Pero acabamos de leer un libro (editado por la Asociación Española de
Directores de Personal, AEDIPE, y patrocinado por FYCSA, empresa
proveedora de e-learning) que proporciona interesantes opiniones sobre
la calidad de los contenidos. Aunque el libro relata, de modo general,
algunas experiencias de implantación del método en España, hemos
observado que, al hablar concretamente de contenidos, emergen
inquietudes distintas.
El lector puede encontrar en esta iniciativa de AEDIPE (“e-Learning: las
mejores prácticas en España”, título que, al parecer, inaugura su
Biblioteca de Recursos Humanos) valiosas manifestaciones que dibujan el
panorama neosecular del aprendizaje permanente en las empresas; pero
efectivamente también hemos encontrado formulaciones, referidas
específicamente al tema de contenidos dentro del e-learning, que tal vez
contribuyan a alimentar una edificante contrastación de opiniones.
En el prólogo, Carlos Pelegrín (coordinador del libro y Director de Formación de Telefónica) nos ofrece ya su propio punto de vista: “Lo cierto es que los mejores resultados pueden alcanzarse con contenidos de calidad media, al tiempo que los contenidos excelentes no garantizan absolutamente nada, incluso pueden conducir al fracaso”.
La frase se refiere a la “formación en la red”, pero se diría que
únicamente al aspecto audiovisual formal de los contenidos; no creemos
que Pelegrín decidiera preterir la carga didáctica de los mismos,
aunque, examinado el contexto, no parece referirse a ella al hacer esta
inicial y contundente alusión a la calidad.
No obstante, sólo unas páginas después, en su introducción del libro,
José Ignacio Díez Martínez, Consejero Delegado de FYCSA, insiste: “Los
contenidos han sido magnificados durante estos tres o cuatro años
pasados, sin que se entienda muy bien la razón. Es obvio que cuanto más
atractivos sean y mejor se hayan desarrollado pedagógicamente, mayor
será su aceptación por los alumnos; pero no está claro que ésta sea la
clave del autoestudio”. Y continúa: “Por tanto, los contenidos, en sus
diversas formas, son necesarios (...) pero son sólo una parte, quizá no
la más significativa del éxito”. Parece que el patrocinador del libro
tampoco apuesta por una excelente calidad didáctica de los contenidos, y
lo justifica: “Quien más y quien menos se ha visto obligado a adquirir
conocimientos complejos con medios precarios.
Recordemos la universidad (…) con las fotocopias de los apuntes del
más estudioso de la clase: contenidos más precarios, imposible”. Uno
creía que los contenidos eran tan (o incluso más) significativos o
trascendentales en la formación on line como en la presencial, pero Díez
debe pronunciarse con sólidos fundamentos. Por ejemplo, parece conocer
bien el mercado de e-learning en Estados Unidos, y hablando del mismo
señala: “...allí están reenfocando su modelo, transitando de un esquema
de puro autoestudio (...) a otro más parecido al nuestro...”.
En sus primeras líneas, su Consejero Delegado declara que el Grupo FYCSA
ha querido patrocinar este libro, entre otras razones, para que el
lector “aprenda de las experiencias de otras empresas y pueda tomar
decisiones de futuro con más elementos de juicio”: una especie de
saludable benchmarking parece que nos sugiere.
Y ya en la parte final de su introducción, sostiene que “el éxito de la formación on-line radica en su mayor medida en la elección de la metodología de aprendizaje y, complementariamente, en los elementos motivacionales, tales como la involucración de los mandos o la vinculación de la oferta formativa a las necesidades reales de los alumnos”. No parece especificar a qué se refiere al hablar de metodología dentro de la propia formación on line, ni quizá se refiere a lo mismo cuando habla de “oferta formativa” y cuando habla de “contenidos”; pero sí nos aclara su visión del “éxito”.
Aludiendo a un estudio realizado por FYCSA entre diferentes empresas
(seguramente clientes), dice: “Es relevante destacar que en los casos
con éxito, considerando como tal alcanzar un end rate mayor del 75 %,
(...) siendo en unos casos el factor de éxito principal la motivación de
las personas...”. Díez termina recomendando al lector que dosifique bien
su esfuerzo inversor en contenidos.
Al hilo de la incuestionable importancia de la motivación o estímulo de
los participantes en programas de e-learning, cabe señalar la iniciativa
de que habla Antonio Peñalver, del Santander Central Hispano: “un
sistema de e-puntos que se conceden al terminar con éxito cada curso y
que pueden canjearse periódicamente por diferentes tipos de obsequios”.
