PRESENTACIÓN
¿Cuánto ha cambiado la economía peruana en la década de los noventa? ¿Cuáles son sus fortalezas y debilidades a inicios del siglo XXI? Este boletín reúne cuatro artículos referidos a temas macro económicos y de ajuste estructural. Los tres primeros son resúmenes de estudios sobre el tema realizados en la última ronda de investigaciones del Consorcio, con una perspectiva de mediano plazo, y el cuarto presenta el documento base del taller de coyuntura del CIES.
El trabajo de Julio Velarde y Martha Rodríguez (CIUP) discute la política económica aplicada en el Perú entre 1990 y 1997. Los autores plantean que el control de la hiperinflación tuvo éxito, pero la transición hacia la estabilidad de precios fue lenta y hasta errática. En parte, por los enormes desequilibrios y distorsiones heredados del gobierno anterior, pero también por errores en la política fiscal, que habrían retrasado la consolidación del programa.
Un punto clave es el equilibrio fiscal. Durante el período en cuestión, se eliminó los subsidios cambiarios y en las tasas de interés, se elevó los precios públicos, se simplificó el sistema impositivo y se creó la SUNAT. Todo ello contribuyó a elevar los ingresos fiscales y a mantener un sólido balance en este campo. El estudio también examina la reforma financiera y la comercial. La primera, bastante exhaustiva y rápida, habría permitido una modernización y profundización del sistema financiero. Sin embargo, quedan aún rezagos de la época inflacionaria que se reflejan en la alta dolarización del ahorro financiero. Por su parte, la reforma comercial eliminó prácticamente todas las barreras y redujo las distorsiones de la intervención estatal.
El segundo estudio, de Efraín Gonzales de Olarte y Cecilia Lévano (IEP), describe el problema del centralismo y la manera como el proceso de ajuste estructural neoliberal (PAEN) afectó a las distintas regiones del país. La economía peruana tendría características intrínsecas que generan desigualdades: un sistema centro periferia, que centraliza la mayor parte de la actividad económica en la capital; disparidades y débiles relaciones entre los sectores urbano y rural, que reforzarían el desarrollo desigual; y la heterogeneidad regional, que determina que las reformas emprendidas por el centro se enfrenten a realidades disímiles y, en ocasiones, no sean siquiera aplicables.
Los autores señalan que el PAEN ha mostrado un sesgo en la generación de empleo hacia el trabajo precario y en los sectores terciarios. Los ingresos, por su parte, han crecido más en el sector urbano que en el rural, donde se sigue concentrando la mayor pobreza extrema. Por último, la centralización estatal ha significado que el gobierno central incremente el cobro de impuestos en la periferia, más que en el mismo centro.
Frente a esta desigualdad distributiva, el trabajo sugiere dos alternativas para una descentralización política y económica: una vía privada, que consiste en generar incentivos para la aparición de centros regionales alternativos e inversión para su desarrollo, y una vía pública, que consiste en que el Estado asuma un papel en la redistribución de recursos, ya sea para la creación de centros secundarios o para compensar a la periferia rural.
El artículo de Oscar Dancourt y Waldo Mendoza (PUCP) analiza cómo la política monetaria afecta el producto en economías dolarizadas. El análisis convencional predice que una política monetaria restrictiva aumenta la tasa de interés, disminuye el consumo y la inversión, y genera así efectos recesivos. Sin embargo, en una economía dolarizada, como el caso del Perú, una política monetaria restrictiva puede reactivar la economía. En efecto, cuando el Banco Central vende dólares comprando soles, la cantidad de moneda extranjera en manos del público sube y la cantidad de moneda nacional baja, fomentando el abaratamiento real del dólar. Por ende, si los agentes están endeudados en dólares, pero tienen sus ingresos en soles, el peso real del servicio de la deuda en moneda extranjera tiende a caer, generando un efecto positivo en el gasto privado. Los autores también examinan los efectos de las operaciones de mercado abierto, la intervención esterilizada y la imposición de un encaje a los capitales de corto plazo.
Finalmente, este boletín reproduce el documento preparado por Alvaro Quijandría (Apoyo) para el taller de coyuntura del CIES, realizado en diciembre de 1999. El articulo revisa el comportamiento de los agregados económicos en dicho año y discute algunas perspectivas para el año 2000. Con relación al producto y la demanda interna en 1999, la recuperación hacia fines del año podría estar reflejando, en parte, un fenómeno estadístico, dado el estancamiento de 1998.
El deterioro fiscal, en su mayor parte, se debería a una caída en la recaudación por la retracción de la demanda interna; sin embargo, también resultó determinante el aumento del gasto público, que creció rápidamente a partir de mayo de 1999, probablemente por la coyuntura electoral. Por primera vez desde 1995, el año mencionado cerró con un déficit primario.
Otro sector afectado seriamente es el bancario. Los estragos de la crisis financiera internacional aún persisten: las colocaciones no recuperan dinamismo porque muchos bancos han adoptado políticas muy conservadoras frente al deterioro de su cartera. Con dificultades de acceso al crédito, se complica la recuperación de las empresas.
