UN TRATADO NO SOLO COMERCIAL
Existen dos tipo de tratados, los comerciales y los políticos. El
segundo de estos se da en condiciones de guerras, por ejemplo cuando dos
países acuerdan la mutua defensa de sus territorios, acuerdos
fronterizos u otros tratados que tienen como objetivo coordinar acciones
en dirección a lograr resolver situaciones relativas a los intereses
políticos de cada uno de los participantes en la firma del tratado. Los
acuerdos comerciales regulan asuntos económicos, relacionadas con el
comercio internacional de bienes y servicios, movimientos de capitales y
en general asuntos relacionados con la economía.
El Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y República Dominicana
con EEUU, es un caso muy especial, dado que aunque sus objetivos son
comerciales; tiene un componente político de alta intensidad. Para el
caso del TLC CR-EEUU, el asunto es más complicado, tanto que pese a que
los países del resto de Centroamérica y República Dominicana lo
firmaron, aun no ha sido así en Costa Rica.
Ese componente político tiene que ver con el sometimiento de nuestro
país a transformar de un solo tajo, su organización social, política y
económica, orientando una base cimentada en principios de solidaridad
social, a una en principios neoliberales.
Las relaciones de producción en nuestro país se desarrollan dentro de
una economía mixta, en la cual el estado juega un papel preponderante.
Este estilo de organización le ha dado importantes frutos al país,
haciéndolo diferente del resto de países que conforman la región,
incluyendo a República Dominicana.
Esa base de nuestra sociedad, cimentada en principios de cooperación y hasta cierto punto una participación de sus habitantes en la propiedad social de los medios de producción mediante instituciones públicas, cooperativas e importantes empresas públicas, ha conformado una superestructura con conceptos muy diferentes, que se han arraigado en el costarricense y le han dado una forma de ser.
El componente clasista de la superestructura está más presente
en otros países de la región, por lo cual el cambio político que implica
un TLC, en apariencia no es esencial para la sociedad, mientras que en
nuestro país tienen un hondo significado, de ahí la reacción esperada
cuando se quiere debilitar esa propiedad social que históricamente ha
generado una identidad.
El Tratado de Libre Comercio con EEUU, se impone coercitivamente sobre
la superestructura, corroyendo los cimientos políticos, filosóficos y
jurídicos.
Los conceptos se basan en un principio de solidaridad que se apoya
en proyectos que como las garantías sociales se mantuvieron no obstante
que entre ellos intermedió una guerra civil, principios como la
educación gratuita, obligatoria que realmente cubre a la mayoría de la
población, a instituciones sociales en el campo de la vivienda, la
energía, los seguros, las comunicaciones etc. De manera, que aun en el
siglo XXI, un costarricense lo piensa varias veces antes de invertir sus
ahorros en un banco privado, mientras que para un hondureño, por
ejemplo, eso es lo habitual.
Ese aspecto obliga a nuestros gobernantes y legisladores a renegociar
condiciones, de manera que el TLC -para el caso costarricense- tenga en
cuenta esas características estructurales que definen la idiosincrasia
del costarricense. Porque en realidad, las imposiciones en el TLC van
orientadas a que el cambio en la base social que nos caracteriza vaya
acompañado –como por decreto- de un cambio en la superestructura, lo
cual no es un asunto de negociación. Pretender una base sustentada en
principios neoliberales es pasar por alto el desarrollo histórico de
nuestra nación y pretender disolver una superestructura sólida,
cimentada en principios que comparte una gran mayoría de costarricenses.
EL EFECTO DE LA PUBLICIDAD EN LA LEGITIMIZACIO DE LA SUPERESTRUCTURA
Los aparatos ideológicos, principalmente la prensa y gremios
empresariales y patronales, hacen sendos esfuerzos por deslegitimar la
superestructura, para ello tiene a su haber un conjunto de
intermediarios, que con base en un cientificismo vulgar, encuentran en
sus argumentos formas de debilitar los conceptos y principios en que se
cimienta.
