En la comunicación se dan tres grandes problemas: primero, los
negociadores pueden no estar dirigiéndose al otro u otros, o, por lo
menos, no de manera que puedan ser comprendidos. De ordinario, cada
parte se ha dado por vencida respecto de la otra, y esto hace que ya no
intenten una comunicación seria. En cambio, hablan solo para impresionar
a los circunstantes o a sus electores. En vez de intentar dirigirse con
su oponente hacia un acuerdo mutuamente aceptable, tratan de echarle
zancadilla. En lugar de tratar de convencer a su pareja de que adopten
aptitudes más constructivas o dar pasos más eficientes, se esfuerzan por
convencer a los electores o espectadores a que se dividan. La
comunicación efectiva entre las partes es prácticamente imposible si
cada una está pendiente de la actitud del público, es decir, de los
demás.
Aunque usted le hable a la otra parte en forma directa y clara, es
posible que ella no lo escuche. Este es el segundo problema en la
comunicación. Observe con cuánta frecuencia las personas parecen no
prestar atención a lo que usted dice. Probablemente con la misma
frecuencia usted será incapaz de repetir lo que ellas han dicho. En una
negociación, puede suceder que usted esté tan ocupado pensando en lo
próximo que va a decir, en cómo va a responder a ese último punto o en
la manera de expresar su próxima argumentación, que se le olvide
escuchar lo que la otra parte está diciendo ahora. O usted puede estar
escuchando con mayor atención a sus electores que a la otra parte.
Al fin y al cabo, es a sus electores a quienes debe rendir cuentas por
los resultados de la negociación. Son ellos a quienes está tratando de
satisfacer, y por tanto, no es sorprendente que usted quiera prestarles
mucha atención. Pero si usted no escucha lo que dice la otra parte, no
habrá comunicación.
El tercer problema en la comunicación son los malentendidos. Lo que el
uno dice puede ser malinterpretado por el otro. Aun cuando los
negociadores están en la misma habitación, la comunicación del uno al
otro puede parecer como el envío de señales de humo cuando hace mucho
viento. Cuando las partes hablan idiomas diferentes, la posibilidad de
malas interpretaciones se multiplica. Por ejemplo, en idioma persa, la
palabra "compromiso" parece carecer del significado positivo que tiene
en inglés como "una solución intermedia que ambos pueden aceptar", y
tener solo un significado negativo como en "nuestra integridad se vio
comprometida". De manera similar, la palabra "mediador" en persa sugiere
"entrometido", alguien que interviene sin ser invitado. A principios de
1980 el Secretario General de las Naciones Unidas fue a Irán a buscar la
liberación de los rehenes estadounidenses. Sus esfuerzos se vieron
seriamente contrarrestados cuando la radio y la televisión iraníes
informaron en persa un comentario que él había hecho a su llegada a
Teherán: "He venido como mediador a tratar de llegar a un compromiso".
Una hora después de la emisión, una turba de indignados iraníes
apedreaba su automóvil.
¿Qué puede hacerse frente a estos tres problemas de comunicación?
Escuche atentamente y reconozca lo que dicen. La necesidad de escuchar
es evidente, y sin embargo es difícil escuchar bien, sobre todo bajo la
presión de una negociación. Escuchar le permite a usted comprender sus
percepciones, sentir sus emociones, y oír lo que tratan de decir.
Escuchar activamente o con atención mejora no solo lo que usted oye,
sino también lo que ellos dicen. Si usted escucha con atención e
interrumpe ocasionalmente para decir, "¿Entendí correctamente que usted
está diciendo que...?", la otra parte se dará cuenta de que usted no
está simplemente matando el tiempo, sencillamente cumpliendo una rutina.
Además, sentirán la satisfacción de ser escuchados y comprendidos. Se ha
dicho que la menos costosa de las concesiones que se le puede hacer a la
otra parte es hacerle saber que ha sido escuchada.
Las técnicas acostumbradas de saber escuchar consisten en prestar
atención a lo que se está diciendo, pedir a la otra parte que diga
detalladamente en forma cuidadosa y clara exactamente lo que quiere
decir, y solicitar que se repitan las ideas si hay alguna ambigüedad o
incertidumbre. Propóngase que mientras escucha no va a estar pensando en
la respuesta, sino a tratar de comprender a la otra parte como ella se
ve a sí misma. Tenga en cuenta sus percepciones, sus necesidades y sus
limitaciones.
Muchos creen que una buena táctica es no prestar mucha atención a los
argumentos de la otra parte, y no admitir ninguna legitimidad en su
punto de vista. Un buen negociador hace exactamente lo contrario. A
menos que usted reconozca lo que están diciendo y demuestre que lo
comprende, ellos pueden creer que no los ha oído. Entonces, cuando usted
trate de explicar un punto de vista diferente, ellos supondrán que usted
todavía no ha entendido lo que quieren decir. Se dirán a sí mismos: "Le
expuse mi punto de vista, pero ahora está diciendo algo diferente, de
modo que no debe haber entendido". Entonces, en vez de escuchar su
argumento, estarán pensando en la manera de presentar el punto de vista
de ellos en otra forma, con la esperanza de que ahora sí lo comprenda.
