Para acercarnos al concepto de la comprensión lectora debemos saber cuáles son los componentes necesarios y los pasos a seguir para lograrla por tanto debemos recordar primero: ¿Qué es leer? "Se entiende por lectura la capacidad de entender un texto escrito" (Adam y Starr, 1982). Leer es antes que nada, establecer un diálogo con el autor, comprender sus pensamientos, descubrir sus propósitos, hacerle preguntas y tratar de hallar las respuestas en el texto.
Sin duda al partir de la realidad áulica, reconocemos que, cada vez
con mayor frecuencia uno de los problemas que más preocupa a los
profesores de cualquier nivel es el de la comprensión lectora;
frecuentemente se preguntan cómo enseñar a los alumnos a comprender lo
que leen. Durante la última década tanto maestros como especialistas se
han propuesto encontrar, desde una perspectiva crítica, nuevas
estrategias de enseñanza basadas en el mejor entendimiento de los
procesos involucrados en la comprensión de la lectura para incorporarlos
al marco teórico que utilizan para enseñarla.
Así, el interés por la comprensión lectora sigue vigente, aun cuando
este fenómeno se creía agotado, sobre todo en la década de los años 60 y
70 en que algunos especialistas consideraron que la comprensión era
resultado directo del descifrado: si los alumnos eran capaces de
denominar las palabras, la comprensión por ende, sería automática. Sin
embargo, a medida que los profesores guiaban más su actividad a la
decodificación, fueron comprobando que la mayoría de los alumnos no
entendían lo que leían.
También la actividad lectora se vio reducida a que los maestros hicieran preguntas literales sobre el contenido de un texto, creyendo que con ello los alumnos lograban asimilar la lectura.
En consecuencia, no se permitía que los niños se enfrentaran al texto utilizando sus habilidades de lectura, inferencia, y análisis crítico, lo que condujo más tarde a que los maestros consideraran que el hacer preguntas era más una manera de evaluar que de enseñar a comprender.
El material que se presenta a continuación, representa una breve reflexión sobre las estrategias de comprensión lectora; asimismo, se discute sobre aspectos que tienen que ver directamente con el proceso de enseñanza y aprendizaje y las diferentes estrategias como: la metacognición, motivación y autorregulación del aprendizaje, todo esto en función de lograr un aprendizaje eficiente y significativo del alumno.
La intencionalidad de este trabajo no es prescribir determinadas formas de enseñar para mejorar el aprendizaje de nuestros alumnos, aunque sí, sugerir y compartir otra perspectiva que tiene como fin repensar la práctica didáctica partiendo de los aportes de la metacognición y del pensamiento estratégico.
ANTECEDENTES HISTÓRICOS
En la década de 1920, con base en la teoría conductista, se pensaba que leer era únicamente verbalizar lo escrito. Sólo se buscaba que el lector repitiera exactamente las ideas del autor; es decir, no se consideraba que se desarrollara una interacción entre éste y las personas que leían un texto.
El inicio de las investigaciones de comprensión lectora se desarrolló en un contexto histórico en el cual el conductismo era el paradigma de conocimiento en investigación educativa. Por ello, la principal teoría sobre la lectura tenía como su base esta corriente, lo cual implicaba que lo más importante para aprender a leer eran los contenidos de la enseñanza; el texto y los procesos mentales que provocaban problemas en la comprensión.
Se pensaba que leer consistía en decodificar signos y darles sonido, es decir, era relacionar letras con fonemas. Se creía que si una persona era capaz de distinguir adecuadamente las letras y los sonidos de nuestra lengua y podía pronunciarlos bien, entonces podía leer correctamente.
Otros enfoques de aprendizaje de la lectura partían del reconocimiento de las palabras (visualizar y reconocer) para pasar en segundo término a “comprender” y finalmente a reaccionar emotivamente ante el estímulo percibido (Dubois, citada por Pellicer: 1990).
