Transición democrática y desarrollo a finales del Siglo XX en Perú

7
Economía y Sociedad 48, CIES, abril 2003
Transición democrática y desarrollo:
¿continuidad o cambio?
Javier Iguíñiz E. - PUCP
La pregunta que preside el tema
no puede ser respondida como
cuando se comprueba si una afir-
mación es falsa. Las respuestas par-
ciales que pretendo se sitúan en-
tre el nada ha cambiado y el
planteamiento de que los cambios
realizados en la institucionalidad y
en las políticas económicas del Es-
tado, las han distorsionado tanto
que ya el proyecto económico de
los años 1990 resulta irreconoci-
ble. La franja entre ambos es muy
ancha, por lo que voy a presentar
algunos criterios para llevar a cabo
una evaluación del momento y los
cambios, sobre todo económicos,
que vivimos en el país. Me basaré
en cierta selección de temas, en
preguntas e impresiones u opinio-
nes propias que sirvan para la dis-
cusión. De ahí, el recurso a la pri-
mera persona en el texto y a cier-
tas disquisiciones metodológicas.
Sobre la definición
de los términos
Sobre los términos del título Tran-
sición democrática y desarrollo:
¿continuidad o cambio?, que se
me ha solicitado responder, creo
que debemos empezar la discu-
sión aludiendo al debate de los
politicólogos sobre en qué medi-
da estamos o no en una transición
política. Toda transición se refiere
estrictamente a un proceso entre
dos momentos definidos y que ya
acabó o, de una manera más cues-
tionable, a uno en el que se sabe
de antemano o se prevé con bas-
tante certidumbre su final. Se po-
dría, por ejemplo, decir que el mo-
mento actual no es estable y no
puede durar, como supuestamen-
te lo fue y duró alguno anterior, y
cómo será y durará el que even-
tualmente siga. El enfoque políti-
co de la supuesta transición actual
supone un análisis que requiere
una minuciosa comparación del fin
del período de Fujimori, del go-
bierno de Paniagua y del primer
año del de Toledo. Por ejemplo, y
a manera de ilustración, recorda-
remos que se ha señalado que un
error de Toledo habría sido no
prolongar la transición iniciada por
Paniagua, al darla por acabada
cuando se autodefinió como el
inaugurante de un nuevo período.
De ese modo, se argumenta, ge-
neró un nuevo momento mental
en la sociedad, en el que las de-
mandas socioeconómicas adqui-
rieron más importancia en com-
paración con las tareas propias de
una transición política, en la que
el asunto de la corrupción, el de la
falta de transparencia y el de la
democratización de la gestión pú-
blica, resultaban predominantes.
Esto es, obviamente, materia de
discusión y nosotros no elaborare-
mos más al respecto. A lo largo de
estas páginas, retomaremos algunos
aspectos de la dimensión política.
Como en el caso de la política,
cualquier periodización económi-
ca es cuestionable y solo vale para
ciertos fines, durante ciertos mo-
mentos. Además, en la economía,
las fluctuaciones se han acortado
tanto que no se sabe si vivimos de
transición en transición, lo que
cuestiona la relevancia de ese tér-
mino. Claro está, en toda periodi-
zación pueden entrar a tallar nues-
tras opciones particulares. Lo que
nos parece bien tiende a ser en-
tendido como permanente y su
fin, cuando ocurre, como una sor-
presa y como una interrupción
externa. Lo que no nos parece
bien tenderá a ser visto como tran-
sitorio y su fin, como previsto y
resultado de problemas internos,
de su propia lógica. Así es como
se puede debatir, por ejemplo,
sobre el período 19931997. ¿Fue
un hipo de crecimiento en me-
dio de dos crisis o una transición
hacia un nuevo y más prolongado
curso? O también sobre el perío-
do 19972001, se puede pregun-
tar: ¿se trata de una crisis entre dos
momentos de crecimiento? Las
transiciones son, en gran medida,
construcciones intelectuales que
hay que sustentar.
En cualquier caso, el tiempo eco-
nómico utilizado comúnmente,
recientemente, no coincide con el
tiempo político al que alude el tí-
tulo de la presentación. Los hechos
que marcan la transición econó-
mica peruana son, en gran medi-
da, externos, como las crisis en
Asia, Rusia, etc. Coincide con el
de América Latina, pues ya la Co-
misión Económica para América
Latina y el Caribe (CEPAL) está utili-
zando el término media década
«Se podría, por
ejemplo, decir
que el
momento actual
no es estable y
no puede durar,
como
supuestamente
lo fue y duró
alguno
anterior...»
