Penetración económica y dominación en nuestro tiempo. Ensayo

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RESUMEN

Este trabajo aspira interpretar la situación Latinoamericana, la región se encuentra afectada por grandes conflictos sociales debido a su incapacidad estructural para dar respuestas a las demandas económicas y políticas de la población.

Los cambios que se ameritan deben conciliar los intereses de los actores involucrados, estos son prácticamente imposibles de lograr. La ruptura del viejo orden no solamente afecta lo económico-político, sino la visión que sobre su realidad tiene la población. He allí el elemento cultural donde la ruptura se hará sentir con mayor fuerza y donde encontrará los mayores obstáculos.

¿Cómo es posible generar cambios cuando poderosas fuerzas se oponen a él? ¿Cómo sobrevive nuestra cultura con una baja capacidad para negociar? ¿Cómo hacer prevalecer nuestra identidad? Estas son alguna de las preguntas que se están haciendo los que se sienten vulnerados y en peligro de sucumbir

Es posible anteponer razones humanitarias o de cualquier otra índole, pero quien tiene el poder y la fuerza, al final impondrá su razonamiento. No vale ciencia, ni razonamiento. Quien tiene la fuerza impone su razón.

Los cambios a favor de un latinoamericano más proactivo, productivo, emprendedor y universal pasan por nuevas formas de comprender la realidad y de integrarse de manera activa en la administración de su propia existencia.

Palabras claves: economía, política, filosofía, epistemología, cultura, enajenación, sociedad, educación, conducta social, esfuerzo individual.

El Problema

Latinoamérica hoy en día está sumida en grandes conflictos sociales debido a su incapacidad estructural para dar respuestas a las demandas económicas y políticas que se formula la población.

La lógica económica imperante que favorece a pocos en detrimento de muchos alcanzó a mediados del siglo XX su máximo nivel de efectividad, pero en los últimos veinte años, el incremento de la clase media, las expectativas económicas de la población y la escasa capacidad del modelo económico para generar bienestar, entraron en conflicto.

Modernizar la sociedad latinoamericana no en el uso de tecnologías de punta sino prepararla para crear y organizar un sistema económico capaz de generar satisfacción a sus expectativas, impone un cambio profundo y radicalmente diferente en la forma de abordar la solución del problema.

No sólo Latinoamérica sino también los pueblos africanos y asiáticos están sometidos a presiones internacionales que tienden a que la población copie los estándares de vida de los países hegemónicos afectando irreversiblemente su identidad y mundo cultural. La oposición y el inevitable enfrentamiento son la respuesta lógica y espontánea de la ancestral cultura, ante la penetración y dominación de los nuevos tiempos.

Las expectativas económicas y políticas que se formulan los bloques de poder hegemónico, hacen de la dominación y prevalencia territorial una carrera contra el tiempo. Llegando al extremo de justificar acciones bélicas, con el pretexto de justicia y humanidad. Menosprecian la cultura local en la cual existe un cierto equilibrio entre nivel de vida de los habitantes y sus ingresos, en sus hábitos y costumbres, en su organización interna, en sus credos y religiones.

Presumen que la cultura occidental dominante es superior, pues su valor supremo son los Derechos Humanos, el libre comercio y la expansión por todo el orbe de un estilo de vida cónsono con la modernidad. La cultura local es ajena y extraña para el observador foráneo, pero le es propia y se ha desarrollado por mucho tiempo en armonía con su medio ecológico y su historia.

Enjuiciar la ética de una determinada cultura es una conducta tan retrógrada como la exhibida quizás por las sociedades que se pretenden “modernizar”. Si los objetivos que prevalecen en la penetración son tan altruistas y desinteresados, ¿Por qué su beligerancia? ¿Por qué su radicalidad? ¿Por qué su irracionalidad?

Este trabajo analiza este choque cultural desde una perspectiva de dominación epistémica e ideológica, vinculada a los intereses económicos que se enfrentan, los poderes locales por preservar las caducas formas de apropiación y los foráneos por apropiarse del mercado interno. Unos por defender sus “cotos de caza” y otros por penetrarlos. Unos intentando reducir los efectos sobre la economía y otros tratando de hacerlo abruptamente.

Para la población en general, el problema se reduce a cambiar un grupo hegemónico por otro, una forma de explotación por otra, una cultura ancestral por una de consumo, un credo por otro.

Los cambios, aquellos que concilien los intereses de todos los involucrados y cuyo impacto sea reducido, son prácticamente imposibles de lograr. La ruptura del viejo orden no solamente afecta lo económico, sino la visión que sobre su realidad tienen sus protagonistas. No se trata de una ruptura epistemológica, sino un cambio ideológico, pues esta se impone como un dogma de fe. He allí el escenario donde la ruptura se hará sentir con mayor fuerza y donde se encontrarán los mayores obstáculos. La nueva percepción de la realidad la asumimos en lo personal y colectivo como la derrota del Ser, como una imposición cultural sobre nuestra identidad como latinos, como árabes, como africanos.

