El oficio de gerente
11-2005
Resumen
Dirigir una organización o una parte de ella supone un conjunto de
responsabilidades. Un gerente debe cumplir ciertas funciones:
planeación, organización , dirección y control . O, si se quiere ver
desde otra perspectiva, debe desempeñar determinados roles:
interpersonales , informativos y decisorios . Para ello tiene que
aprender y desarrollar algunas habilidades: técnicas, humanísticas y
conceptuales . Y debe, así mismo, familiarizarse con ciertos conceptos
que operen como base filosófica de su conducta, algunos relacionados con
las personas , otros con las organizaciones.
Las cuestiones señaladas requieren una definición convencional pero
precisa de conceptos claves como organización , administración ,
gerencia y liderazgo.
Organización y administración
Abordemos, en primer lugar, el concepto de organización. En las ciencias
administrativas el término organización se acepta en dos sentidos: como
proceso y como estructura.
En el primero de esos sentidos, se concibe la organización como un
proceso mediante el cual se intenta poner orden en el caos, hacer
previsibles los actos de las unidades que componen un sistema. Más
concretamente, hace referencia al conjunto de actos a través de los
cuales se convierte un plan en actividades específicas, se asignan
responsabilidades y recursos, se fijan mecanismos de coordinación y se
establecen líneas de autoridad. Es, en suma, un proceso a través del
cual se crea y se controla una estructura para alcanzar determinados
objetivos.
La segunda acepción del término organización, que será la utilizada en
este texto, la presenta como una estructura social orientada a metas
específicas. Alrededor de esta idea han surgido numerosas definiciones.
Unas muy sencillas, otras más elaboradas.
Algunos autores, como Hersey, Blanchard y Johnson (1998) definen la
organización de manera muy escueta como “un grupo con metas declaradas y
formales” (p.364)
Robbins (2004), incorpora los elementos de coordinación y continuidad,
cuando señalan que la organización es “ una unidad social, coordinada
deliberadamente, compuesta de dos o más personas que funciona de manera
más o menos continua para alcanzar una meta o varias metas comunes” (p.
4).
Tal definición deja escapar, sin embargo, otros elementos importantes
como la membresía, la complejidad y la inserción de las organizaciones
en una sociedad históricamente determinada.
Así, en el contexto del presente artículo entenderemos la organización
como una formación social articulada, continua y formalmente
constituida, integrada por un conjunto precisable de miembros, quienes
utilizando conocimientos y técnicas específicos, y desarrollando
funciones diferentes, conjugan esfuerzos con el propósito de alcanzar
objetivos orientados a satisfacer alguna de las necesidades básicas de
la sociedad en la cual se halla inscrita.
Para lograr sus objetivos, las organizaciones utilizan distintos tipos
de recursos (financieros, técnicos, materiales y humanos). El proceso de
combinar de manera óptima tales recursos para alcanzar aquellos fines es
lo que suele denominarse administración.
La administración, al igual que la organización, puede ser definida de
muy diferentes maneras. Kats y Rosenzweig (1996), por ejemplo, la
definen como la “coordinación de hombres y recursos para el logro de
ciertos objetivos” (p. 5).
Hersey et al. ( op. cit.) indican, con un poco más de detalle, que la
administración es un “proceso de trabajar con y por medio de individuos,
grupos y otros recursos (equipo, capital y tecnología) para alcanzar las
metas de la organización” (p. 7).
Estas y cualquier otra definición que se haga de administración,
contienen dos elementos comunes: la conducción de individuos y el logro
de objetivos.
Para destacar el aspecto de la coordinación y diferenciar el papel de
los recursos humanos con relación al resto de los recursos, preferimos
definir la administración como un proceso mediante el cual se coordina
el trabajo de un grupo de personas para alcanzar los objetivos
organizacionales, utilizando para tal fin recursos financieros
materiales y técnicos que la organización pone a su disposición.
