Sin duda al partir de la realidad áulica, reconocemos que, cada vez
con mayor frecuencia uno de los problemas que más preocupa a los
profesores de cualquier nivel es el de la comprensión lectora;
frecuentemente se preguntan cómo enseñar a los alumnos a comprender lo
que leen. Durante la última década tanto maestros como especialistas se
han propuesto encontrar, desde una perspectiva crítica, nuevas
estrategias de enseñanza basadas en el mejor entendimiento de los
procesos involucrados en la comprensión de la lectura para incorporarlos
al marco teórico que utilizan para enseñarla.
Así, el interés por la comprensión lectora sigue vigente, aun cuando
este fenómeno se creía agotado, sobre todo en la década de los años 60 y
70 en que algunos especialistas consideraron que la comprensión era
resultado directo del descifrado: si los alumnos eran capaces de
denominar las palabras, la comprensión por ende, sería automática. Sin
embargo, a medida que los profesores guiaban más su actividad a la
decodificación, fueron comprobando que la mayoría de los alumnos no
entendían lo que leían.
Los avances de la psicolingüística y la psicología cognitiva a
finales de la década del setenta trataron a la lectura como un conjunto
de habilidades y no sólo de conocimientos (Quintana: 2000).
A partir de este momento surge la teoría interactiva, dentro de la cual
se destaca el empleo por parte de los lectores de sus conocimientos
previos para interactuar con el texto y construir significado.
En esta postura la lectura es un proceso interactivo entre el lector y
el texto, en el cual los individuos buscan información para los
objetivos que guían la lectura, lo cual implica la presencia de un
lector activo que procesa el texto.
En esta serie de etapas la comprensión interviene tanto en el texto, su
forma y su contenido, como en el lector, las expectativas y
conocimientos previos (Solé: 2000).
La teoría combina el modelo ascendente porque necesita saber
decodificar, y el descendente, porque para leer también se requiere de
objetivos, conocimientos y experiencias previas, todo lo cual se
encuentra mediado por la cultura.
En la teoría interactiva son tan importantes el texto, los procesos que
intervienen para su decodificación, y el lector, esto lo explica Isabel
Solé (2000) de la siguiente manera: Cuando el lector se sitúa ante el
texto, los elementos que lo componen generan en él expectativas a
distintos niveles (el de las letras, las palabras..) de manera que la
información que se procesa en cada uno de ellos funciona como input para
el nivel siguiente; así, a través de un proceso ascendente, la
información se propaga hacia niveles más elevados.
Pero simultáneamente, dado que el texto genera también expectativas a
nivel semántico, de su significado global, dichas expectativas guían la
lectura y buscan su verificación en indicadores de nivel inferior
(léxico, sintáctico, grafofónico) a través de un proceso descendente.
Así el lector utiliza simultáneamente su conocimiento del mundo y su
conocimiento del texto para construir una interpretación acerca de
aquél.
Desde el punto de vista de la enseñanza, las propuestas que se basan en
esta perspectiva señalan que los alumnos aprenden a procesar el texto y
sus distintos elementos así como las estrategias que harán posible su
comprensión. Según esta teoría, una persona, para leer, necesita dominar
la decodificación, pero va más allá porque asume que la persona que lee
interpreta el texto, no lo repite de forma mecánica.
El proceso interactivo es al mismo tiempo ascendente y descendente. Al
respecto, Kenneth Goodman (1982) menciona que el proceso de lectura
“debe comenzar con un texto con alguna forma gráfica; el texto debe ser
procesado como lenguaje; y el proceso debe terminar con la construcción
del significado. Sin significado no hay lectura, y los lectores no
pueden lograr significados sin utilizar el proceso”.
En el proceso de interacción entre el lector y el texto, la persona pone
en juego una serie de elementos: la información que facilita el texto,
la información que facilita el contexto y los conocimientos previos que
el lector posee sobre el texto y sobre el mundo (Bofarull: 2001).
Por el conocimiento cultural que posee, es decir, los conocimientos
previos, Goodman afirma que toda lectura es interpretación y que ésta
depende de lo que la persona ya sabe antes de ejercer esta acción.
