Viene de una página anterior
Como se puede comprobar, entre 1980 y 1991, tanto en la provincia como en el conjunto del país, se produjo, simultáneamente, la aparición de rasgos de un proceso de concentración económica y el aumento de los niveles de precariedad. Si bien entre los asalariados creció levemente el sector empresarial, fue acentuada la disminución del trabajo dependiente en los pequeños establecimientos y el incremento del cuentapropismo y el trabajo familiar. Resulta posible conjeturar que se produjo un desplazamiento de asalariados de microempresas hacia el autoempleo y el trabajo autónomo.
El panorama anterior, válido para los niveles provincial y nacional, se acentúa cuando se considera sólo el nivel urbano. Si se confronta el aglomerado Santiago del Estero-La Banda con el Gran Buenos Aires se comprueba que en el primero es más apreciable el peso del empleo público, el cuentapropismo y, reiteradamente, el trabajo familiar.
Composición interna de los estratos socio ocupacionales
Una apreciación global del sistema de estratificación de Santiago del Estero permite captar ciertas disimilitudes con el vigente en el total del país, en principio referidas a los volúmenes relativos de los diferentes estratos y al peso e incidencia de cada uno de ellos. También posibilita apreciar semejanzas en la magnitud de determinados estratos pero que, se podrá ver, encubren muy significativas diferencias.
A continuación inspeccionaremos los datos desagregados que constan en el Cuadro 2 que posibilitan avanzar en el estudio de atributos y características específicas al interior de cada clase y estrato.
En este punto es necesario formular dos aclaraciones, una conceptual y la otra técnica. La primera se refiere a la presentación de los datos sobre los estratos socio ocupacionales a los que se agrupa en "clases sociales"(30): ello es así porque se ha optado por respetar la clasificación que se realiza en las fuentes de origen (CFI 1988 y 1989). La segunda aclaración se vincula a la fecha de los datos: se trata de información proveniente del Censo de 1980, en razón de que no se dispone de un procesamiento similar para el Censo de 1991.
Cuadro 2
Estratos socio ocupacionales en la población económicamente activa.
Santiago del Estero y total del país. En porcentajes.

(a) En todos los casos, sector empresarial implica establecimientos de
más de cinco ocupados
(b) En todos los casos, sector microempresarial implica establecimientos
con hasta cinco ocupados
Ver Referencias en Anexo
Fuente: Elaborado a partir de CFI (!988 y !989, Cuadros 2.1.3. A) y
Torrado (1992, TEB-1)
Estratos altos
Los valores que se presentan, extraídos de CFI (1988 y 1989)(31), mas
allá de la escasez de frecuencias que se registran para el estrato alto,
ofrecen en principio similitudes para el nivel nacional y provincial en
cuanto a la incidencia global de los estratos altos en el total de
población activa y en referencia a la composición interna del grupo.
Sin embargo, también se dispone de otros valores (Zurita, 1995)
distintos a los consignados en el Cuadro 2 en relación al peso del
estrato alto y su conformación. Tales cifras resultan congruentes con
diversas apreciaciones sobre la estructura social del país y de Santiago
del Estero. Según dichos valores, en la constitución de los estratos
altos en el nivel nacional predominan los empresarios directivos
(62,7%), en tanto que muy acentuadamente en Santiago hay un peso
hegemónico de los asalariados (79.8%), lo que, acaso, estaría
reflejando, como ya se señaló oportunamente, además de la endeblez del
estrato empresarial santiagueño su carácter "dependiente", en dos
sentidos. Por un lado, en cuanto a que dichos asalariados son directivos
en establecimientos en los que existe separación entre la propiedad y el
control de los procesos. Además de su carácter social, la dependencia
posee también una raigambre geográfica o regional, como permite
corroborarlo diversos datos del CFI (1989, pág. 56, Cuadro 2.1.6.): de
acuerdo con ellos un tercio (32,9) del total de miembros de las clases
altas de Santiago del Estero son nacidos en otras provincias.
Estratos medios
En su conjunto la clase media -que, como se advirtió, aquí es
considerada como sinónimo de estratos socio ocupacionales medios-
representa en el promedio nacional un valor más alto (42,7 %) que en
Santiago del Estero ( 33,8 %).
En el "estrato autónomo" de la clase media, el peso en el total del país
de los profesionales es casi el doble que en Santiago del Estero,
reproduciéndose al interior de la categoría proporciones semejantes en
los estratos empresarial, microempresarial y cuenta propia; es similar
la incidencia de los Pequeños propietarios de empresas (PPE); y superior
la incidencia en Santiago del Estero de los Pequeños propietarios
autónomos (PPA) En este último caso, resultan reveladores los mayores
valores de los microempresarios en el contexto nacional, como el de los
cuentapropistas en Santiago. La mayor incidencia de la categoría cuenta
propia estarían expresando que el estrato autónomo de la clase media en
Santiago concentra situaciones sociales de mayor vulnerabilidad
económica que en el conjunto de la nación.