Un administrador, entonces, no es otra cosa que una persona que alcanza
objetivos organizacionales a través de otras personas. Estamos aquí
usando el término administrador como status ocupacional (posición que
permite a un individuo dirigir a otros en la consecución de fines), no
como profesión (condición de una persona que ha obtenido un grado
académico en el área).
Como status ocupacional, administrador, directivo, manager y gerente
pueden usarse como términos intercambiables, debiendo aclarar, en este
caso, que el término gerente no se reduce a quienes ostentan
oficialmente esa denominación, sino a cualquier persona (un supervisor
de línea, por ejemplo) que dirija a otros hacia el logro de ciertos
objetivos organizacionales.
Gerentes y líderes
Sin ahondar en un tema tan polémico (asunto que hemos reservado para
otro escrito), juzgamos conveniente esclarecer la relación entre
gerencia (o administración, o management) y liderazgo. No son,
definitivamente, términos intercambiables. Las relaciones entre ambos
conceptos han sido presentadas desde tres perspectivas.
Algunos autores consideran que el liderazgo forma parte, entre otras, de
las responsabilidades del gerente. Davis y Newstrom (2003) afirman que
“El liderazgo es una parte importante de la administración, pero no es
la única”. (p.194).
Además de liderar, señalan, “los gerentes también planean actividades,
organizan estructuras y controlan recursos” (Ibid.)
Para otros autores, el liderazgo es un proceso más general que la
administración (o gerencia, o management). Hersey et al. ( op. cit.)
señalan: ”En esencia, liderazgo es un concepto más amplio que
administración. La administración es una clase especial de liderazgo,
regida por la consecución de metas organizacionales” (p. 7).
Finalmente, otros estudiosos simplemente conciben al liderazgo y la
administración como dos procesos diferentes (sin que ninguno incluya al
otro), que pueden ser complementarios y a veces hasta incompatibles.
Burt Nanus (1994), verbigracia, ha escrito:
Las tareas y las funciones de los líderes son diferentes de las de los
managers, como también lo son sus perspectivas, aptitudes, evaluaciones
de éxito y funciones dentro de la organización. En numerosos casos, el
liderazgo es un trabajo de tiempo completo, y quienes tratan de ser
managers y líderes al mismo tiempo tienen dificultades para realizar
ambas tarea en forma eficaz (p. 41)
Caroselli (2002), en sintonía con este enfoque, precisa: “Mientras un
directivo trabaja para alcanzar las metas de la organización, la función
del líder consiste en definir nuevos objetivos, revisar y reciclar los
antiguos o emprender nuevas líneas de actuación” (p. 3)
Para ser consistentes con la visión de los autores cuyos planteamientos
se presentan más adelante, en este artículo conservaremos la visión
tradicional de la gerencia como un concepto más amplio que incluye al
liderazgo.
Funciones administrativas o gerenciales
Alcanzar objetivos organizacionales mediante la coordinación de los
esfuerzos individuales de otros, no es un proceso que pueda dejarse al
azar. Requiere la realización sistemática de un conjunto de actividades
que suelen agruparse en varias funciones administrativas o gerenciales.
Hace casi un siglo Henry Fayol estableció cinco funciones
administrativas: planeación, organización, dirección, coordinación y
control. Con el correr del tiempo y el desarrollo del pensamiento
gerencial, las citadas funciones han quedado reducidas a cuatro. La
mayoría de los autores señalan las funciones de planeación (o
planificación), organización, dirección (o liderazgo, o motivación) y
control: Robbins ( op. cit., p.4); Gibson, Ivancevich y Donelly (2001,
pp. 17-21) y Hersey et alt. ( op. cit., pp. 10-11). Menos frecuente es
la desagregación de las funciones gerenciales en un número mayor, como
es el caso de Kast y Rosenzweig . (o p.cit., pp. 420-425), quienes
presentan seis funciones: fijación de objetivos, planeación, integración
de recursos, organización, aplicación (implementación) y control.
Revisemos las cuatro funciones típicas del quehacer gerencial.
