Abstract de conferencia de Eric Gaynor Butterfield en Jornada de
Desarrollo Organizacional, Argentina 2001) – www.theodinstitute.org
Con el propósito de facilitar a los lectores aquellos notables Autores
en Comportamiento y Desarrollo Organizacional “dentro” del área de la
“Inteligencia Cognitiva” se incluye la siguiente lista de autores:
· Crozier, Michel
Michel Crozier ha liderado proyectos de cambio y trabajado con muchas
empresas públicas y organismos gubernamentales en su país de nacimiento,
Francia, estando expuesto también a diversas experiencias en
organizaciones como resultado de sus años de residencia en los Estados
Unidos de Norteamérica. Una diferencia notable de Crozier respecto de
otros practitioners y consultores de empresas reside en que su visión de
las organizaciones burocráticas es distintiva; para Michel las
burocracias no son meramente organizaciones racionales de tipo
monolítico, sino mas bien entidades donde existe una continua
interacción entre los participantes organizacionales y la entidad misma.
Estas organizaciones se caracterizan por tener y gozar de una
estabilidad importante durante muchos de sus años de existencia que se
ven modificados durante un período muy corto de tiempo caracterizado por
algún tipo de crisis que gatilla la necesidad de un cambio
organizacional. Durante muchos años la organización opera como si
existiera dentro de un contexto estable, con reglas y normas que no se
modifican mayormente, y los conflictos pueden llegar a ser barridos
debajo de la alfombra. Pero esta “calma chicha” lo único verdadero que
hace es presagiar una explosión, y, por consiguiente las crisis son
vistas como elementos necesarios que permiten potenciar y hacer emerger
la transformación organizacional. En esos momentos de crisis aparecen
figuras que comienzan a reemplazar informalmente las reglas y normas
establecidas, en la medida que las fuerzas a favor del cambio empiezan a
tener un mayor peso relativo. La figura que surge es la que Michel
denomina como “reformador autoritario” que sobresale más allá de las
rutinas, reglas y normas durante ese momento de crisis, para lograr un
nuevo arreglo organizacional. De todas maneras no deberíamos ser
totalmente críticos del modelo burocrático ya que, según Michel, jamás
ha existido tanto cambio y a tan alta tasa de cambio como la que vivimos
hoy día, y especialmente dentro de organizaciones grandes.
Existen diferencias entre la organización burocrática francesa y la de
los Estados Unidos de Norteamérica que Michel Crozier saca a la luz.
Dentro de todo este panorama Michel es optimista sugiriendo que el
sistema de administración pública en Francia junto con su sistema de
castas, puede reformarse a través de diversos mecanismos y privilegiando
entre éstos el reclutamiento / selección de personal como asimismo a
través de los programas de entrenamiento. Un punto que Crozier sugiere
tengan en cuenta todos aquellos que están involucrados en alguna manera
en cambio y desarrollo organizacional – sustentado en los juegos de
poder que existen en las entidades burocráticas – son los “juegos de
poder” que frenan el desarrollo de la organización.
Estos “juegos de poder” como los denomina Michel Crozier se basa en un
conjunto de juegos ensamblados que guardan preponderancia por encima del
“diseño organizacional” que los directores tienen en su cabeza (mejor
dicho su mente). A través del juego se canalizan relaciones de poder
dentro de la organización algo que March & Simon (“Organizations”; Wiley
and Sons -. 1958) tratan de un modo algo diferente, pero al que también
le prestan atención. El concepto de inducements-contributions juntamente
con el de racionalidad limitada (de James March y Herbert Simon) guarda
cierta relación con la concepción de Crozier, ya que los distintos
participantes organizacionales y sus respectivas sub- unidades y sub-grupos
se entretienen en juegos donde se distribuyen el poder por encima de la
distribución formal de poder que previeron los que están en la cúspide
de la pirámide. Estos juegos de poder donde existe una multitud de
coaliciones tanto formales como informales entre superiores,
subordinados, contratados, tercerizados, clientes, proveedores,
profesionales, expertos, consultores, entre otros llegan a conformar lo
que Michel Crozier llama –sarcástica e irónicamente – el “modelo
estratégico de la empresa”.
Michel Crozier pone bien en claro que todos los que participan de este
modelo estratégico lo hacen hasta cierto punto; todos tienen “su
límite”. Todos ellos se distribuyen el poder pero son conscientes que
por sobre todo “la organización” debe seguir existiendo. Las luchas en
los “juegos de poder” se refieren a distintas posiciones que adoptan los
participantes organizacionales pero estas luchas se caracterizan por no
ser de vida o muerte, ya que existen muchos mecanismos sutiles de
apropiarse de poder sin matar al contrario (ver material adicional en el
Libro del Dr. Donald Cole y Eric Gaynor titulado : “Suicidio Profesional
o Asesinato Organizacional”; The Organization Development Institute
International - 2005)
Nuevamente vuelve a coincidir el trabajo de James March y Herbert Simon
con el de Michel Crozier cuando éste último señala que “el nivel de
incertidumbre incide sobre el poder”. En un “study case” importante
realizado en una industria tabacalera Crozier sustentó la posición
mencionada. Personal de mantenimiento estaba en condiciones – y así lo
hizo – de parar totalmente la fábrica haciendo dependientes a toda la
empresa del ejercicio de esta muy pequeña dotación de empleados. El
personal de mantenimiento tenía un conocimiento sumamente puntual
respecto de “como hacer andar las máquinas” que no era enseñado ni
compartido con otras personas de la empresa y entonces, a su discreción
regulaban la marcha de la entidad hasta el punto de paralizarla
totalmente. Esto sucedió hace unos 60 años en Francia y tenemos ejemplos
con líneas aéreas de aviación donde los pilotos y personas a cargo de
los instrumentos pueden llegar a paralizar totalmente la empresa.
(durante un trabajo de consultoría en la Argentina donde una empresa
tenía un alto nivel de dependencia de cierto grupo, el propietario, al
participarle yo la experiencia de Crozier me manifestó que esto no es
muy probable que suceda en este país ya que gran parte de los
especialistas no conoce su propio trabajo ...y además no se los puede
despedir con lo que se generaliza la ignorancia).
Existe una manera de reducir la incertidumbre y esa es a través de
normas, reglas y procedimientos y esto se encuentra “democráticamente
distribuido en toda la organización” cubriendo tanto a superiores como a
subordinados, donde éstos últimos las rechazan porque reducen su grado
de discrecionalidad, pero por otro lado las fomentan ya que también
reducen el nivel de discreción de sus superiores.
Resumiendo podemos decir que Michel Crozier coincide grandemente con
nuestro punto de vista que sostiene que las organizaciones burocráticas
son entidades donde “los gerentes miran para arriba esperando
instrucciones de la dirección superior que nunca llegan ... y para peor
estas instrucciones deben ser cumplidas y obedecidas por los
subordinados de los gerentes, que tienen realmente poco interés en
cumplirlas”.