8
Economía y Sociedad 48, CIES, abril 2003
perdida para referirse a él. En el
Perú, los factores internos tanto
políticos como económicos no
son, sin embargo, desdeñables. La
inestabilidad política, la corrupción
pública y privada, la política fiscal
procíclica y otros factores contri-
buyen a la duración de la crisis
que comienza en 1997. Además,
la acumulación de demandas y las
propias de un régimen más demo-
crático, así como la nueva institu-
cionalidad descentralizada, influi-
rán sin duda cada vez más en la
economía, pero ahí viene el otro
término del pedido que se nos ha
hecho: ¿continuidad o cambio?.
Volveremos sobre este interrogan-
te varias veces, a lo largo del texto.
Antes, y para empezar a desbro-
zar esta distinción, creo conve-
niente entender por desarrollo
su dimensión básicamente econó-
mica y no el sentido más amplio
que se discute ahora y que inclu-
ye, por ejemplo, las libertades de-
mocráticas. En cualquier caso, en
el diálogo debemos especificar de
qué continuidad o cambio estamos
hablando o, mejor, de la continui-
dad y cambio de qué, en concre-
to tratamos. Subir aranceles, ¿es un
cambio en el modelo? Aumen-
tar la importancia relativa del im-
puesto a la renta, ¿lo es? Mante-
ner una refinería en manos del
Estado, ¿destruye el modelo im-
pulsado en los años 1990? Claro
que es en parte una cuestión de
grado, pero demasiadas veces en
la defensa de lo avanzado, el más
ínfimo de los retrocesos es con-
siderado irremediablemente mor-
tal. Se manifiesta así una especie
de hipocondría ideológica que
vuelve rígida toda discusión y, peor
aún, la gestión de la economía.
¿Cuáles son las piezas con preten-
sión de piedra angular del modelo
completo? ¿Hay piedras angulares
en el edificio económico? Los ras-
gos que son candidatos para ese
rango son muchos, como para res-
ponder fácilmente.
Transición
democrática y
entrada de la
economía en el
debate
El debate en el país sobre la con-
tinuidad o el cambio económicos
es un debate entre activos parti-
cipantes en la política económica
y en la política. Por eso mismo,
las consecuencias legislativas de
ese debate pueden ser y, en par-
te, están siendo inmediatas. Esta
situación puede ser entendida
como transicional, justamente por
eso: por la cercanía entre la esfe-
ra económica y la política. La
transición democrática ha dado
lugar a esa posibilidad y ello in-
troduce una especial tensión, que
se expresa de manera muy visi-
ble en la abierta parcialidad y pér-
dida de paciencia de algunos en-
trevistadores periodísticos o, de
modo más sutil, en el sesgo y blo-
queo de importantes medios de
comunicación. También en el des-
pliegue de expertos nacionales o
visitantes, para asegurar la conti-
nuidad legal del tipo de econo-
mía heredado de la década ante-
rior. El debate constitucional, el
Acuerdo Nacional, los Acuerdos
Regionales son escenarios riesgo-
sos, para unos, y promisorios, para
otros. No estamos, pues, ante un
debate académico en un sentido
distante de la lucha política o de
la gestión de la economía.
¿Cómo se ha llegado a ese tipo de
situación? La transición democrá-
tica explica la introducción del
tema económico en el debate o
mejor, si no se quiere evitar una
explicación, diríamos simplemen-
te que durante la transición demo-
crática ocurrió esa incorporación.
Creo que podríamos caracterizar
la campaña electoral de 1995
como una en la que la política eco-
nómica y las reformas instituciona-
les recientes no estaban en discu-
sión; y en la que lo que estaba en
debate era la intensidad y modali-
dades de la política social necesa-
ria para aliviar los problemas de
calidad de vida, agravados por los
ajustes estabilizadores anteriores y
no revertidos por el crecimiento
de la economía. Se arrastraban
problemas agravados, para mu-
chos, por la nueva precariedad del
empleo, por el frenético multiem-
pleo, por el creciente costo de una
educación o una atención de sa-
lud de calidad, pero no eran ma-
teria de discusión significativa.
Por el contrario, en el debate elec-
toral de 2000 y 2001, la economía
entra con mayor fuerza en la esce-
na pública. La mejor política so-
cial, dirían el candidato Toledo,
Kuzcynski y el equipo económico
de Somos Perú, es una reactiva-
ción y la consiguiente generación
de empleo. El cambio consiste,
pues, en la introducción de la po-
sibilidad de una política activa de
reactivación económica a corto pla-
zo y de diversas maneras de lo-
grarlo. La propuesta oficial incluía
una reducción de impuestos y otras
medidas de expansión. La pro-
puesta de García incluía la inter-
vención en los precios de bienes
básicos de ciertas empresas priva-
tizadas recientemente y otras me-
«El debate
constitucional,
el Acuerdo
Nacional, los
Acuerdos
Regionales son
escenarios
riesgosos, para
unos, y
promisorios,
para otros»
9
Economía y Sociedad 48, CIES, abril 2003
didas. Luego, sobre todo gracias a
García, se ha mantenido el tema
económico en la agenda nacional
de diversas maneras. En realidad,
sus principales ofertas políticas son
económicas, lo cual explicaría par-
te de sus éxitos electorales. Ade-
más, las discusiones nacional e
internacional han incluido, a mi
juicio con mucho más ruido que
nueces, la cuestión de las reformas
institucionales de los años 1990.
