INTRODUCCIÓN
Han quedado atrás en la historia los viajes de la nobleza francesa
conocidos como “Gand Tour”; en ese entonces, el principe heredero al
trono se preparaba recorriendo todo Europa, conociendo las costumbres y
hábitos de otros pueblos. Se creía, en esa época, que ese conocimiento
garantizaba la objetividad en las futuras tomas de decisiones del
regente (Burgess y Haskell, 1967). También han quedado en el pasado, las
ambiciones de Thomas Cook (1851), conocido como el “padre de la primera
agencia de viajes”, del suizo Ritz (1898) como creador de prestigiosos
establecimientos hoteleros como el Gran Hotel de Roma (1893), el Ritz de
París (1898) y el Carlton de Londres (1899). Todo ellos, fueron
fundadores de un turismo muy distinto al que conocemos hoy en día.
Las economías producen alimentos, indumentarias, heladeras, televisores,
automóviles entre otras cosas. Comúnmente estos son llamados productos,
pero en el turismo, como en los servicios, el tema no es tan sencillo.
Por ese motivo es conveniente cuestionarse: ¿que se entiende como
producto turístico?, ¿es correcto hablar sociológicamente de un producto
turístico? ¿si existe un producto turístico esto implica necesariamente
la existencia de una industria y economía del turismo?.
El objetivo del siguiente artículo, es establecer un abordaje crítico
sobre el concepto de “producto turístico”, definiendo sus alcances y
limitaciones en los contextos en los cuales se emplea comúnmente.
Para cumplimentar con tal fin, hemos dividido el trabajo en cuatro
partes bien diferenciadas: en primer lugar, se va a abordar la
definición del turismo como actividad, para luego establecer ciertas
comparaciones con aquellas que se usan para hablar de “producto”. En una
tercera etapa, se analizarán y discutirán que entienden por “producto
turístico” los principales exponentes de la actividad, entre ellos
Miguel Angel Acerenza, Roberto Boullon y Phillip Kotler. Para finalizar,
se analizará en forma teórica los alcances y las limitaciones que se
encuentran en los escritos de estos tres investigadores de fama
internacional que ya hemos mencionado.
¿Qué ES EL TURISMO?
Si bien, el hombre ha viajado desde tiempos inmemoriales. El origen de
la palabra se remonta al antiguo sajón Torn, allí por el siglo XII
(Según el profesor Luis Fuster). Es recién hacia 1746, que por medio del
contacto con la cultura francesa, los ingleses comienzan a usar el
término Tour. En el siglo XIX, la influencia francesa continua y la
clase emergente burguesa utiliza para simbolizar sus desplazamientos el
sufijo Isme[1] de la cual finalmente surge el vocablo Tourism. (Jiménez
Guzman L, 1986:32)
Sin embargo, el turismo a como lo conocemos hoy, no surge sino a
mediados del siglo veinte. Tautologicamente, producto de diversos
cambios que se estaban gestando en las sociedades occidentales. La
reducción de las horas laborales, lo cual desencadenó un aumento en el
tiempo libre, los avances tecnológicos en materia de transporte, y el
aumento paulatino y progresivo de los salarios fueron factores
importantes que ayudaron que la actividad creciera a niveles cada vez
mayores. Los tiempos y costos de traslado provocaban que muchas personas
tuvieran la posibilidad de llegar a puntos o destinos que le eran
impensados apenas 30 años antes. Fue así que para algunos, el turismo
comenzó a crecer hasta ser conocido o llamado “la industria sin
chimeneas”. (Getino, 2002: 135). (Britton S, 1982:309).
En efecto desde el 40 al 60, comienza a surgir la necesidad del turista
de sentirse seguro en entornos que le eran extraños, y al mismo tiempo
disfrutar la búsqueda de novedades. (Cohen, 1972). Así surge, la empresa
comercial como mediador entre esas dos tendencias. (Burkhart y Medlik,
1974). (Britton S, 1982)
El geógrafo francés afirma Michaud (1983) “el turismo agrupa al conjunto
de actividades de producción y consumo, a las que dan lugar determinados
desplazamientos seguidos de una noche, al menos, pasada fuera del
domicilio habitual, siendo el motivo de viaje el recreo, los negocios,
la salud o la participación de una reunión profesional, deportiva o
religiosa” ( en Callizo Soneiro, 1991:19)
Durante la década del sesenta, el turismo fue definido por la
Organización Mundial de Turismo, como “la suma de relaciones y
deservicios resultantes de un cambio de residencia temporal y
voluntario, no motivado por razones de negocios y profesionales”[2]
En los años que vendrán habrá otras definiciones pero la esencia del
concepto no tendrá variaciones. Al menos, hasta llegar a la última
definición que adopta esta organización en la que entiende al turismo
como “toda actividad de individuos que viajan y permanece en lugares
fuera de su ámbito de residencia por motivos de ocio, negocios u otros
propósitos por más de 24 horas pero menos de 1 año”.
