El Capitalismo Rentista

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Realmente el “rentismo” en su forma o manifestación, ha existido desde cuando existe la economía de intercambio y la moneda. Pero para en este artículo solamente haremos referencia a lo sucedido durante el siglo XX. De la misma manera, las operaciones de colocación de dinero esperando la retribución de un interés, ha estado presente en toda la historia del capitalismo; pero su gran significado en el contexto de la economía, es más relevante durante el momento histórico al que se refiere este escrito.

El dinero es una “mercancía” universal que permite el intercambio, por cuanto todas las mercancías se pueden convertir en dinero, por lo cual el papel básico en la economía es ser medio de cambio. Pero en sí mismo el dinero no es una mercancía que contenga “satisfactores” directos de necesidades, lo que en Economía Política se llamó “valor de uso” y en teoría marginalista “utilidad”. Sirve para comprar cualquier satisfactor pero no contiene en sí mismo el satisfactor. Por ello la operación de buscar ganancias o utilidades a partir de transacciones basadas en la moneda misma, es una acción al margen de la naturaleza del sistema económico. A pesar de no ser parte de las raíces naturales del sistema, ahora se ha hecho común la práctica de hacer negocio y ganar dinero realizando operaciones donde el objeto del negocio es el mismo dinero. En la modalidad del capitalismo postmoderno el dinero se ha convertido en una mercancía.

Pero, si ha existido siempre esta práctica económica, el interrogante es: ¿por qué ahora podemos resaltar el fenómeno dentro de la caracterización del sistema económico?

Son varios los hechos para destacar. Tanto que varios conceptos se han transformado, como se puede ver en el concepto de inversión: al comienzo del sistema, invertir se refería a la colocación del capital con riesgo en negocios de bienes o servicios con destino al mercado. Hoy inversionista es quien coloca su capital para especular en el mercado de títulos valores. Ahora a los antiguos especuladores les llaman inversionistas.

El fenómeno que ha ocasionado la relevancia al ejercicio de la especulación con el capital y a los negocios con moneda, es la trascendencia, importancia y magnitud que han tomado los fondos de inversión. Hasta que los fondos de inversión no se generalizaron y extendieron por todo el mundo, no se identificó la fase histórica del Capitalismo Rentista, que se consolidó cuando los fondos se tomaron el Poder de Estado con la elección de y Margaret Thatcher en el Reino Unido (1979) y Ronald Reagan en Estado Unidos (1981).

En Estados Unidos el primer fondo de inversión fue fundado en 1924, antes del desplome de los mercados bursátiles de 1929 cuando se inició el período de la Gran Depresión. Después, en los años 30 se aprobaron las primeras leyes que regulan la actividad de los fondos de inversión y estas leyes exigieron que cada uno tenía que estar registrado y debía proporcionar a los inversores la información necesaria sobre el negocio, sus activos y sus administradores.

Desde 1940, ha habido tres tipos básicos de sociedades de inversión en los Estados Unidos: 1) los fondos abiertos, también conocido en los EE.UU. como los fondos mutuos, 2) fondos de inversión de la unidad (UTI) y 3) fondos de inversión cerrados.

Fondos similares operan también en Canadá. Sin embargo, en el resto del mundo, los fondos de inversión se utilizan como término genérico para los distintos tipos de canales de inversión colectiva. Hay fondos de inversión de composición abierta; hay sociedades de inversión puestas en unidades de fondos de seguros y empresas de inversión colectiva en valores mobiliarios.

Un fondo mutuo es un producto en el régimen de inversión colectiva, que aglutina el dinero de muchos ahorradores e invierte los recursos en acciones, bonos, instrumentos de corto plazo del mercado de dinero u otros valores. El fondo mutuo tiene un administrador de los recursos que decide sobre las inversiones de los recursos. Las ganancias o pérdidas netas se distribuyen después a los inversores o se acumulan aumentando el importe del propietario.