Para esta postura, el significado está en el texto, por lo que el lector no aporta un significado sino que lo extrae del material impreso, considerando al lector como un sujeto pasivo, pues lo fundamental era reproducir literalmente lo que el autor había escrito.
Esta teoría, denominada tradicional, consideraba que todos los individuos debían pasar por las mismas etapas de lectura; no había una flexibilidad para los diferentes tipos de lectores o de textos. Por ello, las formas de evaluar la lectura tampoco eran originales, únicamente se solicitaba a las personas que identificaran palabras aisladas y datos en general; es decir que copiaran exactamente lo que decía el texto. Leer, así, era “imitar” lo que decía el autor; no se asumía que el lector también podía pensar.
El interés por la comprensión lectora no es nuevo. Desde principios de siglo, los educadores y psicólogos (Huey 1908 - 1968; Smith, 1965) han considerado su importancia para la lectura y se han ocupado de determinar lo que sucede cuando un lector cualquiera comprende un texto. El interés por el fenómeno se ha intensificado en años recientes, pero el proceso de la comprensión en sí mismo no ha sufrido cambios análogos.
Como bien señala Roser, “cualquiera que fuese lo que hacían los niños y adultos cuando leían en el antiguo Egipto, en Grecia o en Roma, y cualquiera que sea lo que hacen hoy para extraer o aplicar significado en un texto, es exactamente lo mismo”.
Lo que ha variado es nuestra concepción de cómo se da la comprensión; sólo cabe esperar que esta novedosa concepción permita a los especialistas en el tema de la lectura desarrollar mejores estrategias de enseñanza.
En los años 60 y los 70, un cierto número de especialistas en la lectura postuló que la comprensión era el resultado directo de la decodificación (Fries, 1962): Si los alumnos serán capaces de denominar las palabras, la comprensión tendría lugar de manera automática.
Con todo, a medida que los profesores iban desplazando el eje de su actividad a la decodificación, comprobaron que muchos alumnos seguían sin comprender el texto; la comprensión no tenía lugar de manera automática.
En ese momento, los pedagogos desplazaron sus preocupaciones al tipo de preguntas que los profesores formulaban. Dado que los maestros hacían, sobre todo, preguntas literales, los alumnos no se enfrentaban al desafío de utilizar sus habilidades de inferencia y de lectura y análisis crítico del texto.
El eje de la enseñanza de la lectura se modificó y los maestros comenzaron a formular al alumnado interrogantes más variados, en distintos niveles, según la taxonomía de Barret para la Comprensión Lectora (Climer, 1968).
Pero no pasó mucho tiempo sin que los profesores se dieran cuenta de que esta práctica de hacer preguntas era, fundamentalmente, un medio de evaluar la comprensión y que no añadía ninguna enseñanza.
En la década de los 70 y los 80, los investigadores adscritos al área de la enseñanza, la psicología y la lingüística se plantearon otras posibilidades en su afán de resolver las preocupaciones que entre ellos suscitaba el tema de la comprensión y comenzaron a teorizar acerca de cómo comprende el sujeto lector, intentando luego verificar sus postulados a través de la investigación (Anderson y Pearson, 1984; Smith, 1978; Spiro et al., 1980).
MODELOS
Modelo ascendente o bottom up (Gough, 1972)
El primero es el modelo ascendente o –bottom up. En él, la persona comienza por las letras y los conjuntos de éstas, en un proceso que va aumentando hasta que el lector consigue entender las unidades más amplias, las palabras y el texto completo. El modelo se centra en el texto y sólo se basa en la decodificación (Artola: 1988; Sandoval: 1991 y Solé: 2001).
Este modelo tiene como base la teoría tradicional, y fue durante los años setenta que se desarrolló la corriente que I. Solé (2001) llama ascendente. El también llamado bottom up plantea que la comprensión se logra por medio de un aprendizaje secuencial y jerárquico de una serie de discriminaciones visuales (Torres: 1997), entendiendo que la comprensión de un texto escrito es el proceso cognoscitivo mediante el cual se construye, en la mente del lector, la información transmitida por el autor a través del medio escrito.
