Recuento histórico de los movimientos subversivos en Colombia

Autor: Andrés Fernando Ruiz F

Comercio internacional

09-2001

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INTRODUCCIÓN

 Como nota introductoria para el presente trabajo me pareció lo más conveniente hacer referencia a una carta escrita por S. Freud en Viena (Septiembre de 1932) dirigida al “estimado profesor Einstein” como aparece en el saludo, y con la que se puede describir corta, clara y concisamente los orígenes y manifestaciones de la guerra. La carta lleva el título de “POR QUE LA GUERRA” y no la transcribiré toda, solamente el trozo que creo es de nuestro interés.
 
“... Los conflictos de intereses entre los hombres se zanjan en principio mediante la violencia. Así es en todo el reino animal, del cual el hombre no debiera excluirse; en su caso se suman todavía conflictos de opiniones, que alcanzan hasta el máximo grado de abstracción y parecen requerir de otra técnica para resolverse. Pero esa es una compilación tardía. Al comienzo, en una pequeña horda de seres humanos, era la fuerza muscular la que decidía a quien pertenecía algo o de quien debía hacerse la voluntad. La fuerza muscular se vio pronto aumentada y sustituida por el uso de instrumentos: vence quien tiene las mejores armas o las emplea con más destreza. Al introducirse las armas, ya la superioridad mental empieza a ocupar el lugar de la fuerza muscular bruta; el propósito último de la lucha sigue siendo el mismo: una de las partes, por el daño que reciba o por la paralización de sus fuerzas, será constreñida a deponer su reclamo o su antagonismo. Ello se conseguirá de la manera más radical cuando la violencia elimine duraderamente al contrincante, o sea, cuando lo mate. Esto tiene la doble ventaja de impedir que reinicie otra vez su oposición y de que su destino hará que otros se arredren de seguir su ejemplo...”[1] En mi opinión este es el origen de los grupos guerrilleros, cuando por las vías de la política no se puede ejercer una clara oposición la diferencia de opiniones pasa a resolverse en el campo violento, es decir, “La Guerra” o conflicto armado como se le ha llamado en nuestro caso. Pero, aquí tenemos lo que Eduardo Pizarro Leongómez ha denominado como “El Empate Negativo: que ni el ejército ha podido derrotar a la guerrilla, ni la guerrilla ha podido derrotar al ejército, a pesar de la superioridad de este último, esta situación ha conducido a una prolongación del conflicto sin perspectivas de solución por la vía militar.

La noción de empate militar no implica, pues, como en el salvador, la existencia de un equilibrio estratégico entre los dos polos en conflicto.”[2] No se dio en Colombia una capacidad del estado para dirimir el conflicto a su favor en el terreno militar, como pudo ocurrir en Uruguay o Argentina. El Empate negativo, con vaivenes ha sido una constante durante tres décadas.[3]
 