En este sentido, las personas de una misma cultura construirán un
significado similar pero no el mismo, nadie comprenderá un texto de la
misma manera, es decir, de la misma forma que otra persona. De hecho,
únicamente se pueden realizar interpretaciones sobre la base de lo que
ya se conoce.
Para el modelo interactivo, leer es un proceso en el que interactúan el
texto y el lector, en el que tienen la misma importancia tanto los
procesos lingüísticos como los culturales. Cuando se habla de
experiencias previas nos referimos a los conocimientos anteriores de las
personas, o sea, las estructuras de conocimiento previas (Smith: 1983).
El lector es un sujeto activo que casi siempre buscará significado,
únicamente en casos muy específicos y casi automáticos no lo hará; por
ejemplo, al leer un número telefónico o un número de serie (Solé: 2000).
En otros casos, la persona buscará comprender el texto. Los individuos
buscarán en sus esquemas de conocimiento, realizarán inferencias,
predicciones, seleccionarán la información importante (lo cual depende
de la estructura del texto) y no sólo se centrarán en palabras y
oraciones aisladas (Goodman: 1987).
Finalmente, el modelo interactivo sostiene que la comprensión del texto
se alcanza a partir de la interrelación entre lo que el lector lee y lo
que ya sabe sobre el tema. Interactúan como referentes el contexto, el
texto y el lector (Torres: 1997).
Etapas del proceso de la lectura
Para Solé (1994), la lectura tiene subprocesos, entendiéndose como
etapas del proceso lector: Un primer momento, de preparación anímica,
afectiva y de aclaración de propósitos; en segundo lugar la actividad
misma, que comprende la aplicación de herramientas de comprensión en sí;
para la construcción del significado, y un tercer momento la
consolidación del mismo; haciendo uso de otros mecanismos cognitivos
para sintetizar, generalizar y transferir dichos significados.
La lectura como proceso de adquisición de habilidades de carácter
cognitivo, afectivo y conductual, debe ser tratada estratégicamente por
etapas. En cada una de ellas han de desarrollarse diferentes estrategias
con propósitos definidos dentro del mismo proceso lector.
Solé (1994), divide el proceso en tres subprocesos a saber: antes de la
lectura, durante la lectura y después de la lectura:
Antes de la Lectura
Como todo proceso interactivo, primero debe crearse las condiciones
necesarias, en este caso, de carácter afectivo. O sea el encuentro
anímico de los intercoluctores, cada cual con lo suyo: Uno que expone
sus ideas (el texto), y el otro que aporta su conocimiento previo
motivado por interés propio.
Esta es en síntesis la dinámica de la lectura. En esta etapa y con las
condiciones previas, se enriquece dicha dinámica con otros elementos
sustantivos: el lenguaje, las interrogantes e hipótesis, recuerdos
evocados, familiarización con el material escrito, una necesidad y un
objetivo de interés del lector, no del maestro únicamente.
Durante la Lectura
Es necesario que en este momento los estudiantes hagan una lectura de
reconocimiento, en forma individual, para familiarizarse con el
contenido general del texto. Seguidamente, pueden leer en pares o
pequeños grupos, y luego intercambiar opiniones y conocimientos en
función al propósito de la actividad lectora.
Siendo nuestro quehacer una función integradora, éste es un auténtico
momento para que los estudiantes trabajen los contenidos transversales,
valores, normas y toma de decisiones; sin depender exclusivamente del
docente. Claro está que él, no es ajeno a la actividad. Sus funciones
son específicas, del apoyo a la actividad en forma sistemática y
constante.
Después de la Lectura
De acuerdo con el enfoque socio-cultural Vigotsky, L. (1979), la
primera y segunda etapa del proceso propiciará un ambiente socializado y
dialógico, de mutua comprensión. La actividad ha de instrumentalizar el
lenguaje como herramienta eficaz de aprendizaje, de carácter
ínterpsicológico.