Planeación
Es el punto de partida del proceso administrativo, incluye el
establecimiento de objetivos y metas, y el diseño de estrategias para
alcanzarlos. Los resultados de esta operación marcan el rumbo de la
organización: en esa dirección se encaminan los esfuerzos de sus
miembros.
Organización
Esta función operacionaliza y da sentido práctico a los planes
establecidos. Abarca la conversión de objetivos en actividades
concretas, la asignación de actividades y recursos a personas y grupos,
el establecimiento de mecanismos de coordinación y autoridad (arreglos
estructurales) y la fijación de procedimientos para la toma de
decisiones.
Dirección
Es la activación, orientación y mantenimiento del esfuerzo humano para
dar cumplimiento a los planes. Incluye la motivación de las personas
para la realización de sus labores, la instauración de un liderazgo como
guía, la coordinación de los esfuerzos individuales hacia el logro de
objetivos comunes y el tratamiento de conflictos.
Control
La función de control busca asegurar que los resultados obtenidos en un
determinado momento se ajusten a las exigencias de los planes. Incluye
monitoreo de actividades, comparación de resultados con metas
propuestas, corrección de desviaciones y retroalimentación para
redefinición de objetivos o estrategias, si fuera necesario.
Roles gerenciales
El enfoque inspirado por Fayol indica con poca precisión lo que los
gerentes realmente hacen. Sugiere que el gerente planifica de manera
reflexiva y sistemática, que un gerente eficiente no se ocupa de
actividades rutinarias, que sus decisiones se apoyan en un sistema
formal de información y que habitualmente actúa basándose en métodos,
técnicas y procedimientos científicos.
Henry Mintzberg, a finales de la década de los 60, intentó demostrar que
esa visión no era muy cierta ni muy útil. Este investigador hizo
evidente que los gerentes trabajan sin tregua, en actividades breves,
discontinuamente, orientados a la acción y en forma poco reflexiva.
Realizan, además, actividades rutinarias, buscan información por medios
no formales y, muy frecuentemente, apelan a su buen juicio o a su
intuición en la toma de decisiones.
Para Mintzberg, un gerente, de cualquier nivel, ejerce una autoridad
formal. Ocupa por lo tanto un status o posición social desde donde debe
interactuar con otras personas. De tales interrelaciones surge un flujo
de información que permite la toma de decisiones en la organización o la
unidad que dirige.
Así, Mintzberg (1986, pp. 55-67), estableció diez roles que todo gerente
desempeña cotidianamente. Los agrupó en tres conjuntos:
Roles interpersonales , asociados con la interacción del gerente con
otros miembros de la organización: superiores, subordinados, iguales y
personas externas a la organización.
Figura ceremonial : como “cabeza” de la organización o la unidad, la
representa formal y simbólicamente tanto interna como externamente.
Líder motivador: como responsable del trabajo de las personas que
integran su organización o su unidad, el gerente tiene autoridad para
contratar, adiestrar, motivar y retroalimentar a los trabajadores,
además de conciliar las necesidades individuales de sus subordinados con
las de la organización.
Enlace : como representante de la organización o unidad, el gerente
establece contactos al margen de la cadena formal de mando. Tales
interacciones le brindan la posibilidad de obtener información útil para
la toma de decisiones.
Roles informativos , relacionados con la recepción, procesamiento y
transmisión de información. La posición del gerente en la jerarquía
organizacional le permite tejer una red de contactos (externos e
internos) que le da acceso a información a la que, por lo general, no
acceden los otros integrantes de su equipo.
Monitor: recoge información tanto interna como externa, gracias a la red
de contactos personales. Una buena parte de esa información le llega de
manera verbal e informal.
Diseminador : comparte y distribuye entre los miembros de su
organización o su unidad información útil proveniente de sus contactos
externos.
Vocero : envía información a personas ajenas a su organización o unidad.
En otras palabras, transmite información desde su organización al
entorno o desde su unidad a otras instancias de la organización.