Pero continuemos con otro aparte de la carta del señor Freud para terminar de comprender bien la situación: “... Sabemos que este régimen se modificó en el curso del desarrollo, cierto camino llevó de la violencia al derecho. ¿Pero cual camino? Uno solo, yo creo. Pasó a través del hecho de que la mayor fortaleza de uno podía ser compensada por la unión de varios débiles. “L’union fait la force”... Sigue siendo una violencia pronta a dirigirse contra cualquier individuo que le haga frente; trabaja con los mismos medios, persigue los mismos fines; la diferencia solo reside, real y efectivamente, en que ya no es la violencia de un individuo la que se impone, sino la de la comunidad...hay en la comunidad dos fuentes de movimiento en el derecho (Rechtssunrube), pero también de su desarrollo. En primer lugar, los intentos de ciertos individuos entre los dominadores para elevarse por encima de todas las limitaciones vigentes, vale decir, para retrogradar del imperio del derecho al de la violencia; y en segundo lugar, los continuos empeños de los oprimidos para procurarse mas poder y ver reconocidos esos cambios en la ley, vale decir, para avanzar, al contrario, de un derecho disparejo a la igualdad de derecho. Esta última corriente se vuelve particularmente sustantiva cuando en el interior de la comunidad sobrevienen en efecto desplazamientos en las relaciones de poder, como puede suceder a consecuencia de variados factores históricos. El derecho puede entonces adecuarse poco a poco a las nuevas relaciones de poder , o, lo que es más frecuente, si la clase dominante no está dispuesta a dar razón de ese cambio, se llega a la sublevación, la guerra civil, esto es, a una cancelación temporaria del derecho y a unas nuevas confrontaciones de violencia tras cuyo desenlace se instituye un nuevo poder de derecho.”[4] De esta manera se aclara un poco el panorama a cerca de los orígenes de las guerras en una comunidad. Aunque, a mi modo de ver, el señor Freud dejó a un lado algo que casi siempre está presente en las luchas al interior de una comunidad y es el apoyo solidario: puede que halla individuos que se unan a esta lucha, aún sin que sus intereses sean los mismos (lo que no quiere decir que sean contrarios) por el simple hecho de pertenecer a la misma clase (la oprimida) con el fin de esperar un apoyo futuro si las circunstancias así lo sugiriesen. Esto se puede observar en las manifestaciones obreras sindicales, donde puede que la manifestación se origine para exigir ciertos derechos en un sector específico, pero por solidaridad, la manifestación se extiende a otros sectores.
 
¿Pero cómo prevenir esta sublevación o guerra civil a la que se refiere S. Freud? La respuesta también podemos darla siguiendo el transcurso de la carta: “Una prevención segura de las guerras solo es posible si los hombres acuerdan la institución de una violencia central encargada de entender en todos los conflictos de intereses.

Evidentemente, se reúnen aquí dos exigencias: que se cree una instancia superior de esa índole y que se le otorgue el poder requerido. De nada valdría una cosa sin la otra.”[5] Esto también lo sugiere René Girard cuando habla de la “racionalización de la venganza” entendida la venganza en términos violentos, con el argumento que la manipula sin peligro; la convierte en una técnica extremadamente eficaz de curación y, secundariamente, de prevención de la violencia.[6]
 
Pero, la prevención de la guerra no se da con la sola institucionalización de una entidad encargada de la racionalización de la violencia, sino que tiene que encontrarse cierto grado de conformidad entre la gente de la comunidad para evitar manifestaciones violentas que pueden ir desde la consecución del objetivo en forma particular hasta la organización armada con fines políticos. Quiero decir que tenemos que evitar las injusticias sociales, no podemos seguir viendo, por ejemplo, en barrios de Bogotá, edificios de estrato seis con una loma detrás plagada de gente que no cuenta ni con las mínimas condiciones que garanticen su supervivencia, como es el caso de ciertos tramos de la avenida circunvalar. Estas situaciones son las que hacen brotar en la gente manifestaciones de inconformidad que se manifiestan por diferentes formas de violencia (desde un simple raponazo a la conformación de grupos armados).
 
De esta manera hemos hecho una introducción a lo que es el conflicto armado y espero haber logrado dar un buen inicio al tema. El trabajo consta de tres partes que son: Condiciones y surgimiento de los grupos guerrilleros; desarrollo, debilidades y errores de la guerrilla colombiana y el proceso de paz.

CONDICIONES PARA EL SURGIMIENTO DE LOS MOVIMIENTOS SUBVERSIVOS

Antecedentes

La guerrilla en Colombia no fue inventada por una izquierda que buscaba la toma del poder. Es mucho más antigua, es una respuesta popular a la violencia existente de los ricos y poderosos. Desde los tiempos de la colonia las protestas y rebeliones populares han sido reprimidas a sangre y fuego. El que haya leído Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez, sabe que incontables guerras civiles siguieron a la represión de la oligarquía. Oficialmente, estas guerras son interpretadas como conflictos entre el Partido Conservador y el Liberal. Pero mucho mas que esto fueron guerras motivadas por las desigualdades sociales donde las dirigencias bipartidistas se aprovechaban para extender su poder.[7]
 
Así viene que la lucha armada como expresión de los conflictos sociales es un hecho histórico mucho más antiguo que las organizaciones guerrilleras.
 
