Estratificación social y trabajo: imágenes y magnitudes en Santiago del Estero

Autor: Carlos Virgilio Zurita

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01-2005

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Como se puede comprobar, entre 1980 y 1991, tanto en la provincia como en el conjunto del país, se produjo, simultáneamente, la aparición de rasgos de un proceso de concentración económica y el aumento de los niveles de precariedad. Si bien entre los asalariados creció levemente el sector empresarial, fue acentuada la disminución del trabajo dependiente en los pequeños establecimientos y el incremento del cuentapropismo y el trabajo familiar. Resulta posible conjeturar que se produjo un desplazamiento de asalariados de microempresas hacia el autoempleo y el trabajo autónomo.

El panorama anterior, válido para los niveles provincial y nacional, se acentúa cuando se considera sólo el nivel urbano. Si se confronta el aglomerado Santiago del Estero-La Banda con el Gran Buenos Aires se comprueba que en el primero es más apreciable el peso del empleo público, el cuentapropismo y, reiteradamente, el trabajo familiar. 

Composición interna de los estratos socio ocupacionales

Una apreciación global del sistema de estratificación de Santiago del Estero permite captar ciertas disimilitudes con el vigente en el total del país, en principio referidas a los volúmenes relativos de los diferentes estratos y al peso e incidencia de cada uno de ellos. También posibilita apreciar semejanzas en la magnitud de determinados estratos pero que, se podrá ver, encubren muy significativas diferencias.

A continuación inspeccionaremos los datos desagregados que constan en el Cuadro 2 que posibilitan avanzar en el estudio de atributos y características específicas al interior de cada clase y estrato. 

En este punto es necesario formular dos aclaraciones, una conceptual y la otra técnica. La primera se refiere a la presentación de los datos sobre los estratos socio ocupacionales a los que se agrupa en "clases sociales"(30): ello es así porque se ha optado por respetar la clasificación que se realiza en las fuentes de origen (CFI 1988 y 1989). La segunda aclaración se vincula a la fecha de los datos: se trata de información proveniente del Censo de 1980, en razón de que no se dispone de un procesamiento similar para el Censo de 1991.

Cuadro 2

Estratos socio ocupacionales en la población económicamente activa.
Santiago del Estero y total del país. En porcentajes.

(a) En todos los casos, sector empresarial implica establecimientos de más de cinco ocupados
(b) En todos los casos, sector microempresarial implica establecimientos con hasta cinco ocupados
Ver Referencias en Anexo
Fuente: Elaborado a partir de CFI (!988 y !989, Cuadros 2.1.3. A) y Torrado (1992, TEB-1)

Estratos altos

Los valores que se presentan, extraídos de CFI (1988 y 1989)(31), mas allá de la escasez de frecuencias que se registran para el estrato alto, ofrecen en principio similitudes para el nivel nacional y provincial en cuanto a la incidencia global de los estratos altos en el total de población activa y en referencia a la composición interna del grupo.

Sin embargo, también se dispone de otros valores (Zurita, 1995) distintos a los consignados en el Cuadro 2 en relación al peso del estrato alto y su conformación. Tales cifras resultan congruentes con diversas apreciaciones sobre la estructura social del país y de Santiago del Estero. Según dichos valores, en la constitución de los estratos altos en el nivel nacional predominan los empresarios directivos (62,7%), en tanto que muy acentuadamente en Santiago hay un peso hegemónico de los asalariados (79.8%), lo que, acaso, estaría reflejando, como ya se señaló oportunamente, además de la endeblez del estrato empresarial santiagueño su carácter "dependiente", en dos sentidos. Por un lado, en cuanto a que dichos asalariados son directivos en establecimientos en los que existe separación entre la propiedad y el control de los procesos. Además de su carácter social, la dependencia posee también una raigambre geográfica o regional, como permite corroborarlo diversos datos del CFI (1989, pág. 56, Cuadro 2.1.6.): de acuerdo con ellos un tercio (32,9) del total de miembros de las clases altas de Santiago del Estero son nacidos en otras provincias.

