La ética juega un papel primordial en el manejo del ambiente y, por ende, debe ser pilar fundamental en todo proceso de educación ambiental. Incidir en la sensibilización y en la concientización de los colectivos para que su comportamiento genere nuevas formas de relación con su ambiente particular y global es uno de los propósitos más importantes de la educación para el ambiente.
Las alternativas de solución a los diversos problemas ambientales
deben ser el producto de las decisiones responsables de los individuos,
las comunidades y en últimas de la sociedad, atendiendo a los criterios
de valoración de su entorno, íntimamente relacionados con el sentido de
pertenencia y, por ende, con los criterios de identidad.
Fomentar una ética ambiental y desarrollar el aspecto axiológico
(conjunto de valores) son algunos de los objetivos de la educación
ambiental. En el campo de la ética, hay una distinción de la conducta
social frente a la antisocial.
La educación ética para el ambiente debe contribuir a la formación de
individuos y de las sociedades en actitudes y valores para el manejo
adecuado del medio, a través de una estructura que obedezca a una
reflexión crítica y estructurada que haga posible comprender el por qué
de esos valores para asumirlos como propios y actuar en consecuencia.
Todas estas perspectivas deben hacer posible un verdadero trabajo
crítico que reoriente la cultura científica para ponerla al servicio de
los seres humanos, de suerte que en su reflexión sobre el sentido de la
vida y sobre su responsabilidad social incluyan la utilización de la
ciencia y la técnica de manera adecuada a las necesidades propias de un
desarrollo social autónomo, al igual que los saberes comunes y
tradicionales.
La mayoría de los problemas ambientales del mundo actual son
esencialmente causados por el hombre. El papel del hombre es, por tanto,
crucial, ya que es su actitud hacia el medio ambiente humano y natural
la que ha configurado el medio ambiente de hoy. Obviamente que el cambio
de su actitud y la conducta del hombre están relacionadas directamente
con el sistema de valores de la sociedad contemporánea. Históricamente,
los valores individuales y sociales no siempre han estado en los mejores
intereses de preservar un ambiente de calidad.
La crisis ambiental actual obliga al hombre a reexaminar sus valores y a
alterarlos cuando sea necesario a fin de asegurar la supervivencia
humana. Se debe formular un sistema de valores de prioridades ecológicas
para que lleguen a ser leyes mundiales.
Se debe pensar que cada ser humano tiene derecho a vivir y satisfacer
sus necesidades básicas. Si el hombre pudiera vivir en armonía con la
naturaleza y actuar como un responsable “cuidador” o “guardián” del
medio ambiente, sería posible lograr un futuro ecológicamente saludable
para las generaciones venideras. El hombre con su poder tecnológico
único ejerce un profundo efecto sobre su medio ambiente. Por eso, en
cierta medida, puede controlar su propio destino.
Para vivir en armonía el hombre tiene que desarrollar una manera
equilibrada de pensar, de sentir y de actuar hacia el medio ambiente.
Una ética ambiental es básicamente una ética basada en la justicia
social para todos sin discriminación de casta, raza, sexo, religión,
ideología, región o nación. (UNESCO, 1990, 51). También es un factor
relevante de todo sistema económico, político y social ya que en éste
hay implícita una visión determinada del hombre, de su ser, sus
atributos, su origen y su destino.
Cada sistema económico, político y social genera una visión de hombre
que lo sostiene. Esto explica la exigencia de partir no sólo de nuevas
estructuras socio - económicas sino también de nuevos valores; éstos
dependen en gran parte del tipo de educación vigente que a su vez está
condicionada por la estructura socio - económica del país.
La visión integral del hombre debe estar acorde con la transformación
educativa, que pretenda consolidar nuevos caminos, crear actitudes y
normas de comportamiento frente a los demás y hacia la naturaleza, que
haga posible la realización de todo hombre en la sociedad y contribuya
en forma significativa a la formulación de una toma de decisiones
razonables en lo ambiental ya que esto supone el análisis cuidadoso de
los aspectos ecológicos, económicos, sociales y técnicos; además deben
examinarse, antes de tomar una decisión, diversas alternativas
políticas, acciones y prácticas.
Las decisiones que afectan el medio ambiente pueden ser hechas por un
individuo, una familia, una sociedad, los consumidores, las industrias y
el gobierno.
Tales decisiones ambientales pueden adoptarse con base en la jerarquía
de valores que prevalecen sin tener ninguna consideración ecológica. Por
ejemplo, en el siglo actual, las sociedades tecnológicamente avanzadas
han considerado un estándar de vida, de desarrollo industrial como su
valor colectivo Principal.
Las consideraciones ecológicas han tenido una baja prioridad, porque las
sociedades no calcularon las consecuencias a largo plazo impuestas por
su jerarquía de valores, como consecuencia la calidad del medio ambiente
del hombre se ha degenerado.
