Para él “ la seguridad de sueldo fjo, vacaciones pagas, aguinaldo, y
obra social” es cosa de viejos fracasados, sin vuelo propio y esa
ilusoria seguridad no constituye una motivación suficiente para
renunciar a sus sueños de emprender “algo ” por cuenta propia.
No está dispuesto a renunciar a su libertad creativa “trabajando 12
horas en un hipermercado o convertirse en un “ejecutivo de cuentas” de
una empresa de telefonía celular ( léase vendedor que debe buscar sus
propios clientes para luego cobrar una mísera comisión).
Tiene varios proyectos en mente, según él/ella, “todos viables”. Sólo le
hace falta “una ayudita inicial de los padres” y “un garante”. Ud., por
supuesto, desea ver a su hijo/a trabajando, independizándose
económicamente. Recuerda a esa edad Ud. ya se mantenía solo. Ya tiene
edad suficiente. Y está dispuesto/a a ayudarlo. ¿Cómo decirle que no a
un hijo o una hija?.
El/la joven quiere poner cibercafé, una sala de ensayo para grupos de
rock, una cervecería artesanal, un taller de motos, una boutique, un
galería de arte donde expongan artistas desconocidos, etc...., para lo
cual necesita algo de capital y alquilar un local. Ud. tiene algunas
reservas (si tuvo la suerte de rescatarlas del corralito mediante un
juicio de amparo) y está dispuesto a ofrecérselas a su hijo. Necesita un
garante propietario, preferentemente de la familia. Ud. tiene su casa
propia, la misma donde aún vive su hijo.
El proyecto es de él, pero el capital y la garantía los pone Ud ., por
ende tiene derecho a evaluar previamente la viabilidad del negocio. Tal
vez la mejor ayuda que puede ofrecerle inicialmente es ayudarle a
realizar un estudio de mercado, como también consultar con un contador
cuáles serian las cargas tributarias de comenzar el empredimiento y con
un abogado, sobre todo si piensa formar una sociedad con dos o tres
amigos.
"Todos alguna vez empezaron de cero, viejo. ¿Por qué pensar que puede no
irme bien"?
A la vez, debe tener en cuenta, a la hora de salir de garante, si el
monto del alquiler o crédito que Ud. está afianzando con sus propios
bienes, es una suma que – en el peor de los casos que a su hijo le vaya
mal – Ud. podría afrontar de sus propios ingresos, sin poner en riesgo
su propiedad familiar . Es decir, que si su hijo no puede pagar el
alquiler del negocio que abrió durante 3 meses consecutivos, Ud. sí
pueda hacerlo. De no poder, su patrimonio estaría en serio riesgo, sin
contar con que probablemente deberán evaluar la posibilidad de rescindir
el contrato si el negocio no resultó rentable y perder también parte del
capital inicial aportado.
Ya sé que es difícil...! Pero más de un cliente mío ha tenido que vender
una propiedad para afrontar un embargo proveniente del negocio del
hijo/a, que no funcionó tan bien como esperaba. Una de mis clientas le
dio a su hija una importante suma de dinero para abrir un portal de arte
en internet, que prometía ser un éxito (según la estimación de la hija),
pero fue un fracaso comercial y perdió muchísimo dinero.
Resonancia personal: Recuerdo cuando instalé mi primer Estudio Juridico.
Tenía 24 años, un flamante título de abogada y un solo cliente a quien
le tramitaba una sucesión de una sola propiedad, que me iba pagando en
cuotas.
Yo venía de trabajar durante toda mi carrera en relación de dependencia
y luego a porcentaje en un Estudio, pero quería independizarme. Mi
capital eran la experiencia adquirida antes de recibirme, un cliente y
unos ahorros que en el peor de los casos me permitirían sostener los
gastos de la oficina durante un año.
Compré el Clarín y leí “se alquila despacho dentro de Estudio Jurídico,
Lavalle 1290, Edificio Manifold” y allí fui. Era un microdespacho (1/3
de una oficina de un ambiente) que tenía por toda instalación mobiliaria
un escritorio chiquito de metal pintado de verde y dos sillas. Eso sí,
un ventanal a Plaza Lavalle que me fascinó y no necesité más que eso
para volver a casa y decirle a mi padre: “Voy a poner mi propio Estudio.
Yo, al igual que vos y casi todos los integrantes de nuestra familia, no
quiero trabajar en relación de dependencia. ¿Me podés salir de
garante?”.
Mi padre no dudó un instante en decirme que sí, que por supuesto. Yo no
había visto otra oficina más que esa . Fue la primera: la vi y me gustó.
Cuando llegó el día de la firma del contrato y fuimos juntos a firmarlo,
él – que no era abogado ni hombre de negocios – se asustó al ver lo
“leonino ” que era el contrato. Como la ubicación era muy cotizada en la
zona de Tribunales ese pequeño despacho salía una fortuna de alquiler,
tenía mil servicios y adicionales a mi cargo, multas enormes para el
caso de incumplimiento, etc.. Se suponía que yo, su hija abogada, era
quien primero se daría cuenta de que era un contrato bastante abusivo,
pero mi juvenil entusiasmo por encarar mi propio proyecto, me impedia
verlo. Ni siquiera había averiguado cuánto salía alquilar una oficina en
otro lado.
Mi viejo me preguntó delante del locador : - ¿ Estás segura de querer
firmarlo ?
- Si, respondi yo. “Quedate tranquilo que aún si no tuviera un solo
ingreso durante un año podría hacer frente sola a todo esto, pero espero
que antes del año comience a tener ingresos propios”.
Afortunamente ya el primer mes cubrí con mis ingresos genuinos el
alquiler y de ahí en más fui ampliando mi cartera de clientes, sin
necesitar siquiera acudir a mis reservas. Obviamente, yo no tenía otros
compromisos económicos ya que aún vivía en la casa familiar. Pero fue un
riesgo.
Al vencer ese contrato me di cuenta que con lo que pagaba en ese pequeño
despacho podía alquilar una oficina para mí sola y me mudé a otra mucho
más grande, en el mismo edificio, compartiendo el alquiler con una
colega que la usaba de mañana, mientras yo la usaba de tarde. Nunca más
mi padre volvió a dudar en salirme de garante, pero considero que fue
atinada su pregunta y su temor a que me estuviera embarcando en algo que
luego no pudiera sostener.
Eran otros tiempos, claro. Mi trabajo de asistente de una abogada
mientras era estudiante universitaria me había permitido pagarme la
carrera, colaborar en algunos gastos de la casa y ¡AHORRAR...!
Conclusión: en casi todos los casos los hijos acuden a sus padres para
iniciar algún proyecto laboral independiente, y es lógico que sea así.
Pero los padres, sobre todo si no tienen una holgadisima situación
económica, deben participar de la evualuación del proyecto, no en
actitud censuradora sino con criterio de realidad, antes de comprometer
su patrimonio, que por lo general suele ser su propia vivienda.
La Dra. Mirta S. Núñez es Abogada, Mediadora, Psicóloga Social Especialista en Planificación Personal Web site: www.mirta-nunez.com.ar E-mail: infoarrobamirta-nunez.com.ar Directora del Boletín "Familia y Planificación Personal". Publicado por Mujeres de Empresa bajo el título: Mi hijo/a quiere que le salga de garante y distribuído bajo una Licencia Creative Commons.
http://www.mujeresdeempresa.com/finanzas/finanzas050401.shtml
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