Se le llamó modelo ascendente porque parte de los componentes más pequeños para después integrarse a otros más importantes. En este modelo, antes de alcanzar la comprensión del texto, se realizan dos procesos fundamentales: la percepción de los símbolos gráficos y la decodificación de éstos; es decir, la traducción de los símbolos gráficos a sus representaciones fónicas (Morales citado por Morless: 1993).
Fernando Cuetos (2000) explica, a través del modelo ascendente, que la lectura se compone de procesos perceptivos, léxicos, sintácticos y semánticos, es así como el autor describe que el proceso inicia a partir de que el lector utiliza sus sentidos para “extraer” de los signos gráficos la información.
La primera operación que realiza es poner la mirada en los diferentes puntos del texto; es entonces cuando los ojos permanecen fijos, pero la mayor parte del tiempo avanza a través de movimientos saccádicos que son los saltos de los ojos después de fijaciones visuales.
Posteriormente, la información que se adquiere con los ojos se almacena en la memoria sensorial o memoria icónica; al mismo tiempo la información más relevante se guarda en la memoria más duradera o memoria a largo plazo. Ese es el momento del análisis, ya sea a través del reconocimiento global de palabras o de la identificasión previa de sus letras componentes.
En el mismo sentido, Armando Morless (1993) propone que la lectura se compone de las siguientes etapas: percepción, decodificación, comprensión, retención y evocación. La primera corresponde al reconocimiento de las letras, la segunda a su sonido, posteriormente, la identificación, la memorización y finalmente la repetición, que sería el resultado de la lectura. Es decir, leer no sólo es un proceso visual sino que depende de que el lector domine la estructura de superficie, el sonido y la representaciones escritas del lenguaje, así como las estructuras profundas, portadoras del significado (Sandoval: 1991).
Modelo descendente o top down (smith, 1983)
Este modelo busca palabras o frases globales, y después realiza un análisis de los elementos que lo componen (Cuetos: 2000; Smith: 1983), tuvo el acierto de considerar que no sólo existe el texto y su decodificación, sino también las experiencias previas de las personas al leer.
Es descendente porque, a partir de la hipótesis y las anticipaciones previas, el texto se procesa para su verificación. De acuerdo con este modelo, aprender a leer implicaría no tanto la adquisición secuencial de una serie de respuestas discriminativas, sino el aprendizaje y el empleo de los conocimientos sintácticos y semánticos previos para anticipar el texto y su significado (Torres: 1997).
El procesamiento en la lectura se produce en sentido descendente, desde las unidades globales hasta las más discretas, en un proceso “guiado por conceptos”, en el cual el lector es el eje principal. Se reconocen estas ideas en los métodos analíticos que parten de la enseñanza de configuraciones con sentido, palabra o frase y se procede al análisis de sus elementos constituyentes (Solé: 2001).
El lector no decodifica empezando por letras y palabras hasta llegar a la idea principal, sino que utiliza sus experiencias y conocimientos previos para comprender el texto. Si la persona cuenta con suficiente información previa sobre el texto que va a leer, no necesitará detenerse en cada palabra o párrafo.
F. Smith (1983), que realizó diversas investigaciones sobre la lectura, llegó a la conclusión de que aportan más a ésta el conjunto de conocimientos que tienen los individuos en su cerebro que el texto en sí; al respecto explica que “la lectura no sólo es una actividad visual, tampoco una simple cuestión de decodificar el sonido.
Son esenciales dos fuentes de información para la lectura, la información visual y la información no visual.
Aun cuando puede haber un intercambio entre estos dos, hay un límite para la cantidad de información visual que puede manejar el cerebro para darle sentido a lo impreso. Por lo tanto, el uso de la información no visual es crucial en la lectura y en su aprendizaje”.
En este sentido se rechaza la lectura basada exclusivamente en la percepción visual y en la decodificación de signos auditivos, enfatizando como elementos decisivos en la comprensión el conocimiento y las experiencias previas, que son el conjunto de modelos que construye una persona en interacción con la realidad. Estas estructuras son vitales para entender lo escrito, son una especie de mapas, que en palabras de Smith dan sentido al mundo.