Pero antes, caben algunas consideraciones sobre esta definición. En
primer lugar, si bien esta forma de definir al turismo ha sido
reglamentada y usada durante años, existen en ellas ciertas ambigüedades
y laxitudes que son importantes recalcar.
Por un lado, la diferencia entre un turista y un inmigrante parece
estar dada por el tiempo de residencia fuera de su entorno, más que por
sus motivos de desplazamiento. Un individuo puede moverse, estar ausente
por cuestiones de trabajo durante seis meses, y seguir manteniendo el
estatus de turista. En este punto, no queda clara la definición de
negocio. [3] Mas aun, ésta se hace más ambigua cuando se introduce la
idea de “otros propósitos”.
Por otro lado, esta laxitud en el término no sigue sino lineamientos
económicos. En cierta manera, el hecho de incluir dentro de la
definición a los negocios u otras actividades hace posible aunar ya no
al tradicional turista que sale de vacaciones, sino también otro tipo de
viajantes que hasta el momento no estaban tipificados, entre ellos el
hombre de negocios o las personas que debían desplazarse por razones de
salud.
Así, comienzan a surgir nuevas ofertas que apuntan a
“segmentos” bien definidos que luego algunos llamarán “producto
turístico”. Sus ramificaciones serán variadas y su naturaleza y lógica
irán apuntadas a la lógica del consumo. Surgen así las famosas
tipologías del turismo: turismo cultural, turismo religioso, turismo
social, turismo salud, etc.
Lo expuesto hasta aquí deja dos cosas claras: la primera de ellas, es
que la noción de turismo surgió como una necesidad de mercado y como tal
sigue los lineamientos y las pautas de la economía. La segunda es que,
sociologicamente la definición es incapaz de comprender, por laxa y
ambigua, la dinámica de la actividad.
Esto trae aparejadas una serie de complicaciones, entonces ya
relacionada con la otra definición que ponemos en el ojo de la tormenta.
¿Qué se entiende por producto?
DEFINICIONES DE PRODUCTO
Desde la definición sistémica del profesor Alberto Levy, el producto
puede entenderse como el proceso de costos, ingresos y estructuras
técnicas que el sistema sintetiza orientado a sus propios objetivos. A
través de entradas (inputs) tales como información del entorno o
recursos, el sistema basado en orientaciones racionales crea la oferta,
la cual se entiende como la suma de unidades adquiribles en mercados
totalmente elásticos. (Levy A, 1994:97). En otras palabras, lo que esta
ensalada de términos quiere decir, es que el producto es la sumatoria de
costo más beneficio esperado y que las unidades producidas obedecen a
procesos racionales orientados a objetivos concretos.
En forma general, para Baudrillard la utilidad de un objeto está dado
desde el mismo momento en que se demanda, dándose un proceso dialéctico
que da origen a la mercancía; ésta no sólo es producida y transformada
en parte de la cultura, sino que además es la propia cultura la
consumida como mercancía (Alonso L, 2005:23). En este punto, el producto
puede entenderse como un objeto cuyo valor utilitario lo hace deseable
al consumo otorgando diferentes “significaciones ajustadas” que varían
según las “clases sociales” (du Bois y Celma, 1999:142).
Según esta definición hay dos inconvenientes claros, el primero es que
se mezclan tres conceptos que deberían estar por el momento
diferenciados, el producto, la cultura y el consumo; segundo, que el
valor simbólico atribuido a todo producto no necesariamente defina o
condicione el estatus social.
En muchas sociedades, cuando el nivel de consumo de productos entre los
estratos sociales se asemeja, las elites han tratado de buscar otros
elementos culturales para distinguirse, entre ellos el idioma. Así, la
elite Rusa se esmeraba por hablar francés, los indios hicieron lo propio
con el persa, mientras que los romanos no escatimaron esfuerzos en
demostrar su admiración por el griego. (Bram, 1961:12). Pasaron muchos
años, hasta que la enseñanza de ese lenguaje no se comercializara. Por
último cabe agregar que, la dialéctica de Braudillard (cultura,
producto, consumo) no siempre está sistemáticamente integrada en ese
orden, o por lo menos no siempre lo estuvo.