Michel Crozier: “The bureaucratic phenomenon”; Tavistock Publications –
1964
Michel Crozier: “Comparing structures and comparing games” en European
contributions in organization theory – 1976.
· Lindblom, Charles E.
Charles Lindblom (“Usable knowledge: Social science and social problem
solving” Yale University Press – 1979) forma parte del selecto grupo de
académicos e investigadores que ven a las organizaciones como unidades
cognitivas que a su vez están compuestas por distintos participantes
organizacionales que actúan en base a su particular forma de
toma-de-decisiones. En este proceso de inter-relación mutua entre el
individuo y la organización surge la importancia del proceso de
toma-de-decisiones y también de aquellos-que toman-las decisiones.
En alguna medida Lindblom concuerda con Herbert Simon y James March (“Organizations”;
ya citado) respecto de que el management y también la toma de
decisiones, no llega a ser racional. Como economista y también estudioso
de ciencias políticas que privilegian el enfoque “macro”, Charles
Lindblom muestra como el enfoque racional deductivo (que considera ideal
y que se presenta en el manejo de la economía) tiene que tener en cuenta
una multiplicidad de variables de alta complejidad que a su vez
interactúan todas entre ellas y requieren que uno vaya a la misma raíz
de la situación / problema. El enfoque deductivo presta fuerte atención
a los valores y a su aplicación, y como resultado de ello acota lo que
“se trata”, y nos llevaría a un “enfoque sinóptico” para la toma de
decisiones.
Lamentablemente no es común encontrar aplicaciones del mismo dentro del
ámbito organizacional o empresarial, y Lindblom sugiere que esto se debe
tanto al proceso de toma de decisiones que está presente en las empresas
y además por los mismos tomadores-de-decisiones.
Como el método ideal-racional-deductivo no se practica en las empresas
debido a lo arriba mencionado y también a otros factores (lucha
cuerpo-a-cuerpo y de resistencia entre personas y entre grupos /
unidades), se tiene que producir un proceso de acomodación – que no
necesariamente tiene que ver con la reconciliación – que da origen a lo
que Lindblom denomina “ajuste mutual partisano”, con su característica
de resistencia. Pero aunque tuviera bien en claro todos los valores de
los distintos intereses en juego no podría darles un ranking en base a
su importancia.
Pero por otro lado – y a diferencia del enfoque del economista o
estudioso de ciencias políticas - el administrador dentro de la empresa
se maneja usualmente con un esquema menos complejo donde los objetivos
son más bien sencillos y el mercado aunque turbulento, puede ser
predecible en gran medida. Esto nos llevaría a una serie de alternativas
que pueden manejarse razonablemente bien, especialmente teniendo en
cuenta que muchas situaciones “se repiten” con cierta asiduidad
llevándonos a tomar decisiones que, dentro de ciertos parámetros son
razonablemente racionales, aunque limitados. Herbert Simon (“Administrative
Behavior”; Macmillan – 1960 / “The new science of management decision”;
Harper & Row – 1960) sugiere que los que toman decisiones en las
empresas deben adaptarse en su accionar diario dentro de las
organizaciones a actuar teniendo en cuenta sus propias limitadas
capacidades para tomar decisiones. Y Lindblom no deja de destacar la
importancia y mutua relación que existe entre los valores y los hechos,
haciendo necesario por ello que los valores sean acotados para los
tomadores-de-decisiones (Edgar Schein: “Organizational Psychology”;
Prentice Hall – 1980) ha hablado bastante sobre este tema haciendo
sugerencias sutiles para el management).
Teniendo en cuenta todos estos factores Charles Lindblom sugiere que la
estrategia para la toma de decisiones que usualmente está en vigencia
dentro del mundo organizacional, no es el que el mismo define como
enfoque sinóptico.
Según Lindblom la estrategia que está en vigencia es la que el denomina
“estrategia incremental desunida” (strategy of disjointed incrementalism).
Bajo esta estrategia los tomadores de decisiones no parten de cero sino
de una realidad que existió previamente en la vida del
tomador-de-decisión. A este enfoque Charles le ha dado el nombre
“comparaciones limitadas en un orden sucesivo” (successive limited
comparisons).
En la mente del tomador-de-decisiones se tienen en cuenta pequeños
aumentos relacionados con procesos que no están coordinados y entre sí y
que por lo general están desconectados. Este enfoque “incrementalista” –
que tiene vigencia en distintas áreas de las ciencias del comportamiento
de los individuos dentro de las organizaciones (ver el libro del Dr.
Donald Cole y Eric Gaynor: “Suicidio Profesional y Asesinato
Organizacional”, The O. D. Institute International - 2004), comete el
tremendo error de no distinguir entre lo incremental y lo
no-incremental. Y resumiendo podríamos llegar a decir que limitados
decididores organizaciones y limitados procesos de toma de decisiones
pueden llegar a funcionar cuando en lugar del enfoque de “raíz” a que
hace mención Charles Lindblom (ver más arriba) es reemplazado por el
enfoque de “sucursal” (branch).
El “incrementalismo desunido” hace que la toma de decisiones dentro de
las organizaciones se caracterice por poner foco a las enfermedades del
día que no están necesariamente relacionados con los sub –objetivos
departamentales y menos aún con los objetivos organizacionales. Y elige
las siguientes características que están presentes en el
“incrementalismo desunido”:
- se realizan análisis marginales,
- que están basados en un número limitado de alternativas,
- donde en lugar de que los medios se ajusten a los fines son los fines
que se ajustan a los medios,
- orientados a reconstruir, es decir, en el mejor de los casos volver a
la situación original
- a través de pasos en secuencia que castigan un enfoque holístico
- que identifican y priorizan las situaciones de enfermedad de las
cuales hay que alejarse en lugar de concentrarse en los objetivos a
alcanzar, y finalmente
- es un enfoque fragmentado con coordinación solo parcial.
Si tuviéramos que encontrar una característica común al “incrementalismo
desunido” podrías elegir la “reducción de tamaño” puesto que se busca:
limitar la información a tener en cuenta
restringir la memoria total evocando solamente algunas partes “que
creemos importantes”
se reduce el número de opciones al existir dificultades para procesar y
evaluar integralmente la situación
se reduce el horizonte a tener en cuenta
se limita el tiempo que se pone a disposición para la toma de decisiones
En la vida diaria de la organización esto significa que todo aquello que
no es tenido en cuenta ahora, se puede manejar más adelante. La famosa
frase de “resistencia al cambio” es un buen reflejo del “incrementalismo
desunido” (que es muy usual en la boca de los consultores).
En la carrera de escapar del enfoque sinóptico racional-deductivo los
gerentes optan por la estrategia (limitada) de incrementalismo desunido.
