Heinz Goldmann, uno de los mundialmente conocidos especialistas en
todo lo referente a "calidad de atención al cliente" con todos los
beneficios que esto trae aparejado, analiza brevemente pero con claros e
importantes conceptos, cuáles son las acciones que deberían adoptar los
empresarios de hoy para mantener satisfechos a sus clientes e implantar
en toda la empresa una actitud orientada a brindar una excelente
atención al cliente.
"El hecho es que tener un grupo de empleados cuyo trabajo está dirigido
al cliente o establecer como prioridad de la organización la dedicación
a los consumidores, no significa para la empresa una ventaja automática
sobre su competencia. Esto es especialmente cierto cuando la empresa en
cuestión se orienta específicamente hacia el servicio al cliente,
invirtiendo en éste como único valor diferencial y dejando de lado la
auténtica política de marketing y las estrategias que dinamizan la
venta.
La atención al cliente, tal como se practica hoy en día, está tan
alejada del marketing de relación como los vistosos folletos y las
grandes campañas publicitarias que pretenden comunicarse con el mercado.
Por marketing de relación se entiende la política de marketing
interesada por el mantenimiento de clientes satisfechos y no sólo por la
conquista de nuevos compradores.
Acercamiento total e identificación con el cliente, orientación hacia un
consumo racional, el consumidor como objetivo de la actividad global de
la empresa, servicio de atención personalizado, y otros slogans
semejantes son viejos conocidos de las empresas del mundo occidental,
pero la mayoría suenan como una burla irónica hacia el consumidor.
Basta con verificar el porcentaje de veces que se cumplen las promesas
contenidas en estas consignas. El resultado es verdaderamente
decepcionante
La constatación que hay que hacer, es que nueve de cada diez promesas
que aseguran una buena asistencia a los clientes son falsas: los
servicios de compensación se ven enmarañados en demasiadas cláusulas
jurídicas, y un enorme número de excepciones dificulta cualquier
beneficio positivo. Los arreglos sufren fallas técnicas y rara vez se
cumple con los plazos, la información que se provee deja mucho que
desear.
El problema atañe principalmente a la industria, pero el comercio
también se ve involucrado por actuar por omisión. Los comerciantes
tienen la costumbre de cargar la responsabilidad por los productos a los
fabricantes y se niegan a dar sus propias garantías a los consumidores,
cuando lo correcto sería dividir estas atribuciones.
Por su parte, las empresas del sector de servicios tampoco tienden a
asumir las responsabilidades. Podemos citar los servicios telefónicos
como ejemplos: aunque los empleados de las centrales telefónicas se
esfuercen para tener un buen desempeño en sus tareas, frecuentemente los
consumidores los culpan por la mala atención, pero no son ellos quienes
están en condiciones de cambiar esa situación, porque no les corresponde
tomar esa decisión.
Algunas empresas -incluyendo en este grupo a representantes de la
industria, el comercio y los servicios- por lo menos consultan a sus
clientes para conocer sus opiniones y deseos. Generalmente esto sucede
por medio de un censo que realizan cada dos años, plazo que les parece
razonable para la obtención de resultados relevantes, aunque en la
práctica se haya demostrado que es insuficiente.
SIN CONSULTAS
La mayoría de las empresas, sin embargo, se equivoca al pensar que
conoce la opinión de sus clientes sin siquiera haberles efectuado una
consulta. No están interesadas en desarrollar una política de marketing
estratégico de relación.
¿Qué quiero decir con esto? Por ejemplo, ¿qué piensan ellas de la
participación del cliente en el desarrollo de los productos? ¿Por qué no
invitan a los clientes a las conferencias de ventas? ¿Se trata acaso de
enemigos contra quienes hay que elaborar planes secretos? ¿Existe algún
concepto de venta según el cual el 80% de los negocios se efectúan con
sólo el 20% de los clientes y, en consecuencia, el resto debe ser
ignorado?
Algunas empresas intentan concentrarse en administrar bien sólo las
cuentas más importantes. Pretenden ocuparse hasta de las cuentas de los
principales clientes, destinándoles la mayor parte de las inversiones y
del tiempo. Sin embargo, no desarrollan más que análisis de ventas y de
perfil de consumo, que se convierten en clasificaciones estériles y
repetitivas de los clientes en cuestión.