Sin ir más lejos, la definición de producto puede ser abordada desde
varias perspectivas y entendida dentro de un contexto histórico
diferente en cada caso. Cada sociedad en cada tiempo intenta ajustar el
concepto de producto y de producción acorde a sus necesidades, sean
estas biológicas o conspicuas. De esta manera, puede entenderse al
producto, como un objeto derivado de algún tipo de proceso sintético.
Ese objeto es escaso por naturaleza, por ende económico lo cual lo
convierte en un bien.
En segundo lugar, su síntesis se desprende de los recursos
disponibles, las relaciones de producción, y el valor integrado entre
fuerza de trabajo y utilidad neta esperada. Por último, su naturaleza
puede ser tangible, en el caso de un automóvil, o intangible como la
suscripción a un club de deportes.
De esta manera entonces, podemos definir al producto como aquel bien de
naturaleza económica, tangible o intangible que se deriva del proceso de
síntesis en donde se integran los recursos disponibles, las relaciones
de producción y la utilidad esperada.
Sin embargo, ¿A dónde ubicamos y como definimos al producto turístico?
EL PRODUCTO TURISTICO
Si trae algunas confusiones la definición de producto, mayores serán las
que traiga la de producto turístico. En algunos casos, se confunde con
otros conceptos a los cuales se les da un significado similar tales como
patrimonio turístico, oferta turística, o recurso turístico.
En fin, en primer lugar el producto turístico integra tanto los
recursos, como la oferta y el patrimonio pero es algo más. Raymond
Noronha (1979) ha tratado de buscar la definición de producto turístico
a lo largo de sus investigaciones. La mayoría de ellas, solamente tienen
en consideración las características del turista y la conformación
estructural de la oferta. Sin embargo, esto no parece ser suficiente
para una definición ajustada.
Si bien a lo largo del tiempo, muchos investigadores han propuesto
variadas e creativas definiciones sobre el producto turístico, en
nuestro trabajo solamente nos vamos a ocupar de tres. Nadie que haga del
turismo su objeto de estudio puede negar la influencia de los escritos
de Roberto Boullon, Miguel Angel Acerenza y Phillip Kotler. En este
apartado analizaremos sumariadamente que problemas o complicaciones
conceptuales encierran los diferentes abordajes de estos autores, a la
hora de definir ¿que se comprende por producto turístico?
Miguel Angel Acerenza, nos explica que el producto turístico tal cual se
lo conoce hoy, tiene su origen a mediados del 50 en Europa y lo define
de la siguiente manera:
“Desde el punto de vista conceptual, el producto turístico no es más que
un conjunto de prestaciones, materiales e inmateriales, que se ofrecen
con el propósito de satisfacer los deseos o las expectativas del
turista… Es en realidad, un producto compuesto que puede ser analizado
en función de los componentes básicos que lo integran: atractivos,
facilidades y acceso.” (Acerenza M, 1993:23)
Pero este producto en particular tiene características que lo
diferencian del resto, según el autor. El primer aspecto, es la división
entre “oferta original”, el poder que genera el atractivo, “la oferta
derivada” las facilidades de infraestructura que hacen posible la
estadía del viajero. Estos elementos se interrelacionan y son una de las
características que diferencia la producto turístico del resto de los
productos.
En segundo lugar, surgen los requisitos de la demanda, aparece
la figura del transporte como medio que permite el traslado de los
consumidores hacia el lugar de consumo. A diferencia de otros sectores,
el turista consume el producto una vez arribado al centro receptor. (ibid:36)
Sin embargo, existen inconsistencias en el abordaje de Acerenza que son
importantes analizar desde el punto de vista sociológico. En primer
lugar, no todo desplazamiento implica que estemos en presencia de un
producto turístico.
Por ejemplo, podemos ir al teatro los domingos, de esta manera
tenemos una oferta original (el espectáculo que nos atrae), una oferta
derivada (las instalaciones del teatro), y la posibilidad de integrar
ambos elementos por medio del desplazamientos (el colectivo).
¿Estaríamos consumiendo un producto turístico?. La respuesta, cualquiera
sea, choca con la definición de turismo de la OMT, donde queda
claramente expresado fuera del lugar de residencia.