Roles decisorios , vinculados con la toma de decisiones. El gerente
utiliza la información disponible para fundamentar la escogencia de
opciones entre diferentes alternativas.
Emprendedor: genera iniciativas para adaptar la organización o unidad
que dirige a las cambiantes condiciones del entorno. Por lo general, los
proyectos que gerencia son varios y normalmente se encuentran en
distintas etapas de desarrollo.
Manejador de perturbaciones : atiende alteraciones imprevisibles que
generan alta presión en el seno de su organización o unidad: conflictos
internos, bancarrota de un cliente importante, desastres o accidentes,
por ejemplo.
Distribuidor de recursos : asigna recursos de distinta naturaleza al
interior de la organización o unidad. Quizás el recurso más importante
sea su propio tiempo. Este papel también tiene que ver con la
autorización de decisiones de otros y con la necesidad de garantizar la
coherencia de tales decisiones con la estrategia general de la unidad
organizativa que dirige.
Negociador : atiende y negocia situaciones de competencia o conflicto,
tanto internamente (en el seno de la organización o la unidad que
dirige) como con entes externos a su unidad organizativa.
Esta forma de ver el trabajo de los directivos es de mucha utilidad
cuando se trata de determinar las habilidades que un gerente potencial o
en ejercicio debe desarrollar para garantizar eficiencia en su
desempeño.
A pesar de los años transcurridos desde que Mintzberg hizo públicos sus
hallazgos, sus planteamientos siguen teniendo vigencia, como lo
demuestra la referencia que de ellos hacen autores contemporáneos como
Robbins ( op. cit., pp. 5-7), Hersey et alt. ( op. cit., pp. 11-12) y
Gibson et alt. ( op. cit., p. 18)
Habilidades gerenciales
Para el cumplimiento eficiente de sus funciones o el desempeño exitoso
de sus roles, el gerente necesita desarrollar determinadas habilidades.
Robert Katz (1986, pp. 43-54), en un trabajo que sigue siendo de
obligatoria referencia, determinó que los directivos deben desarrollar
tres tipos de habilidades.
Habilidad técnica : conocimientos especializados en el área específica
de trabajo, capacidad para analizar problemas mediante el uso de
herramientas y técnicas de esa especialidad.
Habilidad humanística (sensibilidad): capacidad para relacionarse con
otras personas y trabajar en grupos hacia el logro de objetivos comunes,
autoconocimiento (conciencia de sus propias actitudes, posiciones y
conceptos), empatía y habilidades para la comunicación.
Habilidad conceptual : capacidad para entender la organización como un
todo (en términos de sistemas), para leer el entorno y para diseñar
nuevos modelos de organización y conducción.
Katz determinó que la importancia relativa de estas habilidades varía
según el nivel gerencial. En términos generales, la habilidad técnica es
crucial en los niveles inferiores de mando (supervisores). Y pierde
relevancia a medida que se asciende en la jerarquía organizacional. Con
la habilidad conceptual sucede lo contrario: su importancia se
acrecienta mientras más elevado sea el nivel del directivo. La habilidad
humanística es esencial en todos los niveles, aunque parece tener mayor
importancia en los niveles más bajos, donde es más frecuente la
interacción entre gerentes y subordinados.
Este planteamiento sugiere que para la selección, colocación y
capacitación de directivos, debe tenerse como referencia el nivel en el
cual actuará, para determinar qué tipo de habilidad fundamental
requiere.
Transcurrido medio siglo desde la aparición, en 1955, del artículo de
Katz en Harvard Bussines Review, sus planteamientos aún son citados con
respeto por autores contemporáneos como Hersey et alt. ( op. cit., p.
15), Robbins ( op. cit., p. 5) y Davis y Newstrom ( op. cit., pp.
195-196).
Conceptos fundamentales del comportamiento organizacional.
