Violencia de género e intrafamiliar

Introducción:

La violencia de género debe ser entendida como aquellas acciones o actos bruscos que ejerce un género sobre otro por razones de poder, que ocasiona daños o lesiones desde el punto de vista físico, psíquico o sexual, y éstos pueden ser leves, severos, o graves e incluso puede llevar hasta la muerte de la persona que es víctima de la lesión, generalmente es aquella que ejerce el género que detenta el poder, contra el género que tiene una posición de subordinación, es decir, del género masculino hacia el femenino, porque los varones se consideran en una posición de superioridad respecto a la mujer, que siempre se ha visto en una posición de inferiorización, de subordinación y limitada al ámbito doméstico.

Es justamente la violencia del género masculino sobre el femenino porque, es quien tiene el poder, por tanto, el asunto de la violencia es un problema de poder.

La violencia de género como fenómeno social, que se basa en las relaciones de poder, tiene sus causas en la construcción de género, en el patriarcado como sistema de dominación.

El fenómeno de la violencia hay que verlo como un hecho cultural, siendo tan viejo como la propia historia de la humanidad, sin embargo ha permanecido invisibilizado por su naturalización como parte de la cultura patriarcal, ella surgió con la propia división sexual del trabajo.

Hace sólo dos o tres décadas, que ha comenzado a visibilizarse el problema de la violencia, a partir de todo el movimiento desarrollado por el feminismo en torno al mismo; no sólo en la academia sino también en determinados organismos internacionales que han comenzado a tratar la temática, en el caso específico de nuestro país; es en la década del 90 del siglo XX, que comienzan a visibilizarse y a sistematizarse los estudios acerca de la problemática de la violencia contra la mujer.

En el presente trabajo realizaremos una mirada al asunto de la violencia intrafamiliar como fenómeno social, tomando en consideración lo que piensan las propias mujeres al respecto.

Desarrollo:

Las mujeres en el mundo, hoy viven una situación difícil, de ahí que, hace alrededor de dos o tres décadas que comienzan a analizarse los problemas de la violencia contra la mujer, a partir del interés creciente y la importancia que muchos organismos internacionales como la ONU le han dado a esta problemática; su tratamiento y análisis ha sido objeto de reuniones, cumbres, foros, conferencias, convenciones, que se han desarrollado sobre derechos humanos, donde los documentos derivados de ellos nos sirven de punto de partida para el estudio y profundización de esta temática.

Fue en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, efectuada en Viena, en el año 1993, donde se declaró por primera vez y se reconocía expresamente la violencia de las mujeres y las niñas como una violación de los derechos humanos y como un obstáculo para alcanzar la igualdad.

En el propio año 1993 en la Asamblea General de Naciones Unidas, en la Resolución 48-104 se define por primera vez el término de violencia contra la mujer, considerándose ésta “como cualquier acto de violencia basado en el género que resulte o que tenga como resultado, causar daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a las mujeres, incluyendo amenazas de tales actos, coerción, privación arbitraria de libertad, bien ocurra en la vida pública o en la vida privada.”(1)

El fenómeno relacionado con la violencia trae consigo numerosos daños a la integridad tanto física como mental de las mujeres e incluso puede ocasionar hasta la muerte a las personas, este es un problema que como ya referíamos, ha sido invisibilizado por mucho tiempo en la sociedad, por ser una manifestación de las relaciones de poder desiguales, que en el proceso de socialización se han establecido entre hombres y mujeres, que tiene sus causas en la construcción de género, en el patriarcado como sistema de dominación, como cultura dominante, por tanto, es un fenómeno cultural.

De ahí que se puede consignar que la estructura de las relaciones entre los géneros es una estructura androcéntrica, donde el hombre se constituye como el centro y la medida de todas las cosas; “lo más importante”, “lo máximo”, “lo supremo”.

El informe de La IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, organizada por la ONU, en Beijing, China efectuada en 1995, planteó que aún existen determinados factores que aíslan a la mujer, cosa esta que lleva a la negación de sus derechos humanos y a poder acceder a la educación, al empleo, a la autoeficiencia económica y a la toma de decisiones, es decir, a poder tener su propia autonomía, lo que evidencia; su exclusión de la vida social pública, porque este es un ámbito que ha sido considerado sólo para hombres, por lo que “su lugar está en el ámbito doméstico o privado.

Es en esta Conferencia donde se recomienda a los gobiernos que emprendan acciones para eliminar toda forma de violencia contra la mujer, debido a que ésta constituye un obstáculo para poder alcanzar los objetivos de igualdad, desarrollo y paz, el cual viola, perjudica o anula el disfrute, por parte de ella, de los derechos humanos y libertades esenciales.

Quiere decir, que la violencia de género es un fenómeno que limita el desarrollo pleno y sano de la mujer, pero además disminuye la autoestima de la víctima, la convierte en una persona pasiva, sumisa, poniendo incluso en peligro la vida, su salud y su integridad; puede conformarse por un solo acto, o bien puede consistir en una serie de agresiones que, sumados, producen un daño, aunque cada una de ellas, aislada, no forzosamente lo produzca.

