Educar a los alumnos como excelentes proveedores de servicios

Autor: Mariana Pizzo

Formación y capacitación

18-05-2011

Alcanzar una educación de calidad es posible si te propones mirar a tus alumnos como futuros proveedores de servicios. Esta perspectiva te llevará a conducirlos por un camino de crecimiento personal integral que los hará desarrollar las habilidades y actitudes más acertadas para alcanzar sus metas en la vida.

Existe una discusión conceptual acerca de quién debe ser considerado el cliente en el servicio educativo. Algunos consideran que el cliente es la sociedad, que recibe a ese alumno formado (que es el producto del proceso educativo). Otros opinan que el cliente es el mismo alumno, pero no por esto se buscará satisfacer sus deseos momentáneos (que pueden perjudicar el proceso educativo), sino sus necesidades de largo plazo, es decir, darle una formación adecuada para su mejor inserción en la sociedad.

Mi posición se inclina por considerar al alumno como cliente, y analizando sus necesidades y expectativas, podemos generalizar en que él busca a través de la educación (personalmente o por medio de su familia, dependiendo de su madurez) alcanzar una formación que le permita su inserción en la sociedad. Y esto en el sentido más amplio, ya sea empleándose en una empresa, en una institución pública o sin fines de lucro, emprendiendo su propio negocio, o cumpliendo un rol social determinado (como por ejemplo ser padre/madre, artista, religioso, etc.).

Ahora fíjate que cuando cumplimos un rol en la sociedad, cualquiera sea éste, nos convertimos en proveedores de servicios. El servicio que ofrecemos es nuestro trabajo.

Nadie se escapa de esta función. La vida es un servicio hacia otros. Entonces, tú como educador, deberías ser un formador de proveedores excelentes de servicios.

Recuerdo cuando era docente universitaria, yo tenía unos pocos años más que mis alumnos, que estaban en sus últimos años de carrera. Y por mi falta de experiencia me preguntaba si sería capaz de ser una buena docente para ellos. Pero no me quedé en las dudas de mi capacidad sino me pregunté qué podía yo ofrecerles para que sean lo que buscan: profesionales, y a que alcancen su mayor ambición: ser profesionales excelentes, no mediocres, no por inercia o por haber alcanzado un título, sino porque son capaces de aportar algo valioso a la sociedad.

Entonces con esta mirada intenté como primera medida ser ejemplo en todo lo que les pedía. Ser ejemplo de cumplimiento de la palabra, de puntualidad, de responsabilidad (de mis deberes de docente), de aprendizaje (aprendiendo también de ellos), de humildad (sabiendo decir “no sé”, cuando no tenía una respuesta y reconociendo mis errores).

Por otro lado, me propuse despertar en ellos esta ambición de excelencia, que imagino todos al soñar con su futuro han tenido, pero que muchas veces se ve apagada por la cotidianeidad del estudio, o por observar dejadez o desgano en otros adultos. La respuesta fue excelente, este impulso despertaba una autoexigencia sana que favorecía muchísimo los resultados académicos.

Y finalmente, generar una relación personal con ellos, que aún hoy perdura, y que favoreció el acercamiento para la colaboración mutua, para una comunicación abierta que también me permitía conocer mis errores y las oportunidades de hacer cada vez mejor mis clases.

No te cuento esta experiencia por considerarme un ejemplo, para nada. Yo no he estudiado nunca pedagogía, ni soy experta en la materia que he dado, y de hecho he cometido muchos errores al hacerlo, pero creo que hoy los alumnos necesitan, más que contenidos extraordinarios, una mirada sobre su persona, despertar esa confianza en que pueden aportar valor y formarlos para desarrollar esas actitudes y habilidades que le permitirán hacerlo.

Te propongo entonces que realices el siguiente ejercicio en relación a tu función educativa:

• Visualiza para qué estás preparando a tus alumnos. Qué esperan ellos ser en el futuro.

• Luego relaciona los contenidos que les brindas con ese “deber ser”. ¿Qué le están aportando los contenidos para conseguir su objetivo?

• Seguramente los contenidos solos no pueden conseguir formarlos integralmente. ¿Qué habilidades necesitarán desarrollar? ¿Cómo puedes ayudarlos a formar esas habilidades?

• Contenidos y habilidades no se ponen en acción sin actitudes apropiadas. ¿Qué actitudes consideras que deben tener para hacer su aporte de valor? ¿Cómo puedes incentivarlas? ¿De qué manera las ven reflejadas en ti?

Y, antes que nada, mira a tus alumnos como personas integrales, y ámalos sinceramente. Esta actitud es la que te abrirá las puertas para acercarte a sus necesidades y así darle la respuesta más adecuada a cada uno.

Mariana Pizzo - marianitapizzoarrobayahoo.com.ar

Soy Ingeniera Industrial recibida en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires. He trabajado en empresas pyme y grandes, y me he interesado en Calidad, profundizando en esta disciplina a través de cursos e investigación. Soy auditora interna de sistemas de gestión de la calidad ISO 9001. He sido docente e investigadora en la Universidad Nacional de San Luis, desde donde tomé contacto directo con Pymes a través de un proyecto de investigación. Actualmente investigo y desarrollo acerca de Calidad en el Servicio.

http://comoservirconexcelencia.com/blog/

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