Estratos medios 

En su conjunto la clase media -que, como se advirtió, aquí es considerada como sinónimo de estratos socio ocupacionales medios- representa en el promedio nacional un valor más alto (42,7 %) que en Santiago del Estero ( 33,8 %).

En el "estrato autónomo" de la clase media, el peso en el total del país de los profesionales es casi el doble que en Santiago del Estero, reproduciéndose al interior de la categoría proporciones semejantes en los estratos empresarial, microempresarial y cuenta propia; es similar la incidencia de los Pequeños propietarios de empresas (PPE); y superior la incidencia en Santiago del Estero de los Pequeños propietarios autónomos (PPA) En este último caso, resultan reveladores los mayores valores de los microempresarios en el contexto nacional, como el de los cuentapropistas en Santiago. La mayor incidencia de la categoría cuenta propia estarían expresando que el estrato autónomo de la clase media en Santiago concentra situaciones sociales de mayor vulnerabilidad económica que en el conjunto de la nación.

El "estrato asalariado" de la clase media, por su parte, globalmente es inferior en una proporción significativa en Santiago del Estero con respecto al total nacional; asimismo, se advierte en la provincia el menor peso de los profesionales, empleados administrativos y vendedores (EAV), y la mayor magnitud del grupo de técnicos. Pero el examen de la configuración interna de las categorías es el que permite extraer evidencias más esclarecedoras: entre los profesionales en Santiago es muy baja la captación por parte del sector privado y muy alta la del sector publico; asimismo, de los empleados en el sector privado en Santiago posee mucha mayor relevancia la proporción de profesionales en el nivel microempresarial, que en establecimientos de mayores dimensiones. También es manifiesta la mayor captación de técnicos en la provincia por parte del sector público y por parte del sector privado en la nación.

Estratos obreros

El "estrato autónomo" de la clase obrera, integrado por los Trabajadores especializados autónomos (TEA) representa en Santiago una proporción levemente superior que en el país, y en el están incluidos una diversa variedad de trabajadores manuales por cuenta propia con ciertos niveles de calificación, aunque en virtud de la clasificación estadística, incluiría también un número indeterminado de trabajadores precarios.

El "estrato asalariado" de la clase obrera exhibe en su conjunto magnitudes exactamente similares (34,3) en Santiago y el total del país. Tras esa semejanza se manifiestan dos notables diferencias: una, referida al grado de calificación, y, la otra, vinculada a la captación de empleo por sector. Así, se puede constatar que en el promedio nacional (71,6) es considerablemente mayor que en Santiago (50,9) el peso de los obreros calificados y, entre éstos, en el nivel nacional predomina la ocupación en establecimientos con más de 5 ocupados. Además, sobre todo entre los trabajadores con calificación, y algo menos entre los no calificados, resulta notoria en Santiago -muy por encima al promedio del país- la considerable inserción en el sector público.

En cuanto al "estrato de trabajadores marginales", en su conjunto es superior la relevancia que posee en Santiago sobre el país. Y cabe señalar que si se establece la relación del servicio doméstico con la PEA urbana casi se duplica la incidencia en Santiago del Estero (12,2 %) con respecto al total nacional urbano (6,6 %).

4. BALANCE Y PERSPECTIVAS

Este documento ha consistido, sobre todo, en un ejercicio; el espíritu que lo ha guiado ha sido el de explorar las posibilidades y perspectivas de análisis a partir del estudio de categorías y fracciones sociales que, mediados por el trabajo y el empleo, se configuran en la estructura social en un área deprimida de Argentina.

Se esbozaron algunas imágenes de las clases sociales, sustentadas en criterios que se estiman válidos, aunque se los reconoce como controversiales, en la medida que normalmente suelen serlo las apreciaciones sobre el poder, la influencia cultural, el prestigio o el sentido de la precedencia histórica.

Dichas visiones pretendieron ser complementadas con un examen de las características de los estratos socio ocupacionales, delimitados sobre la base de atributos laborales, de las dimensiones de las unidades productivas y del nivel de calificación de la fuerza de trabajo.