¿Cómo es posible generar cambios cuando poderosas fuerzas se oponen a él? ¿Cómo sobrevive nuestra cultura con una baja capacidad para negociar? ¿Cómo hacer prevalecer nuestra identidad? Esas son algunas de las preguntas que se están haciendo los que se sienten vulnerados y en peligro de sucumbir. Quizás como los galos o los íberos frente a los romanos. Quizás como los aborígenes frente a los conquistadores europeos. A lo que nos referimos ahora, es a una guerra de dominación económica, a veces de muy bajo perfil, sutil, otras con gran estruendo y beligerancia pero siempre con un gran poder de penetración y dominación: Afecta la esencia del Ser, su identidad.

Análisis de la situación: Una ojeada por la historia

Las sociedades occidentales han desarrollado progresivamente, formas de organización social que han conllevado avances en el campo de la producción, la salud, la seguridad, confort, entre otros, gracias a la evolución de los medios tecnológicos de producción, de las relaciones de producción, al impulso que significan las pugnas por la apropiación de los excedentes de producción y el bagaje cognoscitivo generado sobre todo en estos últimos 20 siglos. La diversidad cultural que exhiben las distintas sociedades occidentales, se deben a condiciones ecológicas particulares y al proceso histórico de formación social. A pesar de dichas particularidades, existen grandes lineamientos culturales que le han servido de base a la estructura del pensamiento predominante, conformándose familias o linajes culturales que se pueden identificar por formas de enfrentar situaciones, por sus manifestaciones folclóricas, religiosas, etc. La descendencia de un tronco común se puede evidenciar por la manera como ha sido utilizado el conocimiento para resolver problemas concretos.

La relación cognoscitiva entre el Hombre y la realidad que antepone el concepto ante la cosa o “mundo de las ideas”, subyuga la voluntad individual al colocar el interés socializador por encima de la naturaleza humana. Esta relación epistémica favorece la penetración y dominación cultural a través de la homogenización de un “paquete” ideológico-cognoscitivo, que se considera puro, universal y atemporal.

Cuando el concepto surge como producto de la abstracción de la realidad misma, su interpretación es el resultado del esfuerzo intelectual inherente a la condición humana.; favoreciendo el desarrollar del individuo, comprometiendo al Hombre con su contexto a través de la participación.

Ambas formas de abordar la realidad son manifestaciones culturales que han surgido a lo largo de la historia evolutiva del Hombre y han tenido relevancia, dependiendo de la situación que se enfrenta. Pero en aquellas culturas donde los remanentes feudales aún tienen un papel preponderante en la formación de la estructura de pensamiento, el proceso de socialización ha minado la capacidad crítica y analítica de la población y ha condicionado la creatividad humana a los límites establecidos por la ideología predominante.

El Hombre es por naturaleza un ser dialéctico en continua formación que evoluciona en la misma medida que modifica y construye su realidad. “…. la racionalidad consiste en la idea de que el Hombre es el animal que aprende de la experiencia, y aprende como aprender de la experiencia, y hace ambas cosas en un grado mucho mayor que cualquiera de sus vecinos en el árbol de la evolución.” (Jarvie, 1980:21)

Las religiones, los monarcas, los burgueses, los socialistas, los marxistas, políticos, y todos aquellos que han detentado una posición de relevancia social, han utilizados su bagaje ideológico como un deber ser, desde una perspectiva de dominación de imposición cultural para consolidar y perpetuar el orden social imperante o para imponer uno nuevo. Esa forma de encasillar el pensamiento humano dentro de parámetros ideológicos impuestos bajo preceptos epistémicos platónicos, independientemente de nuestro parecer, nos ha traído hasta el momento actual.

Ahora bien, el desarrollo alcanzado por el Hombre de su noción del Ser, de su capacidad cognoscitiva y de intervenir la realidad en procura de su propio sustento, enfrenta a los obsoletos esquemas de dominación epistémica. La humanidad esta tomando conciencia de su propia enajenación y de la validación de los viejos esquema que realiza cada vez que actúa. Es necesaria una ruptura epistémicas para devolver al Hombre su esencia dialéctica, critica, creadora.

Es posible anteponer razones humanitarias o de cualquier otra índole, pero quien tiene el poder y la fuerza trataran de imponer su razonamiento. Los acontecimientos parecieran confirmar el duro decir: Quien tiene la fuerza impone su razón.

Lo peor de la dominación epistemológica, es la imposición sobre la voluntad del Hombre, reduciendo su espacio vital expresivo. El Hombre actual aspira un mayor ámbito para desarrollar su capacidad creadora y administrar a conveniencia su vida privada y colectiva, reconociendo los límites de los derechos de los congéneres y sus deberes para con la sociedad.

