Comprensión del proceso de construcción de conocimiento y la tensión con lo disciplinar

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Ensayo crítico – reflexivo sobre la conferencia del Dr. Hugo Zemelman, “Un debate sobre la comprensión del proceso de construcción de conocimiento y la tensión con  lo disciplinar”.

El Dr. Hugo zemelman, fue un muy connotado investigador y conferencista chileno caracterizado por sus planteamientos radicales expresados en un lenguaje claro y contundente. Es en este lenguaje que, a manera casi de sentencia, desarrolla su exposición sobre el tema de la construcción del conocimiento en la conferencia “Un debate sobre el proceso de la construcción del conocimiento y la tensión disciplinar”, estableciendo posturas significativas no solo en materia educativa, como podría pensarse, sino en lo que se refiere a la transformación necesaria del hombre y, en consecuencia de la sociedad misma ,a través de la educación de cara a las necesidades y condiciones propias del milenio recién estrenado.

Zemelman parece coquetear, al principio de la exposición, con posturas eminentemente filosóficas en relación a conceptos como realidad y construcción en sus expresiones más puras y simbólicas; sin embargo, a medida que profundiza en su disertación se va perfilando claramente el objeto de la misma, haciéndose concreto a partir del momento en que establece como eje central de su preocupación la importancia de desarrollar la capacidad de pensar y de crear para deslastrarnos de todos esos dogmas y esas verdades “inamovibles” en tiempo y espacio que nos han sido impuestas a través de mecanismos institucionalizados, destinados a cercenar el pensamiento crítico (si es posible antes de su nacimiento) y la capacidad de disentir del discípulo, en primera instancia y luego, como consecuencia lógica, del hombre ya formado, por no decir deformado.

Zemelman empieza por defender esta tesis cuando, al hablar del fenómeno de la globalización señala que muchas personas lo asumen como un “fenómeno natural” y como tal debe aceptarse, tratando de imponer así una realidad totalmente tergiversada con el apoyo de teorías manipuladas y que, según él, derivan en un “pensamiento reduccionista y absolutamente fatalista”. Al revisar esta última frase podemos decir que es reduccionista porque se separan todos aquellos elementos que no sirven para mantener esa posición, quedándose solo con aquellos aspectos teóricos y argumentativos que sirven para consolidarla; en cuanto a lo fatalista se refiere a que es una realidad que no se puede cambiar, por lo tanto preciso es aceptarla.

Valdría la pena recordar, en este punto, que muchos autores han señalado que la palabra globalización no es más que el nombre sutil de lo que todos conocemos como la fase superior del capitalismo: el imperialismo; y que, como tal, es consecuencia de la evolución de éste. Por tanto,  serían posturas igualmente extremas señalar que se trata de un fenómeno de la naturaleza, así como llamar fatalismo el hecho de aceptar que la globalización es la siguiente etapa lógica y esperada del sistema económico capitalista.

Más allá, sin embargo, del tema de la globalización esbozado por el Dr. Zemelman a manera de ilustración, éste profundiza en la necesidad de deshacerse de aquellos dogmas que han hecho pensar que existen estructuras en la sociedad que no se mueven, que no sufren o no deben sufrir ningún tipo de cambios. Menciona Zemelman a los sistemas políticos, la cultura y a los Estados como ejemplos de estas grandes manifestaciones de una realidad (o diversas realidades entremezcladas) que cambia irremediablemente pero cuyos cambios, al ser tan imperceptibles, generan una visión errada de inamovilidad.

La realidad, señala acertadamente Zemelman, no puede ser estática, entre otras cosas por ser una “construcción compleja de múltiples actores que coexisten y que se mueven en distintas direcciones…”. Se trata entonces de diversos actores intervinientes, los cuáles, con sus respectivas realidades particulares (micros) a cuestas inevitablemente van a impulsar cambios tal vez mínimos pero ciertos en esa realidad macro, llámese Cultura, Estado o Sistema Político. Y, si bien es cierto que los cambios suelen asustar principalmente a aquellos sostenedores del status quo, también es cierto la sociedad por naturaleza es dinámica, cambiante, y esto no se puede desestimar “por decreto” aunque sea lo más cómodo o lo más conveniente. “No hay nada dado de una vez para siempre”, sentencia Zemelman, la historia se ha encargado de probar esa sentencia suficientemente; hasta aquellos grandes imperios que una vez se alzaron como invariables y eternos han desaparecido dejando solo el rastro de su legado, en algunos casos.