Las personas tienen una teoría acerca de lo que les rodea, que desarrollan a partir de la cultura en que han vivido y esto es determinante para el aprendizaje, Smith lo explica de la siguiente forma: “la teoría del mundo es la base del aprendizaje, tiene una estructura propia y reglas para especificar la relación de categorías y un sistema de interrelaciones entre categorías (tratar a ciertos objetos como si fueran iguales); nuestro sistema de categorías que es parte de nuestra teoría interna del mundo es esencial para darle sentido al mundo (lo que no esté dentro de ésta carecerá de sentido). Cada categoría debe tener un conjunto de reglas para identificarla, además forman parte de un sistema y están interrelacionadas entre sí.”
Es decir, se lee por el significado y no sólo por grafías. Esto es, que los individuos participan de forma activa, porque el lector busca el significado y no sólo las letras. Al respecto, Smith apunta que “la manera en que los lectores buscan el significado no es considerar todas las posibilidades, ni hacen conjeturas arriesgadas acerca de una sola, sino que más bien predicen dentro del rango de alternativas más probables […]. Los lectores pueden derivar significado directamente del texto porque mantienen expectativas acerca del significado del mismo.”
El modelo interactivo (Carrel, Devil, 1988)
Isabel Solé (2000, 2001), define a la comprensión lectora como el proceso en el que la lectura es significativa para las personas. Ello implica, además, que las personas sepan evaluar su propio rendimiento.
Los avances de la psicolingüística y la psicología cognitiva a
finales de la década del setenta trataron a la lectura como un conjunto
de habilidades y no sólo de conocimientos (Quintana: 2000).
A partir de este momento surge la teoría interactiva, dentro de la cual
se destaca el empleo por parte de los lectores de sus conocimientos
previos para interactuar con el texto y construir significado.
En esta postura la lectura es un proceso interactivo entre el lector y
el texto, en el cual los individuos buscan información para los
objetivos que guían la lectura, lo cual implica la presencia de un
lector activo que procesa el texto.
En esta serie de etapas la comprensión interviene tanto en el texto, su
forma y su contenido, como en el lector, las expectativas y
conocimientos previos (Solé: 2000).
La teoría combina el modelo ascendente porque necesita saber
decodificar, y el descendente, porque para leer también se requiere de
objetivos, conocimientos y experiencias previas, todo lo cual se
encuentra mediado por la cultura.
En la teoría interactiva son tan importantes el texto, los procesos que
intervienen para su decodificación, y el lector, esto lo explica Isabel
Solé (2000) de la siguiente manera: Cuando el lector se sitúa ante el
texto, los elementos que lo componen generan en él expectativas a
distintos niveles (el de las letras, las palabras..) de manera que la
información que se procesa en cada uno de ellos funciona como input para
el nivel siguiente; así, a través de un proceso ascendente, la
información se propaga hacia niveles más elevados.
Pero simultáneamente, dado que el texto genera también expectativas a
nivel semántico, de su significado global, dichas expectativas guían la
lectura y buscan su verificación en indicadores de nivel inferior
(léxico, sintáctico, grafofónico) a través de un proceso descendente.
Así el lector utiliza simultáneamente su conocimiento del mundo y su
conocimiento del texto para construir una interpretación acerca de
aquél.
Desde el punto de vista de la enseñanza, las propuestas que se basan en
esta perspectiva señalan que los alumnos aprenden a procesar el texto y
sus distintos elementos así como las estrategias que harán posible su
comprensión. Según esta teoría, una persona, para leer, necesita dominar
la decodificación, pero va más allá porque asume que la persona que lee
interpreta el texto, no lo repite de forma mecánica.