El "estrato asalariado" de la clase media, por su parte, globalmente es
inferior en una proporción significativa en Santiago del Estero con
respecto al total nacional; asimismo, se advierte en la provincia el
menor peso de los profesionales, empleados administrativos y vendedores
(EAV), y la mayor magnitud del grupo de técnicos. Pero el examen de la
configuración interna de las categorías es el que permite extraer
evidencias más esclarecedoras: entre los profesionales en Santiago es
muy baja la captación por parte del sector privado y muy alta la del
sector publico; asimismo, de los empleados en el sector privado en
Santiago posee mucha mayor relevancia la proporción de profesionales en
el nivel microempresarial, que en establecimientos de mayores
dimensiones. También es manifiesta la mayor captación de técnicos en la
provincia por parte del sector público y por parte del sector privado en
la nación.
Estratos obreros
El "estrato autónomo" de la clase obrera, integrado por los Trabajadores
especializados autónomos (TEA) representa en Santiago una proporción
levemente superior que en el país, y en el están incluidos una diversa
variedad de trabajadores manuales por cuenta propia con ciertos niveles
de calificación, aunque en virtud de la clasificación estadística,
incluiría también un número indeterminado de trabajadores precarios.
El "estrato asalariado" de la clase obrera exhibe en su conjunto
magnitudes exactamente similares (34,3) en Santiago y el total del país.
Tras esa semejanza se manifiestan dos notables diferencias: una,
referida al grado de calificación, y, la otra, vinculada a la captación
de empleo por sector. Así, se puede constatar que en el promedio
nacional (71,6) es considerablemente mayor que en Santiago (50,9) el
peso de los obreros calificados y, entre éstos, en el nivel nacional
predomina la ocupación en establecimientos con más de 5 ocupados.
Además, sobre todo entre los trabajadores con calificación, y algo menos
entre los no calificados, resulta notoria en Santiago -muy por encima al
promedio del país- la considerable inserción en el sector público.
En cuanto al "estrato de trabajadores marginales", en su conjunto es superior la relevancia que posee en Santiago sobre el país. Y cabe señalar que si se establece la relación del servicio doméstico con la PEA urbana casi se duplica la incidencia en Santiago del Estero (12,2 %) con respecto al total nacional urbano (6,6 %).
4. BALANCE Y PERSPECTIVAS
Este documento ha consistido, sobre todo, en un ejercicio; el espíritu
que lo ha guiado ha sido el de explorar las posibilidades y perspectivas
de análisis a partir del estudio de categorías y fracciones sociales
que, mediados por el trabajo y el empleo, se configuran en la estructura
social en un área deprimida de Argentina.
Se esbozaron algunas imágenes de las clases sociales, sustentadas en
criterios que se estiman válidos, aunque se los reconoce como
controversiales, en la medida que normalmente suelen serlo las
apreciaciones sobre el poder, la influencia cultural, el prestigio o el
sentido de la precedencia histórica.
Dichas visiones pretendieron ser complementadas con un examen de las
características de los estratos socio ocupacionales, delimitados sobre
la base de atributos laborales, de las dimensiones de las unidades
productivas y del nivel de calificación de la fuerza de trabajo.
La convergencia de ambas perspectivas permite derivar ciertas
evidencias, algunos rasgos que presentan recurrencia:
El largo plazo, la evolución histórica ofrece elementos para advertir
desplazamientos y modificaciones en la estructura social, tal como
acontece con el deterioro del poder de representación social por parte
de las clases altas tradicionales hacia fines del siglo XIX y comienzos
del presente. También la contextualización histórica permite discriminar
diferencias entre antiguas y nuevas clases medias: las primeras
originadas en vinculación a roles económicos y funciones
político-administrativas propias de una ciudad, como Santiago del
Estero, que actuaba como articuladora con la estructura agropecuaria del
interior de la provincia, y las segundas sustentadas, en gran medida, en
la ampliación de la esfera estatal, en el marco de un importante
crecimiento poblacional del aglomerado Santiago del Estero-La Banda en
las dos últimas décadas.
Si el periodo de observación se lo acota para el último medio siglo, el
lapso comprendido entre 1947 y 1997, se torna ostensible que, en razón
del escaso dinamismo económico de la provincia, de la exigüidad relativa
del sector productivo privado y la consecuente alta dependencia del
financiamiento de la provincia de los aportes del Tesoro nacional y de
los fondos de Coparticipación Federal, el Estado se muestra como el gran
asignador de posiciones sociales y ocupacionales. Por una parte, se
advierte que si bien, en sentido estricto, el Estado no configura clases
sociales, sí se puede asegurar que constituye sectores dominantes, ya
sea en vinculación al ejercicio directo del poder político o,
fundamentalmente, en relación al fortalecimiento de grupos económicos
que hegemonizan áreas estratégicas (construcción de obras públicas,
privatizaciones, licitaciones de compras, etc.). Por otro lado, es el
Estado quien, principalmente, confiere inclusión social: entre los
estratos medios y, más que nada, entre los sectores populares, a menudo
resulta decisiva la pertenencia a la órbita estatal para la posesión de
prestaciones sociales tales como cobertura de salud para el grupo
familiar y la pertenencia al sistema jubilatorio. En este sentido se
puede postular que la marginación de la estructura de clases -en
términos de Florestán Fernándes-, la viabilidad ocupacional sólo a
través del SIU y la precarización laboral, es el destino probable para
aquellas franjas de población que no logran incorporase al empleo
público o al exiguo sector privado santiagueño.
