Espere un segundo, no se precipite. Vayamos paso a paso y veamos si podemos demostrar que trabajar en pos de una buena comunicación no es una acción contraria a los objetivos del negocio.
En primer lugar, es verdad: la comunicación existe en las
organizaciones por más que nadie se ocupe de ella. ¿Así de simple? No,
porque precisamente esta "naturalidad" es su talón de Aquiles. Dicho de
otro modo, es obvio que si nadie se encarga del área administrativa los
pagos y los cobros no se van a hacer solos. En cambio, la comunicación,
al ser una actividad espontánea y multidimensional, tiende a ignorarse.
En segundo lugar, proponerle a la organización que tome las riendas de
la comunicación no es agregarle un nuevo problema sino abrirle los ojos
para que aproveche un recurso que siempre tuvo pero que tal vez nunca
utilizó conscientemente. Parece extraño, ¿no es cierto? Es como si de
golpe uno revelara que las computadoras pueden funcionar mejor si se las
enciende. No obstante, nuestra propuesta no es tan sencilla como apretar
un botón, porque antes de pedirle a la empresa que “explote” alegremente
los beneficios de una buena comunicación es necesario dar un paso previo
y demostrar que ésta también es un bien que puede y debe ser explotado.
(Alguien podría preguntarse por qué se da esta "invisibilidad" de la
comunicación en tanto recurso. Permítame ensayar una respuesta poética y
decir que tal vez sea por el mismo motivo por el que los peces no pueden
pensar acerca del agua: porque es su ambiente.)
Respecto al último punto, el de la "inmaterialidad" de la comunicación,
digamos por ahora que la prohibición de Parménides de pensar la nada no
se aplica en este caso. Que algo sea intangible no significa que no sea
real.
En suma, el problema de la "naturalidad" de la comunicación y de su
"invisibilidad" como recurso son dos aspectos que, después de todo, no
son más que uno. Por consiguiente, de lo que se trata no es de
abandonarse a la pura contemplación estética de la interacción humana ni
mucho menos aplicar una concepción espontaneísta o innatista de la
comunicación. Por el contrario, la alternativa es proponer una
intervención basada en la acción y no en la omisión, y alertar que el
acto de comunicar entraña dificultades y demanda esfuerzo, idoneidad y
coherencia.
Espere, no cante victoria... ¿usted cree que lo que acabamos de decir es
suficiente? Le agradezco su fe, pero lamento decepcionarlo: la mayoría
de las empresas están convencidas de que se comunican correctamente y de
que la comunicación interna no es más que una "moda" importada del
Primer Mundo.
Más allá del prêt-à-porter, planificar la comunicación no es
desnaturalizar una práctica ni ponerle una camisa de fuerza a la
interacción humana. Tal vez sobrevuele la idea, grosso modo, de que el
fin es "bajar línea", limitar lo "decible" y, por consiguiente, lo
"pensable". Muy por el contrario, el objetivo es generar más y mejor
interacción entre los participantes de la organización ya que en la
mayoría de los casos el sector de Finanzas no tiene ni idea de lo que
hace el área de Producción, nadie puede hablar con los directivos, no se
conocen cuáles son los objetivos para el año próximo, etcétera.
Por todo esto, vale recordar que no se llega a conformar una
organización por el simple hecho de trabajar en una misma compañía o
bajo un mismo techo. Dijimos que la esencia de la organización era la
comunicación (como el “agua” para el “pez”); agreguemos ahora que de
ésta se desprende -siguiendo su raíz etimológica- los conceptos de
"común" y de "comunidad". Ahora bien, como advierte John Dewey en su
libro Democracia y educación, las personas pueden trabajar por un mismo
fin, como las partes de una máquina, sin por eso llegar a constituir una
comunidad. La clave para lograrlo es reconocer ese fin común y regular
la actividad específica en vista de él. Sin duda, esto supone
comunicación. Por eso nuestro autor concluye que cada persona debe
conocer lo que conocen los demás y además poseer algún medio para
mantenerlos informados respecto a sus propios propósitos y progresos.
Abro un interrogante: ¿En nuestra empresa trabajamos en comunidad? Voy a
ser más específico: La comunicación que diariamente alimenta nuestra
organización, ¿nos “pone en común”?, ¿está siendo verdaderamente
aprovechada como “recurso”?
Para finalizar, quisiera señalar que uno de los objetivos estratégicos
que cumple la comunicación es el de aumentar la productividad, ya sea
eliminando los doble procesos, asegurando el envío de información en
tiempo y forma o, por ejemplo, mejorando el clima interno. No obstante,
por primera vez en la historia la cultura occidental está produciendo
más información de la que el “ser humano” puede “humanamente” consumir.
