Con este trabajo el autor, un experto innovador en Management y Planificación Estratégica, analiza y explora el estado actual del arte y la disciplina de la Planificación Estratégica, como un aspecto esencial de la conducción de empresas y organizaciones. Los planteamientos realizados en el trabajo, están basados fundamentalmente en la práctica de formulación, diseño y aplicación de planes estratégicos para todo tipo de empresas y negocios por parte del autor y por lo tanto, constituyen una rica fuente de reflexiones para gerentes, ejecutivos y miembros de gobiernos corporativos. El autor es Ingeniero Comercial formado en la Universidad de Chile, y posee un MBA de ESADE, especializándose en programas de Post- grado en universidades europeas y americanas.
Ha ejercido docencia en la universidad de Chile, Católica de Chile,
Católica de Córdoba Argentina, ESADE Barcelona, y ha sido profesor
invitado de otras universidades latinoamericanas. Actualmente ejerce
consultoría, dictación de seminarios gerenciales y docencia
universitaria.
Alicia: ¿Podría decirme, por favor, qué camino debería elegir para irme
de aquí?
Gato Cheshire: Eso depende de dónde quiera ir.
Alicia: No me preocupa mucho dónde.
Gato Cheshire: Entonces, no interesa qué camino elija.
Extraído de: Alicia en el país de las maravillas “Alice’s Adventures in
Worderland” Mac Millan and Co. Londres 1865
Es una publicación mensual editado por The Buenos Aires Herald
Argentina, Edición Internacional Chile.
Este artículo se publicó en junio 2004 y se edita con autorización de su
autor y de Managemente Herald Chile.
Introducción
Escribo estas reflexiones sobre Planificación Estratégica, a sugerencias
de un Gerente de una mediana, pero importante compañía Chilena que
realiza negocios en las áreas química y de alimentación.
“Hemos participado en muchos seminarios sobre Planificación Estratégica
con mi equipo de ejecutivos (formado por dieciséis profesionales), hemos
realizado durante los últimos seis años un esfuerzo significativo para
desarrollar planes estratégicos y siempre nos han fracasado. Por esto
tus orientaciones, sugerencias y lecciones que nos has entregado para el
desarrollo de nuestro último Plan Estratégico de la compañía para el
período 2003 – 2005 han sido de mucho valor, no las habíamos escuchado
como tú las planteas y ahora hemos comprendido que confundimos lo
esencial con lo secundario en el desarrollo del proceso estratégico y no
actuamos de acuerdo con él.Por esto, te pido que escribas lo que nos
planteaste en nuestras primeras reuniones de tu consultoría sobre
nuestro Plan Estratégico, para que las compartas con otros ejecutivos”.
Esto es lo que mi amigo y cliente me dijo al terminar recientemente mi
asesoría y este es el propósito principal de este trabajo: compartir
algunas meditaciones, basadas en mi experiencia tanto como consultor de
empresas, relator de seminarios gerenciales sobre el tema y como
profesor universitario de las cátedras de Políticas de Negocios y
Planificación Estratégicas de las más importantes universidades y
escuelas de negocios en Chile, y otros países.
De todas formas, los planteamientos que haré a continuación están
siempre sujetos a mejoras y por lo tanto, los temas analizados no pueden
darse por definitivos sino que están en constante evolución,
característica esencial de todas las ciencias empresariales y de
negocios.
1. Planificación Estratégica: El estado actual del arte
Para reflexionar sobre Planificación Estratégica es necesario comprender
qué entendemos por dicho concepto. De partida debo reconocer aquí que
existen tantas definiciones de estrategia como expertos y gurúes
dedicados a ella.
Hoy debemos entender la Planificación Estratégica mucho más allá que un
conjunto de conceptos y definiciones, y principalmente superar la trampa
clásica de preocuparnos en exceso del “cómo” para centrarnos en el “por
qué” y “para qué”.
Planificación Estratégica hoy es:
“Crear un sistema flexible e integrado de objetivos y de sus
correspondientes alternativas para lograrlos, (estrategias) que
concreten y especifiquen la misión y la visión definida para la empresa
y sus negocios.
Por lo tanto lo más importante en un Plan Estratégico es la definición
nítida y clara de los objetivos que permitan guiar la acción de la
empresa.