Se espera que en el año 2000 la reactivación económica sea lenta, y quizá empiece a ser más significativa a partir del segundo semestre. Se prevé, asimismo, que los ingresos fiscales se incrementen gracias a esta recuperación del producto y de la demanda interna. Sin embargo, y a pesar de una serie de factores favorables, lo más probable es que este año tengamos un déficit que financiar. La alternativa de las privatizaciones no parece muy viable, dados los desalentadores resultados de años anteriores. El financiamiento con deuda interna, por su parte, parece muy poco recomendable: las tasas de interés subirían en el corto plazo, lo cual tendría efectos negativos en el gasto privado y aumentaría los costos financieros de los agentes. Por último, el probable incremento del gasto público, en el marco de las elecciones generales del 2000, complica aun más el panorama de las finanzas públicas. En este contexto, un rápido ajuste fiscal en el segundo semestre sería urgente para consolidar la recuperación.
Finalmente, en la síntesis del debate, Juan Nunura cubre los temas de la recuperación económica, la crisis de la demanda interna y la ruptura de la cadena de pagos, y el alza simultánea del tipo de cambio y de las tasas de interés.
Carlos E. Aramburú - Director Ejecutivo
Javier Portocarrero Maisch - Director Adjunto
LA ECONOMÍA PERUANA EN 1999 Y PERSPECTIVAS PARA EL AÑO 2000
Instituto Apoyo
Introducción
Durante los tres primeros trimestres de 1999, el PBI creció 2.3%, liderado por el crecimiento de las actividades primarias, principalmente como recuperación del Fenómeno El Niño. Las actividades no primarias se vieron golpeadas desde fines de 1998, pero observarían una recuperación, principalmente estadística, durante el cuarto trimestre de 1999.
Se espera que, durante 1999, el crecimiento del producto sea 2.7% o ligeramente superior, tomando en cuenta la corrección de las bases de años anteriores. El resultado oficial esperado para octubre (6% de expansión del producto) llevaría a considerar como posible tasa de crecimiento anual, el 3% anunciado por el presidente Fujimori en los últimos meses.
Sin embargo, este crecimiento anual se vería acompañado de una contracción de la demanda interna de 3.8%, básicamente por la caída de 13.8% de la inversión. Dentro de la evolución del gasto, resulta importante notar dos tendencias: la expansión del sector público con respecto al privado y la contracción de la brecha externa por la caída de las importaciones y cierta recuperación de las exportaciones.
La reducción de los ingresos tributarios por la caída de la demanda interna, la posible eliminación del IES (ahora puesta en duda) y el mayor pago de deuda programado para el año 2000 se reflejan en un presupuesto para el año 1998 deficitario, en una magnitud similar a la que se tendría para 1999, cuyo financiamiento es incierto. Una posible emisión de bonos del Tesoro no elimina la necesidad de un ajuste fiscal que, de postergarse, podría dificultar la recuperación de la economía, que debería empezar a consolidarse hacia el segundo semestre del próximo año.
Producto
A lo largo del año, el patrón de crecimiento ha estado marcado por una reacción estadística con respecto a los resultados de los períodos correspondientes en 1998. Si bien esto implica tasas de crecimiento trimestrales disímiles a lo largo del año(ver el gráfico 1), se ha visto una expansión relativamente más homogénea, en términos reales, con respecto a 1997: 4.1%, 1.7%, 2.6% y un estimado de 3.5%, respectivamente. Revisar las cifras, faltaría la del trimestre IV
El crecimiento en la primera mitad del año estuvo centrado en las actividades primarias (ver el cuadro 1), las cuales se recuperaban de los efectos del Fenómeno El Niño comenzados a sentir en la producción desde finales de 1997, además de un crecimiento adicional en los sectores agropecuario y minero. En el primer caso, éste se debería a un aumento de la productividad, basado en parte en la intervención del Ministerio de Agricultura en las campañas del año anterior, el cual, sin embargo, ha llevado a excesos de oferta que han castigado los precios y ha ‘puesto en jaque’ a los productores. Cabe resaltar, en lo que respecta al subsector pecuario, la expansión de las colocaciones de pollos BB, que originó la salida de empresas del mercado por la caída de los precios. En el caso de la minería, el crecimiento se vio beneficiado por la puesta en marcha de proyectos auríferos (Antamina y Pierina) y por la expansión cuprífera de Cuajone.
Por su parte, los sectores no primarios, que habían continuado creciendo en los primeros tres trimestres de 1998, se vieron castigados por la crisis de liquidez internacional que comenzó a impactar al país hacia la última parte del año. Esto ha marcado su desarrollo en 1999: contrayéndose en los primeros tres trimestres, por la coincidencia de una contracción de la demanda interna con una base estadística alta el año anterior, y compensándose nuevamente en el cuarto trimestre por efecto estadístico (ver el cuadro 1).
