Triangulo dramático

Autor: Horacio Marchand 

OTROS CONCEPTOS Y HERRAMIENTAS DE RR.HH.

02-2005

Nada más efectivo para evitar la responsabilidad que apersonarse como víctima. Una víctima obtiene la ganancia secundaria de esconderse en su impotencia y culpar a otro por sus fracasos y consecuencias.

Aparte, no hay víctima sin un persecutor y, para completar el cuadro, tiene que haber también un rescatador.

Las interacciones humanas siguen patrones, ritmos y secuencias que frecuentemente acaban por ser predecibles.

 Para algunos esto es tan obvio que incluso puede representarse gráficamente -como si fuera un electrocardiograma o una estadística de ventas- donde claramente pueden apreciarse altas, bajas, tendencias. 

A-la-Freud, la familia y el trabajo son terreno fértil para que ocurran los dramas más intensos y comunes. Las tres figuras recurrentes en este Triángulo de Karpman (en honor al humanista que articuló la idea) son: a) la víctima, b) el persecutor, c) el rescatador. 

La víctima es la figura abusada que, pobrecita, está a la merced de un persecutor sádico que sistemáticamente la hostiga y la humilla. Eventualmente siempre aparece el rescatador, que salva, cuando menos temporalmente, a la víctima de la agresión. 

Pero lo intrigante es que rara vez la víctima termina por salvarse porque se aferra a su condición y tarde o temprano regresa a ella.

Además, los roles se "switchean" o se cambian y de repente, por ejemplo, la víctima se pasa a la posición de persecutor, el persecutor a la de víctima, y el rescatador a persecutor.

En términos comunes esta filosofía se refleja en un dicho popular: por andar de redentor (rescatador), sales crucificado (víctima). 

Esta interacción genera dosis abundantes de drama. Los productores y guionistas de Hollywood han encontrado que el grado de drama en las historias se encuentra relacionado directamente al número de veces que ocurre un cambio de roles. A continuación unos ejemplos. 

1.- Un ejemplo del trabajo. Se trata de una empresa norteamericana que decide abrir operaciones, junto con su socio mexicano, en nuestro País.

Parte del trato era el intercambio de know-how y se decidió traer a coaches o tutores para que entrenaran a los directivos mexicanos, ya que la empresa global tenía la política de que los directivos tenían que ser del mismo país en que operaba la empresa. 

Había un coach particular, que al principio lucía amable y educado, y se postraba como un rescatador del directivo mexicano (víctima) y que, pobrecito, no sabía nada del giro.

 Al principio ambos se mantuvieron en sus roles, pero con los meses el ejecutivo resentía lo que él consideraba era una sobreprotección y sospechaba que el coach quería prolongar su estancia en sunny Mexico a costa de su propio desarrollo.

Desesperado, el ejecutivo le pone un ultimátum a la empresa: o le quitan al coach o renunciaba.

Esto de inmediato reposicionó a los roles y el rescatador se fue de víctima y la víctima se fue de persecutor. 

2.- Un ejemplo de familia.

El juego en el hogar es similar.

Al niño le va mal en la escuela, ya sea por disciplina o por calificaciones; la madre, apesadumbrada por su "cruz" del niño malcriado, se queja con el padre y se declara incapaz de ponerlo en cintura y que ya no soporta más la situación (el niño asume la posición de persecutor porque atormenta a su madre, ella asume la posición de víctima y pide la rescaten).

El padre regaña al niño y le impone un castigo (asume posición de persecutor y lo victimiza); el niño llora, grita pobrecito de mí,

y se va llorando a su habitación; la madre reacciona, considera el castigo excesivo y le llama la atención al padre (ella pasa de víctima a persecutora, el Papá pasa de persecutor a víctima) y en un drama digno de telenovela, aparece el niño a defender a su padre, pidiéndole a su madre que lo perdone (el niño pasó de persecutor que atormenta a su pobre madre, a víctima del excesivo castigo de su padre, a rescatador que calma a su madre frente al reclamo que le hace al padre). 

3.- Un ejemplo de política. Vicente Fox se posiciona como rescatador de un pueblo victimado por el PRI y gana las elecciones presidenciales. Al poco tiempo el pueblo -antes víctima- ahora es persecutor y acusa al nuevo Presidente -antes rescatador- de no hacer los cambios necesarios y de falta de liderazgo. 

Pero de repente, en la coyuntura del poder legislativo, Fox se posiciona nuevamente como víctima y acusa de persecutor, partidista y enemigos de la patria al Poder Legislativo.

La popularidad de Fox se levanta -conforme a los sondeos de la semana pasada- y la dinámica sigue en juego, así como la serie de ataques e intercambio de roles. Si esto les parece confuso, ni para qué entrarle al tema de López Obrador y su teoría del complot, los videos y declaraciones que van y vienen. 

Y si quieres ver más ejemplos del triángulo dramático en acción, ponte a ver una telenovela mexicana; a ésa gran escuela de la autodestrucción. La víctima se niega a dejar al persecutor por la razón más "romántica" del mundo: es que lo amo Marcelina, lo amo a pesar de todo.

 Sé que Ernesto me golpea, que anda con otras, que no me da dinero, que me insulta con frecuencia, que me humilla en público, pero lo amo tanto, lo amo con toda mi alma ¿qué no me entiendes Marcelina? No puedo dejarlo de amar. 

¿Quién sale ganando en éste y otros dramas triangulares? 

Nadie. 

Nadie gana porque se cae en el juego de la culpa, del pobrecito de mí, del ataque y el rescate. Nadie gana porque esta dinámica inhibe al crecimiento personal y bloquea el desarrollo de recursos propios para lidiar con la realidad. 

El asunto es no entrarle a rescatar a una víctima -o no dejarse rescatar- porque ésta requiere, para seguirlo siendo, de un rescatador.

Y respecto a conseguirse a un persecutor, una persona que vive con la posición existencial de víctima, nunca batalla para conseguirse razones, o personas, para ser miserable.

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Horacio Marchand  - horacioarrobahoraciomarchand.com   

MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic. Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980) 

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