El proceso interactivo es al mismo tiempo ascendente y descendente. Al
respecto, Kenneth Goodman (1982) menciona que el proceso de lectura
“debe comenzar con un texto con alguna forma gráfica; el texto debe ser
procesado como lenguaje; y el proceso debe terminar con la construcción
del significado. Sin significado no hay lectura, y los lectores no
pueden lograr significados sin utilizar el proceso”.
En el proceso de interacción entre el lector y el texto, la persona pone
en juego una serie de elementos: la información que facilita el texto,
la información que facilita el contexto y los conocimientos previos que
el lector posee sobre el texto y sobre el mundo (Bofarull: 2001).
Por el conocimiento cultural que posee, es decir, los conocimientos
previos, Goodman afirma que toda lectura es interpretación y que ésta
depende de lo que la persona ya sabe antes de ejercer esta acción.
En este sentido, las personas de una misma cultura construirán un
significado similar pero no el mismo, nadie comprenderá un texto de la
misma manera, es decir, de la misma forma que otra persona. De hecho,
únicamente se pueden realizar interpretaciones sobre la base de lo que
ya se conoce.
Para el modelo interactivo, leer es un proceso en el que interactúan el
texto y el lector, en el que tienen la misma importancia tanto los
procesos lingüísticos como los culturales. Cuando se habla de
experiencias previas nos referimos a los conocimientos anteriores de las
personas, o sea, las estructuras de conocimiento previas (Smith: 1983).
El lector es un sujeto activo que casi siempre buscará significado,
únicamente en casos muy específicos y casi automáticos no lo hará; por
ejemplo, al leer un número telefónico o un número de serie (Solé: 2000).
En otros casos, la persona buscará comprender el texto. Los individuos
buscarán en sus esquemas de conocimiento, realizarán inferencias,
predicciones, seleccionarán la información importante (lo cual depende
de la estructura del texto) y no sólo se centrarán en palabras y
oraciones aisladas (Goodman: 1987).
Finalmente, el modelo interactivo sostiene que la comprensión del texto
se alcanza a partir de la interrelación entre lo que el lector lee y lo
que ya sabe sobre el tema. Interactúan como referentes el contexto, el
texto y el lector (Torres: 1997).
Etapas del proceso de la lectura
Para Solé (1994), la lectura tiene subprocesos, entendiéndose como
etapas del proceso lector: Un primer momento, de preparación anímica,
afectiva y de aclaración de propósitos; en segundo lugar la actividad
misma, que comprende la aplicación de herramientas de comprensión en sí;
para la construcción del significado, y un tercer momento la
consolidación del mismo; haciendo uso de otros mecanismos cognitivos
para sintetizar, generalizar y transferir dichos significados.
La lectura como proceso de adquisición de habilidades de carácter
cognitivo, afectivo y conductual, debe ser tratada estratégicamente por
etapas. En cada una de ellas han de desarrollarse diferentes estrategias
con propósitos definidos dentro del mismo proceso lector.
Solé (1994), divide el proceso en tres subprocesos a saber: antes de la
lectura, durante la lectura y después de la lectura:
Antes de la Lectura
Como todo proceso interactivo, primero debe crearse las condiciones
necesarias, en este caso, de carácter afectivo. O sea el encuentro
anímico de los intercoluctores, cada cual con lo suyo: Uno que expone
sus ideas (el texto), y el otro que aporta su conocimiento previo
motivado por interés propio.
Esta es en síntesis la dinámica de la lectura. En esta etapa y con las
condiciones previas, se enriquece dicha dinámica con otros elementos
sustantivos: el lenguaje, las interrogantes e hipótesis, recuerdos
evocados, familiarización con el material escrito, una necesidad y un
objetivo de interés del lector, no del maestro únicamente.
Durante la Lectura
Es necesario que en este momento los estudiantes hagan una lectura de
reconocimiento, en forma individual, para familiarizarse con el
contenido general del texto. Seguidamente, pueden leer en pares o
pequeños grupos, y luego intercambiar opiniones y conocimientos en
función al propósito de la actividad lectora.