Los datos sobre la evolución de la distribución del ingreso muestran que
en Santiago se ha producido un proceso de concentración semejante al
acontecido en resto del país, y los perceptores situados en los niveles
superiores captan una proporción mayor de la renta provincial. Pero,
quizás, debido a una menor complejidad y diferenciación de la estructura
social y al hecho que los ingresos medios de la provincia sean tan bajos
(2.400 dólares per cápita, frente a los 8.200 del promedio nacional o a
los 22.000 de la ciudad de Buenos Aires) no se torna visible la
existencia tan marcada de "estilos de vida" diferentes entre clases y
estratos. De tal manera, no se registraba, por ejemplo, una ostensible
localización de los sectores altos en áreas residenciales excluyentes ni
pautas de vivienda o edilicias prototípicas de una arquitectura
"señorial".
Asimismo, en las distinciones que pueden establecerse entre estratos,
pero especialmente entre los medios y los sectores populares,
intervienen distintas dimensiones, entre otras, la localización urbana y
rural, el tipo de inserción ocupacional, la valoración de la educación,
el comportamiento sociopolítico y las conductas demográficas.
En las ciudades más grandes se concentran especialmente los sectores
medios, tanto en su modalidad autónoma como asalariada, pero es este
último segmento el que posee mayor relevancia en el nivel urbano y menor
en el nivel rural. Por el contrario, la "clase obrera" tanto asalariada
como autónoma y los "trabajadores marginales" -éstos incluyen, además
del servicio doméstico a los "peones"- incrementan su significación en
el medio rural. Pero cabe advertir que, en la clase obrera asalariada,
los obreros calificados disminuyen en el nivel rural, a la inversa de lo
que acontece con los obreros no calificados que se incrementan en el
campo.
Una vez más la mayor presencia de la clase media en las ciudades es en
gran parte atribuible a la influencia del empleo estatal, en tanto que
el predominio de la clase obrera -particularmente no calificada- y de
trabajadores marginales en el contexto rural, puede ser vista como una
manifestación de una estructura agropecuaria mixta, en la que existen
relativamente pocos, aunque muy grandes, establecimientos productivos
capital intensivos -especialmente en la ganadería-, de la creciente
incorporación de tecnologías ahorradoras de mano de obra -v. g. la
mecanización de la cosecha de algodón- y de la persistencia de una
cuantiosa masa de unidades campesinas y de subsistencia. Esto puede
verse, desde el punto de vista de las relaciones productivas, en sus
componentes extremos: gran incidencia del trabajo asalariado en las
ciudades y una muy alta proporción del trabajo familiar en el campo.
Una de las hipótesis que subyace en nuestra argumentación es que en
Santiago del Estero el Estado confiere, simultáneamente, inclusión
social, tradicionalidad política y vulnerabilidad económica. Dichos
aspectos podemos verlos maniféstándose en la conformación de los
sectores medios asalariados; por un lado definen un sector social
incorporándolo a la economía y a la sociedad formal, y, por otro, lo
constriñen a la dependencia clientelística y a la oclusión de
posibilidades de progreso.
En Santiago del Estero, la clase media en su segmento autónomo se
contrae cuando se pasa de las localidades mayores a las más pequeñas,
pero resulta más apreciable la disminución del segmento medio
asalariado: este fenómeno seguramente se encuentra vinculado a la mayor
incidencia del empleo público en los centros urbanos de mayor tamaño.
Santiago del Estero, parecen sugerirlo los datos, en ciertos aspectos,
es una sociedad "obrera no industrial"(32). La primera parte de la
afirmación es social y la segunda económica. La connotación obrera es
una referencia social y se vincula con la dimensión ocupacional, el
componente no industrial alude a una formación productiva tradicional.
Vinculada a los procesos anteriores, se encuentra la dimensión
sociopolítica y el comportamiento electoral de los diversos estratos. En
las últimas décadas, pero nítidamente a partir de 1983 -si bien se trata
de un fenómeno generalizable a casi todo el país- el voto urbano ha sido
de un modo dominante radical, mientras que el interior de la provincia
y, sobre todo, en el nivel rural, las preferencias electorales han sido
marcadamente justicialistas(33). En las elecciones realizadas en 1996 y
1997, en el aglomerado Santiago del Estero-La Banda el voto radical, u
"opositor" al gobierno provincial, obtuvo alrededor del 60% del total,
pero en el interior de la provincia -en ciudades pequeñas y en el medio
rural- los promedios del justicialismo se sitúan en el 65%, proporción
que hasta ahora le ha resultado suficiente para disponer de la mayoría
en el en el total provincial. Pero un dato de interés es el siguiente:
en 1997, en la ciudad de Santiago del Estero, en la primera
circunscripción, que comprende la zona céntrica donde hay una residencia
predominante de sectores altos y de la "clase media antigua", la
proporción favorable a la Alianza opositora fue cercana al 80%,
diferencia que menguaba en los barrios periféricos, donde la incidencia
de los sectores populares es mayor.
