Breve historia de Mercosur

  • Economía
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En las últimas dos décadas El Mercado Común del Sur (MERCOSUR) es el segundo bloque económico más importante en el doble continente americano, después del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte).  El MERCOSUR está situado en América del Sur que geográfica y culturalmente está lejos del TLCAN. Actualmente los miembros de la integración económica son Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela. El mercado común tiene como objetivo promover el libre comercio y la libre circulación de bienes, de los ciudadanos y de capitales entre los países miembros. Además, los países miembros se fijaron otros objetivos también: la realización de una integración política más profunda entre sí y con los países asociados y la profundización de las relaciones culturales. El MERCOSUR tiene como países asociados Bolivia, Chile, Ecuador, Colombia y Perú. En el proceso de integración México también está presente como observador. La  superficie total del MERCOSUR es alrededor de 13 millones de kilómetros cuadrados. La población total es 282 millones de personas (estimaciones de 2011). Las lenguas oficiales de la  integración son: el español, el portugués y desde 2009 el guaraní también.

En las siguientes páginas se puede leer una breve historia de esta integración económica.

Origen histórico-filosófico del Mercosur

Los procesos regionales de América Latina tienen una historia de seis décadas, sin embargo los primeros pasos teóricos hacia la integración latinoamericana ya se realizaron en la primera mitad del siglo XIX. Según ROSAS (2001) histórica y teóricamente los procesos regionales de América Latina tienen sus raíces en cuatro grandes filosofías integracionistas: el hispanoamericanismo (o iberoamericanismo), el monroismo (o panamericanismo), el bolívarismo (o latinoamericanismo) y la asianización (o japonización).

Dentro del marco del bolivarismo o latinoamericanismo la idea original fue la unión latinoamericana para hacer frente a las potencias europeas y a los EEUU en la primera mitad del siglo XIX en base de que estos países tienen problemas políticos, sociales y culturales afines. Además, el actuar conjuntamente había mayor posibilidad de dar respuestas viables para los desafíos globales es decir, defender los intereses latinoamericanos frente a otros intereses extraregionales (ROSAS, 2001).

El latinoamericanismo es la base de la Unión Latinoamericana desde la primera mitad del siglo XIX. En el congreso de Panamá (1826) por primera vez , Simón Bolívar expresó la necesidad de la unión de los países recientemente emancipados.

Durante los últimos 50 años el bolívarismo aparece en casi todas las integraciónes de América Latina como origen histórico-teórico de ellos. La lista total de estas iniciativas, además las instituciones y organizaciones ligadas a esta filosofía se puede leer en la página  136. de la obra de ROSAS (2001).

A pesar de las similitudes entre sí, el desarrollo de estas iniciativas no es homogéneo ni en el tiempo, ni en el espacio, es decir, de aspecto geográfico. Así, se puede distinguir tres importantes iniciativas de integraciones a base del bolivarismo:

Primero, las iniciativas que intentaron realizar una unión latinoamericana en la que participaron casi todos los países o al menos los más grandes países de América Latina: el ALALC (Asociación Latinoamericana de Libre Comercio), que más tarde se transformó al ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración) y la SELA (Sistema Económico Latinoamericano). La segunda línea de desarrollo se refiere a las iniciativas regionales, paralelamente con la construcción del ALALC o después del fracaso de ella. El MCCA (Mercado Común Centroamericano), la CAN y el MERCOSUR hacen parte de este índole. Se puede mencionar aquí la ALBA (Alternativa Bolivariana para América), como contraposición a la ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas). Sin embargo, esto se puede interpretar como una confrontación entre las dos filosofías integracionistas: el panamericanismo y el bolívarismo. La tercera línea de desarrollo en el espacio se refiere a una integración continental: la Unión Suramericana (UNASUR) y la ALCSA (Área de Libre Comercio de América del Sur). Es algo nuevo en las tendencias de integración del subcontinente. En las palabras de GUDYNAS (2006) durante la primera década del tercer milenio se observa un cambio de enfoque de la integración latinoamericana hacia la suramericana.

Antecedentes del MERCOSUR a lo largo del siglo XX.

El primer paso de la aproximación económica entre Argentina, Brasil y Chile fue el Acuerdo ABC que fue firmado en 1915 (PALOTÁS, 2002). Sus objetivos eran la realización del equilibrio de fuerzas del continente de América del Sur sin el uso de recursos militares y la creación de una alianza contra los poderes hegemónicos que intentaron aplicar sus políticas intervencionistas en América Latina también. El Acuerdo ABC desempeñó un papel importante en varias situaciones, incluso en caso de intervención extranjera (p.e. por parte de los Estados Unidos) y resolución de controversias.

