El sexismo en el libro de texto de filosofía y sociedad

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Resumen

Nuestro país está llevando a cabo transformaciones en la esfera educacional, de la cual no se escapa la educación superior, que ha comenzado un proceso de universalización a lo largo y ancho de toda nuestra geografía, lo que implica que necesariamente tengan que sucederse cambios, en la manera de analizar los problemas que se suceden en el entorno universitario, en correspondencia con esta nueva misión que nos corresponde desempeñar a los educadores/as de este nivel de enseñanza, en la formación integral de los/as profesionales que necesita el país, con alto nivel científico y que cumplan con su encargo social de manera eficiente.

En el trabajo se realiza un análisis de la manera en que ha sido abordado el problema del sexismo en el Libro de Texto de Filosofía y Sociedad II, que se utiliza en las carreras universitarias, como uno de los aspectos del currículo explícito que ejercen una influencia importante en la formación del estudiantado, y en la visión que se tiene en torno a los géneros, además de constatar el lenguaje escrito que está presente en el texto, donde se pudo comprobar los contenidos sexistas que se trasmiten en el mismo y como no se da un tratamiento con equidad para ambos géneros.

Para la realización de este trabajo también se hizo un análisis de documentos, así como, la consulta de otras bibliografías orientadas que han estado a nuestro alcance.

La efectividad de este trabajo se pudo constatar cuando se implementó el mismo en el segundo semestre del pasado curso escolar 2004- 2005, su puesta en práctica trajo como resultados los conocimientos de los estudiantes acerca de los problemas de Género, ya que se tenía cierto desconocimiento por parte de ellos.

Introducción

Con este trabajo pretendemos realizar de manera sencilla, algunas reflexiones acerca de cómo se ha abordado el problema del sexismo en el Libro de Texto de Filosofía y Sociedad II, que se utiliza para las carreras universitarias, como uno de los aspectos del currículo explícito que ejercen una influencia importante en la formación del estudiantado, y en la visión que se tiene en torno a los géneros.

El trabajo está dirigido a constatar el lenguaje escrito presente en el texto, para comprobar de esta manera si se trasmiten o no contenidos sexistas, así como, si se tratan con equidad para ambos géneros, mediante el análisis de documentos, así como, la consulta de otras bibliografías orientadas que han estado a nuestro alcance.

Cuando nos referimos a Género no necesariamente estamos hablando de mujeres, puesto que esta categoría tiene un carácter multidimensional y analiza la relación existente entre lo biológico, lo social, lo económico, lo jurídico, lo político, lo psicológico y lo cultural. “El género es el conjunto de atributos, de atribuciones y características que implican al sexo, pero que no agota ahí sus explicaciones.” 1 Esta es una categoría con un contenido relacional, social y culturalmente construida.

El proceso en que se forma y se desarrolla el género, está en dependencia, de procesos socioculturales del entorno en que se desenvuelven las personas, desde el mismo momento de su nacimiento y durante toda su vida.

Género es la categoría que se utiliza para designar a hombres y mujeres.

Cuando se habla de género es preciso plantear que los estudios relacionados con la problemática del sexismo en la escuela, comenzaron a desarrollarse a partir de los años 80 del pasado siglo, cuestión esta a la que se hace referencia en el desarrollo de este trabajo.

Desarrollo:

Las primeras conceptualizaciones de género datan de la década del 50, cuando Jhon Money y Robert Stoller sostienen que hay una diferencia entre sexo y género. El primero se refiere a las características anatomofisiológicas, de ser macho o hembra, mientras que el segundo se refiere a la construcción sociocultural de las diferencias sexuales (lo femenino y lo masculino).

Los valiosos aportes de estos investigadores han contribuido en la elaboración de conceptos que dieran cuenta de su múltidimensionalidad. Así el sexo se hereda, en tanto, el género se adquiere a través del aprendizaje cultural.

El género, es el conjunto de características culturales específicas que identifican el comportamiento social de mujeres y hombres y las relaciones entre ellos; es decir, es una construcción cultural aprendida a partir de la socialización, por lo que se adjudica determinadas funciones o papeles a mujeres y a hombres de manera diferenciada. No obstante, el género es un término relacional; no es sinónimo del vocablo mujeres u hombres, sino que se refiere a la relación que existe entre ellos y a la manera en que ambos se construyen socialmente.