Seguramente el SCH desarrolló esta idea para acelerar la familiarización
de sus personas con el nuevo método.
En general, los autores hablan más de motivación intrínseca que de
este tipo de estímulos, pero la verdad es que también nos parece
recordar que algunas otras grandes empresas utilizan (o han utilizado)
sistemas de créditos: en definitiva, también puntos.
Una digresión sobre el éxito
Aunque es una palabra muy frecuentemente utilizada en el libro, no
estamos seguros de que siempre se entienda lo mismo al hablar del éxito,
de “terminar con éxito” y de los factores clave para el mismo.
Lógicamente, depende de los objetivos específicos planteados en cada
caso.
Lorenzo Peribáñez, de IBM, al señalar (pág. 197) seis factores críticos de éxito de un programa de e-learning, no incluye la motivación de los alumnos y señala en primer lugar: “Contar con un Patrocinador de suficiente nivel dentro del organigrama”. Como otros autores, Peribáñez parece referirse, sobre todo, a la implantación del método.
Entre sus factores de éxito, no se refiere explícitamente a los contenidos, pero sí habla de la eficacia del aprendizaje, reflejada en resultados del negocio.
Y José Antonio Ortego, de Oracle, que destaca la importancia de la motivación intrínseca, dice, seguramente satisfecho, que “más del 80 % de los participantes en los cursos de formación on-line completaron los cursos”, pero en seguida añade: “...el principal éxito, precisamente, fue éste, el integrar la formación on line con racionalidad dentro del modelo formativo global...”. Y, a pesar de lo anterior, acaba reconociendo que “lo más importante de todo, lo que realmente se pretende conseguir sea cual sea la metodología a seguir, es el aprendizaje, el desarrollo de nuevos conocimiento o habilidades en la organización”.
Vimos explicitado este objetivo (materialización del aprendizaje)
tanto por Ortego como por otros autores, pero ciertamente parece que en
el libro se habla algo más de índices de participación y de terminación
de los cursos: en definitiva, de éxito en la implantación, más que de
éxito en el aprendizaje. Tras este breve paréntesis digresivo dedicado
al concepto de éxito, volvemos a centrarnos en el tema de contenidos.
Volvamos a los contenidos
Efectivamente, antes de acceder a la experiencia de las grandes empresas
presentes en el libro, tanto el prólogo del coordinador como la
introducción del patrocinador abordan ya el tema de los contenidos
(quizá hablando de diferentes aspectos de los mismos) y de su
contribución al “éxito”.
Pero este libro de AEDIPE nos permite acceder a otras valiosas y fundamentadas opiniones sobre todas estas cuestiones, es decir, sobre la calidad de los materiales didácticos, y su contribución al aprendizaje y a la deseable familiarización de los participantes con el nuevo método.
En general, nos ha parecido que las empresas no llegan a conclusiones
plenamente coincidentes con las del patrocinador, pero cada lector
extraerá las suyas.
En la página 16, Carlos Espinosa, de Aena, alude como deseable a “la
mayor calidad pedagógica” de los cursos on line, y declara: “Los
contenidos son desarrollados por empresas especializadas bajo la
dirección de expertos internos, que modifican y validan el producto
hasta su puesta a disposición final”.
En la página 28, José Antonio Ortego, de Oracle, señala que “los programas de formación on line, para que tengan éxito, deben reunir unos requisitos mínimos de calidad”. En la 58, Pedro Hernández y Julio Las Heras, de Correos y Telégrafos, sin entrar a fondo en el tema de contenidos, apuntan, empero, a sus aspectos pedagógicos como algo a tener en cuenta. Más tarde, en la página 89 (capítulo 5, dedicado a la extensa experiencia de Telefónica de España, y en el que, entre otros elementos, se destaca la importancia de los teletutores), Hortensia Mañas sostiene:
“Los mejores resultados provienen de una adecuada estrategia de implantación, y no necesariamente de una plataforma y unos contenidos”. Nos parece una conclusión muy en sintonía con lo que ya nos había dicho en el prólogo el coordinador (y Director de Formación de Telefónica): “…para que nuestra iniciativa tenga éxito debe superar la guerra de las plataformas y los contenidos, para concentrarse en los clientes, la estrategia y el servicio”.