En situaciones de cambio relativamente bajo puede dar ciertos resultados
ya que de todas maneras las consecuencias del mismo son de corto
alcance. Algo que deben tener en cuenta todos los practitioners,
consultores, agentes y facilitadores de cambio dentro del mundo
organizacional y empresarial es la sugerencia que hace Charles Lindblom
cuando señala que es razonablemente posible realizar cambios rápidamente
tanto como resultado de pequeños cambios sucesivos con alta frecuencia
como así también se adoptan cambios drásticos con pasos menos frecuentes
o asiduos. Y también deben tener en cuenta los directores y gerentes de
empresa de que el enfoque sinóptico puede frenar a los tomadores de
decisiones de iniciar todo tipo de acción lo que significa una
paralización total de la empresa.
Se espera que el lector avezado pueda manejar efectivamente estas dos
dimensiones eficientemente, en beneficio tanto de los participantes
organizacionales como de la organización.
· March, James E.
Ha sido profesor de Management en la Universidad de Stanford, California
que combinó con sus fuertes intereses en toma de decisiones en las
organizaciones en la Universidad de Carnegie-Mellon. Siempre mantuvo
lazos muy estrechos con otros dos estudiosos en lo cognitivo : Richard
Cyert y Herbert Simon estando ambos también en la Universidad de
Carnegie-Mellon.
El componente artístico se destaca en éste excelente investigador en
Ciencias del Comportamiento con una fuerte especialización en toma de
decisiones. Lo poético, el juego / entretenimiento, la exploración de
alternativas aparentemente “tontas” junto con inconsistentes opciones,
son un sello que distingue el genio de James March.
March (“Decisions and Organizations”, Blackwell – 1988) sugiere que – en
el mejor de los casos – lo que realmente existe en la vida de las
empresas es lo que el mismo define como “anarquía organizada”, donde los
procesos decisorios entran por lo general en alguna de éstas cuatro
categorías :
Cuasi-resolución de conflictos que es lo que se da con mayor frecuencia
estando relacionados con la naturaleza política de las organizaciones no
encontrándose una resolución del problema. Por ello se trata de
mecanismos de cuasi-resolución que posibilita vivir con los problemas
siendo uno de ellos el mecanismo de “racionalidad local”. Cada uno de
los departamentos de la organización satisface los objetivos (en
realidad son sub-objetivos organizacionales) locales, es decir, de su
propia unidad. El departamento de compras pone foco en “como comprar”,
el departamento de recursos humanos en “como reclutar personal”, y el
departamento de ventas en “como vender” y los comportamientos de éstas
unidades son racionales pero solamente en términos de ellos mismos.
Estas aparentes decisiones racionales resultan ser inconsistentes cuando
se requiere alta interdependencia entre departamentos como por ejemplo
cuando la dirección de marketing solicita dinero adicional a la gerencia
de Presupuesto para una promoción que no está incluido en el presupuesto
de la empresa.
Otra forma de cuasi-resolución de problemas es a través de un mecanismo
por el cual se llega a una solución por medio de lo que March denomina
“nivel aceptable”; se toleran las diferencias y a veces el nivel de
tolerancia puede tener que ver con como está distribuido el poder dentro
de la empresa. Dentro de la cuasi-resolución de problemas existe otra
forma que March denomina “prestando atención a los objetivos en forma
secuencial”. Esto es muy común que suceda en los proyectos nuevos donde
se da consideración a alguna fase que, una vez concluida nos permite
mover a la siguiente. Es muy común que empresas se embarquen en un
programa donde se promociona un “saldo de stock” y que luego se
encuentren en una situación incómoda por alguno de los dos motivos: o
porque se quedan sin stock muy rápidamente y no pueden satisfacer todos
los requerimientos de los Clientes o sino, o por no poder salir del
“stock en tiempo”. El método de prestar atención a los objetivos en
forma secuencial se presenta cuando los conflictos que surgen por
distintos objetivos no pueden ser resueltos.
Es muy común que como resultado de los dilemas que surgen por la toma de
decisiones, se resuelvan los mismos por el método de “evitar la
incertidumbre”. En realidad mucho de lo que sucede dentro del mundo
corporativo y que está fuera de los mercados monopólicos u oligopólicos
es realmente incierto. Las empresas no están seguras ni de su nivel de
ventas, ni del mix de ventas de sus distintos productos y servicios, ni
de los impuestos que otros quieren trasladarle, ni del costo laboral que
puede verse fuertemente influenciado por organismos de regulación
externos. Por lo tanto la “política del avestruz” puede resultar
sumamente práctica; al no verse el problema supuestamente este no
existe. Los lobbies que realizan las empresas con los gobernantes de
turno son uno de los mecanismos que usan las organizaciones, y también
lo es el hecho de adjudicar contratos exclusivos a ciertos Clientes como
el establecimiento de órdenes de compra abiertas anuales por ciertos
volúmenes relativamente grandes.
Otro método es el que James March denomina “límites en la búsqueda” (search
is problemistic). Es cierto que un problema origina una búsqueda hacia
la solución, pero es muy común que suceda que cuando uno cree que tiene
una solución, uno detenga la búsqueda. Se prioriza la información
urgente por sobre la información relevante y no siempre se discrimina
correctamente entre ambas. En este trajinar por una solución es probable
que se asocie el problema con la historia anterior y se evoque una
solución ... que fue aplicada anteriormente para una situación y un
momento distinto. Proposiciones creativas e innovadoras que son
necesarias en mercados turbulentos donde los cambios requeridos son de
carácter transformacional, quedan rezagados, por decir lo menos. Las
empresas comerciales muchas veces eligen la promoción desde adentro con
el propósito de “no hacer olas” dentro de la organización. El servicio
de correos de los Estados Unidos de Norteamérica tiene un sistema de
promoción de personal que está basado fundamentalmente en la propia
planta actual de personal.
Otra manera de reducir la anarquía organizacional es a través del
aprendizaje organizacional (ver también a Peter Senge: “La quinta
disciplina”). Muchas veces dentro de las empresas las cosas funcionan
bajo el postulado de “poner la carreta en marcha sin acomodar los
melones” asumiendo que los mismos se van a ordenar con la marcha de la
carreta. Muchas empresas tienen un sistema de iniciación para el
personal nuevo que ha sido contratado que se basa en el principio “o
nada o se ahoga” (ver a Edgar Schein ya citado).
La anarquía organizada es una característica que está presente dentro de
todo arreglo organizacional, aunque es cierto que no todo el tiempo, lo
que hace que existan algunos límites a dicha anarquía organizada. Los
límites están establecidos por tres características principales las
cuales son:
- la organización llega a conocer sus objetivos solamente cuando está en
marcha
- como su propia tecnología no es realmente conocida, los mismos
procesos no son tampoco conocidos y el aprendizaje se realiza en gran
medida por el método de la especie animal conocido como “prueba y error”
- los que realmente participan (y se presentan a las reuniones de
comité, por ejemplo) tienen que ver con lo que sucede y con lo que se
cambia y modifica.
