Régimen de flotación del peso en respuesta a choques de carácter externo e interno; política monetaria como ancla nominal de la economía; intervención del Banco Central en el mercado de cambios; volatilidad del tipo de cambio ... un compendio para entender los procesos del mercado de cambios en México.
E1 esquema de libre flotación del valor externo del peso (donde la
paridad cambiaria se mueve libremente en el mercado de divisas),
adoptado a finales de 1994, ha permitido que el tipo de cambio del peso
refleje adecuadamente la existencia de "perturbaciones" de ambos signos.
El nivel del tipo de cambio, de enero de 1993 a abril de 2004, permite
las siguientes observaciones:
Es fácil apreciar la diferencia entre la trayectoria casi horizontal
de la paridad peso-dólar durante 1993 y 1994 (cuando el tipo de cambio
era un "precio oficial", fijo o semifijo) y el curso de altibajos del
resto del periodo (cuando la paridad ha sido flotante).
Como era de esperarse, el valor externo del peso cayó abruptamente a lo
largo de 1995, en medio de la incertidumbre asociada a la crisis de
pagos.
De principios de 1996 al otoño de 1998 se observó una tendencia
depreciatoria del peso, influida sin duda por factores externos de mucha
gravedad, como la crisis asiática (1997) y la rusa (1998), que generaron
una salida de capitales de las economías emergentes en general.
En contraste, de finales de 1998 a principios de 2002 se detectó una dirección revaluatoria del tipo de cambio. A este respecto, cabe mencionar que elementos tales como el fortalecimiento de las cuentas externas de México y la consolidación de la estabilidad económica contribuyeron a mejorar las expectativas económicas de mediano plazo, y a propiciar entonces un aumento significativo de los flujos de recursos externos hacia el país.
Finalmente, a partir del segundo trimestre de 2002 y hasta el momento
se ha observado de nuevo una tendencia a la depreciación de la paridad.
Ello ha obedecido quizá a la influencia combinada de factores de diversa
índole, entre los que destacan los siguientes, en orden temporal: la
desaceleración inicial de la economía estadounidense (mayor a la
prevista); los riesgos geopolíticos derivados del conflicto Estados
Unidos-Irak; el deterioro de las perspectivas de mediano plazo de
México, vinculado a la pérdida de competitividad atribuible al rezago
del proceso de modernización económica (reformas estructurales), y,
desde luego, la incertidumbre reciente sobre el tiempo y la intensidad
del ciclo de alza de las tasas de interés internacionales.
Parece claro que de 1995 al presente la paridad se ha movido mayormente
en respuesta a las alteraciones, negativas y positivas, percibidas por
los oferentes y demandantes de divisas. En otras palabras, el tipo de
cambio ha sido un precio de mercado.
Política cambiaria
Un régimen de tipo de cambio fijo implica la subordinación de la
política monetaria. Si se pretende mantener inalterada la paridad, es
preciso limitar el crecimiento de la oferta monetaria sólo a lo que el
público demanda. En tal sentido, si el crecimiento monetario resulta
demasiado rápido, los agentes económicos se deshacen del "exceso",
adquiriendo divisas extranjeras, que la autoridad tiene que proveer (de
las reservas oficiales) para evitar una variación del "precio oficial"
(una devaluación). Esto es, al parecer, lo que tenía en mente un
distinguido Director General del Banco de México cuando señalaba que
"del Banco salen primero pesos.. . y luego dólares". Si el proceso
continúa, las reservas llegan eventualmente a un punto crítico, donde se
desata una "corrida" irrefrenable contra la divisa, que culmina con el
colapso de su precio.
La instauración del esquema de flotación, a partir de 1995, permitió al
Banco de México utilizar libremente la política monetaria con el
objetivo primordial de estabilizar los precios. Y asi ha sido en la
práctica: el Banco de México ha concebido y operado su política
monetaria con la intención de reducir sistemáticamente la inflación.
Es oportuno apuntar que bajo el esquema anterior el tipo de cambio
cumplía con la función de "anclar" (acotar) las expectativas del público
con respecto a la inflación. Al desaparecer la paridad fija, la política
monetaria ha servido, paulatinamente, conforme ha ganado credibilidad,
como "amarre" de los pronósticos inflacionarios.
La política monetaria actual no intenta determinar el nivel ni la
trayectoria del tipo de cambio. Sin embargo, es obvio que ejerce una
influencia sobre la paridad, dado que afecta las tasas de interés
internas. Por ejemplo, cuando se anticipan presiones inflacionarias
incongruentes con la meta de inflación, el Banco de México endurece su
postura monetaria, a través de un incremento del "corto".
Ello induce un alza de las tasas de interés de corto plazo que, a su
vez, puede ocasionar una apreciación del tipo de cambio, dado que el
aumento del rendimiento de los valores denominados en moneda nacional
propicia su adquisición. A este respecto, conviene recordar que las
variaciones del "corton tienen únicamente efectos transitorios sobre las
tasas de interés, las cuales se determinan por las fuerzas del mercado.
Desde luego, la realidad es bastante más compleja. Por ejemplo, durante
el lapso reciente caracterizado por la revaluación del peso (finales de
1998, principios de 2002) las tasas de interés mantuvieron una clara y
significativa dirección descendente, a la inversa de lo "predecible" por
la teoría.
La explicación de esta evolución es, simplemente, que tanto el tipo
de cambio como las tasas de interés son "precios de mercado", y que
ambas variables reaccionan a la baja (o al alza) frente a noticias
positivas (o negativas).
Sin intervención oficial
Una vez adoptado el régimen de libre flotación, el Banco de México
realizó diversas intervenciones directas en el mercado cambiario. En
aquella época, el entorno se caracterizaba por la tendencia
depreciatoria y la elevada volatilidad del tipo de cambio. Los agentes
económicos abrigaban entonces serias dudas sobre la viabilidad del nuevo
esquema. La participación oficial desapareció gradualmente, conforme la
situación se estabilizó. El Banco de México participó discrecionalmente
en el mercado de cambios, por última vez y con una cantidad pequeña, en
septiembre de 1988.
Más tarde, se establecieron dos mecanismos de intervención (uno de venta
y otro de compra de divisas) que operaron automáticamente durante cierto
tiempo, cuyo resultado neto fue un incremento muy significativo del
nivel de reservas internacionales.
En marzo de 2003, la Comisión de Cambios, integrada por funcionarios de
la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y del Banco de México,
decidió poner en práctica un sistema cuyo propósito era reducir la
velocidad de acumulación de reservas internacionales, que habían
alcanzado niveles históricamente elevados.
El esquema entró en operación en mayo de ese mismo año y se encuentra
vigente en la actualidad. Cabe señalar que, al igual que en ocasiones
anteriores, el mecanismo es transparente y automático, de manera que los
participantes en los mercados pueden anticipar oportunamente el monto de
las transacciones que, por cierto, son relativamente pequeñas en
comparación con los volúmenes operados diariamente en el mercado
cambiario.
Futuro del tipo de cambio
En el corto plazo, la evolución del tipo de cambio en un mercado más o
menos libre es esencialmente impredecible, porque depende del "instinton
de los cambistas y de sus reacciones &ente a la corriente incesante y,
en "tiempo real", de datos, noticias y rumores, algunos incluso
signilicativos.
A este respecto, es pertinente recordar que, en lo que toca al precio
de los activos, "sólo las sorpresas son relevantes''.
Así pues, la variabilidad es la condición normal de los mercados. Sin
embargo, muchos estudiosos de la cuestión cambiaria opinan que cierta
estabilidad de la paridad es favorable para las transacciones
internacionales, tanto comerciales como financieras, porque reduce la
incertidumbre. Sobre esta cuestión, es oportuno reiterar que la política
macroeconómica puede propiciar la estabilidad cambiaria adoptando una
postura fiscal y monetaria disciplinada.
La razón de ello es que, en tal caso, los participantes en el mercado
saben que las finanzas públicas no tenderán a generar desequilibrios
presupuestales que puedan sobrecargar la capacidad de financiamiento no
inflacionario.
Cuando se estableció el actual régimen de flotación del peso, uno de los
temores más comunes expresado por algunos observadores fue que daría
lugar a una volatilidad excesiva de su cotización. No mucho tiempo
después, paradójicamente, la preocupación parecía consistir en que el
peso mostraba una extraordinaria estabilidad en el mercado cambiario.
En fechas recientes, frente a la depreciación significativa de la moneda
nacional, ha resurgido la inquietud tanto sobre la dirección de la
cotización ("irrefrenable caída del peso") como de sus oscilaciones
("intolerables fluctuaciones de la paridadn). Como ya sabemos, a fin de
cuentas ninguna de esas dos alarmas resultó fundada.
De hecho, la variabilidad reciente del peso no ha sido particularmente
notable en una comparación histórica, ni tampoco frente a lo ocurrido a
otras divisas.
El régimen cambiario actual de México permite que el valor externo del
peso se ajuste al alza y a la baja, de acuerdo Con 'las condiciona del
mercado. En contraste con el esquema anterior, el sistema vigente se
caracteriza por la flexibilidad, lo que permite que el tipo de cambio
(junto con las tasas de interb) funcione como un amortiguador. Elio
facilita el como de la economía frente a las perturbaciones que
comúnmente la afectan, ya sean de origen interno o externo.
Los temores de que la flotaci6n estuviera acompañada de una volatilidad
excesiva resultaron sin base. Las fluctuaciones del peso en el mercado
cambiario no han, inhibido, al parecer, el crecimiento del flujo de
transacciones comerciales y financieras entre fronteras. Tampoco han
impedido una deflaci6n gradual.
Frente a el intento de adivinar el valor futuro del peso constituye un ejercicio añejo y habitual pero necesariamente frustráneo. Los precios de los activos son impronosticables porque su nivel y tendencias actuales reflejan toda la información disponible y, por tanto, cualquier movimiento adicional depende de lo fortuito. En todo caso, la experiencia y la teoría avalan la idea de que las políticas fiscales y monetarias que contribuyen a la estabilidad general de los precios propician, asimismo, la estabilidad cambiaria.
Uno de los aciertos del Banco Central ha sido optar por una banda de libre flotación de 'nuestra moneda con relación al dólar.
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