Hay diversas cuestiones y problemas metodológicos y conceptuales que
apenas han sido esbozados en este artículo pero que deberían
constituirse en temas centrales a elucidar en los estudios que pretendan
desarrollar las relaciones entre el trabajo y la estructura social, y
que, en verdad, se vinculan con la constitución de la Sociología del
Trabajo como perspectiva disciplinar autónoma(34).
Una primera cuestión es la del análisis de las diferencias -y
correspondencias- entre las nociones de trabajo y empleo. Sobre la
noción de trabajo, diversos autores coinciden en que se requiere una
reconceptualización de sus implicancias sociológicas, con el fin de
depurarla de una acentuación economicista y etnocéntrica que la asimila
sólo con el trabajo asalariado tal como se verifica en las sociedades
occidentales más adelantadas(35). De tal manera el concepto de trabajo
debería resultar más inclusivo que el concepto de empleo, ya que
comprende tanto actividades que se dan en el mercado como "formas de
trabajo" que no pasan obligatoriamente por el mercado, y que pueden
estar vinculadas a la esfera productiva y al ámbito de la reproducción,
tanto cotidiana como intergeneracional.
En cambio la noción de empleo enfatiza en actividades que sólo se
manifiestan a través del mercado. El trabajo, además, implica al espacio
familiar, lo que no acontece necesariamente con el empleo(36). Así, se
podría decir que el empleo, en tanto rol, en tanto factor de producción,
es un concepto clave de la economía; mientras que el trabajo, en tanto
status, en tanto proceso de interacción, resulta central en la
sociología.
Pero, en razón de las características de las fuentes disponibles, la
mayoría de los estudios sobre estratificación -especialmente en el nivel
de los estratos socio ocupacionales- se sustenta en la dimensión empleo.
Una restricción adicional proviene del hecho de que el sistema de
estratificación que se estudia es el vigente para la PEA o, más
precisamente, para la población ocupada.
Finalmente, en términos conjeturales, se señalan posibles alternativas
de evolución.
La hipótesis del mantenimiento de los rasgos principales de la
estructura social y del sistema de estratificación de Santiago del
Estero sólo resulta compatible con la preservación del comportamiento
expansivo del empleo público y del relativo aislamiento de la economía
provincial.
Pero en los dos casos dichas previsiones parecen no cumplirse: la
generación de plazas de trabajo por parte del Estado ha comenzado a
contraerse y, para bien o para mal, se ha iniciado la integración a los
marcos económicos nacionales (se han privatizado empresas y servicios
públicos y, por ejemplo, se han instalado hipermercados en Santiago-La
Banda).
El nuevo modo de acumulación emergido entre 1973 y 1996 y sus
implicancias sobre las relaciones laborales y el sistema social (Zapata,
1997, págs. 438 y ss.) también se ha manifestado en Santiago
fragmentando y desconcentrando diversos sistemas y unidades productivas
tradicionales y, simultáneamente, incrementando la polarización social.
Es esperable, entonces, que en los próximos años el perfil de
estratificación social en la provincia acentúe su mayor semejanza al
estilo latinoamericano de estratificación con el angostamiento de los
sectores medios y el incremento de los estratos ocupacionales bajos y
marginales.
Notas
* Un especial reconocimiento merece la minuciosa mirada crítica de Mario
F. Navarro de la Universidad de Córdoba, quien advirtió oscuridades e
inconsistencias en el texto original que, quizás, no se han disipado en
la presente versión. Ramón A. Díaz y Alberto Tasso, colegas de la UNSE,
mucho me ayudaron con sus comentarios y la paciente lectura de sucesivos
borradores. También agradezco el estímulo y las observaciones de Eduardo
Archetti de la Universidad de Oslo y Leopoldo Allub de la Universidad de
San Juan. Esta publicación no compromete la responsabilidad académica de
los mencionados.
** Programa de Investigaciones sobre Trabajo y Sociedad (PROIT) del
Instituto de Desarrollo Social (INDES) de la Facultad de Humanidades de
la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE), Av. Belgrano sur
1912, CP 4200- Santiago del Estero, Argentina. Fax: (54 85) 22 2595
Particular: * Jujuy 587, CP 4200, Santiagodel Estero, Argentina, (54
385) 21 4098, E-mail czurita@unse.edu.ar
(1) En la elaboración de la "condición socio ocupacional (CSO) se toma
en cuenta la condición de actividad, el grupo de ocupación, la categoría
ocupacional, la rama de actividad y el sector productivo. Para la
distinción entre capas sociales se considera el tamaño del
establecimiento y el nivel de calificación (CFI, 1988 y 1989 y Torrado,
1992, pág. 36)
(2) Sobre el "atraso" relativo y el carácter tradicional de la
estructura social de Santiago del Estero existen diversas fuentes, entre
otras, Tasso y Zurita (1981), Forni et alt. (1982 y 1991). En Zurita
(1997) se presenta una síntesis de los principales aportes sobre la
cuestión. A título ilustrativo se pueden consignar algunos datos: i) en
Santiago del Estero la proporción de hogares afectados por Necesidades
Básicas Insatisfechas representan el 36,6% del total, siendo la media
nacional de 16,5%; ii) el analfabetismo alcanza al 8,6%, mientras que el
promedio del país es de 3,6%; iii) el ingreso per cápita es en la
provincia de 2.100 dólares, en tanto que la media nacional es de 8.200,
elevándose en Buenos Aires a 22.100 dólares.