En 1948, los oligarcas del país mandan a matar al lider popular Jorge Eliecer Gaitán que en esta época es la esperanza de millones de colombianos para alcanzar cambios sociales. Sigue la llamada “violencia” (1948-53) que cobra la vida de por lo menos 200.000 personas. Otra vez se está masacrando a la población colombiana con el pretexto de una lucha entre liberales y conservadores. Pero otra vez es una guerra de los terratenientes contra el pueblo. Lo más importante de esta última guerra civil es el hecho que en varias partes del país surgen grupos campesinos independientes que se defienden contra el terror de los poderosos. Ellos son la primera célula de la guerrilla colombiana de hoy. Varios grupos de autodefensa campesina, nacidos en los años 40 y 50, no entregan sus armas después del acuerdo bipartidista entre conservadores y liberales que da vida al llamado “Frente Nacional”. Mientras que los dos partidos grandes van rotando en el gobierno, crece la resistencia de abajo. En el campo se mantiene el poder de los campesinos autoorganizados que crean Repúblicas Independientes.[8]
 
Mientras tanto nace a principios de los 60 un movimiento popular amplio contra el Frente Nacional de la oligarquía. Es el “Frente Unido del Pueblo”, liderado por el cura revolucionario Camilo Torres. Moviliza decenas de miles de obreros, pobladores, estudiantes y campesinos que juntan su grito contra la injusticia social y el régimen bipartidista. Ambos movimientos se vuelven a convertir en objetivos del terror: La República Independiente campesina de Marquetalia es aniquilada por el ejército en 1964, Camilo Torres como dirigente del FUP recibe una serie de amenazas de muerte hasta que decide retirarse al campo donde existe un primer grupo del ELN.
 
En Colombia se presentaron condiciones excepcionalmente favorables para la consolidación de proyectos insurgentes en los inicios de los años sesenta; sin embargo, no existían condiciones para que esta experiencia se transformara en una opción de poder, debido a múltiples rasgos de la sociedad y el estado colombianos, algunos de los grupos insurgentes que emergen a mediados de la década de los sesenta (ELN, EPL, FARC) pudieron consolidarse pero, a su vez, no pudieron transformarse en un factor de poder alternativo, como ocurriera en Nicaragua y Cuba.[9]

Factores Externos

La lucha revolucionaria por la toma del poder político a partir del foco armado insurreccional se extendió a muchos países de América Latina en la década de los años sesenta, bajo el impacto de la revolución Cubana y las tesis del “Che” Guevara y Regis Debray. La segunda ola tendrá como modelo demostrativo el triunfo de la revolución sandinista fundado ya no, en un supuesto foco guerrillero, sino en un extenso frente de masas. “Nicaragua revivió el entusiasmo de las vanguardias por la lucha armada”[10]

Los portavoces de esta nueva modalidad de acción política: en el Perú, Hector Bejar del Ejercito de Liberación Nacional (ELN) y Luis de la Puente del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) en 1963; Luis Turcios, Antonio Yon Sosa, Turcios Lima y Luis Trejo de las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), de Guatemala en 1962; Jorge Ricardo Masseti, líder del Ejercito Guerrillero del Pueblo (EGP), en Argentina (1964); en Julio de 1961, Carlos Fonseca Amador, Silvio Mayorga, Noel Guerrero y Tomás Borge fundan el Frente Sandinista de Liberación Nacional, que inicia operaciones militares un año más tarde; en Brasil, a lo largo de los años sesenta se constituirán diversas organizaciones politico-militares, tales como, La Vanguardia Popular Revolucionaria (VPR), el Comando de Liberación Nacional (COLINA) y, ante todo, Acción de Liberación Nacional de Carlos Mariguella; en Bolivia, bajo la inspiración del propio “Che” nacerá en 1966, el Ejercito dev Liberación Nacional (ELN); en el Uruguay, bajo la característica del foco insurreccional urbano, surgirán Los Tupamaros bajo el liderazgo de Raúl Sendic. En nuestro país, el debut de las primeras organizaciones politico-militares se hará a partir, igualmente, de la concepción foquista. El MOEC, las FAL, el ELN e, incluso el PCML –de tendencia maoísta- buscara la consolidación de focos armados en diversos puntos del territorio nacional a partir de 1962[11]
 
