Competitividad empresarial y nacional de Colombia

La competitividad es una palabra que actualmente está en boga, siendo expresada en todos los lenguajes y en todos los escenarios; está presente en los sectores científico y tecnológico, cultural y económico, educativo y empresarial. Es mencionada en las actividades de infraestructura y en el Medio Ambiente, en las comunicaciones y en la salud, en lo financiero y en las entidades del Estado, en el proceso de paz, en la convivencia ciudadana y en estudios empresariales. Es decir, el término competitividad, como noción y/o concepto, para bien o para mal, ha sensibilizado de una u otra manera, el sentir de todo lo que implica la sobrevivencia en la sociedad del libre mercado.

En ese sentido, los trabajadores oficiales, algunos funcionarios del Estado y los obreros de la empresa privada la atacan, la anatematizan y los sindicatos se sublevan. Por la competitividad, el Estado y el empresario privado se devanan los sesos reinventando, aplicando reingeniería y reestructurando. Los profesionales y los expertos hacen aportes insinuantes, los intelectuales se esfuerzan en teorizar, positiva o negativamente. Es el caso de Michael Porter en la Ventaja Competitiva de las Naciones, quien con el estudio de 10 naciones, elaboró su propia teoría de la competitividad, investigando ¿”por qué alcanzan las empresas con sede en determinados países un éxito internacional en segmentos y sectores claramente diferenciados’? cuya búsqueda se centra “…en las características decisivas de una nación que permite a sus empresas crear y mantener una ventaja competitiva en determinados campos…”

La competitividad es promovida por los líderes empresariales; los mediocres se escandalizan y los idiotas no se dan por enterados de su existencia. Unos la elogian, otros la niegan; unos la conocen otros tan sólo la han oído mencionar. Los últimos bolcheviques la culpan del desastre comunista, y los capitalistas no consensan en torno a ella. “El sector productivo tiene opiniones contradictorias sobre la competitividad nacional.” (ver informe Mónitor, Cámara de Comercio de Medellín, 1990).

Es tan prolijo y tan amplio el concepto de competitividad, que para unos es producto del “Neoliberalismo.” Tal es el caso de Ernesto Samper, quien le echó la culpa a la Apertura Económica de ser “…la causa de todos los males del país…” (Ver el tiempo de mayo 8/99). Mientras para otros es lo mejor que le ha ocurrido a la humanidad “!Dios mío, qué época tan fantástica para estar vivos!” Eso es lo que plantea John Naisbit en su libro Macrotendencias. Para la Iglesia, la competitividad es el “capitalismo salvaje,” en fin, la competitividad se ha convertido en el “shock” del presente, pues es una palabra polémica que da tema para debates; es tópico de foros; es motivo de huelgas; es el elemento de constructos intelectuales; se presta para artículos periodísticos; es materia prima para escritores de talla internacional y se acepta como recurso de capital.

Pero la competitividad está ahí, esperando ser sustentada como ventaja, con técnicas y tecnologías, generando conceptos y produciendo expectativas y resultados. La competitividad resiste todos los embates, insensatos unos, sensatos otros y, ante todo, se muestra exigente y aportante.

Exigente: En compromiso, esfuerzo, cambios paradigmáticos y transformaciones empresariales y culturales; de ahí que “La calidad, las características y la innovación en los nuevos productos son determinantes en los sectores y segmentos avanzados…Las empresas no llegarán a alcanzar el éxito a menos que basen sus estrategias en la mejora y la innovación, en la resuelta voluntad de competir, y en una comprensión de su entorno nacional y de la forma de mejorarlo.” Michael Porter, en La Ventaja Competitiva de las naciones, páginas 46, 58 y 59.

La competitividad, también es exigente en dinámica, visión, misión, creatividad, valor agregado, talento humano calificado, promoción de la investigación. La competitividad es muy exigente en resultados y en liderazgo, factores sin los cuales, la competitividad carece de sentido. Esas exigencias de la Competitividad, son perceptibles desde la óptica de la globalización y lo estratégico del liderazgo, según planteamientos de Bennis Warren y Nanus Burt en su libro Las Cuatro Claves del Liderazgo Eficaz, página 2. “Si alguna vez hubo en la historia un momento que exigiera una visión global y estratégica del liderazgo…es el momento actual.”

La competitividad, no sólo exige sino que aporta en conceptos, en modelos de desarrollo, en orientaciones y en cambio de paradigmas. En esos campos Michael Porter es un convencido, y a fe que, también crea la necesidad de convencimiento acerca de creer que “La teoría de la ventaja comparativa en los factores, también es frustrante para las empresas, porque sus supuestos tienen muy poco parecido con la competencia real. Una teoría que pasa por alto el papel de la estrategia de la empresa, tal como mejorar la tecnología o diferenciar los productos, deja pocas salidas a las empresas.” (ver La Ventaja Competitiva de las Naciones página 37)

Los anteriores planteamientos son coincidentes con John Naisbit, quien hace una descripción muy acertada de los cambios paradigmáticos desarrollados, desde la perspectiva de la competitividad, en la página 7 de su libro Macrotendencias. Cambios que para la sociedad han sido radicales y han promovido una nueva cultura empresarial, así: “De una sociedad industrial a una sociedad de información; de tecnología forzada a alta tecnología; de economía nacional a economía mundial; de corto plazo a largo plazo; de centralización a descentralización; de ayuda institucional a auto-ayuda; de democracia representativa a democracia participativa; de jerarquías a redes de trabajo; de norte a sur y de una de dos opciones a opción múltiple.” Como puede verse, esos cambios son de tal magnitud que no hay institución, entidad u organización que pueda declararse indemne.