(3) Cf. Friedmann y Naville (1963, págs 13 y ss.).
(4) Lo que no acontece con el empleo. En este sentido el concepto de
"trabajo" sería más inclusivo que el concepto de "empleo", ya que este
ultimo sólo incluye a actividades que se manifiesta en el mercado. En la
cuarta sección de este documento se exponen algunas consideraciones
sobre la cuestión.
(5) En este punto se debería señalar que la sociología debe dar cuenta
del status -la di mensión no abordada por la economía-, pero también la
necesidad de que en temas laborales la sociología reconstituya su objeto
histórico, para lo cual parece recomendable "reintegrar" las ciencias
sociales (Cardoso, 1972) y retomar la tradición de "cuando los
economistas eran sociólogos y los sociólogos eran economistas"
(Castillo, 1994). Es decir la tradición clásica de la sociología y la
economía. Para un examen de cuestiones claves de la sociología del
trabajo -un campo epistemológico en busca de identidad- que en la
Argentina tuvo pioneros avant la lettre como Bialet Massé y un iniciador
sistemático en Floreal Forni, consultar a Rojas y Proietti (1992 y 1996)
y Novick y Catalano (1996) y la perspectiva internacional sobre el tema
en Pahl (1995) y Castillo (1996 y 1997).
(6) Weber distingue varias configuraciones: una clase que nuclea a
personas que viven del capital, clases directivas, clases con funciones
de conducción administrativa, profesionales de orden superior o
inferior, sectores administrativos, comerciantes y, por último,
trabajadores manuales. Asimismo, se debe destacar, al margen de la
conformación de clases en vinculación al mercado, las semejanzas (hacia
dentro) diferenciadoras (hacia afuera) que se establecen en la
estructura de clases a partir de la detección de "estilos de vida".
(7) En el caso del estudio que realiza Torrado la información
disponible, de naturaleza cuantitativa, determina que el análisis se
circunscriba a las prácticas económicas.
(8) La definición de los estratos socio ocupacionales se expone en la
obra citada, en págs. 476 y ss.
(9) No constituye un objetivo de este documento el emprender una
revisión acerca de los criterios interpretativos sobre la
estratificación social en Latinoamérica. Al respecto se dispone de una
obra de referencia insoslayable de Solari, Franco y Jutkowitz (1978) que
constituye un vasto y ya clásico balance de las teorías sociales en
general y de las teorías de estratificación en particular en la región.
Tales teorías son sometidas a un prolijo examen en una contribución más
reciente de Faletto (1993). Para una apreciación del estado actual del
debate, aunque con énfasis en los enfoques vinculados a perspectivas
marxistas y post marxistas, se puede consultar Zona Abierta 59/60
(1992), particularmente las reflexiones de Erik Olin Wright y Val
Burris.
(10) Aunque algunos autores, como Rouquié (1990), señalen que
Latinoamérica, en años recientes, se ha convertido en una región donde
están difundidos los sectores medios, en general las imágenes típicas
sobre la estratificación en la región postulan ese rasgo diferenciador
para la Argentina y Uruguay. Asimismo, E. Faletto (1993) apunta la
influencia que ha tenido el crecimiento del sector público para el
incremento de los estratos medios latinoamericanos.
(11) En un trabajo anterior (Tasso y Zurita, 1981) se elaboró una
hipótesis sobre la configuración del sistema de estratificación de la
provincia a partir de desarrollos propios y distintos aportes -
básicamente, Filgueira y Gemeletti (1981)- en los se realizaron
asignaciones de posiciones jerárquicas a partir de observaciones
puntuales, informes especiales y, fundamentalmente, de valores censales
obtenidos del cruce de los grupos de ocupación con las ramas de
actividad Este procedimiento, con visibles avances metodológicos, es el
básicamente utilizado en CFI (1988 y 1989 ) y Torrado (1992 ). Cabe
apuntar, que en un artículo de Jorrat y Acosta (1992), además de
ofrecerse un completo examen bibliográfico del estado de la cuestión, se
evalúan procedimientos de análisis y jerarquización del status de las
ocupaciones, principalmente a partir de escalas sustentadas en la
educación y el ingreso, y de índices con puntajes de prestigio de las
ocupaciones. Por su parte, Berger (1995), en un estudio centrado en la
oferta de trabajo femenino y las dimensiones de género, realiza una
estimación de la estructura de clases sociales definidas a partir de los
ingresos familiares, y sugiere cuestiones de interés para la discusión,
como ser, cuál es la posición de clase de un hogar cuando diversos
miembros ocupan un lugar distinto en la estructura productiva: cabe
señalar, que la respuesta, quizás resignada, que proporciona la autora
es que "en esta sociedad patriarcal la clase social a la que pertenecen
los integrantes del hogar es la del jefe de familia" (pág. 15).