Un segundo factor internacional decisivo será, sin duda, la ruptura chino-soviética en los primeros años de esta década de los sesenta, la división subsiguiente de los partidos comunistas pro-soviéticos en dos alas y el intento mecánico de reproducir la experiencia de la revolución china en Colombia por parte del PCML, a partir de la instalación de lo que habría de denominarse el “Ejercito Popular de Liberación” en el noroeste antioqueño. A raíz del fracaso de las primeras experiencias foquistas, el PCML asume como propia la teoría de la “guerra popular prolongada”, que a su vez será cuestionada a partir de 1980 en el XI congreso de esa organización.[12]
 
Factores Internos[13]

En ausencia de estos factores internos, muy probablemente el destino de la guerrilla colombiana hubiese conocido la misma suerte de sus congéneres en América del Sur.

Los factores que tuvieron una mayor incidencia fueron:

La aprobación de los postulados del XX congreso del PCUS en relación a la posibilidad de una vía pacífica hacia la revolución, por parte del Partido Comunista Colombiano (con relativo retraso, pues en 1956 se hallaba ilegalizado y bajo la agresión militar de Villarrica)[14], iba en total contravía con las enormes expectativas que produjo la revolución cubana en el ánimo de sectores urbanos radicalizados al inicio del frente nacional. Estos comienzan a denunciar al PC como una organización claudicante y se inicia la gestión de nuevas opciones políticas que terminaran con el hasta entonces monopolio comunista de la oposición revolucionaria en el país.

Enfrentando esta posición, emergen otras influencias por el radicalismo urbano: de una parte, una izquierda insurreccionalista que parte de la existencia inminente de una situación revolucionaria en el país, que critica acerbamente el reformismo y el pacifismo, partidaria de la lucha armada y del abstencionismo electoral (nos referimos al sector militarista del MOEC al ELN y al PCML). Y, de otra parte, grupos como el FUAR y el futuro MOIR que, igualmente, desde perspectivas radicales negarán, no obstante, la viabilidad inmediata de la acción armada y pondrán su acento principal en la organización de los movimientos urbanos.
 
Estos años marcan, la ruptura del monopolio comunista y la emergencia de una extensa gama de ensayos políticos radicales que constituyen la base de los actuales movimientos guerrilleros en el país.
 
No debe olvidarse que en esta etapa se produce un despertar inusitado del movimiento popular, sindical y estudiantil tras el largo sueño de la violencia y las dictaduras militares. Y, de otra parte, este periodo coincide con el nacimiento del Frente Nacional, que instaura en Colombia una “democracia restringida” fundada en el monopolio bipartidista excluyente, el estado de sitio permanente, la autonomía de la fuerzas militares en el manejo del orden público interno y la hipercentralización de las decisiones estatales en la rama ejecutiva, en detrimento de los órganos de elección popular. Así, la inexistencia de espacios democráticos reales para las fuerzas políticas diferentes a las del bipartidismo, bloqueando sus aspiraciones de incidir en las decisiones políticas, por fuera de los estrechos canales previstos tendría una consecuencia inmediata: la des-institucionalización de las luchas políticas, sindicales y sociales que desbordarían los marcos legales (paros cívicos, huelgas, movimientos armados, etc.) y llegarán a tener una importancia al menos equivalente a las formas de participación previstas en las leyes. “Una proporción considerable de los “asociados” no acepta el sistema político vigente, cuestionando de esta forma la legitimidad del poder, y enrumbando su movilización a través de instrumentos marginales, informales e ilegales de acción política. El resultado es la creciente polarización entre informalidad-formalidad en lo político y la crónica desinstitucionalización de la lucha política”[15]
 
Los primeros intentos de constituir focos guerrilleros se fundamentarán en la voluntad de “integrar el sentimiento revolucionario urbano con la violencia rural, a fin de emprender acciones guerrilleras”.[16] Es indudable que en los núcleos de sobrevivientes de la antigua guerrilla liberal existe una enorme frustración que se expresará en el ingreso masivo de sus miembros al MRL y en muchos casos, a las guerrillas revolucionarias que nacen en este periodo.
 