Las diferentes investigaciones que se han desarrollado han podido constatar que no es un problema de una zona específica, ni de una clase, ni de una edad determinada, ni de personas con bajo nivel de escolaridad, sino que se da lo mismo en la ciudad que en el campo, entre personas ricas y pobres; en todos los niveles; entre profesionales y no profesionales; así como también en todo tipo de relaciones: de noviazgo, de familias, de matrimonios, o cualquier parentesco.

Las estadísticas a nivel mundial recogen que el 1% de las mujeres ejercen acciones violentas contra los hombres, es decir, que alrededor del 75 o 76% de los casos son los hombres los que agreden, es decir, que las mujeres son las víctimas, mientras que el 24% restante, son casos de una violencia interactiva, recíproca, es decir que se da como respuesta.

Estas cifras nos revelan y nos patentizan que la violencia de género es la que ejerce del sexo masculino hacia el femenino, ya que los hombres son los que llevan a cabo con mayor frecuencia agresiones y maltratos contra la mujer lo que nos da la medida de la vulnerabilidad a que estamos expuestas las mujeres, independientemente del papel que se desempeñe y del lugar que se ocupen en la estructura socioeconómica.

“La violencia doméstica es un problema social que afecta a millones de seres humanos en todo el mundo. Es reflejo de relaciones de poder que jerarquizan y colocan lo masculino como eje de toda experiencia en el saber y el quehacer a escala social y se reproduce a escala microsocial en el espacio familiar” 2

Es importante tener en cuenta que las acciones realizadas para prevenir y combatir la violencia de género, deben estar dirigidas a la creación de una cultura de igualdad y equidad libre de violencia, donde las relaciones de los hombres y las mujeres se basen en el respeto, la tolerancia, la comunicación y la responsabilidad mutuas.

La violencia intrafamiliar es considerada erróneamente por muchas personas como un fenómeno que sólo incumbe a los miembros del núcleo familiar y que debe ser tratada de la puerta hacia dentro, es decir, como un asunto privado, cuando en realidad es un fenómeno social, por las consecuencias que ella trae y por su repercusión, tanto para la propia familia como para la sociedad, puesto que puede ocasionar diferentes daños desde el punto de vista físico o psíquico a las personas que son objeto de violencia.

Se debe considerar como toda acción u omisión que sea cometida por alguno de los miembros de la familia, que viole el derecho al pleno desarrollo y bienestar de otro. La misma se dirige fundamentalmente hacia las mujeres, los niños/as y a los ancianos/as. Generalmente el lugar donde se produce es el hogar; de ahí su denominación.

Las investigaciones que se han desarrollado han dado como resultados que la violencia conyugal constituye la forma más frecuente de violencia intrafamiliar.

Está demostrado que la violencia intrafamiliar es un problema en la relación entre las personas, que gira en torno a la necesidad del agresor de mantener controlada a su víctima, o de mantener su posición de poder cuando éste se ve amenazado de que puede perderlo por determinadas razones, entonces se desencadena una situación violenta. Con estos casos se abren las puertas de un serio problema social.

La violencia es un fenómeno social porque tiene una incidencia directa en el funcionamiento de la sociedad; que genera disfuncionalidad, por tener altos costos sociales que impacta no sólo en la esfera de lo privado, sino también tiene implicaciones en el ámbito extradoméstico y se traslada de una generación a otra.

El aprendizaje de la violencia genera discapacidad, traumas, puede traer trastornos en las relaciones interpersonales y además puede traer reacciones violentas.

Muchas veces se oculta por parte de las mujeres la situación de maltrato a la que son sometidas, haciéndose visible sus consecuencias, sólo cuando es evidente la violencia, cuando ha dejado huellas visibles, que provoca graves daños ya sean físicos o psíquicos y que ya indudablemente salen a la luz pública, imposibles de continuar ocultándola a los demás, aún así hay quien justifica los moretones, contusiones, arañazos, o heridas, argumentando que tropezó, se cayó u otra justificación vana, ya sea por vergüenza, culpa o miedo, además puede ser también porque la cultura ha estigmatizado a las mujeres maltratadas como de baja reputación y no se ven con buenos ojos.

Con relación a las causas que generan la violencia existen diferentes criterios y tendencias que consideran:

  • Que la violencia es ejercida por personas que presentan problemas psíquicos, determinadas enfermedades o trastornos psicológicos, pero en realidad nos encontramos con otras que no tienen desequilibrios nerviosos y sin embargo ejercen la violencia. Esto puede existir, pero no lo podemos ver de manera absoluta porque no es tan así.
  • También se han intentado explicar las causas de la violencia vinculándolas con el masoquismo. Pero la mujer que soporta la violencia es porque no sabe cómo salir de esa situación de maltrato.
  • Por otra parte hay quienes plantean que la violencia es parte de la naturaleza humana, defendiendo la idea de que la naturaleza masculina tiene una tendencia mayor hacia la violencia que la femenina. La agresividad no puede legitimar las conductas violentas, sino que el aprendizaje es lo que la convierte en un hecho violento, las mediaciones culturales son las que generan o atenúan las conductas violentas, esto es un aspecto cultural y no biológico. Se aprende a partir de una socialización, de valores relacionados con la fuerza, con el ejercicio del poder.