En los años 1940 y 1950 el ABC se completó con un nuevo contenido que es el plan de un bloque económico extendiéndose sobre todo el continente de América del Sur. En 1953 Juan Domingo PERÓN, presidente argentino también promulgó su opinión delante del público según lo cual los países del Cono Sur, es decir, los países miembros del ABC sólo colaborando entre sí son capaces de producir prominentes resultados económicos por lo cual podrían ser una importante bloque económico del mundo. PERÓN no sólo fundamentó en la integración que se lleva a cabo conjuntamente con Brasil en la era de Getúlio VARGAS, sino en la alianza planeada con los otros países de América del Sur, por ejemplo, Ecuador, Bolivia, Chile y Paraguay. Aunque Argentina firmó un acuerdo económico y comercial con estos países mencionados, Brasil no hizo parte de este acuerdo. Más tarde, el proceso de acercamiento entre los dos mayores países de América del Sur se estancó con el suicidio del presidente VARGAS en 1954 y con el derribamiento de PERÓN (1955).

No había pasado ni una década, cuando los presidentes de los países miembros de ABC a principios de los años 1960 comenzaron a organizar con nuevo impulso sus relaciones con los países del continente Sudamericano, así como con otros países del mundo. Sin embargo, la guerra fría desbarató el desenvolvimiento de esta iniciativa. No obstante, Arturo FRONDIZI presidente argentino no apoyó la realización de la integración. Opinó que, en primer lugar, tenían que crear un mercado nacional fuerte y sólo después de ésto se podía llevar a cabo la integración económica con otros países. Esta idea confirmó la concepción de la escuela de VINER, es decir, la práctica de la integración por medio de las fuerzas del mercado (VINER, 1950).

Más tarde, en 1963 Jão GOULART era el primer presidente brasileño que visitó un país de América del Sur fuera de Argentina, en este caso Chile. Sin embargo, en 1964, el gobierno militar de Brasil y el gobierno del general argentino, Juan Carlos ONGANIA, fiaron en una política económica cerrada, una industrialización por sustitución de importaciones (ISI) y una política de anti-integración. En este período (los años 1960), la única excepción en la región que persistía en la integración latinoamericana fue el presidente chileno, Eduardo FREI (1964-1970). Al contrario, la Unidad Popular de Chile − durante la presidencia de Salvador ALLENDE (1970-1973) − no siguió la política integracionista de su predecesor.

Desde El Acta de Iguazú hasta el Tratado de Asunción (1985-1990)

Durante el fracaso completo de La Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) y después de los intentos de La Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), que aplicó métodos de integración diferentes al anterior, se establecieron iniciativas prometedoras en América Latina durante los años 1980 (MOLNÁR, 2008). La visión espantosa del comunismo se debilitó a través del cambio radical de la política global (o sea, el alivio de la guerra fria), lo que contribuyó al reemplazo de los gobiernos militares de los dos países más grandes de la región − Argentina y Brasil − por nuevos gobiernos democráticos. Estos cambios posibilitaron poner en primer plano la cooperación en vez de las tensas relaciones exteriores que antes habían predominado su comunicación.

En este nuevo contexto internacional Argentina y Brasil firmaron el Acta de Foz de Iguazú en 1985, que se conoce como el antecedente inmediato de la creación del MERCOSUR. Con este acuerdo, los dos grandes potencias de América del Sur crearon un acuerdo marco de cooperación económica. El Acta fue firmado por los jefes de Estado José SARNEY y Raúl ALFONSÍN. Los primeros objetivos del acuerdo eran la eliminación de la rivalidad económica, política y militar entre los dos países, la apertura comercial recíproca gradual y equilibrada, el desarrollo industrial y tecnológico, a través de los cuales se delinearon las coordenadas de un futuro mercado común y de una cooperación más estrecha que se desarrollaba entre los países del “Cono Sur”.

