Intelecto, inteligencia emocional, creatividad y comunicación para el éxito

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Nuestra vida esta permeada por el estado de ánimo y la emocionalidad que en nosotros se haya instalado

Todos tenemos un coeficiente de inteligencia, unos más alto que otros, pero todos lo tenemos y desde la infancia hasta la adultez escuchamos que de este coeficiente dependerá el éxito en la vida. Sin embargo los estudios recientes han demostrado que no siempre resultan personas triunfadores aquellas cuya capacidad intelectual es elevada. Existe otra inteligencia, la Inteligencia Emocional, ella es quien abre o cierra nuestras posibilidades de accionar en la vida.

Conocemos de personas brillantes en el estudio que han logrado hundir un capital en la nada y por otro lado también están aquellos que jamás concluyeron una carrera universitaria y conducen exitosamente destacadas corporaciones. ¿Golpes de la suerte?.

Según plantea Charles R. Swindoll “¨… la vida es el 10 % de lo que me pasa y el 90 % de cómo reacciono a eso” “Somos responsables de nuestras actitudes” y los estudios recientes demuestran que el triunfo depende de cómo utilizamos nuestra Inteligencia Emocional para relacionamos con el entorno. El control sobre nuestro yo emocional es el que nos permite ir al éxito o al fracaso, para aprovechar las oportunidades que nos retan y están a nuestro alcance.

Daniel Goleman, en su libro Inteligencia Emocional en la Práctica, nos dice: “Las normas que gobiernan el mundo laboral están cambiando. En la actualidad no sólo se nos juzga por lo más o menos inteligentes que podamos ser ni por nuestra formación o experiencia, sino también por el modo en que nos relacionamos con nosotros mismos o con los demás.” Es entonces la hora de reflexionar sobre nosotros y cómo nos comunicamos en nuestro contexto para aprovechar las oportunidades de triunfar.

Nuestra vida está permeada por el estado de ánimo y la emocionalidad que en nosotros se haya instalado. Siempre tenemos una emocionalidad determinada y en la mayoría de las ocasiones identificamos cómo o por qué se instaló en nosotros. Una noticia, un acontecimiento, determinada canción, el estado del tiempo, la pareja, el trabajo…. Desde estas emociones observamos e interpretamos el mundo que nos rodea, porque nuestras emociones llegan a ser los lentes a través de los cuales miramos el mundo.

Si mantenemos estados de ánimo negativos como el pesimismo, la resignación, la tristeza, la nostalgia, el abatimiento, la ira, resentimientos, frustraciones, rabias, odios, desamores… esos serán los lentes con los cuales miraremos todo lo que nos rodea y lo más seguro es que no tengamos disposición para enfrentar, con las fuerzas que requiere, los tropiezos que forman parte de la vida.

Contemplando el mundo desde estos lentes, no tendremos ánimo de cambiar nada. No intentaremos nuevas acciones y soluciones a los quiebres. La depresión y el stress nos tomarán como prisioneros permanentes y caeremos en el efecto negativo de avanzar dentro de un túnel sin salida, percibiendo solo las paredes laterales, oscuras, que siempre estuvieron ahí y contra las cuales nada podemos hacer, por tanto… mejor no emprender nada.

Si por el contrario, identificamos las causas de nuestro estado de ánimo y mantenemos o lo cambiamos hacia una emocionalidad de alegría, amor, optimismo, felicidad, creatividad, emprendimiento y ambiciones por vencer obstáculos y triunfar en la vida…. entonces, estos serán los lentes que mantendrán arriba nuestra autoestima y nos permitirán buscar, no las justificaciones que alejen las acciones, sino las respuestas acertadas que día a día reclama el transcurso de la vida.

Estaremos conscientes de atravesar túneles, pero acompañados del efecto consecuente de que al luchar y crear, se avanza en busca de la salida y se alcanzará la luz como premio.

Rafael Echeverría, nos dice que “… siempre estamos en un estado de ánimo, no somos culpables de caer en él, pero si somos culpables de permanecer en él…” si es un estado de ánimo que nos daña, limita o inhibe nuestras posibilidades de acción: ¡Cambiémoslo! Conocemos que emociones elevan nuestra autoestima, sin por supuesto caer en la arrogancia, propiciemos estas emociones, encausemos nuestra energía al campo positivo porque de ella dependerá nuestra disposición para la acción.

Si tememos al cambio y pensamos como perdedores, nuestras acciones solo nos conducirán al fracaso. El miedo frena, inhibe, no es la emocionalidad a mantener en nuestros tiempos. Tenemos que ser capaces de trabajar en climas de confianza y apertura, en equipos donde con legitimidad y respeto compartamos juicios críticos y la creatividad, capacidades y potencialidades del grupo y donde de conjunto nos trazamos metas en la vida profesional y personal. Así, emprenderemos acciones que nos conducirán a lograr aquello que nos hemos propuesto individual y colectivamente.

La oportunidad de existir y ser cada uno de quienes somos, constituye una posibilidad única, de la combinación cromosómica de uno entre miles de espermatozoides que logró llegar oportunamente a un único óvulo maduro. Ocurrió esa y no otra fecundación y nos desarrollamos cada uno de nosotros, humanos, pero diferentes cada cual de cada cual. Somos legítimos y especiales en nuestra diferencia. Por eso cada uno tenemos nuestra forma propia y exclusiva de evaluar el mundo que nos rodea. Cada uno llevamos un mundo en nuestras manos, somos observadores diferentes dentro de un mismo entorno.

No temamos a enfrentar los cambios que a cada instante nos propicia la oportunidad de ser seres vivos. Cada día es diferente al anterior y distinto del de mañana, cada quiebre es una oportunidad para demostrar nuestra creatividad y capacidad para hallar soluciones. Es ahí donde nuestra inteligencia emocional se pone de manifiesto.

Somos dueños de las cartas de triunfo en el juego de la vida. Para este juego apliquemos la fórmula:

Intelecto+ Inteligencia Emocional + Creatividad+ Comunicación = Éxito

Usémosla para encausar nuestras acciones personales y profesionales en aras de lograr las metas que nos proponemos en la vida. Según Lao Tsé, “Aquel que conquista a otros es fuerte; aquel que se conquista a sí mismo es poderoso”, demostrémonos a nosotros mismos, a nuestros colectivos de trabajo, a nuestra pareja, a la familia cuan poderosos somos y aprendamos de conjunto con ellos, no solo a sobrevivir, sino a ser poderosos ante la oportunidad de vivir y triunfar.

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Alfonso Cassola Gricel. (2002, septiembre 20). Intelecto, inteligencia emocional, creatividad y comunicación para el éxito. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/intelecto-inteligencia-emocional-creatividad-comunicacion-exito/
Alfonso Cassola, Gricel. "Intelecto, inteligencia emocional, creatividad y comunicación para el éxito". GestioPolis. 20 septiembre 2002. Web. <https://www.gestiopolis.com/intelecto-inteligencia-emocional-creatividad-comunicacion-exito/>.
Alfonso Cassola, Gricel. "Intelecto, inteligencia emocional, creatividad y comunicación para el éxito". GestioPolis. septiembre 20, 2002. Consultado el 21 de Junio de 2018. https://www.gestiopolis.com/intelecto-inteligencia-emocional-creatividad-comunicacion-exito/.
Alfonso Cassola, Gricel. Intelecto, inteligencia emocional, creatividad y comunicación para el éxito [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/intelecto-inteligencia-emocional-creatividad-comunicacion-exito/> [Citado el 21 de Junio de 2018].
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