FORMAS ORGANIZATIVAS PARA LA COMPETITIVIDAD
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06-2005
El desarrollo de la división del trabajo y de la cooperación
correspondiente lleva a la especialización de los diferentes agentes
económicos que están relacionados en una serie secuencial de procesos
productivos y de servicios necesarios para desarrollar, producir y
comercializar determinados tipos o líneas de productos de manera de
servir a clientes diferentes que se sitúan a lo largo de la cadena de
producción de empresas relacionadas y de servicios y apoyo. Las formas
organizativas que expresan estás interrelaciones se denominan cadenas
productivas, redes industriales y clusters, las que se expresan en la
unión de las diferentes cadenas de valor en un sistema creador de valor
para los demandantes y para la economía en su conjunto. En gran medida,
la fortaleza de un sistema económico va a estar dada por la cantidad y
calidad de este tejido industrial creado y de la eficacia en su
funcionamiento, lo que se refleja en la competitividad de los diferentes
sectores y nacionales.
Cadenas Productivas
La demanda industrial se inserta en una cadena. La noción de cadena
industrial desborda las nomenclaturas por ramas o por sector y dejan
anticuadas la clasificación tradicional de la economía en primaria,
secundaria y terciaria. Una cadena industrial está constituida por el
conjunto del proceso de producción que va desde las materias primas a la
satisfacción de la necesidad final del consumidor; se dirige a esta
necesidad final, a un bien material o a un servicio. Se tiene entonces
una jerarquía de organizaciones, que tienen el estatus de clientes o
proveedores, según su situación más arriba o más abajo de la empresa
considerada. La fuerza estratégica del cliente industrial depende sobre
todo de su aptitud para anticipar y controlar el mercado final de la
cadena en la cual participa.
Las cadenas globales de productos son definidas como los vínculos que
existen entre las fases sucesivas de suministros de materias primas,
manufactura, distribución y ventas finales que abarcan la fabricación de
un producto final y que pueden estar dispersas especialmente a nivel
mundial.
La teoría de las cadenas globales de productos no se limita a plantear
una discusión acerca de la unidad de análisis más apropiada para el
diseño de las estrategias de desarrollo de la era global. Lo que trata
de establecer esa teoría es, sobre todo, un marco teórico para
comprender cómo la acción de factores específicos pudieran conducir
hacia el desarrollo a partir del tránsito “hacia arriba de los países a
través de las posibles trayectorias de aprendizaje tecnológico y
organizativo que existen en esas cadenas productivas”[1].
De este modo, las firmas y las redes económicas que las conectan son las
piezas fundamentales de los sistemas transnacionales de producción, en
los cuales los países desempeñan una variedad de funciones
especializadas que pueden ser cambiantes a través del tiempo. Por
supuesto, las firmas no existen en un vacío. Su comportamiento está
condicionado por diversos factores que operan en distintos niveles:
condiciones económicas globales y geopolíticas; esquemas de integración
regional (de jure y de facto); las políticas económicas de los gobiernos
nacionales; el impacto de las instituciones y de las normas culturales
nacionales sobre la actividad económica y las tasas de salario, la
calificación, productividad, y grado de organización de las fuerza de
trabajo.
Por otra parte, los estados- nación tampoco son actores que flotan
libremente. “El enfoque de las cadenas globales de productos considera
que las perspectivas de desarrollo de los países están condicionadas, en
gran medida, por la forma en que los países son incorporados a las
industrias globales”.[2]
Existen al menos tres aspectos de la teoría de las cadenas globales de
productos que deberían ser tomadas en consideración para el análisis de
estrategias de desarrollo:
En primer lugar la clasificación de las cadenas globales de productos en
dos grandes grupos. De una parte las llamadas cadenas impulsadas por el
productor y de la otras las cadenas impulsadas por el comprador. Las
primeras son típicas de industrias que hacen una utilización intensiva
de capital y tecnología. En el segundo caso, se trataría de cadenas
productivas de industrias con una utilización intensiva de fuerza de
trabajo. En este caso las grandes empresas comerciales, las empresas con
marcas reconocidas, y las compañías de tipo trading desempeñan el papel
central en el establecimiento de redes descentralizadas de producción y
de distribución, de manera que a diferencia de las cadenas del primer
tipo las cadenas impulsadas por el comprador están dominadas por el
capital comercial estructurado en forma de redes. En términos
comparativos las cadenas del segundo tipo son un fenómeno más reciente,
menos estudiado y menos comprendido.[3]
En segundo lugar, el proceso de aprendizaje para poder llegar a competir
exitosamente en los mercados mundiales es un procedimiento relativamente
continuo e impredecible, que puede ser favorecido por la inclusión en
cadenas globales, aunque debe quedar claro que el éxito logrado en una
fase dada no garantiza por si mismo el avance hacia la siguiente fase.