Frente a esos cambios, el mundo empresarial actual, tiene que replantear su accionar para ubicarse en el contexto de la calidad, y adecuarse al imperio de la competitividad, si es que se quiere permanecer en el mercado y desarrollar actividades con sostenibilidad dentro de un sector definido.

Los críticos de la competitividad, nos quieren hacer creer que la Apertura Económica es mala porque exige competitividad, como si la competitividad no hubiera existido desde que el hombre apareció. Históricamente el hombre ha sido competidor, ha reglamentado las formas empresariales, ha pensado cómo superar su entorno, ha sido transformador y ha trascendido lo cotidiano, sin embargo, en términos lógicos, no podría decirse que por eso todos los hombres, en su individualidad, son competidores o transformadores o trascendentes.

En Colombia siempre le hemos tenido miedo a la competencia, porque siempre esperamos resultados inmediatos, porque siempre hemos sido dados a maltratar al cliente, porque siempre hemos estado amparados en el paternalismo, porque siempre hemos sido cultivadores del clientelismo, entonces no nos hemos visto precisados a ser competitivos, desde el punto de vista de la diferenciación de segmentos y sectores productivos.

Los mercados cerrados no tenían alcances para trascender las fronteras, privando al mundo de lo que producimos y negándole al país la posibilidad de acceder a nuevos y mejores productos. Es decir, la economía cerrada, se convirtió en un vecino inabordable. Esa inabordabilidad del mercado interno al mundo exterior, le impidió al país reconvertirse, ser altamente productivo y sobre todo, demostrar calidad en la gestión y en la productividad.

Para los empresarios, puede haber sido duro el choque ocasionado, por la Apertura Económica, pues acostumbrados como estaban a trabajar entre rejas, mirando hacia adentro, ensimismados y sin competencia fuerte, se vieron de la noche a la mañana con la puerta abierta y con la casa mal organizada, muchas veces sin qué mostrar a nivel de tecnología, de valor agregado, de servicio al cliente y tal vez sin proyección a ningún plazo.

Las teorías económicas y gerenciales, previas a la Competitividad, desde la Teoría Z del japonés William Ouchi, pasando por las teorías de la Calidad Total y la Reingeniería, se ha venido provocando la Apertura Económica, pero muchos no entendieron que eso era parte de la teoría de la Caja Negra, según lo plantea Stafford Beer en su libro “Cibernética y Administración”, página 28: : “El comportamiento de la Caja Negra es estudiado descubriendo la relación lógica y estadística que se encuentra entre la información que entra a la Caja negra y las instrucciones que de ésta salen” Muy pocos fueron lógicos en asimilar la información que les llegaba y se quedaron esperando instrucciones, las cuales sí llegaron, pero desbaratando lo existente, porque nadie se había atrevido a hacerlo. No se entendió que el sistema económico está inserto en un universo de sistemas, cada uno contenido en otro mayor.

Ya en 1990, lo había previsto Idalberto Chiavenato, cuando en la Introducción a la Teoría General de la Administración, página 13, decía: “La tarea administrativa en las próximas décadas será incierta y desafiante, pues habrá de ser alcanzada por un sinnúmero de variables, cambios y transformaciones…”

Nuestra economía, caso contrario, en lugar de ampliarse para abarcar una perspectiva de mayor alcance, venía simplificándose y reduciéndose a la más pequeña versión empresarial y a la mínima expresión de competencia. Por eso cuando la Apertura fue exigente con la reconversión industrial, sólo se oyó el lamento y los interrogantes de ¿cómo puede ser?

Con la puerta abierta empezamos a ver que los vecinos estaban en mejores condiciones que nosotros, empezamos a advertir que si no nos colocábamos en posición de competencia y calidad, nuestros mercados iban a ser asumidos por los vecinos, pero con alta tecnología y calidad demostrada.

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Cuevas Amaya William. (2002, febrero 11). Competitividad empresarial y nacional de Colombia. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/competitividad-empresarial-nacional-colombia/
Cuevas Amaya, William. "Competitividad empresarial y nacional de Colombia". GestioPolis. 11 febrero 2002. Web. <https://www.gestiopolis.com/competitividad-empresarial-nacional-colombia/>.
Cuevas Amaya, William. "Competitividad empresarial y nacional de Colombia". GestioPolis. febrero 11, 2002. Consultado el 16 de Agosto de 2018. https://www.gestiopolis.com/competitividad-empresarial-nacional-colombia/.
Cuevas Amaya, William. Competitividad empresarial y nacional de Colombia [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/competitividad-empresarial-nacional-colombia/> [Citado el 16 de Agosto de 2018].
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