De la ONUE a la OT

Autor: Horacio Marchand 

Productos y servicios

02-2005

Son dos socios: uno es un italiano –de Génova- casado con una venezolana, radicado en Los Ángeles; el otro norteamericano, descendiente de irlandeses y persas, radicado en Río de Janeiro. El giro de negocio: muebles; el modelo de negocio: exportar madera exótica del Brasil –industria administrada por alemanes- hacia Indonesia, manufacturar los muebles y venderlos en América, Europa y Asia; su ventaja competitiva: diseño y logística.

El socio italiano recién se pasó un mes en Europa recorriendo varias ferias del mueble para checar la competencia. El persa-irlandés-norteamericano se pasó dos semanas recorriendo tiendas en diversos países para tomar ideas de diseño y exhibición. 

El director de finanzas y administración de la empresa es otro genovés que antes trabajó en Manhattan en el Banco di Roma. La que mueve las operaciones es una rubia californiana, eficiente y directa. La división de hoteles la maneja un delgado indonesio al que le dicen Yaya. En la recepción está una sonriente uruguaya. 

Entre los clientes y amigos invitados a un brindis asistieron una belga radicada en Florencia que cómodamente habla 5 idiomas; el dueño –descendiente de escandinavos- de una cadena de mueblerías norteamericanas; un comprador afro-americano. 

La Organización de Naciones Unidas Espontáneas (ONUE) está operando por el mundo a todas las escalas. Empresarios y ejecutivos de microempresas y corporativos recorren el mundo en busca de oportunidades, mercados, dinero, talento. 


Como fenicios modernos, se integran al movimiento global que reconoce que su competidor potencial está en algún pueblo rural de Vietnam o Sri Lanka. Y que de repente, pum, quién sabe de dónde llegará el golpe, y amenazará con quitarles el negocio. Por ejemplo, imágenes y representaciones de nuestra Virgen de Guadalupe talladas en madera, moldeadas en plástico, impresas en papel, baratas, bien hechas y manufacturadas en China invaden a México; o fábricas que cierran de la noche a la mañana y se reabren en otro país como si nada. 

El crecimiento ya no es tanto el mercado doméstico; importar y exportar ejecutivos es crucial; financiarse globalmente es una necesidad; allegarse de insumos competitivos, de donde vengan, es tarea diaria. 

Los negocios globales simplemente se están dando, y no tienen a un Kofi Annan como cabeza y tampoco una estructura central. La ONUE es como el Internet: hormiguitas descentralizadas que se coordinan espontáneamente versus el viejo modelo del elefante orwelliano centralista y planificador. La ONUE se construye como una consecuencia natural del mundo en que vivimos, más que una de diseño estratégico. 

Como en cada etapa de la humanidad, hay pros y contras, al igual que escépticos y enemigos. Pensadores como Noam Chomsky, libros como No Logo, y los globalifóbicos, son apenas unos cuantos. Paradójicamente, estos movimientos en contra de la globalización demandan a su vez esfuerzos globalizados. Los globalifóbicos, son una organización mundial armoniosamente coordinada. 

Los puntos de inflexión en la historia de la humanidad han coincidido con sociedades que viajan, que comercian, que negocian, que intercambian. Hoy se hace por avión, pero antes el mar era prácticamente un destino. 

Viene al caso un pasaje poco conocido en la historia, donde dos de los más famosos florentinos, Niccolo Maquiavelo y Leonardo Da Vinci, planearon abrir un canal para que el Río Arno desembocara en el mar. La idea era cortar el suministro de agua a Pisa (enemiga de Florencia) y cobrarle por el servicio. Además, visualizaban facilitarles su oficio a los mercaderes florentinos. Su inspiración más obvia era competir con la poderosa y cosmopolita República de Venecia, favorecida por una ubicación privilegiada entre Europa Central y Asia Menor. 

Abrir, abrir, abrir. Trabajar afuera y hacia fuera es cada vez más la arena de competencia. Un síntoma de empresas viejas -y también de países y personas- es cuando se obsesionan hacia adentro y empiezan, por ejemplo, a preocuparse de más por sus instalaciones, reglas y políticas internas. Ante el avance de sistemas de información y métodos de productividad que están al alcance de todos, la búsqueda y explotación de oportunidades es lo que terminará por definir el éxito de las empresas. 

La globalización es tema obligado en juntas de consejo, en sesiones de planeación estratégica, en la mente de empresarios audaces. Igual de revuelo existía cuando la electricidad se empezaba a utilizar como insumo en procesos de manufactura, y cuando Internet golpeaba de frente al establishment; en ambos casos se nombraron departamentos, directores y vice-presidentes “de electricidad” y “de Internet”, tal como hoy en día se hace con el tema de “internacional”. Hasta carreras y especialidades de Universidades traen la etiqueta de “internacional”. 

Pero al rato, al cabo de unos años, dentro de muy poco, todo será internacional. Se incorporará como una segunda naturaleza, y pasará a un plano no protagónico como hoy en día son el uso de electricidad e Internet, y se abrirá paso a algo más. 

George Bush, reforzando su perfil de conquistador y dominancia, acaba de anunciar una base permanente de EUA en la luna. Ahí vivirán norteamericanos lunares, y pronto nacerán lunáticos o mejor dicho lunarenses y literalmente serán extraterrestres. Y como hace unos 500 años Balboa al descubrir un océano clamó todo lo que tocara a nombre de España, la conquista del espacio ya se inició. Pronto el tema será galaxización, y la globalización será tema del pasado. 

La Organización de Naciones Unidas Espontáneas (ONUE), pasará a ser la Organización de Terrícolas (OT); y el espacio, las galaxias, y otros mundos tendrán como principal misión –finalmente- el que nos unamos bajo el mismo concepto de humanidad.

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Horacio Marchand

MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic. Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980)    www.horaciomarchand.com 

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