Aquí surge la primera gran paradoja: a pesar de que el concepto pone
énfasis la estrategia - entendida ésta como la alternativa o camino para
llegar al objetivo, esto no es lo más importante.
La clarificación de objetivos en la mente del equipo gerencial facilita
enormemente la elección de estrategias y no al revés.
La fijación de objetivos requiere también de un análisis del entorno
donde la empresa opera, y de un examen interno de sí misma para ajustar
su capacidad total al logro de los objetivos.
La Planificación Estratégica significa también saber con cierta
probabilidad, donde estaremos en el futuro, en función de las decisiones
que deben adoptarse hoy.
Hoy tenemos una posición como empresa, derivada de las decisiones que se
adoptaron hacia 2, 5 o más años atrás.
De la misma manera, la posición que se desea obtener en los próximos 2,
3, 5 ... años, depende de las decisiones que adoptemos hoy: Para eso es
el Plan Estratégico.
La Planificación Estratégica también es un proceso:
· De la estructura de las decisiones estratégicas para lograr objetivos
en un entorno dado.
· De la empresa como un todo, no de sus partes ni de sus funciones.
· Del potencial de utilidades, y no solo de los resultados del pasado o
reciente.
· Del futuro de la empresa con todas sus interrelaciones con el entorno
y por lo tanto, de su sobrevivencia, autocontinuidad y sustentabilidad.
· De la búsqueda da de la esencia del negocio (Core Business) y por lo
tanto, de la mejor combinación de recursos y alternativas para lograr
los objetivos.
· De la empresa vista a través de sus “negocios” o cartera y no a través
de sus funciones de apoyo.
Todo lo anterior requiere de una metodología, de una disciplina pero lo
importante es crear una doctrina, una mentalidad estratégica que nos
permita definir y concretar objetivos viables, innovadores y motivantes.
Recordemos e insistamos que la estrategia es el camino, es el cómo se
puede llegar a un objetivo, por lo tanto, si el objetivo está definido y
clarificado “químicamente puro”, es más fácil seleccionar el mejor
camino para llegar a él.
Por eso es extraño que los principales libros y manuales sobre planes
estratégicos enfatizan en el procedimiento y no en el qué es lo que se
quiere lograr.
A la larga esto produce confusión, porque centrarse en la estrategia es
centrarse en el medio y no en el fin, y por más que los planes se
desarrollen de acuerdo con tales o cuáles procedimientos o tales
metodologías, o se sigan las “doce etapas” sistemáticamente, los planes
fracasan.
El éxito del plan estratégico no reside en la “calidad” del
procedimiento o método seguido para confeccionarlo, sino en la capacidad
del equipo gerencial, mediante un sistema de pensamiento y de acción,
para llevar a término el plan logrando sus objetivos o resultados
determinados con anticipación.
La capacidad de actuar en los términos que el Plan Estratégico plantea,
es más importante que su diseño.
Por esto, según informaba hacia 20 años atrás la revista Fortune, sobre
el tema, menos del 10% de los planes estratégicos elaborados
disciplinadamente, tenían éxito.
Pero lo peor, en 1999 la misma Fortune informaba que el problema aún
subsistía.
Me temo por mi propia experiencia que el problema aún existe casi
iniciando el 2004 o los avances son muy, pero muy lentos.
La mayoría fracasa, pero el problema no es un plan defectuoso o mal
elaborado, sino su escasa o nula aplicación en términos de acción
ejecutiva: se observa una incapacidad gerencial para llevar a cabo
planes establecidos.
Por lo tanto, el problema de la escasa o nula aplicación de los planes
es un problema de Management.
2. Objetivos: Equilibrio, concentración y tiempo gerencial
Los objetivos pueden ser definidos como “los resultados a priori de una
acción o actividad”, es decir, antes de realizar una acción, tomar
decisiones o asignar recursos, se anticipa el resultado que esta acción,
o estas decisiones y sus recursos, tendrán sobre la marcha de la
empresa.
Por tanto, todo objetivo en términos empresariales pueden ser medidos
anticipadamente en cuatro dimensiones o características:
· Cantidad: es decir, cuánto es lo que lograremos al término de la
acción o actividad (puede ser expresado en términos de volúmenes de
ventas; cuota de mercado; porcentaje de rentabilidad; número de
cantidades producidas; un informe determinado; etc.)