La importancia del componente estadístico en la recuperación del producto se hace más clara al observar los resultados del tercer trimestre. Éste sería el de peor desempeño en el año, mostrando un crecimiento de sólo 0.4% (0.2%, según el BCR), concentrado en las actividades primarias que se habrían expandido 8.6% aproximadamente (la tasa más baja de los tres primeros trimestres); mientras que las no primarias habrían continuado contrayéndose (2.5%). Si se observa el tercer trimestre de 1998, se verá la imagen reversa: una expansión alta (para el promedio del año) del producto global que puede descomponerse en el primer resultado positivo, aunque moderado, de las actividades primarias, junto con una expansión de las no primarias.
Asimismo, por este mismo motivo estadístico, en el cuarto trimestre se espera un crecimiento sesgado a las actividades no primarias (tomando en cuenta su ponderación), al compararse contra una marcada contracción el año anterior; mientras que las primarias registrarían el menor crecimiento anual al compararse contra un fuerte crecimiento un año antes, el que ya toma en cuenta la expansión minera y parte de la agropecuaria (es necesario añadir la actual contracción en la producción de hidrocarburos para explicar el bajo desempeño esperado de la minería). El crecimiento total sería el segundo más alto del año, en comparación con una ligera contracción en 1998.
El patrón de crecimiento a lo largo de la década sugiere que la actividad primaria ha tenido un adelanto de uno o dos trimestres sobre las no primarias (ver el gráfico 2). El vínculo entre ambas se daba a través del gasto y atravesaba el sector financiero. Este año, dicha relación parece haberse debilitado, en parte, por los problemas de rentabilidad que enfrentan algunas ramas primarias (pesca y algunos cultivos) y la retracción del flujo de crédito del sector financiero hacia dichos sectores. Además, el contexto de crisis de liquidez internacional, cuyos efectos se hicieron sentir en el país desde el tercer trimestre de 1998, ha contribuido a debilitar directamente al sector financiero.
El resultado es un círculo vicioso, en el que la debilidad de la
demanda interna (generada por la de los sectores primarios) y la
contracción del crédito de consumo y productivo (por la debilidad de las
empresas financieras) resultan en dificultades para que las empresas
endeudadas puedan cumplir con sus obligaciones financieras. Esto, a su
vez, debilita aun más al sector financiero y origina una mayor
percepción de riesgo con respecto al otorgamiento de créditos en
general; lo cual afecta de manera negativa a las empresas productivas.
Demanda interna
El efecto rebote del Fenómeno El Niño y la ruptura de la cadena de pagos explican la diferencia entre la evolución del PBI y de la demanda interna, que se contrae ligeramente desde el segundo trimestre de 1998 y con fuerza desde el cuarto (ver el gráfico 3). En parte, esto explicaría la recuperación prevista para el cuarto trimestre de 1999 y el primero de 2000; incluso así, no se alcanzarían los niveles reales de 1997 (ver el gráfico 4).
Dos de los sectores relacionados de manera más directa con el mercado interno, y que más han sufrido con el pobre desempeño de la demanda interna, son la manufactura no primaria y la construcción. Como se puede apreciar en el gráfico 5, dichos sectores se encuentran en crisis desde el segundo trimestre de 1998.
Revisando la evolución de la economía a lo largo de la década, se aprecia cómo el crecimiento ha estado liderado, alternativamente, por la demanda interna (en particular, la inversión) y por las exportaciones. De hecho, el crecimiento de la inversión ha destacado como motor de la expansión entre 1993 y 1995 (ver el gráfico 6). Sin embargo, desde 1996 (año de ajuste de las brechas fiscal y externa por los excesos de la campaña reelectoral de 1995) y, en especial, a partir de1998, su tasa de expansión ha sido menor a la de las exportaciones, dejando campo a éstas dentro de la composición de la oferta global.
Sector público
Durante los primeros meses del año, la mayor parte del deterioro fiscal, con respecto al desempeño de 1998, estuvo explicado por la caída en la recaudación (10.8% en términos reales hasta mayo de este año), relacionada con la debilidad de la demanda interna. Sin embargo, a partir de abril y con mayor claridad desde mayo, el gasto público comenzó a crecer aceleradamente. De esta manera, el crecimiento del gasto entre abril y agosto de este año fue el más alto desde 1996 y explicó más de la mitad del deterioro fiscal registrado en los meses recientes (ver los gráficos 7 y 8).
Este año, el déficit del sector público se cubriría, principalmente, mediante financiamiento interno, del cual alrededor de US$ 350 millones provendrían de privatizaciones realizadas durante el año (ver el cuadro 2).
CONTENIDO
La política económica en el Perú en los años
noventa: estabilización, reformas y crecimiento
Julio Velarde y Martha Rodríguez
Centralización regional y ajuste estructural en el Perú, 1990-1998:
producción empleo, distribución y papel del Estado
Efraín Gonzales de Olarte y Cecilia Lévano C.
Los dos canales de transmisión de la política monetaria en una economía
dolarizada
Oscar Dancourt y Waldo Mendoza
La economía peruana en 1999 y perspectivas para el año 2000
Síntesis del debate - Juan Nunura
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