En esta etapa todavía está vigente la interacción y el uso del lenguaje,
cuando se les propone a los estudiantes la elaboración de esquemas,
resúmenes, comentarios, etc. Aquí el trabajo es más reflexivo, crítico,
generalizador, metacognitivo, metalingüístico; o sea que el aprendizaje
entra a un nivel intrapsicológico.
La experiencia activada con el lenguaje se convierte en imágenes de
carácter objetivo; los que vienen a integrarse a los esquemas mentales
del sujeto, para manifestarse luego en su personalidad (formación
integral). El fin supremo en todo aprendizaje significativo es eso,
formar nuevas personas razonadoras, críticas, creativas, con criterios
de valoración propios al cambio.
Los niveles de comprensión lectora
Los niveles de comprensión deben entenderse como procesos de pensamiento
que tienen lugar en el proceso de la lectura, los cuales se van
generando progresivamente; en la medida que el lector pueda hacer uso de
sus saberes previos.
Para el proceso de enseñanza y aprendizaje de la lectura es necesario
mencionar los niveles existentes:
Nivel Literal o comprensivo
Reconocimiento de todo aquello que explícitamente figura en el texto
(propia del ámbito escolar). Implica distinguir entre información
relevante y secundaria, encontrar la idea principal, identificar las
relaciones de causa – efecto, seguir instrucciones, identificar
analogías, encontrar el sentido a palabras de múltiples significados,
dominar el vocabulario básico correspondiente a su edad, etc. para luego
expresarla con sus propias palabras.
Mediante este trabajo el docente comprueba si el alumno puede expresar
lo que ha leído con un vocabulario diferente, si fija y retiene la
información durante el proceso lector y puede recordarlo para
posteriormente explicarlo.
Nivel Inferencial
Se activa el conocimiento previo del lector y se formulan hipótesis
sobre el contenido del texto a partir de los indicios, estas se van
verificando o reformulando mientras se va leyendo.
La lectura inferencial o interpretativa es en sí misma "comprensión
lectora", ya que es una interacción constante entre el lector y el
texto, se manipula la información del texto y se combina con lo que se
sabe para sacar conclusiones.
Esto permite al maestro ayudar a formular hipótesis durante la lectura,
a sacar conclusiones, a prever comportamientos de los personajes y a
realizar una lectura vivencial.
Nivel Criterial
En este nivel de comprensión el lector después de la lectura,
confronta el significado del texto con sus saberes y experiencias, luego
emite un juicio crítico valorativo y la expresión de opiniones
personales acerca de lo que se lee. Puede llevarse en un nivel más
avanzado a determinar las intenciones del autor del texto, lo que
demanda un procesamiento cognitivo más profundo de la información.
ESTRATEGIAS PARA LA COMPRENSIÓN LECTORA
La comprensión lectora, es el proceso mediante el cual el lector
establece relaciones interactivas con el contenido de la lectura,
vincula las ideas con otras anteriores, las contrasta, las argumenta y
luego saca conclusiones personales. Estas conclusiones de información
significativa, al ser asimiladas y almacenadas por el lector, enriquecen
su conocimiento.
Morles (1987) manifiesta que “Sin comprensión no hay lectura”. Por
tanto, la lectura para la comprensión, no puede ser superficial o vaga.
Debe ser activa, exploratoria, indagatoria, donde la conexión o enlace
que se efectúe con otros conocimientos ya adquiridos, proporcione nuevas
ideas que sean importantes y con alto grado de significación para el
lector.
Desde el punto de vista del lector, el lenguaje es información brindada
por medio de códigos que deben ser procesados. Los procesamientos
mentales son básicamente perceptivos, de memoria y cognoscitivos y
suponen una capacidad de inteligente potencial.
Por que la comprensión durante la lectura consiste en el despliegue
de un conjunto de actividades que tienen por finalidad la extracción o
elaboración del significado.
Resulta así evidente que la comprensión o habilidad de los sujetos para
procesar información semántica es solo uno de los procesos de lectura a
ser analizado, ya que estos implican, además, habilidades para el manejo
de otros niveles de información lingüística como son el fonológico, el
sintáctico y el pragmático. La lectura exige el manejo secuencial y/o
simultaneo de información específica correspondiente a los diferentes
niveles de estructuración del mensaje.