Los jefes de Estado de los dos países estaron de acuerdo en que el acercamiento diplomático y político podría ser la fase inicial de la integración entre los países de América del Sur (SOSA, 2008). Por eso, desde el año 1985, se inició una aproximación política también a través del PICAB (Programa de Integración y Cooperación entre Argentina y Brasil), en el que marcaron las cuestiones clave de los próximos cinco años y los pasos metadológicos de la aproximación con el objetivo de la puesta en práctica de la integración económica. Paralelamente con el acercamiento político también se desarrollaba lo económico gradual y sectorialmente con el fin de que la economía de ambos países − especialmente la industria − desarrollara y acumulara los bienes de capital. En cuanto al carácter del acuerdo firmado por parte de los dos países en el año 1985, los puntos de vista conocidos son opuestos. Según Suzanne GRATIUS (2008), el origen del MERCOSUR era de carácter político, del mismo que la Unión Europea. El acuerdo intergubernamental firmado en el ambiente de la redemocratización de los años 1980 podía ser realizado como resultado de la eliminación de la rivalidad política y la carrera armamentista entre los dos más grandes países de América del Sur. Después del éxito del consenso político intergubernamental, sólo en la segunda oleada de las relaciones comenzaron a fortalecer los lazos comerciales y la cooperación económica entre los dos, más tarde los cuatro países aliados. En contraste, Suárez MARIN (2007) destacó los aspectos económicos que determinaban la calidad de las relaciones entre los países miembros del MERCOSUR desde los primeros pasos de acercamiento entre sí.

Estamos convencidos de que no se puede utilizar únicamente ni uno ni otro aspecto − político o económico − como argumento exclusivo para explicar la formación del MERCOSUR. Más bien, se trata de su presencia colectiva, pero al mismo tiempo, de intensidad variable durante los pasos iniciales y también el desenvolvimiento del proceso de la integración.

Las relaciones entre los dos países profundizaron aún más con el TICD (Tratado de Integración Cooperación y Desarrollo) concluido en 1988 que se estableció el objetivo de la eliminación de todas las barreras arancelarias y no arancelarias entre las dos naciones durante el próximo diez años. Éste es esencialmente el equivalente de la formación de una zona de libre comercio, sin embargo el objetivo final era la realización del Mercado Común Binacional (libre circulación de bienes y servicios; coordinación de la política aduanera, fiscal, cambiaria, agricultural, industrial y monetaria, entre otros). Con la firmación del Acta Alvorada en 1988, Uruguay también llegó a estar implicado en el proceso. En esta etapa del acercamiento, se imaginaba la integración por sectores, es decir, paso a paso, con lo que la eliminación de las asimetrías entre las economías estaba entre los objetivos. Sin embargo, no ignoraban los nuevos desafíos de la economía mundial, así la formación del acuerdo estableció nuevos criterios en relación con la evolución de las relaciones con los Estados Unidos y con la Unión Europea y también influyó en el equilibrio de poder geopolítico dentro de América del Sur.

En el período entre 1985-1990, la profundización de los lazos diplomáticos, políticos, emprendedoras y culturales, la ampliación de la confianza mutua y el fortalecimiento del aspecto de que ninguna parte iría utilizar la energía nuclear con fines bélicos desempeñaron un papel importante entre Argentina y Brasil. La relación estratégica entre estos dos países significaba el eje político y económico del futuro MERCOSUR, pero, las relaciones económicas y políticas del proceso de la integración estaban en estrecha correlación − y en el siglo 21. están cada vez más en correlación − con los acontecimientos del mundo globalizado. Brasil, después de la crisis de Falkland y las Malvinas de 1982, − con el apoyo de Argentina y Uruguay − propuso la desmilitarización de la zona sur del Océano Atlántico y el establecimiento de una zona de paz y cooperación en la Asamblea General de la ONU. La ZPCAS (Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur) fue establecida en 1986 por 24 países africanos y latinoamericanos en la región sur del Océano Atlántico. Este acercamiento político internacional posibilitó realizar la idea de la paz, la cooperación económica, comercial, científica y tecnológica entre los miembros, y las iniciativas de carácter político y diplomático en el último ciclo de la guerra fria (SOSA, 2008). Al tiempo, la ZPCAS continuó fortalecer la confianza entre los países del futuro Mercado Común del Sur.

En 1990, los dos países (Argentina y Brasil) firmaron el Acta de Buenos Aires, como el último acorde de los antecedentes de la integración, en el que adelantaron la realización del mercado común para 1995. Las partes participantes en la cooperación tenían la intención de poner en práctica este mercado común con la liberalización continua y sistemática del comercio y con el establecimiento de un arancel externo común.

Medio año después de la firmación del Acta, otros tres países fueron invitados a asociarse a la convención: Paraguay, Uruguay y Chile. Con eso, el número de los países miembros potenciales del MERCOSUR aumentó a cinco. Uruguay ya ha participado activamente en la planificación del proyecto, pero Paraguay sufría de la repercusión de la dictadura prolongada hasta el final de los años 1980. Finalmente, Paraguay y Uruguay también firmaron el acuerdo. Sin embargo, Chile − debido a la situación política interna que desde 1973 reinaba en el país, − continuamente se distanció de las relaciones políticas profundas y de la cooperación económica y comercial más estrecha con los países vecinos. El hecho de que el país en 1976 salió del Pacto Andino formaba parte de esta orientación.

