RESUMEN
En el artículo que sigue se hace referencia a la importancia que se debe
brindar en las pequeñas y medianas empresas al tema de la organización
en general y en particular a la estructura organizativa interna, vista
esta como las subdivisiones que se establecen desde el punto de vista de
dirección y organización, basados en la especialización y en la división
del trabajo. De igual manera a la definición de funciones por cargos y
la estructura de los procesos. Todo esto para destacar las implicaciones
negativas que tienen en el mediano plazo para la gestión de la empresa,
derivándose de esto la necesidad de evaluar y estudiar la estructura,
aplicando los cambios necesarios en el momento necesario.
La organización en las pequeñas y medianas empresas.
Introducción:
La globalización de la economía es ya un hecho aceptado por todos,
incluso desde el punto de vista del término, el cual para algunos
autores es lo que en verdad resulta novedoso, al considerar que por su
contenido la globalización tiene sus orígenes mucho antes de lo que
realmente se cree en la actualidad. Sin embargo, los avances alcanzados
en la informática y las comunicaciones; el crecimiento económico
experimentado por las denominadas economías emergentes, incluyendo a
China con su espectacular irrupción en el panorama económico mundial; la
relativa escasez de ciertos recursos naturales; el cambio en el panorama
geopolítico y la inserción de los países del antiguo bloque socialista a
la economía mundial; la proliferación de los tratados de libre comercio;
la competitividad en costos y precios, entre otros, han sido factores
que han condicionado el fortalecimiento de la globalización como un
fenómeno aparentemente novedoso.
Desde el punto de vista interno la globalización es un factor de doble
carácter para las economías nacionales, sobre todo desde el punto de
vista de las empresas, en tanto que beneficioso por las oportunidades de
mercado e inversiones, también es perjudicial desde el punto de vista de
la competencia a la cual se ven sometidas las empresas locales, sobre
todo en cuanto a productos y servicios procedentes de países con menores
costos y una adecuada relación calidad – precio. En este sentido la
globalización en sí es una amenaza, sobre todo para las pequeñas y
medianas empresas.
Entre este fenómeno por un lado y por otro la tendencia de los
empresarios a mantenerse en el mercado aumentando su cuota de
participación o penetrando nuevos mercados, el nivel de la competencia
tiende a aumentar. Este es un hecho objetivo, de modo tal que la
competencia no establece diferenciación y está presente en mayor o menor
medida, pero siempre presente, en todos los sectores de actividad, por
lo que nada ni nadie está exento de sus efectos.
Si bien la competencia es un factor condicionante del buen hacer y
funciona como un mecanismo de selección natural en el ambiente
empresarial, no deja de ser una amenaza desde el punto de vista
individual, es decir, desde la óptica y la posición del empresario. Sin
embargo, a pesar de que por lo general los empresarios poseen la
cualidad de percibir la dinámica del mercado y de la competencia, en
muchas ocasiones les falta capacidad para establecer las limitaciones
internas de la organización y las acciones a emprender, sobre todo de
cara al futuro inmediato.
La complejidad de la dirección, la tensión de la competencia, los
problemas asociados con la baja rentabilidad o la poca liquidez, o
incluso la euforia por buenos índices de crecimiento y rentabilidad, no
le permiten a los empresarios en las pequeñas y medianas empresas
dedicar tiempo a estudiar dónde están las falencias de la organización,
tal vez incluso impuestas por la no siempre perceptible influencia del
entorno hacía el interior de la organización.
Entre estos aspectos poco perceptibles y de lento efecto al interior del
sistema se encuentra la organización.
La organización empresarial
Aunque mucho se ha escrito y teorizado respecto a la organización como
función propia de la gestión e indispensable desde el punto de vista de
la dirección, así como de la organización desde el punto de vista
orgánico en cuanto a ordenamiento interno y definición de cargos y
funciones, aun continúa siendo una debilidad en muchas empresas pequeñas
y medianas.
En lo que respecta a la organización en cuanto a estructura, hay que
considerar que de la misma manera en que es muy difícil que dos humanos
sean completamente iguales, lo mismo sucede en las empresas. Una empresa
no necesariamente se parece a otra aunque estén enmarcadas en el mismo
sector y empleen igual tecnología de producción e incluso similar
estructura productiva. Siempre existirán factores diferenciadores, no
solo en el orden técnico-productivo, sino también en el orden social en
cuanto a composición de la fuerza de trabajo, nivel de pertenencia y
motivación, nivel de calificación, relación con los directivos, etc. De
igual modo pueden existir diferencias de índole cuantitativas, respecto
a número de trabajadores, nivel de venta, utilidad, estructura de los
activos, cuota de mercado, entre otros. Estas y otras diferencias
determinan que a pesar de existir principios básicos para definir la
estructura organizativa de las empresas, así como estructuras típicas,
la estructura de dirección, de cargos, de funciones y la estructura por
áreas, departamentos, divisiones, gerencias, etc, estarán en dependencia
de las características, complejidad y condiciones de cada empresa.