La influencia que ejerce el medio, así como los agentes socializadores son elementos que generan violencia, ya que, se ha demostrado por los estudios realizados que los niños que viven en un ambiente doméstico violento tienen una mayor tendencia a ser violentos en sus relaciones.

El primer grupo al que se inserta y en el que se desarrolla el ser humano desde que nace, es la familia, de él le llegan sus primeras influencias, pero al mismo tiempo ese individuo está recibiendo un conjunto de influencias de otros grupos, un legado histórico cultural, expresado en las costumbres, normas, tradiciones, valores, que están contribuyendo de esta forma a desarrollar en estas personas determinadas formas de actuar y de pensar. Como agente de socialización, aporta un sano crecimiento en las conductas básicas de comunicación, diálogo y armonía entre sus miembros.

El escenario en que las personas se desenvuelven, va cambiando a lo largo del desarrollo de su vida, las relaciones interpersonales, la comunicación con otros/as, su necesidad de relación, le lleva a establecer nuevas amistades y grupos de amigos/as. Esta multiplicidad de pertenencias cambia y le va planteando a los individuos nuevas y diferentes exigencias en su devenir histórico. La subjetividad se ha ido construyendo en su relación con las exigencias sociales y se convierte en mediatizadora de esa exigencia y de todas las influencias recibidas.

Generalmente las conductas agresivas son más propias de los hombres que de las mujeres, éstas últimas son más bien víctimas, aunque también nos encontramos con casos en que son ellas quienes ejercen la violencia, pero es menor la proporción, porque en la mente de muchas personas subsisten actitudes y conductas trasmitidas de generación en generación que reproducen las injustas relaciones de desigualdad, que desde hace cientos de años han predominado en sus familias, en las que los primeros asumen una posición de superioridad y las segundas de subordinación.

La violencia de género que ocurre en el ámbito familiar, tiene consecuencias psicológicas, sociales, económicas:

  • Violencia psicológica: Se manifiesta por las humillaciones, insultos, menosprecio, abandono, amenazas, omisiones, silencios y otras conductas similares a las que se somete cotidianamente a una mujer y a otros miembros vulnerables de la familia, afectando la estabilidad emocional de la persona que es objeto de ella, manifestándose de forma sutil, encubierta, amenazadora y puede traer afectaciones de la salud de la persona que las sufre. De ahí su carácter social.
  • Violencia física. Tiene su manifestación en las huellas visibles que deja en el cuerpo de la persona que la sufre, pueden ser por golpes leves que no dejan huella aparente, agresiones que pueden ser con las manos, el puño, las uñas, los pies, armas blancas u otros objetos que estén al alcance del agresor. Este tipo de violencia también afecta la salud de la víctima.
  • Violencia sexual: Afecta los derechos a la libertad sexual y a la integridad corporal, y puede suceder en la calle, en un centro de trabajo, en una institución educativa o en el mismo domicilio de la víctima, como parte de la violencia intrafamiliar.
  • Violencia económica: Se basa en el control que tiene el hombre hacia la mujer en el manejo y administración del dinero, las propiedades y todos los recursos de la familia a su libre conveniencia, donde existen muchos mecanismos mediante los cuales el control del dinero se convierte en ejercicio de violencia sutil.

La violencia de género puede manifestarse en cualquiera de estas formas que acabamos de referir, pero también puede aparecer combinada en dos o más de sus formas.

Con la división sexual del trabajo correspondió a la mujer ser relegada al espacio del hogar, asignándosele la educación y cuidado de los hijos, enfermos y ancianos, por su capacidad de gestar y amamantar los hijos, se le responsabilizó además con la continuidad de la especie, pasando por alto la coparticipación del hombre en las tareas domésticas y de educación de los menores, surgiendo de esa manera la falsa idea de la incapacidad de la mujer para realizar tareas “propias de hombres”, de ahí que, las mujeres que no asuman los roles asignados por la sociedad, con estos preceptos preestablecidos eran tildadas de “marimacho”, “hombrunas”, “varoniles”, con carencia de dones femeninos.

Se crean así los estereotipos que definen a la mujer como frágil, suave, dócil, amorosa, como un individuo de segunda categoría, dependiente económica y totalmente de la figura masculina, mientras que el hombre se le considera todo lo contrario, ser fuerte enérgico, valiente y dominante, agresivo se establece de esta forma una diferenciación hombre/mujer, y una relación de subordinación y dependencia de la mujer “sexo débil”, hacia el hombre, “sexo fuerte”, que tiene el poder, , tiene que ser exitosos, por lo tanto no puede tener miedo, no puede llorar, porque eso es de mujeres, por eso, todo lo que vaya en contra de estas cualidades atribuidas y asignadas por la sociedad los tildaría como “maricas”, “flojos” o “amanerados”.