La edad de oro (1991-1998)

La creación del MERCOSUR fue en el año 1991 por el Tratado de Asunción firmado dentro del marco del ‘acuerdo marco’ ALADI (ROSAS, 2001) al que se asociaron dos nuevos países de América del Sur, Paraguay y Uruguay. Según los criterios establecidos en el acuerdo, la ola de aperturas del comercio neoliberal que estaban ligados con los jefes de estado Carlos MENEM (argentino) y Fernando Collor de MELLO (brasileño) sustituyó el método anterior de la apertura de paso a paso. Los países que firmaron el acuerdo se obligaron al Programa de Apertura Comercial, al Arancel Externo Común, a la coordinación de la política macroeconómica y de las de unos sectores económicos (mercado común) y la realización de una estructura institucional permanente. Los países miembros tuvieron la intención de lograr estos objetivos − que correspondían a los diez puntos formulados por el Consenso de Washington (GENEYRO–VÁZQUEZ, 2007) − hasta 1995 al eliminando las restricciones no arancelarias y protegiendo los productos denominados en el Programa de Apertura Comercial. La eliminación de los aranceles comerciales y la entrada en vigor del arancel externo común fueron logrados parcialmente en el año previsto. El MERCOSUR trabajaba incluso después de 2000 en el código aduanero comunitario y en el mecanismo por el cual se puede distribuir los ingresos aduaneros entre los países miembros. Todo eso contribuía a la realización de la libre circulación de bienes, además evitar la aduana doble.

En este año (1995) el arancel externo común era válido para el 85% de los productos importados. Actualmente las negociaciones todavía están en curso sobre el arancel externo común entre los países miembros del MERCOSUR ya que esta área de la economía externa también forma parte de los puntos ‘sensibles’ del proceso de la integración. Resultó de eso que determinaron un período de convergencia para la realización del arancel externo común, durante el cual los productos de la lista de las ‘excepciones nacionales’ y las ‘excepciones sectoriales’ no participaron en el arancel externo común. Según CARCIOFI (2007), en 2007 Argentina y Brasil tenían 100 unidades de estos productos (1,1% del total de los productos exportados), Uruguay tenía 225 unidades (2,4%), Paraguay tenía 649 unidades (7%). Las bienes de capital y los productos informáticos y de telecomunicaciones significaban las excepciones sectoriales más sensibles a las cuales los países miembros no tenían la intención que fueran parte del arancel externo común. Así, el problemática del arancel externo común todavía provoca tensiones entre los países miembros del MERCOSUR, ya que los países miembros más grandes pretenden al arancel externo común más alto posible para proteger sus economías, mientras que los países más pequeños proyectan el más bajo posible porque esto resulta provechoso para sus economías.

A pesar de los problemas, las condiciones y las oportunidades de negociación para los cuatro miembros fundadores del MERCOSUR realizada con el acuerdo de 1991, se mejoraron con los terceros países y/o con organizaciones económicas y comerciales (por ejemplo: la Unión Europea, México, República de Sudáfrica, China, India, el TLCAN, el ALCA, el OMC, entre otros). Esto fue apoyado por el hecho de que los representantes de los países miembros viajaron a Bruselas ya después de unas semanas de la formación del Tratado de Asunción para iniciar oficialmente las negociaciones con la Unión Europea.

Al mismo tiempo, varios aspectos sensibles surgieron en cuanto a las relaciones de los países miembros de la integración. Por lo tanto, a pesar de que ‘la edad de oro’ es conocida como el intervalo del desarrollo económico y comercial dinámico del MERCOSUR, no debemos olvidar que durante esta coyuntura  también habían problemas a los cuales el MERCOSUR no era capaz de resolver por completo: las asimetrías entre los países miembros, la creciente indigencia, el déficit de una cultura democrática , entre otros.

El MERCOSUR, fuera de las relaciones entre los países miembros también deja sus huellas en la estabilidad política y económica internacional de toda América del Sur. Desde el punto de vista geopolítico e infraestructural, el MERCOSUR se convirtió en el bloque económico de importancia definitiva de la región y de toda América Latina durante menos de diez años − a pesar de todas las dificultades − en el cual Argentina consolida la relación Norte-Sur dentro de América del Sur, Brasil consolida el sistema de conexión Este-Oeste.