En segundo lugar Acerenza olvida, que el proceso de consumo puede
incluso empezar antes del desplazamiento cuando vemos un folleto, una
imagen, una película y nos movilizamos a imaginar el viaje. De hecho, y
lo que el autor tampoco menciona, es que el producto es adquirido
(cuando se paga) antes de iniciar el desplazamiento o viaje.
Para Roberto Boullon, al igual que Acerenza, el producto turístico se
distingue del resto por el hecho de que la producción y el consumo se
dan en simultáneo en tiempo y espacio (proceso de Servucción)[4]. (Boullon,
2004:14). Asimismo, el autor introduce un elemento que al anterior autor
les es desconocido; el turismo es considerado un “bien de lujo” por
tanto es sensiblemente elástico al comportamiento de otras variables
como el ingreso.
De esta manera, para Boullon, el producto turístico es un bien tangible
aunque no es plausible de almacenarse. Es tangible ya que por lo general
está ligado a la “producción de algo material”, sin embargo una vez
finalizado el tour la adquisición se desvanece; servicios de uso
ocasional podría ser un término adecuado para esta idea.
Es posible, que el producto no exista hasta que el viaje no tome forma.
Sin embargo, a diferencia de Acerenza, Boullon entiende que existen
procesos previos como ser una fotografía que inducen a la compra del
producto, acelerando la tangibilidad del bien, anticipando a través de
emociones internas al proceso de servucción. En gran medida, no siempre
lo imaginado resulta ser real. Para tal caso, el riesgo de
insatisfacción en el turismo puede ser alto, si lo comparamos con otros
productos. (Ibid:18).
El turismo, posee características propias y el perfil de cada producto
debe comprenderse dentro de seis variables básicas: tipo, utilidad,
función, necesidad, satisfacción y motivación. En efecto, el turismo es
un servicio vinculado al sector terciario de la economía; su utilidad es
predominantemente psicológica y de estatus, su función es inmaterial por
cuanto sigue una dinámica que se instala en la experiencia subjetiva; se
consume turismo para satisfacer la necesidad del tiempo libre, que en sí
es una necesidad cultural adquirida propia de las sociedades de consumo
occidentales; la satisfacción del consumidor es a corto plazo aunque
luego pueda quedar un recuerdo residual que emule ese viaje; finalmente
las cinco variables anteriores integradas son las que llevan y
desembocan en la motivación. (Ibid: 17-35)
No obstante, quedan algunas cuestiones inconclusas (también) en el
abordaje de Roberto Boullon:
La primera de ellas, es que no existe una definición clara de producto
turístico, mas que saber que es un bien tangible vinculado al sector
terciario de la economía. En uno de sus pasajes, el autor se pregunta
¿Qué es un producto-servicio (PS) turístico?, y su respuesta no es muy
precisa que digamos; para Boullon (2004:40) un producto turístico puede
ser: un paquete turístico, alguno de los componentes del servicio básico
como una noche de hotel, algún atractivo que toma entidad propia, un
país, una región, un continente, o propiamente dicho un centro
turístico.
En segundo lugar, es importante señalar que no necesariamente el turismo
debe ser comprendido como un bien correspondiente a los estratos
acomodados sino más bien una actividad que involucra a varios sectores
de la sociedad, como por ejemplo el turismo social. Si bien, es posible
que se considere un bien elástico con referencia al ingreso, no es
exclusivo de los sectores de mayores ingresos.
El tercer problema, es que aun cuando es cierto que la demanda turística
pueda ser elástica con relación a la variable precio o ingreso, los real
es que esa demanda está sujeta a una oferta totalmente inelástica. Por
ejemplo, la demanda turística que pueda recibir San Carlos de Bariloche
está totalmente condicionada por la oferta hotelera disponible en esa
ciudad; por ende la variación de la demanda está fuertemente vinculada a
la oferta en hospedaje. Por este motivo, es discutible si puede
considerarse o no al turismo como un bien elástico.
Ahora bien, a las seis variables que hacen al tipo de producto, el autor
subraya constantemente el factor psicológico, subjetivo e inmaterial del
consumidor que hacen a la tipología del producto. Esta visión trae
consigo una cuestión que es esencialmente ambigua; el hecho de definir
al producto en base a la experiencia subjetiva del consumidor implica
que cada experiencia sea única e irrepetible. Si esto fuera así, sería
casi imposible comercializar el producto.