Según publicación en Internet,[1] a finales de la década de 1960, había aproximadamente 270 fondos con US$ 48 mil millones en activos. El primer fondo de índice al por menor, primer índice de Fideicomiso de Inversión, se formó en 1976 y lo dirigía John Bogle, quien ideó muchos de los principios clave de la industria en su tesis de 1951 de la Universidad de Princeton. Ahora se llama el Vanguard 500 Index Fund y es uno de los fondos más grandes del mundo, con más de US$ 100 mil millones en activos. Para el año 2018 es tanto el poder económico, que se estima que los 20 más grandes fondos poseen patrimonio por 32.3 billones de dólares, cifra que en pesos colombianos sería difícil escribir. De estos, en USA hay 11 que controlan el 67 % del total mundial, en Francia 4, en Reino Unido 2, en Alemania 2 y en Suiza 1. Los más grandes son Black Rock, Vanguard Group, State Street, Alianz Group y Fidelity. Su base conceptual está en el pensamiento del alemán Wilhelm Ropke, quien fuera alumno del austriaco Von Mises y encarnizado enemigo intelectual de Jhon Keynes, a quien ridiculizó por la importancia que este último le concedía al Estado como medio para regular la economía y conducir los procesos de crecimiento. A su propuesta Ropke le llamaba “economía social de mercado”.

Un factor clave en el crecimiento de los fondos de inversión fue el cambio en el Código de Rentas Internas de 1975 que permite a los particulares abrir cuentas de retiro individual (IRA). Incluso las personas ya inscritas en planes de pensiones de las empresas podrían contribuir con una cantidad limitada (en su momento, hasta US$ 2.000 al año).

En octubre de 2007, había 8.015 fondos de inversión que pertenecen a la Investment Company Institute (ICI), una asociación nacional de empresas de inversión en los Estados Unidos, con activos combinados de 12.356 mil millones dólares. A principios de 2008, el valor de todo el mundo de todos los fondos de inversión ascendió a más de $ 26 billones de dólares.

Al cambiar la modalidad de colocación de los capitales por parte de los ricos, obviamente también cambiaron muchos otros aspectos de la organización económica y política en todo el mundo y con ello se consolidó la transformación del sistema capitalista alejándose de los fundamentos que habían tratado los economistas clásicos. Ahora el motor de la economía no es la inversión de riesgo en actividades empresariales sino la colocación de capitales en fondos de inversión y las operaciones especulativas de estos en los mercados de capitales. Se concentra el gran volumen de valor en el campo monetario y se disminuye la proporción en el campo real, donde están los bienes y servicios, alejándose así la economía de su razón de ser natural, cual es la de producir y suministrar satisfactores de las necesidades humanas. El mercado de bienes y servicios disminuye su importancia y se relieva el mercado de capitales. Los sectores secundarios de la economía bajan su protagonismo y los terciarios pasan a ejercer su dominación siendo el financiero y el de comunicaciones los principales actores.

El rentismo desdibuja el espíritu empresarial; difunde una mentalidad pasiva con la ilusión de ganancias sin esfuerzo y la convicción de que más vale ganar poco pero fijo, sobre la creencia de que asegurando la renta fija se tiene menor riesgo. Para ello, el capitalismo financiero internacional adopta las previsiones y precauciones tratando de evitar el fiasco de 1930.

La manera más expedita para proteger la inversión es recurrir al Estado. Sobre la base de que “el Estado nunca quiebra”, lo más seguro es entregar a este organismo los recursos para que, de esa manera, no sólo se elimina la incertidumbre con la renta fija, sino que, además, se tiene la seguridad de que el deudor o tenedor del capital no está sometido a las turbulencias del mercado, como les ocurre a las empresas privadas que ofrecen papeles en el mercado de capitales y que están sujetas a los resultados del mercado de bienes y servicios para disponer de los dineros de pagar los intereses y el principal a los inversores. Con el Estado como deudor no existe este riesgo; basta con que el fisco adelante una eficaz labor recaudadora de impuestos y un recorte drástico de gasto público, para que siempre tenga los dineros para pagar primero a los fondos y luego a inversores.