· Tiempo: Cuál es el tiempo límite para lograr la cantidad deseada con
la acción o actividad (fecha en que se medirá el resultado de la acción
de una actividad: el 30 de junio del año 200X; el 31 de diciembre, etc).
· Calidad: Cuál es el grado de perfección de la cantidad a lograr en el
tiempo límite estipulado (por ejemplo: no se puede lograr el objetivo de
aumentar el volumen de ventas, logrando clientes que no paguen, o
exagerando los descuentos).
· Costo: Cuánto cuesta lograr la cantidad planteada en el período fijado
con la calidad requerida. Es decir, es la dimensión económica del
objetivo, y obviamente el costo de lograrlo no puede ser superior al
costo de lo logrado.
Estas cuatro dimensiones que permiten medir un objetivo están presentes
en los tres niveles principales de la empresa:
· Objetivos corporativos o de la empresa como un todo.
· Objetivos nivel unidades de negocios o funciones de apoyo y:
· Objetivos personales, propios de cada ejecutivo o jefe responsable.
Pero la “praxis” enseña que los objetivos tienen que ser reducidos o
pocos objetivos, porque es la única manera de lograrlos.
Las empresas exitosas funcionan con máximo de cuatro objetivos anuales y
la mayoría con dos.
¿Porqué es importante trabajar con pocos objetivos?
Por una razón elemental: La concentración de la empresa, de sus
gerentes, de su capacidad total y de sus recursos focalizados en pocos
objetivos, producen resultados superiores a cualquier otra alternativa.
La concentración en los objetivos de toda la organización, de su
capacidad mental, del tiempo disponible de los gerentes y de sus
recursos provocan resultados sorprendentes y es garantía de
productividad, rentabilidad, éxito en definitiva.
La concentración de toda la empresa y su personal provoca una fuerza
superior que multiplica los esfuerzos individuales. Esta potenciación se
conoce con el nombre de sinergia empresarial.
Al revés, el camino más corto para la improductividad, es la
desconcentración y dispersión de las empresas y de sus ejecutivos y
personal en muchos objetivos de distintos alcances y sin priorización.
Esto crea ejecutivos ansiosos, activistas, pero sumamente incompetentes.
Hay que aprender entonces a concentrarse y a priorizar constantemente
los objetivos de acuerdo con la evolución de los negocios, pero tomando
en consideración el Plan Estratégico como “una carta de navegación
fundamental en la actividad diaria de la empresa”.
El Plan Estratégico, planteado de esta manera, equivale a las partituras
de un eximio director de orquesta, que obviamente todos los músicos
conocen y ejecutan sus instrumentos de acuerdo con él, bajo la batuta
del Director, en los tiempos precisos: resultado una melodía hermosa y
fascinante.
La priorización y la concentración permiten el equilibrio necesario en
la empresa, de tal forma que se rompe con la clásica y estrecha visión
de la “teoría del objetivo único”: las empresas están para producir sólo
utilidades económicas y máxima rentabilidad.
La rentabilidad y las utilidades constituyen la mejor prueba del éxito
del equipo gerencial, pero no son en sí misma un solo objetivo.
Para lograrla, se requiere también tener éxito con el mercado y los
clientes; con la excelencia operacional y los procesos internos del
negocio; tener éxito con la movilización y motivación de las personas;
con el descubrimiento de nuevos productos y servicios y nuevos negocios,
en fin se requiere dar una dimensión distinta de la empresa en este
siglo XXI, que es crear valor tanto para los accionistas, para los
clientes, para el personal interno y para la comunidad toda.
Por esto los objetivos deben equilibrarse unos con otros y evitar
empresas descompensadas.
Este gran desafío requiere priorización de objetivos y concentración de
la capacidad mental y del tiempo de los gerentes y del gobierno
corporativo dedicados al Plan Estratégico.
3. Objetivos de oportunidad
Sin embargo, a pesar de que el equipo gerencial debe estar concentrado
en las acciones que permitan el cumplimiento de los objetivos del Plan
Estratégicos, éstos deben estar preparados también para aprovechar
oportunidades que surjan en el entorno – fuera de la empresa – y que
aunque no estén contemplados inicialmente en el Plan Estratégico
elaborado, los ejecutivos deben estar preparados para plantear y
desarrollar con rapidez “Objetivos de oportunidad”.