El monumental trabajo de James March con su extraordinaria dosis
artística llega a sugerir que la toma de decisiones es tan “no-racional”
que puede llegar a ser comprendido como una pintura, poema o novela
famosa.
La carencia de racionalidad de parte de los distintos participantes organizacionales sumado a los cambios turbulentos en el mercado hacen que no solamente las personas no lleguen a comprender lo que hacen sino que tampoco las organizaciones mismas creen si es que lo que hacen tiene algún tipo de sentido.
ara March existen límites en cuanto a la racionalidad en la toma de decisiones tanto desde lo cognitivo como desde lo político y organizacional. Y lo que sucede como uno de los motores principales de ésta limitada racionalidad tiene que ver con el fenómeno de “atención”; las personas no prestan atención y como resultado de ello la atención resulta ser un recurso escaso con el cual tienen que lidiar las organizaciones de todas maneras. Consiguientemente se atiende solamente “una parte” en el proceso de toma de decisiones, y muchas veces la focalización en algo impide ver “lo otro”, sugiriendo James March que “toda entrada representa una salida que no siempre es la mejor”.
La combinación de una “atención” escasa sumada a la limitada
capacidad cognitiva nos lleva a un hecho concreto que es definido como
de “racionalidad limitada”.
Para hacer las cosas aún peor existen lo que James March denomina
preferencias erráticas que resulta de la combinación de:
las personas cambian lo que tienen en su mente respecto de lo que
quieren
incluso sabiendo lo que quieren pueden llegar a ignorar sus propias
preferencias
pueden seguir el consejo de otros o referirse a sus propias preferencias
en forma ambigua lo cual también altera su decisión
En una expansión de su trabajo original – y en forma conjunta con Cyert
– ambos autores (R. M. Cyert & J. G. March: “A behavioral theory of the
firm”; Prentice-Hall – 1963) sugieren que como consecuencia de la
sumatoria de los límites cognitivos de racionalidad con los límites
políticos una empresa no es más que una coalición política con múltiples
objetivos en permanente cambio. La coalición está conformada por
distintos actores como ser accionistas, proveedores, clientes, órganos
de recaudación tanto impositiva como previsional, brokers de seguros,
empleados, gerentes entre otros.
Todos ellos tienen sus preferencias respecto de lo que la
organización debería ser y buscan alcanzar sus sub-objetivos que pueden
estar en conflicto con otros sub-objetivos e incluso en contra de los
propios objetivos de la empresa. Por lo tanto encontramos en forma
continua dentro de ésta coalición política una forma organizacional a la
que se llega como consecuencia de procesos de negociación y regateo, y
esto hace que se reduzca en gran medida la anarquía organizacional.
Pero surge un dilema muy importante que James March lo pone en términos
de comparar los “inducements organizacionales” con las contribuciones de
los participantes organizacionales. Y todo lector avezado debe tener en
cuenta que los inducements organizacionales pueden salir del aspecto
cuantitativo y tener dentro de sí mismo componentes cualitativos; pero
éste no es el caso de los miembros organizacionales que deben realizar
aportes / contribuciones.
Otro aporte de importancia es el hecho que James March y Herbert Simon
echaron por tierra una concepción que ha tenido – y sigue teniendo –
mucha vigencia. Nos referimos al supuesto básico de la escuela conocida
bajo el nombre de Relaciones Humanas que sugiere que a mayor nivel de
satisfacción (por parte del empleado) como variable independiente hemos
de alcanzar una mayor eficiencia o productividad (variable dependiente)
organizacional.
De aquí en más – por lo menos conceptualmente – March & Simon dejaron bien en claro que esta relación no es cierta sino que mas bien puede verse al revés; una persona productiva es muy probable que esté satisfecha / contenta.
El componente práctico del monumental trabajo de James March y
Herbert Simon publicado bajo el título “Organizaciones” y editado por
Wiley & Sons en 1958 fue tomado por Frederick Herzberg (“Work and the
nature of man”; World Publishing Co. – 1966 / “One more time: How do you
motivate employees?; Harvard Business Review - 1968/ y con B. Mausner &
B. Snyderman: “The motivation to work”; Wiley – 1959) quien ha ido un
paso más allá identificando las fuerzas motivadoras y distinguiéndolas
de los componentes higiénicos, que aunque importantes no tienen una
implicancia directa en la productividad. Aparentemente, y siguiendo a
March & Simon los niveles de satisfacción en el trabajo están mas bien
relacionados con una “baja rotación de personal” y un “bajo nivel de
ausentismo” con lo que resulta importante distinguir al empleado que
concurre a la organización del empleado que realmente produce.
El componente creativo – y en parte sarcástico de James March –
juntamente con la colaboración de otros dos estudiosos (Cohen y Olsen;
ver March & J. P. Olsen: “Ambiguity and choice in organizations”; Bergen
– 1976) sugieren la existencia de un “modelo organizacional denominado
tacho de basura”, con el cual se han hecho famosos. Este tacho de basura
recibe tanto soluciones como problemas que tiran allí los miembros
organizacionales a medida que ellos se van generando. Para James March
resulta sumamente paradojal que:
las personas luchan dentro de la empresa por participar en la toma de
decisiones ... pero no llegan a hacer uso de dicha participación
las personas solicitan información ... que luego no usan
luchan durante el debate sobre qué decidir ... pero no tienen interés en
hacer un seguimiento para ver si la decisión ha sido implementada
A los ojos super-alertas de James March todo esto le resulta sumamente
curioso, por decir lo menos. Y entonces sugiere que una decisión es el
resultado de las relaciones entre participantes organizacionales,
problemas, soluciones, métodos de elección y opciones a seguir. A su vez
las decisiones son alcanzadas como consecuencia de tres rutas
principales:
por resolución, a través de un proceso especialmente diseñado al que se
le dedica un tiempo razonable
por vía veloz, cuando las decisiones son tomadas muy rápidamente
al vuelo, que se suscita cuando el planteo del problema original “se ha
ido o ha volado” reconociendo una elección que puede tomarse pero que no
soluciona absolutamente nada.
Según James March la mayor parte de las decisiones tomadas dentro de
la “anarquía organizacional” tiene que ver con las rutas b. y c. arriba
descriptas.
Como punto final nada mejor que citar una de las frases magistrales de
James March como cuando señala que “una organización es una colección de
elecciones en la búsqueda de problemas, temas y sentimientos que a su
vez están en la búsqueda de situaciones decisorias y soluciones que
buscan temas para las cuales esperan tener una respuesta, y donde los
que toman decisiones están interesados en tener un trabajo”.
*** James March y Herbert Simon dedicaron muchas energías hacia el
análisis de la burocracia y pusieron foco en las disfunciones de la
misma en su tratado “Organizaciones” del año 1958. Y nada mejor que
acudir a estos autores para conocer en mayor detalle los límites de la
organización burocrática.