Existe una prisión cognoscitiva que se asume como natural, como si no hubiese otra forma de estructura el conocimiento, y que reproducimos a nuestra descendencia como la única y la correcta manera de pensar. Oímos hablar de la Ciencia, pero ella nos es ajena, como si fuese algo de personas superdotadas distintas a nosotros. Nos hemos alejado de la memoria de nuestros ancestros que vivieron dependiendo de su trabajo agrícola o en pleno contacto con el mundo físico, sintiéndose orgullosos de su forma de vida, aunque no estuvieran llenos de información, pero si en armonía con su realidad.

“Admito que en cada momento somos prisioneros del marco de nuestras teorías, nuestras expectativas, nuestras experiencias pasadas, nuestro lenguaje. Pero somos prisioneros en un sentido muy particular: si lo procuramos, podemos liberarnos de nuestro encierro en cualquier momento” (Popper, 1962:60)

Podemos liberarnos como menciona Popper, pero resulta difícil lograr concientizar la ideología que nos han grabado en el proceso de socialización. ¿Cómo podemos diferenciar aquello que desde la cuna se nos vendió como un único punto de vista, de la realidad misma? Nos hacen y continuamos haciéndonos sumisos a ídolos y a sus preceptos. Estamos atados bajo un eficiente mecanismos de seguridad conformado fuertes nudos de “verdades” confeccionados por “maestros del saber”.

En la familia cultural ibero-americana, prevalece la dominación epistémica y el bagaje ideológico conserva aun sus raíces medievales. Los países se adornan con la modalidad capitalista pero subyace el modelo económico y cultual feudal, configurando en su población una forma interpretativa de la realidad, caracterizada como “realismo mágico”, por Gabriel García Márquez.

Los preceptos filosóficos, morales y éticos se constituyen en bases cognoscitivas de la personalidad del Hombre y en soporte de autoestima. Su devenir le ha consolidado un equilibrio psíquico entre lo que hace y quien es. No puede criticar su hacer sin enjuiciarse a si mismo, como tampoco puede poner en tela de juicio las bases de su personalidad sin entrar en profunda depresión. Así, la conducta humana, en armonía con sus bases epistémicas e ideológicas, se convierte en un mecanismo de preservación de la sociedad históricamente determinada, donde convive. Pretender generar cambios sociales profundos, implementando políticas sociales y educativas que no afectar el equilibrio entre el Ser y el Hacer, no es posible sí se procede desconociendo tal situación

Para generar cambios radicales en el seno de la sociedad habría que afectar las bases económicas que sustentan la sobrevivencia, y afectar así el equilibrio psíquico de manera masiva. Entrarían en contradicción el viejo esquema cultural con la nueva forma de subsistencia. De cualquier forma, para profundizar y consolidar los cambios se requiere que los individuos alcancen un nuevo equilibrio entre sus bases cognoscitivas y su realidad concreta.

Al afectar lo económico, en principio se deteriora la supervivencia dentro de los parámetros tradicionales. El Hombre debe entonces buscar soluciones válidas y coherentes con el nuevo orden, debiendo generar conductas, rutinas, explicaciones, aptitudes y actitudes, las cuales requieren ser explicadas. Quizás deba correr riesgos personales que lo inducirían a explicarse la situación y su participación. En otros casos, quienes motorizan el cambio deben elaborar un paquete ideológico de apoyo, comportándose como tradicionalmente lo han hecho los grupos élites y dominantes, han impuesto su razón por encima del colectivo.

Puede intentar cambiarse una ideología por otra, pero la postura epistemológica subsiste en la conducta social del Hombre, independientemente del nivel de presión que se ejerza sobre el colectivo, pues tanto la epísteme implícita como la ideología que impere finalmente, es el resultado de la relación concreta y material, entre el

Hombre y la realidad.

La relación dialéctica Hombre – realidad es un hecho material y concreto condicionado por el desarrollo alcanzado por los medios de producción para el momento histórico en cuestión, además afectadas por las características ecológicas y culturales en las que se desenvuelve. La concepción que el Hombre tiene de sí y de las relaciones existentes entre él y el mundo real pudieran intentar cambiarse pero que no es una tarea fácil, ni se puede decretar.

A titulo de conclusiones

Un cambio radical y automático del modo de producción es imposible y menos aun en la cultura e ideología que los explica. Podemos si, generar cambios importantes dentro de la conducta de la población siempre y cuando estos se mantengan dentro del modo de producción imperante. Podemos hacer que los latinoamericanos, quienes al menos han interiorizado el intercambio mercantil, entren en una dinámica capitalista total, quizás a otras sociedades les sea aun más difícil.

