupaba, al perseguir la integración de todos los adultos en el mundo laboral. Por seguir hablando sólo de la población adulta, hoy la alfabetización tiene ya otro significado práctico, porque, por ejemplo, la información escrita es cada día más compleja, y se presenta también en soportes más complejos. La ciudadanía se ve ya obligada a manejar, por ejemplo, cajeros automáticos, a interpretar complicados mapas de trenes para desplazarse en cercanías, a utilizar electrodomésticos de sencillo uso pero cuyas instrucciones parecen indescifrables, a seleccionar lo que busca entre un montón de alternativas… Uno les confiesa sus dificultades al respecto, con algunos aparatos electrónicos modernos.

Pero es que observando también la vida en las empresas, incluso con trabajadores y directivos de formación universitaria, advertimos que la información ha adquirido un protagonismo cardinal, y que su consulta nos pone a prueba.

Cuando, después de conseguir varios títulos académicos, parecía que pertenecíamos a la parte más desarrollada de la población, resulta que nos perdemos a menudo en la complicada tarea del aprendizaje permanente, de la interpretación de la información, de su evaluación, de su síntesis, de su traducción a conocimiento para tomar mejores decisiones y actuar con más eficacia. Curiosamente, a veces rechazamos más información: no nos sentimos capaces de procesarla. Nuestra atención y nuestra conciencia se nos muestran impotentes, para el volumen de información que se nos ofrece.

No se trata ya sólo de manejarse bien con los ordenadores, lo cual ha sido un reto para quienes los conocimos de adultos; se trata especialmente de manejarse con su contenido, con la gran reserva de información disponible, ya sea interna de las organizaciones o externa del mundo profesional, más o menos avanzado, a que pertenecemos. No podemos aceptar la idea del aprendizaje permanente —a lo largo y ancho de la vida laboral— sin asumir su significado: la constante necesidad de acceder a información necesaria para nuestro desempeño profesional, y a la que hemos de saber convertir en conocimiento.

Si distintos colegas abordamos un tema de estudio consultando a distintos autores, luego, al debatir entre nosotros, tenemos dificultades para construir un conocimiento mayor; como si, además de conocimientos, nos faltaran habilidades como la flexibilidad, la amplitud de miras, el establecimiento de conexiones, la indagación, la síntesis, la evaluación, la comprensión, el manejo de conceptos, el pensamiento reflexivo…

Lamentablemente, a veces se impone el pensamiento fragmentario sobre el integrador, se impone el poder de quien lo ostenta sobre el saber de quién lo atesora, se imponen las emociones negativas sobre las positivas, se imponen las urgencias sobre las importancias, se impone la información más accesible sobre la más enriquecedora…

¿Se identifica el lector con estas inquietudes? Obviamente, algunas industrias y algunas organizaciones dependen más que otras del saber, pero probablemente el lector ha llegado a este texto porque pertenece al colectivo de los knowledge workers y los lifelong learners. Sigamos entonces reflexionando.

Cuando asistíamos de alumnos a formación en aula, parecía que el docente debía transmitirnos ya el conocimiento elaborado y fácil de digerir (“masticado”); ahora, sin descartar el aprendizaje en aula cuando tengamos necesidades comunes, será más frecuente que nos busquemos nosotros mismos las soluciones de aprendizaje, ya sea vía e-learning formalmente orquestado, o sea bajo otras fórmulas establecidas, o sea bajo el mantra del “aprende como puedas”.

Las empresas más basadas en el saber de sus personas, van disponiendo sistemas de gestión del conocimiento e incluso procuran acceso a Internet para sus empleados; pero a menudo falta en las personas la pericia necesaria para manejarse en la Sociedad de la Información. No puede sorprendernos que se hable de alfabetización informacional — information literacy—, incluso entre personal titulado.

Si aquella alfabetización de décadas atrás suponía el acceso al mundo de la educación y el aprendizaje, hoy puede hablarse de distintas alfabetizaciones a diferentes niveles del desarrollo de la población, y sin que seamos suficientemente conscientes de ello.

Puede hablarse de alfabetización digital o tecnológica pensando en las herramientas y aparatos a utilizar en las empresas y organizaciones, pero puede hablarse también de destreza en la generación y consulta de información, materia prima por excelencia en los procesos económicos de nuestros días. En la Sociedad de la Información, la prosperidad de las organizaciones exige una cierta excelencia informacional en sus directivos y trabajadores.

Conclusión

La gestión (y autogestión) de las personas apunta también a elementos tales como:

  • Gestión del aprendizaje.
  • Gestión del conocimiento.
  • Gestión de la imaginación.
  • Gestión del sentimiento.

Y a todo esto no puede ser ajeno el concepto actual de excelencia, ni a nivel colectivo ni a nivel individual. En suma, la excelencia empresarial pasa hoy por conceptos como el lifelong learning, la knowledge organization, la creatividad, la learning organization, las competencias cognitivas y emocionales, el knowledge worker, la comunicación oral y escrita, la serendipidad, el dominio personal, la calidad de vida en el trabajo, la responsabilidad social, la intuición genuina, la vocación profesional autotélica… Podríamos decir que, en las empresas, la gestión del conocimiento constituye la expresión interna de la Sociedad de la Información; y que esta idea y otras nos conducen a una nueva forma de contemplar a las personas.

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Enebral Fernández José. (2005, febrero 17). Excelencia informacional en la empresa. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/excelencia-informacional-empresa/
Enebral Fernández, José. "Excelencia informacional en la empresa". GestioPolis. 17 febrero 2005. Web. <https://www.gestiopolis.com/excelencia-informacional-empresa/>.
Enebral Fernández, José. "Excelencia informacional en la empresa". GestioPolis. febrero 17, 2005. Consultado el 19 de Febrero de 2018. https://www.gestiopolis.com/excelencia-informacional-empresa/.
Enebral Fernández, José. Excelencia informacional en la empresa [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/excelencia-informacional-empresa/> [Citado el 19 de Febrero de 2018].
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