Todas nuestras conductas están determinadas por el resultado de una
evaluación interna que el sujeto hace del entorno (y sus activadores) y
de sus eventuales consecuencias. Es decir, la conducta está supeditada a
la evaluación de sus costos y beneficios. Si los beneficios que traerá
la consecuencia de una conducta son mayores (para la persona y su
entorno) a los costos asociados de emitirla, entonces la conducta tiende
a mantenerse, ya que recibe una fuente de retroalimentación en si misma
(beneficios).
Sin embargo, como la reflexión previa a la emisión de una conducta es
subjetiva, dado que cada uno de nosotros evalúa el entorno desde
nuestras vivencias, intereses, motivaciones y expectativas, entonces
sumamos al análisis la posibilidad de que existan distintas versiones o
definiciones de lo que se podría considerar como “costo” o “beneficio”.
Para efectos prácticos entonces podemos decir que existirá un
“costo real” y un “costo percibido” del atender los activadores, así
como un “beneficio real” y un “beneficio percibido” de las
consecuencias.
El “costo real” es aquel costo factible de ser medido o cuantificado,
observado y concensuado por más de un observador, mientras que el “costo
percibido” es el nivel de “pérdidas” que la persona “siente” en una
situación determinada al seguir un activador.
Por ejemplo, si dos personas perdieran un billete de $1.000 pesos
(chilenos), cabe la posibilidad de que una de ellas no le dé importancia
al hecho, ya que su valor comercial (costo real de pérdida) es poco
significativo, aun cuando la otra persona pueda literalmente “sufrir”
por perder un objeto que para él tiene un alto contenido emocional y
significativo, porque fue su primer billete o por otros motivos (costo
percibido de pérdida).
Como podemos ver, la pérdida “objetiva” en el ejemplo anterior es la
misma en ambos casos ante la mirada de un observador externo. Sin
embargo, las pérdidas “percibidas” (subjetivas) son distintas, por lo
que en este caso es posible hablar de “costos percibidos”.
Lo mismo ocurre con los beneficios. Existen beneficios reales y
percibidos. En este caso, por ejemplo, para un trabajador recibir una
beca de estudios para sus hijos puede ser un gran beneficio (beneficio
percibido), aun cuando el monto real de la beca (beneficio real) sea
poco significativo ante los ojos de un tercero.
Lo “real” en estos casos está determinado por aquello que es
intersubjetivo, socialmente aceptado o factible de ser comparado con
alguna métrica estándar validada. Lo “percibido” es subjetivo y
determinado por la valoración personal de cada persona.
Una persona que logra un bono de producción (beneficio real) menor al
esperado (beneficio percibido como insuficiente), aun cuando para
conseguirlo tuvo que trabajar duro (alto costo percibido) o cumplir
simplemente los estándares según su jefe (costo real). En este ejemplo
el trabajador obtuvo un beneficio real, pero es menor al monto que él
considera justo, subvalorándolo. Siguiendo con este ejemplo, el sujeto
puede evaluar que el bono obtenido es menor (bajo beneficio percibido)
que los esfuerzo desplegado para alcanzarlo (alto costo percibido), por
lo que piensa que no vale la pena mantener el nivel de desempeño.
O sea, alto costo percibido v/s bajo beneficio percibido = disminución
desempeño.
Cuando exigimos mejores desempeños en el trabajo, pero no los
recompensamos debidamente, generamos en el trabajador la sensación de
que el costo percibido aumenta por sobre los beneficios reales,
impactando en la motivación y finalmente en el desempeño de manera
contraria a la que se esperaba. Lo mismo ocurre cuando se requiere que
las personas implementen cambios en sus unidades de negocios, los que no
son exitosos si el cambio constituye un alto costo para las personas
(generalmente costo percibido, ya que es un ámbito de clima laboral o de
percepciones).
Cuando una conducta tiene consecuencias cuyo beneficio percibido es
alto, esta se mantendrá en el tiempo. Pero no nos engañemos, esto no
significa que esta conducta sea ajustada a estándar y muchas veces suele
ser una conducta insegura o de baja calidad y productividad.