(12) Se suele afirmar que, en cierto sentido, Santiago del Estero,
históricamente, forma parte del NOA y, geo ambientalmente, del NEA.
(13) Se puede matizar esta afirmación, reconociendo que la
representación de la provincia es un rol propio de las elites -en este
caso, gobernantes- y que ellaas no se reclutan necesariamente entre los
sectores altos, aunque cabe señalar que en el periodo que acontece el
deterioro de la interlocución -primera dos décadas del presente sigllo-
había una particular inclusión de dichas elites en los sectores altos.
(14) Las pequeñas aglomeraciones de viviendas de lujo no llegan a
constituirse en un barrio. A. Tasso coincide en señalar que,
estrictamente, no existirían "barrios" de clase alta, sino, más bien,
"zonas".
(15) Debe quedar claro que las presunciones que estamos lanzando
pretenden ser válidas, sobre todo, para el nivel urbano: en el medio
rural, en cambio, hay segmentaciones sociales mucho más marcadas y
estructurales, sobre todo, situaciones de insatisfacción de necesidades
básicas, entre las más graves y acentuadas del país.
(16) A partir de datos de distribución del ingreso de la EPH, INDEC.
(17) Los referentes obligados sobre la cuestión siguen siendo, entre
otros, el Marx del 18 Brumario y los "white collar" de Wright Mills. En
tanto que en la década del 90 en Argentina la atención se concentra en
la "nueva pobreza" que afecta sobre todo a los sectores medios, no
complicados tanto por las NBI sino por la contracción de sus ingresos.
(18) El área de las cuatros avenidas no define a "un barrio" específico
ya que incluye a varios. Se trata de una pauta de asentamiento
"espacial", aunque no "residencial", ya que, como señalamos, no existen
localizaciones residenciales típicas, al menos de viviendas que se
puedan asignar a los sectores altos, sino mezcla e imbricamiento
residencial. La clara excepción la constituiría los barrios y
asentamientos populares donde se verifica una alta homogeneidad en la
mala y precaria calidad de las viviendas.
(19) Del cual se beneficia sólo una parte muy pequeña de los migrantes
recientes. La incorporación al empleo público se da, fundamentalmente,
entre los sectores medios, en tanto que los migrantes rurales pobres se
insertan en el mercado urbano a través de diversas formas de
subocupación como el sector informal y el servicio doméstico. Pero la
migración explica el crecimientos de la ciudad, su mayor complejización
y el incremento de la demanda de servicios.
(20) La clase alta tradicional ha sido reemplazada en la apreciación
social y, básicamente, en las tareas de gestión administrativa y
gubernamental por sectores medios altos.
(21) En términos del Programa Regional del Empleo para América Latina y
el Caribe (PREALC-OIT). Sobre la significación del STR y el SIU en
Santiago del Estero, cf. Forni et alt. (1983).
(22) Los que están "fuera del sistema de clases" en términos de
Florestán Fernandes.
(23) El SIU excluye, por definición, a los asalariados del sector
público. No obstante, se debe tener en cuenta la existencia de un
segmento "popular", aunque no informal, entre los trabajadores
estatales, por ejemplo, el personal de limpieza y servicio de las
oficinas y edificios públicos, que constituye un grupo inferior no sólo
en la percepción de ingresos, sino en la jerarquía social y cultural del
sector público. Esta sería una nota que enfatiza en la heterogeneidad en
la ocupación estatal.
(24) Denominaciones alternativas para los desempleados ocultos, son las
"trabajadores desalentados" o "activos latentes".
(25) Tasso (1997) presenta una visión de la pobreza rural santiagueña en
el largo plazo.
(26) En realidad el fenómeno de los "nuevos pobres" implica básicamente
a sectores medios urbanos que ven deteriorar sus niveles de ingreso, sin
estar afectados necesariamente por situaciones de Necesidades Básicas
Insatisfechas (NBI)
(27) Ver, en páginas anteriores, las referencias a la curva en "U"
invertida de Kuznets.
(28) Si bien se trata de una categorización que posee valor aproximativo
y es usada habitualmente, puede admitir reparos metodológicos. Se
considera al sector privado formal a aquel integrado por las categorías
ocupacionales sometidas a relaciones laborales contractuales formales,
esto es, los patrones y los asalariados.
(29) En los distintos niveles de empleo público nacional, provincial y
municipal.
(30) Clase alta, Clase media autónoma, Clase media asalariada, Clase
obrera autónoma, Clase obrera asalariada y Trabajadores marginales.
(31) Los datos del Cuadro 2 los presentamos tal como son registrados por
el CFI a los efectos de preservar la compatibilidad de las fuentes para
el nivel nacional y provincial.
(32) R. Díaz prefiere designarla como una sociedad "asalariada no
industrial" lo que resulta esencialmente correcto. Pero acontece que
asimismo puede ser caracterizada como sociedad "obrera no industrial" si
se toman en cuenta las evidencias del cuadro 4, donde el conjunto de la
clase obrera en sus segmentos autónomo y asalariado significa casi la
mitad de la estructura ocupacional, exactamente el 48.8 %.