El período de la crisis (1999-2002)

La crisis financiera originaria de Asia (Tailandia) se extendió e impactó varios procesos comerciales regionales en la segunda mitad de la década de 1990, como el MERCOSUR, el APEC, y la ALCA. La crisis tenía varias manifestaciones económicas en diferentes partes del mundo, como, por ejemplo en América Latina también (BALANCE PRELIMINAR, 2004). En el caso del MERCOSUR, la crisis financiera de Brasil tuvo un impacto negativo en la economía argentina, en consecuencia, todos los países de la región fueron afectados. Además, la situación política inestable de Paraguay (el asesinato del vicepresidente Luis María ARGAÑA en 1999) también se manifiestó como un problema afectando a la estabilidad política y económica de toda la región.

Desde 1999, a consecuencia de estos acontecimientos, acaeció un declive en el desarrollo económico del MERCOSUR lo que alcanzó su punto más bajo en el colapso financiero argentino de 2001/2002. Esto se hizo evidente que el modelo de integración neoliberal de los años 1990 − a lo que se debió la realización del MERCOSUR en el año 1991 – ya no estaba sostenible.  Contrariamente a las expectativas previas, pronto surgieron dificultades dentro del „eje Brasil-Argentina” del MERCOSUR: los dos países destacados de la integración en vez de „completando uno al otro” intensificaron la competencia económica entre sí sobre todo, en la industria alimentaria, en la fabricación de automóviles, en la fabricación del calzado, en la industria maderera, entre otros.

Con la oscilación del modelo de integración neoliberal, surgió la aplicación de la nueva versión del modelo antiguo cepalino introvertido de sustitución de importaciones (GRATIUS, 2008). De acuerdo con eso, según la teoría nueva desarrollista el MERCOSUR sólo sería imaginable si los países miembros fundamentaran su desarrollo económico en el refuerzo de sus mercados internos. Eso significaba lo siguiente: los gestores de las políticas económicas, en vez del modo de ver de las políticas económicas anteriores dieron espacio a los factores puramente regionales y nacionales de la producción, a la aplicación de las tecnologías de desarrollo propio y de las tecnologías extrangeras a las condiciones de producción del país dado. Sólo después de la realización de lo anterior, en segundo lugar, enfatizaron la apertura hacia nuevos mercados. Anteriormente, según la idea de la CEPAL, en los años 1950 y 1960, la solución de los problemas socio-económicos para la región, en última instancia, podría ser la integración de los países latinoamericanos, o sea, un mercado común organizándose según el modelo europeo (CEU). Detrás de esta idea estaba el concepto del desarrollismo, más tarde el aumento del desarrollo basado en una política económica proteccionista controlada por el estado a nivel regional. Por lo tanto, al contrario de las ideas de VINER, la integración era imaginada con la intervención de los estados (según el modelo del dirigismo) en defensa de las economías de los países miembros de la región. Desde los finales de 1990, este enfoque teórico − tras el agotamiento del modelo neoliberal de integración − pasó a primer plano en el caso del MERCOSUR y otras integraciones latinoamericanas también, conocida comúnmente como teoría nueva desarrollista.  Como parte de esto, en 2000 los países miembros decidieron sobre la coordinación de las políticas macroeconómicas en relación con la „reactivación del MERCOSUR”. Así, en 2001, en relación con el déficit financiero, la deuda pública, la inflación y la convergencia entre los países un serie de objetivos comunes fueron fijados pero la crisis cada vez más apoderada dentro de la región hizo imposible la realización de estas medidas. Sin embargo, debido al labor del Grupo de Monitoreo Macroeconómico (GMM) los países miembros han dado un paso importante en la harmonización de las estadísticas y en el intercambio de informaciones de carácter económico que era un componente importante de la recuperación de la crisis.

La reactivación del MERCOSUR después de 2003

En el período de la “reactivación” los cambios políticos ejercían gran influencia sobre los acontecimientos de la región. Después de las elecciones en Argentina y Brasil en 2003 y en Uruguay en 2004, había prosperidad política, social e institucional dentro del MERCOSUR − en contraste con la primera mitad de los años 1990 (MADARIAGA, 1995). Esto, por un lado, significaba la reforma de instituciones de la integración ya existentes y por otro lado, la creación de nuevas, incluido el Tribunal Permanente de Revisión del Mercosur en Asunción, y el Comité de Representantes Permanentes. Además, los países miembros revisaron la posibilidad de la inclusión de unas normas de la comunidad en la legislación nacional, los nuevos objetivos en relación con la migración dentro de la integración, y formularon la coordinación de los aspectos macroeconómicos y socio-políticos.

