La búsqueda de talento es una actividad constante e incluso infinita,
esta no puede detenerse frente a un mundo tan cambiante y exigente como
el que hoy domina los escenarios laborales.
Esa constante búsqueda pretende captar a quienes ofrecerán a las
organizaciones ideas frescas e innovadoras, ya sea basadas en su
conocimiento o en la experiencia que hayan acumulado en cada
especialidad con el paso de los años.
A veces la búsqueda se realiza para contratos de corta duración; un
trabajo en particular puede requerir un mínimo de tiempo si se cuenta
con la ayuda de un asesor o un experto para llevarlo a cabo.
Cuando se contrata por poco tiempo no pasa desapercibido, es común
observar con admiración la presencia de terceros caminar por los
pasillos y ocupar espacios dentro de la empresa, pues suele dárseles una
atención diferente a la que recibe el común: son escuchados con
atención, respeto e interés, sus ideas y propuestas son
operacionalizadas y, por si fuera poco, el pago que reciben por sus
servicios supera cualquier cantidad que pueda imaginarse al primer
calculo.
Ese fenómeno organizacional, orientado a buscar respuestas con personal
externo, no resta continuidad a la búsqueda de talento, pero en
oportunidades pareciera contradecir la naturaleza de esa búsqueda.
¿Cuántas veces los consultores, asesores o expertos han llegado a la
misma respuesta que los empleados han venido señalado en el pasado?
¿Cuántas veces la solución la ha aportado primero un trabajador y no ha
sido considerada? ¿Cuánto dinero ahorraría la empresa si propiciara el
uso del insourcing como herramienta gerencial?
El insourcing no es más que el uso consciente y planificado del recurso
interno que poseen las organizaciones y el cual se cultiva e incrementa
justamente en la captación de ese talento que el mercado ofrece y que
gracias a una correcta labor de selección la empresa consigue contratar.
Pero es tan común buscar afuera lo que se tiene adentro que al momento
de requerir la ayuda de un experto se obvian los recursos con los que la
empresa cuenta, tal vez por la misma razón milenaria que evitó que Jesús
de Nazareth fuese profeta en su tierra.
No es difícil imaginar a algún gerente decir "¿acaso este no es el
analista de compras? ¿qué sabe ese joven de mercadeo para opinar al
respecto?", tal y como ocurrió con el nazareno, se tiende a pensar que
"la gente" que se encuentra al rededor no posee esos dotes
extraordinarios que existen en la gente está afuera. Nada más falso que
eso.
En la mayoría de los casos quienes realizan el trabajo conocen la
respuesta a los problemas de su área e incluso más allá de ésta, pues
están presentes en el día a día de la operación y en contacto directo
con los proveedores y clientes; y como es lógico suponer también están a
la espera de una oportunidad para que sus ideas u opiniones sean
consideradas, ya que no resulta del todo efectiva la proactividad si no
se le otorga el valor que ella posee o si, al manifestarse, es
cuestionada debido a la posición o circunstancias que rodean al
empleado.
Es intuitivo y natural, después de una aseveración como la anterior,
recordar que las empresas recurren con frecuencia al trabajo en equipo y
que en el pasado cercano y aún hoy se habla de los círculos de calidad y
la conformación de entidades interdisciplinarias para afrontar las
dificultades o retos presentes en las empresas
No obstante, si bien es cierto que no es nada nuevo la creación de
equipos interdisciplinarios para discutir y afrontar los problemas que
presenta una unidad en particular, no es menos cierto que incluso en
esos casos quedan por fuera los responsables directos del proceso o,
peor aún, quienes poseen las soluciones efectivas al respecto, lo cual
ocurre a causa de la etiqueta que se le adjudica a cada empleado
dependiendo de la labor que realiza.
Crear tales equipos no significa que la empresa ha entendido la
importancia del recurso interno, ni siquiera que tiene conciencia de
ello, pues podía ser tan solo la repetición de las practicas exitosas de
sus competidores, o simplemente el resultado de lo aprendido en las
aulas de clases, e incluso como consecuencia de una recomendación o
puesta en practica de una herramienta heredada o aprendida en un curso
gerencial.
Ofrecer importancia al recurso humano por convicción va mucho más allá
de la aplicación de las herramientas gerenciales, se trata de escuchar
realmente a la gente y observar cómo puede estar afectando una decisión
de la directiva o la aplicación de una política, el desempeño de sus
funciones, la percepción del clima organizacional e incluso la moral de
los empleados.
Recurrir al insourcing amerita dar valor al talento captado, pues de lo
contrario se estaría desestimando su presencia y conocimiento y, a la
vez, se estaría haciendo a un lado a quien se ha contratado por el
potencial que posee.
Resulta sumamente contradictorio contar con personal egresado en una u
otra especialidad y jamás pedir su opinión profesional al respecto y a
la vez negarle así ese trato especial al que se hizo referencia al
inicio.