Max Weber (“The theory of social and economic organization”; Free Press
– 1947) e intenta demostrar que la organización burocrática es una
respuesta racional a las complejidades que se presentan en el accionar
diario de las empresas. Mas puntualmente, trata de mostrar como la
organización burocrática logra superar los límites computacionales que
tienen las personas para la toma de decisiones u otras formas
alternativas de organización como ser la especialización, la división
del trabajo, entre otras. No existe duda alguna que Weber va más allá
del modelo “mecanicista”, ya que entre otras cosas, estudia con detalle
la relación entre la persona y su rol. Pero sin embargo, Weber percibe a
la burocracia como un sistema adaptativo para hacer uso de habilidades
especializadas, y pasa por alto algunos aspectos relacionados con el
carácter del organismo humano.
Y es interesante destacar que cuando nos alejamos de Weber y tenemos en
cuenta a otros estudiosos más recientes de la burocracia nos encontramos
con que éstos prestan atención a las “consecuencias no-anticipadas” de
los miembros organizacionales. Tal es el caso de R. K. Merton (“The
unanticipated consequences of purposive social action” - 1936), de A. W.
Gouldner (“Patterns of industrial bureaucracy”; Glencoe – 1954 /
“Theoretical requirements of the applied social sciences” – American
Sociological Review – 1957) y también de Philip Selznick (“TVA and the
grass roots”; Berkeley - 1949), quienes hacen mención a muchas de las
consecuencias disfuncionales de la burocracia. Estos estudiosos sugieren
que el hecho de operar bajo el modelo “mecanicista” puede llegar incluso
a perpetuar el modelo “mecanicista” aún más.
Los modelos de estos autores muestran ciertos aspectos
similares en particular al identificar como variable independiente los
procedimientos organizacionales y la forma en que estos controlan el
comportamiento individual. Parece ser que los procedimientos
organizacionales tienen consecuencias para los líderes pero al mismo
tiempo se dan algunas consecuencias disfuncionales para la organización.
Merton (“Bureaucratic structure and personality”; Social Forces – 1940)
presta atención a las disfunciones en el aprendizaje organizacional.
Sugiere que los participantes organizacionales aprenden respuestas a
situaciones similares que, bajo otras condiciones, resultan inapropiadas
para la organización. Una variable independiente y de suma importancia
para Merton es la “mayor demanda de control” que exigen los que están al
tope de la organización lo que a su vez impacta sobre una mayor
confiabilidad de comportamiento y “respondabilidad”. Esto se pone en
marcha dentro de las empresas a través de procedimientos estandarizados
los que a subes impactan negativamente.
Entre los aspectos negativos Merton hace mención a la reducción en la
cantidad de relaciones personalizadas, la internalización de reglas y
normas en contra de los objetivos organizacionales, y una simplificación
en la categorización para la toma de decisiones lo que a su vez impacta
sobre una menor búsqueda de soluciones alternativas. E incluye una serie
de ejemplos de consecuencias disfuncionales en las relaciones con los
Clientes, los que han sido notorias en organizaciones “de servicio” y
entes gubernamentales.
Selznick (ya citado - 1949) se diferencia de Merton (quien elige la
variable mayor control) y presta atención a la delegación de autoridad.
La delegación tiene una multitud de consecuencias, entre ellas, la de
hacer necesario más y mejor entrenamiento en competencias
especializadas. Estas competencias especializadas tienden a disminuir la
diferencia entre los objetivos organizacionales y los logros personales,
fortaleciendo aún más la delegación. Al mismo tiempo la delegación
resulta en mayor departamentalización y en un aumento de la “bifurcación
de intereses” entre las distintas sub-unidades de la empresa.
A su vez el entrenamiento conlleva mayor competencia lo que va a
ocasionar mayores gastos en “cambios de personal” y esto lleva a una
mayor diferenciación aún. La bifurcación de intereses aumenta el
conflicto entre las distintas sub-unidades organizacionales lo que hace
aún mayor la diferencia entre los objetivos de la empresa y el
desarrollo de carrera de los participantes organizacionales. Para hacer
las cosas peor, las distintas sub-unidades organizacionales empiezan a
desarrollar ideologías para cada una de sus unidades.
El modelo de Gouldner (1954 – ya citado) se asemeja en alguna medida al
de Merton y Selznick. Al igual que Merton, Gouldner está interesado en
el impacto de las normas y reglas burocráticas sobre el funcionamiento
organizacional. Intenta demostrar como una técnica de control diseñada
para mantener el equilibrio de un sub-sistema altera el equilibrio del
sistema en su conjunto.
Gouldner sugiere que la creación de reglas y normas en el trabajo dan
“pistas” de acción a los participantes organizacionales que se apartan
de los objetivos de la empresa y de lo que intentan los que están en la
cúspide de la pirámide. Los miembros organizacionales aprenden lo que es
el mínimo aceptable comportamiento. Esta performance “mínima aceptable”
es considerada como un fracaso por los superiores, lo que a su vez
conlleva una “supervisión más estrecha” que aumenta el grado de tensión
dentro del grupo de trabajo, y altera finalmente el “equilibrio original
que se esperaba conseguir a través de la implementación de reglas y
normas”.
James March y Herbert Simon señalan a otros autores: R. Bendix (“Bureaucracy:
The problem and its setting”; American Sociological Review - 1947), R.
Dubin (“Decision making by management in industrial relations”; American
Journal of Sociology - 1949), y P. M. Blau (“The Dynamics of Bureaucracy”;
Chicago - 1955), críticos del sistema burocrático. Lo importante y
destacable para March y Simon se basa en que los tres autores
principales a que hemos hecho mención anteriormente (Merton, Selznick y
Gouldner) exhiben consecuencias disfuncionales para las organizaciones
que adoptan un arreglo de tipo burocrático.
· Simon, Herbert A.
Tanto James March como Herbert Simon en su monumental trabajo titulado
“Organizaciones” (1958 – Wiley and Sons) describen una señal necesaria
de alerta ante el enfoque de la organización burocrática de Max Weber.
En dicho trabajo los dos autores resumen una infinidad de trabajos de
campo y de investigación que los lleva a concluir respecto de los
aspectos disfuncionales de la burocracia. Ambos autores muestran como
las inadecuaciones de la burocracia pueden – paradójicamente – ser tanto
una razón para su perpetuidad como para sus eficiencias.
James March como Herbert Simon son dignos pioneros del movimiento
cognitivo en las organizaciones. Para James March una organización es
una colección de opciones frente a problemas, temas y sentimientos que
buscan decisiones para situaciones en el ambiente, donde se dan
soluciones en la búsqueda de temas para las cuales pueden llegar a ser
las respuestas, donde tomadores de decisión están en la búsqueda de un
trabajo. Por otro lado Herbert Simon sugiere que la tarea de
administración es tal que el individuo pueda acercarse lo más posible y
en lo más práctico, hacia la racionalidad en su toma de decisiones (en
términos de los objetivos organizacionales).