En América Latina, señala el autor, se da una especie de desaliento asociada a la pérdida de determinados propulsores del cambio, de determinados movimientos sociales e ideológicos que perdieron vigencia hasta finalmente desaparecer y cuyo vacío se asemeja mucho a la falta de movimiento, lo cual puede ser una percepción totalmente errada que, según

Zemelman, se traduce en una visión desvinculada y falsa de la realidad. Responsables de esta situación: las universidades. Es en este punto donde Zemelman entra de lleno en su cuestionamiento del rol jugado por la educación universitaria en la visión desvirtuada de la realidad como resultado de lo que él denomina “oligofrenia elaborada”.

Oligofrenia habla de una deficiencia mental grave que se asocia con el llamado retraso mental. Según Zemelman, las universidades latinoamericanas están formando oligofrénicos de manera deliberada. Aclara que no se trata de una generación con déficit intelectual (lo cual está totalmente tácito en el término oligofrénico) sino formada como una legión de tontos sin capacidad para pensar ni cuestionarse nada.Duras declaraciones que no dejan de tener, para nuestra desgracia, una parte de verdad sobre todo cuando vemos que un elevado porcentaje de estudiantes universitarios, así como de profesionales carecen de la capacidad para analizar una simple lectura o para elaborar de manera coherente un texto sobre cualquier tema sin recurrir, necesariamente, a un autor reconocido. Esto, a grosso modo, como base de deficiencias más profundas.

Para Zemelman, las universidades están llenas de personas totalmente desconectadas de la realidad, sumergidas en números, estadísticas y verdades a medias que han convertido en dogmas cuya función es actuar como muros que los aíslan de lo verdaderamente importante. Personas llenas de títulos, repitiendo teorías y postulados, aplicando métodos y técnicas, cuyo significado y utilidad real para la sociedad no existe. Acusa Zemelman a las universidades, entonces, de haber creado una élite intelectual, de mentes estrechas cuya percepción de la realidad se encuentra totalmente distorsionada.

¿Es esto cierto? Y, si es así ¿En qué medida lo es? Inevitablemente, si se desea asumir una postura crítica, es preciso señalar que esta élite intelectual excesivamente especializada, excesivamente inmersa en su parcela particular y muy reducida de conocimiento, desconectados unos de otros existe y, no solo existe, sino que son exhibidos, por distintos mecanismos cuidadosamente elaborados como “vacas sagradas impregnadas de sabiduría” que deben ser tomados como ejemplos a seguir si se quiere llegar a ser alguien en la vida, aunque este “ser alguien” no reporte, al final, alguna utilidad.

Se pregunta entonces Zemelman, de acuerdo a este panorama “¿Para qué enseñar? ¿Para qué aprender?” se reduce todo a la necesidad de “saber pensar para poder construir conocimiento”. La fórmula de enseñanza –

aprendizaje se sostiene sobre el desarrollo del pensamiento para construir un conocimiento verdaderamente útil con un alcance que vaya más allá del simple conocimiento teórico. El conocimiento teórico es importante y útil pero está contenido dentro del concepto general de conocimiento. En este contexto se puede señalar entonces que no se trata de atacar la especialización ni de desechar lo disciplinario per se sino de asumir esta especialización con conciencia real de lo que se quiere conocer y para qué se quiere conocer, sin perder de vista la realidad para que el conocimiento alcanzado no sea una simple ficción, como el mismo Zemelman indica.

Es preocupante el planteamiento de que no se está pensando, sino repitiendo lo que otros pensaron. Y lo que es peor no se está educando para pensar, se educa para repetir, para asentir, para concordar. Nuestro sistema educativo, nuestros pensa de estudios en toda América, parecen deliberadamente diseñados para matar el pensamiento. La capacidad de aprehender lo que está más allá de nosotros, lo que se queda entre líneas y de comprenderlo e internalizarlo para después devolverlo al mundo como conocimiento parece no existir. Perecemos eunucos intelectuales jugando a ser eruditos. Grave situación de si se piensa en los grandes retos que plantea en este momento histórico, no solo la región, sino todo el planeta.