Para los latinoamericanos que la economía sea regulada por la oferta y la demanda se encuentra dentro de su mundo conceptual así como también, que la producción de bienes y servicios, sea realmente competitiva y aproveche las ventajas comparativas al máximo. No les resulta ajeno ser proactivos, efectivos y sus ingresos estén asociados a su productividad laboral. Quizás resulte algo más duro aceptar la reducción de su sujeción al Estado y se convierta en un ser participativo, preocupado por su destino. Pero todos estos conceptos le son familiares, aunque en principio, se resista a aceptarlos

No podremos pretender que se convierta en corto plazo en cooperativista, espléndido, empático, equitativo, disciplinado, responsable, que sobreponga los interese colectivos sobre los propios, sin que antes se incremente la generación de excedentes de producción y la productividad laboral. Las actitudes deseable a exhibir los seres humanos son un subproducto de su interacción activa y protagónica en la realidad económica, política y social, la cual además de bienes, forje en si mismo, autoestima, orgullo personal por las metas alcanzadas. Sin demostración tangible de logros es imposible una actitud positiva en el entorno social donde se desenvuelve. No se puede compartir lo que no se posee.

El desarrollo alcanzado por el Hombre sobre su participación en la sociedad, reconoce que sus derechos terminan donde comienzan los ajenos. Quizás en épocas pretéritas, donde la generación de excedentes de producción era limitada, el Hombre exhibía una actitud y conducta frente al colectivo propia de nivel de producción y su escasa capacidad para participar en la definición de su destino. Posiblemente conllevó al individualismo, interpretado como una “inflamación” del ego, producto de la continua y permanente presión ejercida por la exacerbada socialización contra las necesidades humanas.

Ahora, la productividad del trabajo humano ha alcanzado tan altos niveles, que hace posible que las ciudades se desarrollen enormemente, concentrando un contingente poblacional no productivo, que requiere alimentarse. La relación cognoscitiva con la realidad citadina está sujeta al empleo, a la voluntad de terceras personas más que a la capacidad personal para producir. Los ingresos familiares alcanzan para cubrir los compromisos contraídos si trabajan, al menos, ambos cónyuges.

Las presiones para que la realidad Latinoamérica alcance patrones de consumo cónsono con las aspiraciones de los países industrializados, han hecho que la población se aferre a los tradicionales preceptos, cánones, normas, y parámetros de una realidad cultural, como una balsa a la deriva en un mar plagado de incertidumbre. El interés foráneo no es incrementar la producción y la productividad laboral de lo latinoamericanos, lo cual induciría un cambio de actitud frente a lo económico, político y social, sino incrementar el consumo y mantener la incapacidad de defender lo nuestro.

La lógica económica imperante en Latinoamérica y en otras partes del mundo, copia esquemas feudales en un mercado a medio hacer, rinde beneficios a quienes gozan de los privilegios de ser propietarios de la tierra, medios de producción o son cortesanos de los palacios gubernamentales, en complicidad con intereses foráneos que se sitúan en contra del desarrollo de la sociedad y los individuos.

Los cambios a favor de un latinoamericano más proactivo, productivo, emprendedor y universal pasa por entrar en la “modernidad” capitalista como escalón en la escalera del desarrollo del individuo hacia nuevas formas de comprender la realidad y de integrarse de manera activa en la administración de su propia existencia.

Primum vivere, deinde philosophare Comencemos por vivir por esfuerzo propio para luego poder explicarnos y reflexionar, con mayor objetividad, sobre nuestra existencia.

Bibliografía consultada

JARVIE, I.C. Rationality and Relativism in search Of a philosophy and history of anthropology. London: Routledge & Kegan Paul. 1984.

POPPER, Karl. La lógica de la investigación científica. Madrid: EDT. Tecnos, 1962

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Gutiérrez Leal Pedro. (2004, febrero 6). Penetración económica y dominación en nuestro tiempo. Ensayo. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/penetracion-economica-y-dominacion-en-nuestro-tiempo-ensayo/
Gutiérrez Leal, Pedro. "Penetración económica y dominación en nuestro tiempo. Ensayo". GestioPolis. 6 febrero 2004. Web. <https://www.gestiopolis.com/penetracion-economica-y-dominacion-en-nuestro-tiempo-ensayo/>.
Gutiérrez Leal, Pedro. "Penetración económica y dominación en nuestro tiempo. Ensayo". GestioPolis. febrero 6, 2004. Consultado el 23 de Abril de 2018. https://www.gestiopolis.com/penetracion-economica-y-dominacion-en-nuestro-tiempo-ensayo/.
Gutiérrez Leal, Pedro. Penetración económica y dominación en nuestro tiempo. Ensayo [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/penetracion-economica-y-dominacion-en-nuestro-tiempo-ensayo/> [Citado el 23 de Abril de 2018].
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