En el presente artículo se abordan las generalidades de la metodología de sistemas (Systems Thinking) de Bertalanffy y Wienner y su influencia en el pensamiento administrativo contemporáneo. Se hace énfasis en sus bases teóricas que han permitido el desarrollo de varias propuestas metodológicas que continúan vigentes y que han constituido los cimientos de autores tan importantes como Drucker, Ackoff, Goldratt, Checkland, Jackson, Flood, Senge y todos aquellos relacionados con las filosofías de calidad. Un acercamiento al pensamiento sistémico permite a los managers de hoy elevar sus capacidades de planeación estratégica considerando todos los elementos que entran en juego en la dinámica empresarial.
(I)
En la administración del Siglo XXI conviven una serie de teorías y
enfoques cuyo origen se remonta al primer cuarto de la centuria anterior
y a modelos relacionados con la Calidad Total, el Just in Time, la
Teoría de las Restricciones, Organizaciones Inteligentes y la
Administración del Capital Humano, entre otros. Desde nuestro punto de
vistas, todas estas tendencias deben su solidez conceptual al desarrollo
del pensamiento sistémico que surge a partir de los trabajos de
Bertalanffy y Wiener que, entre otras cosas, fundamentan la metodología
de sistemas en su aplicación a la administración.
Si la competitividad de las empresas esta en relación directa con la
habilidad de administrarlas, en un contexto de optimización de recursos
de todo tipo que entran en juego en el proceso de producción de bienes y
servicios, la administración contemporánea no puede hoy recurrir a los
viejos modelos de gestión propuestos, a principios del siglo pasado por
Taylor, Fayol, Weber, entre otros, autores pioneros de la administración
científica.
Los nuevos paradigmas asociados a la creatividad y a la innovación, a la
rapidez como estrategia para lograr ventajas competitivas, a la
información como insumo básico de la producción, al valor agregado de
los productos y servicios derivado del conocimiento y la inteligencia y,
al aprovechamiento de las tecnologías de información como parte de la
revolución de los negocios, exigen de modelos de administración que
consideren a las organizaciones como entidades complejas, donde todos y
cada uno de los componentes se interrelacionan dentro de sistemas y
subsistemas con mecanismos de control que previenen, en un contexto
sinérgico, la presencia de los procesos entrópicos y, por lo tanto,
optimizan los procesos productivos y la prestación de servicios en una
constante búsqueda para alcanzar ventajas competitivas, (la complejidad
y el caos organizacional vistos de manera holística).
Considerando a las organizaciones como entidades altamente complejas es
necesario establecer metodologías que simplifiquen las situaciones
problemáticas a través de modelos sistémicos que guíen las acciones en
un proceso continuo de evaluación y control.
Las viejas teorías que consideran a las organizaciones como entidades
estáticas, construyeron supuestos que constantemente están perdiendo
validez, sobre todo en organizaciones de clase mundial que ya no
soportan la administración basada en estructuras rígidas y en
suposiciones reduccionistas.
Por ello, influidos por la Teoría General de Sistemas y los conceptos de
la Cibernética de Wienner, han surgido desde mediados del siglo XX y
hasta nuestros días, nuevas propuestas teóricas y metodológicas que han
permitido a la ciencia administrativa adecuarse a los nuevos
requerimientos de las organizaciones. Con bases filosóficas sólidas,
sobre todo deudas intelectuales con Kant y Habermas, el enfoque
sistémico en la administración ha permitido el desarrollo de los modelos
y propuestas de Checkland, Churchman, Boulding, Beer, Drucker, Senge y
Goldratt entre otros, que constituyen, hoy en día, parte de los autores
más reconocidos en el ámbito del management mundial.
Como se puede ver, la administración no escapó a esta corriente del
pensamiento y, desde mediados del siglo pasado, fue una ciencia
altamente permeable a los postulados sistémicos. Sin temor a
equivocarnos, el enfoque sistémico de investigación y resolución de
problemas, provocó la eclosión de diversas propuestas de gestión
organizacional, tanto en los países occidentales como en las naciones
del lejano oriente.