Zemelman deja expuesta una crisis profunda que abarca no solo el ámbito educativo sino nuestra condición humana. Entre líneas indica que nuestra educación universitaria está impregnada de un enfoque eminentemente economicista en función de la cual ha sido estructurada. Esto es grave si tomamos en cuenta que la educación debe jugar un papel transformador; una sociedad que pierde su capacidad de renovarse, de reinventarse y de desafiar la permanencia de lo que, como al principio señaló Zemelman, se considera estático y definitivo, está destinada finalmente a desaparecer. Se está formando mano de obra especializada capaz de desempeñar funciones muy específicas con un alto grado de efectividad, más no de eficiencia como dice Zemelman, pero que no puede ver más allá de lo aparente, de lo ilusorio.

¿Dónde queda entonces la formación del hombre integral? América y el mundo requieren de personas inteligentes, creativas, imaginativas, proactivas, críticas y con la suficiente seguridad y confianza para confrontar el status quo, como dice el mismo Zemelman, capaces de levantarse en un aula de clases y exponer ante el profesor todas las razones por las cuales está en desacuerdo con sus planteamientos, por ejemplo. En cambio, la realidad muestra algo muy distinto; tenemos como modelo a un estudiante sumiso cuyo mayor mérito  es carecer de criterio y de opiniones propias.

De acuerdo a esto puede definirse al sistema educativo latinoamericano como un mecanismo de dominación y control y no como la fórmula necesaria para potenciar en el individuo todas las capacidades que en principio pueden estar presentes pero, a las cuales es preciso desarrollar para que puedan manifestarse plenamente. Entonces, de acuerdo a lo planteado ¿Cuál es el verdadero rol que debe jugar la educación en este momento coyuntural y de cara a un futuro que se presenta incierto? Se trata, como bien lo indica el propio Zemelman, de comprender que la esencia de la educación está en el desarrollo integral de un SUJETO, más allá de la instrucción del discípulo como un objeto maleable destinado a ser el sostén de un determinado sistema económico.

Necesitan América Latina (y el mundo), entonces, de nuevas generaciones conformadas por sujetos pensantes, generadores de ideas, críticos, reflexivos que comprendan la realidad y la puedan explicar en sus múltiples relaciones, sin   limitarse a repetir como “loros” lo ya dicho por autores consagrados. Eruditos hay muchos hoy en día, “especialistas en enciclopedias” dice Zemelman. Faltan pensadores que se hagan escuchar por encima del ruido hecho por los eruditos para sentar las bases de una nueva sociedad en la cual la educación sirva de propulsora de la transformación necesaria. En resumen, se impone la necesidad de reestructurar completamente los pensa de estudio y toda la concepción filosófica, ideológica, pedagógica y andragógica detrás de ellos. Si se quiere formar un hombre nuevo es preciso replantearse completamente hacia dónde queremos ir como sociedad, cuál es el camino que debemos seguir y cómo pretendemos llegar hasta allí.

Referencias:

Zemelman Merino, H. (2010). Un debate sobre la comprensión del proceso de construcción del conocimiento y la tensión con lo disciplinar. (D. d. Docencia, Ed.) Recuperado el Octubre de 2013, de http://usic13.ugto.mx/revista/foro/.

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Cabrera Evelyn. (2017, abril 19). Comprensión del proceso de construcción de conocimiento y la tensión con lo disciplinar. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/comprension-del-proceso-construccion-conocimiento-la-tension-lo-disciplinar/
Cabrera, Evelyn. "Comprensión del proceso de construcción de conocimiento y la tensión con lo disciplinar". GestioPolis. 19 abril 2017. Web. <https://www.gestiopolis.com/comprension-del-proceso-construccion-conocimiento-la-tension-lo-disciplinar/>.
Cabrera, Evelyn. "Comprensión del proceso de construcción de conocimiento y la tensión con lo disciplinar". GestioPolis. abril 19, 2017. Consultado el 17 de Agosto de 2018. https://www.gestiopolis.com/comprension-del-proceso-construccion-conocimiento-la-tension-lo-disciplinar/.
Cabrera, Evelyn. Comprensión del proceso de construcción de conocimiento y la tensión con lo disciplinar [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/comprension-del-proceso-construccion-conocimiento-la-tension-lo-disciplinar/> [Citado el 17 de Agosto de 2018].
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