La convergencia de ambas perspectivas permite derivar ciertas evidencias, algunos rasgos que presentan recurrencia:

El largo plazo, la evolución histórica ofrece elementos para advertir desplazamientos y modificaciones en la estructura social, tal como acontece con el deterioro del poder de representación social por parte de las clases altas tradicionales hacia fines del siglo XIX y comienzos del presente. También la contextualización histórica permite discriminar diferencias entre antiguas y nuevas clases medias: las primeras originadas en vinculación a roles económicos y funciones político-administrativas propias de una ciudad, como Santiago del Estero, que actuaba como articuladora con la estructura agropecuaria del interior de la provincia, y las segundas sustentadas, en gran medida, en la ampliación de la esfera estatal, en el marco de un importante crecimiento poblacional del aglomerado Santiago del Estero-La Banda en las dos últimas décadas. 

Si el periodo de observación se lo acota para el último medio siglo, el lapso comprendido entre 1947 y 1997, se torna ostensible que, en razón del escaso dinamismo económico de la provincia, de la exigüidad relativa del sector productivo privado y la consecuente alta dependencia del financiamiento de la provincia de los aportes del Tesoro nacional y de los fondos de Coparticipación Federal, el Estado se muestra como el gran asignador de posiciones sociales y ocupacionales. Por una parte, se advierte que si bien, en sentido estricto, el Estado no configura clases sociales, sí se puede asegurar que constituye sectores dominantes, ya sea en vinculación al ejercicio directo del poder político o, fundamentalmente, en relación al fortalecimiento de grupos económicos que hegemonizan áreas estratégicas (construcción de obras públicas, privatizaciones, licitaciones de compras, etc.). Por otro lado, es el Estado quien, principalmente, confiere inclusión social: entre los estratos medios y, más que nada, entre los sectores populares, a menudo resulta decisiva la pertenencia a la órbita estatal para la posesión de prestaciones sociales tales como cobertura de salud para el grupo familiar y la pertenencia al sistema jubilatorio. En este sentido se puede postular que la marginación de la estructura de clases -en términos de Florestán Fernándes-, la viabilidad ocupacional sólo a través del SIU y la precarización laboral, es el destino probable para aquellas franjas de población que no logran incorporase al empleo público o al exiguo sector privado santiagueño. 

Los datos sobre la evolución de la distribución del ingreso muestran que en Santiago se ha producido un proceso de concentración semejante al acontecido en resto del país, y los perceptores situados en los niveles superiores captan una proporción mayor de la renta provincial. Pero, quizás, debido a una menor complejidad y diferenciación de la estructura social y al hecho que los ingresos medios de la provincia sean tan bajos (2.400 dólares per cápita, frente a los 8.200 del promedio nacional o a los 22.000 de la ciudad de Buenos Aires) no se torna visible la existencia tan marcada de "estilos de vida" diferentes entre clases y estratos. De tal manera, no se registraba, por ejemplo, una ostensible localización de los sectores altos en áreas residenciales excluyentes ni pautas de vivienda o edilicias prototípicas de una arquitectura "señorial". 

Asimismo, en las distinciones que pueden establecerse entre estratos, pero especialmente entre los medios y los sectores populares, intervienen distintas dimensiones, entre otras, la localización urbana y rural, el tipo de inserción ocupacional, la valoración de la educación, el comportamiento sociopolítico y las conductas demográficas. 

En las ciudades más grandes se concentran especialmente los sectores medios, tanto en su modalidad autónoma como asalariada, pero es este último segmento el que posee mayor relevancia en el nivel urbano y menor en el nivel rural. Por el contrario, la "clase obrera" tanto asalariada como autónoma y los "trabajadores marginales" -éstos incluyen, además del servicio doméstico a los "peones"- incrementan su significación en el medio rural. Pero cabe advertir que, en la clase obrera asalariada, los obreros calificados disminuyen en el nivel rural, a la inversa de lo que acontece con los obreros no calificados que se incrementan en el campo.

