Construcción del imaginario colectivo por los medios de comunicación

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La construcción del imaginario colectivo y su influencia en la opinión públicas, mostrando como desde la psicología y la sociología  de la comunicación las agendas lejos de estar determinadas por instituciones y/o  organizaciones, como el gobierno, grupos políticos y económicos, están sujetas a una dinámica compartidas con la instabilidad de las masas. Trataremos de esbozar, solo a manera de una aproximación, algunas implicaciones que van desde la opinión publica hasta el control  de las masas, de la democracia de poder participar, hasta la participación en la en la legitimación y sus juegos institucionales. . (Peñuela y García. 2006).

Las agendas de informativas

¿Qué es una agenda? Podemos decir de manera general que es una colección compartidas de asuntos, que usan los comunicadores, como representantes institucionales (estatales o privados), y como unos actores sociales asumimos que los otros quieren (supuestos) / deben (imperativos) conocer, con esta conjetura construimos los itinerarios informativos. Pero esto no deja de ser más que una ilusión pues lo que está detrás de esto es el deseo de manipular la opinión pública al determinar (emisión/omisión) los temas que se debaten, es un juego de poder político e institucional. Así, se define las agendas políticas, mediáticas y publicas. (Sampedro. 2002)

El verdadero ejerció del poder (Reese.1992), consiste en definir y jerarquizar los temas que debaten la opinión pública.

Dicho temas se convierten en la iniciativa del gobierno o la oposición (agendas políticas), en contenido de los medios (agenda mediáticas) y en asuntos que ocupan a los ciudadanos (agenda públicas).como cada uno de nosotros, los políticos, los medios y el público apuntan y ordenan  en su agenda  los temas de los que ha de ocuparse, según sus prioridades.

La información que se desea se conozca, se coloca en un discurso con redacción, visualización (imagen) y construcción simbólica posterior, se buscan los actores más idóneos, y las estrategias necesarias para obtener el efecto deseado, esto configura una agenda progresiva de información a lo público.

Estas agendas pretenden dar a la conciencia colectiva una suposición de hecho sobre un temario de espacios-temas sociales en que pensar (deber pensar), aunque ingenuamente creemos que se le dice a la gente que pensar (Gómez, 2002), concepción de una representación actuada por y para el colectivo implicado en la información y su contexto. Así, las agendas de información agrupan imaginarios en una presentación discursiva propia de lo mediático, allí configuran los contextos en los cuales quieren intervenir y de las cuales se quiere que se conozca, se informe y se piense. Poco a poco iremos avanzando en este tema.

Lo imaginario. Lo colectivo. El orden social

Imaginarios

Los mundos posibles, aquellos en los cuales se mueven y desenvuelven los sujetos, son configuraciones de las imágenes que la cultura le ha deja do como impronta y la forma como ellos mismos recrean una y otra vez el marcaje de aquella. Nos representamos en el otro, nos identificamos con él, queremos conocerlo, aprehenderlo, robarle su imagen. Así, desde que nacemos asistimos a la comunión que nos produce el contacto con los semejantes a través  de los grupos que conformamos y participamos, ya sean religiosos, políticos, académicos, culturales o familiares.

Entonces, los imaginarios, hacen parte del complejo de representaciones de un sujeto, lo configuran a “imagen y semejanza de su prójimo” o en otros casos a completa desemejanza. Así pues, el registro imaginario está sembrado en la tierra fértil de sus pasiones, de lo primario, de lo lábil, pero es allí, en donde se encuentra precisamente su talón de Aquiles. El mismo registro lo aproxima al prejuicio, a la acción desmedida, al impulso árido del “actúo luego pienso”, a la compulsión, es allí donde existe precisamente la ferocidad, la agresividad manifiesta y latente que percibimos en el conflicto. “Las principales ilusiones de lo imaginario son las de totalidad, síntesis, autonomía, dualidad y sobre todo semejanza. De modo que lo imaginario es del orden de las apariencias superficiales que son los fenómenos observables, engañosos, y que ocultan estructuras subyacentes; los afectos son fenómenos de este tipo” (Evans, 1997). Y de esto la cotidianidad contemporánea nos ha dado suficiente ilustración.

Imaginario, del latín imaginarius, connota la significación de aparente, ilusorio, pero ésta alusión esta lejos de ser algo inocuo, pues sus efectos muchas veces suelen ser devastadores. La ferocidad se desata, el run-run circula y las dinámicas generadas son inestables. La opinión, lejos de inscribirse en un ejercicio reflexivo es un efecto de pega que masifica los públicos. Las certidumbres aparecen y en un momento, estamos llenos de cotidianos “analistas políticos” (en el caso de la agenda política) en cada café, en cada reunión. Permeados, entonces, de las imágenes que nos muestran, construimos los prejuicios que debatimos. De allí la importancia de la opinión pública, de allí su deseo de controlarla, de manipular sus orientaciones, de allí los afectos y efectos en el orden social.

Pasar de la imagen que se superpone, a la palabra que articula, (es uno de los posibles caminos del acto comunicativo) el sentido último de todo acto comunicativo, en tanto opinión; conjetura analizada, posibilidad ética. Cuando la información es imaginada, se hace manipulable, representa, actúa en el sujeto y en su lectura del mundo e influye en su acción. Los imaginarios, hacen parte de la estructura del colectivo por la posición de la atribución simbólica que el sujeto le presta al discurso mediático y a la forma como éste reconstruye, muy a su pesar, los significados en el grupo o colectivo al cual se dirige, su publico objetivo. El paso de lo imaginario a lo simbólico es el verdadero ejercicio de opinión, de análisis, no importa quien la haga siempre será un ejercicio individual, objetivado en el consenso colectivo (intersubjetividad pactada). Allí surge la verdadera opinión, menos débil que su predecesora sólo construida por imaginarios. Lo simbólico articula nuevas posibilidades de representación y re significación que recrean al sujeto y lo que él piensa en un proceso dinámico de atribución de significados y de significaciones compartidas, lo dota de posibilidades de existencia, de mediación, en otras palabras lo hace razonable. Y dado que los imaginarios no son inocuos, que son inestables, manipulables y azarosos en la acción del colectivo nuestra responsabilidad es ética. Lo importante es tener siempre presente las implicaciones del comportamiento humano en colectivo y la determinación de saber cuando retirarse. Esto siempre se olvida en la inmediatez del trabajo, algunas veces, y otras, se omite en el juego institucional de lo mediático.

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Gutiérrez Suárez Edgar. (2012, diciembre 12). Construcción del imaginario colectivo por los medios de comunicación. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/construccion-imaginario-colectivo-medios-comunicacion/
Gutiérrez Suárez, Edgar. "Construcción del imaginario colectivo por los medios de comunicación". GestioPolis. 12 diciembre 2012. Web. <https://www.gestiopolis.com/construccion-imaginario-colectivo-medios-comunicacion/>.
Gutiérrez Suárez, Edgar. "Construcción del imaginario colectivo por los medios de comunicación". GestioPolis. diciembre 12, 2012. Consultado el 24 de Junio de 2018. https://www.gestiopolis.com/construccion-imaginario-colectivo-medios-comunicacion/.
Gutiérrez Suárez, Edgar. Construcción del imaginario colectivo por los medios de comunicación [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/construccion-imaginario-colectivo-medios-comunicacion/> [Citado el 24 de Junio de 2018].
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