En 2003 se creó el FOCEM (Fondo para la Convergencia Estructural del MERCOSUR) que estaba dirigido a aliviar las asimetrías entre los países miembros. Anteriormente, al inicio de la década de 1990, este problema fue tratado de modo que se les dieron más tiempo a los países miembros más pequeños para el cumplimiento de las normas establecidas por el MERCOSUR, también se les dieron una lista más amplia sobre los productos excepcionales, fuera de esto otros descuentos también les correspondían en relación con otros productos. Con el FOCEM nació un nuevo sistema de redistribución a la base financiera de lo cual Paraguay y Uruguay contribuye con 3%, sin embargo beneficia con 80% de poder financiar proyectos que fomentan la convergencia estructural (poner las regiones subdesarrolladas al nivel de las desarrolladas, apoyar el funcionamiento de la estructura institucional, mejorar la competitividad, entre otros). Por supuesto, estos resultados no representan solución de todos los aspectos para los dos países miembros más pequeños de la integración, lo que refuerza aún más su necesidad de establecer acuerdos comerciales con terceros países (CARCIOFI, 2007).

Desde 2003, con la presidencia de Lula Da SILVA (Brasil) y Néstor KIRCHNER (Argentina) − y más tarde, en 2004 con el presidente de Uruguay, Tabaré VÁZQUEZ − el aspecto político comenzó a representar un papel más importante que nunca antes dentro del MERCOSUR, aunque en 2000 ya había iniciativas en este sentido (MORALES, 2000). Esto fue confirmado con el Consenso de Buenos Aires firmado por Argentina y Brasil cuya idea central era la consolidación del sistema democrático. En este documento, fuera de los aspectos políticos, también se puede leer sobre la idea de la lucha contra la pobreza, el desempleo, el analfabetismo, la hambre, las enfermedades y las desigualdades sociales: “Ratificamos nuestra profunda convicción de que el MERCOSUR no es sólo un bloque comercial, sino que constituye un espacio catalizador de valores, tradiciones y futuro compartido. De tal modo, nuestros gobiernos se encuentran trabajando para fortalecerlo a través del perfeccionamiento de sus instituciones en los aspectos comerciales y políticos y de la incorporación de nuevos países.” (GENEYRO– VÁZQUEZ, 2007).

El período a partir de 2003, también se conoce en la litaratura especializada como época post-neoliberal y para entenderlo completamente no se puede abstraer de los procesos económicos y políticos globales. En diciembre de 2003, los nuevos presidentes (de Argentina y Brasil) adaptaron el documento Programa de Trabajo 2004-2006 que asentaba el plan de la aspiración hacia un modelo cualitativamente nuevo en vez del modelo de integración orientado al comercio utilizado durante la década de 1990. El nuevo enfoque se ilustra muy bien por los temas de los cuatro capítulos del documento: el MERCOSUR económico-comercial, el MERCOSUR social, el MERCOSUR institucional y el nuevo programa de la integración.

La nueva orientación de la integración, en relación con el dilema interno destacado por ORTIZ–ANGULO (2007) − ¿la unión económica o política es el objetivo final del MERCOSUR? − puso énfasis claramente en el fortalecimiento de los aspectos políticos (MELLADO, 2007). Por ejemplo, la adhesión de Venezuela en 2006 también aumentó el peso internacional del bloque económico y se fortaleció los aspectos políticos dentro del proceso de la integración. El ingreso de Venezuela al MERCOSUR ocurrió paralelamente con los tratados de libre comercio (2006) entre Colombia, Perú y los Estados Unidos. La apertura de los dos países andinos hacia los Estados Unidos debilitó la cohesión de la Comunidad Andina y significó un alejamiento del MERCOSUR también. Sin embargo, la salida del país dirigido por Hugo CHÁVEZ de la Comunidad Andina y su ingreso al MERCOSUR no significaba una nueva orientación de la integración por parte de Venezuela desde la perspectiva histórico-filosófica debido a que la CAN, como el MERCOSUR, surgen del bolivarismo, o sea, de la teoría del latinoamericanismo. Por lo tanto, la decisión de Venezuela se puede interpretar, por un lado, como la respuesta muy decisiva para el sistema político-económico de las relaciones del doble continente americano de ese entonces, por otro lado, también ejercía gran influencia en las relaciones de poder dentro del MERCOSUR: políticamente significaba desafío para el papel de liderazgo de Brasil dentro del bloque. El presidente CHÁVEZ también criticó el papel de liderazgo brasileño que pasa a primer plano dentro del MERCOSUR, mientras que aprecia la importancia de la ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), aunque entiende que sin el MERCOSUR no hay integración sudamericana. A pesar de sus mejores esfuerzos, el presidente venezolano no tiene bastante poder económico y político para llevar a cabo totalmente su propio modelo de integración (ALBA) con la participación de los países de la región y todo indica que tampoco en el futuro próximo será capaz de hacerlo. Sin embargo, se podía observar una “triple alianza” entre los presidentes de Brasil, Argentina y Venezuela dentro del MERCOSUR. Entre estos tres países Brasil tiene un papel de liderazgo cooperativo, lo que no está cuestionado por Argentina − o sólo de vez en cuando − sin embargo, lo está con frecuencia por el presidente CHÁVEZ. Estas disputas resultan de las diferentes opiniones que surgen en relación con el sistema internacional, con la orientación económica y comercial del MERCOSUR y derivan de las diferentes opiniones relacionadas con las cuestiones de la integración (SOSA, 2008). Sus existencias testimonian de la tendencia de las relaciones de poder política y económica entre los países miembros y de la dinámica de las líneas de fuerza entre ellos.