Una vez más la mayor presencia de la clase media en las ciudades es en gran parte atribuible a la influencia del empleo estatal, en tanto que el predominio de la clase obrera -particularmente no calificada- y de trabajadores marginales en el contexto rural, puede ser vista como una manifestación de una estructura agropecuaria mixta, en la que existen relativamente pocos, aunque muy grandes, establecimientos productivos capital intensivos -especialmente en la ganadería-, de la creciente incorporación de tecnologías ahorradoras de mano de obra -v. g. la mecanización de la cosecha de algodón- y de la persistencia de una cuantiosa masa de unidades campesinas y de subsistencia. Esto puede verse, desde el punto de vista de las relaciones productivas, en sus componentes extremos: gran incidencia del trabajo asalariado en las ciudades y una muy alta proporción del trabajo familiar en el campo. 

Una de las hipótesis que subyace en nuestra argumentación es que en Santiago del Estero el Estado confiere, simultáneamente, inclusión social, tradicionalidad política y vulnerabilidad económica. Dichos aspectos podemos verlos maniféstándose en la conformación de los sectores medios asalariados; por un lado definen un sector social incorporándolo a la economía y a la sociedad formal, y, por otro, lo constriñen a la dependencia clientelística y a la oclusión de posibilidades de progreso.

En Santiago del Estero, la clase media en su segmento autónomo se contrae cuando se pasa de las localidades mayores a las más pequeñas, pero resulta más apreciable la disminución del segmento medio asalariado: este fenómeno seguramente se encuentra vinculado a la mayor incidencia del empleo público en los centros urbanos de mayor tamaño.

Santiago del Estero, parecen sugerirlo los datos, en ciertos aspectos, es una sociedad "obrera no industrial"(32). La primera parte de la afirmación es social y la segunda económica. La connotación obrera es una referencia social y se vincula con la dimensión ocupacional, el componente no industrial alude a una formación productiva tradicional. 

Vinculada a los procesos anteriores, se encuentra la dimensión sociopolítica y el comportamiento electoral de los diversos estratos. En las últimas décadas, pero nítidamente a partir de 1983 -si bien se trata de un fenómeno generalizable a casi todo el país- el voto urbano ha sido de un modo dominante radical, mientras que el interior de la provincia y, sobre todo, en el nivel rural, las preferencias electorales han sido marcadamente justicialistas(33). En las elecciones realizadas en 1996 y 1997, en el aglomerado Santiago del Estero-La Banda el voto radical, u "opositor" al gobierno provincial, obtuvo alrededor del 60% del total, pero en el interior de la provincia -en ciudades pequeñas y en el medio rural- los promedios del justicialismo se sitúan en el 65%, proporción que hasta ahora le ha resultado suficiente para disponer de la mayoría en el en el total provincial. Pero un dato de interés es el siguiente: en 1997, en la ciudad de Santiago del Estero, en la primera circunscripción, que comprende la zona céntrica donde hay una residencia predominante de sectores altos y de la "clase media antigua", la proporción favorable a la Alianza opositora fue cercana al 80%, diferencia que menguaba en los barrios periféricos, donde la incidencia de los sectores populares es mayor. 

Hay diversas cuestiones y problemas metodológicos y conceptuales que apenas han sido esbozados en este artículo pero que deberían constituirse en temas centrales a elucidar en los estudios que pretendan desarrollar las relaciones entre el trabajo y la estructura social, y que, en verdad, se vinculan con la constitución de la Sociología del Trabajo como perspectiva disciplinar autónoma(34).

Una primera cuestión es la del análisis de las diferencias -y correspondencias- entre las nociones de trabajo y empleo. Sobre la noción de trabajo, diversos autores coinciden en que se requiere una reconceptualización de sus implicancias sociológicas, con el fin de depurarla de una acentuación economicista y etnocéntrica que la asimila sólo con el trabajo asalariado tal como se verifica en las sociedades occidentales más adelantadas(35). De tal manera el concepto de trabajo debería resultar más inclusivo que el concepto de empleo, ya que comprende tanto actividades que se dan en el mercado como "formas de trabajo" que no pasan obligatoriamente por el mercado, y que pueden estar vinculadas a la esfera productiva y al ámbito de la reproducción, tanto cotidiana como intergeneracional.