En los años 60 se produce un auge del movimiento feminista, sin embargo la igualdad jurídica no cambió la situación que las caracterizaba; los roles tradicionalmente asignados a la mujer, se reconocen como la mayor fuente de opresión femenina, de ahí que se propongan entonces producir los cambios que hicieran posible eliminar la desigualdad. Dentro de la reivindicaciones feministas estaba el elaborar una teoría que hiciera posible explicar la situación de opresión en que se encontraban las mujeres.

De esta manera es de destacarse el carácter construido y no “natural” de las diferencias entre hombres y mujeres y , que aún hoy se constatan en todos los ámbitos de la vida de las personas.

“El reconocimiento de que las diferencias no obedecen a causas naturales, es lo que lleva entonces al reclamo de la igualdad entre mujeres y hombres dentro de los grupos y movimientos de mujeres. Dentro de la academia, con la emergencia del enfoque de género para analizar las causas de la desigualdad entre mujeres y hombres, se favorece una visión más centrada en las relaciones de poder, como fundantes de las relaciones jerárquicas entre los géneros, base de la desigualdad y la discriminación hacia las mujeres.”2

A finales de los años 70, las Ciencias sociales se detenían en el análisis de las desigualdades sociales sin entrar a particularizar las desigualdades de género, que se hace posteriormente, con las investigaciones de las feministas que pretenden visibilizar el comportamiento de estas desigualdades en el ámbito académico, colocando en el centro de su denuncia política una de las problemáticas que han sido marginadas en el saber académico.

En los años 80, las feministas se refirieron al carácter político de lo privado y generaron nuevas categorías de análisis que permitieron visibilizar viejos problemas, entre los que se pueden mencionar: la violencia doméstica, el acoso sexual, la feminización de la pobreza, entre otros.

Todo esto favoreció el surgimiento de nuevas instituciones desde donde se identificaban y analizaban los problemas y desde donde se organizaron las nuevas demandas para revertir la situación que presentaban las mujeres.

Las investigaciones sobre el sexismo en la escuela tuvieron lugar fundamentalmente durante los años 80, antes de esta década la sociología de la educación no tenía en cuenta dentro de los estudios que realizaba, la cuestión de la desigualdad sexual; hasta la década de los años 70 la escuela, era considerada como la mejor forma para garantizar la igualdad de oportunidades, puesto que contribuía a que cada individuo pudiera alcanzar un determinado nivel de estudio en correspondencia con sus capacidades y méritos.

En la mayoría de los países de América Latina, las mujeres se han visto limitadas para acceder a la educación, así como en su participación en la sociedad, reforzándose, de esta manera, la falta de equidad y las relaciones de subordinación entre mujeres y hombres, sin esta posibilidad se limita la salida de ellas del reino doméstico para entrar en el extradoméstico.

En el caso cubano, antes del 59 la situación de las mujeres se presentaba igual que en el resto de los países de América Latina, sin embargo, se produjo una transformación paulatina; desde una posición de exclusión, marcada por siglos de dominación de una cultura patriarcal, donde la mujer fue educada desde lo privado, y se les prohibía el acceso a lo público, hasta un cambio en el que su participación se hizo más activa, así como su presencia, debido a que ellas no permanecieron pasivas ante estos preceptos.

Esta mirada al ámbito educacional, nos remite a plantear que la perspectiva de género desde la educación abarca varios aspectos, en el que se incluye el diseño de los libros de texto y programas, entre otros, a través de los cuales la escuela perpetúa el sexismo, donde las figuras femeninas aparecen invisibilizadas, en una situación de marginación, o subordinación a la que hemos sido sometidas en este terreno por mucho tiempo, incluso hoy, encontramos manifestaciones de este tipo, reconociéndose solamente el papel del hombre, de ahí que se necesita promover el cambio educativo en materia de género, porque, “… en el terreno educativo es crucial eliminar las representaciones, imágenes y discursos que reafirman los estereotipos de género.” 3

El estereotipo constituye una imagen social que atribuye a los sexos determinados rasgos y cualidades de cómo debe comportarse el hombre y la mujer ante cada situación determinada, patrones rígidos, inviolables que son impuestos por la sociedad, la cultura, clase o grupo social.

En las Ciencias Sociales la problemática de género se ha hecho desde una perspectiva legitimadora del orden social, donde se ha puesto al hombre en el centro de la reflexión y debate, dejando a la mujer fuera de esta problemática.

