Una observación sobre el consumo capitalista

“UNA OBSERVACIÓN SOBRE EL CONSUMO”
Alguien, en el subsuelo, ha querido ver al capitalismo como una práctica carente de
humanidad, fuente de desigualdades e injusticias que caprichosamente colman a unos de riquezas y
a la mayoría de agobios económicos. En otro escalón, un poco más arriba, hay opiniones diversas,
desde quien ve en el capitalismo la manifestación de una ideología perversa que, por contraposición
a lo bueno, está en disposición de ocasionar el mal permanentemente; mientras otros, más
escépticos, opinan que es una realidad ajena a las personas que simplemente está ahí rigiendo la
existencia. Sin embargo, admitiendo que, superando su condición de sistema económico, se trate de
una ideología dominante con presencia total, vista desde fuera, es decir, debidamente cubierta por la
vestimenta de la apariencia, resulta que el capitalismo ha sido útil para la sociedad. El argumento
podría estar en ese laissez-faire que exigen sus empresas, al extremo de llegar a hacerlo extensivo a
todo, bajo el eslogan de libertad. Si nos atuviéramos a esa vaga idea de libertad con la que se le ha
acompañado por su defensores -puede citarse, entre otros muchos a Ryand o a Rothbard, como los
primeros que salen al encuentro-, el capitalismo efectivamente ha sido el libertador de las masas.
Pero, con la euforia libertaria, se ha pasado por alto otras aportaciones interesantes, como pueden
ser el orden democrático o el bienestar. La democracia representativa ha permitido a los ciudadanos
de las sociedades avanzadas jugar a la política, y en las no tan avanzadas contribuir a que sus
ciudadanos se sientan ilusionados con la posibilidad de jugar a un juego parecido. Lo del bienestar,
interpretado como una mejora de las condiciones de vida en comparación con el tiempo pasado, es
igualmente apreciable en el orden material merced a la contribución de la tecnología, que se ocupan
de desarrollar las empresas capitalistas.
No alcanza tanta notoriedad, aunque sea decisivo para el proceso de civilización, sus
aportaciones dirigidas a elevar el grado de conocimiento colectivo. Desde él, se ha aliviado de la
pesada losa de las creencias a las masas, aportando ilustración -aunque sólo sea dirigida a dar culto
al consumo-. La ilustración en el consumo ha permitido valorar lo tendente a esa mejora de la
calidad de vida, las ha animado a seguir en la línea del progreso material y está a punto de encontrar
la fórmula para crear ese mundo feliz de Huxley. Además de contribuir tales avances al proceso de
civilización de la humanidad, para facilitar el bien hacer, han forzado a los Estados a imponer
valores sólidos como la igualdad, la justicia social, la solidaridad, el interés general, por citar
algunos. De manera que los poderes públicos acomoden a ellos sus actuaciones en el marco oficial
y, en general, todo se rija conforme a ellos en el panorama de las sociedades privilegiadas. Además,
se aprecia una contribución importante en el camino hacia lo bueno, y es que ha despertado el
sentido de utilidad entre las masas, animado por el espíritu de la mercancía que ha arraigado en la
conciencia colectiva. A resulta que es bueno para las personas todo lo que resulta útil en términos
de bienestar personal. Con lo que el último paso de la bondad de lo bueno conduce al bien, que es el
estar-bien individual, extensible a procurar el bienestar del mayor número posible de personas. Y el
capitalismo lo ha conseguido.
Hasta aquí todo es perfecto, pero la pregunta ahora es, ¿cómo lo ha conseguido?. No parece
aventurado responder que el bienestar se ha hecho posible materializado a través de la mercancía y
de la mercantilización de los servicios, puestos en circulación promoviendo la cultura del consumo.
Del lado del consumidor, el bienestar como producto se vende concentrado en objetos, necesidades
y apetencias para que los insatisfechos lo compren. Claro está que los vendedores no se guían por el
altruista espíritu de un hidalgo de novela preocupado por desfacer entuertos y hacer un bien de
ensueño, sino por el dinero para rendir culto al capital, situado a medio camino entre el ídolo y la
idea. Que los individuos disueltos en las masas aspiren al bienestar en la vida y alguien provea
medios a tal fin, no resulta despreciable. El problema es que el consumo crea dependencia, falsas
necesidades y nuevos retos. Quien genera tales necesidades es el capitalismo, siguiendo el guión
marcado por su ideología, las empresas se dedican a desarrollarlas a través de estudios de
mercadotecnia, hasta terminar por imponerlas bajo la dirección de las modas. Si te dicen en qué
consiste tu bienestar, lo que tienes que consumir y la forma de hacerlo, es un bienestar dirigido, sin
espacio para la libertad personal, con lo que quiebra uno de los pilares del capitalismo de cara a las
masas.