El cuestionamiento principal se fundamenta en tratar de hacer creer que el TLC es la única alternativa y que oponerse a éste es nadar contra corriente. Por otra parte, atacan con cruel dureza a instituciones que son fundamentales para el crecimiento y desarrollo del país; justificando a la libre competencia como forma de que estas instituciones o crezcan o se mueran
. Este determinismo histórico, conlleva a que la opinión del costarricense en algunos casos, se oriente a considerar a las instituciones como empresas lentas, opuestas al cambio y sin capacidad de respuesta. Sin embargo, los resultados no son así: en el campo de la salud los indicadores sociales colocan a Costa Rica en la número 1 de la región, lo mismo en cuanto a desarrollo tecnológico, donde ni siquiera es superada por países como Panamá, los cuales pese a esa superestructura basada en principios neoliberales no ha superado los estándares de nuestro país.
Igualmente ocurre en los campos de manejo de hidrocarburos, donde históricamente RECOPE ha demostrado ser uno de los compradores más eficientes de América Latina y un excelente distribuidor, pese a la forma en que diferentes gobiernos han boicoteado su quehacer, impidiéndole crecer, mejorar su infraestructura y ser más agresivos, tratando de llevarlo a la debacle y a la muerte por inanición.
No obstante que el precio de la gasolina incluye impuestos de bienestar social, siguen siendo competitivos con el resto de Centroamérica, lo que demuestra las altas utilidades que aplican a los combustibles los monopolios de esos países, Shell, Texaco o como se llamen.

En el campo de los seguros el asunto es crítico, se pretende liberar el mercado de seguros, tal como funciona en el resto de la región, no obstante en ninguno de los países que negociaron el TLC, existe un sistema de riesgos de trabajo o de seguro obligatorio de automóviles. En estos países ninguna empresa de seguros privada quiere asumir semejante proyecto, ya que eso significa un riesgo, el de tener pérdidas.
El costo social de carecer de estos seguros es altísimo; personas
accidentadas y atropelladas son dejadas en la calle y no existe ningún
apoyo que cubra la atención médica requerida, incluso este aspecto es ya
un problema grave en esos países. Igual ocurre con los trabajadores que
realizan actividades de riesgo, quienes no son protegidos
obligatoriamente, los patronos en tales casos se limitan en casos de
excepción a comprar pólizas colectivas, las cuales se las vende cuando
son altamente rentables, o sea, que incluyan muchos trabajadores y bajos
niveles de riesgo en la actividad.

El costarricense en general, no tiene la dimensión real de lo que ha
logrado, de lo que tiene y mucho menos de lo que puede perder, se le
oculta, se le distorsiona, se le manipula y se le presenta como algo que
no le pertenece. Un ICE propiedad de bellacos, sindicalistas que lo
utilizan para sus intereses, donde hay salarios millonarios y ejecutivos
que se quedan con las utilidades. Panoramas totalmente deformes y
manipulados son la tónica de cada día, por medio de pequeñas y grandes
noticias que van minando la imagen de las instituciones públicas.
Hay una represión ideológica contra instituciones públicas de educación
superior, hacen ver a sus profesores y profesoras como seres diabólicos
que deforman la mente de los estudiantes y a sus estudiantes como
terroristas dispuestos al ataque violento, hasta ese nivel ha llegado la
desesperación de los medios de comunicación que están a favor de un
modelo social, político y económico basado en principios neoliberales.
UN TRATADO DESIGUAL
Los tratados, en este caso los comerciales, se dan con el objetivo de
hacerse concesiones mutuas entre los países. De manera que se espera que
en un tratado igualitario las concesiones se den de tal manera que a=b,
donde a son las concesiones que brinda el país A y b las que brinda el
país B. Sin embargo un tratado no siempre es igualitario, y lo que hace
es establecer condiciones comerciales tales que a > b, donde la
diferencia entre a y b es igual a c (a-b= c), donde c es ese conjunto de
beneficios excedentes que A recibe de B. Es un asunto simple de
aritmética.
En este sentido, el TRATADO DE LIBRE COMERCIO, como concepto general es un conjunto de enunciados donde dos países se comprometen a “marcar condiciones” para que el intercambio comercial funciones libremente, que haya un flujo totalmente libre de cualquier “distorsión”. Eso significa que ni más ni menos, EEUU le dice a Costa Rica, “te quiero libre, libre como el viento”.