Sea cual sea el nivel jerárquico que ocupe el gerente (supervisor,
directivo medio o alto ejecutivo), su labor implica relación con otros
individuos en el marco de una organización. La capacidad para describir,
explicar, predecir y, hasta donde sea permitido, controlar la conducta
del hombre en el trabajo, cobra entonces especial relevancia. El
comportamiento organizacional, como disciplina, provee a los gerentes de
conocimientos y técnicas para abordar esa compleja tarea.
El comportamiento organizacional tiene su fundamento filosófico en una
serie de conceptos sobre la naturaleza de las personas y de las
organizaciones. Tales conceptos orientan al gerente en la comprensión de
la conducta suya y de los otros y en el entendimiento de las
organizaciones. Y, por supuesto, sirven de guías orientadoras de su
conducta.
Davis y Newstrom ( op. cit., pp.10-14) proponen nueve conceptos
fundamentales del comportamiento organizacional, los cuales agrupan en
dos categorías: los relacionados con las personas y los atinentes a las
organizaciones.
Conceptos relacionados con la naturaleza de las personas:
Diferencias individuales
Toda persona es un ser humano único e irrepetible. Cada uno tiene su
propia personalidad, formada por la particularísima combinación de
factores hereditarios y aprendidos. Por ello, cada individuo responde a
intereses, necesidades, antecedentes y expectativas diferentes. Un buen
gerente debe reconocer y valorar esta diversidad. Y evitar la tentación
de dar un trato estandarizado a las personas con las que se relaciona.
Percepción
Cada persona ve, organiza e interpreta su entorno de manera diferente, a
través de un filtro formado por sus creencias, valores, necesidades,
expectativas y experiencias. El entorno físico, el contexto social o la
etapa cronológica que está viviendo, afectan también la percepción que
cada persona tiene de la realidad. Es importante, entonces, destacar que
los individuos tienden a actuar de acuerdo con esas percepciones.
Reaccionan, no a una realidad objetiva, sino a la percepción particular
que de ella tienen. Este hecho es esencial para comprender el
comportamiento de la gente en el trabajo.
Individuo integral (o la persona como un todo)
Las personas operan como seres humanos completos. Además de su status
ocupacional, el individuo ocupa otros status y desempeña otros roles que
pueden interferir con su desempeño laboral. Es, por ejemplo, padre o
madre, esposo(a), hijo(a), compañero de trabajo, militante de alguna
causa, o creyente de alguna religión. Esas posiciones generan
compromisos y consecuencias que pueden afectar su actuación en el
trabajo. Y, al contrario, sus responsabilidades laborales pueden
afectar, para bien o para mal, su actuación en otros ámbitos. Un buen
directivo debe estar conciente de las influencias mutuas que derivan de
esa compleja unidad.
Conducta motivada
Todo comportamiento humano tiene ciertas causas, independientemente de
que la persona actuante esté consciente de ellas. Esas causas están
relacionadas con las necesidades dominantes de las personas y con las
consecuencias de su conducta. Siendo la motivación componente
fundamental del desempeño laboral, el gerente debe tratar de conocer las
necesidades más sentidas de sus subordinados para poder ofrecer
incentivos que sean valorados por ellos, y obtener de sus trabajadores
la conducta y el rendimiento esperados por la organización.
Deseo de participación (o de involucramiento)
En el mundo actual, las personas tienden a buscar oportunidades a través
de las cuales puedan demostrar sus capacidades, crecer personal y
profesionalmente, elevar su autoestima y participar en la toma de
decisiones que puedan afectarlas. Es decir, buscan satisfacer
necesidades de orden superior a través del trabajo. Un gerente moderno
reconoce estos deseos y ofrece oportunidades para que los trabajadores
los satisfagan, generando, paralelamente, beneficio para la
organización.
Valor de la persona
Cada trabajador, independientemente de su posición en la organización,
es un ser humano y, como tal, posee un conjunto de derechos
inalienables. Su vida, su salud, su integridad, su reputación, por
ejemplo, deben ser garantizados. No puede darse a las personas el mismo
trato que a los demás factores de producción. Un buen gerente asume tal
concepción y trata con respeto y dignidad a toda persona con la que deba
interactuar.