En el desarrollo de este apartado nos atendremos al esquema
argumentativo y al modelo comparativo que prolijamente expone Torrado
(1994: págs. 95-111)
(33) Como acontece en otras jurisdicciones "tradicionales" de la
Argentina, especialmente en el noroeste, el voto peronista posee -en una
proporción indescifrable- componentes de adhesión histórica (voto
cautivo) de los sectores populares a la propuesta justicialista y de
fuerte adhesión clientelística al caudillo local, en este caso Carlos
Juárez, quien desde hace 50 años, a través de gobiernos propios o
"acordados", en regímenes civiles y militares, hegemoniza el panorama
político de la provincia.
(34) El proyecto científico y la propuesta docente más acabada sobre la
Sociología del Trabajo como perspectiva autónoma se encuentra en
Castillo (1996).
(35) La propuesta de redefinición del concepto de trabajo desde una
perspectiva sociológica se expresa en diversos autores, pero es más
explícitamente formulada en Pahl (1988), Castillo (1996 y 1997) y Zapata
(1997).
(36) Este se trata de una afirmación genérica de la que debería
excluirse a autores que desde la perspectiva del mercado han realizado
contribuciones reveladoras al estudio de las familias en relación al
mercado laboral y los "retornos" de la educación, especialmente Becker
(1969). Con un enfoque similar para el caso argentino se deben señalar
los aporte de, v. g., Pessino (1995).
BIBLIOGRAFÍA
Amadasi, Enrique y Rosas, María Ester (1987), Estratificación social y
estructura del empleo en Santa Fe, CFI-CEPAL
Ansaldi, Waldo (1985) "Notas sobre la formación de la burguesía
argentina, 1780-1980", en Orígenes y desarrollo de la burguesía en
América Latina, Ed. Nueva Imagen, México
Agulla, Juan Carlos (1975): Córdoba: Eclipse de una aristocracia, Ed.
Assandri.
Baño, Rodrigo (1993), "Estructura socioeconómica y comportamiento
colectivo", Revista de la CEPAL, núm. 50, Agosto.
Becker, Gary (1969), El capital humano, Fondo de Cultura Económica
Berger, Silvia (1995), Mujeres en sus puestos. Clases sociales y oferta
de trabajo en la reestructuración del capitalismo argentino, FLACSO,
Programa Argentina.
Bagú, Sergio (1961): Evolución histórica de la estratificación social en
la Argentina, Departamento de Sociología, UBA
Bourricaud, F. (1967), Notas sobre la oligarquía en el Perú, Desal.
Caro Figueroa, Gregorio (1972): Historia de la gente decente del norte,
Ediciones del Mar Dulce.
Castillo, Juan José (1994), El trabajo del sociólogo, Editorial
Complutense, Madrid
---------- (1996), La Sociología del trabajo. Un proyecto docente, CIS,
Ed. Siglo XXI de España.
--------- (1997), "En busca del trabajo perdido (y de una sociología
capaz de encontrarlo)", Estudios Sociológicos, vol. XV, núm. 44,
mayo-agosto, Centro de Estudios Sociológicos, El Colegio de México.
Consejo Federal de Inversiones (1988), Estructura social de la
Argentina, Total del País,. CFI.
----------- (1989), Estructura social de la Argentina, Santiago del
Estero, CFI.
Díaz, Rodolfo (1995), "El empleo: cuestión de Estado", Libro blanco
sobre empleo en la Argentina, MTSS.
Faletto, Enzo (1993), La formación histórica de la estratificación
social en América Latina, Revista de la CEPAL, Nº 50.
Filgueira, Carlos y Gemeletti, Carlo (1981), Estratificación y movilidad
ocupacional en América Latina, Cuadernos de la CEPAL Nº 39.
Forni, Floreal, Aparicio, S., Neiman G., Tasso, A., y Zurita, C. (1982):
Análisis de la estructura ocupacional y los movimientos migratorios en
la provincia de Santiago del Estero, CFI, CEIL-CONICET, UCSE.
----------- y Benencia, Roberto (1988): "Asalariados y campesinos
pobres: El recurso familiar y la producción de mano de obra. Estudios de
casos en la provincia de Santiago del Estero", Desarrollo Económico, Nº
110, vol. 28, julio-diciembre.
---------- Benencia, Roberto y Neimann, Guillermo (1991): Empleo,
estrategias de vida y reproducción: Hogares rurales en Santiago del
Estero, Bibliotecas Universitarias, Centro Editor de América Latina
Friedmann, George y Pierre Naville (1963), Tratado de Sociología del
trabajo, FCE, 1963
Germani, Gino (1954): Estructura social de la Argentina, Ed. Raigal
Graciarena, Jorge (1967): Poder y clases sociales en el desarrollo de
América Latina, Ed. Paidós
Imaz, José Luis (1962): La clase alta de Buenos Aires, Instituto de
Sociología, Facultad de Filosofía y Letras, UBA
-----------(1966): Los que mandan, EUDEBA
Jorrat, Jorge Raúl y Luis Roberto Acosta (1992), "Aproximación a la
medición del status socioeconómico de las ocupaciones en Argentina",
Estudios del Trabajo, Nº 3.