Privatización, régimen laboral, aper-
tura de mercado y otros puntos, pa-
recerían ser materia de debate ge-
neral. Sin embargo, la discusión se
centra en casos aislados y aspectos
parciales. A pesar del creciente
peso de lo económico en el de-
bate partidario nacional, no hay un
modelo general alternativo al
instaurado durante los años 1990.
Junto a la política macroeconómi-
ca de corto plazo y las reformas
institucionales, otra adición a la
discusión económica, según mi
opinión, es la relativa a la política
sectorial. Varios de los ministros
parecen estar intentando políticas
para incentivar y desarrollar, a lar-
go plazo, actividades en un núme-
ro de sectores más amplios que en
la década de 1990. Aun así, no ha
entrado propiamente en el deba-
te una política industrial. El térmi-
no turismo parece haber reem-
plazado a industria, en la res-
puesta que mucha gente da a la
pregunta sobre sus expectativas
económicas personales y territoria-
les. Temas que siguen práctica-
mente ausentes, a pesar de la exis-
tencia de nuevos esfuerzos para
introducirlos, son la política tecno-
lógica, la política de estímulo al
ahorro y de financiamiento a lar-
go plazo. Todavía el largo plazo no
está presente y, en ese sentido, pre-
domina la continuidad. Aún la ges-
tión de la economía se concentra
en pasar el año fiscal y, en ese año,
el hecho central es el cumpli-
miento de los compromisos de
pago de la deuda externa.
Sin embargo, la manera en la que
se dio la transición democrática
(vídeos, sociedad civil) ha influido
en la emergencia de una deman-
da por mayor transparencia de la
gestión de la economía nacional y
por una sanción ejemplarizadora
de los culpables de una corrup-
ción, que en el país se identifica
con uso de recursos económicos
públicos y de influencias para fi-
nes particulares. En ese contexto,
está siendo materia de sospecha,
a priori, una política económica
ejercida generalmente en círculos
estrechos de expertos funciona-
rios, y consultores y misiones de
organismos internacionales, con el
menor contacto posible con el Par-
lamento y con el mayor aleja-
miento posible respecto de la opi-
nión pública. Como reacción a lo
anterior, algunos gestos como la
apertura oficial de ventanas al
público desde el Ministerio de
Economía y Finanzas (MEF) y otras
pocas instituciones, durante el
gobierno de Paniagua, han sido un
cambio en la dirección de la trans-
parencia y un ejercicio más ple-
no de una ciudadanía vigilante,
que enseñe a los funcionarios en
el accountability. Aun así, no es
fácil establecer el grado de conti-
nuidad y cambio efectivo en esta
materia. La baja conciencia mo-
ral de la población, en lo que a
estándares de honradez se refie-
re, así como la desconfianza en lo
relativo a la voluntad y capacidad
judicial existentes para sancionar
a los de arriba, favorece la im-
punidad y, en consecuencia, el
continuo desprestigio de la políti-
ca y de la gestión pública.
Hacia el futuro, quienes se resis-
ten a ser mirados y a rendir cuen-
tas, parecen preferir el refuerzo
de la escasa tradición de vigilan-
cia ciudadana para tener las ma-
nos libres. La privatización del Es-
tado incluye la reivindicación del
derecho a las maneras privadas, en
el sentido de ejercer la gestión
oculta a la mirada del público. No
faltan funcionarios que prefieren
esa privacidad por razones aten-
dibles de eficiencia y responsabi-
lidad por resultados, pero muchos
parecen tener motivos menos
constructivos para defender ese
camino. Me parece que el temor
a las ONG por parte de los funcio-
narios, así como de los partidos,
proviene principalmente de la ca-
pacidad de estas instituciones para
utilizar y, lo que es peor, enseñar
a utilizar las escasas posibilidades
de fiscalización de la gestión pú-
blica, que se abrieron en el gobier-
no de Transición. Hasta ahora, las
investigaciones en el Congreso, a
pesar de grandes resistencias in-
ternas y externas, pretenden avan-
zar en la dirección inaugurada en
el gobierno anterior.
En resumen, en este aspecto, a
pesar de la precariedad y las re-
sistencias existentes, se ha inicia-
do un cambio. En general, la tran-
sición democrática ha coincidido
«...la manera en
la que se dio la
transición
democrática ha
influido en la
emergencia de
una demanda
por mayor
transparencia de
la gestión de la
economía
nacional y por
una sanción
ejemplarizadora
de los culpables
de una
corrupción..