Observando el consumo desde el lado de las empresas, resulta que la libertad capitalista está
concebida exclusivamente para ellas, al objeto de que no existan límites para la expansión del
negocio. En cuanto a las masas, dice el credo, que son libres en tanto disponen de la capacidad de
elección de mercancía. Pero lo que se oferta en interés de los consumidores es realmente que uno a
uno pasen por caja y contribuya al enriquecimiento empresarial. A cambio se le oferta imágenes de
la realidad, el espectáculo de Debord, con el que la mayoría cumple su necesidad de bienestar. Sin
embargo, lo que quedaría limitado a construir riqueza para el entrepreneur y los accionistas, se
prolonga en sucesivas inversiones y reinversiones en interés del espíritu de la empresa. Allá al
fondo se encuentra el capital, mientras que el capitalismo ejerce de oficiante del culto. Todo ello,
objetivamente considerado, supone el retorno a las creencias. Al final resulta que las bondades del
capitalismo han acabado en volver a lo anterior. Para el capitalismo, desde las empresas, ha habido
progreso material, para las masas se trata de un cambio de señor, antes el absolutista de la época
preburguesa y más tarde el capitalismo como dueño del mercado.
Ahora, otra pregunta, ¿quién dirige la orquesta ?. En un concierto, no cabe que los
instrumentos de música funcionen libremente, porque se rompe el ritmo general exigido para la
correcta interpretación de la obra. En este caso, las empresas se guían tanto por la idea de riqueza
empresarial y personal como por la del capital. Su sentido dinámico es lo que permite el desarrollo
de la idea. Ascendiendo hasta el núcleo, está ahí porque representa la idea de poder, a lo que añade
algo más el capitalismo, se trata del dinero que lo representa. Es decir, el capital viene a mostrar que
utilizándolo permanentemente a través de lo visible -el dinero- es posible ejercer poder sobre la
sociedad, que lo acepta como instrumento de dominación y se somete a él. He aquí el principio de la
perversión que el capitalismo desarrolla desde la ideología: la fuerza del dinero utilizada como
poder por una minoría dominante. Y es esta minoría la que en último término tiene que dirigir la
orquesta capitalista para que encandile al auditorio utilizando la obra del artista. Esa minoría, la que
extrae los beneficios anejos al poder, es lo que ya desde Wright Mills se llama la elite del poder.
El consumo es la pieza clave para el bienestar ofertado por el capitalismo, pero se trata de un
bienestar alienante en cuanto el consumidor influenciado por el consumo de moda, al que se refiere
Simmel, se transforma en consumista, porque al entrar en su círculo de dominación el individuo
pierde su condición de persona. Allí está la elite que rige el funcionamiento del mercado capitalista,
la que ha venido a tomar el poder ocupando el lugar del señor feudal y del absolutista, para que las
masas se muevan al dictado del nuevo dogma. El consumidor, convertido por la habilidad del
mercado en consumista, rompe con la trayectoria racional porque prescinde de la utilidad, con lo
que a la razón toma relevo el sentimiento, lo que supone volver al punto de partida.
Diciembre de 2016.
Antonio Lorca Siero.

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Lorca Siero Antonio. (2016, Diciembre 12). Una observación sobre el consumo capitalista. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/una-observacion-consumo-capitalista/
Lorca Siero, Antonio. "Una observación sobre el consumo capitalista". GestioPolis. 12 Diciembre 2016. Web. <https://www.gestiopolis.com/una-observacion-consumo-capitalista/>.
Lorca Siero, Antonio. "Una observación sobre el consumo capitalista". GestioPolis. Diciembre 12, 2016. Consultado el 28 de Junio de 2017. https://www.gestiopolis.com/una-observacion-consumo-capitalista/.
Lorca Siero, Antonio. Una observación sobre el consumo capitalista [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/una-observacion-consumo-capitalista/> [Citado el 28 de Junio de 2017].
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