Entre algunas de las habilidades que se postulan como subyacentes a la
comprensión lectora, pueden mencionarse: conocimiento léxico,
identificación de ideas centrales, habilidad para hacer inferencias,
habilidad para establecer generalizaciones, comprensión literal y
comprensión de la intención del autor.
Es por eso que Solé (1994), divide el proceso de la lectura en tres
subprocesos a saber: antes de la lectura, durante la lectura y después
de la lectura. Solé recomienda que cuando uno inicia una lectura se
acostumbre a contestar las siguientes preguntas en cada una de las
etapas del proceso, antes de la lectura; ¿Para qué voy a leer?
(Determinar los objetivos de la lectura), ¿Qué sé de este texto?
(Activar el conocimiento previo), ¿De qué trata este texto?, ¿Qué me
dice su estructura? (Formular hipótesis y hacer predicciones sobre el
texto).
Durante la lectura; formular hipótesis y hacer predicciones sobre el
texto, aclarar posibles dudas acerca del texto, resumir el texto, releer
partes confusas, consultar el diccionario y pensar en voz alta para
asegurar la comprensión. Después de la lectura; hacer resúmenes,
formular y responder preguntas, recontar y utilizar organizadores
gráficos.
Los enfoques que de forma más extendida estamos utilizando en la
enseñanza de la lectura como en la enseñanza de la comprensión lectora,
(el enfoque ascendente) se inicia con el reconocimiento de las unidades
lingüísticas más pequeñas (letras, palabras...) hasta llegar a las
unidades superiores (frases, oraciones). Lo importante por tanto en este
enfoque es trabajar en la decodificación: si los alumnos son capaces de
decodificar, la comprensión tendrá lugar de forma automática.
Existe también un enfoque descendente en el que se apuesta, porque el
hecho de que la comprensión de un texto comienza con hipótesis o
predicciones que provienen de sus experiencias pasadas, su conocimiento
del lenguaje y del mundo. El lector es quien crea el texto y su papel se
recrece.
Por lo tanto, el enfoque interactivo concibe la comprensión como un
proceso a través del cual el lector elabora un significado en
interacción con el texto. Lector y texto tienen la misma importancia,
aunque otorga gran importancia a los conocimientos previos del lector a
la hora de enfrentarse a cualquier tipo de texto.
Según su función los niveles de comprensión lectora pueden ser: de
decodificación, el cual consiste en el reconocimiento de palabras y la
asignación el significado fonético que se refiere a la pronunciación y
el significado de las palabras es un prerrequisito para alcanzar la
comprensión lectora. Mientras, el nivel de comprensión literal: hace
énfasis en el entendimiento de la información explicita que contiene el
texto, si el estudiante no esta en la capacidad de entender la
información tendrá problemas para ascender al otro nivel.
Por otro lado, en la comprensión inferencial: en este nivel el
estudiante va “más alla” de lo dicho en la información escrita, o el
contenido del texto, porque son las ideas o elementos que no están
expresados explícitamente en el texto sino lo contrario en forma
implícita.
Por ultimo, el nivel de la metacomprension; hace que el lector puede
reflexionar sobre el contenido del texto, llegando a una comprensión del
mismo, evalúa y adopta una postura al realizar una critica y tomar
decisiones.
Existe un acuerdo generalizado en considerar que las estrategias
responsables de la comprensión durante la lectura que se pueden fomentar
en actividades de lectura compartida son las siguientes: formular
predicciones del texto que se va a leer, plantearse preguntas sobre lo
que se ha leído, aclarar posibles dudas acerca del texto y resumir las
ideas del texto. De lo que se trata es que el lector pueda establecer
predicciones coherentes acerca de lo que va leyendo, que las verifique y
se implique en un proceso activo de control de la comprensión.
CONCLUSIÒN
Las estrategias de comprensión lectora son procedimientos de carácter
elevado, que implican la presencia de objetivos que cumplir, la
planificación de las acciones que se desencadenan para lograrlos, así
como su evaluación y posible cambio.