En cambio la noción de empleo enfatiza en actividades que sólo se manifiestan a través del mercado. El trabajo, además, implica al espacio familiar, lo que no acontece necesariamente con el empleo(36). Así, se podría decir que el empleo, en tanto rol, en tanto factor de producción, es un concepto clave de la economía; mientras que el trabajo, en tanto status, en tanto proceso de interacción, resulta central en la sociología.

Pero, en razón de las características de las fuentes disponibles, la mayoría de los estudios sobre estratificación -especialmente en el nivel de los estratos socio ocupacionales- se sustenta en la dimensión empleo. Una restricción adicional proviene del hecho de que el sistema de estratificación que se estudia es el vigente para la PEA o, más precisamente, para la población ocupada. 

Finalmente, en términos conjeturales, se señalan posibles alternativas de evolución.

La hipótesis del mantenimiento de los rasgos principales de la estructura social y del sistema de estratificación de Santiago del Estero sólo resulta compatible con la preservación del comportamiento expansivo del empleo público y del relativo aislamiento de la economía provincial.

Pero en los dos casos dichas previsiones parecen no cumplirse: la generación de plazas de trabajo por parte del Estado ha comenzado a contraerse y, para bien o para mal, se ha iniciado la integración a los marcos económicos nacionales (se han privatizado empresas y servicios públicos y, por ejemplo, se han instalado hipermercados en Santiago-La Banda).

El nuevo modo de acumulación emergido entre 1973 y 1996 y sus implicancias sobre las relaciones laborales y el sistema social (Zapata, 1997, págs. 438 y ss.) también se ha manifestado en Santiago fragmentando y desconcentrando diversos sistemas y unidades productivas tradicionales y, simultáneamente, incrementando la polarización social.

Es esperable, entonces, que en los próximos años el perfil de estratificación social en la provincia acentúe su mayor semejanza al estilo latinoamericano de estratificación con el angostamiento de los sectores medios y el incremento de los estratos ocupacionales bajos y marginales. 