En toda empresa se da la existencia de una estructura funcional basado
en las actividades que debe realizar para cumplir su objetivo y en base
a la división del trabajo. Esta estructura funcional genera la
existencia de diferentes subdivisiones entre las cuales existirá
determinada relación, ya sea de cooperación, apoyo o subordinación.
Estas subdivisiones deberán tener definidas sus objetivos, tareas y
funciones, así como la interrelación con las restantes subdivisiones de
la organización, incluyendo el sistema de obtención y entrega de
información.
Visto de este modo todo hace suponer que el establecimiento de la
estructura organizativa de las empresas es un proceso expedito, cuando
en la práctica son más los problemas asociados con la estructura que lo
que uno puede imaginar. En principio basta señalar que la estructura,
las funciones y los procedimientos no pueden ser aplicados mecánicamente
y mucho menos copiados. Cada empresa deberá determinar el tipo de
estructura que le resulta conveniente en relación a su nivel de
desarrollo, tipo de actividad, composición interna, metas y objetivos.
La estructura organizativa de una empresa deberá ser vista a partir de
un prisma dialéctico, es decir, estará en dependencia de la evolución
que tenga la empresa en el tiempo. La adopción de una estructura de modo
estático e inamovible, generará más problemas de los que cualquier
empresario puede realmente suponer. El crecimiento y evolución de una
empresa deberá estar acompañada de los cambios necesarios en la
estructura, cuestión esta que por lo general queda relegada a un segundo
plano.
La duplicidad de funciones, la doble y hasta triple subordinación, la
improvisación en la asignación de funciones, la asignación de funciones
diversas a un mismo cargo, el aumento en la complejidad de los cargos
sin el debido respaldo en cuanto a calificación y remuneración,
existencia de jefes sin subordinados, jefes con exceso de subordinados,
ausencia de una debida especialización, son algunos de los problemas que
se observan en la estructura organizativa de las empresas. Todo esto por
lo general implica la existencia de problemas tales como:
a) Demoras en la implementación de medidas y cumplimiento de tareas.
b) Existencia de errores en la interpretación de las orientaciones,
incluyendo las que “caen” en terreno de nadie.
c) Exceso de centralismo en la toma de decisiones.
d) Insuficiente autoridad de los “jefes” intermedios.
e) Falta de fluidez en los procesos y tareas.
f) Deficiencias en el sistema de control interno.
g) Desequilibrio en las cargas de trabajo.
h) Desmotivación del personal.
i) Insuficiente información a los trabajadores.
j) Existencia de conflictos entre los dueños o directivos.
k) Falta de liderazgo.
l) Mal ambiente interno.
Aunque ninguno de ellos tiene una influencia directa en las ventas, en
los costos o en los niveles de utilidad, el hecho cierto es que de modo
muy solapado se van generando dificultades en el funcionamiento del
sistema. Esta influencia poco medidle y nada cuantificable es lo que
ocasiona que los empresarios presten poca atención a este tipo de
asunto, con lo cual la empresa crece con una estructura obsoleta y en la
mayoría de los casos se le van incluyendo de modo mecánico cargos,
funciones e incluso eslabones o subdivisiones, sin establecer
previamente sí resulta lo más conveniente y apropiado. A fin de cuentas
en el mediano plazo estos problemas trascienden y llegan a afectar el
normal desempeño del sistema, lo cual de seguro se traducirá en
afectaciones al nivel de crecimiento y desarrollo de la empresa, sin
descontar que los clientes son capaces de percibir que algo no está
funcionando bien.
Muchas empresas carecen de un manual de funciones y procedimientos, y
cuando disponen de el no son capaces de mantenerlo actualizado o se
convierte en un documento más, sin ser empleado adecuadamente en el
proceso de gestión. Tampoco disponen de los requisitos exigidos por
cargos en base a las funciones que se espera cumpla el cargo en
cuestión, en cuanto a nivel de calificación, especialidad, experiencia,
características personales, etc. Estos son aspectos considerados
burocráticos o de poca utilidad práctica, a pesar de que están asociados
al funcionamiento del sistema y al recurso más importante del proceso
productivo: el recurso humano.
Todo empresario sabe que cuando se vende es necesario cobrar para poder
mantener la operación de la empresa, sin embargo, por lo general no
tiene bien definido cómo está estructurado el proceso de cobro, si
funciona bien o mal, si el control es el adecuado. Desde el punto de
vista organizativo lo importante no es cobrar, sino cómo organizar el
proceso de cobro, de manera tal que este fluya normalmente. El cobro se
convierte en este caso en un resultado del proceso.
De igual modo sucede con otros procesos vitales para la empresa, tales
como ventas, pagos, compras, inventarios, reclamaciones e incluso
mantenimiento.
Estos son procesos que en la dinámica de la empresa tienen que operar de
manera coordinada y dirigida, pero de forma expedita. La ausencia de
envases en una fábrica afecta el proceso de ventas, pero el proceso de
compras debe funcionar de forma tal que de modo automático por
denominarlo de alguna manera, accione para realizar la compra de los
envases en el momento oportuno evitando rupturas en el ciclo. En este
simple ejemplo intervienen varios actores: bodega o almacén, compra,
transporte, contabilidad y tesorería. Estos cinco eslabones de la cadena
deberán estar coordinados para asumir de modo eficiente el proceso en
cuestión, garantizando no solo el suministro adecuado, sino también en
el tiempo adecuado, en los niveles necesarios y con el control
establecido.
Un buen directivo, un buen empresario, por lo general no deja de
estudiar el proceso productivo o de servicio y el flujo tecnológico, a
sabiendas de la importancia que representa para los resultados de la
empresa; sin embargo, no actúa de la misma manera en el caso de la
estructura de la organización.
David R. Hampton señala en su libro ADMINISTRACIÓN, lo siguiente:
“La estructura depende de la estrategia. El cumplimiento de este
principio no garantiza un buen desempeño organizacional; pero su
violación si debilita la productividad”.
La cita resulta muy elocuente para caracterizar la importancia de la
estructura, aunque deja bien definido que no solo de una buena
estructura o de una adecuada organización dependerá el éxito de una
empresa. Múltiples son las funciones, actividades, factores, de los
cuales dependerá la buena misión de una empresa. No por gusto la empresa
es considerada como un sistema; es por sus principios y relaciones un
ente vivo.
Los jefes en una estructura
Una empresa no deberá disponer de más ni de menos cargos de los que
realmente requiere en función de su nivel de desarrollo, complejidad y
de la estrategia establecida, pero el buscar ahorros por concepto de
pago de remuneraciones al no incluir cargos necesarios, a fin de cuentas
tendrá un efecto negativo mayor, el cual lamentablemente no es
perceptible de inmediato.
En paralelo al tema de la estructura tiene lugar otro fenómeno no menos
importante, asociado en este caso al proceso de selección de los jefes.
Por lo general en las empresas familiares que son las que en buena
medida dan lugar a las pequeñas y medianas empresas, el número de jefes
es relativamente bajo, sin que esto ocasione mayores dificultades, por
el contrario, puede resultar en principio muy beneficioso. Pero en la
misma medida en que la empresa se consolide y vaya creciendo en nivel de
venta, número de trabajadores, número de clientes y proveedores, entre
otros, se hará imprescindible la adopción de una estructura organizativa
y de dirección que responda a las nuevas condiciones. La realización de
diversas actividades determinará la necesidad de dividir las tareas
asignando responsables y ejecutores de las mismas. En este caso la
presencia de un solo jefe, aun siendo este el dueño o propietario puede
constituirse más que en un beneficio en un perjuicio para la empresa,
llegando a limitar sus potencialidades. El concepto de que al incluir
personal en la estructura de mando con responsabilidades y rango de
jefes puede implicar pérdida de poder y de control, es un modo estrecho
de pensamiento.
De igual manera cuando se decida incluir personal directivo en la
estructura de una empresa, deberá no solo tenerse en cuenta el nivel de
confiabilidad, sino también el nivel de preparación, de calificación y
la aptitud. La buena voluntad es siempre importante, pero si no se sabe
exactamente lo que se debe hacer o no se es capaz de hacer comprender lo
que se debe hacer, todo quedará en las buenas intenciones, pero alejado
de los buenos resultados.
No siempre el mejor profesional es el mejor jefe, ni el más confiable es
el jefe correcto. La selección de los jefes es un proceso complejo que
rebasa la empatía, la simpatía o los resultados profesionales que
acompañan a una persona.
Los jefes constituyen el vínculo necesario entre el nivel superior de la
empresa y los trabajadores y obreros. Sobre ellos recaerá la
responsabilidad de identificar a los trabajadores con las metas y
objetivos de la organización, guiándolos en función del cumplimiento de
la estrategia definida. Un buen jefe, asumido esto en todos los
aspectos: personal, profesional, humano, será un elemento motivador para
su colectivo de trabajo, capaz de imprimir sinergia al grupo.
En muchas ocasiones es poco lo que se hace por mantener motivados a los
trabajadores, a pesar de que siempre se ha dicho que el capital humano
es el recurso más importante que tiene una organización. Las empresas se
ven obligadas a invertir recursos en mejorar su equipamiento si desean
mantener la calidad, las ventas y la productividad, pero no actúan de
igual manera con relación a la fuerza de trabajo. El aumento de los
salarios, de las bonificaciones, los estímulos de cualquier tipo, están
por lo general en desventaja. Una fuente de ahorro lo constituyen los
salarios y el número de trabajadores, a pesar de que la demanda está
determinada en última instancia por el nivel adquisitivo de las
personas. En este sentido la existencia de buenos jefes contribuye a
evitar zonas de conflictos, siempre y cuando pueda equilibrar el nivel
de exigencia con la motivación y canalizar los intereses y
preocupaciones de su colectivo.
Conclusión
Lamentablemente, como fue señalado a principios de este material los
empresarios y los directivos están bien ocupados con sus tareas y metas
concretas; por ellas es que a fin de cuentas son medidos y evaluados.
Esto les impide en muchas ocasiones poder discernir los problemas más
generales que están afectando al sistema, y aun cuando son capaces de
percatarse de que algo no está funcionando bien, no pueden dedicarse a
evaluar cómo resolver la situación. En medio de esto se debaten sin ir
en busca de la ayuda especializada necesaria, sobre todo por la poca
importancia que le conceden a cuestiones como las que han sido
explicadas, por considerar que internamente están en condiciones de
encontrar la solución o por el criterio del ahorro. Todo esto cuando las
teorías en torno a la administración, al management, la dirección, etc,
están tan de moda en el mundo empresarial.
Mientras esto sucede la competencia mantiene su paso firme y no cede
terreno. Los que deseen perdurar deberán adecuarse a la situación
existente. Los que no, quedarán en mayor o menor plazo de tiempo como
simples espectadores de un dinámico proceso que por lo general no da
espacio para la rectificación.
El desarrollo alcanzado en el aspecto científico, técnico e incluso
económico ha impuesto y profundizado la especialización, de modo tal que
un empresario por muy capaz, experimentado, intuitivo y sagaz que sea no
podrá de por si asumir todas las tareas propias de la gestión, máxime
cuando se trata de una empresa en crecimiento.
En las condiciones actuales del mercado el éxito de una empresa no
radica solo en los esfuerzos que realice, sino que dependerá mucho de
las condiciones del entorno, para lo cual se hace necesario estudiar y
conocer en profundidad las interioridades de la organización. Las
debilidades internas tienen que ser resueltas cada vez, de modo tal que
la empresa funcione saludablemente, evitando con ello los embates
constantes del ambiente externo.
En este sentido cuestiones como la organización interna, la dirección,
la selección y motivación del personal, resultan aspectos poco
cuantificables que inciden en los buenos o malos resultados en la
gestión de una empresa. Si bien el nivel de atención a los clientes es
un acápite no cuantificable al cual se le presta una esmerada atención
por el impacto que cada vez más tiene en los resultados de una empresa,
la organización deberá recibir similar o tal vez mayor seguimiento, toda
vez que a fin de cuentas influirá en la calidad del producto final.
Bibliografía
.Autores varios: Economía de la Empresa. Análisis de las decisiones
empresariales. Ediciones Pirámide S.A.
.Hampton, David R: ADMINISTRACIÓN. Tercera Edición. McGraw Hill.
.Trent Management. Volumen 6, Número 4, Junio/Julio 2004
Lic. Fidel Alvarez G. - f.alvarezarrobami.cl / falvarezgainzaarrobayahoo.es
conomista, graduado en la Universidad de La Habana en el año 1982 con especialización en la Industria. Diploma Europeo en Dirección y Administración de Empresas. Experiencia como profesor universitario, consultor de empresas e investigador. He impartido cursos y conferencias en el exterior. Experiencia en la actividad de dirección como Gerente General y Gerente de Economía y Finanzas. Actualmente profesor de Gestión Estratégica y Administración de Proyectos Industriales en INACAP, Chile.Acerca de GestioPolis
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