La perspectiva de las cadenas de productos globales permite precisamente
orientar las discusiones acerca de cómo desplazarse en una cadena
productiva en trayectorias de aprendizaje tecnológico y organizativo que
conduzca a los tipos más avanzados de exportaciones. Hay paisajes que
comenzaron en fase relativamente rudimentarias de una cadena productiva
y que han terminado colocados en la vanguardia tecnológica en la
manufactura de marcas originales.
Redes Industriales
Las redes industriales constituyen una serie de acciones económicas,
(financieras, comerciales y tecnológicas) y organizativas que permiten
articular las operaciones necesarias para poner a disposición de los
utilizadores finales, productos industriales y de consumo final.
La cadena de producción está integrada por diversas unidades,
generalmente empresas entre las cuales existen relaciones que definen un
flujo de intercambio entre los componentes de ésta y cuya consecuencia
es la interdependencia entre ellas; además, en los distintos niveles de
la cadena de producción se producen flujos hacia otras organizaciones de
diferentes sectores que constituyen las llamadas relaciones
horizontales. Esas interdependencias entre organizaciones pertenecientes
a diferentes sectores industriales dan lugar a un elemento
organizacional, por lo que conforma un conjunto de relaciones que van
más allá de lo estrictamente comercial. Este conjunto de relaciones es
lo que constituye una red.
Una red es un tejido de relaciones duraderas entre varias empresas. La
existencia de una red implica que las transacciones que tienen lugar
entre las empresas que la componen son de carácter regular, eliminando
así la necesidad de recurrir cada vez al mercado (se trata en suma de
una reducción de los costos de transacción) y logrando un incremento en
la eficacia de sus acciones. Estas relaciones pueden aumentar en
intensidad, o por el contrario decrecer. Uno de los ejemplos más
corriente de una red viene dado por las relaciones de subcontratación.
Las relaciones que tienen lugar entre las empresas que constituyen una
red no son solamente las debidas a flujos de productos, sino que también
las hay de carácter financiero, informacional, técnico, e incluso de
gestión.
La red tiene, como una característica esencial, la interdependencia
entre las empresas que la componen, tanto técnica como comercial,
financiera, etc., lo cual es de carácter continuado y duradero y
modifica la competencia. En efecto, las redes crean de hecho barreras de
entrada y salida a la propia red.[4]
En una cadena y en una red es necesario conocer cuándo y dónde se
produce un evento que puede provocar la disminución del desempeño en un
sector y de qué modo se transmite entre los miembros. La transmisión de
los efectos puede producirse con deformaciones o sin éstas a lo largo de
los distintos componentes de la red. La estructura de poder de las
empresas juega un papel determinante a la hora de ver cómo se trasmiten
los efectos.
Así, el estudio de la estructura de poder es esencial para entender cómo
se desarrolla tal sistema de transferencias de efectos, y en
consecuencia qué oportunidades y amenazas reales existen para una
empresa dentro de la red o hilera.
“El término red se refiere a un grupo de empresas que cooperan en un
proyecto de desarrollo conjunto, complementándose unas a las otras y
especializándose, con el objetivo de superar sus problemas comunes,
lograr eficiencia colectiva y conquistar mercados más allá de su alcance
individual”. (Ceglie, Dini, Clara, ONUDI, 1999)
Clusters
Los estudios acerca de la fuente de la competitividad de las naciones,
liderados por Porter, han revelado que las empresas de clase mundial
tienden a concentrarse en pequeñas áreas geográficas, específicas para
cada tipo de industria.