Cruzar la calle, por ejemplo, por una zona no apta tiene un riesgo
potencial alto de atropellamiento (alto costo real). Sin embargo, mucha
gente cruza en dicho sector porque le es más cómodo, menos cansador y
más rápido que cruzar por la pasarela que se encuentra a 50 mts (alto
beneficio percibido). Esto configura una sensación “percibida” de que
los costos antes mencionados son mayores a los beneficios de actuar con
seguridad.
O sea, alto beneficio percibido v/s bajo costo percibido = mantención de
la conducta emitida.
Lo anterior determina un potente activador de conductas, que lleva a las
personas a subvalorar el riesgo y sobredimensionar las propias
habilidades. Resultado: la gente cruza la calle por donde no debe.
Todo lo dicho respecto de los ejemplos nos indica que la persona, previo
a realizar una conducta, evalúa el entorno, las consecuencias, los
antecedentes basados principalmente de su experiencia y toma una
decisión valorada desde los beneficios a obtener v/s sus costos. Como
todo este proceso lo realiza la persona desde su particular
subjetividad, entonces las decisiones se realizan en el ámbito de lo
“percibido” y no de lo real, decisiones descabelladas, por cierto, desde
la mirada externa de un tercero.
Incluso las personas pueden asumir “costos reales” en la medida que
valora las consecuencias de sus actos como beneficios percibidos
mayores, ya sea a largo plazo, en términos de montos de recursos o por
ser intereses y motivaciones superiores o éticas. Esto se ve reflejado
en varios ejemplos:
• El corredor de fórmula 1 que, aun cuando ha chocado varias veces
vuelve a conducir coches de carrera.
• El activista ecológico que va preso constantemente por defender
bosques nativos o caza de animales en vías de extinción.
• El delincuente que asume las penas de cárcel por algunos meses,
conciente de que lo que gana estafando es “más” de lo que puede ganar
trabajando, y también que la pena transitoria de cárcel no es un castigo
significativo.
• La persona que sigue cruzando la calle aun cuando ya fue atropellado
levemente un par de veces, porque permite llegar antes al trabajo.
• El jefe que permite que sus trabajadores ejecuten tareas de manera
imprudente porque conlleva mayor producción.
• La persona que subvalora una quemadura en la mano por querer trabajar
sin guantes porque es más cómodo.
O sea, alto beneficio percibido v/s bajo costo percibido = mantención de
la conducta emitida.
Suena extraño pensar que ocurren estas cosas, principalmente porque
escapan del estándar de comportamiento social (u organizacional) y
sobretodo porque la valoración la realiza un externo. Sin embargo la
formula es clara: cuando las consecuencias traen “beneficios percibidos”
mayores a los “costos percibidos” se mantiene la conducta. Claramente
entonces, si queremos desarrollar cambios en el comportamiento de las
personas, estas tendrán que percibir que sus consecuencias tienen costos
mayores a los beneficios.
No vamos a obtener resultados óptimos, tanto en prevención como en otras
disciplinas, si tratamos de enseñar a los trabajadores a identificar
costos reales de sus consecuencias, si estos no le hacen sentido a la
persona. Es como tratar de conmover a través de los datos, cuando en
palabras de R. Nixon “..se ha de convencer por la razón y conmover por
la emoción”. Esto explicaría el fracaso de algunas intervenciones en
seguridad que involucren a personas.
Aumentar la percepción de costo, junto al aumento de la percepción de
beneficio son las claves para realizar control conductual en los
trabajadores. Pero ello requiere que los líderes conozcan cuales son las
fuentes de motivación, los intereses y expectativas de cada colaborador
en la empresa. Además requiere que la organización tenga definidos los
distintos estándares de comportamiento de acuerdo a las funciones que
desempeña el sujeto, sobre los cuales se podrá determinar el grado de
desviación y sus eventuales costos, junto a los beneficios de su ajuste
o a la ejecución de desempeños sobresalientes.
Psic. Mg. Kurt Goldman Zuloaga
Psicólogo Organizacional, UST. Master en Dirección de Recursos Humanos IEDE. Consultor de empresas en materias de Desarrollo Organizacional, Recursos Humanos y Prevención de Accidentes. Jefe de Proyectos Empresas Proeduca, Socio empresa consultora OneView, Profesor de Recursos Humanos en la Facultad Tecnológica de la Universidad de Santiago de Chile.
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