10
Economía y Sociedad 48, CIES, abril 2003
con la introducción de más temas
económicos en el debate público
y con una demanda de transparen-
cia que frene la corrupción. Ob-
viamente, la misma crisis econó-
mica debe haber contribuido tam-
bién a ese resurgimiento del tema
económico en la política, aunque
no siempre ha sucedido así.
Continuidad y
cambio, ¿de qué y
cuánto?
Las reformas recientes en Améri-
ca Latina y el Caribe (ALC) han
merecido el calificativo de revo-
lucionarias. Por ejemplo, no hace
mucho, un connotado investigador
de las economías latinoamericanas
señaló que: América Latina se ha
colocado a la vanguardia en los
procesos de reorientación de las
políticas económicas. ... En muchos
países de la región las reformas han
sido revolucionarias al provocar
cambios radicales en el ambiente
macroeconómico y en la función
económica del Estado (Gavin
1998: 135)1. El Perú, junto con
Argentina y algún otro, está entre
los países latinoamericanos reco-
nocidos como más radicales en
ese sentido. Ese es, pues, el nue-
vo punto de partida del Perú. La
transición democrática ocurre tras
un período de cambios económi-
cos considerados sustantivos.
¿Contribuyen esos cambios al pro-
ceso democratizante en curso?
Dejando para más adelante una
respuesta provisional a este inte-
rrogante, conviene explorar en la
convicción con la que se adhiere
el país a esos cambios.
Decir el país es, sin duda, exce-
sivo. Las encuestas muestran sig-
nos diversos y de profundidad im-
precisa. En parte indica descono-
cimiento de la materia preguntada
pero más todavía, sospecho, indi-
ca una distancia frente a los asun-
1/ Gavin, Michael (1998). El impacto de las
reformas en la volatilidad, en Pensamiento
Iberoamericano, volumen extraordinario.
Madrid: Agencia Española de Cooperación
Internacional, pp. 135-71.
tos públicos tras tantos años de de-
cepción y mentira. Sin embargo,
entre las elites más interesadas en
el asunto, el debate parece indicar
que no hay un reconocimiento
pleno de tal revolución. Incluso, los
coautores o ejecutores de dicho
cambio tienen sentimientos encon-
trados respecto de la radicalidad
de las reformas. En efecto, la gama
de posiciones en este nivel del
debate es amplia. Contrariamente
a las tajantes opiniones internacio-
nales que elogian o critican las re-
formas, en nuestro país abundan
los matices. Sin pretensión de or-
denarlos según importancia o co-
herencia, me permito recordar que
no faltan quienes sostienen que,
en realidad, lo experimentado en
los años 1990, no había llegado a
ser ningún modelo de mercado
digno de ese nombre y que, por lo
tanto, la ruta es insistir en su pro-
fundización hasta lograrlo. Tam-
bién está el planteamiento de que
sí lo fue, o estaba muy cerca de
serlo, pero solo hasta que alguien
intentó estimular la demanda des-
de el Estado o, antes, hasta que se
debilitó el celo institucionalista pri-
vatizador que comenzó en 1992.
En este caso, habría que restaurar
lo perdido. La corrupción econó-
mica y política del período fuji-
morista ha bañado de cierto de-
sencanto la épica reformista. Ade-
más, el intento de contrarrestar ese
estigma parece ser el de separar
lo más posible la corrupción eco-
nómica militar de la de los empre-
sarios, indicando que la primera,
mas no la segunda, era la propia de
los años 1990, mientras que antes
de las reformas pro-mercado, la se-
gunda era la predominante.
Curiosamente, el reconocimiento
de la radicalidad de los cambios
neoliberales también resulta ma-
yor en quienes se oponen a él de
manera más radical. Desde ese
otro extremo, se puede encontrar
a quienes sostienen que la refor-
ma fue tan radical que se convir-
tió en un factor agravante de la
crisis de 1997 en adelante, al res-
tarse flexibilidad a la política eco-
nómica. Sin embargo, en estos
casos, la radicalidad no es siempre
consistente, pues no hay abiertas
propuestas de cambios institucio-
nales de conjunto. El cambio de
modelo consistiría en adquirir
mayor capacidad de manejo eco-
nómico, lo que supone reducir la
dolarización, darse ciertas liberta-
des en lo que se refiere a algunos
de los precios relativos, por lo
menos a corto plazo, a través de la
tasa de cambio, aranceles, tasas de
interés, tarifas públicas. Nos pare-
ce que, de todos modos, actual-
mente el debate no incluye alter-
nativas radicales de tipo institucio-
nal. Este se situaría en el descu-
brimiento de las limitaciones o
problemas causados por algunas de
las reformas de la década de 1990
y, en la actualidad, por la descen-
tralización política. De ser cierto
lo anterior, hasta el momento no
estaríamos ante alternativas que
consisten en conjuntos, más o me-
nos ordenados y completos, de ins-
tituciones y políticas económicas
que son mutuamente excluyentes.
En ese sentido, no solo en la prác-
tica de la gestión económica, sino
en el escaso debate existente, do-
mina la continuidad.