Por un lado, es bien sabido que los planificadores turísticos cuidan al
detalle y programan los efectos de la excursión a tal modo que los
turistas tengan o experimenten sentimientos similares. Por ejemplo, los
jóvenes que van a Bariloche en su viaje de egresados adquieren
convenciones comunes que les permiten experimentar ese viaje de forma
similar y poder articular un discurso unificado cuando se lo transmiten
a otro que no tomó parte en esa experiencia.
Por el otro, existen ocasiones en que el producto turístico no surge de
la demanda en forma individual, sino de ciertas políticas estructurales
externas a los individuos o los grupos, sean estas iniciativas estatales
o privadas. Quizás sea posible, que la demanda sea la que condicione lo
que se vende, pero en otros casos es la misma oferta la que
normativamente impone que productos desear.
Estos puntos, nos permiten hacer un puente teórico con el último de los
autores que vamos a tratar; en este caso Phillip Kotler.
“Los individuos satisfacen sus necesidades y deseos con productos. Un
producto es cualquier cosa que se puede ofrecer para satisfacer una
necesidad o un deseo … el concepto de producto no se limita a objetos
físicos … en sentido más amplio, los productos incluyen también las
experiencias, personas, lugares, organización, información e ideas” (Kotler
P, 2004:7)
Al igual que Boullon y Acerenza, Kotler resalta como características
principales del producto turístico: la intangibilidad, su carácter
indisociable, perecedero y la variabilidad de la percepción del turista.
Sin embargo, no hace mención alguna al contacto entre oferente y
demandante, mucho menos a la sensibilidad que tiene esta clase de
productos a los eventos extremos como desastres o atentados, y tampoco
hace referencia a la atracción/rechazo que implica lanzarse hacia lo
desconocido.
Tal como bien lo observó Simmel (2002), en el viaje como en la aventura
existe un componente que nos lleva a desear lo desconocido, pero dentro
de ciertos marcos de seguridad inherentes a nuestro sistema referencial.
Aunque obviamente pueda haber excepciones, entre la demanda en el centro
emisor, y la oferta en el receptor deben existir ciertos bienes comunes
a las culturas de ambos grupos, como por ejemplo un hotel, un centro de
comidas rápidas o un “Free Shop” en el Aeropuerto.
No son menores los errores interpretativos que llevan a Kotler a
analizar el papel de la cultura en la formación del producto turístico.
Si bien, no se equivoca cuando habla que las personas tienen valores
culturales que las integran y distinguen, asume que existen “valores
principales” profundos que moldean la conducta diaria, pero que también
hay “valores secundarios” factibles de ser transformados por la acción
de la mercadotecnia (Kotler P, 2004:85)
Si bien, puede ser parcialmente correcto, considerar a la cultura como
condicionante de los comportamientos humanos, es un sencillo disparate
pensar que hay valores principales que subordinan valores secundarios, y
mucho menos que éstos pueden ser revelados mediante una entrevista o una
encuesta. Vuelve a equivocarse, cuando señala “la cultura es el
determinante fundamental de los deseos y del comportamiento de las
personas… la cultura es parte esencial del negocio turístico. Determina
que comemos, como viajamos, donde viajamos y donde permanecemos” (ibid:
129) Más allá de las infortunadas intervenciones de Kotler en el rol de
la cultura y la producción, existen ciertas ideas que lo acercan a los
otros dos autores ya citados.
UNA NUEVA APROXIMACION PARA EL TURISMO
Tanto Kotler como Boullon y Acerenza coinciden en resaltar que el
producto turismo es parte de un gran sistema integrado de componentes
que buscan el beneficio económico siguiendo parámetros lógico
racionales; de esta manera el producto-servicio se transforma casi
exclusivamente en una unidad de negocio.
Parte de los problemas que enfrentan los planificadores turísticos a la
hora de definir un producto están relacionados con falta de información
sobre el entorno, o volatilidad de ciertos aspectos que hacen a la
certidumbre en la toma de decisiones. Por ese motivo, muchos han
adoptado un enfoque sistémico (estructural funcionalista) donde oferta y
demanda son dos sub-sistemas subordinados a sistemas generales de
adaptación y regulación de conflictos.
El cambio social, y los efectos inesperados de la acción social han
sido relegados en el análisis de los expertos que planifican en esta
actividad. Desde un enfoque económico, esta postura nos sería del todo
incorrecta, empero desde un prisma sociológico encierra no pocas
complicaciones. Lo que por un lado, pretenden ser exactas definiciones
se transforman (in facto esse) en puras “indefiniciones”.
