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Respetando el estilo con el que suelo escribir mis artículos, en el
contenido del siguiente trabajo se hablará del autor en tercera persona
aún cuanto las reflexiones y propuestas aquí planteadas son de mi
autoría y del producto de mis investigaciones en las ciencias
administrativas.
Son ágiles, rápidos y, en la mayoría de los casos, precisos.
Estos artrópodos saltan de un sitio a otro con tal seguridad que aún los
científicos se preguntan si se trata de un reflejo producido por el
instinto de supervivencia o un proceso consciente y planificado.
Posiblemente algún día se sabrá. Lo que si es un hecho es que tan
peculiar habitante de montes y praderas puede ser un ejemplo a seguir en
el competido y cambiante mundo laboral contemporáneo.
En 1992, y desde una perspectiva muy personal, surgió la idea de
comparar el comportamiento del profesional empleado con la conducta del
saltamontes, en ese momento parecía común observar cómo las personas
cambiaban de un empleo a otro con mucha facilidad. Aun cuando las
condiciones macroeconómicas del país parecían variar con los cambios
recientes que había sufrido la moneda y la realidad financiera que
experimentaban empresas y bancos, existía la percepción de un importante
número de ofertas laborales que atraían a propios y extraños. Los
profesionales de entonces parecían saltamontes, yendo de un lugar a otro
con libertad y seguridad.
Pero los tiempos han cambiado. La contracción económica característica
en casi todos los países en desarrollo ha generado la pérdida de fuentes
de empleo, el mercado se ha hecho cada vez más competido, las ofertas
son escasas y muy específicas. No obstante, ante esa realidad que
impera, aún existen profesionales empleados que desean probar suerte en
otros escenarios y hacer uso del concepto de la “empleabilidad”,
personas que han alcanzado un número importante de años en sus cargos y
que no ven la posibilidad de seguir creciendo o ser considerados para
otras responsabilidades, e incluso, personas que sienten que ya lo ha
dado todo por la empresa y sueñan con tener la oportunidad de oxigenarse
experimentando otras condiciones laborales en distintos escenarios.
Sencillamente estos profesionales sienten la necesidad de saltar.
Pero saltar de un empleo a otro no es cuestión de tomar impulso,
respirar profundo y lanzarse al vacío para finalmente caer en el cargo o
nivel de conocimiento deseado; es mucho más que eso, y es precisamente
en este punto donde la Teoría del Saltamontes comienza a tener mayor
sentido para quienes desean aventurarse, cambiar de empleo y seguir
adelante.
La Teoría del Saltamontes es sencilla, como casi todas las cosas cuya
inspiración es la naturaleza, está definida principalmente por 6
principios, estos son:
Primer principio: Agudice sus sentidos, lea e interprete las
señales.
Un saltamontes sabe exactamente cuando es el momento de saltar. El
saltamontes está dotado de vellos que le permiten detectar cuando la
comunidad donde se desenvuelve ha crecido lo suficiente como para
restarle espacio, gracias a su delicado y sensible tacto no espera que
sea demasiado tarde para saltar, por lo que el saltamontes entiende las
señales, las interpreta y sabe exactamente cuando es el momento de
buscar un nuevo espacio.
Así como las organizaciones evalúan el desempeño de sus empleados, éstos
están en el deber de evaluar su situación en la empresa en el corto,
mediano y largo plazo para así vislumbrar su futuro dentro de ella y
compararlo con sus sueños y expectativas.
Si el resultado de esa evaluación demuestra que existen razones
suficientes para “mantenerse en el barco” la mejor opción es continuar
alimentando la identificación que se posee con la empresa, mantener o
incrementar el ritmo de trabajo y continuar agregando valor a la
gestión. Pero cuando no es así es el momento de pensar en visualizar las
oportunidades que ofrece el mercado laboral.
En algunos casos la misma empresa ofrece señales inequívocas de sus
limitaciones y/o manifiesta su imposibilidad de seguir ofreciendo metas
retadoras a sus empleados; pero en otros casos esta información
pareciera viajar en clave por todo el ambiente laboral y se requiere de
agudeza y atención para poder comprender el mensaje.