Específicamente, es fundamental, en cualquier intento de acercamiento al
enfoque sistémico, recurrir a los trabajos de Checkland, Churchman,
Ackoff y Beer cuyas propuestas sustentan varias metodologías actuales de
intervención organizacional. De igual manera, es necesario recurrir o
tomar como antecedente básico, los modelos de Ohno y de Kenichi Ohmae.
Más recientemente, es importante considerar los trabajos de finales de
la década pasada, elaborados por los ingleses Jackson y Flood y
obviamente las aportaciones de Goldratt, Drucker y Senge.
No es nuevo señalar que en algunos países o regiones la competitividad
de las empresas se encuentra en un deslizamiento permanente, debido a
una serie de factores que van desde las relacionadas con el medio
ambiente externo, ecológico, económico, social y político (factores
exógenos) hasta los que tienen que ver con la administración propia de
las organizaciones a su interior (factores endógenos) entre los que se
pueden mencionar, la logística, el manejo de los inventarios, el control
de calidad, la planeación estratégica, la administración del capital
humano, la ética de los negocios, las acciones de mercadeo, los modelos
de atención al cliente y la relación con proveedores, entre otros.
Un diagnóstico, quizá apresurado, es que la administración de las
empresas, en muchos casos, todavía se lleva a cabo bajo modelos muy
rígidos que inhiben la creatividad, que hacen poco uso de las
tecnologías de información y que sustentan su funcionamiento en
estructuras paradigmáticas poco o nada flexibles, incapaces de enfrentar
con pertinencia los cambios rápidos del entorno y los retos de la
competencia global.
El enfoque sistémico en la administración esta dirigido a construir,
paradójicamente, con base en la destrucción creativa, modelos de
administración que propicien el cambio organizacional, la innovación y
la competitividad, al conceptualizar a las organizaciones como sistemas
abiertos, considerando todos los componentes del mismo, los subsistemas,
las relaciones de interdependencia que existen entre ellos y la
influencia del medio ambiente.
De igual manera, el pensamiento sistémico estima a las organizaciones
como entidades muy complejas, considerando que quienes participan en su
funcionamiento son, a su vez, seres racionales y complejos.
Adicionalmente, en el derrotero organizacional participan, como hemos
visto líneas arriba, un sinnúmero de factores que dependen obviamente de
la naturaleza de la organización y de sus objetivos.
Reiterando, las organizaciones son entidades muy complejas, por lo
tanto, en la búsqueda de soluciones creativas a las diversas situaciones
problemáticas, el pensamiento sistémico, en sus distintas propuestas
metodológicas, indaga sobre la simplicidad en la complejidad, a través
de la edificación de modelos de interpretación de la realidad en donde
se identifiquen, con certidumbre, las raíces de los problemas y las
posibles soluciones en los distintos niveles organizacionales. Por ello,
la metodología de sistemas en administración es una de las mejores
herramientas para la gestión organizacional y, como mencionan Stoner,
Freeman y Gilbert (1996): “una de las corrientes de la administración
que sobrevivirán en el siglo XXI".
(II)
El pensamiento sistémico, metodología de sistemas o pensamiento en
sistemas (Systems Thinking), que para fines de este artículo se
considerarán como sinónimos, constituye un rompimiento del paradigma
cartesiano reduccionista basado en el principio de causa-efecto que
dominó la indagación científica hasta el primer tercio del siglo XX.
Para algunos autores, como Fernández Isiord (2004) esta es una corriente
crítica reciente:
En los últimos años esta surgiendo una corriente crítica con la
definición de la visión, la misión y el posicionamiento estratégico en
relación a un sistema de pensamiento cartesiano bajo el principio de
causa-efecto, para dar paso a un pensamiento sistémico, que no
sistemático, holístico, que propone nuevas vías de reflexión y de
trabajo. Todo ello esta orientado a dar respuesta a una necesidad que
tienen las organizaciones de hoy para seguir existiendo en el futuro, en
un entorno donde la constante es el cambio, las variables que influyen
en el devenir de las mismas son más de las que podemos imaginar y, por
supuesto, incontrolables.
