Uno de los conceptos más modernos y llamativos de la psicología actual es el de Resiliencia. Un nombre extraño que alude en el campo de al física, a la capacidad de los materiales de volver a su forma original, cuando han sido forzados a cambiar o deformarse.
En la psicología, el concepto de resiliencia o afrontamiento, señala
la capacidad para enfrentar situaciones críticas, sobreponerse y salir
airoso y fortalecido, en vez de frustrado o debilitado.
El vocablo resiliencia tiene su origen en el idioma latín, en el término
resilio que significa volver atrás, volver de un salto, resaltar,
rebotar.
Según Rutter, fue adaptado a las ciencias sociales para caracterizar
aquellas personas que, a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto
riesgo, se desarrollan psicológicamente sanos y exitosos. Se ha dicho
que todo comenzó con la observación de algunos niños criados en familias
con padres alcohólicos, quienes pese a esto, se recuperaban y lograban
una calidad de vida aceptable.
La resiliencia puede ser innata o adquirida. Aunque algunas personas
parecieran traer desde su nacimiento cierta capacidad de tolerancia a
las frustraciones, dificultades o enfermedades, también es posible
aprenderlas, a partir de la incorporación en el repertorio personal de
nuevas manera de pensar y hacer.
La resiliencia puede verse como una capacidad que ampliada, podría
incluir cualidades como esperanza, tolerancia, resistencia, tolerancia,
adaptabilidad, recuperación o superación de contingencias, autoestima,
solución de problemas, toma de decisiones, y ecuanimidad ante presiones
considerables.
Esta nueva categoría, se ha visto asociada a una novel corriente de la
psicología, la Psicología Positiva, liderada por figuras como: Martín
Seligman y Mihaly Csikszentmihalyi. Ya antes, los humanistas Maslow, y
Rogers, así como los teóricos de la PNL, Bander y Grinder, entre otros,
habían planteado enfocarse en el lado positivo de la personalidad, y no
en el lado oscuro, enfermizo o turbio de las personas. Victor Frankl,
creador de la Logoterapia, señalaba la necesidad de encontrar formas de
pensar y actuar centrados en un propósito de vida positivo y
significativo.
Lo esencial aquí, es comprender, que más allá del análisis del concepto
de resiliencia o de su origen, disponemos de una potente capacidad de
superación de adversidades y que es potestad de cada persona descubrirla
o adquirirla, y usarla en los momentos álgidos y desequilibrantes.
Podemos evitar ciertas circunstancias, pero no podemos evitarlas todas.
Es importante advertir que más que lo que nos sucede, lo importante es
la manera como lo tomamos, pues la experiencia y la vivencia no son lo
mismo.
Jugando con las palabras, diremos que la experiencia es el evento y la
vivencia la interpretación.. Podría decirse lo esencial es la manera
como opera intraspíquicamente el balance entre confianza y reto, entre
vulnerabilidad y protección, entre debilidad y resistencia. De forma tal
que la persona que despliega los "factores con los que cuenta, para
hacer frente
al estrés, viviría mucho más y mejor que quienes no los posean o
activen.
Según Werner, los factores protectores del estrés, operan de tres
maneras:
Por lo general, los mecanismos de resiliencia se manifiestan frente al
estrés de tres maneras: Inmunidad, compensación y desafío.
Inmunidad:
Todos los organismos tienen distinto nivel de asimilación. Así, un
relámpago puede resultar excitante o aterrador, dependiendo de quien lo
vea, y su presencia no producirá el mismo efecto en todos. Unos lo
tolerarán de mejor manera que otros.
Compensación:
También se puede contrarrestar el estrés gracias a factores
complementarios de la personalidad o al apoyo de de otros. Podemos salir
mal en el examen, pero no desmoronarnos pues tenemos una esposa que nos
apoya o somos muy buenos en otras áreas y valoramos más eso que lo
acontecido con la prueba.
Desafío:
La situación tensa es abordada, afrontada o atacada como un reto,
siempre que no sea desproporcionado a os recursos de la persona, y se
asume más como una situación competitiva que como destructiva.
Visto lo anterior, la pregunta obligada es: ¿Cómo desarrollar la
capacidad de resiliencia? Vemos las sugerencias que presento aquí como
material de trabajo personal.
1- Desarrollar una sana autoestima: Creando y sosteniendo autoconfianza,
autoimagen positiva; aprender a conocernos, aceptarnos y valorarnos de
manera realista y comprensiva.
2- Seguir la vocación. Orientar la energía hacia el talento y el
bienestar. Es decir, invertir energía y tiempo suficientes en aquello
que nos gratifica y sobre lo que tenemos habilidad o dominio.
3- Ser asertivos. Ejercitar una comunicación clara, honesta y oportuna,
que nos permita prevenir y resolver malos entendidos, y evitar
"coleccionar" y "tragarnos" lo que nos incomoda y convertirlos luego en
resentimientos.
4- Ser optimistas. Ver el lado positivo del mundo, de la vida y de
nosotros mismos. Esto es, buscar y esperar que suceda lo mejor.
5- Reencuadrar los resultados. Aprender a ver los eventos indeseados
como aprendizajes necesarios y no como fracasos autoatribuídos.
6- Desarrollar relaciones positivas. Vincularse de manera cercana,
estable y positiva para el disfrute de los vínculos y su utilización
como base de apoyo emocional mutuo.
7- Ser precavidos. Actuar preventiva o proactivamente, pensando antes de
que las crisis aparezcan.
8- Ser creativos. Trabajar en el ejercicio de la creatividad, a fin de
adquirir la capacidad de buscar soluciones y salidas de manera diversa y
flexible.
9- Definir metas significativas. Planificar metas y objetivos razonables
que o rebasen la capacidad de realización del sujeto.
10- Desarrollar autocontrol. Aprender a regular la reactividad,
sirviéndonos de la racionalidad y de lógica. Saber cuando frenar evita
muchos problemas.
11- Reducir expectativas. Aprender a esperar menos de los demás y tener
sobre uno mismo expectativas razonables basadas en hechos, nos evita
frustraciones.
12- Centrarse en el proceso. Aprender a vivir cada momento de cada día
de la mejor manera posible, y no centrarse únicamente en el resultado
final.
13- Hacer ejercicio. La práctica de ejercicio diario, libera las
llamadas "hormonas del estrés" como: el cortisol, la adrenalina y la
noradrenalina, y potencia la producción de hormonas positivas para el
organismo.
14- Practicar relajación. El entrenamiento en relajación y meditación
promueven una nivel de serenidad que favorece la tolerancia a
situaciones estresantes.
15- Orar. La oración abre una brecha espiritual que colinda con la fe.
Ha sido elemento clave en la aceptación de tragedias y la superación de
enfermedades como lo han señalado y probado Norman Cousins, Bernie
Siegel, Deepak Chopra y Hebert Benson, entre otros.
He aquí una reflexión con indicaciones concretas que le ayudará a
mejorar la calidad de su vida, a través del desarrollo de la capacidad
de la resiliencia. Gracias por leerme.
Más información:
· http://www.psicologia-positiva.com/resiliencia.html
· http://www.monografias.com/trabajos5/laresi/laresi.shtml#factores
· http://www.webmedicaargentina.com.ar/TEMAS/resiliencia.htm
PHD en Psicología Cognitiva.
MSc. en Ciencias de la Conducta.
Lic. en Comunicación Social.
Conferencista.
Escritor.
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