Por otro lado, el empleado no puede esperar que sea la empresa quien
tome la iniciativa del cambio, como consecuencia de sus políticas y
planes, y sea ella quien decida poner fin a la relación laboral
ofreciendo como aliciente talleres de outplacement para facilitar la
reinserción en el mercado, en el mejor de los casos; se debe estar
atento a las señales y, como el saltamontes, agudizar su sentido del
espacio y reconocer cuando todo lo que lo rodea dejó de poseer el tamaño
de sus sueños y expectativas, y entonces, solo así, una vez visualizado
objetivamente su ambiente, tomar la decisión de mudarse a otro
escenario.
Lo anterior, aunque básico, suele ser un error típico en el que incurre
el profesional.
No siempre se estudia la realidad del entorno, las facilidades que el
empleo le proporciona y se toman decisiones viscerales basadas en
impulsos o situaciones extraordinarias que activan el deseo ancestral de
echarlo todo al suelo y comenzar de nuevo. No siempre se medita lo
suficientemente bien el cambio de un empleo a otro, no se observan las
señales con suficiente atención y ello genera resultados distintos a los
esperados. Es por ello que antes de pensar en cambiar de empleo es
recomendable:
Hacer una lista de los pro y los contra que ofrece la posición que se posee: ¿Qué ventajas presentaría permanecer en él? ¿A que riesgos se enfrentaría al cambiar de escenario? ¿Está preparado para asumir ese riesgo? ¿Se trata de un capricho momentáneo? ¿Qué concepto maneja de estabilidad? ¿Logrará lo que espera en el próximo empleo? ¿En realidad a agotado todas las vías en su empleo actual? Revisar su situación le permitirá saber si se trata de un hecho fortuito y aislado su deseo de saltar o, por el contrario, las condiciones en las que se encuentran son lo suficientemente ajenas a sus expectativas como para comenzar a buscar nuevos horizontes.
Realizar una autoevaluación: ¿Ha sido mi conducta lo suficientemente proactiva para ser considerado para otros cargos o niveles de conocimiento? ¿Estoy agregando valor a mi trabajo? ¿Estoy lo suficientemente identificado con mi empresa y las actividades que realizo? ¿Fui honesto al exponer mis expectativas o solo dije lo que me aseguraría el empleo?... Este paso es fundamental porque evita cometer los mismos errores en posiciones futuras. Si usted no ha dado lo mejor de sí en este trabajo durante todo el tiempo que lo ha desempeñado ¿qué le sugiere que en otro escenario si lo hará? Ahora bien, si usted se ha esforzado por ser un empleado extraordinario y aún así no puede contemplar un futuro mejor en la empresa es la hora de saltar.
Visualizar el entorno con objetividad: ¿Este deseo de cambiar de ambiente se debe a una situación puntual? ¿Qué me motiva realmente a pensar en otros escenarios? ¿En verdad no tengo más oportunidades en esta empresa? ¿No hay retos o no me interesan los retos que hay? Buscar respuestas a estas preguntas y otras que puedan surgir al evaluar con objetividad el escenario donde se desenvuelve le permitirá ser más acertado en la toma de decisiones relacionadas con su salto.
Segundo principio: No pruebe suerte, planifique el cambio y
estudie las variables.
El saltamontes no salta por azar, antes de hacerlo suele ubicar con
rapidez el lugar más seguro y que le proporcione la posibilidad de
volver a saltar.
Cuando se está empleado existe cierto margen de estabilidad, en los
términos tradicionales, por supuesto. La persona conoce el trabajo,
conoce al jefe y a sus compañeros, la dinámica de la organización, en
fin los pro y los contra de todo el negocio. Si desea experimentar en un
nuevo escenario laboral no puede aventurarse a la primera buena
impresión que le ofrezca otra empresa, debe asegurarse que es el lugar
correcto a donde quiere saltar, que sus posibilidades de seguir
creciendo son mayores a las que ya posee y que, finalmente, esa posición
le servirá de catapulta para alcanzar nuevos retos si es que una vez en
ella siente tal necesidad.