Esta afirmación tiene varias implicaciones: si las estrategias de
lectura son procedimientos y éstos son contenidos de enseñanza, entonces
hay que enseñar estrategias para la comprensión de textos que implican
lo cognitivo y lo metacognitivo. Lo que caracteriza a la mentalidad
estratégica es su capacidad para representarse y analizar los problemas
y la flexibilidad para dar soluciones. De ahí que al enseñar estrategias
de comprensión lectora haya que primar la construcción y uso por parte
de alumnos de procedimientos de tipo general que puedan ser transferidos
sin mayores dificultades a situaciones de lecturas múltiples y variadas.
Es necesario enseñar estrategias de comprensión porque queremos hacer
lectores autónomos, capaces de enfrentarse de manera inteligente a
textos de muy diferente índole, la mayoría de las veces, distintos de
los que se usa cuando se instruye. Estos textos pueden ser difíciles,
por lo creativos o porque estén mal escritos. En cualquier caso, dado
que responden a una gran variedad de objetivos, cabe esperar que su
estructura sea también variada, así como lo será su comprensibilidad.
Hacer lectores autónomos significa también hacer lectores capaces de
aprender de todos los textos. Para ello, quien lee debe ser capaz de
interrogarse acerca de su propia comprensión, establecer relaciones
entre lo que lee y lo que forma parte de su acervo personal, cuestionar
su conocimiento y modificarlo, establecer generalizaciones que permitan
transferir lo aprendido a otros contextos distintos.
Las estrategias deben permitir al alumno la planificación de la tarea
general de lectura y su propia ubicación ante ella (motivación,
disponibilidad). Facilitarán la comprobación, la revisión y el control
de lo que se lee, y la toma de decisiones adecuada en función de los
objetivos que se persigan.
Es así como las tareas de lectura compartida deben ser consideradas como
la ocasión para que los alumnos comprendan y usen las estrategias que le
son útiles para comprender los textos. También deben ser consideradas
como el medio más poderoso de que dispone el profesor para proceder a la
evaluación formativa de la lectura de sus alumnos y del proceso mismo, y
en este sentido, como un recurso imprescindible para intervenir de forma
contingente a las necesidades que muestran o que infiere de sus alumnos.
Lo importante es entender que para ir dominando las estrategias
responsables de la comprensión (anticipación, verificación,
autocuestionamiento...) no es suficiente con explicarlas, es necesario
ponerlas en práctica comprendiendo su utilidad. Es necesario que los
alumnos comprendan y usen las estrategias señaladas, ya que no hay que
olvidar que el fin último de toda enseñanza, y también en el caso de la
lectura, es que los aprendices dominen con autonomía los contenidos que
fueron objeto de instrucción.
Si queremos que nuestros alumnos se conviertan en constructores de
significado, en lugar de lectores pasivos de textos que transfieren
únicamente la información, es necesario cambiar la forma de enseñar la
comprensión lectora, para ello debemos modificar nuestras prácticas de
clase a través de diversas estrategias.
BIBLIOGRAFIA
ALONSO J. MATEOS (1985). Comprensión lectora. Barcelona: Editorial Grao.
A. ROJAS (Julio 2005). Materiales de lectura. UNE, pp. 17-20.
BURON, J. (1993). Enseñar a aprender: introducción a la metacognición.
Bilbao: Ediciones Mensajeros.
CARNEY T. H. (1992). La enseñanza de la comprensión lectora. Madrid:
Editorial Morata.
GARCIA, MADRUGADA (1986). Aprendizaje comprensión y retención de textos.
Madrid: ICE-UNEI.
SOLE, ISABEL (1992). Estrategias de lectura. Barcelona: Editorial Grao.
SOLE, ISABEL (1996). Estrategias de comprensión de la lectura.
Barcelona: Editorial Grao.
Licenciatura en ciencias de la educación.
Actualmente maestría en docencia media superior y superior.
Minatitlan, Mexico.
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