En ese caso, demuéstreles que usted ha comprendido. "Permítame ver si he
entendido lo que usted dice. Desde su punto de vista, la situación es la
siguiente...".
Cuando repita lo que usted crea que ellos han dicho, expréselo en forma
positiva desde su punto de vista, dando toda la fuerza a sus argumentos.
Podría decir: "Ustedes tienen un argumento fuerte. Déjenme ver si puedo
explicarlo. Me parece que es de la manera siguiente...". Comprender no
es lo mismo que estar de acuerdo. Es posible, a la vez, entender
perfectamente y estar en total desacuerdo con lo que dice la otra parte.
Pero a menos que logre convencerlos de que entiende su manera de verlo,
usted no podrá explicarles su propio punto de vista. Una vez que usted
ha explicado el punto de vista ajeno, exponga los problemas que usted le
ve a la propuesta del otro. Si es capaz de explicar su punto de vista
mejor que ellos mismos, y después lo refuta, usted maximiza la
posibilidad de iniciar un diálogo constructivo basado en los méritos y
minimiza la posibilidad de que ellos crean que no los ha comprendido.
Hable con el fin de que se le entienda
Háblele a la otra parte. Es fácil olvidar que una negociación no es un
debate. Tampoco es un juicio. Usted no está tratando de convencer a una
tercera parte. La persona a quien usted está tratando de convencer, está
sentada alrededor de la misma mesa. Si una negociación puede compararse
con un procedimiento legal, la situación se parece a la de dos jueces
tratando de ponerse de acuerdo sobre cómo decidir un caso. Intente
situarse en ese papel, tratando a su oponente como si fuera un juez,
colega suyo, con quien usted trata de formular una opinión conjunta. En
este contexto, es evidente que no se logrará persuadir si se culpa a la
otra persona por el problema, si se insulta, o si se levanta la voz. Por
el contrario, ayudará mucho el reconocer explícitamente que ven la
situación de manera diferente y tratar de tramitarla como personas que
tienen un problema común. Para reducir el efecto dominante y distractor
de la prensa, las audiencias domésticas, y de terceras personas, es útil
establecer medios privados y confidenciales de comunicación con la otra
parte.
La comunicación también puede mejorar si se limita el tamaño del grupo
en la reunión. Por ejemplo, en las negociaciones de 1954 sobre la ciudad
de Trieste, se obtuvo poco progreso en las conversaciones entre
Yugoslavia, Gran Bretaña y los Estados Unidos, hasta que los tres
negociadores principales abandonaron sus delegaciones y empezaron a
reunirse solos y de manera informal en una casa privada. Puede
defenderse la idea de cambiar el atractivo lema de Woodrow Wilson
"Convenios abiertos logrados en forma abierta" por "Convenios abiertos
logrados en forma privada".
Independientemente del número de personas que intervengan en una
negociación, las decisiones importantes se logran por lo general cuando
no hay más de dos personas presentes en la habitación.
Hable sobre usted mismo, no sobre ellos
En muchas negociaciones, cada una de las partes explica y condena
extensamente las motivaciones y las intenciones de la otra parte. Sin
embargo, es más persuasivo describir el problema en términos del impacto
que tuvo en usted que en términos de lo que ellos hicieron y por qué:
"Me siento desilusionado", en lugar de "Usted no cumplió su palabra".
"Sentimos que se discrimina en contra nuestra", en lugar de "Usted es
racista". Si usted afirma algo sobre ellos que ellos consideran falso,
no lo tendrán a usted en cuenta o se enojarán; no se concentrarán en su
preocupación. Pero una afirmación sobre sus propios sentimientos es
difícil de objetar. Usted proporciona la misma información sin provocar
una reacción defensiva que les impedirá tenerla en cuenta.
Hable con un propósito
A veces el problema no se debe a que haya poca comunicación, sino a que
hay demasiada. Cuando existe ira y percepciones erróneas, es mejor no
decir ciertas cosas. En otras ocasiones, una declaración completa de lo
muy flexible que es usted podrá hacer que un acuerdo sea más difícil y
no más fácil de lograr. Si usted me dice que está dispuesto a vender una
casa por $ 80 000 después que yo he dicho que estaría dispuesto a pagar
hasta $ 90 000, podrá ser más difícil que logremos ponernos de acuerdo
que si usted no hubiera dicho nada. La moraleja es: antes de decir algo
significativo, esté seguro de lo que quiere comunicar o averiguar, y
esté seguro del objetivo que se logrará con esa información.