Estar empleado ofrece una ventaja competitiva con el resto de los que
ofertan sus servicios, pues de no coincidir con las expectativas de la
nueva empresa la experiencia sirve para valorar lo que se tiene y para
establecer nuevas metas personales para alcanzar otros objetivos
retadores; situación distinta a quienes no poseen empleo, pues,
independientemente de ser una experiencia aleccionadora que les
permitirá autoevaluarse y aprender de ella, la negativa del ingreso es
una oportunidad menos que se posee en el mercado laboral en ese instante
de la búsqueda.
Pero estudiar nuevas ofertas debe ser una decisión rápida y a la vez muy
bien
pensada, el mercado es cambiante y se puede estar ante un doble costo de
oportunidad. El primero corresponde a la opción de la nueva experiencia,
no todas las empresas están dispuestas a esperar y suelen requerir la
presencia del talento seleccionado en el corto plazo, si no se está lo
suficientemente seguro de aceptar la oferta, aun cuando se ha pasado por
todo el proceso de selección, la mínima muestra de inseguridad puede
ofrecer una imagen errada en el empleador disminuyendo o eliminando el
interés por el futuro empleado. El segundo costo de oportunidad se
encuentra en la misma empresa donde se labora: tal vez no se ha sido lo
suficientemente eficiente, identificado y proactivo como para ser
valorado y mantener esa actitud en el nuevo empleo podría generar la
misma necesidad de cambio, es por ello que se sugiere:
1. Hablar con sus jefes o supervisores: No espere ser evaluado,
manifieste de manera sincera y respetuosa las emociones, frustraciones,
sueños y expectativas de manera coherente a su superior. Aun cuando esto
es necesario, resulta particularmente difícil en algunos casos, ello se
debe a la existencia de supervisores inflexibles y casi impenetrables
cuya actitud exige tenerles miedo en vez de respeto. Si la situación en
la que se encuentra el profesional que desea saltar es la anteriormente
descrita no hay mucho qué pensar, está claro que trabajar en esas
condiciones limita la capacidad creativa del empleado, lesiona la
comunicación y el espíritu de trabajo en equipo, así como merma la
identificación con la empresa, por lo tanto el salto será consecuencia
de tales condiciones.
2. Evalúe las respuestas e iniciativas recibidas: Si ya ha manifestado
sus inquietudes y las respuestas que recibe son evasivas, vagas o
condicionales usted se encuentra en una empresa que no tiene
expectativas de ofrecerle mejoras o cambios. Si por el contrario, las
respuestas son directas, sustentadas y razonables pero orientadas a
mantenerlo en la misma situación en la que se encuentra, usted trabaja
en una empresa seria que no está en capacidad de satisfacer sus
expectativas. Ahora bien, si observa una respuesta preocupada,
interesada y orientada a la búsqueda de soluciones en el corto o mediano
plazo a su situación, usted se encuentra en una organización dispuesta a
corregir sus omisiones, ¡no pierda esa oportunidad!.
3. Evalúe a la nueva empresa: Si se ve en la necesidad de cambiar de
escenario laboral es importante que antes de tomar una decisión indague
lo suficiente acerca de la nueva empresa: ¿Cómo es su estilo gerencial?
¿Cual es el índice de rotación del personal? ¿Cuánto tiempo se mantuvo
la persona que usted va a sustituir en ese puesto? ¿Por qué se retiró?
¿Es común que la empresa sea citada a las autoridades laborales por
excesos u omisiones con el personal? ¿Las personas que trabajan en ella
están satisfechas? ¿Qué posibilidades de crecimiento ofrece? ¿Es
considerada una buena referencia trabajar en ella?
4. Realice una coestima completa y genere compromisos: Durante el
proceso de selección, específicamente en la entrevista manifieste
abiertamente sus sueños, sus expectativas y las razones (bien
fundamentadas) de su deseo de retirarse de la empresa en la que se
encuentra así como los motivos que la identifican con la que lo está
entrevistando. Sea bien claro en lo que espera de su nueva posición, no
deje espacios vacíos. Sin ser petulante o extremadamente exigente,
ubique al entrevistador en lo que realmente desea lograr en el nuevo
cargo y puntualice qué es lo que la empresa desea exactamente de usted.