Un objetivo de oportunidad es el aprovechamiento eventual de una
situación concreta y específica que puede presentarse inesperadamente,
pero que puede mejorar o cambiar sustancialmente el negocio, el
posicionamiento estratégico de la empresa, del producto y/o servicio y
descolocar a los competidores, creándoles una sorpresa estratégica.
Todos los supuestos que sustentan el Plan Estratégico y los planes de
negocios pueden cambiar bruscamente. Esto crea objetivos de oportunidad
que deben aprovecharse.
Todo ejecutivo tiene que estar preparado mentalmente y disponer de una
flexibilidad, no solo para auscultar estas oportunidades, sino para
cambiar bruscamente el plan diseñado y aprovechar el logro un objetivo
de oportunidad o trabajar paralelamente con ambas situaciones: Tomar
decisiones que conlleven a los objetivos Plan Estratégicos y
simultáneamente tomar decisiones para aprovechar los objetivos de
oportunidad.
Esto significa ejecutivos flexibles y mentalmente adaptables. No se
puede fijar objetivos por extrapolación del pasado ni expresión de
deseos.
4. Management
La Planificación Estratégica es parte de Management, no es algo separado
ni desvinculado como muchos ejecutivos creen.
Decíamos anteriormente que el éxito del plan consiste en la aplicación
de las estrategias y operaciones para cumplir con los objetivos del
plan.
Desde este punto de vista, Management es esencial para el éxito no sólo
del plan estratégico, sino de la empresa como un todo.
Management es definir la misión y los objetivos fundamentales de la
empresa.
Management es también movilizar y organizar todas las energías humanas,
a las personas y su conocimiento, para el cumplimiento de la misión y de
los objetivos definidos.
Definir la misión de la empresa es el aspecto entrepreneurial
(emprendedora) y gestionar, motivar y organizar las energías humanas es
la parte relacionada con el liderazgo.
La aplicación de tecnologías gerenciales en cada área de la empresa
(finanzas, costos, contabilidad, producción y operaciones, marketing y
ventas, recursos humanos, etc) es también otra tarea importante de
Management.
Por tanto, la Planificación Estratégica establece el aspecto esencial
del Management (misión de objetivos), y el conjunto de actuaciones que
la empresa debe poner en marcha a través de sus ejecutivos para
lograrla, es Management puro.
La puesta en acción de estas acciones es lo que permite el logro exitoso
del plan.
Por lo tanto, Management integra a las personas al proyecto común de la
empresa expresado en su Plan Estratégico.
En consecuencias, establece un compromiso de éstas con los objetivos
esenciales y la misión, que requiere comunicación intensa entre todos
los miembros y se construye sobre la responsabilidad individual de cada
integrante al aporte del cumplimiento del plan.
Esto conlleva a que Management requiere imperativamente sistemas de
evaluación, control y medición de los aportes o desempeño.
Entender entonces la vinculación biunívoca e indisoluble entre
Planificación Estratégica como parte integradora del Management es
esencial para el éxito del plan.
5. Teoría del negocio
Un aspecto fundamental derivado del proceso de pensamiento estratégico
es la focalización de la empresa en sus negocios como aspecto
fundamental de qué hacer.
El “qué hacer” está llegando a hacer un desafío cada vez más importante
que enfrentan las gerencias porque este “qué hacer” se confunde
habitualmente con el “cómo hacer”.
El “qué hacer – los objetivos, los negocios” está cambiando
constantemente dado que cambian drásticamente las condiciones del mundo
y de los mercados y principalmente cambios y metamorfosis en los
clientes y en las personas.
Estos cambios provocan crisis empresariales y no porque las cosas se
estén haciendo de manera deficiente, ni siquiera que se estén
gestionando las cosas indebidas, sino que normalmente se realizan las
cosas correctas -“cómo hacer” - pero hacia el “qué hacer” incorrecto y
esto provoca improductividad.
Lo que en realidad está ocurriendo es que los supuestos que conciernen
al “qué hacer – los objetivos, los negocios” – están cambiando también
drásticamente.
Estos supuestos se refieren a los mercados, a la identificación de
clientes y competidores, a los valores personales y a sus conductas.