La cultura androcéntrica, históricamente, ha expropiado a los hombres de determinadas cualidades humanas por considerarlas como femeninas.

Bajo estos esquemas se promueve en estas sociedades, una educación diferenciada por sexos con límites rígidos. Esto desde nuestra mirada constituye una violación del desarrollo de la individualidad de cada persona.

Esta educación comprende lo que pudiéramos llamar la enseñanza de la masculinidad y de la feminidad, la transmisión de lo que es característico y exclusivo de cada uno de los sexos. Es decir, es una construcción social que se realiza con cada persona, que va a los roles y funciones asignados a lo masculino y lo femenino, es aquí precisamente donde nos encontramos la génesis de la violencia; a las niñas se les enseña a jugar con muñecas, cocinitas, a ser madres, mientras que los varones deben jugar con pistolas, tanques de guerra y otros juguetes que promueven la violencia en ellos.

Quiere decir que se les ha educado en una serie de características que son violentas y no se les permite expresar sus sentimientos, sus emociones, como si no fueran seres humanos que sienten y padecen como el que más; lo que sucede es que esta construcción de la masculinidad los obliga a incorporar conductas genéricas que han internalizado en la familia, en la escuela, en el grupo de los iguales. “El llamado “patriarcado” como organización social donde se excluye la posibilidad de igualdad y reciprocidad entre los sexos facilita comportamientos polarizados que constituyen la base de conductas violentas” 3

De ahí que la violencia tiene sus raíces en la educación patriarcal y sexista que niños y niñas reciben desde pequeños, en el aprendizaje familiar, y de todos los medios socializadores en que se desenvuelve el individuo, por ello, para eliminarla es necesario desmontar del imaginario colectivo los estereotipos sexistas y acabar con la masculinidad hegemónica. Por eso se insiste en desmontar el sexismo de los textos, en otras prácticas educativas, en los medios y en la educación de manera general.

Hasta tanto no eliminemos las verdaderas causas que generan las relaciones violentas, no eliminaremos la violencia.

Sin embargo, hay quienes consideran que las causas de la violencia están en los celos, la frustración, el alcoholismo, el cansancio que pueda sentir el hombre, cosa esta que es totalmente falsa, es un mito, porque en realidad estos aspectos lo que actúan como catalizadores de una actitud violenta, ya que éstas son razones intrascendentes.

La violencia intrafamiliar provoca determinadas consecuencias para las personas que son víctimas de ella, entre las que podemos mencionar:

  • Lesiones de diferentes tipos y magnitudes, que en muchos casos pueden ocasionar hasta la muerte, contusiones, heridas de diferentes tipos.
  • Trastornos emocionales y psicológicos, ansiedad, depresión, neurosis, alteraciones del sueño, cansancio, alteraciones del sistema digestivo y cardiovascular(úlcera, hipertensión arterial, infarto), intento suicida, suicidio.
  • Disminución del rendimiento escolar y laboral, dificultades en la atención y concentración.

De ahí que podamos decir una vez más, que ésta es un fenómeno social, de modo que es necesario realizar estudios, dirigidos a llevar a cabo modificaciones a partir de determinadas acciones, que contribuyan al acercamiento del problema y darle mayor importancia, para realizar posteriormente planes de intervención.

La violencia en Cuba

Cuando analizamos el problema de la violencia en nuestro país, podemos decir, que no dista mucho de lo que se produce en el resto del mundo, en el sentido de que no es un fenómeno nuevo en nuestra sociedad, sino que también ha sido invisibilizado por mucho tiempo, no había un reconocimiento abierto de que se manifestara en nuestro contexto, aunque con diferentes matices, teníamos la presencia del problema, además no existía una comprensión como fenómeno social, por tanto, no se realizaban trabajos dirigidos a expresar la verdadera esencia de esta problemática.

Quiere decir que “Cuba no escapa a esa realidad, aún cuando nuestro proyecto social contribuye a desterrar muchos de los factores que determinan el ejercicio de la violencia contra la mujer, pero revolucionar formas de vida marcadas por monopolios masculinos no puede lograrse en apenas cuatro décadas.” 4

El no reconocimiento de la violencia en nuestro contexto está dado en los mitos y estereotipos que funcionaban y funcionan respecto a la incumbencia privada de este tipo de problema.

En nuestra sociedad, la violencia familiar no puede funcionar, ni puede ser considerada como un problema de puertas adentro, porque tiene que ser de interés social, de las personas, de los grupos. Ninguna sociedad como la nuestra tiene tantas instituciones, ni dedica tantos recursos para enfrentar tal situación y ejercer una acción profiláctica en este sentido. Combatir la violencia intrafamiliar implica, la prevención y educación a la familia en este sentido.

