PROHIBIDO INNOVAR II
Cuando las organizaciones como su gente han entendido que el cambio es
una realidad inmensurable, propia de la naturaleza misma del universo y
cuya constante renovación y cuestionamiento acercan cada vez más a la
empresa al equilibrio propio de quienes, sin ostentar la perfección,
buscan incrementar sus conocimientos y con ellos explorar y explotar
nuevas fuentes de bienestar y riquezas; no es posible prohibir a nadie
que innove.
Las organizaciones que aprenden están en constante intercambio con las
revoluciones, saben que aquello que es cierto hoy podrá ser una quimera
en el mañana y viceversa, por lo que se dedican más a la visión que
poseen del futuro que a la fotografía que conservan del presente, saben
que habrán elementos que por su condición o naturaleza en el momento en
que lo observan no habrán de cambiar, pero que en un futuro inmediato
podría cuestionarse su existencia y, al percatarse de su obsolescencia,
convertirse tan solo en el recuerdo de los buenos viejos tiempos, sin
que ello signifique la añoranza de los mismo.
Es un hecho, lo único constante es el cambio y para quienes así lo
asumen cada día es un reto que al finalizar representa la recompensa de
haber superado la prueba, por más similar que al pasado resultara.
Para un importante número de empresas el cambio resulta una ventaja
competitiva que de no estar presente restaría valor a la existencia
misma de la organización; empresas donde se encuentra involucrado el
puesto más básico de su estructura hasta el más complejo, quienes
aportan con la misma efectividad ideas que pueden enriquecer los
procesos, sus servicios o productos, donde la sinergia no es una extraña
palabra extraída de un libro de texto, o de un importante seminario,
sino que conforma uno de los valores más preciados de su gente.
Resulta imposible imaginar empresas de tecnología donde la innovación no
sea "el pan de cada día", así como las empresas del ramo automotor,
telecomunicaciones o sistemas, pues sus mercados están diseñados para
estar siempre un paso delante, pero ¿aplica sólo para ellas? ¿Se puede
ser constante con el cambio en otras empresas?
El cambio no significa transformase en un ente completamente diferente a
lo que ahora se es, eso estaría más cerca de ser una reingeniería –en el
aspecto mas radical de la misma- que una transformación. El cambio en
las organizaciones debe ser un proceso que apunte a la mejora, que
inspire la innovación y alimente la creatividad para mantenerse en el
mercado-meta o explorar mercados nuevos, debe ser una ventaja
comparativa y competitiva, donde se evolucione sin perder la identidad,
salvo que ello represente realmente un salto cuántico.
En todas las empresas la innovación está presente, todas tienen la misma
oportunidad de agregar valor a sus procesos de manera constante y
sostenida, solo que dependerá del nivel de identificación que alcancen
sus integrantes, lo oportuno y la agudeza de los cambios que se
propongan.
Se dice que una vez que se ha alcanzado una formula para realizar un
proceso a la perfección debe ser desechada, pues la soberbia de la
exactitud impide observar la posibilidad de mejorar y continuar
evolucionando.
Existen ejemplos sorprendentes de estas transformaciones, pues hace
apenas dos década los teléfonos celulares representaban grandes piezas
de metal y plástico cuya independencia apenas si alcanzaba los 15
minutos y su peso superaba un kilogramo, hoy en día caben en la muñeca y
pueden extender su funcionamiento por más de una semana ¿dejaron de ser
teléfonos celulares por ello? ¡No! Se transformaron tal vez en el
principio de lo que en realidad será su más alto nivel. Así mismo paso
con el modelo T, ayer apenas si se diferenciaba de las carretas, hoy
cualquier vehículo, por más sencillo que sea, ofrece confort a quien lo
maneja y está muy distante de su predecesora; todas esas revoluciones
fueron introducidas por personas que entendieron la necesidad de ofrecer
de manera constante mejoras, de innovar sin cambiar la esencia, las
mismas que fungieron como ondas expansivas que excitaron la imaginación
de usuarios y competidores y llevaron al mundo empresarial a la lucha
constante por mantenerse en movimiento.
Por lo tanto el cambio tiene, para quienes lo observan como una
herramienta, la capacidad de ajustarse a las necesidades, sueños o
expectativas de quienes lo administran y gerencian, ya sea convirtiendo
un quiosco de periódicos en un "centro de información" o quienes
observan que el futuro de las telecomunicaciones está en el desarrollo
de la genética.
El cambio es un proceso de innovación cíclico, ya sea sutil o radical,
todo lo que es nuevo produce la transformación de lo que se conoce y
ello conlleva a sumar un paso en la evolución, la cual experimenta de
nuevo el proceso y continúa avanzando; en realidad por más que se
prohíba innovar el cambio terminará por imponerse, así sucedió en el
pasado y así será en el futuro, de hecho la negación misma del cambio es
la aceptación indirecta de su existencia, la gente no se puede oponer a
algo que no existe.
Por todo lo anterior es posible entender el hecho mismo que señala al
cambio como una constante, una espiral ascendente en la cual no se es
espectador sino protagonista, no se es el efecto sino la causa.
Cuando las organizaciones alcanzan ese nivel de madurez, el cambio no es
un enemigo sino un aliado, la necesidad de agregar valor forma parte del
desempeño de quienes la integran y ello repercute en la calidad de sus
resultados. No se trata, entonces de restar valor al nivel alcanzado en
el presente, sino de observarlo como parte del proceso que sirve de
cimiento para los niveles subsiguientes.
Todo cambio, por mínimo que sea, es la suma de una idea que llegó a buen
termino, avalado por una directiva abierta a escuchar a su gente, por
gente motivada a desarrollar su creatividad, por empresas donde lo único
que está prohibido, en materia de transformaciones, es prohibir la
innovación.
Aquí comienza el contenido del artículo
Especialista
en Gerencia, mención Gestión de Negocios, Licenciado en Administración
mención Recursos Humanos y Técnico Superior Universitario en Gerencia
mención Gestión de Negocios, en los tres casos graduado Cum Lauden. Ha
trabajado en el área de Investigación y Desarrollo, conjuntamente con
Recursos Humanos desde 1989. Ha sido Jefe y Gerente de Administración de
Recursos Humanos desde 1995, en empresas de Telecomunicaciones,
Consultoras y de Consumo Masivo. Actualmente se desempeña como Director
General de Recursos Humanos en una importante universidad privada. Ha
escrito y publicado varios artículos y trabajos, entre ellos: El
Zeitgeist Gerencial, La Filosofía TEA, Las Organizaciones Horizontales
(1º premio como ensayo), La delgada línea mortal del profesional (en sus
cuatro versiones), Gerencia por Herencia, Gerencia Emocional, entre
otros. Ha obtenido como reconocimiento a su trabajo distinciones de 1º,
2º y 3er lugar en ensayos y Premios a la Excelencia, entre otros. Temas:
Recursos Humanos, Gerencia, Administración y Nuevos Modelos. País de
residencia: Venezuela
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