LA HISTORIA SIN FIN
Mucho se ha hablado y escrito sobre estrategias para captar y fidelizar
clientes.
Las empresas invierten mucho tiempo, esfuerzo y dinero en estas
actividades del marketing.
Aún así todos podemos escribir un vasto listado de malas experiencias en
oportunidad de recibir servicios de organizaciones y personas que
deberían brindarlo.
Y por más que nos preguntamos ¿cuando aprenderán a cuidar a sus
clientes? pareciera que los responsables de brindarlo están tan ocupados
en sus propios intereses que no pueden darse cuenta que éste es el
motivo principal por el cual pierden clientes.
Como clientes tenemos una capacidad asombrosa de tolerancia para con las
empresas y personas proveedoras de servicios. Nos escudamos en nuestra
resistencia al cambio, en la falta de tiempo para evaluar otras
alternativas, nos reímos del “no le pidas peras al olmo” y hasta
apelamos al famoso adagio “más vale malo conocido...”, y en muchas otras
excusas para seguir comprando a aquellos que nos hacen padecer sus malos
servicios.
Los clientes somos los culpables de esta mala calidad de servicio. No
ayudamos a mejorar a nuestros proveedores. No les exigimos crecimiento
en calidad. Y muchas veces los abandonamos sin que sepan el motivo (que
quizá nunca averiguarán) ya agotados de tolerar hasta lo intolerable, y
aquí incluimos faltas de respeto, demostraciones de desinterés absoluto
y no solo las faltas de cortesía o amabilidad que ya ni siquiera
pretendemos de los responsables de brindarnos un servicio.
Nos hemos acostumbrado tanto a la falta de aporte personal de calidad
humana en el servicio que hasta hemos bajado nuestras expectativas de
recibirlo cuando no lo eludimos inclinándonos a los autoservicios y
comercios donde se eliminó el factor humano responsable de completar el
proceso de producción del servicio (servucción). En ocasiones nos
sorprendemos de recibirlo como si ello no fuera lo normal.
MAL DE MUCHOS...
Para ser coherente con este título podemos decir que afortunadamente
esta crisis de servicio no es patrimonio exclusivo de los argentinos.
Hace tiempo accedimos a los resultados de una encuesta realizada a nivel
mundial, sobre diversas empresas de distintos sectores económicos, que
arrojaba los siguientes porcentajes de motivos de pérdida de clientes:
1 % Muerte
3 % Mudanza
5 % Amigo(s) de otro(s)
9 % Precio de la competencia
14 % Calidad de los productos
68 % INDIFERENCIA Y ATENCION RUTINARIA
Más de las dos terceras partes del total de clientes que perdemos
obedecen a un problema que nada tiene que ver con la calidad de nuestro
producto o su precio.
La mayor parte de los clientes los perdemos por falta de demostración de
interés y compromiso con sus necesidades, deseos e intereses. Y esto es
aplicable a servicios, productos de consumo final e industriales.
Y lo más absurdo es que son motivos que normalmente no representan
costos ni erogaciones dinerarias para la empresa. El trabajar sobre
estos aspectos significa ampliar la percepción de beneficios “sin”
sacrificios y dejar de reducir precios y aumentar los costos de
producción con ventajas físicas que es lo que paradigmáticamente hacen
todos los competidores.
LA MAGIA DEL BUEN SERVICIO
También podríamos escribir un amplio detalle de buenas experiencias
(quizá el listado sea más reducido) de empresas y personas que hicieron
un esfuerzo adicional para satisfacer nuestras necesidades y brindarnos
un servicio excelente.
El buen servicio es lo que amplía la percepción de calidad por parte del
cliente de un determinado producto o servicio base. Y en ocasiones hasta
puede justificar un precio más alto o una menor calidad del producto o
servicio adquirido.
En la medida que este valor agregado aumenta el nivel de percepción del
cliente, genera un mayor nivel de satisfacción y aumenta su fidelidad.