Notas

* Un especial reconocimiento merece la minuciosa mirada crítica de Mario F. Navarro de la Universidad de Córdoba, quien advirtió oscuridades e inconsistencias en el texto original que, quizás, no se han disipado en la presente versión. Ramón A. Díaz y Alberto Tasso, colegas de la UNSE, mucho me ayudaron con sus comentarios y la paciente lectura de sucesivos borradores. También agradezco el estímulo y las observaciones de Eduardo Archetti de la Universidad de Oslo y Leopoldo Allub de la Universidad de San Juan. Esta publicación no compromete la responsabilidad académica de los mencionados.
** Programa de Investigaciones sobre Trabajo y Sociedad (PROIT) del Instituto de Desarrollo Social (INDES) de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE), Av. Belgrano sur 1912, CP 4200- Santiago del Estero, Argentina. Fax: (54 85) 22 2595 Particular: * Jujuy 587, CP 4200, Santiagodel Estero, Argentina, (54 385) 21 4098, E-mail czurita@unse.edu.ar
(1) En la elaboración de la "condición socio ocupacional (CSO) se toma en cuenta la condición de actividad, el grupo de ocupación, la categoría ocupacional, la rama de actividad y el sector productivo. Para la distinción entre capas sociales se considera el tamaño del establecimiento y el nivel de calificación (CFI, 1988 y 1989 y Torrado, 1992, pág. 36)
(2) Sobre el "atraso" relativo y el carácter tradicional de la estructura social de Santiago del Estero existen diversas fuentes, entre otras, Tasso y Zurita (1981), Forni et alt. (1982 y 1991). En Zurita (1997) se presenta una síntesis de los principales aportes sobre la cuestión. A título ilustrativo se pueden consignar algunos datos: i) en Santiago del Estero la proporción de hogares afectados por Necesidades Básicas Insatisfechas representan el 36,6% del total, siendo la media nacional de 16,5%; ii) el analfabetismo alcanza al 8,6%, mientras que el promedio del país es de 3,6%; iii) el ingreso per cápita es en la provincia de 2.100 dólares, en tanto que la media nacional es de 8.200, elevándose en Buenos Aires a 22.100 dólares.
(3) Cf. Friedmann y Naville (1963, págs 13 y ss.).
(4) Lo que no acontece con el empleo. En este sentido el concepto de "trabajo" sería más inclusivo que el concepto de "empleo", ya que este ultimo sólo incluye a actividades que se manifiesta en el mercado. En la cuarta sección de este documento se exponen algunas consideraciones sobre la cuestión.
(5) En este punto se debería señalar que la sociología debe dar cuenta del status -la di mensión no abordada por la economía-, pero también la necesidad de que en temas laborales la sociología reconstituya su objeto histórico, para lo cual parece recomendable "reintegrar" las ciencias sociales (Cardoso, 1972) y retomar la tradición de "cuando los economistas eran sociólogos y los sociólogos eran economistas" (Castillo, 1994). Es decir la tradición clásica de la sociología y la economía. Para un examen de cuestiones claves de la sociología del trabajo -un campo epistemológico en busca de identidad- que en la Argentina tuvo pioneros avant la lettre como Bialet Massé y un iniciador sistemático en Floreal Forni, consultar a Rojas y Proietti (1992 y 1996) y Novick y Catalano (1996) y la perspectiva internacional sobre el tema en Pahl (1995) y Castillo (1996 y 1997).
(6) Weber distingue varias configuraciones: una clase que nuclea a personas que viven del capital, clases directivas, clases con funciones de conducción administrativa, profesionales de orden superior o inferior, sectores administrativos, comerciantes y, por último, trabajadores manuales. Asimismo, se debe destacar, al margen de la conformación de clases en vinculación al mercado, las semejanzas (hacia dentro) diferenciadoras (hacia afuera) que se establecen en la estructura de clases a partir de la detección de "estilos de vida".
(7) En el caso del estudio que realiza Torrado la información disponible, de naturaleza cuantitativa, determina que el análisis se circunscriba a las prácticas económicas.
(8) La definición de los estratos socio ocupacionales se expone en la obra citada, en págs. 476 y ss.
(9) No constituye un objetivo de este documento el emprender una revisión acerca de los criterios interpretativos sobre la estratificación social en Latinoamérica. Al respecto se dispone de una obra de referencia insoslayable de Solari, Franco y Jutkowitz (1978) que constituye un vasto y ya clásico balance de las teorías sociales en general y de las teorías de estratificación en particular en la región. Tales teorías son sometidas a un prolijo examen en una contribución más reciente de Faletto (1993). Para una apreciación del estado actual del debate, aunque con énfasis en los enfoques vinculados a perspectivas marxistas y post marxistas, se puede consultar Zona Abierta 59/60 (1992), particularmente las reflexiones de Erik Olin Wright y Val Burris.