Conceptos relacionados con la naturaleza de las organizaciones:
Sistemas sociales
Las organizaciones son totalidades (sistemas) conformadas por unidades
menores interdependientes (subsistemas). Las organizaciones, además,
están insertas en otros sistemas mayores (suprasistemas) con los cuales
mantiene permanente intercambio a través de un conjunto variado de
entradas y salidas. Todo gerente debe prestar atención al juego de
influencias entre las partes de la organización, y mantener un
permanente escrutinio sobre su entorno.
Interés mutuo
Las organizaciones necesitan de las personas (son su recurso más
valioso) y las personas necesitan de las organizaciones (a través de las
cuales satisfacen una amplia gama de necesidades). Es responsabilidad de
todo gerente ofrecer oportunidades para que, mientras se esfuerzan por
lograr los objetivos organizacionales, los trabajadores puedan alcanzar
sus objetivos personales.
Ética
Las organizaciones están formadas por personas. Tienen, además, un
propósito humano: producir y distribuir bienes o servicios para
satisfacer las necesidades de la sociedad. Por lo tanto, las
organizaciones no pueden eludir la responsabilidad moral que tienen con
sus trabajadores y con la sociedad a la cual sirven. Los gerentes deben
inscribir su conducta y la de su grupo en el marco de los valores
esenciales de la socidad en la cual se desenvuelven.
A manera de conclusión
El oficio de gerente no es cosa sencilla. Coordinar esfuerzos
individuales para el logro de objetivos organizacionales requiere de
preparación conciente, del desarrollo de ciertas habilidades (técnicas,
humanísticas y conceptuales). Tales aptitudes capacitan al gerente para
cumplir con eficiencia sus funciones de planeación, organización,
dirección y control. También le permiten, en el plano de la
cotidianidad, desempeñar exitosamente sus roles interpersonales,
informativos y decisorios.
Las habilidades a las que hemos hecho referencia deben sustentarse en
una comprensión cabal de la conducta del hombre en el trabajo y del
funcionamiento de las organizaciones, para lo cual el comportamiento
organizacional le aporta al gerente un conjunto de conceptos que operan
también como guías de su actuación gerencial.
Vistas así las cosas, podemos afirmar que cualquiera puede llegar a
ocupar una posición gerencial. No todos, sin embargo, llegan a ser
buenos gerentes. Y muy pocos son gerentes excepcionales. El desarrollo
de las habilidades gerenciales y la internalización de los conceptos
fundamentales del comportamiento organizacional pueden marcar la
diferencia.
Bibliografía básica
Caroselli, M. (2002). Sea un líder actual. Madrid: McGraw-Hiil
Interamericana de España.
Davis, K. y Newstrom, J. W. (2002 ). Comportamiento humano en el trabajo
(11ª. Edición). México: McGraw Hill Interamericana Editores, S.A.
Gibson, J., Ivancevich, J. y Donelly, J. (2001). Las organizaciones:
comportamiento, estructura, procesos (10ª ed.). Santiago de Chile:
McGraw-Hill Interamericana.
Hersey, P., Blanchard, K. y Johnson, D. (1998). Administración del
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Prentice Hall Inc.
Kast, F., y Rosenzweig, J. (1996). Administración en las organizaciones:
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Trillas.
Katz, R. (1986). El arte de un administrador efectivo . Clásicos Harvard
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Nanus, B. (1994). Liderazgo Visionario. Barcelona (España): Granica.
Mintzberg, H. (1986). La alta dirección: mitos y realidades. Clásicos
Harvard de la Administración, Vol. IV (pp. 55-67). Bogotá: Educar
Cultura Recreativa Ltda.
Robbins, S. (2004). Comportamiento organizacional (10ª ed.). México:
Pearson Educación.
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Daniel
Romero Pernalete
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Licenciado
en Sociología, Master en Administración, Profesor de la Universidad de
Oriente (Venezuela) en el área de comportamiento organizacional.