Esa “libertad” le permitirá ingresar sin ninguna barrera, sin imposiciones de ningún tipo. Pero esa “libertad” tienen un alto costo de oportunidad para Costa Rica, en el sentido que hemos expuesto anteriormente al hacer referencia a los cambios estructurales; pero hay más, esa libertad le permite a EEUU invertir en Costa Rica, vender sus productos, utilizar su infraestructura, penetrar mercados cautivos, aplicar economías de escala y en términos generales aplicar todas sus ventajas competitivas y comparativas en el desarrollo de mercados, mientras que Costa Rica, muy tímidamente buscará introducir, además de lo que ya exporta, chayotes, flores, tubérculos, y otros productos de bajo impacto y altamente volátiles, mientras que se desarrollan mercados y empresas exportadoras, con la limitación de que ese desarrollo de dichas empresas se verá limitada por el ingreso y penetración de las empresas estadounidenses.
Al final, león contra burro amarrado, y terminaremos suministrando fuerza de trabajo a las transnacionales, con salarios equiparados con el mercado laboral centroamericano y caribeños, con términos de intercambio decrecientes como ha sido históricamente, solo que ahora encontrados totalmente desarmados.
Un país dirigido al abismo, exánime y listo para anexarse, ya no como estrella, sino que como colonia. Los economistas sabemos que hay una serie de instrumentos gráficos y matemáticos que demuestran que bajo condiciones de libre mercado se da una tendencia al equilibrio, pero la economía positiva llega hasta ahí.
El equilibrio lo establece el país que políticamente ejerce el poder,
ese punto de equilibrio se coloca a favor del país con dominio político,
quienes ignoran este aspecto, se limitan (como argumentan esos líderes
políticos que pasaron de su bufete, de su escuela o colegio o de su
empresa o negocio a las sillas públicas del poder) a argumentar que el
libre comercio es la alternativa, según ellos solamente se trata de
competir.
El excedente que hemos denominado ( c ) es lo que Costa Rica daría de
más en el intercambio, además de reestructurarse y disolver su esquema
de país con una fuerte participación estatal; a ser un país basado en el
libre mercado, perdiendo todas las características que lo han hecho un
país menos subdesarrollado. Ese excedente abarcaría aspectos, entre
otros; como los siguientes:
Mercados cautivos
Entrega de infraestructura de comunicación
Mano de obra calificada
Recursos naturales
Tierra barata para que se instalen empresas y residencias de ciudadanos
estadounidenses
Exigencias de uso tecnológico (“software” originales de alto precio)
Impedir uso de genéricos.
La lista que incluye estos excedentes es enorme. El gran error es
ingenuamente creer que el libre mercado le permitiría a nuestro país dar
ese salto esperado de una etapa inferior a una superior, como lo han
hecho creer las teorías rostownianas del crecimiento.
Crecer bajo un esquema neoliberal, siendo país subdesarrollado y dependiente es imposible. Ese crecimiento esperado sería el que nos permitan los centros, los enfoques de las teorías del subdesarrollo plantearon con mucha rigurosidad científica esta situación, adaptarlos a una época, que aunque muy diferente a los años 60´s y 70´s daría señales en torno a las a las tendencias que de ahí se derivan.
La ruptura colonial en nuestros países, fue seguida de una
hegemonía desde afuera de los centros, con el apoyo político de la clase
dominante interna en cada uno de los países. Con el TLC, lo que vamos a
tener es un centro hegemónico, ya no solo con el poder que siempre ha
tenido, sino que con el poder que le da un marco jurídico superior,
extra-territorial que abre las puertas al ingreso de un mercado
altamente competitivo, con capacidad sobrada de inversión, monopólicos,
expertos y con la voracidad propia del capitalismo monopolista, donde ya
no es un banco o una empresa de seguros la que vendría a instalarse, se
tratan de consorcios, fusiones y alianzas estratégicas para repartirse
lo que les queda del mundo, monstruos empresariales que realizan la
totalidad de los negocios, son bancos, son aseguradoras, son fondos de
pensiones y en general forman cadenas que impiden el ingreso de empresas
y por lo tanto la competencia sana termina siendo un eslogan que
lamentablemente nuestros gobernantes defienden a capa y espada.
Dr.
Fernando Zúñiga Umaña Economista y Politólogo Profesor del
Doctorado de Pensamiento Latinoamericano en
América
Latina de la Universidad Nacional Cátedra: Tendencias Sociales y
Políticas en América latina.
perspectarrobaice.co.cr
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