La relación entre la violencia y el movimiento guerrillero actual sorprende, igualmente al leer la biografía de un gran número de dirigente o simples militantes de los diversos movimientos guerrilleros: Alvaro Fayad (ex-comandante del M-19), es testigo presencial del asesinato de su propio padre, por “pájaros” al servicio del partido conservador[17]; Fabio Vásquez Castaño, perdió, parte de sus familiares en su región de origen, el Quindio[18] ; la gran mayoría de dirigentes de las FARC participaron en las guerrillas de los años cincuenta, incluido Jacobo Arenas a pesar de su origen urbano[19], etc.

Surgimiento de los Grupos Guerrilleros

MOEC

El despertar del movimiento guerrillero no comunista, se inicia con el movimiento obrero estudiantil campesino – 7 de Enero (MOEC), que surge en el año de 1959 y realiza su primer congreso en Cali en Julio de 1960, siendo sus principales promotores un grupo de estudiante radicales como Eduardo Aristizabal, Max Santos, Robinson Jiménez y Antonio Larrota. No obstante, desde sus inicios se conforman al interior del MOEC dos líneas, la una impaciente por constituir los primeros focos guerrilleros y la otra mas orientada al trabajo político y organizativo urbano, en los medios obreros.
 
A fines de 1964, el MOEC terminaría fraccionado en pedazos: el sector que habría de constituir el núcleo fundamental del grupo maoísta MOIR, el que serviría de base para otras experiencias foquistas frustradas, las FAL (Fuerzas Armadas de Liberación) y, un tercer sector que se diluiría en otras organizaciones.
 
Además de las FAL, en estos mismos años surgirían varios intentos adicionales de crear focos armados, de ideología mas o menos oscura como es el caso del Ejército Revolucionario de Colombia (ERC), impulsado en octubre de 1961 por Roberto González Prieto.

ELN

La llegada de un grupo de estudiantes becarios a Cuba, coincidiría con la crisis de los misiles que puso al mundo al borde de una confrontación Global (1962). Inmediatamente parte de ese grupo solicita y obtiene prácticas militares e inicia una serie de discusiones sobre la necesidad de “formar un grupo para venirnos a Colombia a desarrollar la teoría del “Che” Guevara, el foco guerrillero[20]
 
Así, estimulados por el único miembro de ese grupo que había viajado expresamente a Cuba con objeto de emprender una futura experiencia militar, Fabio Vásquez Castaño (miembro de las juventudes del MRL), se creará en La Habana, el 11 de Noviembre de 1962, la brigada pro Liberación Nacional José Antonio Galán, bajo la dirección inicial de Víctor Medina Morón, Fabio Vásquez y Eriberto Espitia.
 
Los cuadros iniciales del ELN son, ante todo provenientes del sector universitario y gracias a su inicial implantación en una zona donde la violencia anterior había sido muy álgida y era altamente conflictual, se logró inicialmente un desarrollo rápido, el 4 de Julio de 1964 en un rancho perteneciente al “Capitán Parmenio” nacería el ELN. De allí mismo partiría el núcleo inicial compuesto de 16 hombres. El 7 de Enero de 1965 abre fuego el ELN en la población de Simacota.

EPL

El nacimiento del PCML y posteriormente de su brazo armado el EPL está determinado por una causa especial, la ruptura Chino-Soviética. Un grupo de dirigente comunistas, se separa del partido comunista e impulsan a partir de 1963 esta nueva organización de corte Maoísta. Inicialmente se constituye el CINREC (Comité de Integración de los Movimientos Revolucionarios Colombianos) y, en Mayo de 1965 se realiza el congreso de constitución del nuevo partido. La reconstrucción de la organización se inicia con el XI congreso del partido, en el cual se rompió con el maoísmo y sus secuelas.

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Andrés Fernando Ruiz F

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