Sin embargo, creo que con la des-
centralización el escenario puede
cambiar, aunque no es claro en
qué dirección. Las preguntas es-
tán sobre el tablero. Se han crea-
do nuevos agentes políticos, que
tienen que legitimarse rindiendo
cuentas de su gestión. ¿Qué le
ofrecen a la población de las re-
giones la banca múltiple, las AFP,
las EPS, los colegios privados y otras
instituciones como la Sunat o las
reguladoras y las empresas regu-
11
Economía y Sociedad 48, CIES, abril 2003
ladas? ¿Cómo responderá la in-
versión privada a las expectativas
de empleo que reemergen des-
de tantos lugares del Perú? ¿Qué
papel asumirá el sector público?
¿Se cristalizará una división del
trabajo: Limaprivado y Regio-
nespúblico? Por el momento,
creo que podemos acordar en
que las reformas serán parte de la
discusión política.
También se podría sostener razo-
nablemente que, en realidad, el
modelo no explica ni el éxito
económico de mediados de los
años 1990 ni la crisis posterior, sino
que lo que importan son las cir-
cunstancias internacionales y na-
turales. La discontinuidad sería re-
sultado del cambio en dichas cir-
cunstancias. Démosle una mirada
a las fluctuaciones de la economía
peruana para destacar lo peculiar
de esas circunstancias.
La excepcionalidad
de los años 1990:
acción de gobierno y
circunstancias
En este punto pretendo, como en
los anteriores, abrir una discusión,
presentar preguntas y avanzar opi-
niones. La continuidad y el cam-
bio en el proceso económico de-
ben ser vistos tomando en cuen-
ta la influencia que tienen sobre
él las instituciones y las acciones
del gobierno, pero también el
nuevo contexto económico inter-
nacional que vivió el país duran-
te los años en estudio. La relación
entre instituciones y circunstan-
cias contextuales es compleja. Las
instituciones pueden producir cir-
cunstancias y esa ha sido la apues-
ta tras las reformas de la década
pasada. Sin embargo, también el
contexto puede facilitar la crea-
ción, consolidación o destrucción
de las instituciones, sobre todo
cuando esas circunstancias inclu-
yen condiciones externas de tipo
institucional y sobre procedimien-
tos de gestión, y no simples equi-
librios en las cuentas o creación
de capacidad de pago de deuda.
Toda gestión de la economía está
marcada por las demandas de la
sociedad, antes aludidas, y por el
cambio de momento internacio-
nal. En esta parte presento algunos
rasgos de la evolución de la eco-
nomía de los años 1990, que creo
que muestran la excepcionalidad
del proceso económico durante el
cual se realizaron las reformas ins-
titucionales. El interés por introdu-
cir un par de piezas informativas
sobre dicho proceso, reside en la
conveniencia de evaluar las posi-
bilidades de continuidad de dichas
reformas en contextos distintos.
a) Durante las décadas anteriores
a la de 1990, lo usual era que
el déficit del sector público y el
déficit en cuenta corriente fluc-
tuaran de manera aproximada-
mente sincronizada, tal como
se puede apreciar en el gráfico
1. Generalmente, se afirmaba
que el déficit fiscal se traducía
en uno externo. La restricción
externa se hacía presente y
obligaba a devaluaciones y a un
proceso de ajuste. En los años
1990, esa relación se rompió y
fue posible incurrir en altos e
inicialmente crecientes déficit
en cuenta corriente, sin que
estuvieran acompañados por
un aumento del déficit fiscal. El
lujo en el que pudo incurrir
el gobierno de Fujimori es poco
común, pues la reducción del
déficit público pudo lograrse sin
necesidad de reducir el gasto y
frenar la economía; más bien,
con la colaboración de la pro-
pia reactivación.
b) Normalmente, el aumento de
las importaciones que acompa-
ñaba el crecimiento junto con
otras variables, terminaba pre-
sionando contra las reservas y
de nuevo se llegaba a la restric-
ción externa. Más aún, si los
Deficit del sector público no financiero (SPNF) y de la balanza
en cuenta corriente*: 1970-2000
Gráfico 1
* Cuenta corriente solo hasta 1999.
12
Economía y Sociedad 48, CIES, abril 2003
términos de intercambio caían.
En los años 1990, las reservas
pudieron aumentar mientras el
déficit en cuenta corriente au-
mentaba, tal como se puede
observar en el gráfico 2. Otro
privilegio excepcional para
quien gobierna en esos mo-
mentos. En efecto, las reservas
pudieron elevarse a tasas im-
portantes (entre 1,7 y 6,6%
anual), a pesar de persistentes
déficit externos superiores al
5%. La afluencia de capitales y
la venta de empresas posibili-
taron esa evolución. Así, duran-
te unos años se pudo elevar re-
servas, mientras se pagaban los
intereses de la deuda y se au-
mentaba considerablemente el
déficit en la balanza comercial.
