Desde hace algún tiempo, comenzó y prosperó en el mundo empresarial
la tendencia a tercerizar las actividades que no eran centrales y/o
fundamentales para el buen desempeño de las empresas, lo que les
permitía concentrar sus recursos y esfuerzos en lo que consideraban su
actividad principal, especialmente en lo que a producción se refería –
ver “Tercerizando las Actividades de Servicio” (Estr@tegia Magazine N°
1) – Actualmente la tendencia a tercerizar se ha extendido más allá
mostrándonos un nuevo panorama. Veamos que pasa.
Hacia el fin de los 80, los gurúes del mundo de los negocios predecían
que las grandes compañías vivirían principalmente del comercio de sus
marcas, entregando la tarea de fabricación de sus productos propiamente
dichos a empresas de menor importancia.
Nike, el gigante de los calzados deportivos, fue una pionera en esa
nueva forma de capitalismo. Sus más de 22.000 ejecutivos no se enfrentan
a la fabricación de pares de zapatillas sino a planes y proyectos de
marketing. La línea de producción ha sido totalmente tercerizada,
respaldada por innumerables fábricas en todo el mundo. La misma
tendencia, con mayor o menor tasa de tercerización, han seguido
compañías como IBM, Coca Cola, Ericsson, Hewlett-Packard, Kodak,
Microsoft y Motorola, por citar algunas de las más conocidas. Estas
compañías utilizan su energía en campañas de divulgación de la marca
como herramienta para cautivar a los consumidores.
La predicción de los gurúes se confirmó, excepto por un detalle: en lo
referente al tamaño de las empresas encargadas de fabricar los
productos, se equivocaron. Si bien hay muchas pequeñas fábricas
trabajando para las grandes marcas, en la tercerización de producción
también participan algunos gigantes.
Tomemos el caso de Flextronics, una empresa fundada en Silicon Valey (EEUU)
con sede en Singapur; esta compañía tiene 95.000 operarios y fábricas en
29 países y de sus líneas de montaje salen consolas de juegos de
Microsoft, teléfonos celulares de Ericsson, antenas de Motorola y
cámaras para Kodak. El año pasado sus ventas superaron los 14 billones
de dólares. Su mayor rival es Solectron, también originada en Estados
Unidos y con una facturación superior a los 12 billones de dólares. Es
fabricante de computadoras para IBM y de HP en el Brasil, con fábricas
en San Pablo. Hoy las empresas que actúan en ese segmento superan, en
conjunto, los 110 billones de dólares anuales de facturación.
Estas empresas comenzaron produciendo en pequeña escala en el inicio del
proceso de tercerización; en la década del 90 crecieron a un ritmo del
20% anual, aunque en algunos casos la tasa de crecimiento fue mucho
mayor. Este crecimiento sucedió cuando pasaron a trabajar para el sector
de equipamientos electrónicos a pesar de que algunos especialistas
decían que el fenómeno de tercerización no se expandiría notablemente en
el campo de la tecnología debido a la complejidad de dicho sector.
Fabricar zapatillas y accesorios deportivos es más simple que montar
computadoras y DVD.
Hoy se ha vuelto difícil identificar los límites entre algunas empresas
como Palm, Ericsson, Motorola o Panasonic y los fabricantes de sus
productos. Además de producir los ítems de línea, las fábricas se
encargan del embalaje, de la expedición y en ocasiones hasta de la
asistencia técnica. En algunos casos inclusive, los fabricantes también
intervienen en la investigación y en el desarrollo tecnológico.
Esta separación de “dueños de marcas” y “fabricantes” produce algunos
interrogantes al analizar dichas situaciones. Por ejemplo: ¿porqué los
dueños de las marcas tercerizan la fabricación de sus productos cediendo
a los fabricantes la posibilidad de ganar mucho dinero?. Por más extraño
que parezca, estas empresas economizan fortunas cuando dejan de fabricar
sus productos, especialmente dentro del sistema económico–financiero de
determinadas regiones. Mantener una industria implica pagar alquileres y
salarios (más todos los otros gastos fijos) tanto en época de bonanza
como cuando las ventas del sector están deprimidas. En cambio, para las
empresas que fabrican “sin marca”, la caída de las ventas de un sector
no producen mayores problemas, ya que la línea de producción dedicada al
montaje de PC de una determinada marca puede, sin mayores
complicaciones, pasar a fabricar impresoras para otra marca. Los
fabricantes “con marca” no podrían hacer nada parecido.
Otra incógnita que surge observando de afuera este sistema es: si las
empresas “fabricantes” se ocupan de todo el proceso de producción de un
determinado equipamiento ¿por qué no comercializan un equipo con marca
propia y pasan a competir directamente con sus clientes? La respuesta
está en el hecho de que es mucho más barato fabricar un equipo que
conquistar clientes, a pesar de que es sabido de que existe una franja
de mercado donde los compradores se interesan solo en el precio o en los
descuentos que puedan conseguir, sin preocuparse por la “marca” de lo
que adquieren. Este segmento sí podría ser atendido por esos fabricantes
“sin marcas conocidas”.
Pero una buena parte del mercado consumista, una gran mayoría de las
personas que gastan fortunas en comprar equipamiento, compra un producto
por la confianza que le ofrece determinada marca bien posicionada. Allí
está el porqué de esa alianza entre fabricantes y marcas que lleva a que
ninguno invada el espacio del otro. A ambos les conviene que así sea.
Cedido por: Estr@tegia Magazine
Consultoría en Marketing, Recursos Humanos y Servicios en Informática - Capacitación Laboral y Empresarial
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