La escuela mixta, que surge y se desarrolla en la segunda mitad del siglo XX, contribuyó al impulso de la igualdad de género, así como, al reconocimiento de la mujer al abogar por la igualdad de oportunidades para el acceso a la educación y la formación profesional de representantes de ambos sexos. En muchos países del viejo mundo hoy constituye una quimera el logro de esto.

“En principio, con este tipo de escuela quedaba aparentemente superada la segregación de modelos socioculturales que reproduce la escuela como institución socializadora de modelos femeninos y masculinos. Sin embargo esto ha supuesto más bien un avance formal, que real.”4

Desde esta perspectiva, a este tipo de escuela puede acceder cualquier persona, independientemente de su sexo; teniendo los educandos y todo el profesorado los mismos derechos y deberes, puesto que sostiene que la educación es igual para todos.

Sin embargo en este modelo de escuela siguen prevaleciendo los valores masculinos por encima de los femeninos; transmitiéndose de manera implícita, encubierta y sutil, donde se legitima y perpetúa, una cultura androcéntrica, sexista y discriminatoria.

La escuela ha funcionado siempre como una institución para la reproducción de las desigualdades por razones de género y ha contribuido a formar la masculinidad y la feminidad, ubicándose a lo femenino en una relación de subordinación con respecto a lo masculino y a lo masculino en una posición de superioridad.

El androcentrismo presente en este tipo de escuela supone considerar a los hombres como centro del poder, del saber y del hacer, considerándolos como sujetos de referencia y a las mujeres se les sitúa en una posición de subordinación y dependencia con respecto a ellos, subvalorando de esta forma la figura femenina.

Por otra parte, el Sexismo, que también se manifiesta en este modelo de escuela debe ser entendido “…-como práctica que enfatiza permanentemente los estereotipos diferenciadores de los géneros basados en una cultura marcadamente machista – es el rasgo distintivo de la socialización diferente, cuya efectividad es indiscutible porque la interiorización de los valores es fundamentalmente inconsciente, emocional y sensitiva.”5 En este caso se le atribuyen roles diferentes a hombres y mujeres, solamente en función de su sexo, desvalorizándose de este modo los aportes de las mujeres, realzando lo que hacen los hombres como lo válido y lo más importante.

De esta manera el sexismo debe ser considerado como una práctica discriminatoria, que se convierte en una práctica genérica llevada a cabo consciente o inconscientemente, en los libros de textos, en los programas, en las orientaciones vocacionales, en las guías de estudio, etc., de ahí que muchas veces, el personal docente no se percata de que se transmite una educación sexista.

De este modo, en la cultura escolar se refuerza la ideología androcéntrica, pensando que el hombre es el centro y la medida de todas las cosas, el androcentrismo como cosmovisión está sesgada por el sexo, como se señalaba anteriormente, considerando a los hombres como sujetos de referencia y a las mujeres como dependientes de ellos, ideas estas que son transmitidas a los estudiantes a través del currículum oculto y del explícito.

La educación constituye un fenómeno de la práctica social, un proceso que asegura la trasmisión, reproducción y desarrollo de la cultura acumulada por la humanidad. En la medida en que la escuela y la práctica social contribuyan a la asimilación y objetivación de los contenidos socialmente válidos (conocimientos, hábitos, habilidades, patrones, normas, valores, paradigmas), los individuos estarán preparados para insertarse en la vida, cumplir con sus deberes y disfrutar de los derechos reconocidos.

La educación debe preparar a los seres humanos para vivir una vida plena y feliz, eliminando estereotipos, modos de vida y conductas de carácter sexista y discriminatorios.

La sociedad nuestra, lucha para eliminar los estereotipos diferenciadores de los géneros, en una cultura marcadamente machista, y contribuye a la formación de valores acorde a las normas y patrones establecidos, sin embargo, una mirada crítica a los medios de divulgación masiva, a la familia y a la escuela con todo su sistema educativo, nos remite a plantear que estos continúan transmitiendo estereotipos que refuerzan en alguna medida las desigualdades entre los géneros.

Las investigaciones relacionadas con el sexismo en la escuela, estuvieron un poco ignoradas por parte de la sociología de la educación, ya que no se tenía en cuenta la problemática acerca de la desigualdad sexual, y hasta los años 70 se consideraba a la escuela como la mejor manera de garantizar la igualdad de oportunidades, porque permitía que cada individuo llegara a alcanzar el nivel de estudio que se correspondiera con sus capacidades y méritos y no es hasta los ochenta que se le dedica mayor atención a estos estudios.