La educación al igual que la ética se concibe como un proceso permanente
de carácter social y personal a través del cual se reconoce la necesidad
de reconstruir las relaciones hombre-naturaleza - sociedad; esto redunda
en el mejoramiento y conservación del medio ambiente natural, socio -
cultural, interpersonal y creado, por lo tanto fortalece las
posibilidades y permite divisar con claridad la responsabilidad que
posee el ser humano para con su entorno y la capacidad interpretativa
frente a él.
Por el sólo hecho de tenerse en cuenta los valores en el proceso
educativo de un modo explícito y sistemático, tiene que generarse,
necesariamente, importantes cambios en el medio ambiente; el sólo hecho
de reconocerle a las comunidades sus derechos y de que éstas reconozcan
sus deberes permite romper un silencio y preparar el terreno para
profundas transformaciones en el mismo hombre, en su relación con los
otros y con su ambiente. Una educación centrada en valores es una
educación centrada en el hombre, pues el hombre está, por su mismo ser,
llamado a la realización en valores.
La ética y la educación para el ambiente orientadas hacia la formación
de ciudadanos para una sociedad auténticamente humana tienen que ser
consciente de los medios que emplearán para comprometer a la mayoría, de
modo que puedan surgir, los mejores, como agentes de la política, y
todos puedan tener actitudes de participación y criterios para juzgar el
poder.
Los criterios para ejercer el poder con justicia o para juzgar el poder
con determinados valores, como la libertad, la participación, la paz, la
concordia, la solidaridad y otros comúnmente admitidos. Pero la
aplicación de la ética y de la educación para el cambio no requiere
solamente la formación de unos valores determinados relacionado con lo
político. Es necesario pensar en valores de la persona y de la comunidad
que atiendan a los aspectos de desarrollo de la especie humana en su
generación presente y futura conservando su medio ambiente.
Una educación en valores, es una educación para el cambio, tiene que
tener como primer objetivo la superación de los límites y
condicionamientos que impone la cultura. Por lo tanto, el hombre debe
ser capaz de descifrar el pasado y crear el futuro, habituándose al
pensamiento alternativo. Esto no es fácil, puesto que el discernimiento
de los valores es un proceso individual, y sólo cuando la persona llega
a vivenciar un valor, éste existe realmente para ella.
No es posible la valoración personal sin una conciencia de elección
libre y comprometida, por tanto, es básico y prioritario favorecer los
dinamismos de la personalidad que conducen hacia la autonomía, hacia la
experiencia de ser persona.
Cada grupo humano tiene una escala de valores que pueden provenir de
fuentes muy diversas: intereses personales, valores colectivos
impuestos, por ejemplo: normas, pautas de comportamiento, la moda, el
prestigio…. En una educación con escala de valores para el cambio se
tendría que dar una paulatina ruptura para ser sustituidas por otras
reflexivamente aceptadas. Estos cambios, para que puedan mantenerse,
tienen que ser comunitarios.
El hombre como ser en permanente proceso de formación integral, cada una
de sus dimensiones deben ser objeto de transformación a través de
procesos educativos concordantes y armónicos con el ambiente; desde este
punto de vista, la ética se convierte en un eje transversal en el
desarrollo socio - humanístico del hombre, por lo tanto, el fomento de
una ética ambiental y el desarrollo de lo axiológico, conjunto de
valores, son una exigencia en el mundo actual que define la conducta
social y ambiental de la especie humana.
En el hombre es importante diferenciar lo que son los deseos de lo que
denominamos aspiraciones. Los primeros provienen de su fisiología, son
impulsos instintivos que deben ser controlados. Las aspiraciones
reflejan sus intentos por ser mejores, por trascender las imperfecciones
propias de la naturaleza humana, para instaurar lo que todavía no existe
en el mundo que uno quisiera introducir en él, son las que empujan la
creación. La moral es justamente el control que la sociedad se impone a
la capacidad creadora, con el fin de proteger el bien común. Las
aspiraciones se originan en las profundidades del espíritu, ligando al
hombre al plan evolutivo, en busca de lo santo, la sabiduría y la
creatividad.
En el proceso de humanización el hombre adquiere su plenitud que le
permite proyectarse al mundo, dotado de sensibilidad por el cual
recibirá los mensajes que la realidad externa le entrega, y aquellos que
provienen de su interior, como son las aspiraciones que nacen en el
inconsciente; inteligencia que hace posible tener conciencia de los
mensajes recibidos, al traducirlos en ideas claras e inteligibles,
lógicamente organizadas; y la voluntad que es la facultad que le permite
elegir libremente entre los deseos y las aspiraciones. La combinación de
estas tres fuerzas le confieren al hombre el dominio de sus facultades y
por tanto de su libertad, patrimonio de la conciencia humana del cual
depende el futuro del hombre.