Simon es un distinguido científico en lo político y lo social y sus
aportes han tenido una fuerte influencia en varias disciplinas. Comenzó
su tarea en la administración pública y en investigación operativa, y
como consecuencia de su rol en múltiples universidades pudo integrar
distintos aspectos de la administración. En la Universidad de Carnegie-Mellon
en Pittsburg profundizó en lo relacionado con la toma-de-decisiones,
haciendo uso de las computadoras como un medio de simular el pensamiento
humano. En 1978 le fue concedido el Premio Nobel en Economía .. tomando
como base entre otras cosas sus importantes contribuciones en
micro-economía (ver libro : “Organizaciones” , 1958 de Wiley and Sons).
Para Herbert Simon el gerenciamiento es sinónimo de toma-de-decisiones
habiendo puesto foco en como se toman las decisiones en la práctica y
como pueden éstas decisiones llegar a ser más efectivas. Sugiere que en
el proceso general de toma-de-decisiones existen tres etapas principales
:
Encontrando ocasiones en las cuales exista una decisión a tomar, lo que
podemos asociar con una actividad de inteligencia en el sentido militar.
Inventando, desarrollando y analizando posibles cursos de acción, lo que
podría denominarse como una actividad de diseño.
Eligiendo un curso particular de acción de todas las opciones posibles,
representando una actividad “de opción / elección” u “optativa”.
Simon sugiere que la actividad de inteligencia por lo general antecede a
la de diseño, y a su vez ésta se da antes de la elección, pero esto no
es tan simple secuencialmente y no siempre puede darse bajo este
esquema. Lo que si es absolutamente seguro dentro del modelo de Herbert
Simon que toda la actividad gerencial está embebida de la
toma-de-decisiones.
La pregunta básica que se formula Simon es la siguiente: ¿En basé a qué
toman las decisiones los administradores? La teoría económica
tradicional se basa en un supuesto donde el hombre es hedonista y que el
mismo está sustentado en su racionalidad.
Los economistas tienen para ello un modelo del “hombre económico” que elige racionalmente el mejor curso alternativo de acción posible con el propósito de maximizar sus rendimientos, modelo éste que por supuesto se aleja de la realidad, ya que sabemos muy bien que existe un elemento no-racional en el pensamiento y los comportamientos de las personas.
En base a ello la necesidad de una teoría administrativa existe
justamente porque hay límites prácticos a la racionalidad humana. A su
vez, estos límites en cuanto a la racionalidad no son estáticos ya que
dependen del contexto organizacional dentro del cual se desarrolla la
decisión individual. Consiguientemente la tarea de “administrar” está
fuertemente ligada al diseño de un contexto organizacional donde el
individuo puede acercarse a la racionalidad en la toma de decisiones, y
que este acercamiento sea práctico en términos de los objetivos
organizacionales.
Como consecuencia de sus hipótesis Herbert Simon propone un modelo del
“hombre administrativo” en reemplazo del “hombre económico”. Mientras
que el hombre económico maximiza al seleccionar el mejor curso de acción
de todas las opciones posibles, el hombre administrativo simplemente
“satisface” en su esfuerzo por acercarse a una decisión que es
suficientemente satisfactoria. Según Simon en su actuar en el día a día
el gerente busca tomar y adoptar decisiones dentro de un rango de
alternativas satisfactorias que no necesariamente son las alternativas
óptimas, y esto a su vez, tiene implicancias más allá de los individuos
lo que significa en la práctica que también las organizaciones solamente
llegan a satisfacer sus objetivos lejos de su optimización.
En términos personales podríamos decir que si tuvieran que hacer una
torta de cumpleaños para uno de sus hijos harían una “torta que pudiera
ser comida” y NO una torta que sea enormemente disfrutada y recordada
por los compañeros de su hijo (quizás por ello sea notable la excelente
predisposición que tienen los gerentes a “delegar” en otros tareas que
resultan triviales). Observando este fenómeno en términos
organizacionales y desde el punto de vista de los negocios podemos decir
que en el proceso de gerenciamiento dentro de las empresas no se busca
“maximizar la utilidad” sino tener una utilidad razonable, en lugar de
pagar un precio óptimo hablan de un precio justo y en lugar de vender al
mejor precio las ventas son realizadas a “un precio que termine de una
buena vez con este stock”.
En términos de Herbert Simon la experiencia de los gerentes, sus títulos
y Diplomas en las mejores Universidades, los Cursos de post-grado no son
suficientes para maximizar la toma de decisiones. Más aún, Simon señala
asimismo que en términos de “novedad” tanto situacional como temporal en
cuanto a los procesos de productos y servicios, el gerenciamiento puede
operar inteligentemente pero han de ser menos efectivos y eficientes.
Esto conlleva una consideración muy importante ya que pone a la
organización en una situación riesgosa cuando la “tasa de cambio
relativa es alta”.
Al analizar el proceso de toma de decisiones organizacional que se
realiza dentro de un contexto cambiante, a veces por ser reactivo a lo
que sucede en el mercado y otras veces cuando la empresa toma
iniciativas y actúa pro-activamente, Herbert Simon realiza una
distinción identificando dos polaridades: las decisiones pueden ser
programadas y también no-programadas, las cuales no necesariamente son
mutuamente excluyentes.
Las decisiones programadas se asemejan a lo que en gran medida ocurre
dentro de las organizaciones mecanicistas en términos de Burns & Stalker
(1961) o en la organización burocrática racional de Max Weber (1947).
Este tipo de decisiones programadas se basan en el hecho que son
repetitivas y responden a rutinas en el día a día de las operaciones
dentro de la empresa. Esto hace que, ante una nueva acción repetitiva de
algo que se ha hecho en el pasado no genera la necesidad de una nueva
decisión. Las organizaciones mecanicistas hacen esfuerzos muy grandes
por desarrollar mecanismos de rutinización (y también de control) y sus
consecuencias disfuncionales ya han sido mencionadas largamente. En
realidad si la mayor parte de las decisiones de management fueran
simplemente programadas se requeriría menos tiempo de los gerentes
in-situ. De esto hablaremos más adelante ya que es un tema de suma
importancia en la realidad actual empresarial.
Cuando se confronta una situación nueva y que es no-estructurada o
también bajo situaciones donde no surge claramente una única mejor
opción (algo que fue de gran preocupación para Frederick Taylor unos 40
años antes) nos encontramos ante una decisión no-programada.
Ante este tipo de situación que es la característica actual
empresarial, la organización por más esfuerzo que haga para encontrar
una respuesta en su historia organizacional o individual, es muy posible
que no encuentre la solución óptima. No es ninguna casualidad que ante
este tipo de situaciones, de Cambio y Desarrollo Organizacional, las
empresas “traigan” recursos externos a la organización como un medio de
asistencia y ayuda. Aquí se aplica la hermosa frase de Maslow cuando
señala que “si lo que tenemos para resolver un problema es un martillo,
pues hemos de ver casi todo como un clavo”.