Siendo nuestro quehacer una función integradora, éste es un auténtico
momento para que los estudiantes trabajen los contenidos transversales,
valores, normas y toma de decisiones; sin depender exclusivamente del
docente. Claro está que él, no es ajeno a la actividad. Sus funciones
son específicas, del apoyo a la actividad en forma sistemática y
constante.
Después de la Lectura
De acuerdo con el enfoque socio-cultural Vigotsky, L. (1979), la
primera y segunda etapa del proceso propiciará un ambiente socializado y
dialógico, de mutua comprensión. La actividad ha de instrumentalizar el
lenguaje como herramienta eficaz de aprendizaje, de carácter
ínterpsicológico.
En esta etapa todavía está vigente la interacción y el uso del lenguaje,
cuando se les propone a los estudiantes la elaboración de esquemas,
resúmenes, comentarios, etc. Aquí el trabajo es más reflexivo, crítico,
generalizador, metacognitivo, metalingüístico; o sea que el aprendizaje
entra a un nivel intrapsicológico.
La experiencia activada con el lenguaje se convierte en imágenes de
carácter objetivo; los que vienen a integrarse a los esquemas mentales
del sujeto, para manifestarse luego en su personalidad (formación
integral). El fin supremo en todo aprendizaje significativo es eso,
formar nuevas personas razonadoras, críticas, creativas, con criterios
de valoración propios al cambio.
Los niveles de comprensión lectora
Los niveles de comprensión deben entenderse como procesos de pensamiento
que tienen lugar en el proceso de la lectura, los cuales se van
generando progresivamente; en la medida que el lector pueda hacer uso de
sus saberes previos.
Para el proceso de enseñanza y aprendizaje de la lectura es necesario
mencionar los niveles existentes:
Nivel Literal o comprensivo
Reconocimiento de todo aquello que explícitamente figura en el texto
(propia del ámbito escolar). Implica distinguir entre información
relevante y secundaria, encontrar la idea principal, identificar las
relaciones de causa – efecto, seguir instrucciones, identificar
analogías, encontrar el sentido a palabras de múltiples significados,
dominar el vocabulario básico correspondiente a su edad, etc. para luego
expresarla con sus propias palabras.
Mediante este trabajo el docente comprueba si el alumno puede expresar
lo que ha leído con un vocabulario diferente, si fija y retiene la
información durante el proceso lector y puede recordarlo para
posteriormente explicarlo.
Nivel Inferencial
Se activa el conocimiento previo del lector y se formulan hipótesis
sobre el contenido del texto a partir de los indicios, estas se van
verificando o reformulando mientras se va leyendo.
La lectura inferencial o interpretativa es en sí misma "comprensión
lectora", ya que es una interacción constante entre el lector y el
texto, se manipula la información del texto y se combina con lo que se
sabe para sacar conclusiones.
Esto permite al maestro ayudar a formular hipótesis durante la lectura,
a sacar conclusiones, a prever comportamientos de los personajes y a
realizar una lectura vivencial.
Nivel Criterial
En este nivel de comprensión el lector después de la lectura,
confronta el significado del texto con sus saberes y experiencias, luego
emite un juicio crítico valorativo y la expresión de opiniones
personales acerca de lo que se lee. Puede llevarse en un nivel más
avanzado a determinar las intenciones del autor del texto, lo que
demanda un procesamiento cognitivo más profundo de la información.
ESTRATEGIAS PARA LA COMPRENSIÓN LECTORA
La comprensión lectora, es el proceso mediante el cual el lector
establece relaciones interactivas con el contenido de la lectura,
vincula las ideas con otras anteriores, las contrasta, las argumenta y
luego saca conclusiones personales. Estas conclusiones de información
significativa, al ser asimiladas y almacenadas por el lector, enriquecen
su conocimiento.
Morles (1987) manifiesta que “Sin comprensión no hay lectura”. Por
tanto, la lectura para la comprensión, no puede ser superficial o vaga.