(10) Aunque algunos autores, como Rouquié (1990), señalen que Latinoamérica, en años recientes, se ha convertido en una región donde están difundidos los sectores medios, en general las imágenes típicas sobre la estratificación en la región postulan ese rasgo diferenciador para la Argentina y Uruguay. Asimismo, E. Faletto (1993) apunta la influencia que ha tenido el crecimiento del sector público para el incremento de los estratos medios latinoamericanos.
(11) En un trabajo anterior (Tasso y Zurita, 1981) se elaboró una hipótesis sobre la configuración del sistema de estratificación de la provincia a partir de desarrollos propios y distintos aportes - básicamente, Filgueira y Gemeletti (1981)- en los se realizaron asignaciones de posiciones jerárquicas a partir de observaciones puntuales, informes especiales y, fundamentalmente, de valores censales obtenidos del cruce de los grupos de ocupación con las ramas de actividad Este procedimiento, con visibles avances metodológicos, es el básicamente utilizado en CFI (1988 y 1989 ) y Torrado (1992 ). Cabe apuntar, que en un artículo de Jorrat y Acosta (1992), además de ofrecerse un completo examen bibliográfico del estado de la cuestión, se evalúan procedimientos de análisis y jerarquización del status de las ocupaciones, principalmente a partir de escalas sustentadas en la educación y el ingreso, y de índices con puntajes de prestigio de las ocupaciones. Por su parte, Berger (1995), en un estudio centrado en la oferta de trabajo femenino y las dimensiones de género, realiza una estimación de la estructura de clases sociales definidas a partir de los ingresos familiares, y sugiere cuestiones de interés para la discusión, como ser, cuál es la posición de clase de un hogar cuando diversos miembros ocupan un lugar distinto en la estructura productiva: cabe señalar, que la respuesta, quizás resignada, que proporciona la autora es que "en esta sociedad patriarcal la clase social a la que pertenecen los integrantes del hogar es la del jefe de familia" (pág. 15).
(12) Se suele afirmar que, en cierto sentido, Santiago del Estero, históricamente, forma parte del NOA y, geo ambientalmente, del NEA.
(13) Se puede matizar esta afirmación, reconociendo que la representación de la provincia es un rol propio de las elites -en este caso, gobernantes- y que ellaas no se reclutan necesariamente entre los sectores altos, aunque cabe señalar que en el periodo que acontece el deterioro de la interlocución -primera dos décadas del presente sigllo- había una particular inclusión de dichas elites en los sectores altos.
(14) Las pequeñas aglomeraciones de viviendas de lujo no llegan a constituirse en un barrio. A. Tasso coincide en señalar que, estrictamente, no existirían "barrios" de clase alta, sino, más bien, "zonas".
(15) Debe quedar claro que las presunciones que estamos lanzando pretenden ser válidas, sobre todo, para el nivel urbano: en el medio rural, en cambio, hay segmentaciones sociales mucho más marcadas y estructurales, sobre todo, situaciones de insatisfacción de necesidades básicas, entre las más graves y acentuadas del país.
(16) A partir de datos de distribución del ingreso de la EPH, INDEC.
(17) Los referentes obligados sobre la cuestión siguen siendo, entre otros, el Marx del 18 Brumario y los "white collar" de Wright Mills. En tanto que en la década del 90 en Argentina la atención se concentra en la "nueva pobreza" que afecta sobre todo a los sectores medios, no complicados tanto por las NBI sino por la contracción de sus ingresos.
(18) El área de las cuatros avenidas no define a "un barrio" específico ya que incluye a varios. Se trata de una pauta de asentamiento "espacial", aunque no "residencial", ya que, como señalamos, no existen localizaciones residenciales típicas, al menos de viviendas que se puedan asignar a los sectores altos, sino mezcla e imbricamiento residencial. La clara excepción la constituiría los barrios y asentamientos populares donde se verifica una alta homogeneidad en la mala y precaria calidad de las viviendas.
(19) Del cual se beneficia sólo una parte muy pequeña de los migrantes recientes. La incorporación al empleo público se da, fundamentalmente, entre los sectores medios, en tanto que los migrantes rurales pobres se insertan en el mercado urbano a través de diversas formas de subocupación como el sector informal y el servicio doméstico. Pero la migración explica el crecimientos de la ciudad, su mayor complejización y el incremento de la demanda de servicios.
(20) La clase alta tradicional ha sido reemplazada en la apreciación social y, básicamente, en las tareas de gestión administrativa y gubernamental por sectores medios altos.
(21) En términos del Programa Regional del Empleo para América Latina y el Caribe (PREALC-OIT). Sobre la significación del STR y el SIU en Santiago del Estero, cf. Forni et alt. (1983).