Estas concentraciones de compañías interrelacionadas se han llegado a
denominar clusters (en inglés, racimos o aglomerados). Se pueden definir
como un grupo geográficamente próximo de compañías e instituciones
asociadas, que operan en un campo empresarial particular, vinculadas por
características comunes y complementarias.
El alcance geográfico de estos aglomerados va desde una región o una
sola ciudad hasta cubrir países cercanos y vecinos. Incluye compañías de
productos finales o servicios, proveedores, instituciones financieras y
empresas en industrias conexas. También suelen incluir empresas que se
encargan de las últimas fases de un proceso, fabricantes de productos
complementarios, así como instituciones que ofrecen capacitación,
investigación y apoyo técnico. Muchos aglomerados incluyen asociaciones
gremiales y otros cuerpos colectivos.[5]
Según el marco conceptual, la competitividad de un cluster o grupo de
empresas relacionadas, se explica por cuatro atributos fundamentales que
constituyen el "diamante" de la competitividad.
Todos los clusters tienen como objetivo directo lograr el consenso entre
los principales protagonistas en cuanto a la definición de retos y
prioridades de acción. El factor diferencial de estas acciones es que en
la mejora de la competitividad del cluster se involucren empresas,
instituciones públicas, privadas y gobierno.[6]
Porter define un cluster como un grupo de compañías e instituciones
interconectadas asociadas en un campo particular y próximo y
geográficamente unidas por prácticas comunes y complementarias. En
consecuencia, un cluster agrupa a los proveedores de materiales,
componentes, maquinaria, e información; instituciones financieras;
compañías e industrias relacionadas o secundarias; fabricantes de
productos complementarios; proveedores de infraestructura especializada;
al Gobierno y otras instituciones que provean capacitación
especializada, educación, información, investigación y apoyo técnico;
además asociaciones comerciales y gremios empresariales.[7]
Tomando las definiciones de John Humphrey y Hubert Schmitz en su trabajo
“Principles for promoting cluster and networks of SMEs” (1995), se
define el cluster industrial como una concentración sectorial y
geográfica de empresas que facilita la aparición de economías externas,
aparición de proveedores, personal calificado, etc.[8]
Los clusters exportadores
La adopción de un esquema de clusters exportadores facilitaría la
conducción de una reindustrialización que sea lo suficientemente
flexible como para acomodar el constante proceso de movimiento “hacia
arriba” en las cadenas productivas y, también que posibilite la creación
de un tejido productivo lo suficientemente profundo como para darle
solidez a la reindustrialización del país.[9]
Nuevos sectores como la biotecnología, las comunicaciones y el software
no encajan en las definiciones tradicionales de sectores económicos. Lo
que convencionalmente se define como el sector de la biotecnología, es
en realidad un conjunto de actividades distintas formalmente ubicadas en
diversos sectores tradicionales de la economía, de manera que el trabajo
con el concepto de clusters implica, por definición, la adopción de un
esquema de análisis flexible de la estructura económica.
Las industrias que sean capaces de producir para los mercados
internacionales poseen un gran potencial de crecimiento a largo plazo.
Sus oportunidades de expansión no están limitadas por la escala del
mercado nacional y además, ofrecen un potencial para la creación de
empleos de alta calificación.
Un cluster exportador consiste en una agrupación de actividades
interdependientes, que se complementan unas con otras, y cuyo resultado
final es uno o varios productos o servicios de exportación.
La estructura de un cluster exportador consta de tres niveles
diferenciados de actividades: a) núcleo; b) actividades de suministro; y
c) actividades de infraestructura.
El núcleo del cluster incluye actividades que generan productos y
servicios para la exportación. También pueden exportar componentes de un
producto o etapas de un servicio.