Conciernen también a la tecnología y a sus dinámicas, a las fortalezas,
debilidades y carencias de una empresa.
Conciernen a la forma en que la empresa crea valor para sus clientes,
para sus accionistas, para su personal y la comunidad.
Conciernen en definitiva a los cambios en la teoría de los negocios de
una empresa.
Toda empresa tiene una teoría del negocio que explica su éxito, pero
éstas al cambiar, dejan en jaque a la empresa y al “cómo hacer”.
Toda teoría del negocio debe buscar la esencia del negocio (Core
Business) y la relación de éstas con la misión y los objetivos y las
competencias esenciales que han de manejarse para coincidir con la
realidad.
El pensamiento estratégico propio del plan estratégico requiere
ensamblar estas tres variables y sus supuestos sobre los que se
fundamenta: Core Business, Misión y Objetivos y Competencias esenciales.
Esta relación entre estos tres variables y sus supuestos, se expresa en
un “modelo de negocios” para cada empresa.
El propósito fundamental del pensamiento estratégico expresado en el
plan, es que toda la organización debe conocer y comprender la “teoría
del negocio” de la empresa y el “modelo de negocios” para que pueda ser
practicada por todos sus miembros.
Esto requiere de una cultura estratégica, de una doctrina en definitiva
de un sistema de pensamiento que debe ser puesto a prueba
permanentemente y por lo tanto, requiere también de una disciplina
mental, pues la teoría del negocio no está grabada en “roca de granito”:
es una hipótesis y como tal debe ser puesta a prueba permanentemente por
el accionar de ejecutivos y el personal.
El plan estratégico tiene entonces el rol de estructurar esta teoría del
negocio, como al mismo tiempo la capacidad de cambiar los supuestos
implícitos y en definitiva chequear o cambiar el “modelo de negocios” de
la empresa.
El modelo de negocios se concreta en un Plan de Negocios que no es otra
cosa que un Plan Estratégico o nivel de cada “Unidad de Negocio” (SBU) y
por tanto está alineado con el Plan Estratégico Corporativo.
El 80% del éxito de una empresa depende de la definición correcta de la
teoría y del modelo de negocios que la empresa debe practicar.
6. Innovación, cambios y oportunidades
Como todos los mercados y los clientes están cambiando, cambian entonces
sus necesidades y las formas de resolverlas.
Los productos y servicios que la empresa ofrece dentro de su propia
teoría y modelo del negocio, tiene que estar acorde con estos cambios de
necesidades, de lo contrario se fracasa.
Pero ajustar permanentemente la cartera de productos y servicios de la
empresa a las nuevas necesidades del cliente, es propio de la
innovación, entendida esta como un proceso sistemático de transformar
ideas en negocios y/ o productos servicios como satisfactores para el
cliente y al mismo tiempo para la empresa.
En otras palabras productos y servicios rentables.
La elaboración del plan estratégico requiere entonces personas que
tengan conocimiento del negocio, requiere del talento para desarrollar
nuevas ideas de esas personas y requiere motivación, entusiasmo y ganas
de aportar a la empresa.
Elaborar planes estratégicos es un tema duro. Pero, implementar el plan,
llevarlo a la práctica enfrentando y conviviendo con los problemas del
diario vivir, es aún más duro.
La innovación es bienvenida por el proceso de Planificación Estratégica
porque es esencial para revitalizar planes, programas, procesos
operacionales y productivos, motivar al personal y sus ejecutivos y
colocar al cliente en el centro de las decisiones.
Por eso todo plan estratégico debe fijarse constantemente objetivos de
innovación y mejora continua, mirando hacia el futuro en las nuevas
necesidades de los mercados, análisis de cambios en las tendencias y
desarrollar estrategias innovadoras que permitan ajustarse a esas nuevas
realidades.
Los cambios en los valores y en las características económicas de los
mercados y de las industrias, constituyen una fuente riquísima de
innovación y de oportunidades, que permiten crear utilidades para el
cliente y la empresa, modificando el valor económico de los productos o
mercados, o adaptando a la realidad económica o social de los clientes,
los productos o servicios actuales.
Pero la innovación siempre está relacionada con proporcionar al cliente
y al mercado – a través de su cartera de productos o servicios – lo que
para este tiene valor.