(22) Los que están "fuera del sistema de clases" en términos de Florestán Fernandes.
(23) El SIU excluye, por definición, a los asalariados del sector público. No obstante, se debe tener en cuenta la existencia de un segmento "popular", aunque no informal, entre los trabajadores estatales, por ejemplo, el personal de limpieza y servicio de las oficinas y edificios públicos, que constituye un grupo inferior no sólo en la percepción de ingresos, sino en la jerarquía social y cultural del sector público. Esta sería una nota que enfatiza en la heterogeneidad en la ocupación estatal.
(24) Denominaciones alternativas para los desempleados ocultos, son las "trabajadores desalentados" o "activos latentes".
(25) Tasso (1997) presenta una visión de la pobreza rural santiagueña en el largo plazo.
(26) En realidad el fenómeno de los "nuevos pobres" implica básicamente a sectores medios urbanos que ven deteriorar sus niveles de ingreso, sin estar afectados necesariamente por situaciones de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI)
(27) Ver, en páginas anteriores, las referencias a la curva en "U" invertida de Kuznets.
(28) Si bien se trata de una categorización que posee valor aproximativo y es usada habitualmente, puede admitir reparos metodológicos. Se considera al sector privado formal a aquel integrado por las categorías ocupacionales sometidas a relaciones laborales contractuales formales, esto es, los patrones y los asalariados.
(29) En los distintos niveles de empleo público nacional, provincial y municipal.
(30) Clase alta, Clase media autónoma, Clase media asalariada, Clase obrera autónoma, Clase obrera asalariada y Trabajadores marginales.
(31) Los datos del Cuadro 2 los presentamos tal como son registrados por el CFI a los efectos de preservar la compatibilidad de las fuentes para el nivel nacional y provincial.
(32) R. Díaz prefiere designarla como una sociedad "asalariada no industrial" lo que resulta esencialmente correcto. Pero acontece que asimismo puede ser caracterizada como sociedad "obrera no industrial" si se toman en cuenta las evidencias del cuadro 4, donde el conjunto de la clase obrera en sus segmentos autónomo y asalariado significa casi la mitad de la estructura ocupacional, exactamente el 48.8 %.
En el desarrollo de este apartado nos atendremos al esquema argumentativo y al modelo comparativo que prolijamente expone Torrado (1994: págs. 95-111)
(33) Como acontece en otras jurisdicciones "tradicionales" de la Argentina, especialmente en el noroeste, el voto peronista posee -en una proporción indescifrable- componentes de adhesión histórica (voto cautivo) de los sectores populares a la propuesta justicialista y de fuerte adhesión clientelística al caudillo local, en este caso Carlos Juárez, quien desde hace 50 años, a través de gobiernos propios o "acordados", en regímenes civiles y militares, hegemoniza el panorama político de la provincia.
(34) El proyecto científico y la propuesta docente más acabada sobre la Sociología del Trabajo como perspectiva autónoma se encuentra en Castillo (1996).
(35) La propuesta de redefinición del concepto de trabajo desde una perspectiva sociológica se expresa en diversos autores, pero es más explícitamente formulada en Pahl (1988), Castillo (1996 y 1997) y Zapata (1997).
(36) Este se trata de una afirmación genérica de la que debería excluirse a autores que desde la perspectiva del mercado han realizado contribuciones reveladoras al estudio de las familias en relación al mercado laboral y los "retornos" de la educación, especialmente Becker (1969). Con un enfoque similar para el caso argentino se deben señalar los aporte de, v. g., Pessino (1995).

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Trabajo y Sociedad pretende constituirse en un espacio de las ciencias sociales para la publicación de artículos y textos sobre los problemas del desarrollo de las sociedades latinoamericanas, particularmente los referidos al estudio de las articulaciones del mundo laboral con la estructura social, el sistema productivo y las prácticas culturales y políticas. Esta revista electrónica es publicada por el Programa de Investigaciones sobre Trabajo y Sociedad (PROIT) de la Maestría en Estudios Sociales para América Latina de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE) en Argentina. Sus integrantes son académicos que realizan sus tareas en vinculación con la UNSE y con el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). El Programa es financiado por el Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas (CICYT-UNSE) y participa de las actividades de la Asociación Argentina de Especialistas en Estudios del Trabajo (ASET) y de la Latin American Studies Association (LASA).

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Carlos Virgilio Zurita

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