Además, al mismo tiempo que
se recuperaba y elevaba el ni-
vel de gasto público y social, se
reducía el déficit fiscal.
Se puede discutir la medida en
que esos procesos excepcionales
son resultado de circunstancias in-
ternacionales o de política econó-
mica, pero es difícil imaginar que
tales circunstancias fueran un fac-
tor secundario y que vuelvan a
repetirse momentos en los que
quedar bien con todos sea posi-
ble. La coincidencia de procesos
similares en países con muy dis-
tinto grado de adhesión a y avan-
ce en las reformas institucionales,
llevan a pensar en el predominio
de los factores internacionales.
Además, hay explicaciones razo-
nables al respecto.
Estoy convencido de que sí pode-
mos concluir en que las reformas
ocurrieron en un momento de ex-
cepcional holgura, en lo que a las
restricciones del exterior se refie-
re. ¡Todo fue posible al mismo
tiempo! Las demandas internas re-
ducidas a su mínima expresión y
la condicionalidad externa, al pa-
recer más detallista que nunca,
completaron el escenario. Por eso
se puede afirmar que la continui-
dad de las reformas y la caracteri-
zación de los años 1990 como una
transición hacia la economía de
mercado, dependen en buena
RIN e importaciones: 1965-2000
Gráfico 2
«...podemos
concluir en que
las reformas
ocurrieron en
un momento
de excepcional
holgura, en lo
que a las
restricciones
del exterior se
refiere. ¡Todo
fue posible al
mismo
tiempo!»
medida de su capacidad para res-
ponder a las demandas sociales en
contextos políticos y económicos
internacionales más normales. La
transición democrática ha coinci-
do con el retorno a una mayor
normalidad económica.
Conclusión: hacia un
debate real y nuevo
A mi juicio, el debate debe cam-
biar de uno entre modelos mer-
cado versus Estado o libertad
del mercado versus libertad de
los agentes de la política econó-
mica a otro, según objetivos es-
pecíficos de mayor profundidad.
Creo que de eso trata el nuevo
debate internacional sobre el de-
sarrollo. En él, el para qué es
más importante que el cómo.
Me atrevería incluso a afirmar
que, usualmente, tras las discre-
pancias sobre este cómo se es-
conden tanto diferencias irrecon-
ciliables de objetivos como apa-
rentemente radicales diferencias
ideológicas, que resultan ser igual-
mente desinteresadas en proble-
13
Economía y Sociedad 48, CIES, abril 2003
mas capitales como la pobreza o
la participación social. Ciertos es-
tatismos no son ninguna garantía
de reorientación de recursos ha-
cia los que más los necesitan. Mi
impresión es que una defensa del
propio enfoque teórico o el cui-
dado de intereses específicos,
principal aunque no exclusiva-
mente, de índoles empresariales
y partidarias, plagan muchas dis-
cusiones elegantemente adorna-
das de generalidad y doctrina.
Más al fondo, la pregunta que me
parece importante es: ¿qué debe
cambiar para que cambie algo sus-
tantivo en la vida de las pobres
mayorías del país? La respuesta no
es fácil, salvo que caigamos en el
facilismo irresponsable, sugiriendo
que lo que debe cambiar son los
pobres mismos. Los cálculos de Fi-
gueroa, hace ya muchos años, nos
alertaron sobre la relativamente
poca trascendencia, para los po-
bres del Perú, de verdaderas re-
voluciones en el régimen de pro-
piedad, público/privado. Él mismo
ha escrito, alguna vez, un artículo
que llama la atención sobre la con-
tinuidad de los grandes problemas,
independientemente de si se está
en democracia o dictadura, en
régimen de mercado abierto o
protegido. Rosemary Thorp nos
planteó una pregunta inquietan-
te sobre la importancia del buen
o mal manejo de la política eco-
nómica para la resolución de los
grandes problemas económicos
del país, cuando comparó la his-
toria económica de Colombia y
Perú en el siglo XX.
Creo, pues, que queda puesta la
pregunta en la discusión. Me pa-
rece que debemos tratar de ex-
plicitar en qué aspectos concre-
tos de la economía ponemos
nuestras expectativas, sin preten-
sión de convertirlos en represen-
tación de un modelo que incluye
muchos más aspectos. Quizá es
una concesión al pragmatismo,
pero me parece necesaria para
conversar ampliamente, con pro-
puesta de alternativas de políti-
ca. Además creo cada vez menos
en modelos que rechazan ciertas
políticas específicas, como en el
caso de los cuerpos que recha-
zan ciertos elementos haciéndo-
los incompatibles con la salud ge-
neral del país. Estoy sugiriendo
una necesidad que ha sido esgri-
mida por varios connotados eco-
nomistas de significación mun-
dial: combinar elementos de
buen manejo económico, que
son generalmente aceptados, con
otros, resultantes de las peculia-
ridades económicas, políticas y
culturales del país. Normalmen-
te, estos últimos han sido sujetos
de una evaluación negativa, como
imperfecciones o distorsiones a
un conjunto de políticas que se
suponen igualmente válidas para
cualquier contexto. Para termi-
nar, conviene señalar que, aún
con todo lo dicho, la evaluación
de la continuidad o cambio en el
modelo puede hacerse en algu-
nos campos, pero en otros debe
esperar a que experimentemos
un período más normal que la
década de 1990.