Con la formulación a partir de los años ochenta del siglo pasado, del concepto de Coeducación, se abre una nueva perspectiva didáctica que está a favor de una educación igual para ambos sexos, donde se critica y se rompe con el proceso de asimilación sexista de género realizada en la escuela, cuyo propósito es que estén presentes en las aulas modelos culturales iguales para todos/ as donde se de la integración.

La coeducación debe ser entendida entonces como “una intervención especial que fomenta valores, actitudes, modelos culturales y capacidades que contribuyan al auténtico desarrollo integral de mujeres y hombres sobre la base del reconocimiento de dos sexos no enfrentados: equidad sobre la base de las diferencias.”6

Esta intervención tiene que ver con la coexistencia de determinadas actitudes y valores, que han sido socioculturalmente construidos y legitimados como modelos masculino-femenino, para que sean aceptados y asumidos de manera autónoma y responsable.

Desde esta perspectiva, a este tipo de escuela puede acceder cualquier persona, independientemente de su sexo.

De esta manera debe trabajarse para alcanzar una escuela coeducativa, puesto que esta se proyecta por la eliminación de prácticas androcéntricas, sexistas y discriminatorias, por la crítica al androcentrismo del currículum, explícito e implícito, y hacia una acción positiva en lo que respecta a la presencia de las mujeres en el sistema educativo, ya que la escuela históricamente ha contribuido a reproducir las desigualdades de género.

“Para que la escuela deje de ser transmisora de desigualdad es necesario que cambie la cultura que transmite, tanto en su forma escrita y oral como en los valores y las prácticas que circulan a través del sistema educativo y que a menudo sólo se hacen patentes a través del análisis del currículum oculto. Pero la desigualdad, en un sistema educativo unificado, es ignorada, de modo que en esta etapa es necesario poner en marcha una serie de medidas que desvelen esta desigualdad y que inicien su corrección.”7 Esto significa , que hay que tener en cuenta que el pasar a una educación no sexista implica un cambio de mentalidad que en estos momentos está lejos de alcanzar en toda la sociedad, que sigue transmitiendo estereotipos sexistas.

En el caso de nuestro país, la voluntad política del estado está en cambiar la situación de la mujer, sin embargo, durante mucho tiempo se ha legitimado su posición de subordinación; a pesar de que legalmente se ha establecido la igualdad de oportunidades para ambos sexos, en nuestro sistema educativo aún se manifiestan prácticas discriminatorias, basadas en la desigualdad por sexo o género; todavía existe en la conciencia social e individual de las personas, valores, costumbres y actitudes sexistas heredades de la cultura patriarcal que perduran durante mucho tiempo, no se ha desmontado la construcción cultural, por lo que se debe trabajar con mayor celeridad para lograr un cambio cultural que está en la mentalidad, por ello es más difícil de desarraigar.

Teniendo en cuenta estos presupuestos teóricos nos hemos propuesto analizar cómo se pone de manifiesto el sexismo en el libro de texto de Filosofía y Sociedad I, de las carreras universitarias, donde se tuvo en cuenta el lenguaje escrito presente en el análisis de los contenidos.

Metodología y pautas para el análisis:

Para desarrollar este trabajo la unidad de análisis lo constituyen los capítulos I y II del Tomo I del libro de texto, objeto de esta modesta investigación, revisándose 163 páginas que abarcan el contenido expuesto en los mismos.

Siguiendo las pautas y la metodología para el análisis, como en este texto no aparecen personajes ni ilustraciones, se tuvo en cuenta la cantidad de personas con nombre propio, cantidad de mujeres y hombres con nombre propio, la frecuencia o regularidad con que aparecen mencionadas las palabra hombre y mujer, cantidad de mujeres y hombres que se dedican a las actividades intelectuales, así como la importancia que se le atribuye a la presencia de la mujer en la producción del conocimiento filosófico, para constatar cómo se usan los géneros.

El lenguaje como el conjunto de signos a través del cual podemos expresar lo que vemos, sentimos y pensamos, se adquiere culturalmente, en la interacción que establecemos con el medio, a través de él interiorizamos los valores, incorporamos los modelos genéricos que reconocemos como propios, se aprehende mediante la interacción humana en el proceso de socialización, por tanto, al igual que el género es también una construcción sociocultural.