Por lo tanto la mejor forma de no ver tantos “únicos” clavos es contar
con un kit mas completo de herramientas ... y los consultores y sus
empresas consultoras son muy buenos para mostrar esto,
independientemente de los resultados que después han de alcanzar – o
mejor dicho, no alcanzar.
Existen muchas técnicas que han surgido y tomado un nuevo giro en el
siglo XX tales como investigación operativa, procesamiento electrónico
de datos, tecnología informática, simulación computarizada, análisis
matemático, comunicación digital las cuales inicialmente fueron
utilizadas para actividades rutinarias y operaciones programadas que
fueron de aplicación para el personal administrativo principalmente.
Pero con el transcurso del tiempo cada vez más y más se incorporan
nuevos elementos de apreciación para operaciones que en el primer ciclo
son no-programadas inicialmente y que cada día se van transformando en
operaciones programadas para su segundo ciclo.
Eric Gaynor Butterfield (Congreso mundial de the Organization Development Institute en Zimbabwe, 1999) hace referencia a este hecho que lo trata aplicado especialmente a los “Profesionales” que componen un porcentaje sumamente importante de la planta de personal de las grandes corporaciones. Hoy día las grandes corporaciones multinacionales están en condiciones de realizar reducciones importantes de la fuerza total de profesionales ya que la “discrecionalidad” en la toma de decisiones está en franca declinación y hace innecesario a sus “Diplomados”.
Este fenómeno es tratado en detalle por el Dr. Donald Cole y Eric
Gaynor en el libro:”Suicidio Profesional o Asesinato Organizacional” –
The O. D. Institute International - 2004; aquí queremos honrar a Herbert
Simon por su papel de iluminador al respecto.
Y consideramos que no hay mejor final que reproducir el sentido de
algunas palabras del genio de Herbert Simon cuando señala que la empresa
del futuro ha de operar sobre la base de decisiones programadas que a su
vez son tomadas en la oficina automatizada que está a su lado. Y
recordar que esto fue expresado “a otros” alrededor de 1960 !
· Tannenbaum, Arnold S.
Para una persona que comenzó y terminó sus primeros estudios formales
dentro de las ciencias duras (al graduarse en la Universidad de Purdue
como ingeniero eléctrico) llegar a ser reconocido dentro de las ciencias
sociales como lo ha logrado Arnold Tannenbaum, no es algo sencillo. Pero
su conversión como psicólogo social desempeñándose más tarde como
investigador, consultor, profesor y practitioner y como un miembro del
Institute for Social Research (líder en investigación social), lo
catapultan como uno de los principales exponentes de los modelos
participativos dentro de las organizaciones.
Y la riqueza extraordinaria del trabajo de Arnold Tannenbaum
(“Social Psychology of the work organization”; Tavistock – 1966 /
“Control in Organizations”; McGraw-Hill – 1968 / “Controversies about
control and democracy in organizations”; The international Yearbook of
organizacional democracy – 1986) se basa, entre otros aspectos, en la
multitud y variedad de arreglos organizacionales donde se han
desarrollado investigaciones a los cuales hay que sumar una multitud de
culturas y países.
Pero la contribución que hace Arnold Tannenbaum privilegiando el enfoque
participativo dentro de las empresas va un poco más allá de otros
importantes exponentes de ésta orientación (Rensis Likert “New patterns
of management”; McGraw-Hill – 1961), Donald Cole (ya citado), Carl Frost
“The Scanlon plan”; MSU – 1974) en el sentido que descubre una aparente
paradoja a través de sucesivos trabajos de campo y de investigación :
“Cuando la gerencia opera en forma participativa aumenta su grado total
de control sobre sus subordinados al ceder parte de su autoridad.” Y
esto posiblemente haya surgido cuando descubre que los sindicatos más
efectivos son aquellos donde tanto los sindicalistas como otros miembros
tenían ambos – al mismo tiempo – mayor influencia.
Parecía que la participación social dentro de una organización se
empezaba a comportar de una manera especial produciendo un impacto
particular sobre el grado de control; el control parecía ser un producto
o servicio elástico donde todo el mundo podría llegar a tener más. De
allí en más las organizaciones tienen que dejar de pensar en que lo que
uno gana el otro lo tiene que perder; además la torta (recursos a
obtener) ya no es fija sino que es variable, de modo que todos los que
están dentro de un sector industrial pueden ganar más , siempre que la
torta total se agrande.
Para Arnold Tannenbaum el control es un proceso por el cual una persona
o un grupo de personas influye sobre otra persona u otros grupos con lo
cual consiguiente cumplimiento (en términos de Amitai Etzioni: “Modern
Organizations”; Prentice Hall – 1964) de la “otra parte”.
Dos son las preguntas principales a las que Arnold Tannebaum intenta
encontrar respuesta. La primera de ellas tiene que ver con que grado de
influencia tiene alguien en particular y la segunda se relaciona con
cuánto cree que debiera tener. Un hallazgo importante que encontró
Tannenbaum en sus investigaciones se relaciona con la “pendiente en la
cantidad de control”, pudiendo ser la misma pronunciada o no, en
relación con la otra variable estudiada que son los “niveles
jerárquicos” divididos en gerentes, supervisores y empleados.
La pendiente ideal – siguiendo a Arnold Tannebaum – es aquella que no
es muy pronunciada que se caracteriza por tener los niveles inferiores
un grado de participación bastante cercano a las otras dos jerarquías.
Aquí surge una nueva hipótesis : es posible que el efecto de “mayor
influencia” reduzca en alguna medida los aspectos negativos que originan
las jerarquías dentro de la organización.
Arnold Tannenbaum encontró evidencias sumamente parecidas a la de los
padres fundadores en Desarrollo Organizacional. El mundo de los negocios
en los años 60 y 70 del siglo pasado criticó muy duramente a algunos
practitioners, académicos e investigadores en Desarrollo Organizacional,
sobre la base de un enfoque blando de poca utilidad para el mundo de los
negocios y empresarial.
Por ejemplo se mencionaba a Chris Argyris como un propulsor de un movimiento que el mundo empresarial llegó a denominar como movimiento evangelizador. En aquél entonces muchos de los trabajos de expertos en cambio y desarrollo organizacional se realizaron en entidades sin fines de lucro con fines y orientaciones sociales.
La excelencia como consecuencia de los resultados obtenidos por las prácticas de agentes de cambio especializados en desarrollo organizacional hizo que el mundo empresario “revisara sus palabras” y volviera los ojos a estas personas – que a través del desarrollo organizacional – lograban mejores resultados a través de incentivos “no monetarios” a los que estaban acostumbrados los participantes organizacionales de las empresas privadas.