Anterior al triunfo revolucionario del 1ro de enero de 1959, la mujer cubana no tenía acceso a la educación, ni al empleo, que era casi nulo, asociado al trabajo doméstico, maestras, enfermeras y prostitutas.

En Cuba la atención de la mujer y el problema de la protección a sus derechos se produjo desde 1959, momento a partir del cual nuestro estado ha mostrado tal preocupación y ocupación, lo que se ha visto plasmado en nuestra Constitución y en otras leyes más específicas, en programas y planes, con la creación en 1997 del Grupo Nacional para la atención y la prevención de la Violencia Familiar.

La Revolución Cubana significó para las mujeres una garantía para su protagonismo, activismo otorgándole una determinada autonomía en el ámbito extradoméstico.

Por eso importante reconocer que a pesar de ello, en Cuba, la violencia de género se manifiesta en menor medida que en el resto del mundo, lo que está dado por la voluntad política del Estado y las medidas que han sido adoptadas desde el propio triunfo revolucionario, a favor de los derechos de la mujer, donde se estableció el ejercicio de la plena igualdad de derechos y oportunidades por parte de las mujeres cubanas en nuestra sociedad, y en el centro de esto ha estado la FMC.

“En el caso de Cuba muchas de las formas que adquiere la violencia contra la mujer no se practican, por ejemplo: la mutilación genital femenina, el tráfico de mujeres, el infanticidio femenino, el acceso diferencial a los alimentos, así como el control coercitivo sobre la reproducción ejercido tanto por individuos como por el Estado, etc., ya que algunas son propias de otras culturas, y otras han sido eliminadas o atenuadas en virtud de las transformaciones ocurridas en la situación social de las mujeres luego del triunfo revolucionario de 1959.” 5

En la década del 90 del siglo pasado, es que comienzan a sistematizarse y a visibilizarse los problemas referentes a la violencia contra la mujer, pero estos primeros estudios estuvieron caracterizados por la dispersión y que en muchos casos no se realizaron con un adecuado enfoque de género, por otra parte estas investigaciones están más bien centradas en el ámbito de los análisis en la esfera de lo psicosocial, jurídico, en el campo de la medicina legal, y por tanto muchas se hacen sin el adecuado enfoque de género que ello requiere para poder analizar e interpretar exactamente el fenómeno de manera correcta.

No obstante, existen determinados elementos que afloran y salen a la luz demostrando el problema de la violencia contra la mujer

La familia constituye la célula fundamental de la sociedad y como tal el estado cubano ha creado todas las condiciones para su mejor desarrollo, facilitando a toda la población medios decorosos para su subsistencia, el acceso a la salud, a la educación, a la cultura, entre otros, lo que sienta las bases para la existencia de personas más plenas y felices.

Nuestra sociedad se fundamenta en los principios, valores y la ética de la igualdad, contenidos en nuestro Código de Familia, los que deben ser integrados al actuar cotidiano y quienes incumplan con ello deben ser severamente sancionados y recibir el rechazo moral de la sociedad.

Contrariamente a lo expuesto, aunque se ha considerado erróneamente que el maltrato en nuestra sociedad es un problema ya superado, existen familias donde en sus relaciones se manifiesta la violencia porque se maltratan, tanto de palabra con ofensas, amenazas, insultos como de hecho, con golpes, empujones, arañazos, por diversas causas, la que se produce entre hermanos, entre cónyuges o entre parientes.

Para comprobar todo lo que anteriormente veníamos analizando desde el plano teórico, con el objetivo de buscar las microviolencias que se presentan en la vida cotidiana, realizamos una entrevista en profundidad a una mujer de raza blanca, universitaria, con 45 años de edad, casada y con un hijo de 24, la cual mantuvo una buena comunicación con la entrevistadora, aportando toda la información necesaria para conocer aspectos que caracterizan a las personas en las que aún en su conciencia individual persisten tabúes que afectan las relaciones de parejas. (Ver Anexo 1).

Al través de nuestra primera pregunta pudimos conocer que la entrevistada hace 26 años que se encuentra casada.

En un segundo momento nos respondió que conoció a su esposo, hace 27 años, cuando él tenía 27 años, y ella contaba sólo con 16.

Cuando indagamos acerca de las cualidades de su esposo que más le llamaron la atención, ya fueran negativas o positivas, nos manifestó que en aquel entonces veía en él determinados aspectos que la impresionaron mucho como fueron: que era de carácter muy agradable; por la manera de relacionarse con las personas, pero al mismo tiempo nos confiesa que se fue dando cuenta en la medida que pasaba el tiempo que le gustaba que se hiciera lo que él decía, ya que tiene el criterio de que él es el hombre y las cosas deben hacerse como diga, es quien tiene que mandar, el único que debe y puede tomar decisiones; las opiniones de los demás no cuentan para nada, todo lo que se haga en la casa tanto ella como el hijo deben consultarlo con él, ya que es quien tiene que dar la última palabra.