A pesar de esta respetable opinión, debemos mencionar que esta corriente
del pensamiento no es nueva . Más bien, lo que estamos presenciando, es
un renovado énfasis de la metodología de sistemas en diversos ámbitos de
la ciencia y la tecnología, incluyendo, por supuesto, la ciencia de la
administración.
El pensamiento sistémico en administración, como en todas las
disciplinas científicas, deviene, fundamentalmente, del desarrollo de la
Teoría General de Sistemas de Ludwig Von Berthalanffy y de la
Cibernética de Norbert Wienner. Esto no quiere decir que estos autores
sean los primeros que reflexionaron sobre el pensamiento sistémico ya
que los fundamentos epistemológicos los podemos encontrar desde Platón y
Aristóteles hasta Hegel, Kuhn, Boulding, Von Newman y Forrester, entre
otros.
La teoría de sistemas plantea un nuevo marco de enfoque metodológico de
muy amplia aplicación en distintas áreas de conocimiento, esto es, un
nuevo paradigma científico que retoma la visión holística e integradora,
como necesaria para una comprensión de la realidad, frente a los
reduccionismos analíticos que fijaban su atención en aspectos muy
concretos, sin considerar que éstos estaban sujetos a la dinámica del
conjunto. Si bien es cierto que, a través del pensamiento analítico (o
reduccionismo analítico), la ciencia avanzó en todos sentidos, ha sido a
partir de la Teoría de Sistemas que los avances científicos y las
innovaciones tecnológicas se han acelerado desde la segunda mitad del
siglo XX . Frente a la complejidad cada vez mayor de las organizaciones,
la ciencia administrativa no podía ser la excepción.
La base conceptual o primigenia del pensamiento sistémico reside en la
Teoría General de Sistemas que se define como “una nueva forma de
comprender la realidad social” que considera al sistema como un todo que
no es igual a la suma de sus partes (lo que a su vez constituye el
principio básico de la Sinergia). Es decir, en términos generales, se
transita de un modelo mecanicista que enfatiza el análisis de las partes
de manera aislada para acercarse al objeto del conocimiento, a un modelo
sistémico (vitalista y organicista según algunos autores) en el que
prevalece “el todo por encima de las partes, cuya comprensión está
supeditada al todo, por lo que no pueden separarse de manera artificial
de su engarce o ensamblaje con el medio que les da sentido. Se postula
así que dichas partes, por separado, carecen de sentido y no pueden ser
comprendidas” . Además, el todo tiene otras propiedades muy diferentes a
la de cada uno de sus elementos vg. HCL más NaOH, que son corrosivos de
manera aislada, mezclados dan sal común más agua.
En este sentido, Bartlett (2001) afirma que el pensamiento sistémico
reúne las dos etapas básicas de apropiación del conocimiento: la fase
analítica y la fase sintética (fig. 1.1).
El pensamiento sintético incorporado en el pensamiento sistémico
permite, como afirma Ackoff, tener un mejor entendimiento de los
sistemas complejos que si sólo utilizamos el pensamiento analítico, lo
cual constituye un nuevo paradigma.
Fig. 1.1
Entendiendo el concepto del pensamiento sistémico

Bartlett, Gary (2001)
Conclusiones
La importancia del pensamiento sistémico en administración, es que considera todos los elementos y componentes del sistema organizacional y, en el reconocimiento de su complejidad y dinamismo, propone el análisis de todas las partes, no de forma aislada, sino en su interrelación con todos los demás componentes. Como sostienen Leonard y Beer (1994), el pensamiento sistémico, sin importar las etiquetas, es la mejor herramienta para enfrentar la complejidad y los problemas organizacionales de alto dinamismo.
La estructura teórica del pensamiento sistémico esta soportada por los diferentes conceptos tomados de la Teoría General de Sistemas y de la Cibernética que han sido trasladados a la administración bajo el concepto sistémico del isomorfismo que establece, de acuerdo con Gigch (2003) la “existencia de principios isomorfos o similares que gobiernan la conducta de entidades en muchos campos”.