Con ayuda del lenguaje nombramos la realidad, pero al mismo tiempo la reflejamos y transformamos, la lengua ofrece muchas posibilidades para describir esa realidad y para expresar nuestros pensamientos, las mujeres en este proceso de transformación del mundo que nos rodea han desempeñado un papel importante y decisivo en la historia al igual que los hombres, sin embargo cuando se hacen los análisis en los contenidos del texto, esto queda relegado a un segundo plano y se les sitúa en una posición de subordinación respecto a los hombres.

Análisis de los resultados:

De manera general pudieron cuantificarse 69 personas que aparecen mencionadas con nombres propios; en el caso del análisis del indicador que refiere la cantidad de mujeres y hombres mencionadas/os con nombre propio, se pudo comprobar que existen 2 mujeres que se mencionan con nombre propio, para el 0,028%, mientras que hay 67 hombres que se mencionan con nombres propios; lo que representa el 33,5%, quiere decir que existe un tratamiento sexista de los contenidos donde se invisibiliza a la mujer por exclusión.

En relación con el indicador referido a la frecuencia con que aparecen mencionadas las palabras hombre y mujer se pudo constatar, que 183 veces aparece mencionada la palabra hombre y ninguna la palabra mujer, es decir, que en este caso existe una invisibilización de la mujer por omisión, reconociéndose de esta manera que sólo el hombre es el enriquecedor del pensamiento marxista, por lo tanto existe una visión androcéntrica en el análisis de los contenidos que son expuestos.

Por otra parte, con respecto al indicador que mide la cantidad de hombres y mujeres que se dedican a la actividad intelectual, se constató que 181 hombres se dedican a las actividades intelectuales representando el 98,9% y sólo 2 mujeres, están dedicadas a este tipo de actividad, para el 0,01%. En este caso, en el texto se reproduce un mundo en el que la mayoría de los hombres son los que realizan las actividades intelectuales, existiendo una desigualdad entre la cantidad de mujeres y hombres en estas labores, desde esta mirada se aprecia que en este sentido, se refuerza el mito de que las mujeres son menos inteligentes que los hombres, a quienes se les considera como más capaces, minimizándose los aportes de las mujeres en esta esfera.

Se habla de la actividad que desarrollan los hombres; de cómo el hombre es portador de extraordinarias potencialidades; de la relación que establece el hombre con el mundo, entre otras tantas veces que se menciona la palabra hombre, sin tenerse en cuenta a nuestro juicio, que también la mujer realiza múltiples actividades que son importantes en la sociedad, que al igual que el hombre establece una relación activa y multifacética con el mundo circundante, en fin que ella de la misma forma, posee extraordinarias potencialidades que le permiten desempeñar un papel protagónico en la producción del conocimiento filosófico. Aquí los contenidos están tratados por lo general desde lo masculino, como protagonistas absolutos de descubrimientos científicos, de la producción del conocimiento científico, como creador de la cultura material y espiritual de los pueblos, etc.

Detrás de la palabra hombre no se sabe si se está incluyendo a las mujeres. Si es así, éstas quedan invisibilizadas, por el contrario, quedan excluidas.

Sucede que, al revisar el texto es evidente el sexismo que emerge en el análisis de sus contenidos, que están marcados por un fuerte androcentrismo, existiendo un uso sexista del lenguaje, al prestársele mayor dedicación al género masculino, lo que nos permite determinar la presencia de contenidos discriminatorios y sexistas.

En el análisis del texto se pudo constatar que como nos desenvolvemos en un medio y en una cultura eminentemente sexista y androcentrista, no se aprecia un reconocimiento en su justa medida del valor social de las capacidades y potencialidades que le son inherentes a las mujeres, y se les atribuye un papel de inferiorización, secundario y dependiente. Por medio del lenguaje está reflejada la desigualdad de género, al no tenerse en cuenta las transformaciones experimentadas por las mujeres, así como el papel que vienen desempeñando en la sociedad y los mensajes que se transmiten las siguen situando en una posición subordinada respecto a los hombres.

Existe un uso sexista y androcéntrico del lenguaje como una forma de legitimar la superioridad masculina sobre la femenina y de reforzar lo que históricamente ha sido construido por la cultura patriarcal: los estereotipos de género, puesto que en el texto los contenidos se refieren mayormente al sexo masculino, mientras que las mujeres se les mantiene apartadas e invisibles o se les ve en un segundo plano respecto a su papel como sujeto del conocimiento científico.

A pesar de ello, muchas veces no se visibilizan las prácticas de desigualdades sexistas de las que somos objeto las mujeres en el sistema educacional.

Conclusiones:

  • El sexismo es una práctica discriminatoria que se convierte en una práctica genérica y se realiza consciente o inconscientemente, como resultado de la cultura patriarcal que hemos heredado.
  • Es necesario introducir el enfoque de género en los libros de texto y en los programas, puesto que éstos no transversalizan el género.
  • Las diferencias que la educación sexista, atribuye a cada sexo no son naturales, sino que se han ido construyendo a través de la historia por los valores, los hábitos y las costumbres de cada sociedad.
  • Es necesario reconocer el protagonismo y participación que en todos los ámbitos hemos logrado las mujeres, lo que debe estar reflejado en los textos que se editan para la educación superior.
  • A pesar de las transformaciones que se han venido llevando a cabo en la sociedad cubana, sigue existiendo una estructura patriarcal, la escuela por medio del currículo explícito y el oculto continúa perpetuando los estereotipos de género, aunque esto ha evolucionado, coexistiendo nuevos valores y modelos de comportamiento.
  • Resulta necesario que todo el personal docente adquiera conciencia del papel transformador que le corresponde en la escuela, para que pueda identificar los sesgos sexistas y discriminatorios en la educación que se transmite.
  • El sexismo se consolida y reproduce en la escuela mediante varias vías: la organización escolar, el lenguaje, los libros de texto, programas, etc.
  • Queda demostrando que en las aulas aún se transmiten contenidos curriculares androcéntricos, estableciéndose en la sociedad, valores, actitudes y expectativas diferentes para varones y hembras, sin tenerse en cuenta los aportes de las féminas, ni sus experiencias; éstas son educadas en las normas y valores tradicionales.
  • Nos hemos convertido en trasmisores de modelos culturales que se nos han impuesto desde el patriarcado, quien no ha estado interesado en que las mujeres accedamos al conocimiento, ya que esto implica las posibilidades de acceso a las herramientas que nos permiten librarnos de ese orden social, porque este acceso está relacionado con la temática de poder y conocimiento es poder.

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  • Vasallo Norma: “El Género: un análisis de la “naturalización” de las desigualdades. Artículo.

___________________
1Marcela Lagarde: “La Multidimensionalidad del Género. Artículo. Pág. 2
2 Vasallo Norma: “El Género: un análisis de la “naturalización” de las desigualdades. Artículo, pág. 10
3Lamas Marta: La perspectiva de género, en Revista de Educación y Cultura. Sección 47, pág. 12
4Bombino Yenisei: El sexismo. Modelos femenino y masculino en el libro de texto de Español-Literatura 9no grado, en Segunda Parte de Selección de Lecturas de Género pág. 192
5Proveyer, C: Cultura patriarcal y socialización de género. Claves para la socialización de género, en Selección de Género. Pág. 57
6Bombino, Yenisei: El sexismo. Modelos femenino y masculino en el libro de texto de Español-Literatura 9no grado, en Selección de Lecturas de Género. Segunda Parte pág. 193
7 Subirat, Marina: La educación de las mujeres: de la marginalidad a la coeducación, propuestas para una metodología de cambio educativo, en Sociología de la Educación, pág. 311

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Reinoso Castillo Isabel. (2007, mayo 1). El sexismo en el libro de texto de filosofía y sociedad. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/el-sexismo-en-el-libro-de-texto-de-filosofia-y-sociedad/
Reinoso Castillo, Isabel. "El sexismo en el libro de texto de filosofía y sociedad". GestioPolis. 1 mayo 2007. Web. <https://www.gestiopolis.com/el-sexismo-en-el-libro-de-texto-de-filosofia-y-sociedad/>.
Reinoso Castillo, Isabel. "El sexismo en el libro de texto de filosofía y sociedad". GestioPolis. mayo 1, 2007. Consultado el 20 de Agosto de 2018. https://www.gestiopolis.com/el-sexismo-en-el-libro-de-texto-de-filosofia-y-sociedad/.
Reinoso Castillo, Isabel. El sexismo en el libro de texto de filosofía y sociedad [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/el-sexismo-en-el-libro-de-texto-de-filosofia-y-sociedad/> [Citado el 20 de Agosto de 2018].
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