A pesar de su lógica sintonía con Pelegrín, la autora de este
capítulo alude a “contenidos pedagógicos de diseño atractivo”, a la
“capacitación de profesores colaboradores para la creación de contenidos
multimedia”, y al objetivo de “garantizar una elevada calidad en el
nuevo entorno formativo”.
En la página 45, Iván González, de Ferrovial, evidencia su preocupación
por los contenidos, y sugiere explorar el mercado antes de comprarlos
porque “no siempre se cumple que los cursos más efectivos y de mayor
calidad sean los más costosos”. Ángels Margarit Rius y Enric Xavier
Pierá, de Endesa, nos hablan, en el capítulo 6, del Proyecto Did@ctik y
señalan (página 94) que “hay tres aspectos o ejes fundamentales y
necesarios para lograr la eficiencia del aprendizaje: los participantes,
el diseño (del material de los cursos) y los formadores (monitores y
tutores)”.
Estos directivos responsables de formación en Endesa sostienen que la
excelencia en su desempeño consiste en satisfacer plenamente las
expectativas, tanto de la Dirección de la empresa como de los
participantes en las acciones formativas.
En la página 138, Carlos González, de Caja Madrid, nos dice que “...la
tecnología es una condición necesaria (...) pero la suficiencia que
puede garantizar el éxito proviene de ofrecer servicios y contenidos
desde una perspectiva cliente-proveedor”.
Sobre la necesidad y la suficiencia, José Ignacio Díez, de FYCSA,
había sostenido en la introducción del libro que “los contenidos y la
tecnología son elementos necesarios, pero no suficientes...”, y sugerido
que la suficiencia proviene de la “elección de la metodología de
aprendizaje”... Quizá, al hablar de metodología de aprendizaje (dentro
de la formación on line), Díez se refería a detalles sobre el material
didáctico (audiovisual, interactivo...), sobre el seguimiento tutelar
(reactivo, proactivo...) o sobre la combinación con métodos presenciales
(blended learning), pero ya habíamos comentado que no parece
especificarlo en su introducción del libro.
Volviendo a los capítulos de las empresas seleccionadas, en la página
158, Ángela Cruz, directora de Alcatel University, señala: “El contenido
de los cursos es de máxima importancia para una experiencia positiva”; y
poco después añade: “Los cursos on line, además de tener un buen
contenido y un diseño que atraiga al usuario...”. Ángela Cruz también
destaca la necesidad de la automotivación (motivación intrínseca,
distinta de la extrínseca basada en créditos) en los usuarios.
Como otros autores, la directora de Alcatel University Madrid
deposita en las personas la responsabilidad del aprendizaje y desarrollo
profesional, pero asume que “las empresas deben facilitar medios a sus
empleados que les permitan avanzar tanto en conocimiento como en
habilidades...”. Alcatel parece dedicar bastante atención a los
contenidos, en beneficio del desarrollo de sus personas. Y parecida, si
no mayor, preocupación parece mostrar la Universitat Oberta de Catalunya
(UOC). Los expertos de la UOC, María Teresa Arbués y Lluís Tarín,
parecen considerar fundamentales los materiales didácticos, y sostienen,
en la página 211: “En el contexto de la formación virtual, la creación,
diseño y estructuración de los materiales y recursos didácticos son
etapas de un proceso fundamental, que se ha de abordar con rigor para
asegurar la calidad de los programas y la facilitación del aprendizaje”.
Antes, en la página 206, ya habían dicho: “Los contenidos se diseñan al
servicio de las personas que aprenden”.
El capítulo de la UOC nos pareció especialmente escrito desde la
experiencia docente y discente, a cierta distancia de otros capítulos
(igualmente interesantes pero quizá más orientados a las valiosas
experiencias globales de implantación en empresas), en que los
responsables correspondientes (mayoría de economistas) hablan de sus
modelos de e-learning —a veces muy específicos, como en el caso de Renta
4 (descrito por Jonás González y Jesús Sánchez-Quiñones), en que se
trata de un efectivo sistema de multiaudioconferencia—, ubicándolos, en
general, en su política o sistema de desarrollo permanente de los
recursos humanos.
En el último capítulo, Antonio Peñalver, del SCH, se muestra también
preocupado por el aspecto pedagógico, y habla de “conseguir un
aprendizaje armónico y sencillo para el usuario”. Refiriéndose a la
fidelización de los usuarios, Peñalver dice: “El grado de satisfacción
del usuario con la oferta formativa hace que se sienta cada vez más
proclive a realizar actividades docentes...”.