Día tras día se teje una densa red de signos que nos deja atrapados sin
la posibilidad de interpretarlos ni reelaborarlos. Tal vez la paradoja
no sea más que una estrategia de los medios masivos –y de hecho lo es-,
pero lo cierto es que el exceso de información nos desinforma.
¿Por qué me detengo en este análisis? Porque a partir de la estimulante
e imprecisa receta positivista “más comunicación = más productividad”
muchas empresas caen víctimas de la paradoja que mencionamos
anteriormente: “más comunicación = menos productividad”.
Saquemos algunas cuentas. Diariamente, un empleado promedio puede
recibir:
§ 20 correos electrónicos.
§ 1 carta.
§ 4 faxes.
§ 5 post-it (se los dejaron pegados en el monitor cuando se fue a
almorzar).
§ 30 llamados telefónicos.
§ 6 mensajes en su buzón de voz (se los dejaron grabados mientras
atendía los otros 30 llamados).
§ Además, 8 personas se le acercaron personalmente para hacerle una
consulta y estuvo 45 minutos reunido con su jefe debatiendo sobre la
“Inmortalidad del cangrejo del Mar Caspio”.
Después de hacer todo esto, ¿cuánto tiempo le quedó para trabajar? Sí,
sí, ya sé que si estoy pregonando las ventajas de una organización
comunicativa no puedo ahora alarmarme por el hecho de que la gente se
comunique mucho. Pero justamente ese es el error más frecuente: creer
que más comunicación significa automáticamente mejores resultados. En
todo caso, la pregunta clave de este proceso gira en torno al valor de
lo que se comunica. Volviendo a nuestro ejemplo anterior, quizá a esa
persona le dijeron cincuenta veces las mismas cosas pero nunca le
brindaron la información que realmente necesitaba o, peor aún, nunca le
permitieron opinar sobre aquello que le decían.
En resumen, la empresa no puede decidir si hace o no hace comunicación
interna. Siempre, y mal que le pese, estará comunicando. Por lo tanto,
debe abandonar la mirada “naturalista” de la comunicación y trabajar
activamente en la elaboración de una política y de un plan que le
permita aprovecharla para obtener más y mejores resultados. Esta
revalorización irá indefectiblemente de la mano del redescubrimiento de
la comunicación como recurso y bien estratégico. No obstante, será
necesario no saturar las arterias de la organización con litros de
comunicación de escaso valor ni acotarla a simples envíos de información
unidireccional.
Ya se lo había dicho: el acto de comunicar entraña dificultades y
demanda esfuerzo, idoneidad y coherencia.
Director de Formanchuk & Asociados (www.formanchuk.com.ar). Licenciado en Comunicación Social (Diploma de Honor por la Universidad de Buenos Aires) y Especialista en comunicación organizacional. Ha brindado sus servicios profesionales a grandes empresas, ente ellas: Repsol YPF, Telefónica, Mapfre, Ferrovías, DHL, HSBC, Assist-card, Alico, Ford, Lockheed Martín Aircraft, Petrobras, Super EKI, BankBoston, Berkley International y Monsanto. Además llevó adelante acciones de comunicación para más de 80 pymes y para compañías de América latina y EEUU. Presidente del Consejo Argentino de Comunicación Interna (CACI). Durante varios años fue director de la Comisión de Comunicación Organizacional de la Asociación de Recursos Humanos de la Argentia (ADRHA) y Coordinador Editorial de "Vínculos“, la revista más importante de Recursos Humanos del país. Disertante en Universidades, Congresos y Eventos empresariales en la Argentina, Uruguay, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. Capacitador de “Vistage”, empresa internacional que provee desarrollo y aprendizaje en forma continua exclusivamente a CEOs. Miembro, Capacitador e investigador en “Inicia”, organización civil para el desarrollo de la acción socialmente responsable en la Argentina. Evaluador del 1º Concurso Nacional de Publicaciones Barriales y Comunicación Comunitaria (Ministerio de Desarrollo Social, Presidencia de la Nación, 2007). Columnista en revistas y publicaciones profesionales de la Argentina, América latina y España. Coautor del libro "Recursos Humanos en la Argentina". Muchos de sus artículos forman parte de la bibliografía de carreras de comunicación de universidades de América Latina. Autor del blog de comunicación “Todo Significa”. Dramaturgo. Sus obras se representaron en más de 10 países y obtuvieron diversos premios.
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