Por la entrada de Venezuela en el MERCOSUR las alianzas y las tensiones son más perceptibles en las cuestiones energéticas. Venezuela es dueña de las mayores reservas de gas natural y de petróleo de América del Sur; Argentina, Brasil y Bolivia (este último posee las segundas más importantes reservas de gas natural en el continente, y es un miembro asociado del MERCOSUR) han firmado acuerdos sobre transporte de gas natural. Ecuador (país asociado también) es un importante exportador de petróleo a nivel mundial. Brasil es el líder mundial en exportaciones de etanol, sin embargo carece de petróleo.

Es importante mencionar en relación con la infraestructura el plan de la “transportadora de gas del sur” y el programa IIRSA (Integración de la Infraestructura Regional Suramericana). Los países y los miembros asociados del MERCOSUR están interesados en ambos proyectos.

ORTIZ–ANGULO (2007) definen de la siguiente manera las tareas principales del MERCOSUR tras el ingreso de Venezuela:

  • la implementación completa de una unión aduanera
  • la creación de una zona de libre comercio efectiva
  • la eliminación de la falta de la competencia dentro de la unión aduanera
  • la eliminación de la inestabilidad macroeconómica

Los autores destacan que el MERCOSUR se enfrentó con tres problemas fundamentales en el período de 2003 hasta la crisis financiera de 2008. Al primero le dió el nombre el problema de “la burocracia” por lo que entiende el incumplimiento de las normas y los objetivos establecidos en las negociaciones. Para la solución de esta cuestión, sugieren comprometerse de nuevo en el contenido del Protocolo de Ouro Preto. Las cuestiones surgidas en relación con la zona de libre comercio parcialmente realizada representan la segunda dificultad. El tercer problema plantea la cuestión de la unión aduanera que sigue profundizándose a base de la reindustrialización que sale de la teoría nueva desarrollista. Eso puede ser realizado con un gobierno central fuerte lo que debe fundamentarse en el proceso de coordinación de políticas más equilibradas e integradas.

En relación con los tres problemas, se pudo observar incoherencia entre los países miembros con respecto a su política exterior, sobre todo en la cuestión de acercarse más a los Estados Unidos o no, en lo que de hecho dependen sus relaciones con los países latinoamericanos también (RAPOPORT–MUSACCHIO, 2006).

Cierre

Al principio de los años 2000, en América Latina apareció la „tercera generación” de los procesos regionales a que también se refiere el atributo post-liberal.

Por un lado hay autores, como OJEDA, T. (2010) que indentifica la „nueva ola” de integraciones con los cambios presentados ya en el punto anterior (la llegada al poder de los gobiernos de izquierda en varios países, el aumento del papel del estado en los asuntos de integración, la aparición del „nuevo desarrollismo”, entre otros).  Es típico también el establecimiento de instituciones y la aplicación de políticas comunes que mejoran la cooperación no sólo en la área del comercio: los países que participan en los procesos regionales prestan más atención a las cuestiones sociales, al problema de las asimetrías de desarrollo entre los estados miembros, y a los asuntos de la integración económica, la reducción de la pobreza y la desigualdad social (justicia social). También se centra más atención a la cuestión de la infraestructura y a las cuestiones energéticas. Según OJEDA, T. (2010) también se puede incluir la aparición del ALBA, de la UNASUR, y del Banco del Sur en esta ola de integración.

Por otro lado, LANGENHOVE–COSTEA (2005) veen las características principales de la tercera generación de los regionalismos en el desenvolvimiento de las relaciones entre los procesos regionales. Según nuestro modo de ver esta tendencia puede ser que se caracteriza ciertas partes del mundo (Europa, África, Asia y hasta la ALCA de las Américas, fracasada en 2005), pero en América Latina es menos válida. Sin embargo, el MERCOSUR tiene una posición peculiar de ese aspecto. A través de los ACE-s suscritos en 2003 entre los países del CAN y del MERCOSUR, estas integraciones hacen parte de esta „nueva ola” integracionista. Además, estos acuerdos fueron los primeros en el mundo suscritos entre distintas integraciones.