Es mejor prevenir
Las técnicas que hemos descrito para tratar los problemas de las
percepciones, las emociones y la comunicación, son por lo general
útiles. Sin embargo, el mejor momento para solucionar el problema de las
personas es antes que el problema se presente. Esto implica crear una
relación personal y organizacional con la otra parte, que sea capaz de
proteger a las personas de ambos sectores contra los golpes de la
negociación. También implica que el juego de la negociación se
estructure de manera que puedan separarse los asuntos sustantivos de la
relación y se protejan los egos de las personas para que no se mezclen
con la discusión sobre lo sustancial.
Establezca una relación de trabajo
Ayuda mucho conocer a la otra parte personalmente. Es mucho más fácil
atribuir intenciones diabólicas a una abstracción desconocida llamada
"la otra parte", que a alguien a quien usted conoce personalmente.
Tratar con un compañero de clase, un colega, un amigo, o aun el amigo de
un amigo, es muy diferente que tratar con un desconocido. Mientras más
rápidamente usted pueda convertir a un desconocido en alguien a quien
usted conoce, más fácil será probablemente la negociación. Será menos
difícil saber de dónde vienen. Ello le da una base de confianza en la
que puede apoyarse durante una negociación difícil. Hay rutinas
cordiales y conocidas de comunicación. Es más fácil aliviar la tensión
con un chiste o con un comentario informal.
El momento adecuado para desarrollar esta relación es antes que empiece
la negociación. Trate de conocer a los otros y de averiguar qué les
gusta y qué les disgusta. Trate de encontrarse con ellos informalmente;
de llegar temprano, antes de la hora fijada para el comienzo de la
negociación, y quédese un momento cuando ésta termina. Una de las
técnicas favoritas de Benjamín Franklin era pedirle al adversario que le
prestara un libro. Esto hacía sentir bien a la persona y le daba el
sentimiento agradable de que Franklin le debía un favor.
Enfréntese con el problema, no con las personas
Si los negociadores se perciben como adversarios en un enfrentamiento
cara a cara, es difícil separar su relación de la parte sustancial del
problema. En ese contexto, cualquier cosa que un negociador diga sobre
el problema parece estar dirigida contra el otro en forma personal, y
así lo percibe éste. Cada parte tiende a estar a la defensiva, a
reaccionar y a pasar por alto los intereses legítimos de la otra parte.
Una manera más efectiva de percibirse mutuamente es como socios en una
difícil búsqueda en común por un acuerdo justo y ventajoso para ambos.
Al igual que dos náufragos perdidos en el mar en un bote salvavidas y
peleando por las limitadas raciones y provisiones, los negociadores
pueden verse inicialmente como adversarios. Quizá cada uno considere al
otro como un obstáculo. Sin embargo, para sobrevivir, los náufragos
tienen que separar los problemas objetivos y las personas. Será
indispensable que identifiquen las necesidades del otro en términos de
sombra, medicinas, agua o alimentos. Querrán ir más lejos y afrontar la
solución de esas necesidades como un problema común, junto con otros
problemas comunes como recoger el agua de la lluvia, montar guardia y
llegar hasta la costa. Si notan que están compartiendo esfuerzos para
solucionar un problema común, los náufragos serán capaces de conciliar
sus intereses conflictivos y avanzar a la vez en el logro de sus
intereses comunes. Lo mismo sucede con dos negociadores. Por difícil que
sea nuestra relación personal, podremos más fácilmente alcanzar una
reconciliación amistosa que haga concordes nuestros varios intereses si
aceptamos esa tarea como un problema compartido y lo emprendemos juntos.
Para ayudar a que la otra parte modifique su orientación de un cara a
cara hacia un lado a lado, usted puede discutir con ellos el asunto
explícitamente. "Mire, ambos somos abogados (diplomáticos, hombres de
negocios, parientes, etc.). A menos que tratemos de satisfacer sus
intereses, será imposible que logremos un acuerdo que satisfaga los
míos, y viceversa. Examinemos juntos el problema de cómo satisfacer
nuestros intereses comunes". O usted puede empezar a actuar como si la
negociación fuera un proceso conjunto y con sus acciones determinar que
ellos deseen hacer lo mismo.
Es útil sentarse literalmente del mismo lado de la mesa y tener a la
vista el contrato, el mapa, las hojas de papel, o cualquier otra cosa
que explique el problema. Si se ha establecido una base de mutua
confianza, mucho mejor. Pero por precaria que sea la relación, trate de
estructurar la negociación como si fuera una actividad común compartida
por ambos, con sus diferentes intereses y percepciones, y con su
compromiso emocional.
La separación de las personas del problema no es algo que puede hacerse
de una vez y que luego puede olvidarse; hay que seguir trabajando en ese
sentido.
Lo esencial es tratar a las personas como a seres humanos
y al problema según sus méritos
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