Casi siempre falta una conclusión que lleve a confeccionar estrategias
de venta de mejor nivel. Estas estrategias sirven, por ejemplo, para
dirigir, de manera inteligente, los pedidos en las épocas de consumo
pico, como las fiestas de Navidad, Año Nuevo o Pascuas.
¿Y cuál es el lugar que le corresponde al mejorado departamento de
atención al cliente? La mayoría de las veces los empleados de ese sector
no van más allá de pronunciar y repetir algunas frases-modelo: "¿está
satisfecho?", "nos estamos ocupando de corregir la falla; disculpe la
molestia". Y a veces, ni eso. ¿Dónde está el catálogo del departamento
de servicio al cliente con información al día de los reclamos de los
clientes que muestra lo que diferencia a la empresa de la competencia?
¿Y dónde están las anotaciones hechas de lo que está sucediendo con los
productos y servicios de la compañía; cuándo, en qué lugar, de qué forma
y a qué precio, para que pueda haber una nueva evaluación?
Mientras la empresa no esté en condiciones de involucrar a absolutamente
todos sus empleados y colaboradores en su política de orientación al
cliente, todas las decisiones de trabajar por ellos son parciales.
Principalmente, mientras no disponga de instrumentos de marketing
definidos y eficientes para controlar y desarrollar este tipo de
política.
COMUNICACIÓN VERBAL
Los datos necesarios para esa práctica están actualmente disponibles en
algún lugar. Basta que la empresa los encuentre y los aproveche. ¿Es
simple, no?
¿Qué se puede hacer, por ejemplo, con el famoso banco de datos? ¿Un
mailing? Aunque el mailing sea un medio sumamente utilizado para
comunicarse con los clientes, su feedback es mínimo. Por otra parte,
rara vez los clientes aprecian verdaderamente los mensajes contenidos en
éstos. Los textos de las cartas personales son uniformados y hasta el
consumidor más distraído se da cuenta de ello. El resultado termina
siendo poco positivo.
Hace falta la comunicación verbal. Sin embargo, mientras el vendedor sea
entrenado como mero receptor de pedidos, no se puede hablar de
comunicación, y mucho menos de diálogo con el cliente. De todos modos,
esto resulta necesario para el vendedor: es indispensable que la
comunicación y la colaboración con el cliente, mutuas y transparentes,
ocupen el primer lugar en la lista de las obligaciones de los empleados
de la empresa.
INTERESES DEL CLIENTE
El marketing de relación es un conjunto de medidas dirigidas hacia el
cliente. No alcanza con saludarlo para el cumpleaños o darle
invitaciones para un show.
Es necesario que la empresa tenga una orientación sistemática que
preserve los intereses del cliente antes que nada, a través de, por
ejemplo, las siguientes acciones:
Mantener un contacto estrecho a través de un "concejo de clientes".
Abrir un canal para que el cliente haga contribuciones sistemáticas a la
empresa, aportando ideas, sugerencias y observaciones (o sea, armar un
sistema de sugerencias de los clientes).
Estimular el intercambio de empleados con los proveedores y los
clientes.
Crear un programa gradual de asistencia al cliente.
Hacer que la gestión dependa de la aprobación del cliente; la mayoría de
las empresas no realizan esta práctica.
Transmitir los conocimientos específicos de la empresa al cliente. Por
ejemplo, la información de un sistema contable utilizado por la empresa
o de un prestador de determinado servicio.
Todo esto, sin embargo, aún no es suficiente: todas las acciones de la
empresa, sean del área productiva o de la atención, deben ser
transmitidas al cliente con claridad para que las considere equivalentes
a una ventaja financiera.
Con los servicios y la asistencia que hemos mencionado en este artículo,
las acciones de la competencia (como descuentos, rebajas y reducciones
de precios) representarán poco para los clientes, frente a la excelente
relación que mantienen con la empresa.
Es hora de que las empresas comiencen a esforzarse por ordenar sus
tareas de acuerdo con el marketing de relación, y dejen de engañarse a
sí mismas con los servicios de atención al cliente."
Cedido por: Estr@tegia Magazine
Consultoría en Marketing, Recursos Humanos y Servicios en Informática - Capacitación Laboral y Empresarial
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