Por último, entre los años 2008-2011, la crisis global dejó huella en las integraciones regionales en todo el mundo, así como en los estados miembros del MERCOSUR también. La crisis tuvo un impacto profundo en la región sudamericana, sobre todo, en el año 2009. Este impacto ha sido mucho mayor al que se esperaba en 2008. La crisis produjo una caída en el Producto Interno Bruto (PIB) en casi todos los países de América del Sur provocando una recesión, sin embargo en 2010, ha sido una recuperación notable. Los países de la región y del MERCOSUR estaban preparados para enfrentar las consecuencias de la crisis: en 2010, la consolidación de una nueva agenda de profundización integracionista caracterizaba el programa del MERCOSUR.

Según parece, es muy probable que las respuestas institucionales prontas y adecuadas del MERCOSUR para los acontecimientos económicos globales van a especificar en cada caso  la tendencia integracionista del MERCOSUR para el resto de la segunda década del tercer milenio.

Referencias

  • BALANCE PRELIMINAR DE LAS ECONOMÍAS DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE, 2004: (CEPAL), Publicación de las Naciones Unidas, Santiago de Chile. p. 169.
  • BRESSER-PEREIRA, Luiz Carlos (2006): El nuevo desarrollismo y la ortodoxia convecional, ejournal, [online]. En: [Última consulta: 2012]
  • CARCIOFI, R. (2007): Los procesos de integración de América Latina y el Caribe en la encrucijada: perspectivas de futuro, Conclusiones del seminario CEPAL. OBREAL–BID–INTAL, Barcelona, p. 27.
  • GENEYRO, R.–VÁZQUEZ, M. (2007): El MERCOSUR por dentro. – Ántropos, Bogotá, p. 126.
  • GRANDI, J. – SCHUTT, D. (1996): El Mercosur en 1996: ¿Consolidación o insertidumbre? IEPRI, Análisis Político No. 29. – Universidad Nacional, Bogotá, pp. 84–101.
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Notas al pie:

  1. Las siglas del TLCAN en inglés son NAFTA (North American Free Trade Agreement). El tratado fue suscrito en 1993 y entró en vigor a partir de 1 de enero de 1994.
  2. Realmente, Bolívar ya anunció la idea de la integración latinoamericana en la Carta de Jamaica (1915). A base de esto se formuló la primera „integración” en América Latina en 1819 con el nombre de Gran Colombia que duró sólo hasta 1829.
  3. Los aspectos geográficos mencionados se pueden ver detalladamente en mapas también en el trabajo de MOLNÁR, G. (2011): Los cambios en el espacio de los procesos regionales de América Latina, UGI-2011, Conferencia Geográfica Regional, Instituto Geográfico Militar, Santiago, Chile.
  4. GRANDI, J. y SCHUTT, D. (1996) describen los principales factores y dilemas de incertidumbre de la integración en relación con el período anterior a 1996.
  5. Se puede leer análisis detallada sobre el desarrollo económico y comercial del príodo entre 1991-1998 en el trabajo de Fernando PORTA (2008).
  6. Sin embargo, durante este período − y ahora también −, el MERCOSUR fortaleció la estabilidad política (la democracía) dentro de los países miembros promoviendo la cooperación política y económica en las relaciones desenvolvidas entre ellos.
  7. TEUBAL, Miguel (2004) nos da una opción de análisis sobre los antecedentes de la crisis y su contexto en su obra Rise and Collapse of Neoliberalism in Argentina.
  8. BRESSER-PEREIRA, Luiz Carlos (2006) se compara el nuevo desarrillismo tanto con el viejo desarrollismo, como con la ortodoxia convencional.
  9. El documento completo se puede consultar en el siguiente página web: http://www.mercosur.int/msweb/Normas  (última consulta 2012).

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Molnár Gábor. (2013, septiembre 10). Breve historia de Mercosur. Recuperado de http://www.gestiopolis.com/breve-historia-de-mercosur/
Molnár, Gábor. "Breve historia de Mercosur". GestioPolis. 10 septiembre 2013. Web. <http://www.gestiopolis.com/breve-historia-de-mercosur/>.
Molnár, Gábor. "Breve historia de Mercosur". GestioPolis. septiembre 10, 2013. Consultado el 31 de Agosto de 2015. http://www.gestiopolis.com/breve-historia-de-mercosur/.
Molnár, Gábor. Breve historia de Mercosur [en línea]. <http://www.gestiopolis.com/breve-historia-de-mercosur/> [Citado el 31 de Agosto de 2015].
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