Por otra parte nos reveló que cada vez que van a analizar algún problema, es siempre quien tiene la razón(según él) y le ha dicho en múltiples ocasiones que las cosas deben hacerse como él diga, porque el hombre es él y ella no tiene criterio propio para poder opinar sobre el asunto; confiesa que nunca le ha pegado, pero que ella siente en ocasiones como si en algún momento lo fuese a hacer por la manera amenazadora con que le habla y el tono en que lo hace, y esto la pone tensa, nerviosa y desesperada.

“En nuestra relación matrimonial -dice- siempre han predominado los gustos de él”, ya que no pide criterios y siempre que salen es a los lugares que el selecciona y desea, comparten con sus amigos y las amistades de ella no cuentan para nada, por lo que las ha ido perdiendo.

También manifestó, que se siente dueño de todo lo que existe en la casa, aun cuando no sea él quien lo haya llevado o comprado, en el televisor se pone lo que él quiera, sobre todo el deporte y para “yo poder ver la novela tengo que ponerme dura porque sino…”

Además planteó que desde que ella comenzó a percibir salario se lo entrega todo a él, para no mortificarlo, por tanto dice que cuando necesita dinero para comprar algo tiene que pedírselo y darle cuenta de lo que va a hacer con él y en qué lo va a gastar.

A la pregunta de las expectativas afectivas en el matrimonio respondió que esperaba que fuera cariñoso, por la manera en que se manifestó al inicio de las relaciones, otra de las expectativas de ella era la comunicación que pudiera existir entre ellos, pero resultó ser todo lo contrario porque ahora la critica por todo, se muestra poco comunicativo; con ella, porque con los demás es de manera diferente, en la relación de pareja crea una barrera en este sentido cuando quiere analizar o plantearle algún problema; siempre que el hijo hace algo o quiere comentarle algo sobre el mismo porque ya es un joven, le echa las culpas de lo que pasa y dice frases como: “eres igualito a tu madre, “están cortados con la misma tijera”, “te lo advertí, tú eres la culpable de todo”, además no le gusta que llegue tarde a la casa, la está controlando constantemente y quiere ser siempre el primero en conocer y saber sobre sus cosas, en la mayoría de los casos la acompaña a los lugares donde va “pero eso es para saber lo que hago, porque piensa que lo voy a traicionar, yo se que todo eso ha sido por la crianza que le dieron porque el padre era igual con la madre y eso fue lo que aprendió”.

Sin embargo, dice que con frecuencia le miente para ocultar su infidelidad, de lo que se ha dado cuenta porque ha tenido fuertes discusiones con él sin razón alguna, además se ha aparecido en otras ocasiones con florecitas, como para ocultar o disimular su culpa, presentándose como buen esposo, en ese caso es más comunicativo, la ayuda en la casa, sin embargo, siempre dice que las actividades domésticas son para las mujeres, que los hombres no deben estar metidos de cazueleros en los asuntos que corresponden a las mujeres, porque ellos son los que tienen que buscar el sustento para la casa, “pero yo se que está enamorado de mí y me quiere”.

Nos planteó que la vida matrimonial comenzó a hacerse más difícil a los cuatro o cinco años de casados y en estos momentos se desenvuelve más o menos “bien” porque tanto el hijo como ella lo van sobrellevando, no le van a la contraria, hacen lo que él diga, “sino fuera una guerra constante en la casa”, “pero yo lo quiero, además es el padre de mi hijo”.

No dejo de comprender que el ambiente familiar se torna insoportable, incluso que todo esto la pone nerviosa, muchas veces se muestra insegura, que no sabe lo que va a hacer cuando él no está porque cualquier decisión que vaya a tomar tiene que esperarlo para que lo apruebe o no, pero la cosa se ha hecho más difícil después que murió el padre,- según nos dice-.

Dentro de las características asociada a la conducta machista describe que la regaña como si fuera un muchacho, quiere que el hijo sea como él porque es varón, que no puede realizar ninguna tarea que se asocie con las actividades que sean propias de las mujeres, se piensa que es el ombligo del mundo, no le gusta que yo me su7pere ni participe en algún evento o reunión donde tenga que quedarme fuera de la casa, “pero eso es lógico porque a él lo criaron así, esa fue la crianza que recibió”. “Muchas veces para que haga algo tengo que simular que estoy enferma”, otra de las características que puedo mencionar es que aunque se esté muriendo no da a entender que se siente mal, ni dice lo que tiene, porque eso es una debilidad para las mujeres, según él.

Le aconseja a las mujeres, que cuando sean madres no críen a los hijos de esa manera sino para que practique la cooperación, la comprensión y el cariño hacia los demás y sobre todo hacia la esposa, que se debe conocer y estudiar bien al hombre con quien uno se va a casar, ya que no es lo mismo de novio que de casado, porque convivir con un hombre machista no es fácil, porque dice que “hay que rebajarse mucho, tolerar, bajar la cabeza, ser la que seda cuando ocurra cualquier problema”.