Arnold Tannenbaum encontró algo muy parecido: la productividad en
organizaciones y entidades sin fines de lucro con miembros que son
“voluntarios” es más alta que la de personas pagadas dentro de las
empresas del sector industrial. Y esto lo explica Tannenbaum bajo los
términos que en este tipo de organizaciones, y con el enfoque
participativo es posible que “todos” en general aumenten su grado de
influencia como resultado de la participación.
La aparente paradoja – que hoy es adoptada en forma bastante
generalizada ante la multitud de evidencias – donde los trabajadores y
empleados pueden tener mayor grado de control y “además” también pueden
tener mayor control los supervisores y gerentes, se vive como una
concreta realidad. El control no es un juego basado en el proceso de
“suma 0”; todos pueden sumar. Debemos tener en cuenta que el que lidera
es también liderado – bajo este esquema participativo - y que además se
siente cómodo en ésta situación.
En cambio el líder autoritario que opera bajo una visión de (suma 0)
percibe que la torta es fija y que no se puede aumentar. Ante esta
percepción, el líder autoritario para ganar necesita aumentar su control
“sacándole” parte del control que tiene de por sí el subordinado.
Resulta fácil advertir, especialmente para aquellos que están
involucrados en procesos de cambio y desarrollo organizacional, que de
ésta manera se agregan obstáculos en el camino hacia la eficiencia
empresarial, por decir lo menos.
Y una advertencia importante para aquellos que practican la demagogia
organizacional. Parece ser que la eficiencia empresarial está más
relacionada con aumentar el grado de control (influencia) de todos los
participantes organizacionales en lugar de distribuir y democratizar el
control entre todos a través de las distintas jerarquías. Bajo esta
última opción, que es adoptada por practitioners a nivel macro lo que
usualmente se consigue es igualar para abajo. La famosa práctica
empresarial de “power equalization” se ha visto de ésta manera atacada
muy fuertemente desde su propio corazón.
· Vroom, Victor H.
Durante la existencia de Victor Vroom ha estado presente una temática
particular donde combina dos variables que muestran fuerte presencia en
el comportamiento individual y organizacional y en especial en la
relación que mantienen los individuos dentro de las organizaciones.
Dichas variables son:
1. Toma de decisiones, y
2. Participación.
Desde su misma finalización de estudios de doctorado estas variables han
estado presentes; su disertación – al igual que otros estudios de campo
y trabajos de investigación – mostraron evidencia donde la participación
del personal en la toma-de-decisiones produce consecuencias positivas
tanto sobre las actitudes como sobre la motivación. Pero la singularidad
de la tesis de Victor Vroom (“Some personality determinants of the
effecfts of participation”; Prentice-Hall – 1960 / “A new look at
managerial decision making” – 1974 / con P. W. Yetton: “Leadership and
decision making”; University of Pittsburg – 1973 / y con A. G. Jago:
“The new leadership: managing participation in organizations”; Prentice-Hall
– 1968)) muestra algo nuevo, ya que, como variable interviniente tenemos
ciertas características personales de las personas.
Las personas autoritarias y que tienen bajas necesidades de
“independencia” no son afectadas significativamente por la oportunidad
de participar mientras que aquellos no-autoritarios y con una fuerte
orientación hacia la independencia- autonomía consiguen a través de la
participación en la toma de decisiones una mayor motivación y mejor
actitud del personal con impacto positivo en la eficiencia
organizacional.
En trabajos posteriores – y en colaboración con Yetton – se expandió el
alcance del trabajo original y se estudió además el impacto en la
participación de los subordinados. Quizás inspirados en el excelente
trabajo de Rensis Likert, Vroom y Yetton distinguieron distintos
perfiles en la relación superior-subordinado donde la variable
participación tenía una mayor o menor influencia (En su trabajo original
Rensis Likert hacía mención a cuatro estilos pero después lo hizo
extensivo a cinco). Dos de los estilos respondían a procesos
autocráticos, dos a procesos consultivos, y el restante a procesos
grupales (o trabajo en equipo).
Y a continuación de la distinción arriba expuesta Vroom y Yetton se
formularon dos preguntas principales:
¿Qué proceso (de los cinco arriba mencionados) es el que debieran usar
los gerentes para aumentar la eficiencia organizacional?
A su vez ésta pregunta nos lleva a la siguiente:
¿Cuál es el proceso para la toma de decisiones que realmente usan en el
día los gerentes en las empresas ?
Resulta claro que la primera pregunta es de tipo prescriptiva (más cerca
de una fórmula o una receta) mientras que la segunda es mayormente
descriptiva.
El trabajo de Vroom y de Yetton representa una contribución muy
importante y distintiva al distinguir tres clases de consecuencias que
influyen sobre la eficiencia en la toma de decisiones y ellas son:
El grado de racionalidad implícita en la decisión
El nivel de aceptación o de compromiso de parte de los subordinados a
efectos de ejecutar la decisión eficientemente.
La cantidad de tiempo que es necesaria para tomar una decisión.
Como consecuencia de ello se está en condiciones de desarrollar un
modelo decisorio donde quedaría definido cuál es el proceso decisorio a
usarse, de modo que podamos alcanzar en el mínimo de tiempo una “calidad
decisoria” que es aceptable. Lo interesante del modelo es que muestra
como cada uno de los perfiles en la relación superior-subordinado puede
ser aplicado en ciertas circunstancias, teniendo las opciones de:
autocracia, consultivo y grupal.
Ahora bien, la frecuencia con que cada una de ellas debiera ser
usada ha de depender sobre el tipo de decisiones que el gerente debe
tomar. Este modelo normativo-prescriptivo sugiere que todos los gerentes
deben operar “a través” de todos los rangos.
En relación a la segunda pregunta que tiene que ver con lo descriptivo,
el trabajo de Vroom se basó en dos metodologías y un hallazgo importante
es el que muestra que tiene mucho más sentido hablar de situaciones
participativas o autocráticas que hablar de gerentes autocráticos o
participativos. Trabajando durante un programa de desarrollo de Líderes,
Vroom comparó los procesos de decisión que el tenía previstos en su
modelo normativo respecto de los que ejecutaban los mismos gerentes.
Es interesante destacar que el modelo presenta mayores variaciones en
la toma de decisiones para cada problema situacional que lo que
usualmente hace el gerente “típico” durante una jornada de trabajo.
Vroom sugiere – como consecuencia de su modelo – que durante la toma de
decisiones el gerente orientado hacia la eficiencia organizacional
debería entrenarse para ser más autocrático y además más participativo,
de acuerdo con el problema que
Eric Gaynor Butterfield informesarrobatheodinstitute.org Ph. D. (abd) - Presidente The Organization Development Institute International, Latinamerica (Board member de The Organization Development Institute- Worldwide) www.theodinstitute.org
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com
© 2008 Carlos López
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |