El devenir contable y la historia del capital

EL DEVENIR CONTABLE: UN INCESANTE
PASO POR LA HISTORIA DEL CAPITAL
Guillermo León Martínez Pino
H. Poicaré, en su texto El valor de las ciencias, escribe “La única realidad objetiva son las relaciones entre las
cosas de las cuales resulta la armonía universal”. Además: “Todo lo que no es pensamiento
es la nada absoluta”. Y finalmente: “El pensamiento no es sino un relámpago lo es todo. (...)
Una teoría divierte; dos teorías pueden pasar. Mil teorías, construidas todas según el mismo
modelo, dan náuseas.
¿Estamos más adelantados después de repetir mil veces lo mínimo, no cambiando sino las palabras? (...)La
ciencia no tiene sino una excusa para su desesperante monotonía: la de servir para algo”.
Resumen
Con frecuencia se dice que sin el conocimiento de la historia, no se puede tener la
suficiente comprensión del estado del arte de una disciplina. Sin pretender tener la manía
por oscultar los orígenes primigenios del fenómeno contable, este trabajo tiene la
intencionalidad de ser un recurso metodológico desde el cual se entregue una visión
reconstructiva de las variables del devenir económico, político y social, su vinculación
con el desarrollo de la economía de empresa y el influjo en la construcción de la práctica
y disciplina contables, en tanto, ciertamente las tradiciones que conforman las escuelas
contables definen las investigaciones posteriores. La secuencia de estas ocurrencias
está condicionada por el acontecimiento adquirido en el momento de su aparición y por
las formas de pensamiento de las culturas en que surgen y se desarrollan.
1.- Presentación
Inevitablemente, la Contabilidad como cualquier otro campo disciplinar- al
enfocar la realidad, la delimita y la moldea para constituir su objeto de
conocimiento, con lo cual se obtiene una imagen, una forma de representación y,
porqué no, una forma específica de concepción del mundo. En esta trama
interpretativa y en esta adhesión a un cuerpo teórico, se establece una actitud,
que sirve a los contables para desarrollar su práctica o aproximación científica,
desde los trampolines y criterios que han surtido y alimentado una tradición, que
obviamente ha tenido que traspasar varios mojones y obstáculos para su
paulatina perfectibilidad.
Fortunosamente, en este proceso lento pero creciente no ha existido
uniformidad y homogeneidad y, por el contrario, coexisten dispersamente
teóricos con muy diversos intereses, inclinaciones e incluso posturas ideológicas.
Aún cuando, es dispendiosa la revisión de estas múltiples concepciones sobre
lo contable, lo cierto es que, la reconstrucción de la historia de la contabilidad
como disciplina, permite y permitirá deshilar un apretado tejido de confusiones e
incertidumbres para, finalmente, fundamentar sobre esas consideraciones una
reflexión que posibilite trazar una línea específica de trabajo que implique unos
desarrollos menos instrumentales y más desde la reflexión de lo epistemológico.
La intensión de este trabajo es entretejer problemáticas relativamente diversas,
teniendo en cuenta que en términos históricos, pueden construirse multiplicidad
de interpretaciones, que tan solo se pueden inferir por algunas constantes que
articulan y reconocen los procesos y actores que interactuaron como agentes
transformadores de esa realidad.
2.- El Ocaso del Sistema Feudal y los Orígenes Primigenios de
la Economía de Empresa
Cada instante del transcurrir histórico, marca su impronta en la forma como se
objetivan los desarrollos materiales y espirituales; en cuyo corpus, se encuentra
abigarrada la contradicción entre la vida y la muerte, como manifestación
dialéctica entre lo nuevo que nace y lo viejo que se resiste a comprender su
ocaso.
Por otra parte, todo nuevo estadio histórico, en su momento abre brechas de
progreso y desarrollo superiores a su referente antecesor. Estos logros que
secuencialmente obtiene el hombre en el curso de la vida, a su vez delinean el
sendero de la historia y precisan de unas características que definen el rol de
2
cada una de esas etapas, en cuyo interior interactúan un cúmulo de relaciones y
prácticas que modelan la forma de conciencia social.
El sistema Feudal, debe entonces, entenderse en esta dimensión histórico-
dialéctica, de acceso a posibilidades y alternativas que superaron el sistema
anterior; lo cual es perfectamente razonable si se parte del reconocimiento que el
hombre crece social y culturalmente, en la medida en que tiene referentes de
progreso que constituyan verdaderos retos para la superación de las
precariedades del acontecer histórico.
Pero también, como es obvio cada sistema lleva implícitas sus propias
contradicciones; la emergencia de nuevas necesidades y alternativas y los
mecanismos para construir satisfactores sociales a esas disyuntivas. Si un
sistema no abre la brecha para construir un horizonte abierto, que de respuesta
a esas esperanzas de progreso, se convulsiona el entramado y el orden social
tiende a colapsar.
En ese proceso de permanente mutación, el hombre va moldeando formas
innovativas que desde lo económico y lo político redefinan su quehacer
transformador. Esta obra de reingeniería camina de la mano con el tiempo, por
ejemplo: En la cultura Griega, el centro económico y político fue la ciudad. En el
imperio Romano, la ciudad se constituyó en el eje por excelencia de la expresión
política, con un desdén por lo económico. Durante el Feudalismo, gran parte de
su transcurrir económico fue subsumido a las relaciones productivas del campo.
El advenimiento de las relaciones capitalistas, convierte nuevamente a las
ciudades en los nichos de producción y de las grandes decisiones políticas.
El sistema Feudal, cuya irrupción se remonta hacia el siglo VII, tiene su
momento convulsionado hacia los siglos XIV y XV, lapso en el cual se reflejan los
principales síntomas de su decadencia y de radicalización de las fuerzas
antagónicas en pugna. Ya en el siglo XIV, se encuentra que los métodos de
producción feudal, van siendo sustituidos por formas de operación capitalistas,
no solo en las ciudades sino también en el campo. De modo escalonado, el
comerciante se apodera de las nuevas figuras de relacionamiento comercial: El
mercado, el dinero, la mercancía, los precios que, posteriormente se constituirán
3
en categorías económicas, analizadas suficientemente por los teóricos liberales
y, sus contradictores Marxistas.
2.1. Medioevo: No todo es Oscuridad
La edad media, entonces, no debe ser entendida como el transcurrir oscuro,
homogéneo, simétrico y sin ciertos destellos fulgurantes de creatividad que
llevaron a la humanidad a sentar las bases del ulterior desarrollo del reino de la
“ilustración”. Concepciones metodológicas para hallar una visión de lo filosófico,
donde utilizaron procesos como la summa, que ya manejaban los rabinos: de dos
verdades, la mejor es la tercera. O sea, cuando un concepto se encuentra con otro, en
lugar de rechazarse, se enriquece” (Angel,1999:3), manifiestan cualitativamente
cómo de manera paulatina la historia avanza en el proceso de mutación del
estadio del mitos hacia el estadio del logos, logrando demarcar una ruptura y
un cambio de paradigma en las formas de ver el progreso y el desarrollo de la
sociedad.
Dentro de todos los disímiles trazos históricos que comporta la edad media, el
siglo XII, se caracteriza por marcar el primer periplo diferencial y libre de este
estadio del devenir social. Occidente se despierta de ese largo sueño de
oscuridad, renace la economía, se reconstituye el régimen urbano, las
costumbres se refinan y; los poderes reales luchan contra los poderes religiosos
avizorando el advenimiento de un mundo más secular. Son los fermentos de
una nueva concepción ontológica que tendría su objetivación en el periodo de la
ilustración. La explicación de su génesis, es muy compleja y está atravesada por
múltiples factores; por una parte, no está centrada como en los grandes imperios
por la monarquía absolutista, su florecimiento también obedece al influjo e
impulso de condiciones externas y espontaneidades internas. Como lo expresa
Antonio Caballero al referirse a este período,
“crecían los centros urbanos, se desarrollaba el comercio, surgían las universidades
(Bolonia, Padua, París, Oxford, son todas de mediados del siglo XII); el ambicioso estilo
gótico empezaba a sustituir al modesto romántico; nacían en Provenza, en Toscana, en
Castilla la Vieja, las literaturas en lenguaje vulgar: francés, italiano, español. Aparecía
4
efectivamente un nuevo mundo. Y por su manejo pugnaban, cada cual con sus medios
respectivos, Papas y Emperadores”. (Caballero, 2000:27-28).
La contabilidad como práctica reguladora de las relaciones comerciales, solo
aparece embrionariamente en la edad media y, en concreto en el siglo XII;
precisamente en una sociedad de intercambios limitados, en un marco dominado
todavía por una economía señorial constituida aún como la antípoda de la
economía de intercambio. Pero las categorías económicas vr.gr.: economía de
intercambio, por si solas, son incapaces de dar explicación al desarrollo de lo
contable; se requiere para ello, sin prejuicio de abocar el análisis de estas
categorías; recabar sobre el devenir de la historia social pero sobre todo de la
historia política. En este sentido, puede decirse, que el desarrollo vertiginoso del
quehacer contable, estuvo unido correlativamente a la formación y primer
ascenso de la burguesía, es decir, a una civilización burguesa y urbana en la
que se concibe un nuevo espíritu de empresa y una nueva organización de los
negocios. Y, si se quiere penetrar en una explicación más pormenorizada del
asunto, es procedente relacionarlo con las transformaciones políticas
promovidas por esta civilización burguesa y urbana.
La contabilidad, entonces, toma cuerpo como una práctica del mundo de los
negocios, cuando se dan las condiciones, ausentes hasta entonces, para que el
sujeto de las relaciones comerciales se convierta en clase política activa con
capacidad de ejercer influencia decisiva sobre la regulación de aquellas
relaciones empresariales que adquieren de suyo otra dimensionalidad. Los
albores de estos cambios, empiezan a perfilarse hacia los siglos XI y XII,
verdaderos mojones de la crisis del sistema feudal, en el orden de lo político y en
el declinar de la economía señorial. Esta crisis interna que comporta las
relaciones feudales, desbroza el camino para la pervivencia no solo de la
iniciativa económica, sino también de nuevas formas de relacionamiento político,
jamás conocidas hasta entonces.
Por el contrario el siglo XIV por todo lo que comportó, se le considera el “otoño de la
edad media”. El continente Europeo dominado por el cristianismo, es descrito
magistralmente por Antonio Caballero, como el siglo donde “Galoparon sobre el
continente los temidos Cuatro Jinetes anunciados en el Apocalipsis de San Juan: el
hambre la guerra, la peste. Y la Justicia Divina, que es ese cuarto jinete que en la
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enumeración todos olvidamos siempre, porque no se ha visto nunca” (Caballero,
2000:45).
2.1.1. Las Ciudades Medievales como Sustitutas del Poder del Estado
En algunas regiones Europeas, pero con mayor singularidad en Italia, al viejo
régimen Romano vertical e imperial de concentración de poder, le subyace el
poder económico como elemento constructor y cohesionador del régimen
urbano. Es en este marco donde la ciudad adquiere una dimensión sustantiva,
como eje del desarrollo del comercio y como fracturador de las costumbres y
concepciones feudales y señoriales. Las ciudades, son entonces un reducto o
nicho de libertad, donde empiezan a cocinarse los nuevos imaginarios; a
redefinirse la estratificación social, con el aparecimiento de los artesanos y
mercaderes; que tienen su lugar de encuentro en las ciudades, constituidas en
mediatizadoras de la interacción del florecimiento comercial.
“No carece de importancia el hecho de que la contabilidad surgiera al finalizar el siglo
XV, ni que la cuna fuera una de las repúblicas Italianas. Todos conocemos el maravilloso
despertar de esa época y básicamente la expansión inesperada que tuvo el comercio.
Sieveking, uno de los pocos historiadores que ha hecho énfasis sobre este aspecto,
afirma que la contabilidad surgió como un resultado directo de la creación en gran escala
de las sociedades mercantiles, que era un corolario de la expansión mercantil” (Hatfield,
1979:11).
Con la constitución de las ciudades - estados, se generan sustanciales
cambios en el sistema de comercio y de producción. A la par se producen
importantes transformaciones en lo cultural: En la percepción que el hombre
elabora del mundo extrasubjetivo; en una mayor autonomía del ser; en la
construcción de una ontología mas liberada de prejuicios extramundanos; en fin,
en la posibilidad de relativizar la explicación de los fenómenos abstractos de la
realidad. Tal como lo plantea Antonio Caballero En esa Italia del siglo XV en la
que, por primera vez desde la caída del imperio romano, hubo hombres capaces de leer
sin mover los labios, la lectura no era un pecado contra el espíritu. El hombre se había
librado de la tiranía de Dios” (Caballero, 2000:58).
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Y, más adelante al referirse a este periplo de lucidez argumenta:
“El Renacimiento fue una revolución cultural que lo impregnó todo, porque constituía
una revolución de las mentalidades: las artes, las ciencias, las técnicas, la filosofía, las
costumbres, las relaciones sociales, la política”...”El renacimiento fue el triunfo (siempre
precario) de la razón en la libertad sobre la revelación vigilada por la Iglesia. El triunfo de
la voluntad humana sobre el mandato divino” (Caballero, 2000:59).
.
Esa mutación obedece a la centralidad que adquiere la naturaleza, como
referente para hallar en ella los argumentos para construir una explicación
racional y material a los acertijos, incógnitas, incertidumbre e incongruencias de
un mundo complejo y cada vez mas insinuante para ser pensado desde lo
novedoso, no desde la estaticidad y de la concepción Parmenídea de la
inmutabilidad del ser.
2.1.2. Aportes del Medioevo a la Contabilidad
El concurso que brinda la edad media al desarrollo de la contabilidad, es de
gran importancia. Se empiezan a consolidar las primeras bases empíricas, que
fundamentarán posteriormente el objeto real de la contabilidad, esto es, la
mediación simbológica de las transacciones comerciales que objetivan el estado
situacional del patrimonio del ente económico. Gracias a la práctica del hacer,
desprovista de elaboraciones teóricas rigurosas, se crean las condiciones para
la emergencia de estructuras metodológicas de registro como la partida simple y
posteriormente la partida doble, que revolucionará la estructura lógica de la
contabilidad y será factor catalizador excepcional del desarrollo de las
estructuras empresariales y económicas de la sociedad moderna. Debe además,
considerarse que la empresa desarrolla formas estructurales para su
operatividad, donde la contabilidad por partida doble ocupa un lugar de
excepcionalidad. De hecho, algunos estudiosos han llegado a atribuirle la mayor
influencia en el auge del capitalismo a los desarrollos que obtuvo la
contabilidad1.
1 Véase B.S. Yamey, “La Ciencia de la Contabilidad en el Desarrollo del Capitalismo”. En: Revista
Historia Económica, vol. I. No. 2-3. Londres 1949, pags. 99-113.
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Por fuera de cualquier consideración conceptual, que dadas las circunstancias
históricas la contabilidad no estaba obligada a poseer, lo cierto es que, esta
época comporta los fermentos que habrán de configurar los procedimientos y
métodos que darán respuesta a los requerimientos cada vez más complejos de
una sociedad en permanente mutación e innovación.
Por otra parte, en este entramado lo contable adquiere “ciudadanía social”, por
lo menos como garante de los asuntos atinentes a la verificabilidad registracional
de una economía aún rudimentaria, basada en lo fundamental en relaciones de
tipo comercial. También en la edad media, se crearon y perfeccionaron
instituciones como la sociedad colectiva; la letra de cambio; los registros
comerciales; la utilización de las razones sociales que definen las personerías
jurídicas de los entes contables; los contratos de comisión, de transporte, de
seguro, de depósito; las operaciones bancarias de mayor envergadura, etc.
Durante este período, lo único que no hubo fue una aportación científica por
tratarse de una práctica esencialmente consuetudinaria, creada y aplicada por la
dinámica comercial, esta circunstancia menestral, retrasó históricamente los
avances y la progresión disciplinar de lo contable, aunque le aportó materiales y
elementos de inestimable valor para su cualificación ulterior.
2.2. Antecedentes de la Economía de Empresa
2.2.1. Los Mercaderes y Artesanos, como Fracturadores del Orden
Establecido
Hacia los inicios de la alta edad media, la antigua clase mercantil se había
erosionado en los propios albores del feudalismo, en virtud a la falta de rutas
comerciales y al indudable dominio del Islam en el Mediterráneo y de los
Normandos en los mares del norte, cuya influencia hegemónica marcó el
desaparecimiento de la circulación y la movilidad de recursos y con ello la clase
de comerciantes y la población urbana. Durante toda la alta edad media, la vida
económica se circunscribe a la producción feudal; es decir, la explotación del
agro y los productos del trabajo se constituyen en satisfactores del consumo
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directo. El renacer del tráfico Europeo, el aparecimiento embrionario de una
nueva clase de mercaderes, con personalidad política y carta de ciudadanía, se
explica por la apertura de las vías y rutas comerciales, que fracturan lenta pero
paulatinamente la economía insular y rudimentaria de la sociedad feudal. Esta
nueva clase de mercaderes, dirige y direcciona el desarrollo económico y se
sustenta en una organización comunal que se asienta en una sociedad urbana
con expresión política, donde coexisten - especialmente en Italia - con la
nobleza feudal y con una masa cada vez más creciente de trabajadores
manuales que, de forma paulatina, se transforman en artesanos libres de las
amarras serviles.
Este sistema económico en emergencia, gravita sobre dos vectores: El taller del
artesano y el almacén del comerciante, que se constituye en mediatizador de la
acumulación del capital. En la ciudad medieval, nacen los fermentos y rasgos
más característicos, que serán propios del sistema capitalista contemporáneo;
pero que no logran su plena materialización en la dimensión político
económica, por la autoridad reservada al imperio y a la iglesia, constituidas
ambas estructuras en sustentadoras del statu quo, que se resiste a la
transformación de una sociedad que se abre paso movilizando energías y
exigiendo nuevos espacios para su realización material y espiritual.
2.2.2. El Desarrollo Comercial y los Fermentos de la Cualificación
Contable
Ante la carencia, de una autoridad que representare la nueva institucionalidad,
las ciudades fueron paulatinamente asumiendo el rol y las funciones económico -
sociales que son reservadas con exclusividad al Estado; sin desconocer,
además, que esa nueva configuración de poder, se organiza con fines
eminentemente de negocios. Durante esta época, el desarrollo del comercio dotó
a las ciudades Italianas de ciertas ventajas comparativas, en términos de
instrumentalización de lo contable: Pisa, Génova y Venecia, fueron, en su orden,
desde el punto de vista económico las ciudades de mayor influjo comercial, con
lo cual, de forma coetánea la contabilidad precisa de ser recontextualizada y
reconceptualizada, para dar respuesta a los nuevos escenarios de negocios.
Estas transformaciones producen profundos cambios de concepción; en el
trabajo, en el saber, en la técnica, en la cultura y en las formas de representación
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y organización social y empresarial; por ejemplo, es en este tramo, donde se
desarrolla la “commenda”2 y surgen en su sentido moderno, instituciones y
figuras representativas para la contabilidad, como las sociedad colectiva y la
comanditaria; la letra de cambio, una concepción diferente sobre la banca, los
libros de contabilidad, nuevas formas de registro de la información económica, la
teoría de las cuentas3, y se afirma la unidad jurídica del ente comercial, para el
caso de la contabilidad, la entidad contable o el ente económico.
“Los complejos asuntos comerciales y financieros de los mercaderes venecianos
forzosamente condujeron a un sistema de documentación y archivo. A principios del siglo
XV Venecia empezó a usar la contabilidad por partida doble, pero el empleo de la
teneduría de libros precedió a los venecianos en otra parte de Italia. Los elementos de
partida doble fueron usados en el libro mayor de los banqueros en el año de mil
trescientos cuarenta (1340) y los libros de comerciantes y banqueros florentinos de esa
generación contenían esos elementos. Aquellos libros muestran hacia el año 1410 que la
función más importante del libro diario, fue servir de base al libro mayor. Se registran
todas las transacciones en el “memorial”, luego en el libro diario, antes de llevarlo al libro
mayor, así que “si por cualquier causa se pierde el libro mayor, por robo, fuego,
naufragio, etc. Puede por medio de este libro reconstruirse siempre el libro mayor, con
las mismas partidas día por día”(Rincon,1984:10).
No cabe duda, que estos referentes empíricos, colocan al descubierto la
importancia sustantiva que poseen los entornos en la modelación de estructuras
contables. La contabilidad, no tendría justificación práctica, sino en función de un
determinado marco entornal en donde encuentre su aplicación y verificabilidad.
La partida doble, por ejemplo, nacida en los estertores de la edad media, “es
producto de una época y se difunde rápidamente porque responde a los valores
imperantes en la misma. La óptica dual con que contempla una transacción, así como la
manera en que describe las notas esenciales presentes en todo hecho económico, se
identifican con la mentalidad del hombre de negocios. Pero, al mismo tiempo, la
utilización de la partida doble potencia esta visión organizada y organizadora de la
actividad mercantil” (Tua, s.f.:21).
2 La “commenda”, existió en la antigüedad, pero su real dimensión afloró en la edad media y consistía
básicamente, en la asociación de un capitalista anónimo con un comerciante que actuaba en su nombre,
hecho éste que le daba la garantía de reservarse parte de los beneficios del capitalista, dicho de otra
forma, era la simbiosis entre capital y trabajo.
3 Sobre este particular el Profesor J.M. Fernández Pirla, argumenta “La cuenta es una creación de la
contabilidad que tiene por objeto presentar y medir los procesos económicos, jurídicos y administrativos
que tienen lugar en el ámbito de la economía de la empresa en orden al conocimiento de la auténtica
realidad económica de ésta”. Para mayor claridad puede ser consultada su obra. Teoría Económica de la
Contabilidad. Ediciones ICE. Novena edición. España 1977, en sus capítulos III – IV - V.
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Así mismo, una vez institucionalizada una práctica como la contable, se
requieren herramientas para su reproducción social y, por esa razón, de forma
concomitante nacen una serie de instituciones formales, comprometidas no solo
con la operatividad y fortalecimiento del proceso empresarial, sino con la
apropiación y masificación de una estructura instruccional, que garantice la
pervivencia social espacio - temporal, de las prácticas y actividades conexas a la
entidad contable, esto es, la formación de agentes replicadores del modelo
contable de información, no de otra manera se puede explicar como en Venecia
funcionaba, “en aquel tiempo, integrado, un edificio para almacenamiento y venta de
mercancías, una bolsa de valores, un banco, un lugar de alojamiento. Esta institución era
también una escuela mercantil en donde estudiaba y se formaba la clase comercial y los
hijos de los burgueses alemanes venían a aprender gramática, cálculo, teneduría de
libros y práctica de los negocios”(Rincón, 1984:10).
Estos fenómenos, evidencian una relativa simetría correlacional entre el
sistema contable y el entorno socioeconómico donde este opera y, es
precisamente en esta relación necesaria donde empiezan a configurarse
conceptos como el de “entidad contable”, que con posterioridad connotará
diferentes acepciones, dependiendo de la lente con que sean observados y de
los intereses particulares o generales que representen. Así por ejemplo, para
Jorge Tua Pereda, “la contabilidad puede manejar muy diferentes definiciones de la
entidad o, más concretamente, de la empresa, desde las que conciben a esta última al
servicio exclusivo de los propietarios, hasta las que definen el marco de responsabilidad
social frente a todos los estamentos concurrentes e interesados en su actividad” (Tua,
s.f.:23). Quiérase o no, es imperativo aceptar que no solo este concepto, sino
muchos otros, que luego adquieren relevancia en lo normativo contable, son
acuñados en los albores propios del desarrollo del gran capital.
2.3. La Globalización: Una Aproximación para el Análisis a partir de las
Temporalidades Históricas Braudelianas
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El abordar el tema del origen de la globalización económica, plantea como
necesario rastrear, así sea en una muy apretada síntesis, como se organiza
modernamente la economía de empresa y cual la dinámica que proyecta
externamente, en especial en la conformación del mercado global.
Como bien lo plantea Braudel4, es indispensable situar el análisis de la vida
social desde diversos puntos de observación que involucren la espacialidad, la
temporalidad, los ordenes sociales y las jerarquías. Siguiendo la categoría
conceptual de la temporalidad, sugiere Braudel, considerar el devenir de la
historia en tres velocidades del tiempo: Un intervalo de corto plazo (tiempo de la
crónica y del periodismo); otro de mediano plazo, donde ocurre mutaciones
históricas a través de ciclos, movimientos y “ritmos lentos pero perceptibles” y;
una perspectiva de largo plazo la –longue durée en la cual el cambio ocurre
con “una cadencia más lenta que, en ocasiones, bordea la inercia” y en la cual
se estudian estructuras de vida social profundamente implantadas que perduran
a través de los siglos.
2.3.1. La Internacionalización del Comercio Medieval: Primera
Expresión de la “Globalización”
A partir de la perspectiva de la Longue durée el proceso de globalización
remonta sus orígenes a la Italia medieval, constituida en el centro del florecimiento
comercial. También en otras latitudes se focalizan polos importantes de desarrollo
mercantil, donde se precisa de la existencia de instituciones y organizaciones
semejantes, que objetivan la creación de las bases del sistema capitalista
contemporáneo. Por tan solo citar algunos ejemplos: Los Lombardos y los Judíos,
4 Fernad Braudel, miembro significativo de la escuela de Annales, plantea que en la historia existen
decenas y hasta centenas de tiempos diversos, una tentativa de clasificación de esta enorme
masa de temporalidades, son agrupadas por este autor bajo una triple esquematización del
tiempo: La corta duración, el coyuntural o tiempo medio y, el tiempo de las estructuras o
denominado de larga duración. Tres tiempos, que hacen referencia a realidades analizadas por las
ciencias sociales o por la historia. La temporalidad de corta duración, que se ocupa del ritmo del
acontecer cotidiano, del relato de la crónica y el periodismo, el tiempo de la historia episódica; la
temporalidad de mediano plazo, que aboca el análsis de las distintas coyunturas económicas,
políticas, culturales y sociales, en referencia a la recurrencia de fenómenos, eventos y
características de distintas generaciones humanas y; el tiempo de larga duración, que finalmente
se ocupa de procesos y estructuras de un recorrido superior a un siglo, en donde se analizan
realidades persistentes que hacen sentir efectivamente su presencia en el devenir de los procesos
humanos (Braudel,1984).
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monopolizaron el negocio de la banca en Europa; en los países latinos, al igual
que los germánicos e Inglaterra, se afirman las libertades de las ciudades y el
surgimiento de la burguesía que tiende a constituirse en una clase “para sí”, dueña
de su propio destino, sin amarras y ataduras que la condicionen.
Aparte de la Italia medieval, constituida en el centro del florecimiento
comercial, también en otras latitudes se focalizan polos importantes de desarrollo
mercantil, donde se precisa de la existencia de instituciones y organizaciones
semejantes, que objetivan la creación de las bases del sistema capitalista
contemporáneo. Por tan solo citar algunos ejemplos: Los Lombardos y los
Judíos, monopolizaron el negocio de la banca en Europa; el los países latinos, al
igual que los germánicos e Inglaterra, se afirman las libertades de las ciudades y
el surgimiento de la burguesía que tiende a constituirse en una clase “para sí”,
dueña de su propio destino, sin amarras y ataduras que la condicionen. Esto
explica, porqué esta nueva clase en emergencia se organiza corporativamente
en asociaciones de comerciantes profesionales, que acuerdan pactos que les
permiten rgenes de maniobra en un comercio que empieza a tener
dimensiones que sobrepasan las fronteras de lo estrictamente local o nacional;
se crean tribunales de ferias, tribunales de comercio terrestre y marítimo; etc.,
fenómenos que evidencian cambios sustanciales en la movilidad del capital y por
consiguiente la redefinición de los espacios de la mundialidad.
Prescindiendo del análisis político y religioso, la organización de las cruzadas
contribuyeron de manera decisiva a expandir el radio de acción del comercio
hacia el mundo oriental; de la misma manera, al margen de la civilización
europea, los judíos que casi monopolizan el negocio de la banca en Europa, al
igual, que los Árabes que coadyuvaron a dinamizar el comercio con los pueblos
del mediterráneo, fueron actores importantes para que germinara el poder
basado en el éxito de los negocios e hiciera aparecimiento el clima de la
especulación, en donde la “fabulosa magia del capitalismo” encuentra su
insospechada plataforma de lanzamiento.
Figurativamente, puede dibujarse el surgimiento de la nueva ética de los
negocios de la siguiente manera,
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“cuando William Shakespeare escribió El Mercader de Venecia logró unir la personalidad
capitalista y su ambiente en sus formas clásicas. De hecho, el perspicaz dramaturgo
centró su atención en la clave de las relaciones comerciales capitalistas: La santidad del
contrato. Cabe poner en tela de juicio que los judíos fueron los típicos mercaderes de
Venecia, pero en todo caso el autor unió dos reputaciones tradicionales: La de Venecia,
como más grande de los Estados mercantiles, y la del judío, como negociante
implacable” (Cox,1972:53).
Este panorama demarca claramente, que desde su imbricación en el
entramado de las relaciones económicas, el capitalismo como sistema albergaba
en su seno el irremediable afán de extender su influencia de economía de
mercado a todos los confines y convertirse en una fuerza de carácter planetario.
2.3.2. Los Entornos Cambiantes y el Correlato Contable
Siguiendo la línea de análisis propuesta, en donde los cambios
socioeconómicos determinan los avances contables, es procedente inferir que el
ejercicio y cualificación de los instrumentos de registro y manejo de la
información contable, aparece no como un requerimiento nacional de un Estado,
ni como un sistema uniforme elaborado por varios Estados; sino como un cuerpo
de costumbres y prácticas de una “clase social”: Los comerciantes, que
paulatinamente compartían unos referentes, en términos de mentalidad de
negocios, deseos y necesidades. Este tipo de “comunidades imaginadas”,
incluso de distintas nacionalidades van perfilando un nuevo quehacer contable,
que aún cuando limitado en su desarrollo conceptual, pretendía constituirse en
una herramienta para mejorar los sistemas operativos e instrumentales de
manejo de información empresarial.
Sin embargo, la evolución de lo contable no debe apreciarse con una visión
sincrónica del desarrollo mercantil, sino con una perspectiva diacrónica que
muestra la interacción de diferentes variables conjugadas en las relaciones
económicas de la época.
“No obstante, parece que existían diferentes sistemas operativos de acumular la
información obtenida. En esta época se dan posiblemente muchas prácticas contables
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por partida simple y algunos negocios ya llevan su contabilidad por partida doble, como
consecuencia directa de la evolución natural de la partida simple.
Ello demuestra que la contabilidad era una actividad dinámica que debía progresar en
la misma forma que progresaban o se complicaban las operaciones de las empresas y
las necesidades de información que requería el hombre. En otros términos, ya existe un
sujeto en el cual se genera la información, una persona que valúa, registra e informa, y
un usuario de esa información que la utiliza para determinar qué tiene, qué debe, y
cuánto gana en un periodo, convirtiéndose, por tanto, en una importante herramienta de
medición que permite calcular la rentabilidad de un negocio (Burbano,sf:17).
Hacia mediados del siglo XV, empiezan a percibirse las primeras
aproximaciones conceptuales, sobre la contabilidad, obras como “Della
Mercatura e del Mercante Perfecto”, escrita por Benedito Cotrugli Rangeo, hacia
1458; pero publicado hacia 1573, manifiestan que mucho antes de Paciolo ya
existían preocupaciones por darle una organicidad y sitematicidad a la
contabilidad, elementos estos que se constituyen en los primeros destellos de
para la construcción epistémica del saber contable, esto es, el inicio embrionario
de una mutación que permita “pasar de los estadios de mínimo conocimiento a los
estadios de conocimiento más riguroso”.
Como corolario, entonces se puede decir que, la práctica contable se ha
desarrollado en tres dimensiones fundamentales; una primera la dimensión
económico-social, una segunda dimensión histórica que recoge el legado
conceptual y; una tercera la dimensión epistemológica. Esta presentación
esquemática no supone una parcelación de cada una de las dimensionalidades;
al contrario, la concreción de los avances disciplinarios solo serán posibles
mediante la interacción de los factores enunciados, en donde el contexto de
justificación se corresponda con el contexto de descubrimiento.
No de otra manera se puede explicar, que sea en Italia y no en otra región,
donde aparecen las primeras escuelas del pensamiento contable, llamadas
“escuelas de la práctica”; como la Veneciana, la Genovesa y la Florentina, que
construyeron y se constituyeron en los primeros referentes artesanales que
sirvieron de preámbulo y fundamento a las elaboraciones conceptuales que
sobre la contabilidad se desarrollaron especialmente en el siglo XIX, con las
15
escuelas de Fabio Besta, con su doctrina económica sobre la contabilidad y;
Giuseppe Cerboni, representante de la escuela jurídica de la contabilidad y
creador de la logismografía.
La contabilidad, entonces empieza a dar respuestas a los hechos económicos,
que se suceden en estas nuevas configuraciones empresariales. Este acaecer y
la dinámica de la evolución contable, responde a ciertos parámetros históricos,
que en esencia pueden sintetizarse de la siguiente forma:
La existencia de actividades económicas y su objetivación orgánica en
formas de representación empresarial, constituyen condición sine quanon para el
desarrollo de la contabilidad y para la construcción de una memoria registral de
los hechos económicos.
La emergencia de las “comunidades imaginadas”, surgidas de una
permanente lucha por el progreso de la humanidad, determinan
concomitantemente la satisfacción social de nuevas necesidades, dentro de las
cuales se halla el impostergable registro de la información económica, en donde
la contabilidad juega un papel cardinal.
La destrucción del mundo mítico y la sustitución por uno secular, reforma la
estructura del pensamiento, se elabora un nuevo esquema del conocimiento, con
una metodología fundada en la observación y la experimentación. La
contabilidad, como práctica de registro de la información, por supuesto no
escapa a esta influencia, de allí la inquietud por su interpretación, más allá de un
simple ejercicio operativo.
Partiendo de estos supuestos, se puede argumentar que el progreso
económico moldeó y aún sigue moldeando la contabilidad; primero, como
técnica del registro y de las cuentas; luego, como un campo disciplinar que
desde el análisis positivista, de las ciencias empíricas, pretendió hallar la
conexidad entre la contabilidad como instrumento de concreción de la teoría
económica, fundamentalmente en los avances conceptuales logrados por Fabio
Besta, en su obra “La Ragioneria”, en donde postula “el principio básico de que en
contabilidad no interesa tanto la consideración del aspecto jurídico, es decir, los
16
derechos en sentido estricto, como la consideración de los hechos, esto es, la
concreción real de los derechos. De nada nos sirve dice Besta - en el orden
genuinamente contable el goce de un derecho de crédito si este no puede hacerse
efectivo, ni un derecho real de propiedad si el objeto ha
desaparecido(Fernández,1977:30), y por último, un campo disciplinar normativo
positivista, que pretende dar respuesta a la sociedad de la información a partir
de uniformar el modelo contable internacional.
2.3.3 El Comercio y las Relaciones Mercantiles: Fermentos del
Desarrollo del Capital y de la Cohesión de lo Contable
La historia de la profesión contable, así como el desarrollo de la contabilidad
como disciplina, han estado invariablemente asociadas a las transformaciones
del sistema capitalista de producción. Es en la ruptura del orden feudal, donde
se crean los fermentos para el surgimiento de una profesión que como la
contable, cumpla el papel de instrumento de control social de los excedentes de
las organizaciones, al igual que incida de manera preponderante en el
perfeccionamiento de las herramientas que den soporte y cierta objetividad y
comprobabilidad a los informes requeridos por los nuevos usuarios de
información, que paulatina y concomitantemente van apareciendo con el devenir
societal, ha sido la empresa misma quien, en su desarrollo, ha servido de motor a la
evolución de la contabilidad; la empresa considerada a la vez en sus aspectos jurídico,
económico, social y de organización” (Vlaemminck, 1991:107).
Por otra parte, es la empresa capitalista la que crea las condiciones objetivas y
subjetivas, para empezar a hablar de la contabilidad como una disciplina que
entrega respuestas, en términos de medición de la información económica, de
las diferentes unidades involucradas en el desarrollo del sistema capitalista de
producción. En un primer estadio, como factor coadyuvante y propulsor del
desarrollo mercantil; posteriormente como impulsora de la revolución industrial y;
finalmente como herramienta y soporte fundamental de la sociedad del capital
financiero. El profesor Fernandez Pirla, argumenta refiriéndose a este aspecto:
“La contabilidad como disciplina científica, aparece, pues, vinculada al campo de las
ciencias económicas, y, más concretamente, en su desarrollo actual, al de la economía
17
de la empresa, aunque sería erróneo afirmar que la contabilidad es economía.
Considerada la contabilidad como ciencia económica cuyo objeto material es la
economía de la empresa, su objeto formal, al que debe su unidad y autonomía científica,
sería la representación auténtica y la medida de la realidad económica, utilizando para
ello una adecuada técnica, apoyada en principios materiales y estadísticos
(Fernández,1977:21).
La contabilidad, como herramienta simbológica y como fenómeno semiótico de
representación del transcurrir económico; mediatizador comunicacional de los
valores de cambio de las organizaciones, irá paulatinamente perfilando y
atemperando su accionar a las presiones del mundo cambiante y a los influjos
de las estructuras internacionales de poder económico empresarial; cuyos
postulados pragmáticos generalmente son adoptados por las normatividades de
los diferentes Estados receptores de la influencia global del mundo capitalista.
Aún cuando la sistematización, organización y cohesión del sistema contable,
tiene sus orígenes primigenios durante parte de la edad media, específicamente
con la obra de Pacciolo, publicada en 1494, las condiciones intrínsecas
obedecen al desarrollo del sistema mercantil o comercial, fermento del ulterior
desarrollo del modo de producción capitalista; o como lo argumenta el profesor
Hernán Quintero: “Los registros contables son expresión de las relaciones económicas
y sociales prevalecientes en el espacio donde ellas se efectúan; este espacio a su vez
expresa características del modo de producción imperante en el contexto universal”.
(Quintero,1996:24).
La obra del monje Franciscano,Summa Arithmética, Geométrica, Proportioni,
Proportionalita et Arte Maggiore”, no es un tratado de contabilidad. “De hecho,
parece que la Summa de Luca Pacioli publicada en Venecia en el año 1494, fue la
primera obra de matemáticas que incluyó entre sus páginas un capítulo relativo a la
contabilidad, iniciativa que tuvo luego abundantes imitadores” (Hernández,1995:165).
En el tratado de referencia se abocan una serie de temáticas diversas, pero
que todas ellas apuntan a realizar una aproximación hacia la organización de
estructuras de representación simbólica de la realidad, cuya finalidad debe ser la
posibilidad de entregar respuestas, que impliquen abstracciones más complejas,
en dirección a poder tener una lectura, en términos de temporalidad y
18
espacialidad, más acorde con los cambios y transformaciones del entorno
económico empresarial. El libro, maneja una serie de tipificaciones, que en
esencia exteriorizan el nacimiento del “hombre económico”, hecho para las
transacciones y para apropiar y acumular riqueza; un buen comerciante, dice
Pacciolo, debe: “Reunir dinero; poseer inteligencia; y tener la ciencia de llevar la
contabilidad”. Obviamente, semejante propósito solo podría estar reservado a
quienes los privilegios epocales les habían asignado la preeminencia del manejo
del poder y de las relaciones comerciales.
2.4. La Inauguración de la Edad Moderna y la Modernización Contable
Abocando el análisis de la configuración histórica de la sociedad moderna,
Consuelo Corredor Martínez, plantea a manera de hipótesis, que el advenimiento
de la sociedad moderna recoge un doble ideario: el de transformar el entorno material, y
el de transformar al hombre como centro del mismo. Mientras el primero alude a la
modernización, el segundo a la modernidad(Corredor,1992:37).
Con la edad moderna se inaugura un periodo de transformaciones y cambios
radicales en las esferas de lo económico, político, social y espiritual. La
modernización entendida como la transformación del entorno material, se ve
reflejada, para el caso particular de lo contable, en el descubrimiento de los
grandes negocios, en donde su radio de acción adquiere visos de mundialidad;
el comercio pasa de Europa a América; de la ciudad como reducto de poder se
pasa al concepto de nación; de la preocupación por la productividad del dinero
se pasa a la especulación; de la supremacía de lo nobiliario y caballeresco se
hace tránsito hacia el triunfo de la mercancía y la riqueza como poder
centralizador; la noción gremial y familiar se transforma en noción empresarial;
de la producción agrícola se pasa al predominio de la industria y comercio
evolucionando el concepto de propiedad y de empresa. El reino caballeresco de
la nobleza y la dirección espiritual de la iglesia, es sucedido por la creciente
influencia de la burguesía que a decir de Karl Marx,
“Donde quiera que ha conquistado el poder, ha destruido las relaciones feudales,
patriarcales, idílicas. Las abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a “sus
19
superiores naturales” las ha desgarrado sin piedad para no dejar sustituir otro vínculo
entre los hombres que el frío interés, el cruel “pago al contado”. Ha ahogado el sagrado
éxtasis del fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del pequeño
burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta. Ha hecho de la dignidad personal un
simple valor de cambio. Ha sustituido las numerosas libertades escrituradas y adquiridas
por la única y desalmada libertad de comercio” y más adelante concluye - “La
burguesía ha despojado de su aureola a todas las profesiones que hasta entonces se
tenía por venerables y dignas de piadoso respeto. Al médico, al jurisconsulto, al
sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia, los ha convertido en sus servidores
asalariados” (Marx, Engels,1973:113).
En la era moderna que inaugura el capital, surge un hombre nuevo, con
espíritu de riesgo, movido por el apetito ilimitado de ganancia, de riqueza y la
alucinación perversa por la fructificación infinita del dinero. Y este nuevo
imaginario, está justificado de igual forma por la construcción de una racionalidad
ética, entronizada con el culto supremo de la razón y el inconmensurable afán
por el progreso material, que habrá de causar una modernización indiscriminada,
que conducirá finalmente a un proceso creciente de alienación del hombre
respecto de su entorno natural y cultural; Miguel Giusti, plantea refiriéndose a la
lógica de la moralidad, construida por los modernos,
“la filosofía moderna surge con la convicción de llevar a cabo un giro radical en la
concepción del hombre y de la racionalidad. De esta convicción hay diversas
expresiones y formulaciones, una de las cuales – quizá la más importante – es la idea de
la autofundamentación de la razón. Que la razón se fundamente a sí misma significa que
la razón no admite ningún criterio externo a ella misma, al cual ella debe someterse.
Criterios externos son, para los modernos, la tradición, la teología o cualquier tipo de
ordenamiento natural ( como supieron los modernos que era la opinión de Aristóteles)”.
Y posteriormente, a manera de ilustración el autor plantea como “Hobbes sostuvo
explícitamente, en el De Cive, que la filosofía moral debía aplicar, en igual forma que la
filosofía prima, el modelo geométrico al estudio de los fenómenos éticos y políticos”
(Giusti, 1996: 8).
2.4.1. La Racionalidad del Capitalismo y el Cambio del Modelo
Contable
20
El capitalismo primigenio, soportado conceptualmente en la teoría Smitiana del
liberalismo económico, que tuviera su mayor florecimiento en la primera mitad
del siglo XIX, paulatina e inevitablemente fue transformando su estructura, a tal
extremo que la importancia del consumidor como factor determinante y
generador potencial de las demandas productivas, con el desarrollo del
capitalismo financiero, fue modificado sustancialmente o en el más optimo de los
análisis relegado a un segundo plano. El libre juego de la competencia
interempresarial, trajo apareada consigo la eliminación del más débil en el
mercado, convirtiéndose este hecho, paradójicamente, en un factor de
renovación empresarial y a la vez de concentración y centralización de capital.
Es este inmenso poder incubado por el influjo del capital el que redimensiona la
capacidad productiva de las empresas y potencia la movilidad de los recursos
productivos; cuando más avanza la economía más optima debe ser la utilización
del capital.
En este ciclo histórico convencionalmente situado en la década de los años
70s. del siglo XIX, surge el capitalismo de las grandes unidades productivas que
sobrepasan el ámbito nacional y rompen cualquier lindero de las fronteras
nacionales. La cualificación técnica en las empresas entrega mejores y mayores
volúmenes de producción; las economías de escala abaratan costos; la oferta de
productos aumenta como resultado de la “cultura” del consumismo que multiplica
la gama de consumos superfluos e implanta estándares de producción, todo esto
aunado a la insuficiencia de los mercados metropolitanos que no logran absorber
la totalidad de la producción, hace surgir la multinacionalidad. Francisco Errasti,
refiriéndose a este tema argumenta:
“La aparición de las sociedades multinacionales a escala mundial, ha provocado un
cambio, en la estructura de las instituciones productivas. Una empresa puede plantearse
de diversos modos, la posibilidad de vender en otros mercados para aumentar sus
beneficios:
Exportando parte de su producción al extranjero, que es sin duda el modo de
penetración más sencillo.
Producir en el propio mercado extranjero, cediendo la licencia de fabricación a una
empresa local.
21
Instalar empresas subsidiarias oficiales en el extranjero. Es el modo más consistente
de penetración”.
Y más adelante, refiriéndose a la extraterritorialidad de su ámbito de influencia,
agrega,
“A través de la inversión directa en el extranjero y la creación de numerosas filiales han
ido creando enormes sociedades, que se mueven por encina de las fronteras de los
países sin tener en cuenta los intereses nacionales del país donde actúan, puesto que el
capital de una sociedad multinacional no tiene nacionalidad. Aunque la eficacia
económica es la finalidad obvia de su actuar, las multinacionales adquieren una clara
proyección política en el mundo actual. Tanto es así, y este es un hecho de trascendental
importancia, que la inversión internacional ha empezado a desplazar al comercio”
(Errasti,1979:31-33).
En este ambiente navega lo contable; los comerciantes que habían constituido
el eje para perfilar cambios en las estructuras de información empresarial,
realizando la fusión de múltiples mercados locales que, originaron un mercado
interior unificado y su proyección en el comercio exterior; empiezan a
fragmentarse y se estatuyen modelos que dan respuesta a las nuevas
configuraciones nacionales, opuestos a la autonomía de esa clase de
profesionales que eran los comerciantes, en cabeza de quienes estaba la
discrecionalidad en el manejo de la información contable.
Si en la sociedad precapitalista, la contabilidad dio respuesta a las
necesidades entornales desde el paradigma jurídico de propiedad, es decir, el
modelo contable estuvo soportado en la lógica de la información patrimonial,
“el lado jurídico de la empresa considerada como el lugar geométrico de una tupida red
de derechos y obligaciones, dio el primer impulso al registro de las cuentas y le conservó
su terminología básica hasta nuestros días.
La confusa imagen de un patrimonio económico que ha de expresarse en datos
contables de manera que se puedan seguir las diversas variaciones y mutaciones de
valores, empujó a los contadores a pasar a la segunda fase de la evolución y,
englobando las primeras cuentas de personas en un sistema general, les llevó a registrar
sucesivamente todos los elementos patrimoniales y a fundir en un solo todo el complejo
22
“naturaleza, trabajo y capital” cuya integración bajo la égida de un empresario constituye
la “empresa“ de los economistas” (Vlaemminck, 19 91:110).
En la sociedad moderna y básicamente en el periodo de la revolución industrial,
el paradigma contable varía hacia el ejercicio del control, ya no referido con
exclusividad a la propiedad, sino a la racionalidad de la productividad,
rendimiento y eficiencia del capital, en tanto las leyes inherentes al sistema
capitalista suponen mínimos costos y máximo de utilidad. Se empieza entonces,
a desarrollar el concepto de la contabilidad gerencial, como herramienta
simbológica de representación de las nuevas realidades empresariales. Los
administradores de empresas a principios de los años 1800 tenían amplia libertad para
seleccionar, los métodos de contabilidad; a cada empresa podían establecerle, sin
restricciones, las reglas sobre valuación de activos y determinación de utilidades. La
información financiera exagerada reflejaba el ánimo de los empresarios en la rápida
industrialización y expansión económica y producía ventajas de corto plazo a las
empresas (Chatfield,1988:18).
2.4.2 La Globalización y Mundialización del Capital y las
Manifestaciones de la Extraterritorialidad Perversa
El concepto de Estado –Nación,5 tal cual como fue estructurado desde la
perspectiva de la democracia liberal, es sometido a una imperativa y permanente
mutación.
A la par que se presenta la mundialización del capital se observa la transformación del
rol de los Estados nacionales. No es que éstos desaparezcan, como se dice
comúnmente, sino que su función como entes reguladores de la relación capitalista se
modifica. En efecto, en vista de la superación del control de un territorio y de unas
fronteras fijas y determinadas por parte de un Estado, transgresión que se ha facilitado
por las innovaciones tecnológicas en las telecomunicaciones, los Estados han
renunciado a las funciones que hasta ahora habían desempeñado como reguladores del
capitalismo. A se han abandonado sus tradicionales papeles de regulador de la
5 El Estado-nación, según Alain Lipietz, es concebido como una comunidad de individuos ligados
por un contrato social, se desarrolla con la generación de prácticas mercantiles. El derecho
mercantil y la relación salarial están identificados, institucionalizados dentro de este marco, a la
sombra de la soberanía del Estado. Es a nivel del Estado-nación donde se regulan las
contradicciones sociales y, por tanto, donde se consolida poco a poco la coherencia de
verdaderos regímenes de acumulación.
23
moneda, el trabajo, el comercio internacional, los flujos de capital, la promoción de una
cultura y de unos valores nacionales, la protección del mercado interior, etcétera, para
adoptar ahora la lógica de la mundialización” (Vega,1999:65).
Además, como lo indica María Teresa Uribe, “la globalización y la creciente
interconexión a través de los mercados han puesto en cuestión el modelo Estado-nación
desde el cual se desarrolló todo el proceso de modernización económica y modernidad
política de los últimos siglos” (Uribe,1996:85). Hay una gran diferencia, entre las
rutas comerciales que caracterizaban el periodo mercantil y librecambista y, el
alcance del sistema imperial inaugurado con el advenimiento del monopolio
internacional, en donde la estructura global de producción y de intercambio va
más allá del control del Estado - nación. La trama de relaciones y redes de
interacción y comunicación transnacional trascienden las sociedades nacionales
y evaden las regulaciones y normatividades de los Estados nacionales. Mientras
en el siglo XVIII y gran parte del siglo XIX, las rutas de comercio estaban
mediadas por redes sencillas de interacción, el orden global contemporáneo se
configura como un sistema que aboca una multiplicidad de formas de
transacción, que vinculan a las sociedades en formas altamente complejas que
virtualmente acaban con los límites territoriales como barreras u obstáculos a
las actividades y relaciones socioeconómicas, creando así un mundo de infinitas
incertidumbres. Los mercados nacionales, pierden su funcionalidad; por
influencia de lo global, quedan fusionados, más que atados al influjo
transnacionalizante.
Obviamente la penetración transnacional no se produce de manera simétrica,
indiferente y homogénea en todos los países receptores. Depende de las
características de los sectores, y de las oportunidades que los países puedan
presentar a dichos conglomerados. Pero además, depende de las condiciones
de rentabilidad que se ofrezcan al capital metropolitano, excepto en el caso de la
obtención de recursos estratégicos, en donde las motivaciones implican
lineamientos de otro orden.
Ahora, la influencia de la empresa transnacional no está circunscrita al ámbito
exclusivo de dominio de su capital y su producción, como generalmente tiende a
considerársele, su influencia está presente en toda la cadena o red productiva
con la cual está relacionada. Es decir, miradas en términos de poder, su
24
cobertura no está limitada por el concepto de propiedad jurídica de la empresa,
pues su trascendencia abarca un radio de acción mucho más amplio donde
puede influir sobre las decisiones del resto de sectores del cuál es partícipe en
razón de su poder centralizador. Esta forma de inducción de decisiones es una
extensión de la propiedad económica que ejercen estas corporaciones mas allá
de lo que los cánones de propiedad jurídicamente considerados le permiten.
Se podría afirmar entonces, que el fenómeno más sobresaliente de la
actualidad es la prevalencia de una soberanía compartida, donde el privilegio de
esta corre por cuenta de las organizaciones transnacionales, vr.gr., la
Organización Mundial de Comercio es el primer organismo que fija reglas y
sanciones de carácter internacional. En este contexto, de mundo unipolar, las
acciones bélicas que se producen son el resultado del sometimiento de los
Estados a la lógica y a las reglas de juego instrumentadas por las estructuras de
poder internacional.
Este fenómeno de soberanía compartida, hace que el concepto de Estado-
nación, en el sentido sociopolítico y clásico del término tienda irremediablemente
a modificarse sustancialmente, lo cual no significa, como lo pregonan algunos
analistas, el fin del Estado, sino más bien la mutación o transformación de la idea
de soberanía, en tanto el papel de los Estados y, especialmente los ubicados en
el tercer mundo, estarán cada vez menos envestidos de un cierto grado de
soberanía que los habilite para interlocutar en el plano internacional, en un
mundo donde la supervivencia depende de la habilidad y capacidad para
construir redes. Hoy la obligación impostergable de los Estados reside en la
posibilidad de vincularse a redes internacionales que les garanticen jugar con
ciertos niveles de autonomía y opciones reales de interlocución y concertación
financiera y comercial. El enorme reto está en inventar una especie de
"democracia de la globalización", que signifique salirle al paso a la conformación
de un super Estado omnipotente y omnipresente, como el que hasta ahora se
está vendiendo desde la perspectiva de las teorías neoliberales.
Milton Santos, tratando el tema de la globalización y sus implicaciones parte de
reconocer que,
25
"las tentativas de construcción de un mundo son siempre conducidas a conflictos
porque busca unificar y no unir. Una cosa es un sistema de relaciones, beneficio del
mayor número, basado en las posibilidades reales de un momento histórico; otra cosa es
un sistema de relaciones jerárquico, construido para perpetuar un susbsistema de
dominación sobre otros subsistemas, en beneficio de algunos. Es esto último lo que
existe.
Hoy, lo que es unificado a nivel mundial no es una voluntad de libertad, sino de
dominación, no es el deseo de cooperación sino de competición, todo esos, requiriendo
un rígido esquema de organización que atraviesa todos los rincones de la vida humana.
Con tales designios, lo que globaliza, falsifica, corrompe, desequilibra, destruye"(Santos,
1995:33).
Manuel Castells, en uno de sus estudios plantea una tipificación de los virajes
de la economía actual y manifiesta que esta se fundamenta en tres
aspectos: es una economía informacional; es una economía que
funciona en redes; y es una economía globalizada” (Castells, 1999:6).
La economía informacional, tiene su soporte capital en la productividad que va
estrechamente ligada a la competitividad y, en ese sentido, la infraestructura
tecnológica crea un valor agregado referido fundamentalmente a la capacidad
para el rápido proceso de procesamiento de información y de forma
concomitante con la generación de conocimiento, elementos insustituibles para
la competitividad de la empresa. La producción en serie, el modelo Fordista que
por largo tiempo había sido el soporte de los procesos productivos, pierde razón
de ser frente a aquellos procesos mediados por redes informacionales que se
tejen a través de la fusión e interconexión de pequeñas y medianas empresas
que trabajan para los grandes emporios; dicho de otra forma la complejidad de la
economía actual reside en que la unidad económica es el proyecto no la empresa. Esta
última es la unidad de gestión y propiedad, pero la unidad de actuación es un proyecto
empresarial formado por trozos de empresas de distinto tipo que se conectan y
desconectan constantemente” (Castells, 1999:7).
Este archipiélago de empresas ligadas como siamesas a los grandes emporios
de capital centralizado, requieren para su funcionalidad de grandes niveles de
flexibilidad, descentralización y movilidad; factores estos que hagan posible,
desde la perspectiva monopólica, gozar de mayores topes de rentabilidad,
26
independientemente de donde puedan asentarse las pequeñas o medianas
unidades empresariales constitutivas de la red. En este sentido el capital no
tiene nacionalidad, de allí la tendencia hacia la fragilidad y vulnerabilidad de las
economías periféricas, con respecto a la preponderancia de los países
hegemones.
De otro lado, el proceso de globalización económica esta entronizado con el
espectacular avance de las tecnologías comunicacionales, que posibilitan la
circulación de capitales con espacios de libertad por todo el mundo, lo cual no
implica que la globalización sea un proceso simétrico y homogéneo, en donde el
mundo esté en una especie de “globo indiferenciado”. Todo lo contrario, “las
actividades estratégicamente centrales de esa economía tienen un núcleo globalizado en
el sentido de que funciona como unidad en todo el planeta, de manera cotidiana. La más
importante de dichas actividades es la del mercado financiero” (Castells, 1999:8).
El mundo actual está asentado sobre una economía de la especulación y no
de la producción, se ha suplantado la creación de riqueza por la
inconmensurable manipulación de las ficciones fraudulentas de las turbulencias
de la información. “El desarrollo de las nuevas tecnologías informáticas ha influido
fuertemente para caracterizar la globalización de la economía, permitiendo el paso de
una economía de productos a una economía de símbolos, que coincide con la nueva
etapa de capitalismo financiero” (Ander– Egg,1998:39).
En este marco entornal, lo que otrora constituía el control del control ha
dejado de tener vigencia, al igual que los principios de contabilidad generalmente
aceptados, hoy convertidos en estándares internacionales, en tanto estos, en
términos Bachelardianos se constituyen obstáculos epistemológicos, que
eclosionan los esfuerzos de torización y consolidación de posturas rigurosas que
vertebren un marco conceptual fuerte que de cuenta y respuesta a los
innumerables problemas derivados de la sociedad de la información. La
preocupación por la productividad y la competitividad, potenciadas hoy por la
capacidad para procesar información y generar conocimiento, exceden la
problemática de la medición, eje central del modelo del control, para trasladarse
a otros escenarios como los esquemas decisionales en tiempo presente, que
desvirtúen o falsan la demora informativa montada sobre esquemas típicos de
27
una contabilidad estructurada para la verdad única e insoslayable; en tanto,
como lo plantea Castells,
“lo que realmente ha ocurrido es que hemos automatizado el funcionamiento del capital
con unos niveles de velocidad y complejidad que solo la red de instrucciones
electrónicas puede manejar. Cierto es que siempre hay intervención humana pero se
trata de una respuesta que debe reaccionar en fracciones de segundo, no
primordialmente a datos del mercado, sino sobre todo a las turbulencias de la
información” (Castells, 1999:8).
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Martínez Pino Guillermo León. (2003, julio 27). El devenir contable y la historia del capital. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/el-devenir-contable-y-la-historia-del-capital/
Martínez Pino, Guillermo León. "El devenir contable y la historia del capital". GestioPolis. 27 julio 2003. Web. <https://www.gestiopolis.com/el-devenir-contable-y-la-historia-del-capital/>.
Martínez Pino, Guillermo León. "El devenir contable y la historia del capital". GestioPolis. julio 27, 2003. Consultado el 16 de Julio de 2018. https://www.gestiopolis.com/el-devenir-contable-y-la-historia-del-capital/.
Martínez Pino, Guillermo León. El devenir contable y la historia del capital [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/el-devenir-contable-y-la-historia-del-capital/> [Citado el 16 de Julio de 2018].
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Imagen del encabezado cortesía de calgaryreviews en Flickr
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