Kuznets, Simon (1971), Economic growth of nations, Cambridge,
Massachusetts
Minujin, Alberto, comp., (1993), Cuesta abajo. Los nuevos pobres:
efectos de la crisis en la sociedad argentina, Unicef/Losada.
Murmis, Miguel y Silvio Feldman (1993), "La heterogeneidad social de las
pobrezas", en Minujin, Alberto (comp.), op. cit.
Novick, Marta y Ana María Catalano (1996), "La Sociología del Trabajo al
encuentro de las relaciones del trabajo en un marco de incertidumbre",
en Trabajo y empleo. Un abordaje interdisciplinario, Panaia, Marta
(comp.), EUDEBA.
Pahl, Ray E. (1995), Divisiones del trabajo, Ministerio del Trabajo y
Seguridad Social, Madrid
Pessino, Carola (1995), Returns to Education in Greater Buenos Aires,
Documento de Trabajo Nº 35, CEMA, Buenos Aires
Rodríguez Molas, Ricardo (1988): Vida cotidiana de la oligarquía
argentina (1880-1890), Conflictos y procesos Nº 2; Centro Editor de
América Latina
Rojas, Eduardo y Ana Proietti, (1992), "La Sociología del trabajo: Los
problemas de superar la ilusión y acceder a la crítica", en La
sociología del trabajo, Rojas. E: y Proietti, A. (comps.), Centro Editor
de América Latina.
----------- (1996), La Sociología del trabajo en América Latina: Una
crítica al paradigma politicista, en Marta Panaia, comp. (op. cit.)
Rouquié, Alain (1990), Extremo Occidente. Introducción a América Latina,
Emecé.
Sebrelli, Juan José (1963): Buenos Aires, vida cotidiana y alienación,
Ed. Siglo XX,
Solari, Aldo, Rolando Franco y Joel Jutkowitz (1978), Teoría, acción
social y desarrollo en América Latina, ILPES/Editorial Siglo XXI.
Tasso, Alberto y Zurita, Carlos (1981), Estructura social de Santiago
del Estero, Instituto Central de Investigaciones Científicas de la
Universidad Católica de Santiago del Estero (INCIC-UCSE).
---------- (1997), Reproducción secular de la pobreza rural. Dimensiones
sociohistóricas de un caso de exclusión estructural, CONICET-Universidad
Nacional de Santiago del Estero (Inédito)
Torrado, Susana (1992), Estructura social de la Argentina, Ediciones de
la Flor, Segunda edición 1994.
Watson, Tony (1995), Trabajo y sociedad, Hacer Editorial, Barcelona.
Wrigt, Erik Olin (1992), Reflexionado, una vez más, sobre la teoría de
las clases sociales, Zona Abierta, 59/60, Madrid.
Zapata, Francisco (1997), "Relaciones laborales, democracia y desarrollo
en el siglo XXI", Estudios Sociológicos, vol. XV, nº 44.
Zurita, Carlos (1994): "La estructura ocupacional de Santiago del
Estero, Argentina", Revista de Sociología, Nº 9, Facultad de Ciencias
Sociales, Universidad de Chile.
--------- (1997): "El empleo en un área tradicional de la Argentina.
Marcos demográficos, análisis de la subutilización y políticas de empleo
en Santiago del Estero", Estudios Sociológicos, vol. XV, núm. 44,
mayo-agosto, Centro de Estudios Sociológicos, El Colegio de México.
_____
Aportado por: Revista Trabajo y Sociedad, Indagaciones sobre el empleo,
la cultura y las prácticas políticas en sociedades segmentadas.
http://www.geocities.com/trabajoysociedad/
Trabajo y Sociedad pretende constituirse en un espacio de las ciencias
sociales para la publicación de artículos y textos sobre los problemas
del desarrollo de las sociedades latinoamericanas, particularmente los
referidos al estudio de las articulaciones del mundo laboral con la
estructura social, el sistema productivo y las prácticas culturales y
políticas. Esta revista electrónica es publicada por el Programa de
Investigaciones sobre Trabajo y Sociedad (PROIT) de la Maestría en
Estudios Sociales para América Latina de la Universidad Nacional de
Santiago del Estero (UNSE) en Argentina. Sus integrantes son académicos
que realizan sus tareas en vinculación con la UNSE y con el Consejo
Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). El
Programa es financiado por el Consejo de Investigaciones Científicas y
Técnicas (CICYT-UNSE) y participa de las actividades de la Asociación
Argentina de Especialistas en Estudios del Trabajo (ASET) y de la Latin
American Studies Association (LASA).
Nota: Es probable que en esta página web no aparezcan todos los elementos del presente documento. Para tenerlo completo y en su formato original recomendamos descargarlo desde el menú en la parte superior
Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales Universidad Nacional de Santiago del Estero - czuritaarrobaunse.edu.ar
Compartir ideas impulsa el desarrollo
Conéctate con GestioPolis
¿Qué hay de nuevo?
Lo que se está compartiendo
Otros artículos que te van a interesar
Explora todas las publicaciones por tema