Como bien se pudo apreciar, en nuestra entrevista aún nos encontramos con conductas como las que acabamos de describir, pero sin embargo muchas veces no nos percatamos de ellas, porque se encuentran tan enraizadas en la sociedad, tan instaladas en la cotidianidad, que las consideramos como parte misma de nuestro quehacer y hasta las justificamos como ocurre en este caso y no luchamos para eliminarlas, aunque estas son difíciles de borrar por encontrarse en la esfera de la conciencia, donde los problemas tardan más para madurar y proporcionar un cambio de mentalidad en las personas.

Aquí se pone de manifiesto lo que la cultura patriarcal nos ha legado a lo largo de toda la historia, porque a pesar de las transformaciones a favor de las féminas para el logro de la igualdad, a partir del triunfo revolucionario de 1959 hacia acá, existen mujeres que aun cuando hemos alcanzado los mismos derechos que los hombres, refrendados en muchos documentos legales, continúan reproduciendo conductas y actitudes que vienen del pasado y no se han liberado de esas ataduras.

Por otra parte esta entrevista nos sirvió también para poder ver que sujetos como estos, utilizan determinadas estrategias para mantener su posición de poder y dominio en el hogar, intentando reafirmar el lugar y papel que la cultura patriarcal le ha asignado de macho, varón masculino, de tener la razón siempre, del uso del espacio y el tiempo, a desentenderse de lo doméstico; aunque muchos de esos comportamientos no suponen intencionalidad.

Estos aspectos que se manifiestan aquí dañan a las personas tanto de un sexo como de otro, en este caso es a la mujer, pero si analizamos estos comportamientos, uno que agrede y otro que recibe pasivamente; nos percatamos que ambos necesitan ayuda, pues existe una tercera persona que es afectada también ( el hijo) y que en futuro puede reproducir esas conductas, que son generadoras de violencia y se convierten en factores de riesgo, no sólo para la mujer, sino también para su hijo y para las relaciones que el mismo establece con otros hombres.

Encontramos a una mujer que está siendo expuesta a la violencia psíquica y económica por parte de su esposo, que es objeto de humillación constantemente, que se torna pasiva, sumisa, dependiente totalmente del mismo, con determinados trastornos nerviosos, además insegura, con pérdida de su autoestima y que ella misma se ha ido anulando como persona, convirtiéndose en un objeto de su esposo, por lo que debe asumirse como sujeto y emprender su propia autonomía. Además, aquí se pone de manifiesto claramente el control sobre la mujer y abuso de poder por parte del hombre.

Además la entrevistada, conoce todos los aspectos negativos de su esposo, pero se los justifica, los acepta y a nuestro modo de ver este comportamiento es así, porque está sometida a determinado ciclo de violencia, que no puede salir por sí sola de la victimización, ya que no posee los mecanismos para hacerlo y necesita de ayuda.

Como se plantea en la teoría, vemos que se utilizan determinadas formas de descalificación hacia la mujer, llegando el momento en que ella va perdiendo su autoestima, se autoculpabiliza y se deja manipular como un objeto.

Aquí encontramos resultados similares a los que arrojan los estudios que se han realizado con respecto a la violencia.

  • Que este hombre que actúa de forma violenta ha sido socializado en un ambiente familiar donde se manifestaba el maltrato.
  • Que la dependencia material actúa como un factor perpetuador del maltrato; en este caso, es la dependencia económica del hombre, no porque esta mujer no trabaje, sino por entregarle su salario al marido.
  • La presencia de la violencia se da con independencia del nivel de escolaridad.
  • Poca búsqueda de ayuda por parte de la víctima producto del desconocimiento.

Estos aspectos descritos aquí son típicos de la tipología de micromachismos, aunque el sujeto que se toma para el estudio, tiene algunos elementos de los tres tipos, pero más se acerca a la tipología de los coercitivos con una base familiar social, acuñados por la historia cultural como normales.

Este tipo de violencia es un reflejo de lo que la cultura patriarcal nos ha legado; relaciones de poder históricamente desiguales entre hombres y mujeres, donde se ha estigmatizado la idea de una “inferioridad natural” de las mujeres y una “superioridad biológica” de los hombres.

El sistema patriarcal es el generador de violencia, de desigualdades y es necesario eliminarlo, pero no con decretos ni con leyes, sino sobre la base de una educación que vaya en contra de la inequidad y las conductas sexista; así como con la prevención; lo cual indudablemente nos llevará mucho tiempo para acabar con él de manera radical.

Los micromachismos son estrategias de las que se valen los hombres para mantener y afianzar su poder y microdominación en el ámbito doméstico en la vida cotidiana.