14
Economía y Sociedad 48, CIES, abril 2003
Comentarios
Daniel Schydlowsky  COFIDE
Existe una diferencia entre el go-
bierno actual y el de hace cinco
años. Así como un péndulo no va
siempre en la misma dirección, en
el Perú, el péndulo ha rebotado y
ha cambiado de dirección.
Como en toda América Latina, el
Consenso de Washington se está
reexaminando. El presidente Tole-
do plantea una economía de
mercado con rostro humano, lo
que guarda gran diferencia con
dicho consenso. El gobierno actual
se inspira en cuidar los equilibrios
macroeconómicos, pero preocu-
pándose por la pobreza, por el
empleo y por el tema social. Si bien
estos también eran preocupación
del Consenso de Washington, el
tema se centra ahora en cuál es el
plazo y la importancia de dicho
plazo. Esto es, la temporalidad es
relevante y, hoy, se quieren ver
resultados en un tiempo menor.
Actualmente se presenta un cam-
bio adicional en la economía, pues
los hacedores de política econó-
mica reconocen que uno no pue-
de confiar en que los mercados
vayan a funcionar bien y de mane-
ra eficiente por sí solos (o por lo
menos no rápidamente). Por ello,
se debe ayudar a los mercados a
que funcionen bien de una mane-
ra más rápida, aplicando la noción
del market friendly, no solo en cuan-
to al régimen legal sino también en
las áreas que sufren innovaciones
y que requieren aprendizaje. Re-
cordemos que los mercados nue-
vos demoran en decantar.
En mercados con un número de
agentes pequeños, se presentan
imperfecciones naturales. El Perú
no tiene un gran número de agen-
tes económicos, por lo que hay una
tendencia al oligopolio y a la com-
petencia monopolística, estructu-
ras de mercado cuyas característi-
cas se encuentran bien documen-
tadas en la literatura económica. Si
bien los mercados tienen que ope-
rar, se les debe ayudar para que
funcionen bien. Esto es particular-
mente importante en mercados
imperfectos, como los nuestros.
En la década de 1990 se formó la
conciencia de que señalar un nor-
te, indicando hacia adónde va el
gobierno, encausa las expectativas
de los agentes económicos. El pre-
sidente Toledo ha indicado que se
va a implementar un centro de pla-
neamiento estratégico. Esto signifi-
ca que existirá una expresión colec-
tiva de hacia dónde debe ir el país.
Cuando existe un plan estratégico,
hay una unidad de criterios y existe
una visión más clara sobre el largo
plazo, lo cual es muy importante.
En cuanto a la parte política, la pro-
fundización democrática ha im-
pactado la estabilidad de las reglas
de juego. La estabilidad, y no la
rigidez, es lo más importante para
la economía. La rigidez es una ca-
misa de fuerza que genera un
quiebre cuando algo no funciona.
La estabilidad requiere cierto ni-
vel de flexibilidad y no genera
quiebres. La economía y sus nor-
mas se deben mover con un vai-
vén natural (todo se mueve todo
el tiempo, nada es rígido) y para
ello se requiere flexibilidad.
La economía necesita previsibili-
dad y confiabilidad en las normas,
en las leyes y en los convenios. Si
los acuerdos son aceptables y
aceptados por la ciudadanía, el
gobierno será estable y las normas
se van a mantener o, por lo me-
nos, van a evolucionar de una for-
ma previsible. Cuando están con-
venidos las formas y los procesos,
se tiene un régimen estable.
La regionalización es un gran paso
en la profundización de la demo-
cracia. Las normas son hoy más
confiables y están desarrollando
una mayor conciencia en la ciuda-
danía. Esto hace al Perú un país
más previsible, más confiable y con
menor riesgo para los inversionis-
tas. Arequipa en sus protestas de-
mostró ser un ejemplo de ciuda-
danía madura: 600 mil ciudadanos
salieron a la calles, expresaron lo
que deseaban y volvieron a sus ca-
sas cuando se les había escuchado.
Las autoridades regionales están
dispuestas a conversar, convenir y
concertar: ello significa la predicti-
bilidad del sistema económico y
confiabilidad del sistema político,
lo cual hará posible que haya una
mayor inversión, nacional y extran-
jera. En los años 1990, se garantiza-
ba rigidez. Ahora, con un poquito
más de cautela y esfuerzo, tendre-
mos estabilidad en el largo plazo.