Ahora bien, si el turismo debe ser considerado una actividad económica o
una acción social es un debate de larga data, como así también los
efectos deseados y no deseados que trae consigo, empero solamente con
una definición clara y profunda de lo que llamamos “turismo” es que se
podrá llegar a una comprensión del fenómeno en todas sus dimensiones.
REFERENCIA BIBLIOGRAFICA
* Acerenza Miguel Ángel – Promoción Turística: un enfoque metodológico.
1993. Editorial Trillas.
* Alonso Luis Enrique – La Era del Consumo. 2005. Editores Siglo XXI.
* Bois du Bernard y Celma Rovira Alex – Comportamiento del Consumidor:
comprendiendo al consumidor. 1999. Prentice Hall Iberia.
* Boullon Roberto – Marketing Turístico: una perspectiva desde la
planificación. 2004. Ediciones Turísticas.
* Bram Joseph - Lenguaje y Sociedad - 1era edición en inglés1961. 1era
edición en español 1967. Editorial Paidos. Texto traducido por Gerardo
Steenks.
* Britton Stephen – “La Economía Política del Turismo en el Tercer
Mundo”. Artículo publicado en el Annals of Tourism Research. 1982.
Volumen 09: 331-358.
* Burgess Alex y Haskell Fred. – The Age of the Grand Tour. 1967. Paul
Edek Editor.
* Burkhart Alex y Medlik Susan “Tourism: Past, Present and Future. 1974.
Heinemann, Londres.
* Callizo Soneiro Javier – Aproximación a la Geografía del Turismo.
1991. Editorial Síntesis.
* Cohen Eric – “Torward Sociology of Internacional Tourism”. 1972.
Social Research 39(1):164-182.
* Getino Octavio - Turismo: entre el ocio y el neg-ocio. Primera Edición
2002. Ediciones Ciccus.
* Jiménez Guzman Luis Fernando – Teoría Turística: un enfoque integral
del hecho social. 1986. Editorial de la Universidad Externado de
Colombia.
* Kotler Phillip y Otros. – Marketing para Turismo. 2004. Editorial
Pearson Prentice Hall.
* Levy Alberto – Marketing Avanzado: un enfoque sistémico y
constructivista de los estratégico y lo táctico. 1998 Ediciones Granica.
* Noronha Raymond – Social and Cultural Dimensions of Tourism:a review
of literatura in English. 1979. Editado en el World Bank Working Paper.
Sección 2.
* Simmel Georg. Sobre La Aventura: ensayos de estética. 2 edición en
español por esta editorial 2002. Ediciones Península, Barcelona. Texto
traducido por Gustau Muñoz y Salvador Mas.
[1] Isme derivado del Latín Ismus y el griego Ismos. Con este sufijo la
sociedad Inglesa le da mayor jerarquía a la palabra, ya que Isme era
usado por la sociedad francesa de elite.
[2] Fuente: UIOTT, Definición del turismo, 1960. En Getino Octavio.
Turismo entre el ocio y el negocio. 2002. Ediciones Ciccus.
[3] Los griegos conocían al tiempo libre como Schole, y posteriormente los latinos la denominaron Otium. Su opuesto, su negación fue a-schole para los griegos y Neg-Otium para los latinos. Así surgieron los conceptos de ocio y negocio. Sin embargo, ese tiempo de trabajo era muy diferente al que conocimos hoy en día. El trabajo era exclusivamente un término apropiado para los esclavos y remunerado sólo alimento diario y la satisfacción de las necesidades básicas. Para más información véase Getino Octavio. Turismo: entre el ocio y el Negocio. 2002. Ediciones Ciccus.
[4] El proceso de Servucción es una suma de servicio más producción.
También se lo conoce como Producto Servicio o PS. En el turismo al
concentrarse, en tiempo y espacio tanto la producción como el servicio,
es que entonces adquiere ese nombre.
Lic. Maximiliano Korstanje. Licenciado en Turismo por la Universidad de Moron, Pcia. De Buenos Aires, Argentina. Master en Sociología por la Pontificia Universidad Católica Argentina, Buenos Aires, Argentina. (Cand.) El autor ha desempeñado diversos puestos claves dentro de la industria del Turismo y en el ámbito de migraciones. En la actualidad se desempeña como asesor Técnico de Ceo en la Firma Hertz Argentina. AFILIACIÓN INSTITUCIONAL: Universidad Católica Argentina. maxikorstanjearrobahotmail.com
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com
© 2008 Carlos López
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |