La vida social en las grandes ciudades es intensa y compleja. Abundan
los estímulos externos, los cambios rápidos e inesperados, las
informaciones del más diverso tipo, y relaciones por lo general fugaces.
De esas relaciones, podemos rescatar algunas, especialmente las que se
nos imponen por vecindad o proximidad geográfica o laboral, o las que
elegimos por coincidencia de valores, objetivos similares y estilos
afines en los gustos o el comportamiento.
Esas relaciones que nos vienen impuestas en forma de parientes, vecinos
o compañeros de trabajo debemos aceptarlas y aprender a manejarlas de
forma armónica. Las que elegimos por sintonía, aprecio o porque
consideramos favorable para la satisfacción de nuestras necesidades, nos
corresponde cultivarlas y darles continuidad.
Dentro de esas relaciones, no todas resultan beneficiosas para nuestra
vida, y algunas, incluso, pueden convertirse en influencias negativas
que nos afecten en la salud, las relaciones y la productividad.
Una persona de mala influencia, es aquella que interfiere con sus
palabras y acciones, con nuestros valores, nuestros objetivos o nuestros
hábitos positivos de vida. Debe entenderse que no siempre lo hacen de
forma consciente por lo que no habría que verlos como enemigos, sino
como lo que son, personas de baja consciencia que obran automáticamente.
Una persona es mala influencia para la salud, si nos invita a comer y
beber en exceso; si nos incita al uso de drogas, o nos distrae para que
dejemos de hacer ejercicio o descansar.
Una persona es mala influencia para las relaciones, cuando nos habla mal
de otros amigos o familiares, cuando nos insta a maltratar a la pareja
con indiferencia o agresividad, y nos manipula para que rompamos ciertas
relaciones que para nosotros resultan valiosas y significativas.
Una persona es mala influencia para nuestra productividad, cuando sus
conversaciones y prácticas promueven el ocio, la irresponsabilidad, la
flojera o la pérdida del tiempo. Si escucha usted a un “amigo” decirle:
“Tranquilo, no es tan importante que llegues temprano”, eso lo pagas
después, no le prestes tanta atención a eso”, o “te romas el trabajo muy
en serio”, está usted frente a una potencial influencia negativa.
Las personas de mala influencia suelen tener argumentos convincentes
para lo que hacen o dicen. Pueden ser personas encantadoras y
afectuosas, y así se ganan la complicidad de otros para sus desmanes.
Sin embargo, si mira usted sus logros, notará que sus familias suelen
estar desmembradas, duran poco en sus trabajos y son los reyes de las
excusas para justificar sus fracasos.
Compartir o mantener cerca de personas que muestran tendencia a expresar
conductas de envidia, celos, resentimiento, conflictividad, le va
haciendo a usted vulnerable a esas manifestaciones. Aunque tengamos
fortaleza y voluntad, el ambiente opera ciertas influencias. Observe que
cuando una persona pasa temporadas en otro país, su forma de hablar se
modifica. Ese efecto alienante, surge por la adaptabilidad del
organismo, el cual se ajusta al entorno, para evitar discordancias y
sufrimientos.
Ante la pregunta: ¿Y qué hago? La respuesta es variada:
1- Acepte que nos todas las relaciones son adecuadas, positivas o
convenientes.
2- Analice fría y desapasionadamente a las personas que frecuenta y
revise los resultados que muestran (no las palabras)
3- Decida qué persona de esas, realmente contribuyen con sus objetivos o
alinean con sus más preciados valores.
4- Elija cuáles de ellos pese a sus particularidades y diferencias no
resultan atentatorios en su sistema personal.
5- Asuma, claramente qué personas resultan influencias negativas para
usted, y especifique las razones.
6- Habiendo elegido y dejando en claro los motivos, puede usted optar
por alejarse gradualmente, o conversar con ellos para influirlos con su
personalidad y sus argumentos.
La experiencia me ha dicho que conversar con las personas de influencia
negativa, pocas veces funciona, pues tienen un sistema mental cerrado
que se autojustifica. Sin embargo, si ve como una opción puede
intentarlo, hágalo de manera muy respetuosa y asertiva, mostrando lo que
a usted le desagrada y lo que le agradaría. Así suena a sugerencia, más
que a crítica. Si tiene usted alguna autoridad o si existe una línea de
afecto entre usted y la persona de mala influencia, quizás logre un buen
resultado.
Alejarse es la otra opción y a veces la única. Esto no implica un
rechazo a la persona, sino a la conducta. Es posible aceptar que un
conocido o amigo fume o beba, siempre que no lo haga en nuestra casa o
en lugares en los que se ha prohibido; que seduzca a una persona,
mientras no se a nuestra pareja o a la pareja de otro. Es legítimo y
necesario marcar distancia con lo que consideramos dañino para nuestra
vida. Tengo amigos que son maravillosos, hasta el momento en que
comienzan a beber. Por mucho que los quiera, prefiero retirarme, pues
las consecuencias por repetidas, suelen ya ser predecibles.
Piense, pues, que es necesario e importante tener relaciones, que todas
son favorables, que debemos actuar frente a las que nos afectan, y que
sólo usted tiene la potestad de dirigir su conducta, como lo decida, en
vez de permitir que otros lo conduzcan por caminos turbios, y lo desvíen
de lo que puede ser una experiencia gratificante plena de logros y de
momentos felices. Gracias por leerme.
Orientador de la Conducta.
Comunicador Social.
Conferencista.
Escritor.
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