El nivel de Satisfacción de un cliente se mide por lo que percibe
respecto de sus expectativas (S=P-E). Y en este aspecto la actitud del
“servidor” puede agregar o quitar valor a la propuesta.
¿CÓMO ANDAMOS POR CASA?
Hasta aquí compartimos, con visión crítica, el aspecto de la calidad del
servicio, desde el punto de vista del cliente.
Esta crisis de servicio nos podría llevar a pensar en lo mal que van las
cosas. O en lo clara que es esta oportunidad para destacarnos por encima
de la media.
Cabe hacernos algunas preguntas:
¿Cómo tratamos en nuestra empresa a nuestros clientes?
¿Qué pueden decir nuestros clientes de nuestra calidad de servicio?
¿Es patrimonio de la personalidad de nuestra empresa la calidad de
servicio al cliente?
Es duro pensar o, más aún, aceptar que la Calidad de Servicio, quizá, no
sea la ventaja competitiva que destaque a nuestra organización.
El reconocer esta posibilidad es una demostración profunda de humildad
profesional, y el principio de una posible solución.
La diferenciación por calidad de servicio parte de una decisión
estratégica y debe involucrar a todos los integrantes de la
organización. El compromiso con la calidad de servicio debe formar parte
de la filosofía de la empresa y el ejemplo del número uno es la clave de
su instrumentación.
INDICADORES DE FONDO PARA MEJORAR LA CALIDAD DE SERVICIO
Al margen de la calidad propia del producto físico o del proceso
servucción, que debe estar formalizada por normas y procedimientos
escritos, las personas que integran la organización conforman y
completan el “producto ampliado” y en este aspecto el aporte personal de
cada integrante de su equipo juega un papel fundamental.
Los clientes perciben globalmente la solución a sus necesidades que
aporta la organización y evalúa racional y emocionalmente su eficacia
productiva.
Para que una organización pueda brindar un servicio excelente debe estar
integrada por personas de excelencia, incluido su número uno, que es el
responsable de generar ese ambiente de excelencia y compromiso con la
calidad. A continuación mencionamos algunos indicadores que pueden
ayudarlo en la tarea de generar las condiciones adecuadas para potenciar
esta capacidad distintiva en su organización:
Vocación de servicio:
En nuestra naturaleza está inserta la calidad de ser relacional. Nos
relacionamos con los demás por necesidad. En esta interrelación se ponen
a prueba los valores de las personas, especialmente su generosidad o
egoísmo. Se trata de una vocación que sólo las malas condiciones de
nuestra personalidad podrían llegar a amilanar o hasta aniquilar. Y un
ser humano sin capacidad de servir a los demás no puede tener éxito en
ninguna disciplina que requiera de interacciones humanas.
“El hombre que no vive para servir no sirve para vivir” (Tagoré)
El verdadero profesional es aquel que alimenta y cultiva permanentemente
su vocación de servicio, el que no escatima esfuerzos por ayudar a su
cliente. Y esta actitud la traslada a todo el ámbito de su vida, con su
familia, sus amigos, compañeros y hasta con desconocidos, porque sabe
que sus actos no solo afectan a los demás sino que impactan directamente
en su capacidad de servicio desarrollándola o reduciéndola.
Uno de los compromisos sociales más relevantes del empresario es
facilitar a sus colaboradores el enriquecimiento de su capacidad de
servicio, y el desarrollo de esta vocación innata en los seres humanos,
que, en definitiva implica el desarrollo de virtudes humanas y la
autorrealización personal.
PERSONALIDAD
Las empresas tienen la personalidad que le imprime su máximo referente.
Contagiamos nuestra propia personalidad a todos nuestros colaboradores y
el resultado de su tarea se traduce en lo que percibe el cliente como
“la imagen” de la empresa. La imagen corporativa no es otra cosa que el
producto global percibido por el cliente.