Por otra parte, en nuestra lectura encontramos también numerosas
referencias al aprendizaje colectivo o aprendizaje en equipo, casi
siempre referidas a la utilización de campus virtuales, por cierto
insuficientemente utilizados todavía, al parecer (lo señala el propio
Antonio Peñalver).
Este tema del aprendizaje compartido (vinculado alguna vez en el
libro a la gestión del conocimiento y también a la disciplina del mismo
nombre –aprendizaje en equipo– de que nos hablaba Peter Senge hace más
de diez años) parece solicitar igualmente un cierto análisis, en el que
se detendrán seguramente los lectores interesados.
Análisis y conclusión
En relación con este tema de los contenidos, no podemos ni deseamos
preterir los puntos de vista formulados en el prólogo —por Carlos
Pelegrín— y en la introducción —por José Ignacio Díez—, pero no
conseguimos conectar con el fundamento o propósito que los explican.
Algunos párrafos del prólogo parecen corresponder más a un epílogo, pero
incluyendo conclusiones a las que nosotros no hemos sabido llegar tras
la lectura del libro. Y en la introducción, sin esperar a que las
empresas seleccionadas describan sus experiencias, parece relativizarse
—sin tapujos ni ambages— la contribución de la calidad de los contenidos
a la materialización del aprendizaje.
Se llega incluso a pedir a las empresas que dosifiquen su inversión
en contenidos, y es precisamente un proveedor de contenidos quien lo
hace. Hemos buscado opiniones de otros proveedores, y no parecen
coincidir con Díez; o sea que, lamentablemente, no entendemos bien esta
primera parte del libro.
De todos modos, según el propio libro, las mejores prácticas se
encuentran a partir del capítulo 1 y hasta el último, aunque ciertamente
se reconoce que no todas las buenas prácticas de nuestro país han podido
ser representadas.
Salvo que hayamos leído el libro demasiado deprisa, nos parece que los autores de los diferentes capítulos apuestan por una buena calidad de los materiales didácticos on line, haciendo también otras apuestas importantes: acertada estrategia de implantación, buena detección de necesidades mediante el análisis de competencias, estímulo y protagonismo de los participantes, seguimiento tutelar en campus virtual...
Los directivos de Aena, Oracle, Ferrovial, Endesa, Caja Madrid, Alcatel, UOC y SCH muestran muy visiblemente su preocupación por la calidad didáctica de los contenidos, y nos parece lógico que las empresas clientes de cursos on line busquen buenos productos a buen precio.
Hay que aclarar que, al hablar de calidad y a diferencia de Pelegrín
(que quizá se refiere más a las formas que a los fondos), los autores
parecen apuntar a su aspecto pedagógico y a su adecuación a necesidades;
o sea, a su potencial como facilitadores del deseado aprendizaje,
orientado a la mejora del desempeño.
De todos modos, esperamos que cada lector realice su propio análisis y
obtenga provecho de las experiencias descritas.
Por otra parte, el tema abordado en este artículo-reportaje —la importancia, incuestionable o relativa, de la calidad de los contenidos, como facilitadores del aprendizaje on line— no se agota en este libro, y quizá todos podemos experimentar algo más el e-learning como usuarios, para ir consolidando nuestra opinión.
O sea: quizá sea bueno que tratemos repetidamente de aprender, vía e-learning, algo que no sepamos, o de desarrollar alguna habilidad que no poseamos. Si lo conseguimos, preguntémonos dónde ha estado la clave del éxito: en el método, en el tutor, en el contenido, en la automotivación, en el trabajo en equipo, en la estrategia de implantación... o en la idónea conjunción y sinergia de todo ello. Y preguntémonos qué puede mejorarse en mayor medida para que el resultado sea todavía más satisfactorio.
Y si no lo consiguiéramos, o sea, si no aprendiéramos gran cosa,
preguntémonos también por qué: qué ha fallado.

Consultor de Management y Recursos Humanos, José Enebral Fernández, madrileño y nacido en 1951, posee una experiencia de más de 30 años en formación continua de titulados y directivos de grandes empresas, tanto mediante métodos presenciales como aplicando nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Desde 1997, publica regularmente artículos en diferentes medios impresos de su país (Capital Humano, Training & Development Digest, Harvard Deusto, Aedipe, Dirección y Progreso, Q-Calidad, etc.) y también en algunos portales de la Red"
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