Todo va bien en una empresa hasta que llega el resultado de su facturación. Si el balance final fue positivo, no hay más que pensar: se sigue con la misma estrategia de trabajo y se concluye que se ha hecho todo perfecto.
Si la compañía mantiene los mismos números respeto al mismo
período del año anterior, la reacción seguramente no es de tanta
conformidad.
Se empiezan a revisar las líneas de acción adoptadas y se plantean
cambios estructurales y operacionales.
Sin embargo, cuando una empresa no sólo deja de ganar sino que entra
en pérdidas, comienza desfrenadamente la búsqueda de los motivos y los
culpables. ¿Qué se puede hacer? ¿dónde está el problema?
Éstas son seguramente las preguntas que muchos empresarios y directivos
se hacen cuando están ante una situación semejante.
En general, se plantean acciones y soluciones un tanto complejas para cambiar la realidad. Se piensa que los fallos pueden estar en la baja calidad de los productos ofrecidos, en el servicio prestado, o incluso en la poca variedad disponible de mercancía, lo que otorga a la competencia una mayor ventaja competitiva.
Pero, en esta tarea de análisis hace falta un componente esencial, que muchas veces no recibe su verdadero valor dentro de este proceso: los consumidores y la opinión del mercado. todavía en la actualidad y en una situaciones de crisis como la que indicamos,
el cliente es uno de los últimos elementos a tener en cuenta,
cuando, quizá, una pequeña señal suya en etapas anteriores nos pueda
arrojar las causas de esos resultados poco favorables.
Está cada vez más claro que la demanda es uno de los principales
termómetros del negocio. Si hay compradores, hay ventas y, por tanto,
hay ingresos para la empresa. Por ello, las compañías deben tener muy en
cuenta la calidad de la atención que prestan a sus clientes.
¿Y cuál es la mejor manera de evaluar el grado de satisfacción de una demanda ante la oferta de un producto, un servicio o incluso ante el tratamiento dado por un vendedor en el momento de una compra?
Estando en la piel del cliente y esto se consigue a través de
la estrategia del cliente misterioso o mistery shopping, una herramienta
sencilla y muy eficiente a la hora de detectar los posibles fallos en la
actividad que uno se propone.
Lo más ventajoso es que no es necesario ser un experto, ni tampoco
invertir mucho dinero para poner esta táctica en marcha.
¿Quién no es capaz de reconocer una sonrisa de bienvenida al entrar
en una tienda, o una dosis de cordialidad en la despedida? ¿Y quien no
se da cuenta cuando un vendedor intenta contestar a las cuestiones que
plantea con simpatía, seguridad y agilidad? O bien detectar que el
seguimiento no se está realizando como debería ser.
Aunque ocurra por teléfono, en el momento de hablar con la apoderada de
un banco, o cuando pedimos información a una agencia de viajes,
es posible detectar posibles fallos en la comunicación y en la atención al público, lo que muchas veces puede pasar desapercibido por la rutina diaria, generando posibles perjuicios a medio y largo plazo.
Además, la misma evaluación que se hace a su propio negocio
también puede ser puesta en marcha en la tienda de al lado, es decir: el
mistery shopping es también una gran herramienta para conocer a la
competencia y saber sobre sus debilidades, fortalezas, ventajas...
Pero, esas son sólo algunas de las observaciones que se puede hacer con
una simple visita a un local de venta al público o con una rápida
llamada para, a partir de ahí, trazar estrategias que permitan mejorar
los resultados.
Sin embargo, lo que se percibe en la práctica es que difícilmente los grandes directivos salen a la calle para conocen a fondo el funcionamiento de la empresa que dirigen.
El director general de una compañía aérea, por ejemplo, siempre que viaja por su empresa lo hace como el director general y no como un pasajero más de la clase económica. Así que la idea que se formará del servicio ofrecido no reflejará la realidad vivida por la mayoría de los usuarios.
El ideal sería que estas personas viviesen un día como cliente
misterioso.
Y esta afirmación es válida en todos los sectores donde existe gran
rivalidad competitiva.
Hay muchas empresas vendiendo casi lo mismo, a un precio muy similar. La atención al cliente, junto con la estrategia de marketing y el saber hacer del vendedor, son seguramente los grandes elementos diferenciadores que permiten a cualquier empresa ofrecer una ventaja competitiva en un mercado tan homogéneo y atomizado.
Pero parece que conceptos básicos como éstos son olvidados y lo
que se percibe en la práctica es justo al revés. Nuestra experiencia nos
indica que la estrategia del cliente misterioso ha de realizarse de
forma regular y a nivel profesional.
Lo que está claro es que ningún negocio se mantiene dinámico sin su gran
protagonista: el cliente, pues para él se crea, se produce y se vende.
Por tanto, hay que estar muy atento para que los reyes del negocio no prefieran a la competencia y se conviertan en clientes fieles y prescriptores de nuestra empresa.
Seguramente así el mistery shopping ayudará al empresario y directivo
a conocer mejor las áreas de mejora que tiene nuestra compañía para
conseguir dar respuestas satisfactorias a las necesidades del mercado.
Rafael Muñiz - cruizmateosarrobarmg.es
Director
general de Rmg (www.rmg.es) empresa especializada en Marketing y Ventas
Inteligentes y profesor de Marketing de Centro de Estudios Financieros
Dpto de Comunicación RMG
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