Los seres humanos tenemos un conjunto de virtudes y defectos. No existen
los extremos en sus grados puros. Sí existen personas que se esfuerzan
por inclinarse hacia alguno de ellos.
Como el ser humano es la misma persona en las distintas situaciones de
su vida, mejorar su personalidad será una tarea permanente en todos los
ámbitos: con su familia, hijos, amigos, compañeros de trabajo, clientes,
etc.
A lo largo del día existen muchas ocasiones de ser soberbio, egoísta,
pesimista, negativo y desagradable. Cuesta lo mismo y rinde mejores
frutos, hacer cada instante el pequeño esfuerzo en ser más: Humilde,
Generoso, Positivo, Optimista y Agradable. En otras palabras,
convertirnos en personas con quien a los demás les dé gusto estar.
La prueba de fuego para un “servidor” es evaluar su grado de
satisfacción al estar en contacto con la gente.
No puede tener éxito brindando servicios quien no disfruta en su
relación con los clientes.
Transformar nuestra empresa en un ambiente en el que los clientes se
sientan a gusto debería formar parte de la misión del empresario.
Generar el clima propicio para desarrollar una personalidad de servicio
es imprescindible para que cada integrante pueda transformarse en un ser
humano que aporte valores a la sociedad… a los clientes… y a sí mismo.
MOTIVACIONES
Motivación es el impulso interior que proporciona fuerza para tratar de
alcanzar esos fines u objetivos, es decir lo que empuja a actuar. Motivo
es el móvil de los actos, el objetivo que atrae.
Las personas siempre actúan para lograr fines u objetivos que consideran
buenos o deseables para ellos. Identificamos tres tipos de motivaciones:
a) Extrínsecas: Son motivaciones que satisfacen necesidades de
remuneración y reconocimiento al buen desempeño en la tarea
desarrollada.
b) Intrínsecas: Es el efecto que tienen nuestros actos sobre nosotros
mismos. Necesitamos enriquecer nuestra personalidad y crecer
profesionalmente a través de nuestros actos. Y el ámbito laboral debe
facilitarnos este proceso.
c) Trascendentales: Es un tipo de necesidad superior a las anteriores.
La necesidad de hacer el bien, la de hacer algo por los demás. Esta es
una necesidad que corresponde a la naturaleza humana. Necesitamos ayudar
a los demás. No se trata de un derecho, es una necesidad real. La
necesidad de servir, de ser útil, de trascender a nosotros mismos.
Precisamente el vocablo “ser-vir” (vir = hombre, humano) hace referencia
directa a esta condición natural de “ser-humano”.
Debemos ayudar a satisfacer estos tres niveles de necesidades y
motivaciones de nuestros colaboradores. Darle sentido a la función de
servir no como una obligación, sino como un derecho previo al de los
clientes de recibir el servicio.
CONCLUSIÓN
Ninguno de los aspectos mencionados es de fácil y rápida
instrumentación. La tarea requiere paciencia, perseverancia, tolerancia
y buen humor. Se trata de hacer descubrir en las personas los valores
que traen incorporados en su naturaleza humana, potenciarlos, motivarlos
y administrarlos de modo que cada uno de ellos rinda su máximo
potencial.
“Si quiere brindar un servicio excelente a sus clientes externos, los
que compran, deberá prestar especial atención a sus clientes internos,
los que venden”
Karl Albrech
Es función del número uno de la organización contagiar a su gente el
entusiasmo y el fervor para traducirlos en cordialidad y afecto por los
clientes sabiendo que ésta actitud los ayuda a desarrollarse humana y
profesionalmente produciendo, como consecuencia, una verdadera ventaja
competitiva corporativa fundamentada en su actitud de servicio.
Director Consultor y Capacitador en Ventas
Contador Público, Universidad Nacional de Tucumán, Argentina
Master en Dirección de Empresas, Instituto de Altos Estudios Empresariales (IAE), Buenos Aires, Argentina
Docente Universitario
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