La sentencia de Juran es clara: la calidad no es nada nuevo. Aun cuando se creía que habían sido los japoneses, influenciados por hombres como Deming y Juran, quienes establecieran los principios de la gestión de la calidad empresarial a mediados del Siglo XX, hace más de 5000 años los egipcios ya inspeccionaban las pirámides para detectar fallas en su diseño.
Juran apunta que a pesar de lo elemental y fundamental que resulta la
calidad para cualquier empresa, sí fueron los orientales quienes se
tomaron el trabajo de incorporarla como una filosofía de gestión en las
más altas escalas directivas, mientras que en Occidente, sobre todo en
los Estados Unidos, hasta hace pocos años hubo conciencia de la
importancia que tiene para el buen desempeño corporativo más allá de las
razones financieras. En occidente se dejó la labor de asegurar la
calidad a un departamento especial que se enfoca en la inspección del
producto terminado más no en un seguimiento total a todo el proceso de
producción o servucción según sea el caso.
La enseñanza
La importancia del pensamiento de Juran radica en su creencia de que hay
más factores que influyen en la calidad que las pruebas del producto a
posteriori en busca de defectos, enfatizando en el lado humano.
Lo que él quería comunicar es que en lugar de esperar que los productos estuvieran terminados para proceder a encontrar los defectos, se debía analizar todo el proceso de producción con el ánimo de prevenir en lugar de corregir, además, su pensamiento se orienta hacia la no delegación de la calidad, sino que la calidad debe darse por autonomía, cada empleado, desde el gerente hasta el personal de planta debe tener como meta la calidad en lo que hace, individualmente y en equipos, a esto se le conoce como autosupervisión.
El enfoque de Juran es novedoso por la incorporación del elemento humano en sus teorías, además de enfocarse en las necesidades del cliente, idea que aun hoy es considerada como revolucionaria y que realmente hace muy pocos años es aplicada de verdad por las empresas.
Juran, en su libro "Planing for Quality" dice, acerca de la planificación de la calidad, "en términos generales, la planificación de la calidad consiste en desarrollar los productos y procesos necesarios para satisfacer las necesidades de los clientes". Esta planificación abarca tres actividades básicas: identificación del cliente y sus necesidades, desarrollo de un producto que responda a esas necesidades y desarrollo de un proceso capaz de producir ese producto.
Además, plantea que la planificación de la calidad se puede obtener siguiendo estos pasos:
1. Identificar quiénes son los clientes
2. Determinar las necesidades de los clientes identificados
3. Traducir dichas necesidades al lenguaje de la empresa
4. Optimizar las características del producto (servicio) para satisfacer
las necesidades del cliente y las de la empresa
5. Desarrollar un proceso capaz de producir el producto
6. Optimizar del proceso
7. Demostrar que el proceso puede producir el producto en condiciones
operativas
8. Transferir el proceso a las fuerzas productivas
Al igual que los catorce puntos de Deming, estos 8 pasos parecen muy simples, pero detrás de ellos hay mucho más, estos son solo lineamientos y únicamente al momento de querer planificar la calidad en una empresa, se notará la trascendencia de ellos.
Como Juran lo anotaba, la planificación de la calidad no puede depender de un departamento, si se repara en los ocho pasos, se evidencia que estos no pueden ser ejecutados por esa dependencia aisladamente sino que toda la organización se debe mover en pos de conseguir el ciento por ciento de satisfacción del cliente, de eso al fin y al cabo se trata la calidad.
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