«...los hacedores de
política económica
reconocen que uno
no puede confiar
en que los
mercados vayan a
funcionar bien y de
manera eficiente
por sí solos (o por
lo menos no
rápidamente
15
Economía y Sociedad 48, CIES, abril 2003
Julio Cotler  IEP
En la década de 1980, los escritos
sobre transiciones del régimen
autoritario a la democracia pusie-
ron el acento a las condiciones y a
las estrategias políticas y económi-
cas que facilitan dicho tránsito, sin
rupturas dramáticas. Convencio-
nalmente, se aduce que ese pro-
ceso se inicia con elecciones legí-
timas y la instalación del gobier-
no, al tiempo que el régimen de-
mocrático se consolida cuando su-
cesivos gobiernos se instauran por
el mismo procedimiento y acuer-
dan con los partidos llevar a cabo
medidas que propician el apoyo
social y eliminan las amenazas al
orden constitucional.
El presidente Paniagua inauguró la
quinta transición al depurar la ad-
ministración pública, iniciar la lu-
cha contra la corrupción y llevar a
cabo las elecciones democráticas
que produjo el gobierno que pre-
side Toledo. La instalación de este
gobierno y el ejercicio de las ins-
tituciones democráticas culminó la
transición. Sin embargo, la persis-
tencia de factores políticos y eco-
nómicos contribuyen a poner en
duda la posible consolidación de
dichas instituciones.
Al igual que en las pasadas transi-
ciones, el entorno democrático
estimula la participación de múl-
tiples actores que persiguen ha-
cerse escuchar por el Estado, con
el fin que se dicten medidas
(re)distributivas que permitan la
representación de los intereses
sociales, mejoren la calidad de
vida de las mayorías y faciliten el
acceso en la escala social. Pero la
debilidad de las organizaciones
sociales, la fragmentación y la du-
dosa representatividad de los par-
tidos políticos y la extrema debi-
lidad, sino la privatización, del
aparato estatal conspiran contra la
expresión y canalización institu-
cional de esas demandas y de la
capacidad para atenderlas con al-
gún grado de eficacia. Estos re-
sultados contribuyen a despresti-
giar la democracia.
«...la
persistencia
de factores
políticos y
económicos
contribuyen a
poner en
duda la
posible
consolidación
de dichas
instituciones»
Este cuadro reproduce en térmi-
nos generales las condiciones que
desembocaron en los fracasos de
las anteriores transiciones, por lo
que hacen pensar que el país está
condenado a recaer en manos de
un salvador de la patria. Sin em-
bargo, en contra de esta percep-
ción, las experiencias de las lu-
chas contra el fujimorismo crea-
ron nuevas condiciones, que con-
curren para imaginar un escena-
rio positivo mas no exento de agu-
das turbulencias.
Es manifiesta la convicción sobre
la necesidad de avanzar, consen-
sual y transparentemente, en la
ejecución de reformas institucio-
nales destinadas a atender eficaz-
mente las demandas sociales: el
Acuerdo Nacional y los convenios
parlamentarios, así como las pre-
siones de la opinión pública y de
la sociedad civil, son expresiones
en ese sentido. Al mismo tiempo,
los dirigentes sociales y políticos
han aprendido la necesidad de
encarrilar sus acciones en el mar-
co constitucional y velar por la es-
tabilidad política.
Es decir, existen procesos de
continuidad y de cambio que
permiten prever marchas y con-
tramarchas del gobierno que,
eventualmente, pueden derivar
en la consolidación del régimen
democrático.

Hazle saber al autor que aprecias su trabajo

Tu opinión vale, comenta aquíOculta los comentarios

Comentarios

comentarios

Compártelo con tu mundo

Cita esta página
Económica Y Social (CIES) Consorcio de Investigación. (2006, marzo 17). Transición democrática y desarrollo a finales del Siglo XX en Perú. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/transicion-democratica-desarrollo-finales-siglo-xx-peru/
Económica Y Social (CIES), Consorcio de Investigación. "Transición democrática y desarrollo a finales del Siglo XX en Perú". GestioPolis. 17 marzo 2006. Web. <https://www.gestiopolis.com/transicion-democratica-desarrollo-finales-siglo-xx-peru/>.
Económica Y Social (CIES), Consorcio de Investigación. "Transición democrática y desarrollo a finales del Siglo XX en Perú". GestioPolis. marzo 17, 2006. Consultado el 19 de Febrero de 2018. https://www.gestiopolis.com/transicion-democratica-desarrollo-finales-siglo-xx-peru/.
Económica Y Social (CIES), Consorcio de Investigación. Transición democrática y desarrollo a finales del Siglo XX en Perú [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/transicion-democratica-desarrollo-finales-siglo-xx-peru/> [Citado el 19 de Febrero de 2018].
Copiar
Imagen del encabezado cortesía de alejandro1093 en Flickr