Si lo que resulte del proceso de coestima se ajusta a ambas partes usted
está listo para saltar.
Tercer principio: Mantenga su trabajo al día y sus conocimientos
actualizados, esté siempre preparado para saltar.
Los saltamontes mantienen sus extremidades posteriores en constante
tensión, esto les proporciona la habilidad de saltar en el momento
preciso que la condición lo exige, de lo contrario podría verse
amenazado por las circunstancias y perder la oportunidad de salir ileso
de ellas.
En el caso del profesional empleado que sueña con experimentar otros
escenarios la premisa debe ser la misma, debe estar preparado y siempre
dispuesto a saltar, ya sea en la misma empresa o fuera de ella, pero eso
sólo es posible si se tienen las metas claras, el trabajo al día y si se
ha invertido suficiente tiempo en mantenerse actualizado en cuanto a
conocimientos y habilidades ya que las oportunidades exigen competencias
adicionales a las que se poseen en el cargo que se ocupa.
¿Cuántas oportunidades no se han perdido por no respetar este principio?
La carencia de competencias y habilidades desarrolladas es una de las
razones más poderosas que impiden fijar la atención en un candidato en
particular, las empresas están en búsqueda de personas que agreguen
valor a sus trabajo y no se limiten solo a hacerlo, esperan de su
personal un esfuerzo y un conocimiento adicional que les permita
autogestionarse con éxito y basar sus decisiones en los criterios
correctos y eso solo es posible si se está preparado para ello. No
obstante, algunas posiciones poseen tal carga operativa que el empleado
se limita a cumplir con ella sin aprovechar la capacidad ociosa de su
tiempo de trabajo para invertirlo en explorar nuevos conocimientos. Por
lo tanto es recomendable:
No dejar trabajos ni tareas pendientes: Maneje un proceso detallado y completo de todo lo que realiza o debe realizar en su trabajo, de acuerdo a las características de su empleo, esto le permitirá establecer plazos y compromisos lo suficientemente cercanos a la realidad para poder cumplir con sus labores en el tiempo que está planificada su gestión, ya sea de seis, ocho o doce horas al día.
Documente sus actividades: Si el cargo que posee lo exige, mantenga un
resumen detallado de lo que ha hecho, cómo, cuando y para qué lo ha
hecho y los asuntos que están pendientes por hacer, incluso, si le es
posible, señale a las personas o entes que se requieren para atender
esos puntos no alcanzados; lo anterior le ahorrará tiempo en el caso de
que deba saltar de manera inmediata y no correrá el riesgo de pagar un
alto costo de oportunidad.
Comparta sus conocimientos: Mantenga al menos dos personas al tanto de
lo que hace y de sus técnicas más comunes, comparta con ellos lo que
sabe y la manera en que atacaría los asuntos pendientes, eso facilitará
su retiro sin causar daños a la operación de la empresa que deja y
también le permitirá dejar una buena imagen de su gestión, vital para
los procesos de reclutamiento y selección tradicionales que suelen hacer
uso todavía de las referencias laborales.
Cuarto Principio: Esté atento a las oportunidades y amenazas de su
entorno, del mercado y de las condiciones socioeconómicas antes de
decidir saltar pues ¡dos ojos no son suficientes¡
Los saltamontes están dotados de cinco ojos, dos compuestos y tres
simples, esto les ofrece una verdadera visión holística de su entorno lo
que les permite estar atento al más mínimo de los cambios que ocurran en
él y le proporcionan la información necesaria e inmediata para tomar la
decisión correcta.
En el caso de los profesionales, los cinco ojos han de estar
representados en las herramientas tecnológicas y de comunicación que
existen así como en sus colaboradores, pares y allegados. Es humanamente
imposible estar en todas partes y conocer todo lo que acontece en el
entorno, por ello es necesario mantenerse informado a través de diversas
fuentes, ese intercambio de datos y sucesos facilitará engranar imágenes
mentales asociadas al conocimiento indispensables para la creación de
posibles escenarios de oportunidades y amenazas presenten en esa
realidad, ofreciendo al profesional una visión más clara y menos
subjetiva de las consecuencias que podrían resultar de su salto o de la
ausencia del mismo.
Estar informado es fundamental, sin ello las
decisiones carecen de sustento y las posibilidades de éxito son escasas,
por lo tanto es exigible el desarrollo de una conducta orientada a
potenciar el uso de esos “tres ojos” adicionales que la naturaleza no
ofreció de manera convencional al ser humano, pero que en el campo
profesional y personal pueden ser adheridos de manera concienzuda y
planificada con la finalidad de poseer una visión lo suficientemente
amplia del entorno que permita tomar la decisión correcta de saltar o no
según sea el caso. Por todo lo anterior se sugiere:
1. Estar al corriente del acontecer nacional y local: Leer la prensa,
revisar Internet e incluso estar atento a las comunicaciones internas
que ofrezca la empresa, esto le proporcionarán los datos indispensables
al momento de presentarse la necesidad de realizar un salto.
2. Crear y fomentar redes de información: El intercambio de información
con compañeros de labores, ya sea de la misma área u otras dentro de la
organización es imprescindible, siempre y cuando se respete la
confidencialidad en los casos en que se requiera y lo que se exponga
agregue valor a la comunicación. Aunque no es prudente desoír los
rumores, pues suelen poseer un porcentaje de veracidad, es recomendable
aprender a separar los comentarios infundados de los objetivos y
reconocer a los individuos que los propagan. Sólo la información veraz y
confiable le servirá para tomar decisiones.
3. Verifique la información: Por más verdadero que le parezca un dato
verifique su autenticidad, no tome decisiones basadas en supuestos o
percepciones de terceros. Saltar a otro escenario, dentro del mismo o
simplemente no hacerlo es una decisión seria que debe poseer bases
sólidas y confiables.
Quinto principio: Si piensa saltar no lo divulgue ni dé indicios
obvios de que lo hará.
El saltamontes usa el mimetismo como mecanismo de defensa. Cuando el
saltamontes se ve amenazado por algún depredador no comienza a dar
saltos de un lado a otro, eso lo pondría en un riesgo mayor, por el
contrario utiliza el entorno y se confunde con él, esperando el momento
más adecuado para realizar el salto que lo librará de la amenaza.
Otro de los errores comunes que cometen algunos profesionales empleados
se encuentra, precisamente en la incapacidad que demuestran de ocultar
sus frustraciones y deseos de abandonar el trabajo que realizan.
Cuando un empleado manifiesta constantemente su deseo de cambiar de
trabajo o las frustraciones y desacuerdos que posee con el que
actualmente desempeña se convierte en un elemento negativo para el
ambiente laboral en el que se desenvuelve y, por lo tanto, es uno de los
candidatos más inmediatos que posee la empresa para prescindir de sus
servicios. Si esto ocurre, el profesional se encontrará desempleado en
un mercado altamente competido y sin preparación alguna, pues no solo ha
sido el principal causante de esa situación sino que se convierte en un
ejemplo inmediato de lo que nunca debe hacerse si no se posee algo
seguro.
Las empresas contratan a su personal basadas en una serie de procesos
que no son ajenos para el candidato, quien al final acepta la oferta y
las condiciones del contrato que se le ofrece.
