Un hecho preocupante dentro de un proceso de selección de personal se
presenta cuando muy pocos candidatos acuden a la convocatoria hecha en
diarios o, peor aún, cuando no acude persona alguna. Esta situación, que
no es improbable, ni siquiera para grandes empresas, tendría, a mi
parecer, varias lecturas.
En primer lugar, el problema puede deberse a la naturaleza del medio
elegido. Veamos: como se sabe, un medio de comunicación, por masivo que
sea, tiene un segmento o público objetivo que le es fiel y se identifica
con su estilo de hacer noticia y su línea editorial.
Se trata de un colectivo con características sociológicas y psicológicas comunes o cercanas.
Por tanto, al intentar buscar personal a través de un medio escrito,
debe considerarse con cuidado el nivel social y cultural de la persona o
personas que buscamos y reflexionar igualmente sobre si el medio elegido
es preferido por el segmento de donde queremos extraer a nuestros
candidatos. Sin querer ser elitista, esto significa simple y
sencillamente que debemos buscar personas con determinadas
características usando un diario habitualmente leído por gente del grupo
social que nos interesa.
En segundo lugar estarían decisiones como el día elegido y las
características concretas del aviso publicado.
En cuanto a lo primero debe decirse que los habitantes de una ciudad, región o país saben que día es el más indicado para comprar el diario y hallar con seguridad gran cantidad de ofertas de empleo. Parece que se establece un acuerdo tácito entre prensa escrita y lectores en torno a un día específico de la semana para publicar y leer avisos de empleo.
De otro lado, si la redacción del aviso en sí misma fue muy genérica
y amplia, la concurrencia de candidatos será numerosa y probablemente
consuma mucho tiempo y esfuerzo inútilmente pues buena parte de los
solicitantes serán eliminados precisamente porque se plantearon
requisitos muy escuetos y generales.
En último lugar, y tal vez más importante, está el mayor o menor
prestigio de la empresa que convoca. No es extraño que al llamado de una
organización de larga trayectoria y de locales con infraestructura
imponente acuda muy poca gente. La respuesta reside en las prácticas de
recursos humanos de esa compañía.
Si la misma tiene, por ejemplo, jornadas extenuantes, clima de
trabajo desagradable, bajos sueldos o alta rotación intencionada para
mantener bajos los costos laborales, esto se trasmite de boca en boca
entre el público y puede afectar incluso a una costosa campaña de
reclutamiento en los medios. ¿Increíble? No lo es tanto si se piensa en
jóvenes de una misma universidad que conviven y se frecuentan. Bastaría
con que solo algunos de ellos consideren ingrata su experiencia de
trabajo en una tienda por departamentos o en una cadena de comida rápida
para que adviertan y desanimen a sus colegas y amigos de postular a
dichas firmas. De hecho, entre mis estudiantes ya hay compañías que son
tabú. De otro lado, a veces un desempleado puede oír cosas poco
halagadoras dentro de la mismísima firma en la que se encuentra
esperando ser entrevistado.
La gente que espera se cuenta cosas y trasmite rumores y habladurías.
Para terminar: No crea Usted, señor empresario, que su estilo de tratar
a su personal no se sabe afuera de la empresa. Siempre se llega a saber.
Recuerde que sus empleados, así sean todos temporales, tienen familia y
amigos. Y no habrá aviso de reclutamiento, por gigante o costoso que
sea, que pueda devolverle a su empresa el prestigio perdido o
inexistente.
Arturo Orbegoso G. - Psicólogo Organizacional aorbegosogarrobayahoo.es
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