Las actividades de suministro, incluyen una amplia gama de actividades
de apoyo al núcleo, en forma de productos y de servicios. Algunas de
estas actividades de suministro pueden servir a más de un cluster
exportador.
No son consideradas formalmente como parte del cluster otras actividades
de apoyo que no forman parte de la cadena productiva que genera las
exportaciones porque tienen importancia para el desarrollo nacional.
Las actividades de infraestructura son fundamentales para el
funcionamiento del cluster en la medida en que garantizan las
condiciones básicas que hacen posible la efectividad de la actividad
exportadora.
Para un país como Cuba, con una base industrial relativamente diversa,
la articulación de clusters exportadores en la industria pudiera ser la
única posibilidad que existiese de no perder definitivamente esa base
industrial y de evitar la descalificación relativa de vastos segmentos
de la fuerza laboral.[10]
Alianzas Estratégicas
Numerosas limitaciones se han superado en los tiempos modernos mediante
alianzas estratégicas. Muchos fines que parecían inalcanzables se
tornaron factibles cuando los recursos fueron ampliados a partir de la
asociación con sociedades que tienen los mismos u otros escollos para
llegar al blanco que sus proyectos les propone. Las políticas de
cooperación entre compañías son una forma – no la única – de resolver
los cuellos de botella al desarrollo pleno de las metas que persigue la
actividad empresaria. Es esta una herramienta a la que se apela cuando
no existen opciones que permitan motorizar una gestión individual con
posibilidades de éxito.
Las alianzas agregan efectos sinérgicos a quienes suman sus ventajas y
neutralizan desventajas, en un escenario en el que se trata de salir
indemne de las amenazas y aprovechar todas las oportunidades que se
presentan.
De la unión de esfuerzos aislados surgieron las primeras compañías,
nacieron las industrias y las corporaciones. La época moderna trae la
novedad de que estas ya no tienen la fortaleza para mantenerse frente
las exigencias competitivas actuales. Aparece entonces, un nuevo tipo de
mancomunión de fuerzas. Para permanecer con vida, organizaciones que
nacieron de la unión de los individuos se aglutinan para crear
megacorporaciones, convirtiéndose en un dato interesante del período
contemporáneo. Los procesos cooperativos son visualizados
estratégicamente como una nueva oportunidad de negocios y, a la vez,
como una fuerte barrera para dificultar el acceso de competidores al
mercado cautivo, o para disminuir la intensidad de las amenazas que una
empresa puede enfrentar.
La formación de alianzas es un rasgo de madurez al que ha llegado
economía, por ello ha sido más intensa hasta ahora en las zonas de mayor
industrialización. Desde los países desarrollados, las alianzas
estratégicas significan:
La posibilidad de expandir los negocios de las corporaciones,
permitiendo la conquista de nuevos mercados que facilitan la
amortización en el espacio, de los gasto de I & D ya que no pueden ser
absorbidos en el tiempo dada la rapidez con que se suceden los ciclos;
La manera de diversificar su ámbito de gestión empresarial;
La forma de eliminar el ingreso de competidores en las áreas dominadas
por la empresa;
Un recurso para intentar racionalizar las actividades que, como producto
de su evolución, llegaron a sobredimensionar la oferta en relación con
la demanda;
Una alternativa para mejorar la rentabilidad en sectores que se
encuentran en una etapa madura o en retroceso, donde la dinámica y las
mutaciones no son tan violentas.
Las alianzas se proyectaron exitosamente hacia zonas subindustrializadas,
obligando a las compañías instaladas en ámbitos menos competitivos a
considerarlas como un instrumento para lograr mejorar la productividad,
acceder a negocios internacionales o alcanzar escalones tecnológicos que
viabilicen su sustento en el mercado local o en el nuevo orden global.
El impulso y la búsqueda de alianzas estratégicas resulta la opción más
viable para alcanzar la cobertura de los dos factores clave del éxito,
el dominio de la tecnología y de los mercados, o sea:
§ Lograr escalas más amplias, para amortizar los costos de producción y
otros gastos fijos;
§ Mancomunar esfuerzos para desarrollar nuevas tecnologías.
Esta gestión asociativa genera profundos cambios en las industrias y en
el comportamiento de las empresas, creando condiciones para el
imprescindible proceso de internacionalización de sus operaciones. La
constitución de una nueva unidad basada en los aportes de diversas
empresas permite usufructuar las fuerzas de cada una, así como la
compensación recíproca de sus debilidades inherentes.
De esa forma se optimiza la utilización de los recursos y se conjugan
las ventajas comparativas naturales y adquiridas que ostentan los
participantes del proyecto, lo que ordena un nuevo sistema empresario ,
basado en el aprovechamiento mutuo de las aptitudes de unos en reemplazo
de los aspectos negativos de otros, logrando así una potencia sinérgica
vigorizante. La nueva unidad operativa tendrá una base más sólida de
sustentación, ofrecerá menos flancos atacables y podrá enfrentar, desde
una mejor posición, los desafíos de sus competidores.[11]
Las alianzas empresariales son una fórmula intermedia entre el
crecimiento interno y externo, así como entre una mayor o menor
integración vertical de actividades. Es decir, se trata de decidir si se
incorporan o no a la empresa ciertas actividades, bien sea mediante
fusiones y adquisiciones o mediante integración vertical.
Competitividad
En el ámbito microeconómico, la competitividad se identifica con la
capacidad que las empresas muestran para captar mercados, o para
mantener o incrementar de manera sostenida su cuota en un determinado
mercado. En definitiva, el concepto alude a aptitudes comparadas de las
empresas en un ámbito de confrontación común, que es el mercado y a la
capacidad de influir sobre las condiciones de la competencia y sobre los
resultados de su acción en el mercado. La competitividad implica la
existencia de un agente activo que elige, define estrategias y trata de
controlar variables.
El uso actual del término se remite al comportamiento comparado de una
economía nacional, entendiéndase por tal, “la aptitud de un país (o
grupo de países) para enfrentar la competencia a nivel mundial:
considerando tanto su capacidad para exportar y vender en los mercados
externos como para defender el mercado doméstico de una excesiva
penetración de las importaciones”[12], o una más amplia, “la capacidad
de un país para alcanzar los objetivos centrales de la política
económica, especialmente el crecimiento de la renta y del empleo sin
incurrir en dificultades de balanza de pagos”[13]. Para Porter la
competitividad está relacionada con la productividad, ya que “la
principal meta económica de una nación es crear un nivel de vida elevado
para sus ciudadanos, pero la capacidad de hacerlo no depende de la
nación amorfa de competitividad, sino de la productividad con que se
emplean los recursos de la nación, por lo que la productividad es el
primer determinante a largo plazo del nivel de vida de una nación”[14].
Otro concepto es el de competitividad sistémica que incluye las
determinantes tanto políticas como económicas del desarrollo industrial
exitoso y se refiere a un patrón en el cual los actores del estado y la
sociedad crean deliberadamente las condiciones para el desarrollo
industrial exitoso y que distingue cuatro niveles de políticas e
instituciones específicas, el macro (nivel de condiciones económicas
genéricas) y el meta (nivel de variables como las estructuras socio –
culturales) , el orden básico y la orientación de la economía y la
capacidad de los actores de la sociedad para formular estrategias.[15]
La noción de redes es crucial para la dimensión tanto política como
económica de la competitividad sistémica. Las empresas que compiten en
los mercados no son los agentes atomizados de la teoría económica sino
que están entretejido en densas redes compuestas por otras empresas,
proveedores, clientes, y competidores, y también instituciones a nivel
meso que establecen políticas e instituciones de apoyo.
En la situación actual, las empresas y las redes de empresas deben
cumplir cuatro requisitos: productividad, calidad, variedad o capacidad
para satisfacer las demandas de los distintos clientes, y agilidad o
capacidad de reaccionar rápidamente ante demandas específicas[16]. Estos
requisitos pueden ser desarrollados por las empresas si se concentran en
su competencia clave y organizan la oferta, y la subcontratación
mediante vínculos y relaciones que se establecen estratégicamente.
Bibliografía
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· Stoner, James. “Administración”. 1991, Quinta Edicion, Prentice Hall,
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[1] Monreal González, Pedro. “Cadenas productivas y política industrial
en la era de la globalización. Perspectiva desde Cuba. 2001
[2] Gereffi, Gary, “Contending Paradigms for Cross- Regional Comparison:
Development Strategies and Commodity Chains in East Asia and Latin
America”, en Peter H. Smith, 1997, Commodity Chains and Global
Capitalism, Greenwood Press.
op. Cit. p.44.
[3] Gereffi, Gary, “ The Organization of Buyer- Driven Global Commodity
Chains: How U.S Retailers Shape Overseas Production Networks”, 1997, en
Gereffi, Gary, y Miguel Korzeniewicz, Commodity Chains and Global
Capitalism, Greenwood Press.
4 Por citar un ejemplo, ese ha sido el caso de la firma taiwanesa ACER
[4] Menguzzato Boulard, Marina y Renau Piqueras, Juan J. La Dirección
Estratégica de la Empresa. Un enfoque innovador del management. 1991, Ed.
Ariel s.a. Barcelona. España. c7, p163.
[5] Sitio Web: www.agenda21.org.ni/mc_clusters.html
[6] Sitio Web: http://www.portaldelagestion.com/portalgestion/Portal/portal.htm
[7] Sitio Web: http://www.e-camara.net
[8] Humphrey, John y Hubert, Schmitz. “Principles for promoting clusters
& networks of SMEs”. 1995. Institute of Development Studies, University
of Sussex, U. K.
[9] Monreal Gonzáles, Pedro. Colectivo de Autores. “Cadenas productivas
y política industrial en la era de la globalización. Perspectiva desde
Cuba. 2001
[10] Monreal Gonzáles, Pedro. Colectivo de Autores. “Cadenas productivas
y política industrial en la era de la globalización. Perspectiva desde
Cuba. 2001
[11] Cleri, Carlos A. R. “Estrategia de Alianzas”. 1996, Ed. Macchi.
Buenos Aires, Argentina. p3-6.
[12] Chesnois, F. “The Notion of Internacional Competitiveness”. 1981,
mimeo OECD, París, Francia. p8
“[13] Fagelberg, J. “ Internationational Competitiveness”. Economic
Journal, volumen 98, p355 – 374.
[14] Porter, M. “Ventaja Competitiva de las Naciones”, 1990, Barcelona,
ed Plaza & Janes, p29
[15]Meyer Stamer, J. “Agrupación, Competitividad sistemática y cadenas
productos: como las firmas, asociaciones comerciales y gobierno en santa
catarina, brasil, responden a la globalización”. Ponencia IIET, ginebra,
1998. p2 - 3
[16] Revista: “Organización Industrial Manufacturera en los países en
desarrollo”. Vol 3, 1995, No. 1, p 36
MSc. Marta Ferrer Castañedo-
mferrer10arrobahotmail.com
Profesora Titular Consultante del Centro de
Estudios de Técnicas de Dirección (CETED), en la Universidad de la
Habana, Cuba. Licenciada en Economía en el año 1967. Especialista en
economía industrial. Ha laborado en los ministerios de economía y el de
colaboración económica - científico - técnica. Ha impartido docencia en
México, nicaragua y Bolivia. Es profesora titular desde el año 1982. Ha
participado en eventos tanto nacionales como internacionales. Tiene
publicado varios libros y artículos en revistas nacionales e
internacionales. Desarrolla los temas de Gestión Empresarial, Marketing,
Dirección Estratégica, Control de Gestión, clusters, redes industriales
de empresas.
Lic. Yadira Fonts Yip -
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Profesora Adiestrada del Centro de Estudios de
Técnicas de Dirección (CETED), en la Universidad de la Habana, Cuba.
Licenciada en Contabilidad y Finanzas en el año 2004. Ha participado en
eventos nacionales. Desarrolla los temas de administración, sistemas
organizativos, comportamiento organizacional, clusters, redes
industriales de empresas, estrategia organizacional.