Cualquier producto o servicio que deja de tener valor para un
determinado grupo de clientes o mercados es el inicio del fracaso de una
empresa o negocio y por lo tanto significa que los supuestos de la
teoría y del modelo de negocios han cambiado.
La planificación estratégica se preocupa constantemente de revisar las
propuestas de valor y los cambios de estas propuestas para ajustarlas a
las oportunidades del mercado, que muchas veces están frente a nosotros
en nuestras narices, pero que no las vemos por la perturbadora
burocracia interna o por aferrarnos mentalmente a una teoría o modelo de
negocios en obsolescencia.
7. Personas, alianza estratégica y proyecto común empresa.
Decíamos anteriormente que la capacidad de llevar a la práctica el plan,
es más importante que la calidad de su método, porque requiere de
personas a lo largo y ancho de toda organización que estén tomando
decisiones que conduzcan a los objetivos: requiere movilización de todas
las energías humanas, requiere pasión, requiere liderazgo.
Para esto es indispensable que se produzca una “alianza” entre el
personal y gobierno corporativo – directorio, gerentes, ejecutivos – con
un propósito superior que es el bien de la propia empresa.
Esta “alianza estratégica” entre el personal y el gobierno corporativo
debe expresarse en un proyecto común empresa materializado y explicitado
en el plan estratégico.
Esta “alianza estratégica” entonces es un acuerdo político, valórico de
mediano y largo plazo, que integra los distintos objetivos legítimos del
personal y del gobierno corporativo, pero en función de un interés
superior que es construir el futuro compartido de la propia empresa.
Esta futuro “superior compartido” es el propio sentido del plan
estratégico y por lo tanto la expresión de esta alianza, de este
proyecto común empresa es el propio plan.
El proyecto común empresa expresado en el plan estratégico es un acuerdo
dinámico con relación a la misión y a los objetivos corporativos de la
empresa.
Es en definitiva el “qué hacer”, la razón de ser de la empresa hacia
dónde se dirigen todas las energías del personal practicada
sinergéticamente para crear valor superior al logrado, se apoya en esta
alianza estratégica, y sin ésta no hay proyecto común empresa y por lo
tanto, los planes estratégicos se ven disminuidos y erosionados.
Todo plan estratégico debe ser constituido a partir del proyecto común
empresa y estar alineados con los objetivos corporativos y la misión a
cumplir, que será transformada en realidad a través de acciones y
esfuerzos realizados diariamente, por todo el personal.
De esta forma el capital humano e intelectual de la empresa y la
inteligencia común, son de interés propios de los planes estratégicos de
las empresas de este siglo.
La planificación estratégica requiere de un conjunto de actuaciones que
la empresa debe poner en práctica, como ya se ha expresado, para lograr
objetivos a lo menos superiores a la situación actual.
Estas actuaciones o planes de acción, estarán basadas en desarrollar e
identificar las posibilidades de incrementar los negocios con los
clientes actuales, con introducirse a nuevos mercados, innovar con
nuevos productos y servicios para crear valor, desarrollar proveedores
que colaboren con la empresa en hacerla más productiva y/o establecer
alianzas estratégicas que le permitan ser más competitivas.
8. Control de Gestión
Como se ha expresado ya el 90% de los planes fracasan por falta de
aplicación lo que expresado de otra manera significa escasez o nulo
control de gestión.
El control de gestión se ha transformado en un aspecto vital para
orientar los esfuerzos disciplinados para optimizar el logro de los
objetivos del plan estratégico.El control de gestión implica centrarse
en las líneas ejecutivas que son los responsables de las puestas en
práctica de las acciones que conllevan al logro de los objetivos.
Para esto entonces hay que fijar algunas señales que nos guíen y nos den
indicios anticipadamente si vamos en la senda correcta.
Estas señales se denominan indicadores de gestión que permiten comprobar
si los resultados reales están conduciéndonos a los objetivos del plan.
Control de gestión también significa tomar las decisiones correctivas
cuando los indicadores nos indican que estamos desviados del plan.
Significa también tomar todas las acciones correctivas necesarias.
De esta manera el control de gestión se transforma en un sistema
integrado al plan estratégico y forma parte de él, de la misma manera
que el plan estratégico está integrado al Management.