Lo novedoso y que además arrastra las demás particularidades del cambio en el sistema económico es el nuevo papel del Estado en la economía. Antaño, el papel del organismo era de InterventorBenefactor; ahora es el ser objeto de negocio o explotación por parte del capitalismo rentista. Siendo interventor, el Estado era el miembro más grande de la oferta en el mercado y el más grande comprador en la demanda agregada. Siendo benefactor era el responsable de las necesidades de los pobres y quien se encargaba de suministrar directamente la oferta de satisfactores de necesidades básicas a los grupos vulnerables de la población. Ahora como cliente de los especuladores del dinero, es simplemente un regulador de las interacciones sociales que protege derechos y al gasto social para atender las necesidades de los pobres, le llaman peyorativamente “populismo”.

En esta fase de la historia del capitalismo, la dinámica industrial se transformó en el mundo. Los informes de los medios de comunicación muestran que con el transcurrir del tiempo, el número de unidades productoras en las distintas ramas de la actividad industrial están disminuyendo y cada vez van quedando menor número, pero más grandes. Las empresas grandes compran las pequeñas, se dan las fusiones, las incorporaciones, las transformaciones, la compra-venta de acciones entre empresas, las alianzas estratégicas entre multinacionales, es decir una gran variedad de operaciones comerciales que al final desemboca en la disminución de unidades empresariales pero de tamaño más grande. Se observa un fenómeno de “oligopolización” de la economía mundial, ya no con predominio en algún país en especial, sino con sede principal en cualquier lugar del mundo, dentro del marco de la globalización económica que pretende convertir la economía en un solo mercado mundial.

Por supuesto, al cambiar el papel del Estado frente a la economía y la sociedad, en su interior también ocurrieron transformaciones de fondo que modificaron sus políticas. Cambió el enfoque de las políticas macroeconómicas, la fiscal, la monetaria y la cambiaria y también las políticas de desarrollo.

La política macroeconómica de corte keynesiano con prevalencia del pleno empleo fue sustituida por la política de estabilidad monetaria; la política fiscal de redistribución del ingreso con prevalencia de los impuestos directos y progresivos fue reemplazada por la de los impuestos indirectos con restricciones en el gasto público; la política monetaria expansiva con banco central bajo el mando del gobierno fue modificada por la del banco autónomo con limitaciones en la emisión, sin patrón oro y meta de inflación, que se concentra en la “Inflación Objetivo” para lo cual utilizan la tasa de interés de referencia; y la política cambiaria del tipo de cambio fijo definido por la autoridad monetaria, se sustituyó por la de tipo de cambio variable fijado por las leyes del mercado.

Para esta época, la globalización se convirtió en el paradigma rector de la economía mundial y el tema obligado en los escenarios académicos e institucionales. La aldea global es una frase de clisé y la inserción de los países en la economía mundial es propósito exigido en las políticas de Estado.

No es posible desligar el fenómeno de la globalización del caso del G7, o sea el grupo de los siete países más industrializados del mundo.  Si bien este grupo tuvo sus orígenes en 1975 por iniciativa del presidente de Francia, fue en los años ochenta cuando se revistió de gran connotación para la economía mundial. El grupo surge con el fin de tratar asuntos económicos pero con el tiempo en las cumbres han considerado temas de otra índole. Por ello no se puede separar la globalización de la transformación del grupo que, aunque no es una institución internacional con estructura permanente, sus reuniones son suficientes para determinar las reglas de juego en la economía mundial y entre ellas la globalización; pues lo que se ha visto en la realidad histórica, es que los países que conforman este grupo se han tomado el mundo con plena libertad para entrar y salir de los demás países como “Pedro por su casa”.

La globalización, entendida como el desarrollo de procesos a lo largo del mundo sin interferencia de las fronteras nacionales no es nueva. Ya en la época de Cristóbal Colón, período que se identifica como “el mercantilismo”, los procesos comerciales circulaban por el globo sin restricciones geopolíticas. En el siglo XIX en plena era victoriana del reino británico, los capitales ingleses también circulaban por el mundo. Por ello el primer pensamiento que llega a la mente es el interrogante sobre qué es lo nuevo que trae la actual globalización que se le destaca como si fuera diferente a los procesos comerciales universales anteriores.