Conclusiones:

  • La violencia contra la mujer existe porque existe un sistema social que la legítima, ésta es un hecho cultural, una conducta aprehendida.
  • El estudio realizado nos demostró lo que la teoría describe, la discriminación de género en las relaciones entre las mujeres y los hombres.
  • Las mujeres a pesar de que tenemos un gran protagonismo en el ámbito social y político seguimos reproduciendo en el ámbito doméstico patrones de sumisión y subordinación.
  • Este es un fenómeno complejo, multicausal que no se resuelve en el ámbito individual, porque los factores del entorno también ejercen su influencia negativa, sino se resuelve en sistema, de carácter interdisciplinario y multisectorial, donde intervengan todos los factores que están influyendo.
  • Este es un fenómeno cultural que no puede resolverse por la vía de decretos y leyes, ni con la creación de facilidades e instituciones a favor de la mujer, sino a través de la educación no sexista de las presentes y futuras generaciones.

Bibliografía:

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  • Bordieux, Pierre. “Una suave violencia”. En Mujer/Fempress, Chile, No181(no. 1996).
  • Corsi, J. comp. : Violencia familiar: Una mirada interdisciplinaria sobre un grave problema social. Argentina: Editorial Piados 1994.
  • Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer 1979.
  • Francis; D. y Dora Pérez: ¿Violencia invisible?. En Juventud Rebelde. 8 de Sept. 2004. Cuba.
  • Informe Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer. (Beijing, 1995).
  • Nogueras, G. Belén: La Violencia en la Pareja.
  • “Plataforma para la acción” IV Cumbre Mundial de las Naciones Unidas sobre las mujeres. Capítulo IV: Violencia.
  • Protección Internacional de los Derechos Humanos de las Mujeres, CLADEM-IIDH. 1996.
  • Proveyer, C. Magnitud del problema de violencia contra las mujeres y principales formas en que se expresa en el país – Datos básicos. Artículo.
  • __________: “Un grupo de autoayuda para mujeres maltratadas. Resultado de una experiencia de trabajo. Artículo
  • ¿Qué es la violencia hacia las mujeres? En Ediciones Simbióticas, enero 2005. México
  • Sánchez, Almira, T y Nancy Hernández Arias: Violencia Conyugal en Sexología y Sociedad, No 10, 1998, pág. 24.
  • María Mercedes Ortiz Rivera.: La realidad de la violencia en las relaciones de pareja

Anexo 1

Entrevista en Profundidad

Compañera:

Nos dirigimos a usted con la intención de que nos brinde información relacionada con el tema de nuestra investigación a partir de vivencias personales, por lo que le solicitamos su mayor cooperación y ayuda para la obtención de respuestas concretas, teniendo en cuenta los siguientes indicadores:

  • Tipología de micromachismos.
  • Características de la tipología de micromachismos.
  • Incidencias de tipos de micromachismos en la individualidad del sujeto afectado.

Preguntas:

1-¿Cuántos años de casada tiene usted?
2-¿A qué edad conoció a su esposo?
3-¿Cuáles fueran las cualidades que más le impresionaron, ya sean positivas o negativas?
4-¿Qué expectativas afectivas matrimoniales esperabas de él?
5-Cuándo comenzó la vida matrimonial más insoportable?
6-¿¿Cómo se torna el ambiente familiar?
7-¿Qué características asociadas a conductas machistas fuiste observando?
8-¿Qué consejos darías a las mujeres que como tú han sufrido por cualquier tipo de machismo?
______________________
1 Veretervide Dopico, S.: “Violencia y Derechos Humanos para las Mujeres”, en Revista Sexología y Sociedad, No 21, 2003
2 “Proveyer, C: Un grupo de autoayuda para mujeres maltratadas. Resultados de una experiencia de trabajo.
3 Sánchez, Almira T. y Nancy Hernández Arias: Violencia Conyugal. En Revista Sexología y Sociedad, No 10, 1998, pág. 24.
4 Proveyer, C.: “Un grupo de autoayuda para mujeres maltratadas. Resultado de una experiencia de trabajo.
5 Proveyer, C. Magnitud del problema de violencia contra las mujeres y principales formas en que se expresa en el país – Datos básicos. Artículo, Pág. 4.

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Reinoso Castillo Isabel. (2007, junio 1). Violencia de género e intrafamiliar. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/violencia-de-genero-e-intrafamiliar/
Reinoso Castillo, Isabel. "Violencia de género e intrafamiliar". GestioPolis. 1 junio 2007. Web. <https://www.gestiopolis.com/violencia-de-genero-e-intrafamiliar/>.
Reinoso Castillo, Isabel. "Violencia de género e intrafamiliar". GestioPolis. junio 1, 2007. Consultado el 22 de Febrero de 2018. https://www.gestiopolis.com/violencia-de-genero-e-intrafamiliar/.
Reinoso Castillo, Isabel. Violencia de género e intrafamiliar [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/violencia-de-genero-e-intrafamiliar/> [Citado el 22 de Febrero de 2018].
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