El sistema de control de gestión integrado revisa y evalúa el desempeño
del gobierno corporativo de los ejecutivos y del personal el
cumplimiento de los objetivos corporativos, funcionales de unidades de
negocios operacionales en cuanto al aporte que estos hacen al
cumplimiento.
El sistema de indicadores nos permite establecer las señales o alarmas
que permitan actuar sobre la marcha y con tiempo suficiente para
revertir desviaciones de tal forma de detectar problemas y necesidades
cuando sea necesario y no “después de” cuando prácticamente no hay nada
que hacer.
El sistema integrado de control de gestión es la retroalimentación
indisoluble al plan estratégico y actúa más bien para ayudarlos a lograr
los objetivos, más que un sistema coercitivo que es el enfoque
tradicional del control.
En los últimos años se ha desarrollado un sistema que permite y facilita
el proceso de control de gestión que se ha expresado aquí.
Este sistema se denomina The Balanced Scorecard y ha sido desarrollado
por los profesores Robert S. Kaplan & David P. Norton de la Universidad
de Harvard y su mayor valor es integrar armónicamente el plan
estratégico y el sistema de control de gestión para que de una manera
rápida y global el gobierno corporativo pueda analizar la marcha de la
empresa y sus negocios, a través de un conjunto reducido de cuatro áreas
estratégicas expresada en objetivos y a su vez transformada en
indicadores.
Las áreas estratégicas, donde deben fijarse objetivos, son cuatro:
· Área estratégica financiera
· Área estratégica clientes.
· Área estratégica procesos internos del negocio
· Área estratégica de innovación , mejoramiento continuo y crecimiento
cualitativo.
Los objetivos de cada una de estas áreas se transforman en indicadores o
señales y estos se revisan a través de un tablero de control de gestión
en cada uno de los niveles de la empresa.
El sistema The Balanced Scorecard y los tableros de control de gestión
se apoyan en la tecnología informática actual, por lo que pueden ser
visualizados día a día en línea a través de pantallas computacionales al
que están accesados todos los gerentes, ejecutivos y líneas de mando
responsables, dando una gran agilidad a la gestión y una medición
objetiva del aporte de cada ejecutivo al logro de los objetivos del plan
estratégico.
9. Síntesis y Conclusiones
Planificación Estratégica
La Planificación Estratégica es esencialmente la creación de un sistema
dúctil e integral de objetivos, así como el planteamiento de las
alternativas que permitan a la empresa y sus ejecutivos lograrlos.
La consecución de los objetivos planteados, permite a la empresa cumplir
con su misión y la visión de ésta y sus negocios.
Un Plan Estratégico sin objetivos o con objetivos difusos, es un
conjunto de papeles mojados que no sirven para actuar, aunque las
estrategias estén muy bien definidas o los procedimientos a lo que se
ciñó la confección del Plan, sean rigurosos.
Tampoco es adecuado que un plan contenga demasiados objetivos
corporativos (los expertos recomiendan no más de cuatro al año) porque
un excesivo número de objetivos implica dispersión de esfuerzos humanos
y recursos que conllevan a la improductividad de la empresa.
La concentración en un número reducido de objetivos específicos,
conocidos ampliamente a lo largo y ancho de la empresa y nítidamente
establecidos, aumenta la probabilidad de éxito del plan y del desempeño
de su equipo gerencial y del gobierno corporativo.
La Planificación Estratégica es parte esencial del Management, no es
algo distinto ni separado.
Management es la definición de la misión y objetivos corporativos
fundamentales y permite al equipo gerencial la movilización de todas las
energías humanas, conocimientos, actitudes y competencias para la
consecución de tales objetivos y de la misión.
Management también es toma de decisiones y acción que moviliza todos los
recursos de la empresa: capitales, dinero, equipos, tecnologías y
sistemas al servicio de los objetivos.
Los únicos que toman decisiones y asignan recursos en la empresa son el
gobierno corporativo y los ejecutivos. Por tanto, son los que practican
Management.
Y deben ser medidos y evaluados por los impactos de sus decisiones en
los resultados actuales y futuros.
La Planificación Estratégica se concentra también en los objetivos de
los negocios y cada empresa tiene y debe revisar permanentemente una
teoría propia de su negocio.
Definir y clarificar los elementos esenciales del negocio (Core
Business), y el modelo a practicar, es fundamental también para el éxito
del Plan Estratégico y los planes de negocios derivados.