Cuando se habla de crear un solo mercado universal, con una sola oferta y una sola demanda sin fronteras nacionales que obstaculicen los procesos comerciales, se supone que el fenómeno opera para bienes y servicios y también para el mercado de los factores. También se supone que todos los lugares del mundo, independientemente del país donde se encuentren, está en las mismas condiciones de igualdad frente al mercado. Pero en la realidad, lo que ha ocurrido es diferente. Por el lado de los bienes y servicios, lo que se observa es la invasión de productos de los países más competitivos a los mercados de los menos competitivos, mediante un flujo de un solo sentido. No se aprecia la doble vía; y en el mercado de los factores, se observa que el factor capital circula libremente por todos los países del mundo, mientras el factor trabajo no lo puede hacer. Justamente, los países tradicionalmente ricos son los que disponen de capital mientras que en la periferia este recurso es escaso; pero en cambio la mano de obra es abundante y desempleada en los países pobres. Es decir, se observa la globalización del capital, pero para la mano de obra lo que ocurre es lo contrario, aunque los movimiento migratorios legales e ilegales originados en los países pobres y con destino a Norteamérica y Europa se producen como una acción instintiva de la especie que obliga a buscar horizonte en otros países por culpa del desempleo masivo que se presenta en los países pobres.

La globalización nos muestra que el mundo se lo han repartido los del G-7, cuyos miembros compiten por la conquista de los mercados nacionales, ya no con espíritu bélico sino con el arma de la competitividad. Cada país dispone de la libertad de invadir a otro, siempre que su competitividad se lo permita. Las ventajas comparativas derivadas de las fortalezas naturales y geoestratégicas de los países fueron reemplazadas por las ventajas competitivas que se construyen con base en la productividad y ésta a partir de la tecnología, el conocimiento y la información.

Se habla entonces de que los hechos ocurridos en cualquier lugar del mundo tienen relación de doble vía con los demás puntos de la geografía mundial, apareciendo con ello el concepto de “glocalización”, como un fenómeno donde el manejo de lo local no se puede desarticular de los fenómenos mundiales y viceversa, introduciendo así una variable más para el análisis de las economías y los gobiernos locales. Ahora les toca a los gobiernos locales asumir las consecuencias de fenómenos económicos y sociales derivadas de hechos ocurridos en otro lugar del mundo.

Paralelamente y con la ayuda de los avances tecnológicos como el internet, la globalización cultural tampoco se ha hecho esperar pero en las mismas condiciones: en una sola vía. Los patrones mentales de comportamiento, la simbología y los valores, circulan en un solo sentido invadiendo los principios y la identidad de los países pobres e imponiéndose los rasgos de Norteamérica y Europa en las costumbres y la vida cotidiana de todos los lugares del mundo, donde la propia idiosincrasia lo permita.

Lo nuevo entonces de la actual globalización, es que los viejos y conocidos procesos comerciales universales, se presentan pero con una nueva connotación: se realiza bajo las condiciones del capitalismo rentista y para atender los requerimientos del capital financiero, más que para conquistar mercados de bienes y servicios. Lo que circula globalmente son los capitales de especulación que siempre buscan donde haya mejor tasa de interés y el financiamiento de los Estados, que debido a la baja capacidad tributaria de los países pobres, están sometidos a los grandes fondos de inversión radicados en los países ricos. Así la política fiscal de los países pobres se ha convertido en “abrir un hueco para tapar otro”, produciendo nuevo endeudamiento para pagar la vieja colocación de papeles en el mercado de capitales que ya llega a su vencimiento.

[1] Historia de los Fondos Mutuos de Inversión. www.Wikipedia.org

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Cerón Hurtado Miguel Ángel. (2018, agosto 15). El Capitalismo Rentista. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/el-capitalismo-rentista/
Cerón Hurtado, Miguel Ángel. "El Capitalismo Rentista". GestioPolis. 15 agosto 2018. Web. <https://www.gestiopolis.com/el-capitalismo-rentista/>.
Cerón Hurtado, Miguel Ángel. "El Capitalismo Rentista". GestioPolis. agosto 15, 2018. Consultado el 20 de Septiembre de 2018. https://www.gestiopolis.com/el-capitalismo-rentista/.
Cerón Hurtado, Miguel Ángel. El Capitalismo Rentista [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/el-capitalismo-rentista/> [Citado el 20 de Septiembre de 2018].
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