Si al cabo de un tiempo las condiciones no satisfacen las expectativas del empleado, descubre que aquello que lo identificaba con la empresa ya no le es atractivo o advierte que no es posible, por condiciones ajenas, continuar ofreciendo sus servicios en esa organización resulta poco profesional que vocifere de manera elocuente y descarada su incomodidad. Es más apropiado mantener el ritmo y la calidad de trabajo que se ha venido ofreciendo con el tiempo y comenzar a utilizar los recursos externos para ubicar un nuevo escenario laboral. En estos casos es prudente:
No hacer del conocimiento general su descontento: Como ya se señaló, manifieste a su supervisor las expectativas no cumplidas y su estado emocional con relación al trabajo que realiza, no lo haga público, puede que esté pasando simplemente por un mal momento y éste desaparezca o que no logre completar el proceso de selección en la otra empresa y su imagen se vea afectada en la que actualmente trabaja, si es ese el caso. Manifestar descontento no siempre es bien visto por los supervisores, pero con certeza será lo primero que recuerden al momento de evaluar su desempeño en la organización y tomar decisiones al respecto.
Maneje con discreción el proceso del salto: Procure ser entrevistado
fuera de su horario de trabajo, en días no laborables para su empresa o
en horas de almuerzo. No descuide su trabajo actual. No comente con
personas ajenas a su circulo más cercano sus búsquedas o entrevistas
hasta que no esté completamente seguro que ha sido seleccionado y se
disponga a retirarse de la empresa, salvo que ello sea una ventaja
competitiva para usted y pueda mejorar su condición en el trabajo que
actualmente ocupa, en el caso de que desee continuar en él. No insinúe
ni sugiera su deseo de saltar a personas que no posean la capacidad
operativa de mejorar su condición dentro de la empresa (si su deseo es
quedarse en ella), pues lo que generará con ellos será una serie de
eventos y comentarios que no le serán útiles.
Mimetice: Salvo que sea una ventaja, mantenga la postura, no resalte ni
se muestre ansioso, confúndase con el entorno si su deseo es retirarse
de manera profesional, como ya se señaló, aún las empresas practican la
consulta de referencias y no es prudente dejar una mala imagen en la
empresa que se abandona.
Sexto principio: Si va a dar un salto evalúe sus talentos, si usted
no los tiene con certeza otro los tendrá.
Aunque suelen ser insectos solitarios, los saltamontes no siempre se
encuentran en esa condición y en ciertas oportunidades se concentran en
grandes bandadas cuya simple descripción produce ansiedad sólo de
imaginarla, ya que generan importantes daños al ambiente. Cuando esto
ocurre pueden librarse verdaderas pugnas por los espacios y los
alimentos disponibles, en donde sólo gana el saltamontes más apto.
Resultaría ingenuo suponer que se es el único profesional que desea
saltar a otro escenario, las cifras de profesionales que han entendido y
se han convertido en verdadero talento empleable cada día es mayor y eso
ha generado una enorme concentración de profesionales disputándose
buenas posiciones en el mercado laboral. En este caso no sólo es
importante saltar primero, sino poseer las competencias requeridas para
asegurar la posición deseada, es por ello que en las empresas
actualmente se exigen mayores niveles de estudios y otros conocimientos,
la finalidad de tal practica es reducir la comunidad de postulantes y
poder escoger entre los mejores.
Reflexiones finales
Cambiar de empleo representa una responsabilidad mucho mayor que buscar
trabajo, principalmente porque en el último caso no se producen daños a
terceros por una ruptura abrupta o indeseada, no hay dependencia y las
decisiones recaen del interesado y su correcta coestimación con una sola
empresa. Pero cuando se está empleado existe un código de ética que ha
de respetarse, pues el empleo es algo serio y valioso, basándose en esta
última afirmación es importante destacar que tanto la empresa como el
empleado son responsables de generar la necesidad de buscar otros
horizontes.
Las empleadores deben ser lo suficientemente abiertos, honestos y
definitivamente claros al momento de contratar, eso evita la generación
de expectativas erradas en las personas que se sienten interesadas por
un cargo en particular. Pero eso no es suficiente, las organizaciones
deben poseer sistemas de rotación y estimulo para que sus empleados, en
cualquier área, no caiga en la monotonía y el empleo pierda la condición
de reto. En la actualidad se sabe que una persona no debería pernoctar
en un mismo nivel de conocimiento o cargo por más de cinco años, salvo
que su capacidad de innovación y creatividad se muestren activas y en
ascenso, de lo contrario la misma organización estaría alimentando la
fuga de personal valioso que practicaría de manera consciente o no la
Teoría del Saltamontes.
Por otro lado los empleados deben administrar correctamente sus
expectativas y no esperar más allá de lo que es posible recibir de las
empresas. Estos también son responsables de las decisiones que la
organización toma con relación a ellos pues la empresa parte de acuerdos
preestablecidos comentados y discutidos durante la contratación en la
mayoría de los casos. Si bien es cierto que por las condiciones actuales
del mercado laboral no están como para sentarse, tomarse un tiempo y
escoger la que mejor convenga, debido a la escasez de ofertas, no es
menos cierto que resulta irresponsable quejarse y demostrar
inconformidad de las condiciones laborales una vez que se ha escogido un
empleo bajo la premisa “es mejor esto que nada”.
Pero en el caso al que se refiere la Teoría del Saltamontes, la visión
es otra, ésta pretende orientar al profesional que han alcanzado un
número importante de años en una posición determinada y que no ve la
posibilidad de seguir creciendo dentro de la empresa en la que labora,
incluyendo a esas personas que sienten que ya lo ha dado todo por la
organización y sueñan con tener la oportunidad agregar valor a otras que
realmente lo necesiten, ya que es necesario no ser sólo parte del cambio
sino también ser capaces de generarlo, lo cual demanda planificación,
preparación y precisión, de lo contrario se estarían obviando principios
inalterables de la administración y dejando a la suerte lo que debería
ser la consecuencia de una decisión bien pensada y sustentada.
Si se desea saltar a un nuevo escenario laboral vale la pena repasar los
seis principios que expone la Teoría del Saltamontes y responder de
manera objetivas los cuestionamientos que ella sugiere y reflexionar
sobre sus postulados, ya que su planteamiento obedece a garantizar el
éxito en esa meta laboral. Recuerde siempre los seis principios de esta
interesante teoría:
Agudice sus sentidos, lea e interprete las señales.
No pruebe suerte, planifique el cambio y estudie las variables.
Mantenga su trabajo al día y sus conocimientos actualizados, esté siempre preparado para saltar.
Si piensa saltar no lo divulgue ni dé indicios obvios de que lo hará.
Esté atento a las oportunidades y amenazas de su entorno, del mercado y de las condiciones socioeconómicas antes de decidir saltar pues ¡dos ojos no son suficientes¡
Si va a dar un salto evalúe sus talentos, si usted no los tiene con
certeza otro los tendrá.
Dr. Félix Socorro - fsocorroarrobacantv.net
Especialista
en Gerencia, mención Gestión de Negocios, Licenciado en Administración
mención Recursos Humanos Diplomado en Desarrollo Gerencial y Técnico
Superior Universitario en Administración mención Gerencia
Administrativa, en tres de los cuatro casos graduado con honores.
Ha trabajado en el área de Investigación y Desarrollo, conjuntamente con
Recursos Humanos desde 1989. Ha sido Jefe y Gerente de Administración de
Recursos Humanos desde 1995, en empresas Consultoras, de
Telecomunicaciones y de Consumo Masivo. Actualmente se desempeña como
Director General de Recursos Humanos en una importante universidad
privada de Venezuela. Ha escrito y publicado varios artículos y
trabajos, entre ellos: El Zeitgeist Gerencial, La Filosofía TEA, Las
Organizaciones Horizontales (1º premio como ensayo), La delgada línea
mortal del profesional (en sus cuatro versiones), Gerencia por Herencia,
Gerencia Emocional, El Síndrome de Cronos, entre otros, en revistas como
Conocimiento & Dirección (Argentina) Pauta (Panamá), Recursos Humanos
(Venezuela) y ARPrensa (Colombia). Se ha desempeñado como
conferencista de los temas antes mencionado y otros de interés a nivel
nacional e internacional. Ha obtenido como reconocimiento a su trabajo
distinciones de 1º, 2º y 3er lugar en ensayos y Premios a la Excelencia
Temas: Recursos Humanos, Gerencia, Administración y Nuevos Modelos
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Master internacional desde España (Online)- Becas parciales
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