La Planificación Estratégica también debe incluir la innovación, los
cambios y aprovechar las oportunidades, principalmente enfocadas en las
nuevas necesidades de los clientes y en los servicios adicionales o
cruzados que mejoran el negocio.
10. Implementación: La quinta columna
Como se ha planteado procedentemente el punto más débil de todo plan
estratégico, lo constituye la implementación y el control.
Y ambos elementos dependen de las personas miembros de la empresa o de
la organización: Estas constituyen “La quinta columna” en referencia al
general republicano que defendía a Madrid en la Guerra Civil Española.
Cuando las tropas contrarias avanzaban sobre Madrid para conquistarla,
este general republicano preguntó a sus oficiales, parafraseando sus
palabras: “¿Cuántas columnas enemigas nos atacan?” Y la respuesta fue:
“Cuatro columnas, mi general”. A lo que él respondió: “No me preocupan
las cuatro columnas”. Me preocupa la quinta columna, es decir, si
nuestros oficiales y soldados seguirán el plan de defensa que hemos
diseñado.”
Esta es la misma situación que debe enfrentar un Gerente en la Empresa,
ya que
la Planificación Estratégica integra al personal a un proyecto común
empresa y desarrollar una alianza estratégica con ellos es otro aspecto
que debe considerarse en el proceso que se está analizando.
Sin embargo, existe un inmenso vacío o “gap” entre la misión y los
objetivos desarrollados en la alta gerencia con respecto a lo que está
haciendo la gente en la base de la pirámide organizacional.
La planificación estratégica enfocada como se plantea en este trabajo,
permite cerrar esta brecha y aunque muchas empresas consultoras como el
Boston Consulting Group, o académicos como Michael Porter o Igor Ansoff,
formalizaron y desarrollaron la teoría estratégica para los ejecutivos
de nivel superior, nunca se logró que las actividades cotidianas del
personal estuvieran en línea con esos grandes planteamientos
estratégicos globales.
Por eso, el desarrollo del sistema de control de Gestión denominado The
Balanced Scorecard permite tender un puente y alinear los grandes
objetivos y estrategias globales (el “qué hacer”) con el (“cómo
hacerlo”) que es el trabajo diario que realiza el personal operativo en
las escalas inferiores de la estructura.
En consecuencia, para poder vincular el plan estratégico, las tareas
diarias y el proyecto común – empresas se requiere delegar poder y
responsabilidades en los niveles más bajos. Este proceso se conoce como
“Empowerment”.
Si además se comparte información y se desarrollan “objetivos
personales” alineados con los objetivos del plan estratégicos en todos
los niveles organizacionales de la empresa, se genera una gran fuerza
impulsora que permite que los objetivos se cumplan con mayor precisión y
mejore el desempeño total, creando valor a través de las decisiones , de
la coordinación y la comunicación más allá del control y la evaluación
clásica.
En resumen mientras más elementos intangibles se incluyan en el plan
estratégico, ( aunque no todo pueda escribirse sobre papel) la
posibilidad de optimizar los objetivos es mayor.
En consecuencia, las decisiones basadas en el plan estratégico para
cumplir objetivos, deben crear valor a la empresa a través de su capital
intelectual - o intangible – que es el único camino para hacer
productivo el capital físico o financiero.
Este es el mayor desafío que el Management y la Planificación
Estratégica deberán enfrentar en un futuro próximo.
© Management Herald, Chile – Argentina.
Publicado con autorización exclusiva para los seminarios dictados por el
prof. José Ricardo Ibarra Gallardo.
José Ricardo Ibarra Gallardo managementheraldarrobamanagementherald.com Ingeniero Comercial, Universidad de Chile. MBA ESADE Estudios de Post-grado en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica; International Management, Suiza; Anglian Management Center, Inglaterra; Mc Gil University; y en los programas de Management de Peter F. Drucker. Miembro de American Management Association New York y de APD, Asociación para el Progreso de la Dirección, Madrid. Ha escrito seis libros de alta consulta y más de 50 artículos y papers sobre su especialidad. Presidente de Management Herald Chile. (Revista para la alta gerencia) Presidente y director de la Universidad de Management, (UNIMANAGEMENT)
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