¿Qué los hace menos calificados para opinar? ¿Quién conoce mejor la
empresa que ellos? ¿Acaso no son ellos también responsables del éxito de
la organización?
Al parecer esas preguntas están siempre presentes en el común de los
empleados, pero en primera persona, involucrándose así mismos en lo que
la empresa no los considera capaz de intervenir, entonces ¿para que
sirve el talento?
Es una afirmación de la teoría del cambio aquella que reza que las
verdaderas transformaciones ocurren de adentro hacia fuera, jamás al
contrario, pues bien, lo más lógico es suponer que antes de buscar ayuda
externa han de agotarse las que pueden obtenerse en casa, de lo
contrario solo se alimentan sentimientos de frustración, rabia y rencor
en el personal, el cual tiende a sentirse ignorado y menospreciado
cuando ello ocurre.
Evidentemente existen situaciones donde es prácticamente imposible
recurrir al insourcing, de la manera en que aquí se expresa, pero
existen varias donde si lo es y aún así son pocas veces consideradas por
quienes planifican estratégicamente en las organizaciones.
Un ejemplo de lo anterior puede encontrarse en el entrenamiento del
personal, pocas empresas recurren a sus especialistas para que funjan
como instructores al resto de los empleados, por el contrario, gastan
considerables sumas de dinero pagando facilitadores externos que poco o
nada conocen la realidad de la organización.
Para justificar lo anterior usualmente se recurre a la inexperiencia que
poseen los conocedores del tema con relación a la didáctica y andragogía
propia de quien enseña, pero en tal afirmación se obvia la existencia de
cursos para entrenar a entrenadores (train the trainers). Resulta más
económico y funcional invertir en educar a la gente para que entrene y
capacite a los demás miembros del equipo que cancelar cursos aislados,
programados o no, dictados por terceros.
Así mismo puede ocurrir con la creación de logos para una marca, el
mejoramiento o nacimiento de un producto, la adición de un servicio, la
optimización de un proceso o simplemente la manera en que esta dispuesta
un área para ahorrar espacio.
¡Cuanto se ahorraría una empresa con solo preguntar a su gente!
Es claro que lo anterior debe estar aunado al reconocimiento tanto del
esfuerzo como del tiempo que se emplea para ello, si la empresa estaba
dispuesta a pagar por un servicio externo, debe estar ganada en
invertir, si no la misma suma, una cantidad importante en su recurso
interno, pues de lo contrario podría generar desinterés en la
participación de jornadas creativas, de adiestramiento o cualquier otra
que amerite la participación de su gente a causa de observar que ese
esfuerzo adicional no posee una contraprestación, aunque la misma no ha
de ser necesariamente económica.
La lección es sencilla, si la gente es la empresa y de ella depende el
éxito de todos, entonces hay que involucrarla y dejarla participar, hay
que darle valor al talento que se contrata y que se desarrolla dentro de
la organización, de lo contrario cabría peguntarse: ¿es que acaso la
empresa no cuenta con mentes capacitadas para solucionar problemas,
entrenar al personal, mejorar procesos, optimizar recursos e innovar?
Si la respuesta es afirmativa, es imperante revisar el proceso de reclutamiento y selección, reorientar el perfil de la empresa y comenzar una campaña masiva de desarrollo de competencias; Mas, si la respuesta es negativa, entonces hay que revisar el criterio de quienes gerencian al personal, porque además de restar valor al talento, están restando dinero a la utilidad financiera del negocio.
Especialista
en Gerencia, mención Gestión de Negocios, Licenciado en Administración
mención Recursos Humanos Diplomado en Desarrollo Gerencial y Tecnico
Superior Universitario en Administración mención Gerencia
Administrativa, en tres de los cuatro casos graduado con honores.
Ha trabajado en el área de Investigación y Desarrollo, conjuntamente con
Recursos Humanos desde 1989. Ha sido Jefe y Gerente de Administración de
Recursos Humanos desde 1995, en empresas Consultoras, de
Telecomunicaciones y de Consumo Masivo. Actualmente se desempeña como
Director General de Recursos Humanos en una importante universidad
privada de Venezuela. Ha escrito y publicado varios artículos y
trabajos, entre ellos: El Zeitgeist Gerencial, La Filosofía TEA, Las
Organizaciones Horizontales (1º premio como ensayo), La delgada linea
mortal del profesional (en sus cuatro versiones), Gerencia por Herencia,
Gerencia Emocional, El Síndrome de Cronos, entre otros, en revistas como
Conocimiento & Dirección (Argentina) Pauta (Panamá), Recursos Humanos
(Venezuela) y ARPrensa (Colombia). Se ha desempeñado como
conferencista de los temas antes mencionado y otros de interés a nivel
nacional e internacional. Ha obtenido como reconocimiento a su trabajo
distinciones de 1º, 2º y 3er lugar en ensayos y Premios a la Excelencia
Temas: Recursos Humanos, Gerencia, Administración y Nuevos Modelos
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