Debe ser activa, exploratoria, indagatoria, donde la conexión o enlace
que se efectúe con otros conocimientos ya adquiridos, proporcione nuevas
ideas que sean importantes y con alto grado de significación para el
lector.
Desde el punto de vista del lector, el lenguaje es información brindada
por medio de códigos que deben ser procesados. Los procesamientos
mentales son básicamente perceptivos, de memoria y cognoscitivos y
suponen una capacidad de inteligente potencial.
Por que la comprensión durante la lectura consiste en el despliegue
de un conjunto de actividades que tienen por finalidad la extracción o
elaboración del significado.
Resulta así evidente que la comprensión o habilidad de los sujetos para
procesar información semántica es solo uno de los procesos de lectura a
ser analizado, ya que estos implican, además, habilidades para el manejo
de otros niveles de información lingüística como son el fonológico, el
sintáctico y el pragmático. La lectura exige el manejo secuencial y/o
simultaneo de información específica correspondiente a los diferentes
niveles de estructuración del mensaje.
Entre algunas de las habilidades que se postulan como subyacentes a la
comprensión lectora, pueden mencionarse: conocimiento léxico,
identificación de ideas centrales, habilidad para hacer inferencias,
habilidad para establecer generalizaciones, comprensión literal y
comprensión de la intención del autor.
Es por eso que Solé (1994), divide el proceso de la lectura en tres
subprocesos a saber: antes de la lectura, durante la lectura y después
de la lectura. Solé recomienda que cuando uno inicia una lectura se
acostumbre a contestar las siguientes preguntas en cada una de las
etapas del proceso, antes de la lectura; ¿Para qué voy a leer?
(Determinar los objetivos de la lectura), ¿Qué sé de este texto?
(Activar el conocimiento previo), ¿De qué trata este texto?, ¿Qué me
dice su estructura? (Formular hipótesis y hacer predicciones sobre el
texto).
Durante la lectura; formular hipótesis y hacer predicciones sobre el
texto, aclarar posibles dudas acerca del texto, resumir el texto, releer
partes confusas, consultar el diccionario y pensar en voz alta para
asegurar la comprensión. Después de la lectura; hacer resúmenes,
formular y responder preguntas, recontar y utilizar organizadores
gráficos.
Los enfoques que de forma más extendida estamos utilizando en la
enseñanza de la lectura como en la enseñanza de la comprensión lectora,
(el enfoque ascendente) se inicia con el reconocimiento de las unidades
lingüísticas más pequeñas (letras, palabras...) hasta llegar a las
unidades superiores (frases, oraciones). Lo importante por tanto en este
enfoque es trabajar en la decodificación: si los alumnos son capaces de
decodificar, la comprensión tendrá lugar de forma automática.
Existe también un enfoque descendente en el que se apuesta, porque el
hecho de que la comprensión de un texto comienza con hipótesis o
predicciones que provienen de sus experiencias pasadas, su conocimiento
del lenguaje y del mundo. El lector es quien crea el texto y su papel se
recrece.
Por lo tanto, el enfoque interactivo concibe la comprensión como un
proceso a través del cual el lector elabora un significado en
interacción con el texto. Lector y texto tienen la misma importancia,
aunque otorga gran importancia a los conocimientos previos del lector a
la hora de enfrentarse a cualquier tipo de texto.
Según su función los niveles de comprensión lectora pueden ser: de
decodificación, el cual consiste en el reconocimiento de palabras y la
asignación el significado fonético que se refiere a la pronunciación y
el significado de las palabras es un prerrequisito para alcanzar la
comprensión lectora. Mientras, el nivel de comprensión literal: hace
énfasis en el entendimiento de la información explicita que contiene el
texto, si el estudiante no esta en la capacidad de entender la
información tendrá problemas para ascender al otro nivel.
Por otro lado, en la comprensión inferencial: en este nivel el
estudiante va “más alla” de lo dicho en la información escrita, o el
contenido del texto, porque son las ideas o elementos que no están
expresados explícitamente en el texto sino lo contrario en forma
implícita.
Por ultimo, el nivel de la metacomprension; hace que el lector puede
reflexionar sobre el contenido del texto, llegando a una comprensión del
mismo, evalúa y adopta una postura al realizar una critica y tomar
decisiones.
Existe un acuerdo generalizado en considerar que las estrategias
responsables de la comprensión durante la lectura que se pueden fomentar
en actividades de lectura compartida son las siguientes: formular
predicciones del texto que se va a leer, plantearse preguntas sobre lo
que se ha leído, aclarar posibles dudas acerca del texto y resumir las
ideas del texto. De lo que se trata es que el lector pueda establecer
predicciones coherentes acerca de lo que va leyendo, que las verifique y
se implique en un proceso activo de control de la comprensión.
CONCLUSIÒN
Las estrategias de comprensión lectora son procedimientos de carácter
elevado, que implican la presencia de objetivos que cumplir, la
planificación de las acciones que se desencadenan para lograrlos, así
como su evaluación y posible cambio.
Esta afirmación tiene varias implicaciones: si las estrategias de
lectura son procedimientos y éstos son contenidos de enseñanza, entonces
hay que enseñar estrategias para la comprensión de textos que implican
lo cognitivo y lo metacognitivo. Lo que caracteriza a la mentalidad
estratégica es su capacidad para representarse y analizar los problemas
y la flexibilidad para dar soluciones. De ahí que al enseñar estrategias
de comprensión lectora haya que primar la construcción y uso por parte
de alumnos de procedimientos de tipo general que puedan ser transferidos
sin mayores dificultades a situaciones de lecturas múltiples y variadas.
Es necesario enseñar estrategias de comprensión porque queremos hacer
lectores autónomos, capaces de enfrentarse de manera inteligente a
textos de muy diferente índole, la mayoría de las veces, distintos de
los que se usa cuando se instruye. Estos textos pueden ser difíciles,
por lo creativos o porque estén mal escritos. En cualquier caso, dado
que responden a una gran variedad de objetivos, cabe esperar que su
estructura sea también variada, así como lo será su comprensibilidad.
Hacer lectores autónomos significa también hacer lectores capaces de
aprender de todos los textos. Para ello, quien lee debe ser capaz de
interrogarse acerca de su propia comprensión, establecer relaciones
entre lo que lee y lo que forma parte de su acervo personal, cuestionar
su conocimiento y modificarlo, establecer generalizaciones que permitan
transferir lo aprendido a otros contextos distintos.
Las estrategias deben permitir al alumno la planificación de la tarea
general de lectura y su propia ubicación ante ella (motivación,
disponibilidad). Facilitarán la comprobación, la revisión y el control
de lo que se lee, y la toma de decisiones adecuada en función de los
objetivos que se persigan.
Es así como las tareas de lectura compartida deben ser consideradas como
la ocasión para que los alumnos comprendan y usen las estrategias que le
son útiles para comprender los textos. También deben ser consideradas
como el medio más poderoso de que dispone el profesor para proceder a la
evaluación formativa de la lectura de sus alumnos y del proceso mismo, y
en este sentido, como un recurso imprescindible para intervenir de forma
contingente a las necesidades que muestran o que infiere de sus alumnos.
Lo importante es entender que para ir dominando las estrategias
responsables de la comprensión (anticipación, verificación,
autocuestionamiento...) no es suficiente con explicarlas, es necesario
ponerlas en práctica comprendiendo su utilidad. Es necesario que los
alumnos comprendan y usen las estrategias señaladas, ya que no hay que
olvidar que el fin último de toda enseñanza, y también en el caso de la
lectura, es que los aprendices dominen con autonomía los contenidos que
fueron objeto de instrucción.
Si queremos que nuestros alumnos se conviertan en constructores de
significado, en lugar de lectores pasivos de textos que transfieren
únicamente la información, es necesario cambiar la forma de enseñar la
comprensión lectora, para ello debemos modificar nuestras prácticas de
clase a través de diversas estrategias.
BIBLIOGRAFIA
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